La intolerancia al pan y a los productos hechos con trigo es cada vez mayor (y II)

El mes pasado dimos a conocer un preocupante hecho ignorado por la mayoría de la sociedad: el trigo que se cultivaba hace solo 50 años ya no se comercializa habiéndose impuesto en casi todo el mundo unos trigos híbridos desarrollados en laboratorio más resistentes a las inclemencias meteorológicas y a la acción de los patógenos así como más ventajosos económicamente al aumentar su rendimiento por hectárea pero que la mayoría de la gente no asimila bien. Es más, numerosos estudios indican que puede ser la causa de muy diversas patologías… o agravarlas. De algunas de ellas -celiaquía, obesidad, hipertrigliceridemia, resistencia a la insulina, diabetes tipo II, hipermeabilidad intestinal, autismo, esquizofrenia, hiperactividad y cáncer- hablamos en el número anterior. Veamos ahora en qué otras dolencias parece estar implicado el trigo moderno.

En varios números de la revista se han explicado ya los muy diversos problemas a los que puede dar lugar la acidificación del organismo y, en especial, su implicación en la osteopenia y la osteoporosis –problema que está dando lugar a una auténtica epidemia de fracturas incapacitantes- debido a que el organismo usa las reservas de calcio de los huesos para neutralizar el exceso de acidez. Pues bien, aunque hay numerosos factores nutricionales identificados que nos acidifican -en especial las dietas bajas en verduras- hay otro factor poco tenido en cuenta: el trigo. Sin embargo un estudio efectuado en la Universidad de Toronto (Canadá) dirigido por el Dr. D. J. Jenkins -se publicó en 2003 en European Journal of Clinical Nutrition- demuestra que la ingesta excesiva de gluten de trigo aumenta la excreción de calcio por vía urinaria hasta un 63%. Y otro equipo dirigido por el Dr. A. Sebastian -de la Universidad de California (EEU)- publicó en 2002 en American Journal of Clinical Nutrition un trabajo en el que se expone que la dieta del Homo Sapiens en su etapa pre-agrícola posibilitaba que el pH de su orina estuviese ¡entre 7,5 y 9!, mucho más alcalina pues que la actual que oscila normalmente entre 7 y 4,4.

OTRAS PATOLOGÍAS RELACIONADAS

La dermatitis herpetiforme y atópica.
Se denomina dermatitis herpetiforme al problema alérgico que se manifiesta con la aparición en la piel de pápulas o vesículas en codos, rodillas y nalgas indicando todo que se debe a una reacción del sistema inmune. Pues bien, está constatado que quienes la padecen, sean celíacos clásicos o silentes, mejoran si no ingieren gluten de trigo. Y otro tanto pasa con la llamada dermatitis atópica. Así parece demostrarlo al menos –entre otros- el trabajo de un equipo dirigido por el Dr. E. Varjonen -se publicó en el 2000 en Allergy- tras valorar en Finlandia los casos de trece niños, doce de los cuales tenían en sangre los clásicos anticuerpos que indican que se es celiaco.

Las enfermedades autoinmunes.
Las llamadas “enfermedades autoinmunes” son muy frecuentes entre los celíacos; especialmente el asma, la artritis, la tiroiditis de Hashimoto, el lupus y, por supuesto, todas las “enfermedades inflamatorias intestinales”: la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn, etc. De hecho todos quienes las padecen mejoran –en muchos casos hasta desaparecen del todo- con una dieta que excluya el gluten de trigo.

El Dr. A. C. Ford y sus colegas realizaron un estudio estadístico sobre personas con enfermedades inflamatorias intestinales –se publicó en 2009 en Archives of Internal Medicine– constatando que entre los celiacos tales patologías son cuatro veces más frecuentes. Y en el 2011 el Dr. E. F. Verdú escribió un editorial en American Journal of Gastroenterology en el que señalaba que en muchos pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal hay signos de celiaquía aunque endoscópicamente no se haya observado aún daño en la mucosa intestinal; a su juicio parece innegable que al menos parte de ese grupo de patologías está relacionado con el gluten. Según él se descarta demasiado a menudo que el gluten sea la causa al dar los enfermos “negativo el test de anticuerpos y de ahí que proponga antes de descartar nada hacerles una ostomía.

