Fantasmas de color verde

Son lo último en relaciones públicas tramposas al servicio de intereses poco amigos de la salud y el medio ambiente: asociaciones supuestamente ecologistas que se benefician de la credibilidad y buena imagen pública de que gozan Greenpeace, Amigos de la Tierra y otras pero que en realidad sólo sirven a los intereses de una o varias industrias que financian sus actividades. Como los “falsos bio” que inundaron los supermercados hace unos años para perjudicar a los verdaderos alimentos ecológicos estos “falsos verdes” se apoderan del discurso ecologista para llegar a conclusiones favorables a la industria nuclear, las químicas o el sector transgénico. Hablamos de organizaciones como el Forum Medioambiental para la Ciencia del Bromino o la asociación radicada en Bruselas Greenfacts.

El lavado verde o greenwashing -esa estrategia de marketing con la que lo más sucio se adorna de palabras como “sostenible”, “reciclaje”, “conservación”, “generaciones futuras” y otros clichés del lenguaje ecologista- se ha impuesto en la comunicación de las empresas y no sólo en su publicidad. Lo último en greewashing para confundir a la opinión pública o minar los cada vez más tímidos intentos de regular el impacto ambiental o el peligro sanitario de actividades insostenibles son las asociaciones supuestamente ecologistas que se benefician de la credibilidad y buena imagen pública de que gozan Greenpeace, Amigos de la Tierra y compañía cuando en realidad sólo sirven a los intereses de las industrias que financian sus actividades. Estos “falsos verdes” se apoderan en suma del discurso ecologista para llegar a conclusiones favorables para la industria nuclear, las químicas o el sector transgénico y sirven tanto para convencer a periodistas inexpertos con argumentos poco creíbles de otro modo así como para trabajar auna opinión pública confundida por el exceso de información contradictoria e, incluso, para informar a políticos poco avezados.

FALSAS ORGANIZACIONES ECOLOGISTAS

Una de las entidades a las que nos referimos es el Forum Medioambiental para la Ciencia del Bromino (BSEF por sus siglas en inglés), organización creada en torno a ese compuesto usado masivamente como retardante de llama en equipamientos anti-incendio y que, entre otros muchos peligros, es tóxico para el cerebro. Pues bien, el Observatorio de la Europa Corporativa (CEO) -al igual que otras asociaciones afines de Estados Unidos- hizo un seguimiento de esa organización ya que sus informes y sus expertos negaban cualquier tipo de toxicidad en los compuestos brominados pese a que hay numerosos estudios científicos independientes que así lo advierten y demostraron que era una organización fantasma creada por Burson-Masteller, la mayor consultora mundial de asuntos públicos, en nombre de los cuatro mayores productores de bromino para presionar con argumentos presuntamente científicos a los políticos de Bruselas que amenazaban con prohibir en Europa -como en otros lugares del mundo- los brominados. “En mayo de 2003 –explica un informe del Observatorio CEO titulado Bruselas, el barrio de la Unión Europeavarios periódicos y televisiones recibieron una carta en la que el bufete legal Harbottle & Lewis, en nombre del BSEF,les exigía que no reprodujesen las advertencias contra los retardantes brominados lanzadas por el Fondo Mundial sobre la Naturalezay otros grupos ambientalistas. La carta terminaba con un contundente aviso: ‘Tenemos que decir, para que quede constancia, que nuestros clientes harán un seguimiento de la cobertura de la prensa y demás medios sobre el tema de los retardantes bromados y no dudarán en iniciar las acciones precisas si se difundiesen afirmaciones incorrectas o imprecisas en relación a los BFR que perjudicasen los intereses de nuestros clientes’.

Comunicado que dejó claro que la supuesta organización científico-ecologista no es tal en absoluto. Claro que la placa colgada en el número 118 de la Avenida de Cortenbergh de Bruselas no oculta que su sede y la de Burson-Masteller es ¡la misma!

Un caso parecido es el de la Sociedad Europeapara la Energía y el Medio Ambiente (SEEM) que defiende principalmente el uso de los gases fluorinados -más conocidos como gases f– que destruyen la capa de ozono y contribuyen enormemente al efecto invernadero y al cambio climático. Según el ya citado observatorio esa entidad fue creada por otra firma internacional de relaciones públicas,en este casoHill & Knowlton,con el dinero de DuPont, Honeywell y otros fabricantes. Un lobby que hizo una exitosa campaña contra la prohibición de estos potentes gases de efecto invernadero que ya estaban prohibidos en Austria y Dinamarca por lo que incluso presionó a la Unión Europea para que impidiese a los gobiernos prohibir “por su cuenta” productos permitidos por la comunidad. De momento no han conseguido esto último pero la batalla no ha terminado (en octubre de 2005 el Parlamento Europeo votó en contra de nuevas regulaciones sobre los gases f).

