Y usted, ¿a qué le tiene miedo?

¿Se ha preguntado alguna vez qué cosas y situaciones le producen miedo? Si lo ha hecho, habrá observado que son muchas; y si no lo hizo nunca, hágalo: se sorprenderá. Pero no se preocupe. La sensación de miedo es algo natural e inherente al ser humano. Lo que no es óbice para que en muchas ocasiones esa emoción universal se vuelva peligrosa. Algo que sucede cuando controla y condiciona al individuo en sus actuaciones.

Es natural que las personas confesemos sentir en ocasiones miedo de algo o hacia algo. Lo que ya no es natural es percibirlo como algo grave e irracional como sucede en el caso de las fobias.

Pero antes de adentrarnos en el tema que nos ocupa dejemos claro qué es el miedo o, mejor dicho, qué sentimientos vive el hombre cuando se enfrenta a él. Pues bien, el miedo se podría definir, expresado de una manera sencilla, como un cóctel en el que se dan, en mayor o menor medida -y en función de las circunstancias-, ingredientes como angustia, inseguridad, temor, impotencia y desconfianza.

¿Y por qué sentimos miedo? Pues el origen del miedo -más bien de los miedos, en plural- se encuentra (excepción hecha de los miedos innatos o atávicos) en la falta de confianza en nosotros mismos. Y hay que empezar adelantando que todos tenemos miedo a lo desconocido, es decir, a todo aquello que nos resulta nuevo porque no sabemos si lo podremos o no afrontar. Una sensación que no nos gusta reconocer ante los demás porque supondría desvelar nuestras debilidades, nuestras inseguridades. Y que por eso, para protegernos, guardamos celosamente en nuestro interior negándonos a que afloren en la singular creencia de que en tanto permanezcan ocultos estaremos más protegidos.

Por otra parte, el origen de los miedos tienen también un componente cultural. O sea, sus características dependen de la cultura en la que se asienta el individuo (en este reportaje abordaremos solamente la occidental por ser en la que estamos inmersos). Cultura que en cada lugar y tiempo marca con claridad al ser humano, especialmente en la medida en que determina lo que está bien y lo que está mal. A fin de cuentas, son la religión, la política, la economía y la educación los pilares sobre los que se asientan las creencias y, por ende, los comportamientos de nuestra sociedad. Es decir, cada cultura ha generado  sus propios miedos, miedos que el hombre, generación tras generación, ha ido integrando y convirtiendo en un elemento más de su proceso evolutivo.

En cualquier caso, hay que decir que el ser humano, a lo largo de su historia, se ha tenido que enfrentar básicamente a dos tipos de miedos: los endógenos o innatos y los exógenos o aprendidos.

LOS MIEDOS ENDÓGENOS Y CÓMO AFRONTARLOS 

Los miedos endógenos son aquellos inherentes al ser humano y de ahí que también se les llame innatos (temores atávicos inscritos en nuestros genes). Son los miedos comunes de la especie y fudamentalmente pueden concentrarse en cuatro: el miedo a la oscuridad, el miedo a los fenómenos naturales (tormentas, rayos, fuego, etc.), el miedo a la supervivencia (en un principio comer, beber, encontrar refugio y procrear) y el miedo a la muerte. Pese a lo cual también se han ido adaptando a las distintas culturas a lo largo de la historia, circunstancia que se corrobora comprobando cómo hoy el principal de ellos, el miedo a la muerte, no es percibido de igual manera por un ciudadano de Oriente Medio que por un europeo. En todo caso, y al margen de las creencias que amoldan los miedos -especialmente las religiosas-, lo cierto es que los miedos innatos van calando más y más según va creciendo la persona y son más intensos según el individuo esté menos evolucionado ya que la falta de formación hace que se sienta más inseguro y, por tanto, más miedoso.

Y si hemos mencionado la religión es porque se trata del aspecto cultural que más miedos ha generado en la sociedad. María Dolores Avia, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, nos comentaría a ese respecto el daño que ha causado psicológicamente a tanta gente determinadas creencias religiosas, destacando entre ellas«el miedo al infierno». «La mayoría de los cristianos -nos diría, contrariada- sienten auténtico temor hacia él porque piensan que se pueden condenar para toda la eternidad”. Miedo, añadiremos nosotros, que coarta la libertad de un ser humano hasta extremos insospechados.

