El tránsito de la medicina convencional a la medicina holística es inevitable

La medicina no avanzará en el ámbito de la curación mientras siga anclada en el paradigma mecanicista y considere que las llamadas enfermedades se pueden superar actuando sólo a nivel bioquímico y de forma aislada sobre órganos y sistemas. Es pues urgente y necesario que asuma los conocimientos de la Física Cuántica y de la realidad holográfica del universo asumiendo que la materia es energía en distintos grados de vibración, que está interconectada y que puede actuarse por tanto sobre ella mediante frecuencias vibratorias y, por ende, a través de la luz, el sonido o las radiaciones pero también de la mente. Y que en nuestros cuerpos todas y cada de las células, órganos y sistemas están interconectados por lo que cualquier tratamiento, si queremos que sea eficaz, debe ser holístico, integral. Es hora de que los médicos lo entiendan.

Médicos, biólogos y farmacéuticos siguen inmersos en un paradigma newtoniano, cartesiano y mecanicista que no tiene en cuenta los principales descubrimientos científicos de las últimas décadas y sigue considerando que la curación puede conseguirse tratando órganos y elementos aisladamente. Ignoran pues desde los principios fundamentales de la Física Cuántica hasta la concepción holográfica del universo y de la vida según la cual cada punto del mismo contiene la información de todo el universo porque como decía el Kybalión “el todo está en la parte y la parte está en el todo”. En otras palabras, en el universo todo está interrelacionado y la materia tal como se entendía hasta hace bien poco no existe pues ésta no es más que una manifestación de la energía en distintos estados grados de vibración.

Es más, los grandes laboratorios de investigación llevan comprobando desde hace tiempo que los estados mentales se pueden parametrizar de acuerdo a longitudes y frecuencias de onda. Las ondas alfa, beta, theta, delta y gamma son de hecho ya bien conocidas por muchos terapeutas de la mente al igual que los estados de conciencia asociados a ellos. Hasta el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussets (EEUU) ha realizado investigaciones sobre la influencia de la mente en el organismo con lamas en estado de meditación y las sorpresas han sido ya muchas aunque a mi juicio destaca una: que la comunicación entre las distintas neuronas sucede a diferentes velocidades. Como el investigador Peter Fraser explica en el vídeo La matriz de la vidala Neuropsicología actual ha demostrado que algunos nervios se comunican a una velocidad de 321 kilómetros por hora mientras otros lo hacen a sólo 3’2”. Este sorprendente dato hace que el investigador se pregunte: “¿Cómo puede el cerebro coordinar el sistema nervioso y todos esos movimientos tan sutiles cuando la información viaja a velocidades diferentes?” Su duda desaparece al acudir a la vieja medicina taoísta: “Los meridianos de acupuntura se comunican con un orden y ese orden es el campo de energía”. El biofísico James L. Ostman coincide con él: “Los impulsos nerviosos y las reacciones químicas son demasiado lentos como para explicar la sutileza de muchos de nuestros movimientos; como los de una bailarina, por ejemplo”.

El afamado biólogo Bruce Lipton -autor de Biología del pensamiento– afirma por su parte que “la mente es un campo electromagnético y el pensamiento se puede leer actualmente con electrodos conectados al cerebro aunque es aún más interesante el magneto-electroencefalograma porque lee la actividad magnética del cerebro y los campos de la actividad neural sin tocar el cuerpo. Y lo que han detectado estos aparatos es que cuando estás procesando información con el cerebro emites campos magnéticos”.

Obviamente estos hallazgos en laboratorio están propiciando un cambio radical en la concepción de nuestro cuerpo y, por ende, de la salud. El antes citado Fraser no duda al afirmar que “se está produciendo actualmente una importante fractura en la Física. Los tratamientos químicos parecen ser eficaces en los problemas a corto plazo pero no en los crónicos”.

Para la escritora e investigadora Lynne McTagartel patrón antiguo se basaba en ver las reacciones químicas como una especie de colisión entre moléculas de la que se obtendría información para realizar los subsiguientes procesos químicos. Es decir, un modelo mecánico en el que ni las emociones ni la conciencia contaban porque eran sólo el resultado de la producción de enzimas y hormonas. Valga como ejemplo cómo se pretendió reducir el fenómeno del enamoramiento a una simple cuestión hormonal sin relación con los sentimientos, es decir, con el ser del individuo.

