¿Son los colegios oficiales medios de control de los médicos?

¿Es la Organización Médica Colegial (OMC) un instrumento para controlar a los médicos y proteger el modelo sanitario imperante impuesto por la gran industria farmacéutica que se basa fundamentalmente en el uso de medicamentos meramente paliativos y iatrogénicos? ¿Son las comisiones deontológicas y el llamado proceso de validación periódica herramientas para ejercer ese control, condicionar a los médicos críticos y tomar medidas disciplinarias contra los que desafíen sus directrices asumiendo enfoques, terapias y métodos naturales? En suma, ¿están los colegios médicos al servicio de sus asociados o se crearon para controlarles y obligarles a practicar la Medicina atendiendo solo a los protocolos que se les imponen en un claro intento de restringir su libertad profesional?

Que el modelo médico hoy dominante es incapaz de determinar la causa de la inmensa mayoría de las miles de enfermedades que tiene catalogadas -más de 7.000 consideradas «raras»- y por tanto de prevenirlas y curarlas -especialmente las crónicas y degenerativas, cáncer incluido- es bien sabido; de hecho casi todas sus terapias son sintomáticas, paliativas. Algo que se debe al hecho de que no posee una comprensión integral de la salud y se centra solo -casi siempre sin éxito- en intentar poner remedios parciales a problemas globales. Una dramática realidad que se oculta para intentar mantener su cada vez más escasa credibilidad entre la ciudadanía y no perder poder e influencia sirviéndose para ello de organizaciones e instituciones -nacionales e internacionales, públicas y privadas- controladas o condicionadas -en mayor o menor medida, directa o indirectamente- por una poderosísima industria que maneja a su antojo lo que está considerado «el negocio más rentable del mundo». Negocio que vigilan mediante la creación y/o control de asociaciones, fundaciones y testaferros colocados en gobiernos y entidades internacionales de control que en realidad están al servicio de las grandes corporaciones farmacéuticas y, cada vez más, de las alimentarias y biotecnológicas. Pues bien, pieza peculiar e indispensable –por su relación directa con los médicos- es la que constituyen las organizaciones profesionales que agrupan -y se supone representan- a los médicos. Algo de lo que en el caso concreto de España se ocupa la Organización Médica Colegial (OMC) como vamos a explicar a continuación.

 UN POCO DE HISTORIA

 Fue a principios del siglo XIX cuando en España se comenzó a utilizar el término “clase médica”, expresión que no tiene equivalente en otros países y supone una clara alusión al estatus privilegiado de lo que en aquel entonces comenzaba a unificarse como profesión agrupando médicos, protomédicos, cirujanos, sangradores, barberos y otros oficios. Proyecto de colegiación que cuajaría en 1898 al promulgarse una ley que obligaba a estar colegiado para poder ejercer. Ley que como bien explica el sociólogo Jesús de Miguel “no supuso tanto un reglamento para proteger los derechos de los médicos como una ley para controlarlos y mantenerlos dentro de un orden”. Lo que parece demostrarlo el hecho de que se decidió considerar legalmente a los colegios médicos organizaciones oficiales de pertenencia obligatoria, centralizadas ¡y dependientes del Ministerio de Gobernación! ¿La razón? Que cuatro años antes -en 1894- se creó en Barcelona el primer colegio provincial y éste se aliaría con el Sindicato de Médicos de Cataluña para enfrentarse a las directrices que imponía el estado. Problema que muchos años después el régimen de Francisco Franco afrontaría drásticamente prohibiendo en 1940 los sindicatos médicos y aprobando cinco años después -en 1945- el reglamento de la actual Organización Médica Colegial (OMC) y, por ende, el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos como órgano que representa desde entonces a nivel estatal a todos los colegiados.