La artrosis.
En 2010 se pusieron en Estados Unidos unas 773.000 prótesis de cadera y rodillas y, contrariamente a la opinión generalizada, la mayoría no a consecuencia de sobrepeso o por envejecimiento sino tras una inflamación sistémica generada por la adiposidad visceral que provoca el consumo de trigo.

Los doctores M. T. Velázquez y J. D. Katz publicaron en 2010 un interesante artículo en Metabolic Syndrome and Related Disorders en el que explican que la actual “epidemia” de artrosis se debe sobre todo a un desorden metabólico producido por la mediación de varias hormonas y citoquinas; las mismas que median en patologías como la hipertensión, la resistencia a la insulina, la diabetes y los accidentes cardiovasculares. Se trata pues de una nueva vinculación entre la ingesta de trigo, el Síndrome Metabólico y la adiposidad visceral.

El equipo del Dr. H. Dumond -del CNRS de Nancy (Francia)- publicó por su parte en 2003 en Arthritis and Rheumatism un revelador artículo en el que destacaría el importante papel de la leptina -hormona generada por el tejido adiposo- en el desarrollo de la artrosis. No solo encontró elevados niveles de la misma en los cartílagos y el líquido sinovial de pacientes con artrosis sino que inyectó leptina a varios ratones y comprobó que se degeneraban sus cartílagos articulares. Además hay numerosos estudios que demuestran la alta incidencia de osteoporosis y osteopenia entre los celíacos (tanto clásicos como silentes).

Y, por cierto, hay otro dato a tener en cuenta: está constatado que los celiacos absorben peor los nutrientes a nivel intestinal; en especial el calcio y las vitaminas D y K.

La artritis.
El Dr. J. Kjeldsen-Kragh y sus colegas de la Universidad de Oslo (Noruega) publicaron en 1991 en The Lancet los resultados de un estudio sobre las implicaciones de la dieta en la artritis. Según cuentan en él un grupo de pacientes artríticos se alojó en una casa de reposo siguiendo un ayuno parcial de una semana que prosiguió con una dieta vegetariana sin gluten de tres meses y medio observándose una clara mejoría: se redujo la inflamación, disminuyó el dolor y mejoró la flexibilidad articular. Mejoras que se mantuvieron un año después del tratamiento.

Y en otro estudio dirigido por el Dr. I. Hafström en el Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) -publicado en 2008 en Rheumatology– un grupo de 38 pacientes artríticos siguió una dieta vegana sin gluten que logró una mejoría un 40% superior respecto de quienes siguieron una dieta vegana normal pero con gluten (la dieta vegana es la que excluye todo alimento o subproducto de origen animal y, por tanto, además de la carne, el pescado y el marisco… la leche, el yogur, el kéfir, el queso, los huevos, la miel, etc).

La ataxia y otras neuropatías.
La ataxia se caracteriza por la falta de coordinación en las respuestas musculares que, en sus grados extremos, afecta a la coordinación de la marcha e incluso al equilibrio aún estando en reposo. Es una patología evolutiva que suele comenzar con una falta de coordinación en el habla o en el manejo de las manos y va afectando progresivamente al sistema neuromotor hasta ser totalmente incapacitante ya que el paciente termina necesitando ayuda hasta para realizar los actos más sencillos, pierde la noción del equilibrio y a menudo provoca incontinencia urinaria. Y como la mayoría de las llamadas “enfermedades” se considera idiopática, es decir, de etiología u origen desconocido.