En suma, estas dos organizaciones fueron creadas con un fin concreto: evitar que se pudiesen prohibir unos productos químicos específicos. Una práctica, en cualquier caso, cada vez más habitual. Así, para verdear la posición empresarial en los más controvertidos asuntos ecológicos -la contaminación electromagnética, la catástrofe de Chernóbil, el cambio climático o los alimentos transgénicos por ejemplo- fue creada en 2001 Greenfacts.

GreenFacts –explica su portal de Internet, www.greenfacts.orges una organización independiente, sin ánimo de lucro y con sede en Bruselas. Su fin es publicar en Internet resúmenes fieles de documentos científicos de referencia sobre cuestiones de medio ambiente y salud”. Nada más aparentemente “desinteresado”, ¿verdad? Pues la misma página explica que la organización nació “a iniciativa de miembros de instituciones del ámbito de la ciencia y de organizaciones del ámbito del medio ambiente y la salud así como también de empresas que subrayaron la necesidad de un mayor acceso a información objetiva sobre cuestiones de medio ambiente y salud”. Por información “no objetiva”, obviamente, hay que entender la de ecologistas y científicos independientes. Y aunque la participación de empresas en esta iniciativa pudiera parecerle a alguien testimonial la realidad es que esa asociación fue fundada con una aportación económica de la multinacional química belga Solvay y entre sus contribuyentes actuales están la patronal química europea CEFIC, la patronal de fabricantes de pesticidas (la Asociación Europeapara la Protección de las Cosechas), la química norteamericana Procter & Gamble, la petrolera belga Total y la farmacéutica GlaxoSmithKline.

No puede sorprender por eso que cuando en esa web se habla de ftalatos -un componente tóxico del plástico PVC– se diga que el DBP  -un tipo de ftalato-  puede ser “causa de daño para el niño no nacido” en lugar de advertir claramente que es tóxico para el feto. Además, para ampliar información, Greenfacts ofrece sólo vínculos a entidades “afines”; como el Centro para la Evaluación de Riesgos sobre Reproducción Humana de Estados Unidos, muy “benévolo” con este plástico. Pero obvia dirigir al interesado a la web que explica que los ftalatos están prohibidos en todos los juguetes que se venden en la Unión Europea.

“Según mis noticias–explica Axel Singhofen, experto en tóxicos y asesor del Grupo Verde en el Parlamento Europeo- todas las ONG medioambientales con sede en Bruselas han tenido malas experiencias y han rechazado cooperar con ellos o recibir su cooperación. Y varios científicos respetables también han rechazado su cooperación por dudar sobre la neutralidad científica de Greenfacts.

Cabe agregar que -por razones evidentes- numerosas webs de sectores industriales tienen enlaces con la web de Greenfacts. Es el caso de la página del Foro Ibérico del PVC, un lobby español empeñado en convencernos de las bondades sanitarias y ambientales de este controvertido plástico clorado. “En este site –se lee en la web del Foro del PVCencontraréis una ONG dedicada a facilitar información científica de hecho y contrastada y temas relacionados con la salud a todos los líderes de opinión y público en general”. Pero Axel Singhofen, buen conocedor de las prácticas de esta organización, es categórico: “Es una falsa organización verde, una pura organización de lavado de imagen. Y  es cada vez peor porque están cada vez más metidos en el sistema. Por ejemplo, han conseguido 25.000 euros de la Dirección Generalde Consumo de la Comisión Europa por traducir a un lenguaje sencillo un informe científico de 50 páginas sobre productos de consumo y están previstos otros dos trabajos similares al mismo precio”.

LAVADO VERDE CONTRA EL CLIMA

Desde que en 1992 se acordó el Convenio sobre Cambio Climático en Río de Janeiro (Brasil) los representantes gubernamentales partidarios de reducir la emisión de gases invernadero han tenido que batallar contra infinidad de estos grupos. El más importante, sin duda, es la Coalición Globalpara el Clima (CGC), un conglomerado de multinacionales norteamericanas relacionadas con el automóvil (desde petroquímicas como Shell o Texaco hasta gigantes del automóvil como General Motors o Ford) que ha patrocinado infinidad de estudios cuyas conclusiones eran contrarias a las del prestigioso Intergovernmental Panel of Climate Change o IPCC -dependiente de laONU-, grupo intergubernamental de expertos en cambio climático en cuyos informes se basa el Convenio de Cambio Climático.

Bueno, pues según el Premio Nobel Al Gore se han publicado 928 artículos científicos que confirman que la causa del calentamiento global son las emisiones humanas de dióxido de carbono y ni uno sólo que demuestre lo contrario. Sin embargo, el 53% de los artículos de divulgación publicados sobre el cambio climático ponen en duda que el CO2 sea la causa del problema. Lo que para Gore demuestra el grado de manipulación que sobre la opinión pública -especialmente la estadounidense- ejercen los sectores económicos opuestos al Tratado de Kyoto y a la reducción de emisiones contaminantes.

