La intolerancia a uno o varios alimentos puede ser la causa de la dificultad para adelgazar

Con una simple extracción de sangre es posible conocer si somos alérgicos a algún alimento. Algo que puede suceder sin que lo sepamos y que, sin embargo, puede ser la causa de nuestro sobrepeso, de la obesidad, de la dificultad para adelgazar, de la fatiga crónica, de nuestros desórdenes digestivos y diarreas, de las alergias, de los problemas de piel, de las dificultades respiratorias, de los dolores de cabeza…

Siempre se nos había dicho que una alimentación variada, rica en frutas y verduras, nos permitiría tener una excelente salud y mantenernos lejos de la consulta del médico. Es decir, que una dieta equilibrada nos haría estar sanos. Sin embargo, hoy sabemos que esa afirmación debe ser matizada. Porque hay muchos alimentos y aditivos alimentarios que pueden estar haciéndonos la pascua…

En efecto, el sobrepeso, el dolor de cabeza o estómago, la diarrea, la fatiga crónica, los problemas de la piel, la celulitis y hasta las dificultades respiratorias pueden tener su origen en nuestra ignorancia… Y es que podemos ser alérgicos -sin que lo sepamos- a componentes tan comunes en nuestra dieta como la leche, los huevos, las patatas y muchos otros más.

Afortunadamente, tener lo que podríamos llamar nuestro propio “carné de identidad alimentario” es hoy posible gracias al desarrollo de tests para la detección de tales intolerancias alimentarias. Es el caso del método ALCAT, presentado en nuestro país hace poco tiempo a pesar de que se utiliza desde hace años en países como Alemania, Inglaterra o Estados Unidos. Y para conocerlo nos dirigimos al doctor Francisco Prats, inmunólogo y director médico del Centro Inmunológico de Cataluña, único lugar de España donde –que tengamos constancia- se realiza hoy este test. Un test que precisa de una simple muestra de sangre para medir la susceptibilidad o reacción adversa de nuestras células sanguíneas a ciertos alimentos, reacción muchas veces ignorada que, sin embargo, puede estar provocándonos serios desajustes en el organismo.

Los tests alimentarios se convierten así en una valiosa ayuda a la hora de efectuar el diagnóstico de algunos problemas, especialmente cuando el seguimiento nutricional de una persona es difícil de realizar o cuando el alimento o alimentos responsables no pueden identificarse fácilmente.

TU PROPIO VENENO PERSONAL 

La intolerancia alimentaria es también conocida como “alergia escondida” en la medida en que la reacción es menor a la de una alergia definida clásica y uno no es consciente de que se ha producido porque no se manifiesta rápidamente en forma de sarpullidos, vómitos, diarrea o dolores intensos de estómago y cabeza. Sin embargo, tales síntomas pueden aparecer más lentamente y por eso no los achacamos a algo ingerido varias horas antes. O, sencillamente, no se nos ocurre relacionarlo –ni al médico tampoco- con síntomas o problemas como el sobrepeso, la obesidad, la artritis, la diabetes, la sinusitis, las migrañas o los problemas gastrointestinales.

Y es que las reacciones a nivel celular pueden ser tan discretas que resulte imposible asociarlas con un alimento que comamos regularmente. Con lo que, ante el desconocimiento de las repercusiones que tiene su consumo para nuestro organismo, seguiremos incluyéndolo en la dieta y nuestra salud se irá deteriorando progresivamente. Será difícil entonces que fármacos, terapias médicas o dietas contribuyan a recuperar la salud o podamos perder peso.

EL ALCAT Y EL SOBREPESO 

Todos sabemos que uno de los problemas más importantes que puede provocar una inadecuada alimentación es el exceso de peso. De hecho, el sobrepeso y la obesidad son un fenómeno cada vez más extendido e inquietante. En Estados Unidos, por ejemplo, constituye la décima causa de mortalidad tras el tabaco.

El problema es que la única solución que proponen tradicionalmente los expertos –la dieta hipocalórica o baja en calorías- no funciona. Y la razón es simple: cuando un organismo se encuentra sometido a una dieta restrictiva se defiende de la privación disminuyendo su metabolismo basal; es decir, que si el aporte de alimentos y energía disminuyen, como el conjunto energético debe preservarse, el gasto energético también se reduce. Y entonces uno no sólo deja de adelgazar sino que sufre pérdida muscular y aumento de la masa adiposa. En suma, esa disminución de la capacidad de quemar calorías hace que el individuo aumente nuevamente de peso a poco que coma algo más recuperando el peso anteriormente perdido. Tal es la causa de que las dietas hipocalóricas -bajas en calorías- produzcan pérdida de peso al principio pero luego se vuelva a recuperar (algo que no sucede con nuestra Dieta Definitiva).

