Llamativas propiedades del agua hidrogenada

El daño oxidativo molecular que causan las especies reactivas de oxígeno -iones de oxígeno, radicales libres y peróxidos tanto inorgánicos como orgánicos- se considera hoy causa o coadyuvante de numerosas enfermedades, entre ellas la diabetes, la aterosclerosis, el alzheimer, los daños por isquemia-reperfusión y el cáncer. Pues bien, en Japón se investiga actualmente el potencial del agua hidrogenada mediante reducción por electrólisis para afrontar esa situación ya que es muy antioxidante. De hecho se ha demostrado que atenúa el estrés oxidativo asociado a muy diversas patologías, incluido el daño hepático y el cáncer. Hablamos de un agua de pH equilibrado que se caracteriza por ser muy rica en hidrógeno y tener un potencial de óxido reducción negativo capaz de contrarrestar las especies reactivas de oxígeno (iones de oxígeno, radicales libres y peróxidos tanto inorgánicos como orgánicos).

Hoy día es fácil encontrar en los anaqueles de los supermercados productos alimenticios “enriquecidos” a los que llamamos “alimentos funcionales” porque consta que ayudan a mejorar las funciones orgánicas o reducir el riesgo de enfermedad; pues bien, todo indica que pronto podremos encontrar también “aguas funcionales” e incluso aparatos especialmente diseñados para su elaboración en casa. Una propuesta que procede de Japón, país donde la esperanza de vida es hoy de las más altas del mundo y en el que la investigación sobre la calidad y posibilidades del agua es intensa desde hace unas décadas al constituirlo islas superpobladas cuya agua potable es escasa y en buena medida contaminada. De ahí que hayan desarrollado métodos de mejora y activación del agua como la electrólisis, su tratamiento con campos magnéticos, la irradiación, los ultrasonidos, el uso de minerales… Es más, existe ya una entidad, la Functional Water Association, que estudia el asunto y denomina “agua funcional” a aquella de origen natural con una utilidad extra científicamente demostrable así como a la a la que se dota mediante métodos artificiales de propiedades terapéuticas especiales. Siendo la más investigada hoy el agua hidrogenada (la hidrogenación es un tipo de reacción química (redox) por el que se adiciona gas hidrógeno (H2) a otro compuesto).

En cuanto a los dispositivos hoy existentes están registrados en la Association of Alkaline Ionized Water Apparatus (Asociación de aparatos de agua alcalina ionizada) y la verdad es que son similares pues todos contiene dos recámaras separadas en las que en una hay un electrodo positivo y en la otra uno negativo de forma que cuando el agua entra en el aparato los minerales alcalinos -calcio, magnesio, sodio y potasio- son atraídos por el electrodo negativo al tener carga positiva y los minerales ácidos por el positivo al tener carga negativa. Es decir, el aparato concentra en una cámara agua que solo contiene minerales alcalinos y en la otra agua con minerales ácidos permitiendo extraer mediante sendos grifos una u otra. La primera es pues agua alcalina electroquímicamente reducida (Electrochemically reduced water o ERW) y es idónea para beber y cocinar mientras la segunda, muy ácida, permite desinfectar y esterilizar al ser antimicrobiana -sean útiles de cocina o heridas superficiales en los seres vivos- debido principalmente al ácido hipocloroso -gas de cloro y ozono- que aparece en el proceso de electrolisis al incidir en los iones de cloruro. Y de hecho en Japón el agua reducida, agua alcalina iónica, agua electrolizada alcalina, agua catódica alcalina o agua ionizada alcalina -que de todas esas maneras es llamada- con un pH de entre 8 y 10 es de consumo muy popular. Y es que hablamos de un agua cuya principal cualidad es su capacidad -contrastada en centenares de estudios- para eliminar del organismo las especies reactivas de oxígeno (ROS) patógenas.

