Acusan a la OMS y a los CDC de ocultar la verdad sobre la vacuna del virus del papiloma humano

El doctor Sin Hang Lee, miembro del Departamento de Patología del Mildford Hospital de Connecticut (EEUU), dirigió el pasado mes de enero una Carta Abierta a la Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, en la que acusa a miembros importantes del Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas (GACVS), de la OMS, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos y de otros organismos oficiales de manipular datos y ocultar información científica a fin de poder sostener que la vacuna del virus del papiloma humano es segura cuando hay numerosas evidencias que indican lo contrario; falsa aseveración que está permitiendo a los testaferros de la industria en los gobiernos de algunos países imponerla como obligatoria ¡incluso en niños varones! El escándalo sigue creciendo.

Como médico y científico –comienza diciendo en su escrito de 14 de enero de 2016 el doctor Sin Hang Lee, director del Milford Molecular Diagnostics Laboratoryle escribo para comunicarle mis graves preocupaciones respecto a la conducta de ciertos miembros del Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas (GACVS), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos y de otros científicos y profesionales de la salud antes de la audiencia pública que sobre la seguridad de la vacuna del virus del papiloma humano (VPH) se celebró el 26 de febrero de 2014 en Tokio (Japón). Según la documentación que me ha llegado varias personas y organizaciones decidieron engañar deliberadamente a las autoridades japonesas sobre la seguridad de Gardasil y Cervarix, las vacunas contra el virus del papiloma humano que en ese momento se promovieron. Me consta que está usted bien informada de la controversia que rodea actualmente a ambas vacunas a nivel mundial. Como me consta que es muy consciente de que la confianza del público en las autoridades sanitarias nacionales e internacionales se encuentra hoy en todo el mundo en su punto más bajo”.

Como nuestros lectores habituales saben bien desde que las campañas de vacunación contra el virus del papiloma humano se pusieron en marcha el número de reacciones adversas en todo el mundo no ha hecho más que aumentar. La Asociación de Afectadas por el Virus del Papiloma (AAVP) envió el 19 de octubre de 2015 a la Agencia Europea del Medicamento (EMA) un informe dando cuenta de más de 300 casos de jóvenes afectadas de España, Colombia, Francia y México. Unos días antes -el 1 de septiembre- el programa Vaccine Injury Compensation Program (Programa Federal de Compensación de Daños por Vacunas) -destinado a fijar en Estados Unidos las compensaciones económicas en caso de daños y muertes provocadas por vacunas- había recibido ya 295 informes según los cuales tras recibir alguna de esas vacunas habían muerto 13 jóvenes mientras otras 282 habían sufrido reacciones adversas graves. Sin embargo el Vaccine Adverse Event Reporting System o VAERS (Sistema de información de eventos adversos de las vacunas) de Estados Unidos había recibido a 30 de diciembre de 2015 muchas más: ¡42.635 informes sobre reacciones adversas, incluidas 242 muertes. Tanto por jóvenes que recibieron Gardasil -mayoritariamente- como Cervarix. Y los casos siguen aumentando a pesar de que los médicos que atienden a las jóvenes afectadas niegan a éstas y a sus padres que los graves síntomas por los que acuden a ellos se deban a las vacunas ya que las autoridades y los laboratorios les han asegurado que son inocuas. Y lo niegan con total desfachatez a pesar de que varias de las reacciones adversas que niegan puedan tener relación con las vacunas ¡se recogen en los propios prospectos! Es más, el propio Colegio Americano de Pediatras ha admitido la posible relación entre la vacuna, el síndrome de insuficiencia ovárica prematura (menopausia prematura) y la amenorrea prolongada o falta de menstruación si bien matizando que la gran mayoría de los informes del VAERS -el 76%- se asocian únicamente con Gardasil.