Ahora bien, la obesidad o sobrepeso pueden no deberse sólo a una excesiva ingesta de comida sino a una ingesta de alimentos concretos y puntuales que nuestro organismo rechaza (independientemente de que pueda haber influencia de factores genéticos) provocando desajustes metabólicos; desajustes que afectan al sistema inmunitario ya que algunos alimentos pueden provocar la disminución de la cantidad en sangre de ciertos neurotransmisores, especialmente de la serotonina. Ese descenso provoca una sensación de hambre y malestar que el paciente, de manera refleja, intenta combatir mediante la ingesta de hidratos de carbono ya que éstos producen una liberación inmediata de insulina con el consiguiente aumento de serotonina. La consecuencia es una sensación de bienestar… pero temporal ya que la segregación por el páncreas de esa insulina no tardará en provocar una nueva sensación de hambre y la necesidad de volver a comer. Y lo malo es que si uno ingiere hidratos de carbono para paliarla y resulta que, sin saberlo, es intolerante a alguno, entraría en una situación parecida a la de la pescadilla que se muerde la cola.

En definitiva, muchas personas con problemas de sobrepeso -acompañados a veces de otros síntomas inespecíficos como malestar, astenia, cefaleas, etc.- podrían tener como causa la intolerancia a ciertos alimentos.

La buena noticia es que, una vez determinados mediante un test los alimentos a los que reacciona el sistema inmunitario y eliminados los mismos de la alimentación, esas personas con problemas de sobrepeso podrían empezar a perderlo lentamente.

LA INTOLERANCIA ALIMENTARIA 

El ya mencionado doctor Francisco Prats, especialista en el sistema inmunitario y director médico del Centro Inmunológico de Cataluña, nos ampliaría estos datos.

-¿Por qué el cuerpo reacciona a determinados alimentos?

-Nuestro cuerpo posee un potente sistema -el sistema inmunitario- que nos defiende contra todo elemento extraño al organismo, ya sean virus, bacterias o, como a veces sucede, determinados alimentos o grupo de ellos. A fin de cuentas, los alimentos no dejan de ser sustancias extrañas para el organismo que ingresan en él a través de la boca. Bueno, pues en algunas personas –probablemente por razones genéticas-, ciertos alimentos son reconocidos por el organismo como “peligrosos”, como si se tratara de bacterias o virus dañinos, y entonces se defiende actuando contra ellos, lo que provoca reacciones indeseables.

-Pero, ¿qué diferencia hay entre alergia e intolerancia?

En el concepto intolerancia alimentaria se engloban las distintas variantes de reacción adversa ante los alimentos.

Con arreglo a lo que dicen los manuales, una alergia alimentaria es una reacción alérgica a un alimento en particular. Una enfermedad mucho más común, la intolerancia alimentaria, no es una reacción alérgica pero constituye un efecto indeseable producido por la ingestión de un alimento determinado. Son muchas las personas que no pueden tolerar ciertos alimentos por varios y diversos motivos que no son la alergia. Por ejemplo, pueden carecer de la enzima que les permita digerirlos.

Y cuando el sistema digestivo no puede tolerar un alimento –o grupo de ellos- el resultado puede ser un trastorno gastrointestinal, gases, náuseas, diarrea, dolores de estómago o de cabeza y otras dolencias. Por ejemplo, algunas personas sufren reacciones de intolerancia muy graves ante potentes alérgenos específicos de los alimentos, en especial las nueces, las legumbres, las semillas y los mariscos, violenta reacción que puede sobrevenir incluso al comer una mínima cantidad de la sustancia en cuestión.

El doctor Prats nos explicaría a continuación que la alergia alimentaria se caracteriza por una reacción que se produce de forma muy clara, definida y tipificada pero que no ocurre lo mismo con los casos de intolerancia, en los que el proceso de rechazo a un alimento se produce de forma más lenta y “discreta”.

-Piense –añadiría- que cada sistema biológico es un mundo y, además, actualmente se tiene más información sobre enfermedades como el cáncer que sobre determinadas alergias. Y si bien se puede paliar la sintomatología, la verdad es que la causa, los mecanismos internos de las alergias, son aún desconocidos.