Afortunadamente hoy, frente a esta concepción reduccionista, biólogos que sí han integrado el paradigma cuántico están explicando los diferentes mecanismos celulares de una manera holística aplicando entre otras cosas el modelo electromagnético que gobierna tanto el Cosmos como la mínima expresión molecular.

El citado Bruce Lipton, en su obra Biología de la creencia, llega a la conclusión de que la membrana celular es el componente más importante de la célula porque “allí es donde se produce el intercambio de información con las otras células”. Es decir, el intercambio holístico de información es el proceso básico para que todo organismo funcione correctamente al unísono y no desordenadamente como parece ocurrir en el cáncer. “El hecho de que la membrana celular se comporte como una especie de chip implica que resultaría más apropiado- y también más instructivo- comparar las funciones de la célula con las de un ordenador personal. La primera idea fundamental que se deduce a partir de ello es que los ordenadores y las células son programables. La segunda es que el programador se encuentra fuera del ordenador y también de la célula. La actividad biológica y génica está dinámicamente relacionada con la información procedente del entorno que es lo que se descarga al interior de la célula”. En otras palabras, que es el intercambio de información el que da sentido a la célula.

El propio Lipton realiza un símil con el ordenador para explicar el funcionamiento celular que resulta muy gráfico para nuestro lenguaje actual. “Cuando me imaginé la célula como una biocomputadora supe que el núcleo no es más que un núcleo de memoria, una unidad de disco duro que contiene la programación del ADN y que codifica a su vez la producción de proteínas. Llamémoslo ‘disco de memoria de doble hélice’. En tu ordenador puedes pues insertar un disco de memoria que contenga un enorme número de programas especializados – por ejemplo un procesador de textos, de imágenes y hojas de cálculo- y una vez que descargas el programa en la memoria activa puedes retirar el disco del ordenador sin alterar el funcionamiento del programa. Bien, pues de igual forma, cuando retiras el disco de memoria de la doble hélice al eliminar el núcleo la actividad de la maquinaria proteica de la célula continúa porque la información que creó esa maquinaria ya ha sido descargada”. En otras palabras, podemos “reprogramar nuestras células”.

El científico y ex astronauta Edgar Mitchell, fundador del Instituto de Noética, redunda en tales ideas con estas palabras: “La materia es energía comprimida y la información patrones de energía. Hay un flujo constante de información en nuestro cuerpo que aún no entendemos del todo pero que bien podría haber sido descrito por los chinos en su sistema de acupuntura”.

De hecho la actual primacía del ADN sobre nuestra biología -que lleva al determinismo sobre la enfermedad- está siendo ya discutida por muchos investigadores, entre ellos por el propio Lipton quien niega que los genes controlen el organismo. La bióloga colombiana asentada en Barcelona, Ana Rogelia Monsalve, opina así por su parte. “La energía del cosmos y la nuestra son similares. Nuestro organismo captura energéticamente esa vibración que es luz. Y es el ADN el que hace posible el ensamblaje entre el yo superior y la conciencia álmica”.

En suma, hablamos de una nueva concepción que considera el ADN como un mapa de nuestro organismo pero que es dependiente del ADN energético individual, es decir, de la esencia inherente o energía individual que a través de las encarnaciones el ser ha venido experimentando. Cada acción o pensamiento del ser humano sería un interactuar energético -a través de sus pensamientos, palabras, obras y emociones- y tanto el ADN biológico como el energético serían, de acuerdo con esta teoría, unos meros identificadores a nivel cósmico siendo el ADN energético el encargado de dirigir cada filamento de nuestro ser reorganizando su estructura en función de la información. Es más, sería el contraste a lo largo de la vida de la conciencia entre el ADN biológico y el energético lo que produciría cambios en las estructuras que pueden acarrear dolor y llevar a un comportamiento impulsivo e irracional debido al desconocimiento de lo que está pasando. Y para evitarlo sería preciso utilizar la consciencia de ese flujo energético que está llegando y focalizarse en las energías ligadas a la lógica, el sentido común, la armonía, la belleza, la paz, respeto, tolerancia…

