Las vacunas contra el virus del papiloma humano pueden provocar cáncer

Las vacunas contra el virus del papiloma humano –Gardasil y Cervarix- aumentan los casos de cánceres de cuello uterino en lugar de evitarlos; al menos tales son las conclusiones a las que ha llegado el Dr. Gérard Delépine -oncólogo, cirujano ortopédico y graduado en estadística médica- tras examinar los datos de los últimos años en los países desarrollados con mayor porcentaje de vacunación. Delépine ha advertido directamente de ello en dos cartas a los diputados de la Asamblea Nacional de Francia, la última de ellas entregada el pasado 12 de octubre. El problema de esta vacuna -a la que hemos dedicado abundante información- es pues ya de extrema gravedad haciendo intolerable la desidia cómplice de nuestras autoridades sanitarias.

VACUNAS

El pasado mes de marzo de 2018 representantes de afectadas por la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) de Reino Unido, España, Irlanda, Colombia y Japón presentaron una declaración conjunta tras la celebración del simposio celebrado en Japón con el título Estado actual del daño causado en todo el mundo por la vacuna contra el VPH en la que se afirma: “La sintomatología causada por la vacuna VPH se describió inicialmente como Síndrome de Dolor Regional Complejo (SDRC), Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) o Síndrome de Taquicardia Postural Ortostática (STPO) pero pronto se descubrió que los síntomas clínicos y el daño eran más complejos siendo una de las principales características clínicas de los eventos adversos notificados tras la vacunación la gran diversidad de síntomas y su desarrollo de forma silente durante un período prolongado”. Afirmación tras la que se detallan todos ellos:

-Dolor sistémico, es decir, en cualquier parte del organismo (incluyendo dolor de cabeza, mialgia y artralgia).
-Disfunciones motoras (incluyendo debilidad muscular, movimientos involuntarios, convulsiones y parálisis).
-Problemas respiratorios.
-Trastornos endocrinos; como alteraciones menstruales e hipermenorrea.
-Entumecimiento y alteración sensorial.
-Síntomas autonómicos que incluyen mareos, hipotensión, taquicardia y diarrea.
-Hipersensibilidad a la luz y al sonido.
-Trastornos del sueño; incluyendo hipersomnia y narcolepsia.
-Síntomas psicológicos; como ansiedad, alucinaciones y tendencias suicidas.

Pues bien, si en el número del pasado mes informamos de las manipulaciones estadísticas que habrían servido para ocultar los daños que la vacuna puede provocar ahora acaba de saberse que en los países donde su implantación ha sido mayor ¡ha aumentado el número de casos de cáncer de cérvix invasivo! Acaba de denunciarlo públicamente el prestigioso Dr. Gérard Delépine en un libro que acaba de aparecer en francés titulado Hystérie vaccinale. Vaccin Gardasil et cáncer: un paradoxe (Histeria vacunal. La vacuna Gardasil y el cáncer: una paradoja).

Y no es un médico cualquiera quien lo asevera sino un oncólogo, cirujano ortopédico, experto en Estadística Médica y coautor junto a su mujer -la doctora Nicole Delépine– de varios libros importantes: La cara oculta de los medicamentos, El cáncer, un azote preocupante, Nueve pequeñas camas sobre la acera, Cáncer: las preguntas adecuadas que debería hacer a su médico, Los últimos medicamentos contra el cáncer: poco eficaces y demasiado caros. Textos de denuncia de los que nos hemos hecho eco ya en dos artículos aparecidos en los números 196 y 215 que el lector puede leer en nuestra web (www.dsalud.com): Nicole Delépine: «Hay que reevaluar los tratamientos oncológicos tradicionales» y Nicole y Gérard Delépine: «La mayor parte de los medicamentos para el cáncer son ineficaces y tóxicos».

El caso es que el doctor Delépine decidió examinar los datos sobre cáncer de cérvix de los países con más altas tasas de vacunación con Gardasil y ha descubierto algo completamente inesperado hasta para él: ¡en lugar de prevenir el cáncer la vacuna aumenta su aparición! Así que decidió documentarlo en un libro enviando a continuación varias cartas a los diputados de la Asamblea Nacional de Francia, la última el pasado 5 de noviembre. La del 12 de octubre llevaba por título Analyse des résultats publiés du Gardasil sur la fréquence du cancer du col de l’utérus. Lettre aux parlementaires (Análisis de los resultados publicados sobre Gardasil en la frecuencia de cáncer de cérvix. Carta a los parlamentarios). Texto original que con todas las referencias científicas puede leerse en http://docteur.nicoledelepine.fr/analyse-des-resultats-publies-du-gardasil-sur-la-frequence-du-cancer-du-col-de-luterus-lettre-aux-parlementaires del que nos hacemos eco íntegramente dadas sus importantes revelaciones con autorización expresa para ello del Dr. Delépine.