Luego ignorar que se es intolerante a un alimento puede poner incluso en grave riesgo la salud…

-Sí, puede haber grave riesgo. En el caso de la alergia al gluten de los cereales –el caso de los celíacos-, por ejemplo, tenemos afortunadamente cada vez más información en los países desarrollados y a quienes la sufren se les da dietas sustitutivas. Pero en el Tercer Mundo, por desconocimiento de la enfermedad, muchos celíacos mueren de diarrea y desnutrición.

Además, por ejemplo, hay personas que se acostumbran a vivir con migraña. Toman fármacos o se someten a distintas terapias sin pensar que la raíz de su problema puede estar en el rechazo de su organismo a uno o varios alimentos. Y bastaría que dejara de consumirlos para mejorar.

Por otra parte, hay personas obesas que hacen regímenes muy restrictivos sin conseguir perder peso y la causa puede estar en una intolerancia alimentaria determinada.

Aún más, patologías menores que no están siendo solucionadas con fármacos podrían eliminarse paulatinamente si la persona optimiza su dieta, algo que se puede conseguir si la base de la patología que presenta está en la alimentación.

¿Es corriente ser alérgico o intolerante a algún alimento?

-Sí. En la fase adulta es muy común que las personas sean alérgicas a alguna sustancia. Cuando realizamos el Test ALCAT es muy normal que dé resultado positivo, es decir, que el paciente sea alérgico o intolerante a alguna de las sustancias incluidas en el panel alimentario que se analiza. Y mientras la reacción sea en grado 1 no es preocupante pero cuando el rechazo es en grado 2 o 3 hay que empezar a tomar medidas para suprimir ese componente de la dieta.

¿Ese rechazo puede darse a varios alimentos a la vez?

-Sí. De hecho, hay casos muy complicados en los que la persona es reactiva a muchos alimentos. Y cuando el número de estos es muy amplio hay que recurrir a distintas estrategias para evitar dietas excesivamente restrictivas a fin de que el paciente pueda comer bien y mantener el equilibrio nutricional. En esos casos se van suprimiendo paulatinamente los alimentos más alergénicos de la dieta del paciente y se van observando las consecuencias.

Hay que decir, llegados a este punto de la entrevista, que existen dos métodos para la detección de las intolerancias alimentarias. El más novedoso -al menos, en nuestro país- es el test ALCAT. Pero existe otro denominado RAST. Quisimos que el Dr. Prats nos explicara las diferencias.

-El método clásico del RAST se basa en la determinación de la inmunoglobulina E (IgE) específica de cada alimento concreto. Tanto esa inmunoglobulina E como la del tipo G (IgG) son mediadores moleculares que aparecen en la sangre del paciente y que integran la respuesta inmunológica en sí ante el alimento que el organismo considera extraño.

Tanto el RAST como la IgG específica tienen un campo muy limitado en el diagnóstico de la intolerancia a los alimentos dado que el grupo alimentario que se controla es muy definido -analiza del orden de 60 ó 70 alimentos-, a lo que hay que añadir los inconvenientes propios de la reacción cruzada con otros alimentos. Es decir, el RAST detecta la alergia a un alimento –por ejemplo, a la zanahoria- pero no que por reacción cruzada con otros alimentos ese paciente pueda tener también problemas con el apio, la manzana, la patata o el trigo.

En cambio, el test ALCAT permite a partir del estudio de la reacción celular de la sangre de una persona abordar grupos más amplios, de hasta 100 alimentos. Además, al margen de mejorar la especificidad evitando posibles reacciones cruzadas, detecta aquellas situaciones que no quedaba en evidencia con el RAST.

QUÉ ES EL TEST ALCAT 

-El ALCAT –nos diría el Dr. Prats- es un test biológico que reproduce “in vitro” -es decir, en el laboratorio- una situación similar a la que se está dando “in vivo”, en el interior del cuerpo de una persona.

Esta prueba diagnóstica se hace de forma rápida y sencilla. Basta una simple muestra de la sangre del paciente para comenzar todo el proceso de análisis. Luego, una vez obtenida la muestra, la sangre se incuba a 37 ºC (la misma temperatura a la que se encuentra en el interior del cuerpo) y en un medio de cultivo parecido al de los líquidos biológicos del organismo.