Esta nueva concepción de la célula y del ADN nos coloca en el camino de una comprensión certera del poder de la intención. El ya mencionado Edgar Mitchel afirma por ello sin ambages que “en los últimos 20 años se ha demostrado que la intención sí tiene efectos físicos”. Dietmar Cymbal, investigador alemán en Biofísica, afirma por su parte que “la ciencia moderna ha eliminado la primacía de la materia y demostrado que es la mente, la conciencia o el espíritu quien lleva la voz cantante. Y la única forma de definir el espíritu es como un campo de energía inteligente”. Para Lynne McTaggart, autora de El campo –conocido best-seller sobre medicina energética- “enviar una intención de que estoy mejor es enviar una energía en forma de pensamiento al propio cuerpo para que se autorrepare. En un hospital de Houston tuvo lugar una historia muy significativa protagonizada por un grupo de personas con artritis. Los médicos que les atendían operaron a la mitad de ellos de la rodilla y a la otra mitad no; simplemente les abrieron las rodillas y luego se las cerraron sin más. Bueno, pues la reacción de unos y otros fue la misma a los tres años: todos se habían curado independientemente de que hubieran sido operados o no”.

Las pruebas de laboratorio son hoy concluyentes: cuando tenemos pensamientos positivos descargamos en el cuerpo unas sustancias químicas positivas. Y cuando pensamos en negativo otras bien diferentes. Lo que pensamos influye pues en la nutrición de las células. Candance Pert, poseedora de varias patentes sobre péptidos modificados y profesora en la Escuela de Medicina de la Universidad Georgetown de Washington (EEUU), explica así la nueva visión sobre la célula y la comunicación de información: “Cada célula es un pequeño hogar de conciencia. La entrada de un neuropéptido en una célula equivale a una descarga de bioquímicos que pueden llegar a modificar su núcleo”. Es decir, nuestro cerebro es capaz de crear neuropéptidos que las células se acostumbran a ‘recibir’ dando lugar a cada una de las emociones que expresamos: ira, angustia, alegría, envidia, generosidad, pesimismo, optimismo… Y al acostumbrarse a ellas se crean hábitos de pensamiento. Por tanto a través de sus millones de terminaciones sinápticas nuestro cerebro está continuamente recreándose. Todo pensamiento o emoción crea de hecho una nueva conexión que se refuerza cuando pensamos o sentimos luego eso en ocasiones posteriores. Es así como una persona asocia una determinada situación con una emoción. Y es lo que hace que una mala experiencia en un ascensor -como quedarse encerrado en él- pueda hacer que el objeto ‘ascensor’ se asocie al temor a quedarse encerrado. De ahí que si no se interrumpe esa asociación nuestro cerebro pueda relacionar ese pensamiento-objeto con esa emoción y refuerce la interconexión dando lugar a lo que en el ámbito de la psicología se conoce como fobia o miedo.Solo que Bruce Lipton llega todavía más lejos y afirma: “Todas las proteínas de nuestro cuerpo son un complemento físico o electromagnético de algo ya presente en nuestro entorno. Cada una de las proteínas funcionales de nuestro cuerpo es una imagen complementaria de las moléculas ‘señal’ del entorno”.

Toda esta interrelación entre pensamiento y biología nos lleva de cabeza al inexplicado efecto placebo. Según Bruce Lipton, biólogo y profesor en la Escuela de Medicina de la Universidad de Wisconsin, al menos un tercio de las curaciones no tienen de hecho nada que ver con la medicina empleada sino con el efecto placebo. Claro que para el biólogo Rupert Sheldrake “el efecto placebo es otra manera de hablar de la capacidad de autosanación del cuerpo humano”. Y el biofísico alemán Diezmar Cymbal opina por su parte que “el efecto placebo está creado por los campos de energía que rodean al cuerpo. El ejemplo es cómo al apretar un botón de nuestro mando de la televisión vemos un determinado canal porque entramos en esa frecuencia; bueno, pues en nosotros ocurre igual. Cuando enfocamos la mente en algo nuestra energía sigue a ese foco en forma de frecuencia; en este caso, la curación”.

La bióloga colombiana ya citada Ana Rogelia Monsalve comparte muchas apreciaciones de Bruce Lipton sobre la célula solo que da especial relevancia a la mitocondria:“Es la responsable de que tengamos fuerza muscular y energía. Y también de que podamos tener una relación sexual satisfactoria”. La importancia de la mitocondria es tal que hay personas que la han denominado “el sol central de nuestra célula”, la que recibe la información de luz. Según Monsalve “la glándula epífisis o pineal recoge la energía y la reconecta con nuestro cuerpo calloso donde están todas nuestras memorias. La médula espinal es la encargada de reconectar la información celular que llega a través del líquido cefalorraquídeo a los sistemas linfático y circulatorio con la periferia a través del sistema nervioso reinformando todo el sistema celular. Cada sentimiento, pensamiento o emoción se conecta a través de determinada frecuencia”. Cabe agregar que se ha comprobado ya en laboratorio que una fuerte emoción puede dar lugar a ¡1.400 reacciones bioquímicas! en el cuerpo. Y que todas las emociones influyen en nuestra fisiología.