Para el médico e historiador José María López Piñero es indiscutible que el férreo control que entonces se ejerció sobre la profesión médica marcaría su desarrollo al primar en sus órganos de representación una mezcla del autoritarismo y paternalismo propios del régimen político de la época. De hecho los miembros del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos –órgano que se supone representa a los médicos- se nombraban por el propio ministro «discrecionalmente» -es decir, a dedo- siendo siempre su máximo responsable un médico… falangista. Y otro tanto acaeció en la principal revista profesional –Ser: Revista Médico-Social- que se convirtió en herramienta de propaganda de la Falange; de ahí que uno de sus presidentes, el Dr. Alfonso de la Fuente, se permitiera exaltar en ella a Jose Antonio Primo de Rivera con calificativos como “gigante de la raza, caballero andante de la Gloria, profeta del Imperio”. Sin comentarios.

La democratización de los colegios médicos no llegaría hasta 1980 -recién reinstaurada la democracia en España con la aprobación de la Constitución de 1978- y el desarrollo dos años después de unos nuevos estatutos que dieron por fin voz y voto a los colegiados. Solo que su aprobación se hizo creando un órgano hasta entonces inexistente, la Comisión Deontológica, que realmente se creó para poder seguir controlando a los médicos si bien alegando que su existencia tenía como objeto evitar que alguno pudiera comportarse de forma poco ética o profesional. En otras palabras, se creó un nuevo órgano de control de los médicos a los que poder castigar disciplinariamente si no ejercían la profesión éticamente y atendiendo a los criterios que otros deciden como «correctos». Pudiéndoseles hasta impedir el ejercicio profesional… ¡como si en Medicina hubiera verdades absolutas!

FUNCIONAMIENTO DE la OMC

 La Organización Médica Colegial es en suma la entidad que integra a los colegios provinciales de médicos siendo su órgano de representación el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos que preside una Comisión Permanente formada por un presidente, un vicepresidente, un secretario general, un vicesecretario y un tesorero que gestionan y administran las oficinas y el personal ejecutando los acuerdos de la Asamblea General que integran ellos mismos y los presidentes de los 52 colegios provinciales. El tercer órgano es el Pleno del Consejo General y está compuesto por los miembros de la Comisión Permanente, los presidentes -o vicepresidentes en su caso- de los Consejos Autonómicos y los representantes nacionales de las distintas secciones colegiales: Atención primaria rural, Atención primaria urbana, Medicina privada por cuenta ajena, Medicina privada por cuenta propia,  Médicos con empleo precario, Médicos de administraciones públicas, Médicos de hospitales, Médicos en formación y/o postgrado y Médicos jubilados. Y sus fines fundamentales son cuatro: los tres primeros referidos a la profesión y el cuarto a la colaboración con los poderes públicos “en la consecución del derecho a la protección de la salud de todos los españoles”.

Pues bien, uno de los objetivos básicos de la OMC es la “ordenación» del ejercicio profesional. ¿Y eso qué significa? Pues en la práctica consiste principalmente en exigir a todos los colegiados que asuman y acepten el modelo médico dominante -farmacológico e industrial- que según afirman es el único que se apoya en «la medicina basada en la evidencia”, es decir, en la llamada medicina ortodoxa, convencional, alopática, farmacológica o «científica», pomposo e irreal nombre éste porque las bases científicas de la medicina convencional son más que discutibles. Y tal es la clave que permite entender qué quiere decir la OMC cuando habla por ejemplo de “competencia desleal” o de “opciones morales aceptables». Porque éstas son todas aquellas  que  no se ajustan a su modelo médico. Lo explicaremos más adelante pero entiéndase que una de las funciones más importantes de los colegios médicos -en particular a través de sus comisiones de ética y deontología- es la de proteger y perpetuar el modelo médico dominante y con ello los privilegios profesionales, académicos, sociales, económicos y personales de una “clase médica» al servicio del poder establecido.

 CONTROLANDO A LOS MÉDICOS

 ¿Lo duda? Pues basta leer la web de la OMC para saber que el Consejo General tiene entre sus funciones…

…ejercer la potestad disciplinaria.

…establecer las normas de la ética y la deontología en el ejercicio de la profesión médica.

…adoptar las medidas necesarias para evitar la competencia desleal, velar por la dignidad y decoro del ejercicio profesional y denunciar el intrusismo y la clandestinidad.