Esa muestra de sangre se divide entonces en 100 partes iguales y se mezcla cada una de ellas con 100 sustancias distintas, cada una en un recipiente. En este caso, cada sustancia a la que se exponen las porciones de sangre del individuo es un alimento.

Una vez se ha hecho esta operación sólo cabe esperar y observar la reacción -o ausencia de reacción- que se produce en cada uno de los 100 cultivos conseguidos a partir de la mezcla de sangre y alérgeno.

Se reproduce así en una probeta la misma situación que tiene lugar en el organismo de alguien que ingiere alimentos.

Todo lo cual es posible gracias a que -como nos explicaría luego el doctor Prats- “esas células sanguíneas siguen vivas fuera del organismo y tienen memoria inmunológica que les permite reaccionar en el caso de que se sientan amenazadas y crean que deben defenderse”. Pero dejemos que sea él mismo quien explique el proceso.

-Transcurridas dos o tres horas ya es posible analizar los resultados. Pueden ocurrir entonces dos cosas: que esas células sanguíneas no hayan reaccionado frente al alérgeno al que se las ha sometido o que, durante el proceso de incubación, se hayan hecho reactivas para defenderse de la sustancia con la que habían sido mezcladas. Uno a uno, se van analizando los 100 recipientes en los que se hicieron las mezclas. Si se ha producido reacción, se observará que las células contenidas en un recipiente concreto han segregado histamina y diversos mediadores inmunoquímicos que han cambiado de tamaño y de forma. En ese caso se deduce que el paciente es intolerante a la sustancia en cuestión.

Cabe añadir que todo este proceso se realiza en apenas tres horas y permite conocer hasta qué punto el paciente es intolerante o no a cada una de los elementos incluidos en el panel de análisis. En los casos de positividad, tal y como nos contaba el doctor Prats, existen distintos grados de intolerancia alimentaria.

-Es normal –continuaría diciéndonos- que cualquiera de nosotros seamos, sin saberlo, intolerantes a alguno de los componentes de nuestra dieta. Si el rechazo a un alimento es de grado 1 –según la clasificación que se especifica en el test- no hay que preocuparse ni tomar medidas urgentes. Es a partir de los grados 2 ó 3 cuando se ha de pensar en dietas que sustituyan la ingesta del alérgeno determinado.

-¿Y qué fiabilidad tiene el test?

-La valoración de la sensibilidad y especificidad del test -es decir, de su grado de precisión- es indirecta ya que si a partir de los resultados obtenidos con el ALCAT el paciente cambia su dieta y se producen cambios palpables en su sintomatología (mejora de sus migrañas, logra perder peso, presenta menos problemas respiratorios o gastrointestinales, etc.) puede decirse que el test ha sido realizado con éxito.

Cabe añadir que en Estados Unidos llevan siete años aplicando este test alimentario y se ha observado que, tras su realización y la consiguiente eliminación del elemento alérgeno de la dieta, el individuo mejora sensiblemente de sus dolencias e, incluso, en casos de niños hiperactivos  se ha conseguido que mejore de forma importante su nivel de atención.

-Cualquier persona –agregaría el Dr. Prats- es susceptible de desarrollar reacciones adversas frente a alimentos, sustancias químicas y medicamentos y, además, no todas las personas reaccionan de la misma manera frente a la ingesta de estos elementos. Precisamente tras un exhaustivo análisis de los resultados obtenidos de más de mil pacientes se ha observado que la tolerancia a distintos alimentos y sustancias varía de un paciente a otro y se han constatado asimismo variaciones en el tiempo de tolerancia para el mismo individuo en relación con la frecuencia de ingestión o exposición. Por tanto, un alimento analizado no consumido por el paciente desde hace mucho tiempo podrá dar un resultado negativo y revelarse reactivo en caso de ingestión repetitiva.

El test ALCAT, que sólo lleva unos meses realizándose en España, permite analizar al mismo tiempo y de forma individualizada 100 sustancias, algunas tan comunes y de tan frecuente ingesta como la cebolla, el huevo, la miel, la zanahoria, los cereales o las frutas más corrientes. Este estudio también permite conocer la reactividad que para una persona pueden tener los distintos aditivos y colorantes que se añaden a los alimentos que consumimos diariamente (algunos contienen toxinas o sustancias químicas que son responsables de reacciones adversas no alérgicas).

