Vivir en una casa sana

¿Vives en una casa sana? ¿Disfrutas plenamente de tu vivienda? ¿Descansas bien por las noches? ¿O, por el contrario, te levantas más cansado que cuando te acostaste, padeces alguna molestia o dolor que se agudiza por las noches y desaparece durante el día, tus hijos lloran por la noche, se mueven inquietos en su cama o se despiertan asustados entre las dos y las cuatro de la madrugada?

Nuestra vivienda puede ser el lugar idóneo para el descanso reparador, el disfrute y la convivencia o, por el contrario, convertirse en un lugar de constantes penas, problemas y todo tipo de enfermedades sin causa aparente. Porque, ¿cuántas personas que cuidan su alimentación, hacen ejercicio con regularidad y realizan un trabajo personal de armonización con la práctica de yoga, meditación, relajación o visualización positiva no consiguen hallar el equilibrio, la salud y la felicidad deseadas? Muchas.

Y quizá ignoren que la causa puede estar en factores de riesgo poco conocidos como la presencia de intensos campos eléctricos o electromagnéticos procedentes de los aparatos electrodomésticos y de la instalación eléctrica, en alteraciones magnéticas o en las radiaciones procedentes de la Tierra -venas de agua subterránea o líneas geomagnéticas (red Hartmann).

Por ello, y como quiera que si deseamos evitar sus consecuencias es preciso conocerlas mínimamente, vamos a dar algunas pistas que nos servirán para cuidarnos de las zonas geopatógenas -perjudiciales- de nuestra casa o evitarlas en el futuro si vamos a hacer reformas o a construirnos una vivienda unifamiliar.

EL CASO DE ELVIRA 

Hablemos pues del caso de Elvira, una mujer que a pesar de cuidar su salud y hacer numerosas terapias llevaba catorce años con dolor de cabeza y jaquecas crónicas. Algo que le afectaba hasta el punto de que se había quedado sin amistades por su incapacidad de llevar una vida social normal ya que ir al cine, cenar en un restaurante o simplemente salir de paseo suponía para ella una tortura insoportable porque el bullicio agravaba sus fuertes dolores de cabeza. Pues bien, Elvira estaba presente en una de mis conferencias sobre Geobiología y al oírme pudo relacionar su problema con lo expuesto ya que cayó en la cuenta de que éste hizo aparición en su vida a poco de mudarse de casa. Y cuando visité su domicilio para hacer un estudio bastó retirar la cama medio metro de la pared por la noche, al ir a dormir, para que tan aparentemente banal acción fuera suficiente para que desaparecieran por completo, a los pocos días, sus dolores de cabeza y las migrañas, comenzando desde entonces a llevar una vida social normal.

Casos como éste son frecuentes pero incluso a quienes llevamos años investigando las radiaciones y su influencia en la salud aconsejando soluciones a las personas que viven o duermen en zonas geopatógenas nos sigue impactando la estrecha relación entre las radiaciones naturales y artificiales y los trastornos más cotidianos. Casos que corroboran una y otra vez cómo desde simples molestias en el descanso hasta enfermedades degenerativas tienen a veces un mismo denominador común: la permanencia prolongada sobre una alteración geofísica o la exposición permanente a radiaciones electromagnéticas de cierta intensidad.

Aunque lo que más nos sigue sorprendiendo es la rapidez con que se producen las mejorías o desaparecen los problemas una vez localizado y evitado el factor causante.

Un caso igualmente ilustrativo es el del hijo de un arquitecto mexicano que con apenas 12 años llevaba diez padeciendo rinitis crónica y congestiones respiratorias, sobre todo nasales. Bueno, pues en el estudio de su habitación se detectó una fuerte corriente de agua subterránea en la vertical de la cama que el niño ocupaba desde los dos años. Así que, al comprobar que la otra cama libre en la misma habitación estaba situada en una zona favorable, se recomendó que el niño se cambiara de cama.