Pues bien, un equipo coordinado por el Dr. M Hadjivassiliou publicó en 2003 un interesante artículo en Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry en el que revela que 43 pacientes con ataxia fueron sometidos a una dieta sin gluten -siendo controlados cada seis meses en el Hospital de Hallamshire (Gran Bretaña)- y al año casi todos ellos manifestaron una notable mejoría en comparación con los enfermos que no hicieron esa dieta. Lo singular es que sólo en el 50% de los casos se habían detectado los anticuerpos indicadores de la enfermedad celiaca y solo un 13% manifestaba síntomas intestinales. El estudio llegaría a la conclusión de que es imprescindible realizar pruebas de celiaquía a todos los pacientes con ataxia ya que es obvio que esa solución dietética es más eficaz que cualquier tratamiento farmacológico.

En 2011 un equipo de médicos del Hospital Universitario Central de Asturias dirigido por el Dr. C. Hernandez-Lahoz publicó en Revista de Neurología un esclarecedor artículo que sintetiza los últimos conocimientos que relacionan la sensibilidad al gluten con desórdenes neurológicos. Siendo según ellos las afecciones más características la ataxia y la neuropatía periférica (insensibilidad a los estímulos externos). Cabe en cualquier caso por nuestra parte llamar la atención en el hecho de que las neuropatías periféricas son síntomas clásicos de la diabetes avanzada.

Hace unos años se pensaba que los problemas neurológicos asociados a la celiaquía se debían a la desnutrición que provoca la disfunción intestinal pero hoy se sabe que se debe a los mismos anticuerpos –las antigliadinas- que atacan indistintamente tanto a las células del sistema nervioso como a las del sistema entérico. Luego la detección temprana de antigliadinas es fundamental ya que una vez las células de Purkinje del cerebelo son dañadas por la reacción autoinmune el problema es irreversible.

Agregaremos que el Dr. G. K. T. Holmes y sus colaboradores publicaron en 2002 en Postgraduate Medical Journal un artículo de síntesis en el que analizaron las afecciones neurológicas más frecuentes tanto en pacientes celíacos clásicos como en los silentes y además de las patologías ya mencionadas apuntan que el gluten del trigo podría causar asimismo epilepsia y mielopatías descartando que ello se deba a deficiencias nutricionales por mala absorción intestinal. De hecho el Dr. P. Canales y sus colegas del Hospital Regional de Talca (Chile) describieron en 2006 en The Neurologist el caso de una mujer epiléptica que tras once años de sufrimiento resolvió su problema siguiendo una alimentación libre de gluten.

Nosotros debemos añadir que es probable que no todas estas patologías las cause el gluten sino otras proteínas presentes en el trigo –como la WGA- que también pueden alterar el sistema nervioso.

El acné.
Hemos visto ya cómo la ingesta de trigo afecta al sistema digestivo, al cardiovascular, al nervioso y, por supuesto y ante todo, al sistema inmunitario. Y ahora debemos añadir que también ejerce una influencia nefasta sobre la piel. Se calcula que hoy el 80% de los adolescentes de los países industrializados sufre de acné entre los 12 y 18 años; y que la mitad continúa luego sufriendo ataques esporádicos a edades más tardías. Bueno, pues no deja de ser significativo que muy distintos pueblos de cazadores-recolectores –desde los que habitan las selvas de Nueva Guinea hasta los inuits del Ártico- nunca sufrieron de acné ¡hasta que incorporaron a su dieta el trigo, el azúcar y los lácteos. ¿La razón? Ya explicamos antes que la amilopectina del trigo dispara la secreción pancreática de insulina y ésta se acompaña del factor insulínico de crecimiento (IGF-1) que estimula tanto el crecimiento de los bulbos vellosos como de las glándulas sebáceas en la raíz de los bulbos. De hecho el acné de las mujeres que sufren de ovarios poliquísticos y se someten a inhibidores de la insulina -como la metformina- se reduce significativamente.

Y por si quedaran dudas contaremos que el Dr. R. N. Smith y sus colegas de la Universidad de Melbourne (Australia) publicaron en 2007 en American Society for Clinical Nutrition un artículo de síntesis sobre varios ensayos clínicos que demuestran el acné disminuyó en 43 adolescentes que siguieron durante tres meses una dieta con un 45% de carbohidratos de bajo índice glucémico (IG) –es decir, de lenta liberación de glucosa en sangre- y un 25% de proteínas. Comprobándose asimismo que disminuyó su índice de masa corporal y la “resistencia a la insulina”.