En este sentido, los padres deberían de ser conscientes de la importancia que tiene la educación que dan a sus hijos. Porque, independientemente ya de las creencias religiosas que les inculquen, si a un niño se le dice que si se porta mal van a encerrarlo «en el cuarto de los ratones” o “en el cuarto oscuro” se estará potenciando en él uno de los miedos heredados de nuestra especie: el miedo a las oscuridad. “Es muy importante –nos comentaría María Dolores Avia- que los padres sean conscientes de que eso no es formativo ni educativo. Es cierto que a veces, para que nuestros pequeños hagan lo que deben, tenemos que jugar determinadas bazas pero nunca se debe hacer con la baza del miedo. Siempre se les puede decir que si no se portan bien o no hacen los deberes, por ejemplo, no verán los dibujos animados o no harán otra cosa que sabemos que les satisface mucho”.

Aunque tampoco debemos obsesionarnos. Porque si bien es cierto que los miedos innatos nos acompañan indefectiblemente en nuestro proceso evolutivo ya que están en nuestro código genético y por tanto se transmiten de generación en generación, se pueden superar. ¿Cómo? Pues revisando crítica y racionalmente los valores y creencias de la cultura a la que pertenecemos. Ciertamente, los seres humanos nos sentimos atados a nuestras raíces y nos cuesta mucho soltar amarras pero si lo conseguimos habremos dado un paso fundamental para superar nuestros miedos. Y hay que decir que bastan dos «herramientas» para ello: el libre albedrío y la información. Porque ambas llevan siempre al conocimiento. De ahí que sean las dos armas más valiosas de las que dispone el ser humano para evolucionar en el camino hacia la sabiduría.

LOS MIEDOS EXÓGENOS 

Los miedos exógenos o aprendidos son, en cambio, aquellos que procedentes del medio exterior afectan al ser humano en diferente grado. En este grupo se encuentran desde los miedos más comunes  -como el de hablar en público, no saber relacionarse con la gente, viajar en avión, no responder a las expectativas en el trabajo y en las relaciones familiares y de amistad, etc.- hasta las fobias más irracionales, entre otras, y de forma genérica, la agorafobia -terror a los lugares abiertos-, la claustrofobia -terror a los sitios cerrados- o la zoofobia (pánico a ciertos animales). Miedos, en definitiva, muchas veces relacionados con dolencias psicológicas tan importantes como la depresión, la falta de autoestima o la intolerancia. Y miedos que tienen inmediata repercusión en el físico. Tomemos como ejemplo uno de los más aparentemente superables, el miedo a hablar en público. Pues bien, hace ya años la doctora Praticia Normand, instructora de Psiquiatría en Harvard y directora asociada de Psicofarmacología del hospital de Cambridge, en Boston, constató que las reacciones físicas ante este temor se caracterizan por padecer sudor en las palmas de las manos, voz temblorosa e, incluso, temblor de piernas. Reacción provocada ante la brusca secrección de adrelania en la sangre por las glándulas suprarrenales, el aumento de la presión arterial, el aceleramiento de los latidos del corazón, el estrechamiento de las venas del tubo digestivo y el ensanchamiento de las venas que van a los músculos torácicos, entre otras igualmente constatables.

Pero veamos más en detalle cuáles son los miedos exógenos. Los hemos clasificado básicamente en cuatro grupos:

Los miedos al entorno. Es decir, los miedos a las personas y situaciones que debemos de afrontar en el día a día. Estos miedos nos impiden ver la realidad y ser, en ocasiones, objetivos con nosotros y con los demás. Algo que nos conduce muchas veces a la incomprensión y a no saber afrontar las cosas con el rigor que requieren. A fin de cuentas, cuando se actúa con miedo la carga energética que se aporta para hacer frente a las cosas es inferior y a veces no precisamente positiva.

-El miedo post-traumático. Es el que aflora cuando se ha vivido un hecho que ha provocado un dolor tan fuerte que cualquier circunstancia que se lo recuerde trasladará a la persona a la manifestación del miedo vivido. Es el temor que muchas personas sienten a acudir al médico, al hospital, al dentista, a un posible accidente de tráfico, etc.

-El miedo intrapersonal o miedo a uno mismo.Es el miedo o sensación de angustia que se sufre cuando hay carencia de información para afrontar con éxito determinadas actividades en los estudios, en el trabajo, etc. Y, por último,

-El miedo a la ausencia de razón. Es el que sienten algunas personas a ser acusadas de cosas que no hicieron. En definitiva, esconde el miedo a la injusticia.

