La vacuna infantil para la hepatitis B no solo es ineficaz sino peligrosa


Salvo que los padres adviertan expresamente que no quieren que se vacune a sus bebés en España se inyecta a todos nada más nacer la llamada “vacuna contra la hepatitis B” sin justificación real y sin ser adecuadamente advertidos de sus posibles efectos adversos aun cuando pueden ser graves. Numerosos estudios lo corroboran; trabajos a los que se une ahora otro publicado en Apoptosis según el cual puede la vacuna causar serios problemas en el hígado debido al coadyuvante utilizado, el hidróxido de aluminio, neurotóxico presente asimismo en gran parte de las vacunas que reciben los bebés en su primer año de vida. ¿Cómo se explica tamaño desatino cuando el riesgo de contagio es casi inexistente, la eficacia de la vacuna está en entredicho y de hecho es más peligrosa que la propia enfermedad que se supone previene?

Hoy día a la inmensa mayoría de los bebés españoles se les inocula la vacuna de la hepatitis B nada más nacer salvo que los padres –porque estén debidamente informados- se opongan. Y se hace así porque el actual protocolo hospitalario lo establece sin que haya razones científicas y médicas para ello. De hecho pocos progenitores se oponen porque cuando expresan alguna duda sobre la seguridad y necesidad de la vacuna muchos médicos y enfermeras les presionan utilizando incluso inadmisibles comentarios del estilo de ”si realmente quisiera a su hijo le vacunaría”. Y es que muchos médicos y enfermeras están convencidos de su eficacia y seguridad sólo porque así se lo han asegurado las autoridades sanitarias, las multinacionales fabricantes y las sociedades “científicas” y profesionales que éstas controlan en lugar de informarse adecuadamente; en suma, ejercen su profesión asumiendo sin más informaciones y afirmaciones que jamás suelen contrastar personalmente.

Debemos pues de nuevo poner en guardia a nuestros lectores. Ante todo debe saberse que la vacuna contra la hepatitis B no es obligatoria aunque la mayoría de los padres crea lo contrario. Lo reiteramos por enésima vez: salvo en caso de epidemia y orden expresa de vacunación masiva decidida administrativa y judicialmente no hay ninguna vacuna obligatoria. Aunque a la ciudadanía se le haga creer lo contrario con la difusión del llamado “calendario vacunal”. Cosa diferente es que los padres pasen por el aro cuando en algún centro escolar se les dice que su hijo no puede entrar en él si no está vacunado -en lugar de denunciar a quienes les exigen tal cosa- o que lo vacune porque debe viajar y en algunos países se impide la entrada a quienes no lo han hecho, aberrante práctica impuesta a los estados por los organismos internacionales que hoy controlan las multinacionales farmacéuticas con alegaciones falsas sobre presunta prevención de enfermedades que en realidad no se sostienen científicamente. Y es que la decisión de vacunarse -o de vacunar a un hijo- debe ser libre e informada. Y es obvio que especialmente en el caso que nos ocupa la información que se ofrece sobre la vacuna está muy lejos de ser la adecuada para tomar una decisión. De hecho nadie se lo dice a los padres pero la vacuna de la hepatitis B es una de las más controvertidas y polémicas pues aunque la propaganda oficial postula que sus posibles efectos secundarios son “leves” lo cierto es que científicos e investigadores de medio mundo la han relacionado ya con numerosas patologías diferentes -algunas de ellas realmente graves- como la esclerosis múltiple, el Síndrome de Guillain-Barre, la Parálisis de Bell, la diabetes, la artritis reumatoide, el lupus, la trombocitopenia púrpura idiopática, convulsiones, trastornos cerebrales como la encefalitis y la desmielinización cerebral, disfunción inmune, deficiencias visuales y auditivas -incluyendo neuritis óptica-, pancreatitis y trastornos del espectro autista. Y es así aunque la hipócrita postura oficial de las autoridades sanitarias siga siendo la de que no existe “confirmación” de la “relación causa-efecto”. Porque de lo que realmente no existe confirmación científica alguna es de que una vacuna –cualquier vacuna- prevenga una enfermedad –cualquier enfermedad.