En España el doctor Carlos Álvarez Dardet -catedrático de Salud Pública de la Universidad de Alicante– encabezó una Campaña contra la Vacuna del Papiloma que ha sido firmada ya en Internet por más de 36.000 personas -muchas de ellas profesionales de la salud- que comienza afirmando: “La vacuna del virus del papiloma humano se introdujo en los calendarios infantiles de vacunación de nuestro país en 2007 fruto, en mi opinión, de la presión ejercida por los laboratorios farmacéuticos y la dejación de responsabilidades por parte de las autoridades sanitarias y las sociedades científicas (…) Pero debe saberse que esta vacuna no es necesaria ni efectiva; ni siquiera es segura. Es inútil y peligrosa”. Y añade: “El objetivo (¡muy rentable!) de las empresas farmacéuticas y de los grupos de presión es sin lugar a dudas vacunar cuanto antes a todas las niñas, vacunar en cuanto puedan también a los niños y vacunar en los colegios en lugar de en los centros de salud (tal y como ya se está haciendo en algunos lugares). Estos objetivos son de ‘falsa salud pública’”.

En Italia, como explicamos en un amplio reportaje aparecido en el número anterior de la revista, el Plan Nacional de Vacunación 2016-2018 propuesto por el Gobierno generó tan gran controversia que el manifiesto contra la misma promovido por el doctor Roberto Gava -especialista en Cardiología, Farmacología Clínica y Toxicología Médica- fue firmado por 153 médicos e investigadores. Y en él se dedica un esclarecedor comentario a la vacuna del virus del papiloma humano: “En la literatura científica existe actualmente una acalorada discusión -sobre todo en Estados Unidos- tanto sobre la relación riesgo/beneficio de la vacuna trivalente sarampión-paperas-rubéola (MMR) como sobre la utilidad y eficacia de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano. Esta última fue vendida mucho antes de que se dispusiera de datos fiables sobre su capacidad para reducir el riesgo de cáncer de cuello uterino y hasta la fecha sólo se disponen de extrapolaciones estadísticas sobre su capacidad real para prevenir el cáncer. En cualquier caso sabemos que potencialmente solo protegería de 2 genotipos virales de los 13 que tienen alto riesgo oncológico. Además faltan datos de farmacovigilancia activa sobre su relación beneficio real/riesgo tras su administración a niñas de 11-12 años y por eso en algunos países se retiró como medida de precaución y en Francia, España e Italia cientos de médicos han firmado ya una petición para suspender su inoculación”.

 ¿QUIÉN ES EL DOCTOR LEE?

 Pero volvamos a la Carta Abierta que acaba de publicar el doctor Sin Hang Lee porque no se trata de un científico corriente. Hablamos de alguien que tras graduarse en el Wuhan Medical College de China, obtener una beca para estudiar y trabajar en el Hospital Cornell y en el Hospital Memorial de Nueva York, lograr en 1966 su certificación como patólogo por la Junta Americana de Patología y ejercer su especialidad durante más de 50 años siendo actualmente director del Milford Molecular Diagnostics destaca por haber desarrollado en los últimos diez años métodos de detección molecular del virus del papiloma humano, del virus del ébola, de la Borrelia burgdorferi que causa la Enfermedad de Lyme y de bacterias como la Neisseria gonorrhoeae -diplococo gram negativo que causa la gonococia- y la Chlamydia trachomatis -bacteria que puede causar tracoma, ceguera, infecciones oculogenitales y neumonías- mediante nuevos métodos de secuenciación de ADN basados en el conocido Método Sanger. Y es tal su prestigio que ante la falta de datos de la FDA sobre los genotipos utilizados en la elaboración de vacunas la asociación SANE-Vax -organización norteamericana sin ánimo de lucro creada para promover un uso seguro, asequible, necesario y eficaz de las prácticas de vacunación- firmó con él en 2010 un acuerdo para analizar las vacunas de las mujeres que quisieran conocer su composición antes o después de inoculárselas.

Y ya entonces Sin Hang Lee aseveraría, basándose en los documentos de los ensayos clínicos presentados ante la FDA por los fabricantes de las vacunas contra el virus del papiloma humano, que los principales criterios de valoración utilizados no eran los más adecuados porque de los 13 genotipos de alto riesgo del virus sólo se habían incluido 2 y ello sin que el Instituto Nacional del Cáncer y los fabricantes supieran realmente cuáles era los más prevalentes entre las jóvenes norteamericanas que eran el objetivo inicial.