Sin embargo el punto fuerte de laCoalición Global para el Clima (CGC) se encuentra más bien en los “perjuicios económicos” que a su juicio tendría una acción enérgica a favor del clima ya que ese argumento asusta hoy a los gobiernos de los “países ricos” mucho más que la subida del nivel del mar o el aumento de las sequías. En la página de Internet que ofrece esta coalición se puede encontrar la siguiente declaración: “Entre 1971 y 1990 ha habido un aumento del 1% en las emisiones de carbono de los países del G-7[los más ricos del mundo] con un aumento del 0,4% en el Producto Interior Bruto (PIB) de los demás países. Basándonos en esta relación histórica una disminución del 1% en las emisiones del G-7se correspondería con una disminución del PIB de los demás países de un 0,4%”.  Argumento con el que han conseguido que los gobiernos de los países ricos crean que asumir una política de emisiones demasiado “ecologista” pudiese ser económicamente muy negativa. Y es que el estudio encargado por la Coalición Global para el Clima (CGC) y realizado por las consultoras económicas WEFA Group y H. Zinder afirma que si se pusiera en práctica un objetivo de reducción del CO2 del 20% se producirían pérdidas económicas de entre un 3 y un 3,5% del PIB sólo en Estados Unidos. Línea economicista en la que ha insistido otro lobby muy activo contra las medidas anti-efecto invernadero como es la Asociación Nacionalde Fabricantes de Estados Unidos.
En fin, sirvan estas líneas y la información recogida en los recuadros adjuntos para advertir una vez más al lector de que existen  poderosas estrategias de manipulación y ocultación de la verdad.

Rafael Carrasco

Recuadro:


Algunas preguntas y respuestas de Greenfacts

“¿Los campos de muy baja frecuencia causan cáncer?”, se autointerroga el portal de la asociación supuestamente verde Greenfacts en referencia a la inquietud general por los efectos de las radiaciones electromagnéticas. “La conclusión generalde la mayoría de estudios disponibles–tranquiliza la entidad en una salida que ninguna asociación verdaderamente ecologista elegiría- es que los campos de muy baja frecuencia (ELF) no causan cáncer en animales de laboratorio”. “Por lo demás –matiza el portal-, hay estudios que muestran un incremento de leucemia infantil cuando los niños son expuestos a relativamente altos niveles de campos magnéticos en el hogar aunque la evidencia es considerada limitada por diversos sesgos”. Y añade: “Hasta la fecha no existe una confirmación consistente de que los campos ELF puedan causar cáncer en adultos”.

Y tales afirmaciones las hacen a pesar de que los campos electromagnéticos están considerados por la propia Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer como “posiblemente carcinogénicos en humanos basándose en datos limitados sobre leucemia infantil”. Bueno, pues según Greenfacts preocuparse de los efectos de tales radiaciones no se justifica.


Reclamos verdes contra los ecologistas

Reciclaje, conservación de materias primas, solidaridad intergeneracional, tecnología limpia… Son todos ellos conceptos acuñados por los ecologistas que se están introduciendo en el lenguaje empresarial. Es lo que unos denominan marketing ecológico y para otros no deja de ser una publicidad engañosa. Los ecologistas no creen que estos mecanismos signifiquen un compromiso sincero y ponen siempre por testigo de su desconfianza los escasos resultados prácticos que producen. Greenpeace, que llama al fenómeno “estrategia del lavado de imagen”, opina tajantemente que lo que se busca no es más que utilizar reclamos verdes hacia unos consumidores crecientemente preocupados por la degradación ambiental pero sin cambiar casi nunca sus sistemas de producción agresivos ni la calidad ambiental de los productos. “Se trata –afirma Juan López de Uralde, director de Greenpeace en España- de un conjunto de medidas de marketing destinadas a desacreditar a las organizaciones ecologistas sustituyendo su mensaje por el de las propias empresas que pretenden hacer creer a los ciudadanos que también se preocupan por el medio ambiente”.


La televisión también rechaza el greenwashing

La cadena de televisión musical MTV ha lanzado una campaña contra el greenwashing. A través de cuatro spots y cinco cortometrajes -para los que se ha creado una banda sonora “verde”- se critica a las organizaciones que son “falsos verdes” y usan el marketing ecológico para posicionarse como promotores del desarrollo sostenible. Esta iniciativa se enmarca dentro de la campaña internacional de MTV para la lucha contra el cambio climático Switch. Así además de emitir los cortometrajes por su canal de televisión -de difusión mundial- se ha creado una web para promocionar la concienciación ambiental entre los adolescentes y jóvenes. Con ello MTV trata de llegar a este colectivo -que supone la mayor parte de su audiencia- “hablando a la gente joven en su propia lengua”.

 

Este reportaje aparece en
118
Julio - Agosto 2009
Ver número