CÓMO SUPERAR LOS MIEDOS EXÓGENOS 

Los miedos exógenos no afectan a la evolución del ser humano de la misma manera que los endógenos ya que son generalmente temporales y varían de un momento a otro de la vida de la persona. A fin de cuentas, alguien que en un momento determinado de su existencia siente miedo de una cosa, objeto, situación o animal, en otro instante puede sentir temor de otra. Se podría decir, pues, que son miedos que van cambiando. Aunque, eso sí, no conocen de posición social ni de cultura ya que lo mismo siente miedo a volar un ciudadano de Egipto que uno de Suecia; y, de igual manera, puede sentir terror a hablar en público una persona de la India que una de Argentina.

Hemos de tener en cuenta que los miedos nos trasladan a vivir situaciones de desencanto, de terror y de angustia. Es decir, el ser humano, ante el miedo -y sobre todo ante los miedos exógenos-, se comporta de manera constreñida pues deja de actuar con libertad, se retrae y se limita esperar a que llegue el momento de evadirse y poder olvidar el instante que le atormentó. Actitud negativa y contraproducente que impedirá que superemos ese miedo.

¿Y cómo hacerlo? Pues hay que decir que en este punto los expertos son tajantes: sólo hay una manera de superar los miedos y es enfrentarse a ellos. Superarlos conscientemente, tanto si se trata de miedos «menores» como de fobias.

Algo para lo cual es muy importante que la persona sea plenamente consciente de tres cosas: que todo miedo exógeno es pasajero, que tiene recursos para afrontarlo y que no hay nadie que no pueda superarlo si así lo decide. Como debe entender que si no lo supera quedarán secuelas en su psique ya que ésta terminará procesando erróneamente los datos y le llevará a revivir en el futuro sensaciones similares ante hechos parecidos.

Pongámonos, para entenderlo, en una situación de violencia extrema. Por ejemplo, una violación. Pues bien, lo mejor que puede hacer quien sufre esa experiencia, por traúmática que haya sido, es afrontarla. Para lo cual, ante todo, deberá aceptar que le ha sucedido y sacar fuera todo su dolor, su rabia y su angustia. Deberá expresar abiertamente todo lo que piensa y siente para que no se enquiste en su interior. Y deberá ser consciente desde el primer instante de que es la víctima y no tiene absolutamente nada de qué avergonzarse. En suma, deberá enfrentarse a la experiencia reviviéndola conscientemente y no intentando olvidarla como si no hubiera sucedido. Si no lo hace así, su mente no superará jamás el problema, le dará vueltas una y otra vez y puede terminar somatizando la situación y enfermar gravemente. Si no lo afronta, con o sin ayuda psicológica, el miedo inherente que suele quedar inscrito en quien vive este tipo de experiencias sin afrontarlas marcará para siempre su vida. Y no tiene sentido alguno.

En cuanto a las fobias, que a nivel físico pueden originar síntomas como respiración entrecortada, palpitaciones, dolor en el pecho o incomodidad, sensaciones de ahogo o sofocación, desvanecimiento, vértigo, sensación de inestabilidad, irritabilidad, calor u oleadas de frío, sudor, desmayo, temblores y convulsiones el tratamiento es el mismo. “También es necesario –afirma María Dolores Avia– enfrentarse a ellas. Ya sabemos que a quien sufre una, como por ejemplo la agorafobia,  una de la más graves y complejas, le costará mucho aceptar esto… pero lo tiene que hacer. Lo que no deberá hacer jamás es evitar esos lugares que la aterrorizan. Tendrá que acudir y, poco a poco, permanecer cada vez más tiempo en ellos. Si lo hace, terminará por superar el problema y el miedo irracional que sentía quedará superado”.

Los familiares de las personas que sufren fobias también pueden poner su granito de arena: María Dolores Avia nos lo explicaba: “Los familiares no deberían acudir con ellas a los sitios que les provocan el miedo -lo que suelen hacer- porque no les están haciendo ningún beneficio. Como tampoco es una solución que se atiborren de ansiolíticos ya que les crearán adicción y no resolverán el conflicto. Los fármacos sólo ayudan a olvidar de manera momentánea la fobia pero tan pronto se pasa el efecto, ésta reaparece con toda su fuerza”.

La solución está pues –como ya hemos señalado- en enfrentarse al problema. Tanto en el caso de los miedos más comunes y menos graves como en el de las fobias, si bien en este útlimo caso es aconsejable buscar la ayuda de un especialista.