En 2011 Sin Hang Lee recibió de SANE-Vax una muestra de sangre de una muchacha canadiense de 13 años en la que un laboratorio local había detectado ADN del virus del papiloma humano (VPH). La joven había desarrollado una artritis reumatoide juvenil aguda apenas 24 horas después de recibir la tercera inyección de Gardasil. Analizada la muestra Sin Hang Lee confirmaría que existían, firmemente unidos al adyuvante de aluminio, residuos virales del VPH-18. Y lo que era más importante: un recombinante viral de VPH-11 (serotipo 11 del virus) con fragmentos de ADN del virus elaborado mediante ingeniería genética del que formaba parte un gen sintético diseñado para que las células de levadura o baculovirus codificaran la proteína principal de la cápside (L1) del VPH-11.

Preocupados por la presencia de ADN recombinante modificado genéticamente profesionales de Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, España, Francia y Polonia enviaron a Sin Hang Lee muestras de Gardasil comercializadas en sus respectivos países para que las examinara y éste analizó 13 muestras de lotes diferentes de cuatro fábricas distintas dando todas positivo; en todas había secuencias de ADN vírico recombinante, es decir, manipulado por ingeniería genética para producir las correspondientes proteínas L1 (de la cápside o envuelta viral) que son las que después se ensamblan -mediante un proceso patentado- para fabricar partículas similares a las del virus, Hablamos pues de pseudopartículas virales –Virus Like Particles (VLP)que son las que realmente se utilizaron en las vacunas junto con los adyuvantes y conservantes.

El propio prospecto de Gardasil lo admite: “Gardasil contiene partículas similares a virus (VLP) VPH 6, 11, 16 y 18 L1. Cada VLP está compuesto de la proteína principal de la cápside L1 para cada tipo de VPH. Y como quiera que las partículas similares a virus no contienen ADN viral no pueden infectar o reproducir células”.

Y es que incluso un órgano asesor sobre la vacuna como el Joint Committee on Vaccination and Immunisation (JCVI) británico dejaba claro en sus informes que la vacuna no debía contener ningún rastro de ADN. “Las vacunas contra el virus del papiloma humano (VPH) -dice en un documento- son vacunas de subunidades hechas de la proteína principal de la capa viral o cápside de VPH. Partículas similares a virus (VLPs) que se preparan como proteínas recombinantes a partir bien de levadura, bien de células infectadas con baculovirus que se derivan de un tipo de polilla. Las VLP imitan la estructura del virus natural pero no contienen ADN viral”.

En pocas palabras: Sin Hang Lee no debería haber encontrado ADN viral en las vacunas que analizó y sin embargo lo había. Y eso indicaba un problema de fabricación global relacionado con el diseño, el proceso y su pureza (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Encuentran ADN recombinante del virus del papiloma humano ¡en la vacuna destinada a combatirlo! apareció en el nº 143).

Tan sorprendente y preocupante hallazgo no hizo reaccionar sin embargo a las autoridades y los casos de reacciones adversas tras las vacunaciones siguieron aumentando. Simplemente se pasó de negar la existencia de ADN vírico en la vacuna -mentira que Sin Hang Lee desveló con contundencia- a quitarle importancia alegando tanto la FDA como la Agencia Europea del Medicamento (EMA) que los fragmentos hallados eran “producto residual de la tecnología empleada para su elaboración”. De manera tan pueril como vergonzosa se dio carpetazo al problema sin que gobierno ni organización alguna pusiera en marcha una investigación sobre las posibles consecuencias de la presencia en las vacunas de ADN recombinante viral unido al aluminio. Sin Hang Lee, sin embargo, lo ha dejado claro: Gardasil no es una vacuna hecha con partículas similares a las del virus sino una vacuna de ADN vírico elaborada por ingeniería genética que se “empaquetó” con aluminio.

En 2012 Sin Hang Lee fue llamado para investigar la muerte en Nueva Zelanda de una joven llamada Jasmine Renata a los 6 meses de recibir Gardasil y esto fue lo que declararía tras analizar el caso: “El hallazgo de fragmentos de ADN extraño en las muestras post-mortem seis meses después de la vacunación indica que algunos de los fragmentos de ADN residuales del gen viral o plásmido inyectado con Gardasil fueron protegidos de la degradación en forma de complejos de ADN-aluminio en los macrófagos o mediante integración en el genoma humano. Y sabemos que esos fragmentos no degradados activan macrófagos provocando la liberación del Factor de Necrosis Tumoral, depresor del miocardio que puede inducir un shock letal en animales y humanos”. De hecho ésta podría ser la clave -aún sin estudiar- de las reacciones adversas a las vacunas.