En definitiva, gracias a este test se puede establecer un programa dietético personal o lo que podría denominarse un “carné de identidad alimentario” propio que nos ayude a prevenir posibles enfermedades o a aliviar las que ya padecemos.

En todo caso, este test es una herramienta diagnóstica a nuestro alcance y una forma más de indagar en lo que ocurre en nuestro organismo. Es, también, una manera sencilla de asegurarnos de que nuestra dieta incluye los alimentos adecuados para nosotros: todos aquellos que nos benefician y ninguno de los que nos perjudican.

L. J.

Recuadro:


SUSTANCIAS QUE ANALIZA EL TEST ALCAT

Alimentos 

Aguacate
Ajo
Albaricoque
Alcachofa
Almeja
Almendras
Apio
Arándanos
Arroz
Atún
Avellana
Avena
Azúcar de caña
Azúcar de remolacha
Bacalao
Batata
Berenjena
Brócoli
Cacao
Cacahuete
Café
Calabacín
Canela
Cangrejo
Cantalupo (melón)
Carne de buey
Cebada
Cebolla
Centeno
Cerdo
Champiñón
Chile
Ciruela
Clara de huevo
Col
Coliflor
Cordero
Espárrago
Espinacas
Fletán
Fresa
Garbanzo
Guisante
Huevo
Judía Pinta
Judía Verde
Kiwi
Langosta
Langostino/gamba
Leche de vaca
Leche de cabra
Lechuga
Lenguado
Lenteja
Levadura de cerveza
Levadura de pan
Limón
Maíz
Malta
Mantequilla
Manzana
Mejillón
Melocotón
Miel
Mijo
Mostaza
Naranja
Nuez
Nuez de cola
Olivas
Ostra
Patata
Pavo
Pepino
Pera
Perejil
Pimienta blanca
Pimienta verde
Piña
Pipas
Plátano
Pollo
Pomelo
Puerro
Queso
Salmón
Sandía
Sardina
Semilla soja
Sésamo

Ternera
Tomate
Trigo
Trigo sarraceno
Trucha
Uva
Vieira
Yema huevo
Zanahoria

Aditivos y colorantes

Aspartamo (E951)
Ácido Benzóico (E210)
M.S.G. (E620)
Nitrato Potasio (E251)
Nitrito Potasio (E250)
Sacarina (E954)
Ácido Sórbico (E200)
Sulfito sódico (E221)
Amarillo #5 (E102)
Amarillo #10 (E104)
Rojo #2 (E123)
Rojo #3 (E127)
Azul #1 (E131)
Azul #2 (E132)
Naranja #8 (E110)
Negro brill. (E151)


Consecuencias sobre la salud de la intolerancia alimentaria 

La intolerancia alimentaria puede ser causa de patologías tan diversas como la migraña, la sinusitis y otras complicaciones respiratorias, celulitis, problemas de piel, fatiga crónica, problemas gastrointestinales, artritis, dolores de estómago y cabeza, diarrea, obesidad y sobrepeso.
Saber que uno es intolerante a algún elemento de la alimentación puede ayudar a prevenir o a mejorar los síntomas de estas enfermedades.


El Test ALCAT 

Es -al menos, en España- el más novedoso método para la detección de intolerancias alimentarias. Basta una simple muestra de sangre para medir la susceptibilidad o reacción adversa del organismo a ciertos alimentos, reacción que en muchos casos es ignorada por el propio individuo y que puede estar provocando desajustes en su metabolismo.

El ALCAT permite reproducir en el laboratorio la misma situación que se produce en el organismo de una persona cuando ingiere alimentos. Una vez obtenida la muestra de sangre, ésta se divide en 100 partes iguales y se mezcla cada una de ellas con una sustancia distinta, en este caso un alimento. Tres horas después se observa si las células sanguíneas han reaccionado o no. Si durante el proceso de incubación de los cultivos ha habido reacción en alguno de ellos, las células del recipiente habrán cambiado su tamaño y su forma y habrán segregado mediadores inmunoquímicos. En tal caso se deduce que el individuo es intolerante al alimento en cuestión que había sido mezclado en dicho recipiente.

El test ALCAT permite analizar hasta 100 sustancias al mismo tiempo y supera los inconvenientes de otros tests alimentarios que no evidenciaban las denominadas “reacciones cruzadas entre alimentos”.  El coste del test oscila entre las cincuenta y las cien mil pesetas.

Este reportaje aparece en
27
Abril 2001
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