…actualizar la competencia profesional de los médicos promoviendo la Formación Médica Continuada y ejerciendo las funciones de acreditación y registro oficial.

…velar por la homologación y la equidad del ejercicio profesional.

…velar para que el ejercicio de la profesión médica se adecúe a los intereses de los ciudadanos.

…promocionar el nivel científico, cultural, económico y social de la profesión médica.

En suma, palabras grandilocuentes porque de lo que se trata es de utilizarlas luego como excusa para proteger el modelo médico estableciendo medidas disciplinarias para quienes no lo asuman; si es necesario inhabilitándoles profesionalmente.

 COMISIONES DE ÉTICA: LA PIEZA CLAVE

 Y es que se supone que las comisiones deontológicas velan por el comportamiento ético de quienes ejercen la Medicina… solo que eso pasa por asumir antes qué es lo correcto o aceptable y qué no, cuándo un comportamiento es deontológicamente reprochable y cuándo no. Algo especialmente difícil en un ámbito como el de la Medicina ya que, como explicamos al principio de este texto, los médicos ignoran qué causa la inmensa mayoría de las miles de enfermedades distintas que han catalogado y por tanto no saben ni prevenirlas ni curarlas. Y esta no es una afirmación nuestra: lo reconocen ellos mismos en multitud de documentos. Una realidad tan cruda que sus representantes han tenido que recurrir a la falacia de afirmar que solo lo que ellos postulan -aunque los hechos lo desmientan una y otra vez- es «científico». Algo que hacen porque saben que para la sociedad esa palabra tiene casi el mismo valor absoluto que antes se otorgó a la de religión.

Pongamos un ejemplo claro, simple y actual: ¿es ético obligar a vacunar masivamente a nuestros hijos aun sabiendo que las vacunas son peligrosas y su eficacia es cuando menos discutible? ¿Es admisible que el poder imponga leyes o normas que limiten el derecho a decidir de unos padres en nombre de la seguridad común? ¿Es admisible que miles de personas sanas enfermen gravemente o incluso puedan morir alegando que ello es aceptable porque quizás podría evitar enfermedades o muertes a otras personas? Y decimos «quizás podría» porque ni siquiera se tiene la certeza científica y médica de que eso fuera a ser así. Luego, ¿cómo puede alguien -y encima «en nombre de la ciencia y la solidaridad»- pedir a un padre que ponga en riesgo la vida de sus hijos? Y quien dice la de sus hijos dice la vida propia y la de sus allegados. Porque la propaganda médico-farmacéutica asevera que «las vacunas son el más importante avance científico médico de la historia» pero nadie ha demostrado nunca tal cosa. De hecho ni los fabricantes de vacunas osan decirlo en sus prospectos; es más, reconocen en ellos los posibles efectos secundarios de las mismas ¡mientras los médicos y enfermeras que las inoculan los niegan! Bueno, pues aun así a quienes critican las organizaciones médicas y las autoridades sanitarias es ¡a quienes advierten de tamaño sinsentido! Algo que encima se hace en nombre de la ciencia y de la ética. Esperpéntico.

Obviamente no es más que un ejemplo porque las comisiones deontológicas van a menudo mucho más allá e imponen sus criterios en multitud de ámbitos… a pesar de que nadie les ha facultado para decidir qué es o no correcto en el ejercicio profesional de un médico. De hecho es grotesco ver a médicos de atención primaria, pediatras, dentistas o dermatólogos opinar si es o no correcta la actuación de un neurólogo o un cardiólogo. Y no estamos hablando de situaciones aberrantes y de comportamientos inmorales no discutibles sino de opiniones sobre procedimientos, terapias o métodos cuyos protocolos oficiales no han demostrado en la mayoría de las ocasiones la utilidad que de ellas se postula.

En definitiva, las comisiones deontológicas se usan hoy para amedrentar a los médicos que tienen la desfachatez de pensar y decidir por sí mismos en lugar de atender a las verdades oficiales establecidas por quienes les representan… políticamente. Porque no se olvide que la mayoría de los representantes médicos de los colegios profesionales no son elegidos por sus méritos profesionales, académicos o investigadores. De hecho suelen presentarse a tales cargos personas con ambiciones sociales, económicas y políticas. Los realmente interesados en la Ciencia y la Medicina se dedican a estudiar, aprender, investigar y/o ayudar a los enfermos.

