La píldora-milagro para adelgazar: otro buen negocio

Comercializada hace meses en Estados Unidos, acaba de presentarse en España prometiendo cumplir el sueño dorado de cualquier gordo o gorda: perder peso sin sacrificios, dietas ni ejercicios. Y sin efectos secundarios. Se trata del orlistat, un producto químico que bajo el nombre comercial de Xenical está arrasando en su país de origen. Pero, ¿qué hay de cierto?

En la documentación facilitada por el laboratorio norteamericano Hoffmann-La Roche (filial del suizo Roche) se anuncia que el Xenical es el primero de una nueva clase de drogas anti-obesidad conocidas como “inhibidores de la lipasa” o “bloqueadores de grasa” que actúan sobre el propio aparato digestivo impidiendo la absorción de un 30% de la grasa ingerida al comer. Producto que -según el mismo laboratorio- carece de efectos secundarios a largo plazo y únicamente puede presentar diarreas al principio del tratamiento que desaparecen espontáneamente sin necesidad de suspender el mismo.
Hasta aquí los datos que se nos ofrece. Ahora bien, ¿se corresponde tal maravilla con la realidad?

EL EXCESO DE PESO NO ES UN PROBLEMA SIMPLE 

Lo que está claro es que la obesidad es una auténtica enfermedad cuyos orígenes son muy complejos y su tratamiento debe basarse en datos objetivos. De manera simplista, podríamos decir que la obesidad es el resultado de comer más de lo que se gasta pero, como es lógico, hay mucho más. Así, deben tenerse en cuenta para su aparición factores genéticos, psicológicos, ambientales y educacionales, lo que viene a significar que la enfermedad se desarrolla por muchas causas y que cada una de ellas debe tratarse de forma específica. Ese es precisamente el origen del fracaso del 90% de los tratamientos para perder peso, incluidos los fármacos moderadores del apetito.

Además, hay que contar con que el sobrepeso se relaciona con enfermedades como la diabetes, la hipertensión y muchas dolencias cardiovasculares que son factores importantes de riesgo con los que también hay que contar en el momento de plantearse una pérdida de peso.

A ese respecto, el Royal College of Phisicians (Colegio de Médicos británico) publicó recientemente una serie de normas para sus afiliados sobre cómo aplicar las terapias anti-obesidad indicando que únicamente deben recetarse fármacos si han fracasado la dieta, el ejercicio y el cambio de hábitos de vida, y sólo en el caso de las obesidades patológicas (que científicamente se definen por más de un 30% del índice de la masa corporal (lo que se determina dividiendo el peso por el cuadrado de la estatura en metros), y siempre tras un estudio general de enfermedades previas y factores de riesgo cardiovascular y metabólico. Además, la medicación debe suspenderse en los pacientes que no hayan  perdido el 5% de su peso corporal en los primeros tres meses del tratamiento.

Y estas normas pueden -y deben- aplicarse siempre.

LA REALIDAD DEL XENICAL 

Dicho esto, hay que señalar que el Xenical es, efectivamente, el primero de una serie de fármacos que actúan directamente sobre la absorción de la grasa a nivel del intestino. Pero nada más.

El doctor Basilio Moreno, especialista en el tratamiento de la obesidad del servicio de Endocrinología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, puntualizó -a petición nuestra- que se trata simplemente de “un buen auxiliar” en manos del especialista pero que siempre se debe complementar con una dieta adecuada, cambio de hábitos de vida y ejercicio. Es decir, que no es -ni pretende serlo- una panacea. Y, por supuesto, se diga lo que se diga, tiene sus problemas.

Uno de sus efectos secundarios conocidos –nos dijo el doctor Moreno- es precisamente esa mala absorción de grasas, que no influye solamente en una disminución del aporte general de calorías sino también en una disminución del ingreso de muchas sustancias que se vehiculan en las propias grasas, como las vitaminas llamadas liposolubles (A, D y E especialmente), lo que puede causar problemas a la larga, sobre todo en pacientes en situaciones límite, como adolescentes, diabéticos o ancianos”.

Es decir, que quizá junto a los nuevos inhibidores del apetito -que se presentarán dentro de unos meses y posiblemente con la misma parafernalia comercial- puedan representar una esperanza de futuro para los obesos. Pero no lo es en el presente. Por tanto, presentar como un tratamiento poco menos que milagroso un fármaco que -dicen- bloquea nada más que la tercera parte de la absorción de grasa por el intestino y que no está suficientemente estudiado (aunque haya pasado los controles de las distintas legislaciones de los países donde se vende) no es de recibo. A ver si, como ocurrió con la viagra, al cabo del tiempo se empiezan a reportar casos de pacientes con graves complicaciones o incluso muerte por su uso indiscriminado o contraindicado. No conviene olvidar el ejemplo de otros moderadores del apetito, como la femfluoramina, que en su momento se consideraron cuasimágicos y después de muchos años se han tenido que retirar del mercado debido a su asociación con problemas valvulares cardiacos y tras varias decenas -posiblemente centenares- de muertes por su causa.

Háganos caso: siga la Dieta Definitiva que propusimos en nuestro primer número. Es efectiva y no tiene más efecto secundario que el de recuperar la salud.

 Andrés Rodríguez Alarcón

Este reportaje aparece en
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Abril 1999
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