Aunque lo más grotesco es que no hay ninguna posibilidad de que un niño nazca infectado por el virus de la hepatitis B si su madre está sana. Virus que ciertamente podría transmitírselo la madre si estuviera infectada solo que eso no es habitual porque normalmente se contrae tras haber recibido sangre contaminada en una transfusión –algo difícil hoy día-, drogarse por vía intravenosa o haber hecho el amor con alguien infectado lo que suele acaecer mayoritariamente en casos de promiscuidad. En suma, la probabilidad de que una madre no promiscua o drogadicta –aunque lo mismo cabe decir del padre- esté infectada por ese virus es tan baja que la decisión de vacunar masivamente a todos los bebés en los hospitales solo puede ser por ignorancia o por lucro. La hepatitis B no es de hecho una infección común en la infancia. Y encima tampoco es altamente contagiosa como la tos ferina o la varicela. Y por si todo esto fuera poco ahora acabamos de saber que no solo no está demostrado que la vacuna sea eficaz sino que puede provocar problemas hepáticos –además de otras muchas patologías- y por tanto no es segura sino peligrosa.

Basta comprobarlo leyendo el artículo que hace apenas unas semanas se publicaba en Apoptosis bajo el título Hepatitis B vaccine induces apoptotic death in Hepa1-6 cells (La vacuna de la hepatitis B induce la muerte apoptótica en células hepáticas Hepa1-6) en el que sus autores –H. Hamza, J. Cao, X. Li, C. Li, M. Zhu y S. Zhao– afirman que la vacuna puede dañar las células del hígado: “La exposición de células hepáticas Hepa1-6 a una dosis baja de la vacuna de la hepatitis B adyuvada conduce a la pérdida de la integridad mitocondrial e induce la apoptosis, la muerte celular; el efecto apoptótico se observó también en la línea celular de mioblastos de ratón C2C12, línea tratada con dosis bajas de la vacuna (0,3, 0,1, 0,05 g / ml). Además el efecto apoptótico in vivo de la vacuna contra la hepatitis B se observó en el hígado del ratón”.

Y una vez más los investigadores -como tantos otros anteriormente- apuntan como causa de tales efectos negativos al adyuvante destinado a exacerbar la respuesta inmune frente al antígeno de la vacuna: el hidróxido de aluminio. Recordemos que el aluminio es un conocido neurotóxico señalado como responsable de provocar graves efectos secundarios al igual que el mercurio (timerosal, tiomersal, mercuriotiolato o 2-(etilmercuriotio) benzoato de sodio que de todas esas formas se conoce) hasta hace poco utilizado como conservante en muchas vacunas y que igualmente se considera responsable de graves enfermedades neurológicas. Es por ello vergonzoso que en un documento de la Asociación Española de Pediatría sobre la hepatitis B (léalo en www.aeped.es/sites/default/files/documentos/hepatitisB.pdf) los responsables de esa web se auto-preguntan: “¿Tiene inconvenientes que la vacuna de la HB contenga timerosal?” Y se auto-responden: “Recientemente se ha comunicado que la utilización de timerosal como conservante en algunas vacunas, incluida la vacuna de la HB, debería ser reconsiderada y probablemente en un próximo futuro este producto mercurial se eliminará como conservante”. ¡Increíble! ¡Aun se cuestionan los pediatras de esa sociedad el peligro cuando está más que constatado como hemos denunciado repetidamente (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos publicados al respecto, entre ellos Demandan al Ministerio de Sanidad y a los laboratorios que fabrican productos con mercurio (nº 120), Antivirales, ¿para qué? (nº 120), La eficacia de la vacuna de la gripe común, en entredicho (nº 120), Mitos y verdades sobre las vacunas (nº 120), Andrew Moulden: “Deberían prohibirse todas las vacunas” (nº 121), Los peligros del timerosal de las vacunas (nº 122), Timerosal y autismo: silencio, ocultación y mentiras (nº 148) y Las vacunas pueden causar autismo (nº 153). ¿Es que nuestros pediatras no leen más que folletos? Aún más, ¿por qué no reconocen en su web que tal peligro se ha estado denunciando por científicos de todo el mundo desde hace muchos años? ¿Por qué lo ocultaron y lo siguen ocultando ahora? ¿Están los pediatras al servicio de la sociedad o de los laboratorios farmacéuticos?