LA CARTA A LOS PARLAMENTARIOS 

Esta es la carta enviada a los parlamentarios franceses que publicamos traducida tal cual en cuyo encabezamiento el doctor Delépine declara expresamente que no tiene ningún vínculo de interés ni con laboratorios farmacéutico alguno ni con asociaciones contra la vacuna:

«La vacunación francesa obligatoria ha desencadenado una verdadera guerra religiosa entre quienes creen en el efecto siempre beneficioso de las vacunas y quienes solo hablan de las complicaciones que provocan. Para enfriar el debate yo no voy a presentar más que resultados probados, oficiales e indiscutibles extraídos de los registros oficiales absteniéndome de comentarios y suposiciones que podrían ayudarme a explicarlos mejor. Doce años después de la comercialización de Gardasil y más de 200 millones de dosis vendidas un examen de los registros oficiales sobre cáncer hace posible realizar una primera evaluación objetiva de su eficacia contra el cáncer y ésta se revela angustiosa. De hecho en todos los países que implementaron un programa de vacunación se observa un aumento importante y significativo de la frecuencia de cánceres invasivos que afectan de manera preferente a los grupos más vacunados. Esta frecuencia se expresa en términos de incidencia bruta (número de nuevos casos anuales por 100.000 mujeres) e incidencia estándar (incidencia bruta reducida a una población mundial «estándar» corrigiendo así las variaciones debidas a las diferencias demográficas de un período a otro o de un país a otro) para comparar la evolución entre países.

En Australia -primer país en organizar la vacunación para niñas (ya en 2007) y luego para niños (2013)- la incidencia estándar en la población general no ha disminuido desde la vacunación según el Instituto Australiano de Salud y Bienestar. Estabilización global que es el resultado de dos tendencias contradictorias que solo aparecen al examinar los cambios según los grupos de edad. Las mujeres en los grupos de edad vacunados vieron aumentar claramente su riesgo: la incidencia aumentó un 100% entre las personas de 15 a 19 años (de 0’1 en 2007 a 0’2 en 2014), un 113% (de 0’7 a 1’5) entre las de 20 a 24 años vacunadas cuando tenían entre 13 y 17 y un 33% entre las de 25 y 34 años -menos vacunadas porque solo recibieron la vacuna de «puesta al día»(pasó de 5’9 a 8 en el grupo de 25 a 29 años y de 9’9 a 13’2 en el de 30 a 34).

Sin embargo durante el mismo período las mujeres mayores -y por tanto no vacunadas- vieron disminuir ese riesgo: un 17% entre las de 55 a 59 años (de 9’7 a 8’1), un 13% entre las de 60 a 64 años (de 10’3 a 8’9), un 23% entre las de 75 a 79 años (de 11’5 a 8’8) y un 31% entre las de 80 a 84 años (de 14’5 a 10).

Gran Bretaña organizó por su parte la vacunación para niñas de 12 a 13 años con un recuerdo para jóvenes de 14 a 18 años a partir de 2008. Los promotores de la vacunación esperaban que las tasas de cáncer de cérvix entre las mujeres de 20 a 24 años disminuyeran a partir de 2014 que es cuando las vacunadas entraban en su segunda década pero en 2016 las estadísticas nacionales mostraron un aumento agudo y significativo de la tasa de cáncer de cérvix en ese grupo de edad; tanto más preocupante cuanto que la incidencia estándar en la población general tiende a aumentar desde la vacunación de 9’4 en 2007 a 9’6 en 2015. En ese país el análisis por grupos de edad revela evoluciones de gran contraste. Las inglesas de 20 a 24 años -que eran el objetivo preferido de la campaña de vacunación- vieron duplicar la incidencia de cáncer de 2007 a 2015 (de 11 a 22) tras un aumento del 70% entre 2012 y 2014 y entre las de 25 a 34 años -menos vacunadas porque solo fueron expuestas a vacunas de «puesta al día»- el riesgo aumentó un 18% (de 17 en 2007 a 20 en 2014). En cambio entre las mujeres mayores no vacunadas el riesgo disminuyó: un 13% entre las de 65 a 79 años y un 10% entre las de más de 80. 