La investigación de Sin Hang Lee recibió un importante respaldo con la publicación ese mismo año -2012- en Pharmaceutical Regulatory Affairs del artículo Death after quadrivalent human papillomavirus (qHPV) vaccination: Causal or coincidental? Fallecimientos tras la vacuna cuadrivalente contra el Virus del Papiloma Humano (qVPH): ¿casualidad o coincidencia?) firmado por el neurólogo Chris Shaw y la bioquímica Lucija Tomljenovic. Ambos investigadores analizaron muestras de tejido cerebral de dos jóvenes que tras ser vacunadas murieron tras sufrir los síntomas característicos de una vasculitis cerebral y cuyas muertes se consideraban “inexplicadas”. Y esta fue su conclusión: “Nuestro estudio sugiere que las vacunas contra el virus del papiloma humano (VPH) que contienen antígenos de VPH-16L1 suponen un riesgo inherente por la activación de vasculopatías autoinmunes potencialmente fatales. El hecho de que muchos de los síntomas reportados en las bases de datos de vigilancia sobre la seguridad de la vacuna contra el VPH sean indicativos de una vasculitis cerebral aunque ésta no se reconozca como tal (es decir, intensas migrañas persistentes, síncopes, convulsiones, temblores, hormigueo, mialgias, alteraciones del aparato locomotor, síntomas psicóticos y déficit cognitivo) es motivo de seria preocupación a la luz de los resultados obtenidos. Todo apunta a que en algunos casos la vacunación puede ser el desencadenante de accidentes fatales autoinmunes y/o neurológicos. Y los médicos deben ser conscientes de esa asociación” (vea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo con el título La Vacuna del Virus del Papiloma Humano provoca vasculitis cerebral apareció en el nº 156 de la revista).

En otras palabras, en sus vasos cerebrales se habían adherido partículas del gen que codifica la proteína principal de la cápsida (L1) del serotipo 16 del VPH lo que según ambos investigadores provocó la reacción autoinmune del organismo que acabó dañándolos. Daño vascular que según explican se manifiesta en forma de lesiones isquémicas y hemorrágicas del tejido cerebral con las consiguientes consecuencias en distintas funciones y órganos.

 Pero, ¿cómo llegaban esas partículas al cerebro? “El hallazgo de partículas VPH-16L1 adheridas a los vasos sanguíneos cerebrales en las muestras de tejido cerebral de los dos casos –se dice en el informe- es muy preocupante porque demuestra que inmunocomplejos derivados de la vacuna son capaces de penetrar a través de la barrera hematoencefálica. Gardasil es una vacuna recombinante y contiene partículas similares a virus (VLP) con cápside recombinante principal (L1) de los tipos VPH 6, 11, 16 y 18 como sustancias activas (la vacuna bivalente VPH Cervarix contiene sólo VPH-16L1 y el VPH-18L1). Las partículas similares al virus del papiloma humano en Gardasil (incluidas las VPH-16L1) se absorben merced a un adyuvante, el sulfato hidroxifosfato de aluminio amorfo. Estudios recientes en modelos animales muestran que las nanopartículas de aluminio adyuvante, capturadas por los monocitos tras la inyección, se trasladan primero a los ganglios linfáticos de drenaje y luego viajan a través de la barrera hematoencefálica hasta acumularse en el cerebro donde pueden causar importantes reacciones adversas inmunoinflamatorias. Así pues la presencia de partículas HPV 16L1 en las muestras de tejido vascular del cerebro de las jóvenes vacunadas con Gardasil puede explicarse por un mecanismo tipo ‘caballo de Troya’ dependiente de la circulación de los macrófagos merced al cual el aluminio adyuvante accedió al tejido cerebral”. El estudio, además de reforzar las conclusiones de Sin Hang Lee, aunque no hablara de ADN recombinante, ponía el foco de atención sobre las sales de aluminio.