Y lo dicho es lo que explica que en España no haya hoy una sola comisión deontológica sino ¡una en cada colegio provincial! Lo que indica que debe haber muchos más médicos díscolos a los que controlar de lo que nadie hubiera supuesto. En más, a fin de que nadie se escape por tener demasiados amigos en su provincia existe también una Comisión Central de Deontología, Derecho Médico y Visado que «asesora» al Consejo General de Colegios Médicos de España.

En fin, ¿a alguien le extraña que la OMC reconozca que uno de sus objetivos prioritarios es «la promoción y desarrollo de la deontología profesional»? A fin de cuentas son ellos los que deciden lo que es o no profesionalmente ético…

 MANTENER LA CREDIBILIDAD

 Otra de las herramientas de control de los médicos es el llamado Proyecto de validación periódica de la colegiación que si bien se presenta como una simple certificación es un poderoso instrumento de fiscalización ya que su objetivo declarado es “dar fe de que el médico que la obtiene reúne y mantiene los estándares definidos para ejercer como médico”. Es decir, aquellos estándares que imponen quienes mandan. Y es que se ha redefinido el mismísimo Juramento Hipocrático a conveniencia. El documento La profesión médica en el nuevo milenio: estatutos para la regulación de la práctica médica -publicado en el nº 118 de 2002 de Medicina Clínica- cita al respecto tres principios fundamentales para la versión que en pleno siglo XXI quieren imponer: “Bienestar del paciente, Autonomía del paciente y Justicia Social”. Solo que tales conceptos los van a determinar quienes manejan los colegios y sus nuevos inquisidores, es decir, los miembros de los comités deontológicos. Porque van a ser ellos los que decidan lo que es bueno para el paciente; con lo que pronto el enfermo no tendrá ni derecho a decidir sobre su salud y su vida. De ello se encargarán los que mandan.

Obviamente no es así como se «promociona»; quienes la han desarrollado dicen que la validación periódica tiene como objetivo “mejorar la confianza social, la satisfacción profesional y garantizar la mejor asistencia posible al ciudadano”. En otras palabras, mantener el estatus social del médico, su prestigio social y la confianza en él de la gente. Algo necesario según el documento en el que se recoge la propuesta donde se asevera literalmente que “el proceso de afianzar y acrecentar la credibilidad social de la profesión médica requiere diferentes y complejas acciones” advirtiendo luego en unas “notas aclaratorias” que se inicia “un camino necesario e imprescindible para aumentar la legitimación social de los colegios médicos en un momento clave que determinará su futuro y, en consecuencia, el de la profesión”.

Otra de esas notas es aún más “aclaratoria”: “O lo hacemos en la OMC o nos consta que otras instituciones están preparándose para regular el ejercicio profesional en base a la competencia profesional; por supuesto con criterios y objetivos no del todo coincidentes con los nuestros. La nota se refiere a la directiva europea de Cualificaciones Profesionales que obligará a los profesionales de la salud a renovar sus certificaciones a partir de 2017 así que lo que hace la OMC es adelantarse para que se lleve a cabo la validación según sus propios criterios.

Ahora bien, ¿qué sucede con el médico que no supera la certificación? Pues según la información que los colegios vienen dando a sus colegiados “no tiene carácter punitivo” de modo que “el solicitante entrará en un programa de mejora en el caso de que un profesional no alcanzase las competencias y requisitos definidos en la Validación Periódica de la Colegiación” pero parece evidente que si el profesional no la supera no podría estar colegiado y en España eso es requisito imprescindible para ejercer. De hecho en declaraciones a La Voz de Galicia efectuadas en noviembre de 2014 el vicepresidente de la OMC  Serafín Romero afirmaba: Ningún médico, en un futuro no muy lejano, debería estar trabajando sin tener su validación de que sigue ejerciendo de médico ni su recertificación de que además es competente en su especialidad”. Es decir, están dispuestos incluso a valorar ellos la «competencia» profesional de cualquier médico e invalidar profesionalmente no ya a médicos generalistas sino a los especialistas que no asuman sus indicaciones sobre lo que es o no adecuado. Y eso es ya fascismo puro. Que va a imponerse como los médicos no reaccionen en masa.