El mismo fenómeno paradójico en Suecia

En Suecia Gardasil empezó a utilizarse en 2006 generalizándose el programa de vacunación en 2010 con una cobertura de vacunación de casi el 80% entre las niñas de 12 años. Siendo entre 2012 y 2013 vacunadas casi todas las niñas de 13 a 18 años merced al programa de recuerdo. Pues bien, la incidencia estándar de cáncer de cuello uterino aumentó progresivamente desde la vacunación pasando de 9’6 en 2006 a 9’7 en 2009, a 10’3 en 2012 y a 11’49 en 2015. Aumento que se debió casi exclusivamente al aumento de la incidencia de cánceres invasivos entre las mujeres de 25 a 49 años (11 en 2006 frente a 17 en 2015), grupo de edad que incluía a todas las vacunadas. La incidencia de cáncer invasivo de cuello uterino aumentó un 19% entre las mujeres de 20 a 29 años (6’69 a 8’01), un 47% entre las de 30 a 39 (de 14’78 a 21’81) y un 40% entre las de 40 a 49 (de 14’68 a 20’50).

En contraste, en Suecia, Australia y Gran Bretaña se observó una disminución de la incidencia de cáncer invasivo entre las mujeres de más de 50 años, grupo que no se incluyó en el programa de vacunación. La incidencia de cáncer invasivo de cuello uterino disminuyó entre 2007 y 2015 un 6% entre las mujeres de 50 a 59 años (de 14’24 a 13’34), un 4% entre la de 60 a 69 (12’63 a 12.04), un 17% entre las de 70 y 79 (de 15.28 a 12.66) y un 12% entre las de más de 80 (de 15.6 a 13’68).

En cuanto a Noruega los registros sobre cáncer muestran que tras la vacunación aumentó la incidencia estándar de cáncer de cérvix invasivo del 12’2% en 2009 al 13’2% en 2012 y al 14’3 en 2015.

Aumento que se debe casi exclusivamente a las mujeres jóvenes, incluidas las vacunadas, como demuestra la fuerte disminución de la edad promedio del cáncer de cérvix: se pasó de 48 años en 2002 -2006 a 45 en el periodo 2012-2016.

Entre 2007 y 2015 la incidencia de cáncer de cérvix invasivo aumentó un 8% entre las mujeres de 20 a 29 años (de 7’78 a 8’47), un 65% entre las de 30 a 39 (de 16’92 a 28’11) y un 50% entre las de 40 a 49 (de 19’62 a 29’56). Observándose durante el mismo período una disminución de la incidencia de cáncer invasivo entre las mujeres mayores que no participaron en el programa de vacunación: disminuyó un 11% entre las mujeres de 55 a 64 años (15’47 a 13’7), un 16% entre las de 65 a 74 (17’7 a 14’71) y un 29% entre las de 75 ay 85 (18’39 a 13). Resultados similares a los de Australia, Gran Bretaña y Suecia.

Según la Cancer Statistics Review 1975-2015 en Estados Unidos la incidencia estándar de cáncer de cérvix invasivo había disminuido un 33% entre 1989 y 2007 (de 10’7 a 6’67) antes de que se comercializara Gardasil pero desde la vacunación dejó de disminuir (+0.1). En este país, en el que la cobertura de vacunación es menor que en los anteriores (en torno al 60%), se observa sin embargo la misma discrepancia por grupos de edad aunque de menor magnitud: las mujeres mayores de 50 años -las que escaparon de la vacunación- se beneficiaron con una disminución del 5% del riesgo (pasó de 10’37 en 2007 a 9’87 en 2015) mientras que las más jóvenes -que agrupa a las vacunadas- vieron aumentar el riesgo un 4% (pasando de 5’24 en 2007 a 5’47 en 2015).

La evolución de estos países con alta cobertura de inmunización puede compararse con la tendencia observada en la Francia metropolitana donde la cobertura de vacunación contra el virus del papiloma humano es muy baja (alrededor del 15%) y puede considerarse por esta razón como un país «control». En la Francia metropolitana la incidencia de cáncer de cérvix disminuyó de 15 en 1995 a 7’5 en 2007, 6’7 en 2012 y 6 en 2017. Disminución en la incidencia que se acompañó de una disminución de la mortalidad (pasó de 5 en 1980 a 1’8 en 2012 y a 1,7 en 2017).