La psoriasis.
Según un artículo publicado en 2003 en Acta Dermato-Venereológica por un equipo del Hospital Universitario de Uppsala (Suecia) dirigido por el Dr. G. Michaëlsson un numeroso grupo de enfermos de psoriasis mejoró notablemente al someterse a una dieta sin gluten.

Las migrañas.
Un equipo de médicos encabezado por el Dr. M. Gabrielli en la Universidad del Sagrado Corazón de Roma (Italia) publicó en 2003 en The American Journal of Gastroenterology un estudio clínico que reveló en 90 pacientes con migraña idiopática que cuatro de ellos eran celíacos silentes y que todos mejoraron al seguir una dieta sin gluten. Uno incluso dejó de sufrir migrañas de forma definitiva.

La alopecia areata.
Un equipo de la Universidad de L’Aquila (Italia) dirigido por el Dr. G. R. Corazza publicó en 1995 un trabajo de investigación clínica en Gastroenterology en el que se sometió a 256 pacientes con alopecia areata a test con indicadores de antigliadinas y antiendomisios ¡comprobándose en todos los casos su asociación con la celiaquía!

La hernia de hiato.
Una de cada diez personas con hernia de hiato da positivo a alguno de los anticuerpos indicadores de la enfermedad celíaca; y de hecho esta patología es muy frecuente entre los celíacos. Bueno, pues mejora con la exclusión del gluten. Un equipo dirigido por el Dr. F. Nachman publicó en 2011 en Clinical Gastroenterology and Hepatology un trabajo que resume varias experiencias con dietas sin gluten. El hecho es que tras evaluar a 133 celíacos -clásicos y silentes- con problemas de reflujo gástrico durante cuatro años se observó en todos una notable mejoría a los pocos meses de iniciar una dieta sin gluten.

La infertilidad y los abortos recurrentes.
Los doctores S. Shah y D. Leffler publicaron en 2010 en Womens Health un artículo en el que explican que muchos casos de infertilidad y de abortos recurrentes se deben a la intolerancia al gluten. Mostrando su convencimiento de que sería suficiente excluirlo de la dieta para solucionar en numerosas ocasiones ambos problemas. El Dr. D. Bustos y sus colegas del Hospital Italiano de Buenos Aires (Argentina) publicaron por su parte un estudio en 2006 en American Journal of Reproductive Immunology en el que vincularon los abortos recurrentes de 118 mujeres con la presencia en éstas de varios anticuerpos indicadores de la enfermedad celíaca silente (todas ellas asintomáticas). Recomendando por ello a los facultativos que hagan test a sus pacientes para constatar la existencia de anticuerpos y si da positivo sugerirles resolver el problema mediante una simple dieta libre de gluten.

El Síndrome de Sjögren.
En 1999 un equipo de médicos finlandeses encabezado por el Dr. S. Iltanen publicó un artículo en The American Journal of Gastroenterology en el que revelarían que tras hacer test de anticuerpos indicadores de celiaquía a 34 enfermos con Síndrome de Sjögren 18 padecían esta patología (algunos de forma silente).

El Síndrome de Down.
En 1995 los doctores U. Jansson y C. Johansson publicaron en Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition un artículo en el que señalaban que de 65 suecos con Síndrome de Down un 17% tenía síntomas de celiaquía, tanto clásico como silente. Sin embargo en este caso no hay en la bibliografía consultada referencia alguna de posible mejoría entre ellos si se les somete a una dieta libre de gluten.

La incontinencia urinaria y la enuresis infantil.
Aunque al preparar este texto no hemos encontrado referencias en revistas científicas sobre la posible relación entre la ingesta de trigo y la incontinencia urinaria se sabe que este problema se presenta a menudo entre los celiacos y, sobre todo, entre quienes toman lácteos. De hecho numerosos naturópatas tratan con éxito el problema -en especial la enuresis infantil- con una dieta que excluya el gluten y los lácteos.