Téngase en cuenta que en algunas etapas del proceso de validación –como en el de la «certificación de buena praxis»- participan sociedades científicas que mantienen estrechas relaciones con la industria farmacéutica, algo denunciado y calificado por el fiscal Valentín José de la Iglesia en un informe de la Sociedad Española de Salud Pública como “ilícito civil, fraude y delito de cohecho” (lea al respecto en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Las sociedades profesionales sanitarias están al servicio de la industria farmacéutica se publicó en el nº 174).

Pues bien, el Consejo General de Colegios Médicos de España firmó en septiembre de 2013  un convenio de «colaboración en materia de validación y acreditación» con varias sociedades científico-médicas en el que el colegiado debe hacer constar si está inmerso en algún proceso o reclamación; una sutil forma de negar al médico que no se ajuste a las recomendaciones oficiales la validación que “da fe de que reúne y mantiene los estándares definidos para ejercer como médico”.

Añadiremos que el proyecto de control es tan minucioso que la OMC puso en marcha en 2007 una iniciativa denominada Web Sanitaria Acreditada SEAFORMEC en colaboración con el Ministerio de Industria para fiscalizar también las páginas web con información sobre salud. Lo que la OMC justifica diciendo que “su objetivo es facilitar un Sistema de Acreditación de páginas web de ámbito sanitario que permita ofrecer garantías a los usuarios respecto a los responsables de la página y al cumplimiento del Código Deontológico al basarse en la evaluación del cumplimiento de los criterios de certificación establecidos”. Es decir, pretenden desacreditar toda información sobre salud o medicina que no se ajuste a las verdades oficiales que ellos postulan en exclusiva. Toda web que no tenga su bendición pasará así a ser considerada «no fiable». Vergonzoso.

 DESACREDITA, QUE ALGO QUEDA

 Terminamos este texto analizando la posición que la OMC ha ido manteniendo a lo largo de los años sobre lo que denominan “medicinas alternativas” ya que es clarificadora de su principal función: la de proteger y mantener a toda costa el modelo médico dominante. En diciembre de 2004 la OMC publicó un documento titulado Medicinas alternativas y terapias médicas no convencionales firmado por el Dr. Pedro Hidalgo que comienza con dos reveladoras definiciones de “medicinas alternativas”.

La primera es del prestigioso grupo Cochrane e incluye en el concepto a todas las prácticas y técnicas “diferentes de aquellas intrínsecas al sistema de salud políticamente dominante de una sociedad o cultura particular en un período histórico dado”; no diferencia pues unas de otras por razones médicas o científicas sino sociopolíticas: se consideran «alternativas» las que no ejerce el médico convencional porque no se le han enseñado. Y la segunda definición -que va en la misma línea- es del departamento de Medicina Alternativa de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos que considera «alternativas» las terapias y técnicas “que no se enseñan en las facultades de Medicina, no se usan generalmente en los hospitales y no se reembolsan habitualmente por las compañías de seguros”. Es decir, de nuevo una definición que no discrimina entre unas y otras por razones científicas limitándose a decir que alternativo es lo no habitual. Y cualquier persona mediadamente inteligente sabe que lo alternativo puede convertirse en cualquier momento en convencional; de hecho la convencional medicina alopática ortodoxa y farmacológica actual no existía hace apenas un siglo. Es más, muchos de los respetados «médicos» de los siglos pasados serían hoy considerados curanderos ignorantes.