En suma, en todos los países en los que se logró una alta cobertura de vacunación contra el virus del papiloma humano los registros oficiales sobre cáncer muestran un aumento en la incidencia de cáncer de cérvix invasivo que aparece de 3 a 5 años después de la campaña de vacunación y afecta exclusivamente a los grupos de edad más vacunados En estos mismos países y durante el mismo período las mujeres mayores que no fueron vacunadas vieron disminuir su riesgo de cáncer cervical. Y en la propia Francia metropolitana, país con baja cobertura de vacunación, la incidencia de cáncer de cérvix sigue disminuyendo con tasas comparables a las del período de pre-vacunación.

En definitiva, la vacuna puede aumentar en realidad el riesgo de padecer cáncer y si a ello se le suman sus conocidos efectos adversos secundarios es obvio que no se justifica. Sus defensores argumentan que los efectos adversos son «escasos» para los beneficios que alegan se obtienen con ella pero ¿se atreverán aun a defender el objetivo oficial de la vacunación tras comprobarse que no reduce la incidencia del cáncer de cuello uterino?

Comprobado el desastre sanitario, ¿podemos evitar un nuevo escándalo?

El aumento del riesgo de cáncer de cérvix observado en todos los países con alta cobertura de inmunización es una crisis de salud que exige realizar urgentemente nuevos estudios hechos por investigadores independientes que expliquen la paradoja suspendiéndose de inmediato mientras la vacunación. O se toman amplias medidas precautorias o esta catástrofe probablemente se convierta en un escándalo sanitario. Y tras los escándalos del Vioxx, del Mediator, de las píldoras de última generación y de los comportamientos éticamente reprobables del director de los CDC estadounidenses y de un presidente de la Agencia Europea del Medicamento la confianza de la población en los líderes de las agencias sanitarias y en los ministros de Salud -acusados de ser demasiado «sensibles» a los discursos de las compañías farmacéuticas- va verse fuertemente afectada. Y la confianza no va a restaurarse con respuestas evasivas dadas las lógicas preocupaciones de las familias de las jóvenes víctimas. Como no va a hacerlo la actitud de los CDC estadounidenses que siguen promoviendo vacunar a niñas y niños siguiendo el ejemplo del capitán del Titanic de dejar de lado las advertencias y ordenar «ir aún más rápido». Esta sordera a los resultados probados y a las llamadas de prudencia de expertos independientes constituyen un importante argumento de los antivacunas que, con razón, enfatizan los increíbles intereses que existen alrededor de los ensayos y la precipitada puesta en el mercado de Gardasil sin prueba de efectividad sobre la enfermedad que debía tratar, algo que se encuentran en el origen de la catástrofe actual.

Es hora pues de que se eliminen las políticas dependientes de expertos con conflictos de interés. Si se rechaza la enmienda –en discusión en Francia- y sigue siendo obligatorio Gardasil, ¿qué se les dirá a las familias de niñas como Sarah Tait -que murió de cáncer de cérvix tras la vacunación- cuando se enteren de que la responsable pudo ser la vacuna? Una responsabilidad que obviamente será muy difícil de asumir.

Mientras no haya nuevos estudios en profundidad -esenciales para aclarar las razones del fracaso comprobado de Gardasil– es necesario aplicar el Principio de Precaución y dejar de recomendar, facilitar y financiar la vacuna con publicidad engañosa e incluso falsa a fin de permitir al menos que cada ciudadano pueda evaluar libremente la relación beneficio/riesgo de la vacuna y decidir libremente.

Firmado: Dr. Gérard Delépine 

UN ESCÁNDALO INTERNACIONAL 

Tal es la carta enviada por el Dr. Delépine a los parlamentarios franceses de la que la inmensa mayoría de los medios de comunicación no ha querido informar. Por nuestra parte quisimos saber si además de dar a conocer lo que había transmitido en ella -reproduciéndola sin comentario alguno- quería agregar algo más. Y esta fue la breve charla que mantuvimos con él.