Bueno, pues a pesar de lo revelado por los doctores Sin Hang Lee, Shaw y Tomljenovic y de que sus hallazgos explican la mayor parte de los casos denunciados ni la OMS, ni la FDA, ni la EMA han hecho esfuerzo alguno por profundizar en este posible mecanismo; más bien todo lo contrario. Y esta es la base de la actual denuncia de Sin Hang Lee ante la OMS: el ocultamiento de la posible presencia en las vacunas de ADN recombinante viral fusionado al aluminio.

 ACUSACIONES DE FALSEDAD Y ENCUBRIMIENTO

 Recordados los antecedentes volvamos a la carta del doctor Sin Hang Lee ya que en ella éste afirma que hay una serie de correos electrónicos -obtenidos previa solicitud a las autoridades neozelandesas en virtud de la Freedom of Information o Ley de Libertad de información- que indicarían que el Dr. Robert Pless -presidente del Comité Asesor Global en Seguridad de las Vacunas (GACVS) de la OMS-, el Dr. Nabae Koji -del Ministerio de Sanidad de Japón-, la Dra. Melinda Wharton -de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos-, la Dra. Helen Petousis-Harris -de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda)- y otras personas -incluyendo funcionarios de la OMS- están implicadas en un plan para engañar de forma deliberada al Comité de Investigación de Expertos de Japón sobre la seguridad de la vacuna del virus del papiloma humano (VPH) antes, durante y después de la audiencia pública que tuvo lugar en Tokio el 26 de febrero de 2014. Con el agravante de que las conclusiones de esas jornadas sirvieron de base para la declaración del GAVCS ratificando la supuesta seguridad de la vacuna el 12 de marzo de 2014 que, a su vez, ha servido de garantía de seguridad a nivel internacional.

El GAVCS había afirmado que la presencia de fragmentos de ADN del VPH fue considerado por las autoridades reguladoras como “un hallazgo esperado dado el proceso de fabricación y no un problema de seguridad”; aseveración ante la que Sin Hang Lee pregunta: “¿Y quiénes componían esos grupos de expertos? Porque el Dr. Pless no ha dado ninguno de sus nombres”. Añadiendo: “Ni siquiera se aportaron datos de su presunta seguridad una vez inyectados en animales o humanos así que es obvio que no se trató de una revisión hecha por expertos; si así hubiera sido se habrían aportado los datos experimentales sobre los efectos de esos fragmentos de ADN unidos a aluminio tanto en animales como en humanos”.

Sin Hang Lee sostiene que Pless, para justificar la presunta seguridad de las vacunas, combinó intencionadamente estudios no relacionados entre sí y utilizó similitudes terminológicas para desviar la atención de la magnitud del problema. Según él Ples hizo que los políticos creyeran que la expresión ‘”partículas L1 VPH-16′” es sinónima de “fragmentos de ADN del gen L1 del HPV” para poder así utilizar esa versión. “Incapaz de encontrar un solo informe científico publicado en una revista revisada por pares sobre tan preocupante tema el Dr. Pless decidió citar incorrectamente como evidencia el informe CISA sobre partículas L1 del VPH-16”.

Y Sin Hang Lee va más allá en su documentada denuncia: “El 18 de febrero de 2014 -cuenta en su carta abierta- el Dr. Pless y aquellos cuyos nombres se citan en los correos electrónicos sabían que la Dra. Helen Petousis-Harris y el profesor David Gorski eran los únicos dos escritores que habían tratado el tema de los fragmentos de ADN del gen L1 de HPV en la vacuna del VPH… aunque en blogs de medios sociales y no en revistas científicas revisadas por pares. Es evidente que el Dr. Pless necesitaba encontrar a alguien para dar barniz científico a sus tesis”. Por eso según Sin Hang Lee se eligió a la doctora Petousis-Harris a fin de que testificase en la audiencia pública de Tokio. Solo que los correos electrónicos desvelados indican que ésta fue cuidosamente aleccionada para que lo que dijera se ajustara al mensaje de falsa seguridad de la vacuna. “Pereciera que el Dr. Pless y los funcionarios de la OMS hubieran escrito simplemente un guión para que la Dra. Helen Petousis-Harris lo representara en la audiencia pública –denuncia Sin Hang Lee-. Y encima se procedió a proponer esa presentación como referencia independiente de investigación que apoyase la declaración predeterminada por el GACVS. ¡Se trata de un insulto a la inteligencia de los ciudadanos del mundo!”