LA IMPORTANCIA DEL TERCER OJO

Son muchos asimismo los investigadores punteros que destacan hoy la importancia y el poder de la glándula pineal o epífisis (el tercer ojo de los hindúes). Randalpor ejemplo ha encontrado correlaciones entre ella, las estaciones y los ciclos de los astros, Takata con las explosiones y vientos solares, y Terry y Cutler con las supernovas. Pero especial mención merece la conexión del sistema límbico y la epífisis con la luna. Una conexión que se establecería mediante la luz, las ondas y el agua.

La verdad es que la Biología conoce aún poco de la glándula pineal. Relacionada con el desarrollo sexual en la pubertad, oficialmente se afirma que se empieza a atrofiar a partir de los 7 años dejando de funcionar hacia los 14. Es decir, cuando tanto el hombre como la mujer se han convertido en individuos fértiles aunque se desconoce por qué. Los investigadores R. Kwak, F. Takeuchi, S. Ito y S. Kadoya demostrarían de hecho en1998 que la glándula pineal deja de funcionar porque con la edad se calcifica. Sin embargo, otros, como el norteamericano David Wilcock, piensan que la razón es la toxicidad de los alimentos y bebidas de hoy día que alientan esa obstrucción.

Curiosamente la glándula pineal o epífisis se activa en la oscuridad lo que explica por qué todas las tradiciones espirituales han recomendado la meditación por la noche y los mejores sueños se tienen igualmente a esas horas. Y es que la activación de la glándula pineal crea un escudo ante las ondas electromagnéticas exteriores y eso es lo que nos permite dormir. Por tanto es en esta glándula donde se esconde el secreto del sueño.

La glándula pineal produce dimetiltriptamina, un neurotransmisor sintetizado a partir de la serotonina que es responsable de la producción de los efectos visuales del sueño; asimismo se sabe que aumenta la producción antes de la muerte. Bueno, pues las llamadas drogas psicodélicas contienen una sustancia llamada DMT muy parecida a ese neurotransmisor y de ahí que activen procesos similares. La diferencia es que éstas provocan la activación artificialmente dejando la glándula abierta a la generación de las mismas visiones o sueños descritos por los chamanes de todas las civilizaciones. Sólo que mientras el chamán puede salir sin problema de esa experiencia, el drogadicto se queda enganchado a ella. Y eso pasa -en palabras sencillas de entender- porque su glándula pineal queda “demasiado tiempo abierta”. En suma, la razón de que las personas que sufren esas alucinaciones tengan a menudo insomnio está en que su glándula pineal sigue activada de día y continúa sintetizando melatonina cuando están despiertas. También explicaría por qué se producen alucinaciones -siendo incapaz de diferenciarlas de la realidad- de forma descontrolada.

Bueno, pues son ya varios los científicos -como Brownstein y Heller (1968), Summers y Shur (1992) o Clarke (1999)- que han demostrado igualmente la correlación entre el funcionamiento de la glándula pineal y el electromagnetismo a través de la secreción de melatonina (usando esta última sustancia para resolver problemas psicológicos). Cabe añadir que como la melatonina es un poderoso antioxidante que protege a las células de los radicales libres para algunos investigadores una glándula pineal activa es una poderosa ayuda en casos de cáncer.

¿QUIÉN DIRIGE NUESTRO ORGANISMO?

En definitiva, hemos llegado a un punto en el que hace falta encontrar otra explicación para el funcionamiento coordinado de nuestro organismo que incluya la energía. Máxime cuando se ha comprobado que el intercambio de ésta tiene lugar entre las partículas subatómicas constantemente y en menos tiempo que el que dura un parpadeo por medio de la creación de la ‘partícula virtual’. Hablamos de una “chispita” de sólo medio vatio pero si pensamos en todas las partículas subatómicas del universo nos daremos cuenta de que se trata de mucha energía. Y todo ello sucede en el -aparentemente- espacio vacío, en el campo dónde se halla la “energía del punto cero”. Es decir, donde no existe polaridad; ni positiva ni negativa. Campo de energía del espacio vacío en el que los astrónomos disidentes entienden que se halla el plasma, principio rector del Cosmos, desarrollando una teoría que se ha concretado en el paradigma del Universo Eléctrico.