Así se explica por ejemplo en el trabajo Advanced research on the health benefit of reduced water (Investigación avanzada sobre los beneficios en la salud del agua reducida) publicado en 2012 en Trens in Food Science and Technology por Sanetaka Shirahata -del Departmento de Biociencia y Biotecnología de la Facultad de Agricultura de la Universidad de Kyushu (Japón)- en el que se dice: “Hay abundantes pruebas de que las aguas reducidas son beneficiosas para la salud y ayudan en las enfermedades relacionadas con el estrés oxidativo -como la diabetes, el cáncer, la arteriosclerosis o las enfermedades neurodegenerativas- así como para paliar los efectos secundarios de la hemodiálisis (…) Investigar sobre los métodos de activación del agua mediante energía eléctrica, campos magnéticos o luz podría por ello contribuir al desarrollo de aguas ricas en energía beneficiosas para la salud humana. De hecho el agua reducida puede contrarrestar los efectos nocivos de la contaminación ambiental en los embriones de las mujeres embarazadas al purificar su sangre y el líquido amniótico. Y podría ayudar asimismo a la industria alimentaria para mejorar el sabor, textura y conservación de los alimentos. En cuanto a la industria podría usarse agua reducida para evitar la herrumbre de los semiconductores y ayudar en la descontaminación ambiental evitando la putrefacción del agua de ríos y lagos por proliferación de bacterias y otros organismos. Finalmente podría incluso investigarse si en ella se encuentra el secreto del origen de la vida”.

Los estudios sobre las propiedades del agua reducida electroquímicamente se iniciaron en Japón en 1931 empezando a usarse en la agricultura en 1954 y en la atención médica en 1960. Admitiendo en 1966 ya el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar nipón su eficacia para tratar la diarrea crónica, la indigestión y la fermentación gastrointestinal anormal. Es más, ese mismo año autorizó la fabricación de un dispositivo productor de agua alcalina para uso doméstico.

Casi tres décadas después -en 1994- se crearía -con el visto bueno del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar- la Functional Water Foundation con el objetivo de promover el uso de agua electrolizada por la sociedad autorizándose la fabricación y venta de dispositivos domésticos para el hogar con los que fabricarla en 2005 al actualizarse la ley Drugs, Cosmetics and Medical Instruments Act tras constatarse que su consumo ayuda a mejorar los problemas gastrointestinales. Algo que propiciaría la Japanese Society for Functional Water creada cuatro años antes -en 2001- que desde entonces se ha ocupado de promocionar muchos de los estudios que sobre las aguas funcionales se han realizado.

Pues bien, una de las aguas con mayores propiedades terapéuticas es el agua hidrogenada, nombre que recibe porque contiene muchas moléculas de hidrógeno. Y es que si bien hasta comienzos del siglo XX el gas hidrógeno (H2) se consideraba un elemento inerte los estudios desarrollados desde entonces han demostrado que se trata de una molécula de alto valor terapéutico. Hablamos de un agua ligeramente alcalina con un pH de entre 7 y 7,5 -muy similar pues al de la sangre que es de 7,35- que actualmente se comercializa embotellada en multitud de comercios nipones diferenciándose unas de otras solo por su potencial antioxidante -lo que se mide en milivoltios- siendo esa capacidad mayor cuanto más baja es la cifra. Agregaremos que el agua hidrogenada más antioxidante comercializada hoy es la que tiene -600 mV, cifra que contrasta con la de un refresco con gas que puede llegar a +550 mV. De hecho el agua hidrogenada es la bebida más antioxidante que existe.

ANTIOXIDANTE EXCEPCIONAL

 Lo singular es que el hidrógeno (H) es el elemento más ligero y abundante del universo siendo en su forma molecular H2 un gas inocuo, incoloro, inodoro e insípido; y es verdad que puede quemar a temperaturas superiores a 570º C pero a una temperatura y presión “normales” y a concentraciones por debajo del 4% se trata de un gas inofensivo que actúa a nivel celular como antioxidante. Lo constató en 1888 J. E. Pilcher reflejándolo en un trabajo titulado On the Diagnosis of Gastrointestinal Perforation by the Rectal Insufflation of Hydrogen Gas (Diagnóstico de perforación gastrointestinal por insuflación rectal de gas hidrógeno) que se publicó en Annuals of Surgery. Pilcher, sencillamente, insufló en el colon de un paciente gas hidrógeno para ver si había perforaciones y evitar así la cirugía.