CONCLUSIONES Y ACLARACIONES

Finalizamos con una advertencia: el moderno trigo hexaploide tiene miles de variedades y entre ellas se encuentran nombres como espelta, kamut, bulgur, triticaledurum y muchos otros que se venden en herboristerías y tiendas de alimentos orgánicos. Y todos ellos son variedades de trigos modernos que contienen gluten de trigo y las mismas problemáticas amilopectinas. El hecho de que se vendan en esos establecimientos no los hace más inofensivos. Solo hay una variedad ya mencionada, el emmer o farro, que se consume principalmente en Italia y que a diferencia de los trigos modernos hexaploides es un tetraploide o Triticum dicoccoides por lo que probablemente sea menos nocivo pero nadie –que sepamos- ha hecho un estudio comparativo con él y, por tanto, tampoco podemos excluir que provoque los problemas mencionados en este artículo.

En suma, el trigo actual es un híbrido no desarrollado de forma natural por los campesinos sino en laboratorios de investigación biológica con el único objetivo de incrementar su rendimiento por hectárea y la resistencia a los elementos climatológicos y a los patógenos. Modificaciones biológicas que han alterado el genoma del trigo de tal manera que su ADN fabrica novísimas proteínas desconocidas para nuestro organismo. Y ello hace que…

…su alto contenido en amilopectinas genere continuos y sucesivos cambios de hiperglucemia a hiperinsulemia que pueden derivar en hipoglucemia. Secuencia que si se repite diariamente puede terminar provocando obesidad y síndrome metabólico así como un incremento de la grasa visceral que termina actuando como un órgano endocrino que produce citoquinas proinflamatorias y hormonas que incrementan la resistencia a la insulina y, a la larga, diabetes tipo II.

…sus gliadinas y el gluten provoquen reacciones autoinmunes que pueden dar lugar a muy diversas patologías hoy frecuentes en el mundo industrializado.

…algunas de sus proteínas se transformen en los intestinos en neurotoxinas y excitotoxinas que afectan a las neuronas cerebrales provocan varias patologías del sistema nervioso y neurosis.

Cabe agregar que en realidad ningún órgano o sistema está a salvo de sus posibles efectos perniciosos. La ingesta del trigo moderno puede afectar desde el sistema inmunitario hasta la piel. Algunas personas son tan sensibles que desarrollan un cuadro complejo manifestando muy distintas patologías en tanto a otras solo les afecta en un órgano o sistema. Y asimismo hay personas que -probablemente por constitución genética- o son insensibles o los efectos negativos se manifiestan internamente de forma asintomática.

Las personas interesadas en ampliar la información pueden leer dos obras lamentablemente no traducidas al español: Wheat Belly (La Panza del Trigo) del Dr. William Davis y Dark Side of Wheat (El lado oscuro del trigo) de Sayer Ji.

Queremos resaltar para finalizar algo importante: muchos de los ensayos y experiencias clínicas citados hablan de mejoría en los síntomas de muy diversas patologías –se habla incluso de su desaparición- mediante dietas que excluyen el gluten pero en ningún caso se han propuesto dietas que excluyan toda sustancia procedente del trigo. Lo que pareciera indicar que pretende culpabilizarse de sus problemas solo al gluten obviando que otros de sus componentes parecen tener claros efectos patológicos. Sin duda para que la gente piense que puede tomar sin problemas alimentos procedentes del trigo si se le ha extraído a éste el gluten. Y todo indica que no es así. Lo que sugiere lo publicado en este artículo es que todas las patologías citadas pueden estar provocadas o agravadas por cualquiera de los numerosos productos que se fabrican hoy con el trigo moderno y lo que deberían hacer pues quienes las padecen es dejar de ingerirlos. Sean o no intolerantes o alérgicos al gluten.

Juan Carlos Mirre

Este reportaje aparece en
164
Octubre 2013
Ver número