Tal es al menos lo que plantea la Psicología convencional. Algunos psicólogos de vanguardia, sin embargo, difieren en parte ya que afirman que detrás de las fobias no se esconde sólo un miedo irracional hacia algo sino un trauma vivido en la infancia, lo que -afirman- no sucede con el resto de los miedos. Y así, por ejemplo, aseguran que en el caso de la agorafobia el origen radicaría en realidad en la falta de atención que esa persona tuvo de niño por parte de sus padres mientras el origen de la claustrofobia se encontraría en los castigos perpetrados por sus progenitores y profesores.

En cualquier caso, todos coinciden en lo fundamental: los miedos son superables. Es más, son algo natural y en muchas ocasiones son hasta positivos ya que nos ayudan a crecer, evolucionar y enfrentarnos a la vida.

EL MIEDO COMO ARMA DE CONTROL Y PODER 

No queremos terminar sin dejar de mencionar un hecho que cualquier persona medianamente formada y consciente sabe: que el miedo se ha utilizado históricamente y se sigue utilizando como arma de control. Un arma utilizada extensamente y sin escrúpulos por el poder económico, el poder político y el poder religioso. Porque el miedo es y ha sido siempre la baza del fuerte sobre el débil, una manera de adueñarse y colocarse en el poder. En consecuencia, vencer los miedos no supone sólo una victoria sobre uno mismo, sobre nuestras incertidumbres e inseguridades, sino vencer a quienes lo utilizan para su propio beneficio. Una sociedad sin miedo es una sociedad libre.

 Carmen Quintana

Recuadro:


¿A QUÉ SITUACIONES Y COSAS LES TIENE MIEDO? 

Las personas, por lo general, no nos cuestionamos qué cosas y situaciones nos producen miedo. Es decir, preferimos asumir las cosas sin formularnos por qué lo hacemos. Además, muchas veces, sólo por sintonía, tomamos como algo nuestro lo que les ocurre a los demás y terminamos por acoplarnos a sus vivencias. Por tanto, es esencial preguntarnos siempre cuál es la razón o la causa de las cosas que sentimos, pensamos o hacemos ya que en las respuestas hallaremos el conocimiento necesario para afrontar las situaciones.

Hágase las siguientes preguntas y en sus propias respuestas encontrará los posibles miedos que puede sufrir.

-¿Siente asco, terror y pavor ante algún animal?
-¿Se suele enfrentar ante lo desconocido con confianza en sí mismo?
-Ante una situación angustiosa, ¿se controla o, por el contrario, se constriñe y no sabe hacerla frente?
-¿Considera que la vida es una cosa extraordinaria que le ayuda a crecer y a formarse como ser humano o piensa que es un infierno que le somete a pruebas constantes siendo el sufrimiento superior a las sensaciones agradables que le aporta?
-¿Puede controlarse y no perder los nervios ante una situación que le pone a prueba?
-¿Se ha planteado alguna vez por qué le da miedo estar en un sitio pequeño y con mucha gente o en un lugar muy grande y a solas?
-¿Considera que los demás saben enfrentarse a situaciones delicadas y usted no?
-¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar en el sufrimiento?
-¿Merece la pena entregarse a los demás sin saber lo que puede llegar a recibir?
-¿Qué cosas o situaciones en su vida le producen miedo, angustia, terror, desconfianza, etc.? ¿Se ha planteado esto alguna vez?


LOS MIEDOS MÁS COMUNES 

Existen otros muchos, pero según diversos estudios los miedos más habituales en la actualidad lo son:

-A la oscuridad
-A los fenómenos naturales (tormentas, terremotos, maremotos, fuego, etc.)
-A la sangre.
-A los dentistas.
-A los médicos.
-A los hospitales.
-A la enfermedad (el sida, el cáncer, los infartos y las infecciones venéreas son las dolencias que más miedo producen).
-Al coche.
-Al transporte público (aquí destaca el miedo a viajar en avión pues una de cada cuatro personas manifiesta ese temor. De hecho, en la actualidad se hacen cursos para superar este miedo).
-A la justicia (bien a la institución judicial, bien a la injusticia en las relaciones sociales).
-A perder el puesto de trabajo.
-A una separación matrimonial, divorcio, etc.
-A los profesores (muchos niños no sólo tienen miedo a los profesores sino que tienen auténtico terror a acudir al colegio).
-A hablar en público.
-A relacionarse con la gente.
-Al jefe y a los compañeros de trabajo.
-A los padres y hermanos.

Este reportaje aparece en
4
Abril 1999
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