El padre nos contaba, días después, que lo que más le sorprendió es que ya desde la primera noche no se le oyera roncar estentóreamente como venía siendo habitual desde hacía años. Por la mañana, el niño se despertó contentísimo ya que podía respirar con suma facilidad y desde entonces no ha vuelto a tener problemas de rinitis.

LA DESESPERACIÓN DE OÍR LLORAR AL HIJO TODA LA NOCHE 

En numerosas ocasiones los cambios de emplazamiento con resultados favorables se producen sin una consciencia clara de lo sucedido. Suele ser el caso de muchos padres desesperados por los insoportables llantos nocturnos de sus bebés o niños pequeños que, al ser cambiados de habitación, dejan de berrear para dormir plácidamente durante toda la noche. También sucede al revés, niños que dormían estupendamente y de un tirón en la cuna y que al pasarles a su habitación se niegan a quedarse solos, se despiertan con frecuencia, lloran sin motivos e insisten en volver a su cuna o a la cama de sus padres. En la mayoría de estos casos basta con cambiar la cama de lugar y buscar una zona favorable para que el niño empiece a dormir sin problemas.

Uno de los casos más dramáticos al respecto nos lo refirió un padre de Lérida que se pasó los ocho meses que siguieron al nacimiento de su hijo sin poder dormir ni una sola noche de forma tranquila. El bebé se pasaba horas llorando y berreando sin cesar y sin que nada ni nadie pudiese calmarle. Lo probaron absolutamente todo y el hombre llegó a tal desesperación que la idea de tirarse por un barranco -o, al menos, eso decía en su crispación- cruzó en varias ocasiones por su cabeza. Una noche, harto de oír llorar desconsoladamente a su bebé, cogió la cuna y le encerró en una habitación contigua con la desesperada idea de dejarle llorar y poder dormir cuando menos un rato. Bien, pues cuál sería su sorpresa cuando tuvieron que levantarse para “controlar” al bebé creyendo que se había muerto porque no dijo ni “mu” en toda la noche. Y así siguió durante los siguientes meses: durmiendo plácidamente en medio de la salita.

Cuando estudiamos la vivienda, pudimos constatar las múltiples causas que confluían en la habitación de matrimonio y, sobre todo, en la vertical de la zona donde siempre había estado ubicada la cuna. Lo primero que se observó fue la presencia de un fortísimo campo electromagnético que persistía incluso desconectando toda la instalación eléctrica del piso. Al tratarse de un ático y constatar que la contaminación electromagnética provenía de la parte superior, subimos a la azotea y descubrimos unos cables de media tensión pasando justo por encima de la habitación de matrimonio. El segundo factor detectado fue una intensa contaminación eléctrica y electrostática en la casi totalidad de las paredes del piso. Campos eléctricos que desaparecían al desconectar la instalación general, por lo que se dedujo que eran debidos a la antigüedad y deficiencia de la instalación eléctrica, unido a la inexistencia de tomas de tierra. El tercer factor de influencia negativa era una alteración telúrica que cruzaba por medio de la habitación y cogía de lleno la zona donde estuvo ubicada la cuna hasta los ocho meses.

Luego, al analizar el emplazamiento actual de la cuna, donde el bebé dormía bien, pudimos observar que la intensidad de la contaminación eléctrica era mucho menor que en la habitación paterna; por otro lado, al haber situado la cuna en el centro de la salita debido a los muebles allí existentes, estaba alejada de las paredes y, por consiguiente, no le alcanzaban los campos eléctricos como sucedía en la otra habitación. Además, la salita estaba totalmente exenta de alteraciones telúricas significativas por lo que no era de extrañar que el bebé lograse relajarse con facilidad y dormir tan plácidamente.