El Dr. Pedro Hidalgo se suma luego a la declaración aprobada por los Consejos Autonómicos andaluz y valenciano para “manifestar el apoyo a la regulación del ejercicio y práctica de las Terapias Médicas Complementarias: Acupuntura, Homeopatía y Medicina Naturista”. Y lo argumenta asegurando que su aceptación es muy amplia tanto por los pacientes como por los profesionales que las aplican y luchan por su reconocimiento. Es interesante añadir, por cierto, que apenas un año antes -en octubre de 2003- se había creado en el seno del Consejo General de Colegios Médicos de España un grupo de trabajo sobre Terapias Complementarias que animó a la OMC a apoyar la mencionada declaración de los consejos andaluz y valenciano  y que, de hecho, aprobó en mayo de 2004 una baremación para el visado de capacitación de terapias no convencionales en los colegios oficiales de médicos.

Y por si fuera poco en 2009 la OMC decidió pedir el reconocimiento del «acto homeopático» como “acto médico” y que en los centros sanitarios su ejercicio se efectúe solo por médicos. Así lo expresaba: “La Organización Médica Colegial ha acordado por unanimidad en asamblea reconocer la Homeopatía como acto médico que precisa de un diagnóstico previo, de una indicación terapéutica y ser realizada por personal cualificado y en centros sanitarios debidamente autorizados. Este paso se suma al dado anteriormente y en la misma línea con la Acupuntura”.

Sin embargo en diciembre de 2013, al saber la OMC que el ministerio pretendía regular los medicamentos homeopáticos y apoyar el reconocimiento de otras terapias alternativas, aprobó en asamblea una declaración matizando que “no forman parte del acto médico aquellas acciones u omisiones que, al margen del ejercicio de la medicina, un ciudadano con la condición de licenciado o especialista en medicina pueda realizar en relación a sus convicciones, creencias, tendencias, ideología o cualquier otra circunstancia. Todo médico dentro de una consulta médica en el caso de lo practicado sobre un paciente debe someterse a las normas de práctica clínica , basadas en el método científico, la adecuada relación médico – paciente y con arreglo a la deontología profesional”. Añadiendo: “Cada una de las técnicas y terapias no convencionales deberá demostrar/avalar científicamente su eficacia, efectividad, eficiencia, calidad y seguridad para que puedan ser reconocidas por la comunidad médica”. Y aún más: “La responsabilidad de las administraciones debe estar fundamentada en la necesaria regulación de estas técnicas y terapias no convencionales así como en las repercusiones sobre el uso y la aplicación de estas prácticas en el ámbito de la salud pública, los riesgos derivados de su mala utilización o utilización inadecuada, y la regulación y observancia de los centros donde debe aplicarse e identificar a quienes lo hacen, cómo lo hacen y la veracidad de la publicidad al respecto”.

En ningún momento se mencionaba expresamente terapia concreta alguna pero el mensaje eran tan claro que el diario español El País dio así la noticia: La Organización Médica Colegial se posiciona contra la homeopatía. Añade en una entradilla más que clarificadora: “Este organismo recuerda a los facultativos que deben prescribir ‘preferentemente’ fármacos cuya eficacia se haya podido demostrar”.

Cabe agregar que la Asamblea General de la OMC aprobó el 31 de marzo de 2014 una declaración sobre la Medicina Naturista llena de artificios lingüísticos como el de distinguir entre “acto médico” y “acto sanitario” reservando esta última denominación a los llevados a cabo por procedimientos no convencionales; lo que justificaron diciendo que su “sentido común y lógica profesional” les llevaba a colegir que “la Terapia Naturopática fundamentada en el tratamiento natural, las leyes de la naturaleza y la fuerza auto-curativa de nuestro organismo, basando su presupuesto en una mezcla de disciplinas ya preexistentes (prevención, psicología, nutrición y consejos de salud, higiene física y psíquica, masaje, reflexoterapia), no constituye legalmente una rama médica ni una disciplina médica propia en sensu estricto, aunque contenga en sus fundamentos y presupuestos elementos constitutivos propios del Acto Médico”. Proponiendo en consecuencia que también la Naturopatía sea controlada para lo cual se precisa “proceder a su adecuado registro y determinar los niveles de intervención y competencia así como los perfiles de aprendizaje y de utilización; y fundamentalmente identificar a los que realizan intrusismo y facilitar una completa y proporcionada información de beneficios/riesgos potenciales a la población que acude o es subsidiaria de acudir a dichas prácticas”.