A principios de este mismo año tuvo lugar en la Universidad de Keele (Gran Bretaña) la décima reunión sobre los efectos del aluminio –Tenth Keele Meeting on Aluminium– dirigida como en ocasiones anteriores por Christopher Exley, profesor de Química Inorgánica en el Birchall Centre, Lennard-Jones Laboratories de esa universidad. Y entre los estudios presentados por expertos de todo el mundo sobre el impacto del aluminio en todas las actividades humanas destacó en esta ocasión el trabajo Slow CCL2-dependent translocation of biopersistent particles from muscle to brain (Desplazamiento lento dependiente de quimiocinas CCL2 de partículas bipersistentes) de Romain K Gherardi, Josette Cadusseau y otros en el que se establece la ruta por la que el aluminio llega al cerebro: punto de inoculación, ganglios linfáticos, conducto torácico linfático, bazo y cerebro. “El aluminio tiene un alto potencial neurotóxico –aseveran los autores en su trabajo- y por tanto la administración de dosis crecientes a la población de este adyuvante escasamente biodegradable debe ser reevaluada cuidadosamente por las agencias reguladoras puesto que puede ser insidiosamente inseguro.

UNA VACUNA INNECESARIA

Ya en 1991 -cuando se sabía bastante menos que hoy del peligro de los adyuvantes utilizados en las vacunas- la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó la inclusión de la vacuna de la hepatitis B (VHB) en todos los programas de inmunización. En España se había introducido ya en 1982 para los “grupos de riesgo” y en 1992 el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud recomendó la vacunación de adolescentes y, gradualmente, la de bebés ¡nada más nacer! Y de hecho en 2002 todas las comunidades autónomas habían decidido ya que se le pusiese a todos los recién nacidos. Lo que sigue absurdamente sigue haciéndose hoy. ¿Con razones medianamente justificadas? La respuesta es NO.

Para empezar la hepatitis B no ha supuesto en España nunca -ni antes ni después de 2002- un problema. Aunque algunos exageren los datos para tratar de justificar su implantación masiva. Porque aunque la Asociación Española de Pediatría diga en el documento antes citado que en nuestro país “se producen al año 12.000 casos de hepatitis B” las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) demuestran que la enfermedad -de declaración obligatoria- afectó en 1997 -primer año del que el INE dispone de datos- a menos de la décima parte: 1.158 personas. Cifra que fue disminuyendo hasta que en 2005 hubo solo 659 casos. Luego, por razones diversas -incluido el fenómeno de la inmigración-, volvería a resurgir un poco llegando en 2008 a 1.011 casos… momento en el que la curva vuelve a decrecer. Datos del INE que se complementan con los del Instituto Carlos III citados en el documento Vigilancia epidemiológica de la hepatitis B en España. Años 1997 a 2008 donde puede leerse: “Hasta 2005 se observa un descenso de un 16% anual, con un descenso global del 51% (2,96 casos por 100.000 habitantes en 1997, 1,52 casos por 100.000 habitantes en 2005). A partir de 2005 cambia la tendencia y se produce un aumento de un 25% anual (2,27 casos por 100.000 habitantes en 2008)”. En pocas palabras: las cifras oficiales del INE indican que la media anual de afectados en los cuatro últimos años –de 2009 a 2012- fue de 864… ¡entre más de 44 millones de personas, la gran mayoría adultos! ¿Y tal número de afectados justifica que se ponga en peligro con la vacuna la salud y la vida de millones de españoles, bebés incluidos? Inconcebible.

Pero sigamos con el documento de la Asociación Española de Pediatría. ¿Cómo se transmite según ésta la hepatitis B? Pues según esa asociación fundamentalmente de cuatro formas: por transmisión vertical o perinatal, por transmisión horizontal, por transmisión parenteral y por transmisión sexual.

Llamándose transmisión vertical o perinatal la que tiene lugar cuando una madre con infección aguda o portadora crónica del virus se lo transmite al feto -fundamentalmente en el momento del parto- al entrar éste en contacto con sangre o secreciones vaginales contaminadas de la madre, horizontal a la que se produce entre personas que conviven en un mismo espacio por contacto de sangre o fluidos orgánicos contaminados, parenteral a la que se produce por el uso de jeringuillas contaminadas –habitual entre los drogodependientes- y sexual. Siendo ésta una de las vías más importantes pues se sabe que en los países de endemia baja -como el nuestro- e intermedia la mitad de los casos de hepatitis B se deben a contactos homo o heterosexuales.