UNA ASIGNATURA PENDIENTE 

Quienes no hayan oído hablar o leído nada anteriormente sobre la influencia que energías y radiaciones del entorno ejercen sobre la salud y la enfermedad lo aquí relatado puede resultarles sorprendente e incluso inverosímil. Sin embargo, quienes llevamos años estudiando el tema y hemos podido analizar cientos de viviendas no sólo lo vemos como algo normal sino que incluso podemos predecir el tipo de radiación o influencia negativa que afecta a una determinada persona a partir de los síntomas y de los trastornos que padece.

La fuerte contaminación eléctrica o electromagnética procedente de líneas de alta tensión, transformadores, antenas de telecomunicaciones o telefonía móvil son causa frecuente de trastornos nerviosos, insomnios, estrés y, sobre todo, depresiones. La contaminación electromagnética también puede estar generada por aparatos electrodomésticos siendo frecuentes los casos de personas con dolor de cabeza recurrente o dificultades de sueño que mejoraron simplemente desenchufando o alejando del cabezal de la cama el radio-despertador o los aparatos eléctricos allí presentes.

En muchos casos ha sido necesaria la desconexión nocturna de la instalación eléctrica de las habitaciones para empezar a disfrutar de un sueño reparador y levantarse estupendamente por la mañana.

Es más, los problemas alérgicos y asmáticos también pueden relacionarse con la presencia de fuertes campos electromagnéticos que alteran sensiblemente la actividad endocrina, disminuyendo la producción de melatonina y afectando negativamente al sistema inmunitario.

Hay que decir que sobre los efectos negativos de la contaminación electromagnética existe mucha controversia ya que se han realizado numerosos estudios, algunos de los cuales muestran una relación directa entre ésta y trastornos de salud mientras otros no encuentran correlación. Pero en este sentido hay que señalar que la mayoría de las investigaciones al respecto han sido o son financiadas por las compañías eléctricas que, obviamente, son las menos interesadas en que se compruebe tal relación porque el costo de enterrarlas bien protegidas y las posibles indemnizaciones que reclamarían las personas afectadas es razón suficiente para negarlo todo.

Una de las investigaciones estadísticas más significativas fue llevada a cabo en Suecia por el Instituto Karolinska sobre una población de casi 450.000 personas y en un periodo de hasta 25 años de exposición o ausencia de exposición a campos electromagnéticos. Pues bien, los resultados mostraron un incremento de tumores cerebrales en adultos y el doble de casos de leucemia infantil entre las personas que vivían a menos de 20 metros de las grandes líneas de alta tensión o que habían estado expuestas a intensidades superiores a los 200 nanoteslas de diversas procedencias.

En la práctica geobiológica, la mayoría de trastornos relacionados con la contaminación electromagnética aparecen en estrecha sinergia con otros factores de riesgo como pueden ser la presencia en la vivienda de fuertes alteraciones telúricas o cruces de líneas Hartmann, como era el caso del bebé que lloraba desesperadamente.

¿QUÉ SON LAS ALTERACIONES TELÚRICAS? 

Muchos nos preguntan cómo es posible que la presencia de agua subterránea o de ciertas anomalías geofísicas puedan ser causa de serias patologías e incluso inducir enfermedades degenerativas o cáncer si se trata de fenómenos naturales.

La respuesta es sencilla y compleja a la vez. Tenemos que ser conscientes de que existen más de 150 minerales en la corteza terrestre que emanan radioactividad de forma natural y que esas partículas o gases radioactivos –como el radón- fluyen hacia la atmósfera concentrándose en las zonas de mayor flujo como grietas, fisuras y fallos del subsuelo. Bien, pues si nuestra vivienda está ubicada en una de esas zonas las dosis radioactivas que podemos acumular en ellas pueden llegar a ser superiores al umbral de tolerancia.

Por otra parte, existe un complejo conjunto de campos magnéticos, eléctricos y electromagnéticos -fruto del perpetuo movimiento de la esfera terrestre- cuyo núcleo de hierro fundido se comporta como un electroimán o un generador eléctrico. Energía electromagnética que circula sin cesar a lo largo y ancho del planeta estructurada en redes o líneas de fuerza (las llamadas líneas Hartmann) que pueden estar más o menos presentes en una vivienda en un determinado espacio.