Cabe añadir que hasta 2007 se pensó que el H2 es un gas inerte pero ese año Shigeo Ohta -miembro del Departamento de Bioquímica y Biología Celular del Institute of Development and Aging Sciences de Kanagawa (Japón)- publicó en Nature el trabajo Hydrogen acts as a therapeutic antioxidant by selectively reducing cytotoxic oxygen radicals (El hidrógeno actúa terapéuticamente como antioxidante mediante la reducción selectiva de radicales de oxígeno citotóxicos) constatando que permite eliminar del organismo radicales libres de oxígeno. “El estrés oxidativo agudo inducido por isquemia-reperfusión o inflamación –se afirma en el trabajo- causa graves daños en los tejidos. Y está ampliamente aceptado que el estrés oxidativo persistente es una de las causas de muchas de las enfermedades comunes, cáncer incluido. Pues bien, hemos constatado que el gas hidrógeno (H2) tiene potencial como antioxidante en aplicaciones preventivas y terapéuticas. Inducido estrés oxidativo agudo en células cultivadas mediante tres métodos independientes vimos que el H2 reduce selectivamente el radical hidroxilo -el más citotóxico de las especies reactivas de oxígeno (ROS)- no reaccionando sin embargo con otros ROS (…) El H2 se puede pues utilizar como eficaz terapia antioxidante ya que merced a su capacidad para difundirse rápidamente a través de las membranas puede alcanzar y reaccionar con los ROS citotóxicos protegiendo así del daño oxidativo que los mismos causan”.

Se trata evidentemente de un gran descubrimiento porque en la comunidad científica internacional existe hoy un consenso casi unánime sobre el hecho de que el exceso de radicales libres de oxígeno -que generan condiciones patógenas como una mala alimentación, las exposiciones a químicos tóxicos y radiaciones electromagnéticas, el consumo de fármacos o el estrés, entre otras cosas- daña de forma progresiva el ADN de las proteínas y mitocondrias así como sus membranas y otros constituyentes celulares, causa principal o adyuvante de casi todas las enfermedades crónicas.

El propio Shigeo Ohta lo remarcaba en 2011 en el trabajo Recent Progress Toward Hydrogen Medicine: Potential of Molecular Hydrogen for Preventive and Therapeutic Applications (Progresos recientes en el uso medicinal del hidrógeno: potenciales aplicaciones preventivas y terapéuticas del hidrógeno molecular) publicado en Current Pharmaceutical Design: “El H2 tiene varias ventajas como potencial antioxidante: se difunde rápidamente en células y tejidos y lo hace de forma lo suficientemente suave como para no interferir en las reacciones redox del metabolismo ni afectar a las especies reactivas de oxígeno (ROS) que funcionan en la señalización celular. Y su consumo tiene pocos efectos adversos. Hay además varios métodos para ingerir o consumir H2, incluyendo la inhalación de gas hidrógeno, el consumo de H2 disuelto en agua (agua hidrogenada), baños en agua hidrogenada, inyecciones de una solución salina rica en H2, la aplicación de ésta en los ojos y/o el aumento de la producción de H2 por bacterias en los intestinos (…) Además el H2 no sólo es eficaz para el estrés oxidativo sino también como antiinflamatorio y antialérgico. Es más, regula la expresión de diversos genes y la fosforilación de proteínas aunque los mecanismos moleculares que subyacen a los marcados efectos de tan pequeñas cantidades de H2 sigan siendo difíciles de entender”.

Agregaremos que la mayor parte de los efectos del H2 -gas hidrógeno o hidrógeno molecular- son indirectos y eso explica que sea útil para tratar problemas de salud tan distintos y aparentemente no relacionados entre sí pero que están vinculados a desequilibrios del intercambio de electrones. De ahí que aunque el hidrógeno molecular no actúe específicamente sobre esos problemas pueda utilizarse junto con los tratamientos estándar a fin de mejorar los resultados clínicos ya que, entre otras razones, no interfiere negativamente en los mecanismos subyacentes a la mayoría de los tratamientos clínicos. De hecho uno de los factores más interesantes del hidrógeno molecular es su inocuidad. Existe abundante literatura científica sobre él y nadie ha descrito aun posibles efectos adversos a diferencia de lo que ocurre con los medicamentos sintéticos de uso convencional.