Luego en el caso de los recién nacidos sólo una madre con infección aguda o portadora crónica del virus debería estar preocupada por la posible infección de su bebé. Y para saber si es el caso basta hacer un simple análisis a la madre; luego, ¿a cuento de qué la vacunación masiva? Es absolutamente innecesaria.

Es más, se nos dice que la vacuna es preventiva -no terapéutica- y siendo así, ¿qué sentido tiene vacunarle tras nacer -en las primeras 12 horas- si la infección la contraería durante el parto? Si el bebé se infectó durante el mismo y ya tiene el su seno el virus cuando se le pone la vacuna ¡ésta es inútil! Porque insistimos: es preventiva, no curativa.

El propio documento de la Asociación Española de Pediatría responde a la pregunta ¿Quiénes tienen mayor riesgo de contraer la hepatitis B? con la siguiente respuesta: “Aquellos que por razones profesionales tienen un mayor riesgo de entrar en contacto con líquidos orgánicos contaminados con el VHB. Es decir: personal sanitario, policías, bomberos, funcionarios de prisiones, militares, etc. También son personas con riesgo muy elevado los adictos a drogas por vía parenteral al compartir agujas, jeringuillas, etc., los pacientes sometidos a hemodiálisis, las personas sexualmente promiscuas tanto homo como heterosexuales, las que conviven con portadores crónicos del VHB y muy especialmente los hijos de madres portadores del VHB. También tienen un mayor riesgo las personas que viajan a zonas con alta endemia de infección de VHB (África, Asia, Amazonas, etc.)”. Ante lo que de nuevo nos preguntamos: ¿por qué se vacuna de forma masiva a los bebés nacidos de madres sanas? ¿Cómo se explica tamaño desatino… salvo que se trate sin más de un lucrativo negocio?

Especialmente sabiendo que por lo que se refiere a la hepatitis B la propia Asociación Española de Pediatría asegura que en los adultos ¡el 90% se cura!, un 9% tiene dificultad para eliminar el virus y se convierte simplemente en “portador crónico” siendo solo el 1% restante el que desarrolla una hepatitis grave que podría requerir un trasplante de hígado o llevar a la muerte. En pocas palabras, teniendo en cuenta que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) en España padecen hepatitis B unas 864 personas al año el número de las que termina teniendo problemas graves es (el 1%-) de apenas 8’64. ¡Entre todos los infectados por el virus, incluyendo adultos y personas de los grupos de riesgo! ¿Y para evitar que entre 8 y 9 personas al año contraigan en España una patología que podría poner en riesgo su vida se justifica vacunar a cientos de miles de bebés teniendo en cuenta los peligros de la vacuna? ¿Qué pasa con la relación “riesgo/beneficio”? ¿Se han vuelto rematadamente locos nuestros responsables sanitarios y los médicos, especialmente los pediatras?

Y de todo esto es bien consciente la Asociación Española de Pediatría; quizás por eso diga para animar a la vacunación que “la infección aguda por VHB en neonatos (transmisión vertical) da lugar a un 70-90% de portadores crónicos con un elevado riesgo de desarrollar, en el transcurso de los años, una cirrosis hepática o un hepatocarcinoma”… contradiciendo los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y su propia afirmación de que solo están en situación real de riesgo los nacidos de madres con infección aguda o que son portadoras crónicas del virus.

¿Y entonces cómo justifica esa asociación que se inocule a tantos recién nacidos una vacuna que contiene nada menos que hidróxido de aluminio? Tal es la excusa:

“Las razones por las que el Comité Asesor de Vacunas de la AEP recomienda vacunar además de a los adolescentes a los recién nacidos-lactantes son:

1) Se alcanzan mayores coberturas vacunales en lactantes que en adolescentes” (obvio porque los bebés no pueden hacer nada para evitarlo).

2) La vacuna de la hepatitis B se puede administrar combinada en un solo pinchazo con las restantes vacunas a administrar en esa edad” (para muchos científicos una auténtica burrada ya que no están bien investigadas las interacciones entre ellas y algunas también llevan conservantes y sustancias adyuvantes tóxicas por lo que el problema se agrava; especialmente en los bebés cuya barrera hematoencefálica aún no ha madurado totalmente). Y,

3) El hecho de vacunar a los recién nacidos, adolescentes y personas de riesgo es la mejor estrategia para controlar la hepatitis B” (una afirmación gratuita no demostrada; de hecho en el mejor de los casos los expertos entienden que la inmunización de una vacuna –caso de existir realmente, lo que está en entredicho- alcanza 20 o 25 años en el mejor de los casos y eso implica que dejaría de ser eficaz justo cuando la persona vacunada, ya adulta, afronta verdaderas situaciones de riesgo).