La verdad es que el campo de energía aparece como solución a muy distintos enigmas en diferentes ramas del saber. De hecho ya Albert Einstein afirmó hace décadas que “el campo es quien gobierna a la partícula”. Y eso explica que haya fuerzas invisibles a nuestro alrededor que afectan a nuestra conducta. El biofísico alemán Diezmar Cymbal antes mencionado ha puesto al día ese concepto para afirmar algo tan revolucionario como que “la coordinación de todas las células se realiza con la ayuda de los campos de información, campos de ondas escalares”. Una teoría que apoya en que “las relaciones entre los 70.000 millones de células sólo pueden ser procesadas a través de campos estructurados”.

Según Lipton “en situaciones de estrés se ha comprobado que el cerebro emite pulsos más rápidos que la transmisión física de los nervios lo cual sería un efecto del campo”. Es decir, que el campo energético captaría del entorno una situación que requiere una sobrecarga de energía.

Los científicos saben que numerosas capacidades de nuestro cuerpo no tienen explicación si no es a través de los campos de energía. La propuesta que se abre actualmente es que estos campos proporcionan la información necesaria para controlar el cuerpo (datos como la temperatura o la presión de la sangre).

Tales campos –que Rupert Sheldrake denomina campos mórficos omorfogenéticos- son sistemas de control que a nivel molecular y bioquímico organizan el cuerpo manteniendo su forma y ayudándole a recuperarse de una enfermedad o del deterioro físico. Ello explicaría por qué si nuestras moléculas cambian en cuatro años por completo nuestro cuerpo -es decir, nuestra figura- sigue pareciéndose al de cuatro años antes. La respuesta estaría en que los campos morfogenéticos conservan la información de su estructura.

Seha comprobado -explica Peter Fraser- que en nuestro cuerpo hay una parte del campo energético relacionada con los músculos, otra con el sistema nervioso y otra con el campo mórfico que conecta a su vez con el ADN y la información genética del cuerpo”. Dietmar Cymbal por su parte lo explica así: “El cuerpo humano es información estructurada. Es un campo de energía de ondas verticales y ondas de equilibrio estacionarias u horizontales, estructuradas y organizadas que contienen mucha información”.

De hecho la sanación para Richard Pearl -creador de la disciplina terapéutica conocida como Reconexión- se produce a través de esos campos mediante el intercambio de energía equilibradora de los órganos o tejidos desequilibrados electromagnéticamente. E igualmente explica por qué funciona el Reiki.

Rupert Sheldrake apoya la idea al decir que “todo organismo tiene un campo mórfico general pero cada órgano, tejido, célula y molécula tiene el suyo propio”. Y añade: “Su ventaja es que son holísticos”.

En cuanto a su interconexión ésta se realizaría a través de biofotones y podrían estar relacionados con las partículas virtuales mencionadas anteriormente que sirven para intercambiar energía a nivel subatómico. Recordemos que fue el biofísico Fritz Popp quien comprobaría en laboratorio que todos los seres vivos emiten pequeñas corrientes de luz o biofotones que crean una red dinámica de luz coherente dentro del cuerpo siendo ello lo que provoca que las células emitan luz.

En suma, todo lo dicho apunta en una misma dirección. Y Lynne MacTaggart lo tiene claro:“El futuro de la medicina es la Medicina de la Información. Nosotros somos un sistema de información. Sólo que no toda está en el cuerpo físico; también se encuentra en el energético”. Como dice el quiropráctico Folker Meisner “el cuerpo siempre está buscando intercambio de información coherente entre las células. Se trata de un gran sistema de información. Hasta el punto de que la enfermedad se podría considerar una falta de información”.

EL CORAZÓN MANDA

Ahora bien, si todo es como acabamos de decir, ¿quién gobierna el complejo entramado electromagnético que es nuestro cuerpo, incluido el energético? La medicina convencional asegura aún que es el cerebro quien lo gobierna en exclusiva pero cada vez más científicos lo dudan. Entre ellos Rupert Sheldrake: “Cada órgano, al igual que cada célula, tiene su propio campo de energía. Y a todos ellos les dota de coherencia el corazón, cuyo ritmo es el que hace que el organismo entero funcione al unísono”.