En definitiva, quieren controlarlo todo… incluido los actos que no consideran «científicos». Claro que todo esto viene de lejos. Hace más de ¡13 años! ya que el director de Discovery DSALUD, Jose Antonio Campoy, escribía un editorial -apareció en el nº 44 correspondiente a noviembre de 2002-en la que decía textualmente: “La Comunidad Europea se apresta a regular las llamadas ‘medicinas alternativas’. Es decir, pretende ‘ordenar’ –¿no querrán decir ‘controlar’?- el ámbito de las diferentes maneras de entender la salud y la enfermedad así como las terapias que han dado lugar a ello. Pero, ¿cómo va a hacerlo? ¿Desde la óptica de la Medicina alopática, farmacológica, convencional y oficial? Imposible. Y es que hay piensa que de lo que se trata simplemente es de llevar esas enseñanzas a las facultades de Medicina a fin de que se impartan en ellas algunas disciplinas sueltas que expliquen someramente sus fundamentos y complementen la formación académica de los estudiantes de la Medicina alopática. Es decir, incorporarlas a la enseñanza universitaria para que sean luego los mismos médicos alópatas formados en ellas quienes ejerzan tales terapias. Una idea que podría tener sentido… si el fondo que las anima fuera el mismo. Algo que no ocurre hoy día. Porque, ¿cómo va a aceptar un estudiante o un médico alópata que la Acupuntura funciona sin asumir previamente la existencia de los chacras, nadis y meridianos energéticos del organismo? ¿Y cómo va a seguir poniendo sin más en práctica sus conocimientos alopáticos sabiendo que existen maneras de afrontar la enfermedad que chocan con lo que han enseñado? ¿Va a asumir realmente que es mucho más efectivo para tratar la mayoría de los cánceres una terapia regresiva que varias sesiones de quimioterapia y radioterapia? ¿Y quién le va a enseñar además eso a los futuros alumnos? ¿Los mismos catedráticos que, en su ignorancia, se ríen de esa posibilidad por muy real que sea? ¿Van a ser esos mismos profesores los que tendrán que explicarle a los alumnos –creyéndoselo- que ‘el agüita perfumada’ de las flores de Bach -que para ellos no es más que un placebo sin propiedades terapéuticas- puede ayudar a sanar a un enfermo? ¿Van a validar los remedios homeopáticos diciéndoles a sus alumnos que sus facultades curativas son mayores y menos iatrogénicas que las de los de los fármacos alopáticos? ¿Van a aceptar que es más útil combatir muchas infecciones bacterianas con equinácea que con los nuevos fármacos de ‘última generación’? ¿Y que otro tanto ocurre con otros muchos productos naturales? ¿Van a aceptar que se puede curar a un enfermo resolviendo una interferencia energética? ¿O que el cáncer se lo ‘provocó’ a aquella mujer la muerte de su hijo pequeño en un accidente? ¿O que las piedras tienen poderes curativos? ¿O que el color cura? Porque todo eso y muchísimo más está demostrado… aunque ellos lo ignoren o no lo acepten. No, no se pueden ‘regular’ las llamadas medicinas alternativas o complementarias desde la óptica de la Medicina alopática o convencional. Para eso primero hay que reciclar a los médicos convencionales dotándoles de unos conocimientos de los que carecen. Especialmente en el caso de la mayoría de los catedráticos de las facultades de Medicina ya que serían quienes presuntamente deberían transmitir esos conocimientos. Y no se puede enseñar lo que no se conoce».

Más claro, agua. En definitiva, las industrias que controlan la salud han decidido no solo desprestigiar todo lo que pueda poner en peligro su negocio sino incluso amedrentar y amenazar con retirar la licencia a los médicos que osen no aceptar sus verdades y protocolos… por evidente que sea que no funcionan. Son pues malos tiempos para los médicos poco dóciles y para los enfermos.

 Jesús García Blanca

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192
Abril 2016
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