RIESGOS Y PELIGROS

Obviamente la Asociación Española de Pediatría apoya todo esto alegando que las vacunas de la hepatitis B “no sólo son muy eficaces sino también muy seguras y con escasos y leves efectos secundarios en forma de enrojecimiento, induración y dolor”. Tajante afirmación que no se fundamenta científicamente. Antes bien, buena parte de la comunidad científica discrepa abiertamente de esa aseveración. De hecho se viene advirtiendo de su peligrosidad casi desde que la OMS diera luz verde a las vacunaciones masivas en 1991. La primera alarma seria surgió en Francia cuando se constató un importante aumento de casos de esclerosis múltiple entre 1996 y 2002 justo tras una campaña gubernamental de vacunación de la hepatitis B. Antes de la misma había registrados unos 30.000 casos y tras ella la cifra aumentó hasta 60.000. Solo que entonces no se sospechó del adyuvante químico sino del antígeno utilizado. En ese interregno la OMS saldría rápidamente al paso de tal posibilidad asegurando -en 1998- que no había “suficiente” base científica para relacionar la vacuna con la aparición de casos de esclerosis múltiple. Y tal es la postura que aún sigue manteniendo. Lógico porque admitir lo contrario supondría un enorme desprestigio para la organización y además podría llevar a sus responsables ante los tribunales, algo que no van a asumir. Nuestras propias autoridades sanitarias consideran por ello -gratuitamente- que “las dudas surgidas hace años han quedado zanjadas”. Una afirmación falaz que desmienten numerosos trabajos científicos de los que simplemente no se hacen eco.

De hecho el brutal aumento de casos de esclerosis múltiple en Francia desembocó en una investigación criminal promovida por familiares de personas afectadas -entre ellas niños que murieron tras ser vacunados- y merced a ello el doctor Marc Girard, experto en Farmacología y consultor durante algún tiempo de la propia industria farmacéutica, fue comisionado como perito médico por uno de los jueces lo que le permitió dedicar miles de horas al estudio de la documentación de los laboratorios –la confidencial y la pública- y analizar el impacto de la vacuna; posee pues un conocimiento del tema muy superior al de los médicos que se limitan a leer los boletines de la OMS. Pues bien, en 2005 el doctor Girard dirigió una Carta Abierta al Dr. Jong-wook Lee -Director General de la Organización Mundial de la Salud entre 2003 y 2006- en la que se mostró muy critico con el papel de la OMS en este caso. “Es evidente –escribiría- que en la promoción de la vacuna contra la hepatitis B la OMS no ha sido más que una pantalla para apoyarla comercialmente de forma excesiva; en particular a través del Viral Hepatitis Prevention Board (VHPB) creado, promovido e infiltrado por los fabricantes. En septiembre de 1998, mientras los riesgos terribles de la campaña encontraban eco en los medios de comunicación de Francia, el VHPB reunió un panel de ‘expertos’ cuyas conclusiones tranquilizadoras se anunciaron ampliamente como un reflejo de la posición de la OMS. Sin embargo algunos de los participantes en ese panel no tenían más ‘experiencia’ que la de ser empleados de los fabricantes”. Una durísima denuncia. Y fue más allá: “Aún más condenable: en una entrevista publicada en un diario francés -ampliamente difundida- (Sciences et Avenir, 01 1997: 27) el Gerente de negocios de los Laboratorios Beecham afirmó con un cinismo indignante: ‘Empezamos a aumentar la conciencia de los expertos europeos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la hepatitis B en 1988. Desde entonces y hasta 1991 financiamos estudios epidemiológicos para lograr que hubiera consenso científico y se determinara que la hepatitis es un problema de salud pública. Y tuvimos éxito porque en 1991 la OMS publicó las nuevas recomendaciones sobre la vacunación contra la hepatitis B’. Es una triste noticia para el mundo saber que los expertos de la OMS necesitan a los vendedores de los fabricantes como control complementario para tomar conciencia de los problemas de salud. Quizás le interese saber que el periodista que me entrevistó me dijo personalmente que el fabricante había hecho todo lo posible para impedir la publicación de esta magnífica confesión”.