El campo electromagnético terrestre se ve alterado por los perpetuos movimientos sísmicos y los esporádicos terremotos, influyéndole también la actividad magnética solar y las conocidas manchas solares.

Resulta habitual constatar que las personas que se despiertan o sufren crisis agudas entre las dos y las cuatro de la mañana suelen tener ubicadas sus camas en la vertical de zonas alteradas telúricamente. Ello se debe, en gran medida, a que durante el día la Tierra absorbe grandes cantidades de radiación procedentes del Sol y por la noche las descarga en la atmósfera siendo esas zonas los puntos de mayor fuga y, precisamente entre las dos y las cuatro, las horas de mayor descarga. Por tanto, si su trastorno tiene relación con esas horas analice su casa o empiece por cambiar el emplazamiento de la cama donde duerme. Puede sorprenderse de los resultados.

Las corrientes de agua subterránea son otro factor de gran incidencia en la salud y ello se debe a que su presencia en el subsuelo incrementa la conductividad eléctrica del lugar y lo convierte en zona de circulación preferente de la energía eléctrica, electromagnética u otras, tanto naturales como artificiales.

¿QUÉ HACER EN CASO DE DUDA? 

En este punto del artículo muchos lectores se estarán preguntando si vive en una casa sana o si su vivienda está plagada de alteraciones telúricas y otras energías nocivas.

Es preciso aclarar que, en todas las viviendas estudiadas, existen unas zonas más favorables para la vida y otras más desfavorables. Siendo en realidad pocas las viviendas que resultan tan negativas que nadie debería vivir en ellas.

Por ello, lo primero sería cuestionarnos qué tal descansamos y cómo está nuestra salud en general pues de no tener muchos problemas podemos olvidarnos o ignorar el tema de las radiaciones nocivas. Pero en caso de padecer trastornos recurrentes, descansar mal siempre, levantarnos más agotados que antes de acostarnos y, sobre todo, en caso de enfermedades o trastornos que ningún especialista da con las causas y cuando ya estamos cansados de buscar remedios o terapias sin resultado es cuando podemos empezar a sospechar de las energías negativas de nuestra casa.

Grietas en las paredes, humedad, malos olores o molestias como agobio, opresión o náuseas pueden también ser indicadores de la presencia de alguna energía o radiación desfavorable por lo que sería interesante salir de dudas solicitando una prospección geobiológica de la vivienda o profundizar en el tema a través de la bibliografía existente, aplicando los consejos dados y aprendiendo a detectar con los diferentes métodos a nuestro alcance las zonas sanas y favorables de la casa así como las desfavorables. Nuestra salud física y mental lo agradecerá y, al mismo tiempo, empezaremos a conocer la dimensión energética y sutil de los lugares que habitamos e incluso de las formas, los objetos o las personas que nos rodean.

En este sentido, existen numerosos temas y aspectos que abordan tanto la Geobiología como la Bioconstrucción que pueden resultarnos de gran interés. Como, por ejemplo, lo referente a la correcta orientación magnética, los materiales más sanos para la construcción o la decoración del hogar e, incluso, aprender a aprovechar al máximo las energías positivas del entorno o cómo armonizar o minimizar las negativas. Pero todo esto desborda las dimensiones de un artículo introductorio por lo que intentaremos abordarlo en los próximos números. De momento, nos daremos por satisfechos si hemos sabido aportar nuevas perspectivas de solución a sus problemas, a menudo de forma tan sencilla como cambiando sólo la posición de la cama y sin pretender en ningún momento “crear problemas donde no existen”. Esperamos que lo esbozado pueda ayudarle en la constante búsqueda del equilibrio, la salud y la felicidad plenas.

 Mariano Bueno
Experto en Geobiología. Autor de“Vivir en casa sana” “El gran libro de la casa sana”.

Este reportaje aparece en
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Abril 1999
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