Su principal característica en cualquier caso es la facilidad de administración y que puede utilizarse a largo plazo sin requisitos especiales. Especialmente en forma de agua hidrogenada ya que si bien también puede inhalarse en forma de gas ello requiere contar con contenedores de alta presión y reguladores de cantidad así como máscaras. Es más cómodo ingerir agua hidrogenada obtenida por electrolisis.

 PREVENTIVO Y TERAPÉUTICO

 En suma, hablamos de un potente producto antioxidante, inocuo, barato, de fácil administración y eficaz en numerosas patologías sobre el no existen muchos y grandes ensayos que permitan “oficializar” sus virtudes preventivas y terapéuticas porque el descubrimiento de las mismas es muy reciente y además no es patentable. De ahí que difícilmente vayan a hacerse. Lo que no obsta para que se hayan efectuado algunos como se explica en un artículo publicado el pasado mes de enero de 2016 en Scientific Research con el título Clinical Effects of Hydrogen Administration: From Animal and Human Diseases to Exercise Medicine (Efectos clínicos de la administración de hidrógeno: su uso médico en enfermedades animales y humanas). Dirigido por Shigeo Ohta lo firma como autor principal Garth L. Nicolson -del Departamento de Patología Molecular del Institute for Molecular Medicine de Huntington Beach (EEUU)- y en él se recogen los principales estudios sobre el uso del hidrógeno molecular -especialmente en roedores, conejos y cerdos- demostrando su eficacia como gas (21 trabajos publicados), inyectado en solución salina (27 trabajos publicados) e ingerido como agua hidrogenada (23 trabajos). Añadiremos que hay también trabajos publicados sobre su uso directo en los ojos, por ósmosis -bañándose en agua hidrogenada- o instilando directamente soluciones de H2 en el estómago y otros órganos.

En cuanto a su eficacia he aquí una muestra de lo que se dice en el trabajo del que hablamos: “Hemos hecho una revisión de la literatura sobre los efectos del hidrógeno molecular (H2) en humanos sanos y en pacientes con diagnósticos muy variados como síndrome metabólico, patologías reumáticas, cardiovasculares, neurodegenerativas y otras, infecciones y daños físicos por radiación así como sus efectos sobre el envejecimiento y el ejercicio. H2 que se puede administrar como gas, insuflado en solución salina, de forma tópica, bañándose en él o bebiendo agua hidrogenada siendo este último método el más fácil y menos costoso. Y sin problemas de seguridad: se utiliza desde hace años en la mezcla de gases para el buceo de profundidad así como en numerosos ensayos clínicos sin que se hayan reportado eventos adversos. Ni siquiera hay constancia en la literatura de una posible toxicidad por su uso a largo plazo. El hidrógeno molecular es pues un eficaz antioxidante y modificador de la expresión génica en aquellas patologías en las que el estrés oxidativo altera la expresión de genes causando daño celular”.

De hecho la lista de patologías en las que se ha probado con eficacia el hidrógeno molecular es muy extensa: cardiovasculares, neurodegenerativas, neuromusculares, dermatológicas, infecciosas, gastrointestinales, ulcerosas, pancreáticas, autoinmunes, cáncer… En este último caso se ha constatado de hecho que el hidrógeno molecular cambia fenotipos malignos en benignos, evita la aparición de oncogenes, el acortamiento de los telómeros y la angiogénesis.

En cuanto a la diabetes tipo 2, patología cada vez más extendida por culpa del abuso de azúcares y carbohidratos refinados, mejora la tolerancia a la glucosa. Y en el caso de las enfermedades neurodegenerativas contrarresta la toxicidad del glutamato y del óxido nítrico. A fin de cuentas el hidrógeno molecular es uno de los pocos antioxidantes capaces de atravesar la barrera hematoencefálica y, por tanto, de actuar en el cerebro. En fin, podríamos dar las razones pormenorizadas de cada una de sus acciones en las diferentes patologías pero no lo creemos necesario; basta saber que es útil en todas ellas.