Ese mismo año -2005- el Dr. Girard publicaría un artículo titulado Autoimmune hazards of hepatitis B vaccine (Peligros autoinmunes de la vacuna contra la hepatitis B) en Autoimmunity Reviews en el que denunciaría que la información que manejan los médicos sobre la seguridad de la vacuna es “parcial”; añadiendo: “La VHB es notable por la frecuencia, la gravedad y la variedad de sus complicaciones, algunas de ellas probablemente relacionadas con un mecanismo de mimetismo molecular que conduce a enfermedades desmielinizantes, a otras manifestaciones no hepáticas y a una hepatitis B natural. Para explicar este espectro inusual de toxicidad se requieren investigaciones adicionales sobre la base de la liberación completa de los datos disponibles”.

Y no es el único que ya entonces denunció lo que estaba pasando. La doctora Jane Orient, Directora Ejecutiva de la Asociación de Médicos y Cirujanos de Estados Unidos, diría en 1999 durante su comparecencia ante un Subcomité del Congreso de Estados Unidos creado para discutir la imposición de la vacuna como obligatoria lo siguiente: “Es evidente que decisiones médicas cruciales para toda una generación de niños estadounidenses están siendo tomadas por pequeños comités cuyos miembros tienen relaciones incestuosas con organismos interpuestos a fin de alcanzar poder y con fabricantes que pretenden conseguir ganancias enormes merced a las políticas adoptadas”. Añadiendo en su declaración: “Un médico inteligente y consciente no recomendaría a nadie vacunarse contra la hepatitis B, especialmente en el caso de los recién nacidos, a menos que esté en riesgo inusual debido a una madre infectada o que pertenezca a una población en la que la enfermedad es común (…) Para la mayoría de los niños el riesgo de reacción grave a la vacuna es 100 veces mayor que el de contraer hepatitis B (…) El sarampión, las paperas, la rubéola, la hepatitis B y toda la panoplia de enfermedades infantiles constituyen una amenaza mucho menos grave que la que afronta una gran parte -digamos un 10%- de una generación que hoy padece ya problemas de aprendizaje y/o comportamiento agresivo incontrolable debido a la apasionada cruzada puesta en marcha para lograr la vacunación universal”.

Es larga la lista de nombres que podríamos añadir a los de Girard y Orient pero sería incidir en lo ya dicho y están en Internet a disposición de quien desee buscarlos; hasta hay investigadores españoles. Uno de ellos Miguel Hernán quien estando en el Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de Harvard publicó en 2004 un artículo en Neurology titulado Recombinant hepatitis B vaccine and the risk of multiple sclerosis. A prospective study (La vacuna recombinante de la hepatitis B y el riesgo de esclerosis múltiple. Estudio prospectivo) basado en la revisión de casos y controles del General Practice Research Database l (GPRD), base de datos que recoge información sanitaria de la población británica desde 1987 y cuya conclusión fue ésta: “Los resultados apoyan la hipótesis de que la inmunización con la vacuna recombinante contra la hepatitis B se asocia a un mayor riesgo de esclerosis múltiple y contradicen la idea de que no existe relación entre la vacuna de la hepatitis B y el riesgo de esclerosis múltiple”.

Y no es más que un ejemplo. En los últimos años se han sucedido los estudios que alertan sobre las posibles reacciones graves de la vacuna (invitamos al lector a comprobarlo leyendo las conclusiones de algunos de esos trabajos en el recuadro adjunto). Es más, hasta en el VAERS (Vaccine Adverse Events Reporting System) –sistema estadounidense de recogida de información de eventos adversos informados por el personal sanitario y los propios afectados- se incluyen anualmente decenas de miles de informes que aseguran que tras vacunarse se produjo en numerosas personas dolor de cabeza, irritabilidad, fatiga extrema, inflamación cerebral, convulsiones, artritis reumatoide, neuritis óptica, esclerosis múltiple, lupus, síndrome de Guillain Barré (GBS), neuropatía e, incluso, muertes. ¿Y todo esto lo explican los fabricantes? Obviamente no.