Para apoyar su denuncia Sin Hang Lee aporta copia de los correos electrónicos compartidos por todos los señalados haciendo luego una nueva acusación: “A mi juicio los correos electrónicos demuestran claramente que los funcionarios de la OMS y los empleados gubernamentales citados en ellos, que tenían la responsabilidad de asesorar al comité de expertos del Gobierno japonés sobre la seguridad de la vacuna del VPH, sabían antes del 26 de febrero de 2014 -fecha de la audiencia pública de Tokio- que uno de sus propios expertos había encontrado evidencias científicas de que la vacuna del VPH hace aumentar las citoquinas, incluyendo el factor de necrosis tumoral (TNF); sobre todo en el lugar de la inyección. Sin embargo en la audiencia pública se omitió ese dato. Una información que, por supuesto, era conocida por todos ellos y eso incluye al Dr. Robert Pless, presidente del GACVS”.

EL PAPEL DEL ALUMINIO

En cuanto a la razón de que la vacuna del VPH aumente el nivel de citoquinas inflamatorias -incluyendo el Factor de Necrosis Tumoral- Sin Hang Lee responsabiliza directamente a las sales de aluminio usadas como adyuvantes en la vacuna que hoy son consideradas claramente neurotóxicas. “Gardasil –dice Sin Hang Lee- cuenta como coadyuvante con un compuesto químico de ADN y aluminio viral; concretamente un complejo de ADN del gen L1 del VPH e hidroxifosfato de sulfato de aluminio amorfo -(AAHS por sus siglas en inglés)-. Los sucesos acaecidos tras transferirse a los macrófagos humanos esos fragmentos de ADN virales -que rara vez se encuentran en el genoma humano- son muy diferentes de los que acaecen cuando el ADN de células huésped muertas se introducen en los macrófagos. Pese a las similitudes entre las moléculas de ADN las células de los mamíferos tienen la notable capacidad de distinguir su propio ADN del ADN viral. Los macrófagos humanos reconocen el ADN del gen L1 del VPH y lo consideran peligroso por lo que reaccionan produciendo numerosas moléculas inmunes: interferones tipo I y citoquinas proinflamatorias”. Producción sistémica masiva que según el doctor Sin Hang Lee puede llevar a la producción de endotoxinas letales y a enfermedades autoinmunes.

De hecho en su escrito a la Directora General de la OMS aporta referencias científicas que demuestran que la administración a animales de TNF-α recombinante provoca alteraciones hemodinámicas e incluso la muerte. Y que inyectar Gardasil en animales les induce de forma intensa e inmediata una respuesta inmune que cursa con rápida liberación de citoquinas.

Y es que en Gardasil existe un problema añadido: contiene polisorbato 80, producto que en farmacología se utiliza para ayudar a que algunos agentes quimioterapéuticos atraviesen la barrera hematoencefálica. En suma, la presencia de polisorbato 80 junto a la de aluminio y ADN recombinante viral cierra el círculo que da carta de naturaleza a la posibilidad de la vasculitis cerebral apuntada por Shaw y Tomljenovic como causa de muerte y diversas reacciones graves.

El Dr. Sin Hang Lee concluye su escrito de acusaciones con estas palabras: “A mi juicio el doctor Pless y aquellos cuyos nombres aparecían en los mensajes de correo electrónico adjuntos a la presente denuncia y todos los que ciegamente descartan la posible toxicidad del compuesto de nueva creación ADN del gen L1 del VPH/AAHS con el fin de seguir promoviendo la vacunación contra el VPH deben ser responsabilizados de sus acciones. No hay excusa para ignorar deliberadamente la evidencia científica. No hay excusa para engañar a los responsables mundiales de las políticas de vacunación a expensas del interés público. Mi opinión es que estas personas no sólo han violado los Principios del Comité Consultivo para la Seguridad de las Vacunas de la OMS sino que han violado la confianza pública. La única opción disponible para restablecer la confianza del público en las autoridades sanitarias de todo el mundo es el inicio de investigaciones inmediatas, independientes y exhaustivas sobre sus acciones con la adopción de las medidas disciplinarias apropiadas”.

 Elena Santos

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192
Abril 2016
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