-La verdad es que su descubrimiento es dramático; tanto lo que ha averiguado como el silencio de la respuesta pública. No deja sin embargo de ser algo anunciado con mucha antelación…

-Es cierto. Se avisó del riesgo antes de que la vacuna fuera lanzada al mercado y por muchos investigadores. ¡Desde los años noventa del pasado siglo XX! Y se hizo en las principales revistas internacionales, como The Lanceto New England Journal of Medicine. Sin embargo sus advertencias fueron ignoradas. Así de importante fue el poder de «persuasión» del laboratorio. Ha sido -y es- una carrera desenfrenada por la vacunación que plantea muchos interrogantes; sobre todo porque el de cuello uterino se trata de un cáncer poco frecuente y no muy letal en los países occidentales ya que se dan unos 3.000 casos al año. Ha provocado solo un millar de muertes en Francia en los últimos 18 años, cantidad muy inferior a la de los cánceres de mama y pulmón.

-Algunos investigadores dicen que al haberse utilizado solo unas pocas cepas del virus -4 en la primera que apareció y 9 en la última- puede ser la propia vacuna la que promueva el cáncer al hacer aparecer cepas competidoras…

-Podría ser. La vacuna se desarrolló para combatir unas pocas cepas del virus. Se crea así un verdadero nicho ecológico favorable a la proliferación de otras cepas de virus, posiblemente más peligrosas. De hecho lo confirmaron investigadores como Fangjian Guo.

¿Y no fue el posible aumento del riesgo de cánceres invasivos en mujeres previamente infectadas con el virus del papiloma humano lo que llevó inicialmente a que la vacuna se recomendara solo a las adolescentes que no hubieran mantenido relaciones sexuales?

-Así fue. El riesgo de precipitar la evolución del cáncer -lo que no se supo hasta examinar el dossier que proporcionó el laboratorio para obtener la autorización de comercialización- fue lo que hizo que la FDA recomendara vacunar solo a las niñas que no habían mantenido relaciones sexuales. Recomendación que dejó de hacerse cuando se optó por expandir el mercado y muchas de las llamadas «vacunaciones de puesta al día» se llevaron a cabo en mujeres sexualmente activas. Algo que por sí mismo podría explicar en parte el reciente aumento en la incidencia de cánceres invasivos en todos los países con alta cobertura de inmunización, especialmente entre las mujeres que tenían más de 16 años cuando se les inoculó la vacuna

-¿El hecho de que una vacuna provoque el efecto contrario al esperado es algo nuevo?

No. La aparición de una mayor incidencia de cáncer en el tercer o cuarto año tras la vacunación temprana apoya la hipótesis de una acción de aceleración directa de la vacuna que se comportaría como un facilitador del cáncer de cuello uterino cuya progresión natural es de más de 20 años. Es algo que ya se ha observado en otras vacunas, incluidas las del SIDA. Step y Phambili comprobaron que su vacuna anti-SIDA aumentaba el riesgo de infección por VIH un 50% en comparación con el placebo. De hecho la abandonaron de inmediato.

Y otro tanto cabe decir de la vacuna de la hepatitis B, tan ampliamente recomendada por nuestras autoridades sanitarias e impuesta a profesores y adolescentes para «prevenir» el cáncer de hígado. Desde que apareció aumentó considerablemente la incidencia de cáncer de hígado -un 3’2% al año- doblándose la incidencia en 20 años; se pasó de 6’8 casos por cada 100.000 habitantes en 1997 a 13’6 en 2017. Y eso que el consumo de alcohol -principal causa de cáncer hepático- disminuyó considerablemente en ese periodo.

En Estados Unidos, país en el que la cobertura de vacunación contra la hepatitis supera el 95% en niños pequeños desde la pasada década de los noventa, la incidencia de cáncer de hígado se cuadruplicó durante ese período pasando de una tasa de 1’4 en 1980 a 6’2 en 2011.

No parece entenderse que la vacunación es un proceso complejo cuyas consecuencias clínicas -difícilmente predecibles- pueden variar según el historial de la persona vacunada; especialmente si la misma se vacuna estando contaminado por el virus contra el que va dirigida.

La reciente catástrofe de la vacuna contra el dengue es un cruel ejemplo. Autorizada para su comercialización tras insuficientes estudios y promovida por los ministros de salud que decían que carecía de riesgos ha provocado al final miles de víctimas, la caída en Bolsa de Sanofi y una cascada de demandas contra el laboratorio y los funcionarios responsables.

-Pues tanto en la prensa francesa como en la española se ha llegado a publicar este titular: Australia, donde la cobertura de vacunación alcanza el 80% , está a punto de erradicar el cáncer.