Y es que las conclusiones de Ohta y Nicholson están avaladas por 338 artículos científicos; de ahí que aseveren: “Esta revisión -y otras- documenta que el uso clínico del hidrógeno molecular es muy prometedor para el tratamiento de numerosas enfermedades y condiciones agudas y crónicas así como en el mantenimiento de una buena salud. Los buenos resultados preliminares que sobre el uso clínico del hidrógeno molecular se obtuvieron en Japón y el lejano Oriente se han constatado ya en otros lugares. Hasta el punto de que en la actualidad hay ya el suficiente número de estudios científicos y clínicos que avalan su uso como agente primario o de apoyo en la atención clínica. Tienen potentes propiedades antioxidantes realmente únicas, capacidad para regular genes, una rápida tasa de difusión a través del tejido y las barreras celulares y un excelente historial de seguridad. El hidrógeno molecular tiene pues abundantes características únicas que lo hacen muy valioso en la medicina y la salud. Sus propiedades sistémicas y su gran capacidad de penetración hacen que sea eficaz incluso en condiciones de flujo sanguíneo deficiente y otras situaciones que limitan muchos otros tipos de tratamientos sistémicos”.

Los investigadores citados terminan su artículo reclamando una investigación más profunda sobre los usos clínicos del hidrógeno molecular ya que la mayor parte de la publicada se ha hecho con animales. “Ha llegado el momento de cambiar el enfoque de la investigación y hacerla en humanos con distintas condiciones clínicas; agudas y crónicas (…) Hasta el momento pocos ensayos clínicos han utilizado además criterios rigurosos para la evaluación de los efectos clínicos. Muchos ensayos han sido abiertos en su diseño y eso es sólo el paso clínico inicial. En el futuro serán necesarios ensayos clínicos aun mejor diseñados -y más caros- controlados con placebo, a doble ciego y aleatorizados que confirmen los beneficios clínicos del hidrógeno molecular”.

Y es que aún quedan preguntas por responder. Se sabe por ejemplo que el hidrógeno molecular, al poder regular la expresión génica, es capaz de promover cambios en la expresión del ADN y, por ende, en los niveles de proteínas proinflamatorias, proalérgicas, proapoptóticas y prooxidantes, muchas de las cuales -si no la mayoría- están sobreexpresadas en muy distintas patologías crónicas y agudas… pero sigue sin saberse exactamente cómo lo hace.

Asimismo deberá investigarse cuáles son sus receptores celulares y su mecanismo de acción en las membranas celulares, las enzimas, la síntesis de proteínas… Y es que se conoce realmente poco sobre las interacciones moleculares del hidrógeno molecular en el interior de células y tejidos. De hecho se sabe que el hidrógeno molecular es capaz de penetrar rápidamente en células y tejidos pero se necesita conocer sus niveles reales en la sangre, los tejidos y los órganos, especialmente administrándolo durante largos períodos.

En todo caso lo que es indiscutible ya es su potencial antioxidante y, por tanto, su capacidad para ayudar en toda patología causada o agravada por el estrés oxidativo; lo que, directa o indirectamente, acaece prácticamente en todas las llamadas “enfermedades”.

El problema es que todo prevé que el uso del hidrógeno molecular -y, por ende, del agua hidrogenada- se centre ahora en el mantenimiento de la salud, en la mejora del rendimiento físico, en su utilidad al hacer ejercicio, en problemas dermatológicos y como herramienta antienvejecimiento pero no en su utilidad para prevenir y tratar patologías tanto agudas como crónicas -cáncer incluido- porque ni el producto ni las técnicas son patentables y ningún laboratorio va a poner fondos en algo que no solo no les proporcionaría pingues beneficios sino que se los haría perder porque dejaría obsoletos multitud de fármacos y terapias.

Nosotros no vamos pues a andarnos por las ramas y lo decimos abiertamente: todo indica que la ingesta de agua hidrogenada es inocua -carece de peligro-, antioxidante, barata, de fácil administración y eficaz en numerosas patologías, incluidas las más graves.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
192
Abril 2016
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