Agregaremos que en España las vacunas más usadas en recién nacidos son Engerix B -que contiene 0’25 mg de hidróxido de aluminio- y Recombivax HB -con 0’5 mg de la misma sustancia- además de otras que combinan antígenos del virus de la hepatitis B con otros. Bueno, pues si acudimos al dossier informativo de ambas (http://us.gsk.com/products/assets/us_engerixb.pdf y www.merck.com/product/usa/pi_circulars/r/recombivax_hb/recombivax_pi.pdf) veremos que lo primero que llama la atención en el capítulo de Seguridad es que la primera vacuna recibió el permiso de comercialización después de observar en los ensayos clínicos posibles efectos secundarios durante solo ¡cuatro días! y la segunda tras ¡cinco! Y de más está decir que cualquiera de las patologías sospechosas de estar directamente relacionadas con la vacuna -salvo el síndrome de muerte súbita- precisan de muchos más días para aparecer. Afortunadamente los laboratorios, por ley, no pueden ocultar en sus dossiers los resultados de los estudios post-comercialización y hoy ya recogen los incidentes adversos acaecidos con sus vacunas. Y su mera lectura permite darse cuenta de que lo admitido no difiere mucho de las denuncias efectuadas en los últimos años. De hecho la ficha de Engerix B –y la de Recombivax es muy similar- reconoce ya que: “Las siguientes reacciones adversas han sido identificadas durante el uso posterior a la aprobación de Engerix-B. Debido a que estos eventos son reportados voluntariamente por una población de tamaño desconocido no siempre es posible estimar de manera fiable su frecuencia o establecer una relación causal con la vacuna:

-Infecciones e infestaciones: herpes zoster, meningitis.

-Trastornos sanguíneos y del sistema linfático: trombocitopenia.

-Trastornos del sistema inmune: reacción alérgica, reacción anafiláctica y anafilaxis. A los pocos días o semanas de la vacunación se observaron casos de hipersensibilidad o enfermedad del suero como artralgia/artritis (generalmente transitoria), fiebre y reacciones dermatológicas como urticaria, eritema multiforme, equimosis y eritema nudoso.

-Trastornos del sistema nervioso: encefalitis, encefalopatía, migraña, esclerosis múltiple, neuritis, neuropatías -incluyendo hipoestesia-, parestesia, síndrome de Guillain-Barré y Bell, parálisis, neuritis óptica, parálisis, convulsiones, síncope, mielitis transversa”. Y luego recoge otras: “oculares, del oído y del laberinto, cardíacos, vasculares, respiratorios y gastrointestinales”.

¡Y nuestros pediatras siguen haciendo el juego a las multinacionales!


 

Antonio F Muro
 



La vacuna no es segura

La continua aparición de estudios que señalan la posible relación de la vacuna de la hepatitis B con numerosas reacciones adversas -incluyendo graves patologías- desmiente su presentación como “vacuna segura de escasos efectos secundarios”. Estos son algunos de los trabajos aparecidos en los últimos años que ponen en entredicho tal aseveración:

2010. Hepatitis B vaccination of male neonates and autism diagnosis, NHIS 1997-2002. (Vacunación contra la hepatitis B de recién nacidos varones y diagnóstico de autismo. National Health Interview Survey 1997-2002).
Revista: Journal of Toxicology and Environmental Health. Autores: C. M. Gallagher y M. S. Goodman
Resumen: “Los niños recién nacidos vacunados tuvieron tres veces más probabilidad de sufrir autismo que los no vacunados o vacunados después del primer mes de vida (…) Los datos sugieren que los neonatos varones estadounidenses a los que se inoculó la vacuna de la hepatitis B antes de 1999 tenían un riesgo tres veces mayor de padecer autismo parenteral que los niños recién nacidos no vacunados en el mismo período de tiempo”.

2010. Thrombocytopenic purpura following vaccination in early childhood: experience of a medical center (Trombocitopénica púrpura después de la vacunación en la primera infancia: experiencia de un centro médico en las últimas 2 décadas).
Revista: Journal of the Chinese Medical Association. Autores: Yuh-Lin Hsieh y Lung-Huang Lin.
Resumen: "De los 20 casos de trombocitopénica púrpura 12 fueron posteriores a la vacunación y 8 se consideraron idiopáticos. De los 12 casos posteriores a la vacunación 5 se dieron tras la segunda dosis de la vacuna contra el virus de la hepatitis B al mes de edad (…) La vacunación de bebés parece ser un claro factor de riesgo de padecer púrpura trombocitopénica".