Los últimos experimentos en laboratorio con electrodos comparando la velocidad de reacción a un estímulo entre el cerebro y el corazón están demostrando que es éste último el que reacciona primero, emitiendo diferentes señales emocionales en función del objeto. Acto seguido el cerebro recibe la señal y después llega al cuerpo que es el momento en el que uno se hace consciente de lo que acaba de ver u ocurrir. La conclusión, según Rollin McCraty –director del área de investigación del Instituto Heartmath– es que “el corazón primero y el cerebro después tienen acceso a un campo de información no limitado por el tiempo y el espacio dando la razón a la Física Cuántica”.

Es más, las pruebas en laboratorio han demostrado igualmente que el corazón emite sonido y ondas de presión, calor y luz en forma de señales eléctricas, magnéticas y electromagnéticas. Y que todas las células del cuerpo reciben esas señales aunque en diferentes momentos porque viajan a velocidades distintas por el sistema circulatorio. “Está claro –dice McCraty- que el corazón tiene neuronas diferentes a las del cerebro y ayudan a descifrar memoria a largo plazo; es un cerebro funcional”. A lo que Fraser agrega: “Hay mucho tejido neuronal en el corazón y creemos que está ahí para imprimir un holograma, el campo holográfico del cuerpo”. Un campo holográfico que estaría continuamente obteniendo información a partir de las ondas de presión del corazón: el latido. Siendo al parecer las proteínas extracelulares las encargadas de recibir la información del entorno. Información que según Fraser es del tipo “cómo ha sido el día de hoy, cómo me siento, etc.”

Debemos añadir que el corazón genera la señal electromagnética más potente de todo el cuerpo con una “onda portadora” que es a su vez modulada por la información. Y el pulso es la onda de presión creada por el corazón latiendo; no es el fluido de la sangre sino la onda de presión. Así que al latir el corazón esa onda va al cerebro y luego al resto del cuerpo. De hecho una vez recibida ésta el cerebro sincroniza a todas las neuronas; y tal es su importancia que tendría problemas si no tuviera esa onda que las sincronizara a todas.

Añadiremos que el corazón tiene patrones rítmicos en su pulso pudiendo éste ser coherente o incoherente. Y que esos patrones están relacionados con cómo nos sentimos, con nuestras emociones. Según Deborah Rotman, investigadora de un instituto cuántico, “cuando el patrón rítmico del corazón es suave y en orden se llama ritmo de coherencia. Y ese ritmo coherente entrena y sincroniza los ritmos del cerebro, el sistema nervioso, las glándulas y los órganos. Todos bailan en armonía a ese ritmo del corazón coherente”. Cabe añadir que el corazón puede recordar y aprender… de forma independiente del cerebro. Y que la “coherencia” es el estado final de sincronización que ayuda a actuar y aprender a la vez que facilita los procesos de curación del cuerpo.

Rollin McCraty lo explica: “Las emociones positivas forman un patrón diferente que las emociones negativas que crean ritmos incoherentes y patrones desordenados. En investigación lo llamamos la coherencia del corazón: es el patrón rítmico del pulso cardiaco para que el resto del cerebro y del organismo se sincronice con ese patrón”.

En suma, la medicina de la vibración, la luz y el sonido se basa en los conocimientos científicos de vanguardia y deja en segundo plano la importancia de las reacciones bioquímicas. No en vano la luz, la materia y el sonido se manifiestan en muy diversas velocidades de vibración siendo el resultado de la octava a la que resuenancomo ha constatado, entre otros investigadores, la española Marysol González Sterling. Es más, al vibrar las imágenes y el sonido en la conciencia del receptor se activan las propiedades descritas en él. Se ha comprobado que algunas frecuencias tienen la capacidad de mejorar la percepción espiritual de la conciencia ya que inducen a que la mente y el cuerpo empiecen a resonar con ellas. Realizando cada frecuencia una función específica según las leyes electromagnéticas del universo entendidas como luz. Es decir, de acuerdo a cómo manifestamos nuestra realidad a través de la lente con la que miramos -nuestros sentimientos- atraemos hacia nosotros aquello que nuestra conciencia necesita aprender. Es decir, información sanadora.Y de hecho por eso cada vez es más habitual el uso de frecuencias para sanar.

Rafael Palacios

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Enero 2010
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