-Los resultados de la vacunación, según las propias cifras oficiales del Gobierno australiano, indican lo contrario de proclamas tan falsas como devastadoras. El único éxito de la vacunación es comercial ya que aproximadamente el 85% de las niñas en edad de vacunarse se la han inoculado. Es lo que justifica las expresiones de felicidad de sus accionistas y afines. La verdad sin embargo es que en Australia el número de cánceres de cérvix ha aumentado desde que se inició la vacunación de forma más rápida que la población. Hubo 762 casos en 2007, 793 en 2008, 820 en 2010, 859 en 2012, 865 en 2014, 885 en 2015, 906 en 2016 y 918 en 2017. Aumento que no se debe al crecimiento de la población.

Es más, está constatado que el riesgo de contraer cáncer de cérvix es mayor entre los grupos que recibieron más vacunas. El riesgo de padecer cáncer de cérvix aumentó un 114% entre las mujeres australianas de entre 20 y 24 años que fueron vacunadas cuando tenían entre 13 y 17. En cambio entre las mujeres mayores no vacunadas el riesgo disminuyó. Así que me parece lamentable que haya periodistas que acepten reproducir lo que dicen al respecto el laboratorio y sus cómplices sin verificar la veracidad de la información.

-En suma, ¿estamos ante un nuevo escándalo de salud que antes o después terminará desvelándose?

-Así lo pienso. El aumento del riesgo de cáncer de cuello uterino en todos los países con alta cobertura de inmunización constituye una catástrofe sanitaria que corre el riesgo de convertirse en escándalo de alcance mundial si las autoridades sanitarias siguen sin querer realizar nuevos estudios y suspender mientras la recomendación de inocular esta vacuna. Es necesario aplicar cuanto antes el Principio de Precaución y pedir responsabilidades ya a quienes han difundido tanta información publicitaria engañosa. 

¿ES GARDASIL CAUSA DEL DESCENSO DE NATALIDAD EN OCCIDENTE?

No podemos terminar este texto sin agregar que a la relación de Gardasil con el aumento de cáncer de cérvix se añade ahora la sospecha de que podría ser también causa del descenso de natalidad en Occidente. Poco antes del pasado verano la economista del Departamento de Economía y Finanzas del Baruch College -de la City University de Nueva York- Gayle DeLong publicó en Journal of Toxicology and Environmental Health un trabajo cuyo significativo título fue A lowered probability of pregnancy in females in the USA aged 25–29 who received a human papillomavirus vaccine injection (Menor probabilidad de embarazo entre las estadounidenses de 25 a 29 años que recibieron la vacuna contra el virus del papiloma humano) según el cual la natalidad en ese grupo pasó de los 118 embarazos por cada 1.000 mujeres en 2007 a 105 en 2015. “Los datos –se dice en el estudio- indican que la vacuna contra el virus del papiloma humano se asocia a una baja probabilidad de quedarse embarazada. Los estudios de varios casos vinculan su inoculación a una insuficiencia ovárica prematura que afecta a la fertilidad, quizás por daños en los ovarios”. Y hablamos de un estudio que analizó los datos de cerca de 8 millones de mujeres según el cual el 60% de las mujeres de ese grupo de edad que no recibieron la vacuna quedaron embarazadas al menos una vez y solo el 35% de las que la recibieron. Datos que en el caso de las mujeres casadas es igualmente significativo pues mientras el 75% de las no vacunadas concibió solo fue así en el 50% de las vacunadas.

Terminamos indicando que ya entre 2006 y 2014 el Sistema de notificación de eventos adversos de las vacunas (VAERS por sus siglas en inglés) registró 48 casos de daños ováricos asociados a reacciones autoinmunes a la vacuna del virus del papiloma humano además de problemas reproductivos como abortos espontáneos (256 casos), amenorrea (172 casos) y menstruación irregular (172 casos). Publicándose ese último año -2014- en Journal of Investigative Reports un estudio con el significativo título de Insuficiencia ovárica prematura en adolescentes tras la vacunación contra el virus del papiloma humano, fenómeno que los autores describen como “tan raro que es desconocido”.

Pero todo esto no importa: nuestras autoridades siguen apoyando y aconsejando la vacuna mientras los dirigentes de la Organización Médica Colegial (OMC) responden a tantos datos con el sólido argumento científico de que quienes la critican son simplemente unos “antivacunas”. Y con eso basta.

Antonio F. Muro

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