2009. Transverse myelitis and vaccines: a multi-analysis (Mielitis transversa y vacunas: multianálisis).
Revista: Lupus. Autores: N. Agmon-Levin, S. Kivity, M. Szyper-Kravitz y Y. Shoenfeld.
Resumen: “La mielitis transversa es un síndrome clínico raro en el cual un proceso inmune causa lesión neural en la médula espinal. La patogénesis de la mielitis transversa es en su mayoría de naturaleza autoinmune desencadenada por diversos factores ambientales, incluyendo la vacunación. (…) Hemos descrito 37 casos reportados de mielitis transversa asociada con diferentes vacunas, incluyendo las del virus de la hepatitis B, el sarampión, las paperas, la rubéola, la difteria, el tétanos, la tosferina y otras aplicadas a bebés, niños y adultos. (…) Las asociaciones de diferentes vacunas con fenómenos singulares autoinmunes apuntan a la existencia de un denominador común entre estas vacunas: un adyuvante que podría desencadenar el síndrome”.

2009. Hepatitis B vaccine and the risk of CNS inflammatory demyelination in childhood (Vacuna de la hepatitis B y riesgo de desmielinización inflamatoria del sistema nervioso central en la infancia).
Revista: Neuroloy. Autores: Yann Mikaeloff, Guillaume Caridade y Samy Suissa.
Resumen: “La vacuna contra la hepatitis B no incrementa en general el riesgo de desmielinización inflamatoria del sistema nervioso central en la infancia; sin embargo la vacuna Engerix B sí parece aumentar ese riesgo -sobre todo para la esclerosis múltiple- a más largo plazo

2009. Guillain-Barré syndrome after vaccination in United States: data from the Centers for Disease Control and Prevention/Food and Drug Administration Vaccine Adverse Event Reporting System (1990-2005). (El Síndrome de Guillain-Barré tras la vacunación en Estados Unidos: datos de los Centros para el Control de Enfermedades y Prevención y del Sistema de Incidentes Adversos de las Vacunas de la FDA 1990-2005).
Revista: Journal of Clinical Neuromuscular. Autores: Nizar Souayah, Abu Nasar, Fareed M K Suri y Adnan Qureshi.
Resumen: "El número más alto (n = 632) de casos de Síndrome de Guillain-Barré se dio en personas que recibieron la vacuna de la gripe seguida de la vacuna de la hepatitis B (n = 94) (…) Los resultados sugieren que ambas vacunas –y no sólo la de la gripe- parecen estar asociadas al Síndrome de Guillain-Barré".

2009. Aluminum hydroxide injections lead to motor deficits and motor neuron degeneration (Inyecciones con hidróxido de aluminio conducen a déficits motores y a la degeneración de las neuronas motoras).
Revista: Journal of Inorganic Biochemistry. Autores: C. A. Shaw y M. S. Petrik.
Resumen: "La demostrada neurotoxicidad del hidróxido de aluminio y su ubicuidad como adyuvante hacen necesaria una mayor investigación por parte de la comunidad científica”.

2004. A case-series of adverse events, positive rechallenge of symptoms, and events in identical twins following hepatitis B vaccination: analysis of the Vaccine Adverse Event (Serie de casos de efectos adversos, reexposición positiva de síntomas y eventos en gemelos idénticos tras la vacunación contra la hepatitis B).
Revista: Clinical and experimental Rheumatology. Autores: M. R. Geier y D. A. Geier.
Resumen: "La vacuna contra la hepatitis B se asoció a un número de afecciones graves y exacerbación de los síntomas después de la inmunización. Hubo 415 casos de artritis, 166 de artritis reumatoide, 130 de mielitis, 4 de lupus eritematoso sistémico, 100 neuritis ópticas, 101 síndromes de Guillaine Barré, 29 de glomerulonefritis, 283 de pancitopenia / trombocitopenia y 183 de esclerosis múltiple informados después de una vacunación en adultos contra el virus de la hepatitis B".

2001. Adverse events associated with hepatitis B vaccine in U.S. children less than six years of age, 1993 and 1994 (Efectos adversos asociados a la vacuna de la hepatitis B en niños norteamericanos menores de 6 años. 1993 y 1994).
Revista: Annals of Epidemiology. Autores: M. A. Fisher, S. A. Eklund, S. A. James y X. Lin.
Resumen: “La evidencia de este estudio sugiere que la vacuna contra la hepatitis B está asociada a resultados adversos para la salud en la población infantil de Estados Unidos”.

 

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Octubre 2013
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