Mora Color: un paso adelante en la Biorresonancia

El MORA Color -aparato que permite tratar terapéuticamente mediante biorresonancia- incorpora la posibilidad de aprovechar las propiedades de la Cromoterapìa. No proyectando luz de color sobre la piel sino emitiendo sus frecuencias de forma amplificada -hasta un millón de veces- lo que permite que penetren profundamente en los tejidos consiguiendo un efecto regenerativo y curativo. Es más, las frecuencias de los colores pueden combinarse con las generadas por música. Es una terapia idónea para aplicar especialmente en los puntos de acupuntura, en las zonas doloridas y en las zonas reflejas. Sin olvidar que permite emitir directamente al organismo las frecuencias electromagnéticas de remedios homeopáticos, fitoterapéuticos, ortomoleculares y farmacológicos lo que evita en muchos casos tener que ingerirlos.

Aunque a muchos les cueste aún entenderlo la materia –sólida, líquida o gaseosa- no es sino energía en distintos grados de manifestación. Basta observarla a nivel microscópico para comprobar que todo vibra, que todo está en movimiento, que no hay nada estático. De la misma forma cuesta entender que en realidad todo está interrelacionado con todo porque vivimos en un universo holográfico como bien explica la Mecánica Cuántica. En todo caso lo que ahora nos interesa dejar claro es que todos los seres vivos somos seres electromagnéticos a los que afectan tanto las radiaciones cósmicas como las telúricas así como las radiaciones electromagnéticas, sean éstas naturales o artificiales. Y que entre esas radiaciones se halla la luz, es decir, la parte visible del espectro electromagnético que integra los llamados “colores” aunque en puridad el color es una percepción visual que se genera en el cerebro –tanto de los humanos como de muchos animales- cuando a éste le llegan las señales nerviosas que le envían los fotorreceptores de la retina del ojo al captar las distintas longitudes de onda del espectro electromagnético. Y es que cada color lo determina la longitud de onda y su frecuencia. Eso sí, el ojo humano sólo puede captar longitudes de onda que estén entre los 380 y 440 nanómetros con frecuencias de entre 790 y 770 THz –color violeta- y los 625 a 740 nanómetros y frecuencias de entre 480 y 405 THz (color rojo). Siendo incapaz de percibir visualmente lo que está por encima (ultravioleta) o por debajo (infrarrojo). Lo que no quiere decir que no existan otros colores sino que nuestros ojos no los captan.

Pues bien, éste y otros conocimientos recientes dejaron obsoleta laconcepción mecanicista de Isaac Newton que desgraciadamente sigue sin embargo presidiendo los protocolos médicos, básicamente basados a nivel terapéutico en las reacciones bioquímicas. Porque la Medicina convencional es ante todo una medicina farmacológica que ignora los más modernos avances y conocimientos de la Física Cuántica y otras disciplinas de vanguardia. Sabe de su existencia… pero las ignora porque vive de recetar fármacos.

Obvia por ejemplo que el cuerpo humano es un auténtico sistema bioenergético que interactúa con su entorno, que cada célula, tejido y órgano tiene su propia y característica vibración natural y que cuando se interfiere en ellas aparecen las llamadas enfermedades, el deterioro orgánico. En cambio eso sí lo tiene claro la Cromoterapia, disciplina terapéutica que se basa sencillamente en aplicar fuentes de luz de forma selectiva usando bien los tres colores primarios (rojo, amarillo y azul), bien combinaciones de los mismos para formar otros. Colores que generan determinados impulsos eléctricos y corrientes magnéticas que activan procesos bioquímicos y hormonales en el organismo que pueden ayudar a equilibrar células, órganos y sistemas restaurando el equilibrio perdido y, por ende, mejorando la salud.

En el trabajo A Critical Analysis of Chromotherapy and Its Scientific Evolution (Análisis crítico de la Cromoterapia y su evolución científica) -publicado en EvidenceBasedComplementary and Alternative Medicine- los investigadores Samina T. Yousuf Azeemi y S. Mohsin Raza afirman en sus conclusiones: “Muchos aspectos de la exploración científica de la humanidad son ignorados, abandonados o desechados. Y la medicina del color es uno de esos ámbitos descuidados a pesar de que la característica común de todos los sistemas de recuperación y tratamiento curativo –el Ayurveda, la Medicina alopática, la Acupuntura, la Medicina Unani, la Homeopatía, la Bioquímica, la Magnetoterapia, la Fisioterapia, la Radioterapia, la Aromaterapia, la Reflexología o la Cromoterapia- es la aplicación de vibraciones -de uno u otro tipo- que permiten al cuerpo situarse de nuevo en la senda de la salud. La mayoría de los sistemas inducen vibraciones indirectamente pero hay algunos en los que las vibraciones se utilizan directamente sobre el cuerpo siendo la Cromoterapia uno de ellos (…) La Cromoterapia, como sistema de tratamiento, puede beneficiar a las personas debido a su armonía con la naturaleza. A fin de cuentas todo lo que existe en este mundo es una combinación de diferentes colores. Luego si usando barro se puede reparar una olla de barro, con una pieza de tela reparar una muñeca de tela y con plástico reparar artículos de plástico, ¿por qué la luz y los colores no se utilizan para el cuidado de la salud humana?”

TERAPIA MILENARIA

Aunque su simplicidad parezca invitar a ello sólo por la antigüedad milenaria de la Cromoterapia y haber sobrevivido al paso del tiempo debiera ser respetada por quienes hoy detentan el monopolio de los tratamientos médicos sobre todo porque con el paso del tiempo los descubrimientos científicos no han hecho sino confirmar lo que ya había sido experimentado en la práctica clínica por quienes la han utilizado. Además hoy son muchos los ejemplos del uso de la luz en el campo de la salud. Ahí están los estudios sobre su impacto en la producción de sustancias básicas para la vida humana como la melatonina -que se produce durante la noche y es fundamental en numerosos procesos orgánicos- o la serotonina -uno de los neurotransmisores más importantes-. Asimismo podríamos señalar como ejemplos de uso de la luz la Terapia Fotodinámica contra el cáncer , el uso de la Terapia de Luz Brillante en centros privados -como hace la famosa Clínica Mayo estadounidense que la usa para aliviar el Trastorno Afectivo Estacional “al afectar la luz procesos químicos cerebrales relacionados con el estado de ánimo” y que según asevera puede ayudar en otros tipos de depresión, trastornos del sueño y otras patologías emocionales-, los estudios de la NASA y de la Marina de Estados Unidos para curar lesiones en menos tiempo utilizando el infrarrojo cercano -los biólogos han comprobado que las células expuestas al infrarrojo cercano crecen entre un 150 y un 200% más rápido-o el experimento efectuado en la penitenciaría de alta seguridad de Pf´ffikon -cerca de la ciudad suiza de Zurich- en la que a los presos más peligrosos se les alojó en celdas pintadas de rosa porque está constatado que ese color les relaja y hace que se muestren menos agresivos reduciéndose los incidentes con los guardias y otros presos. En esta misma línea el Dr. Franz Morell -en su libro The MORA concept. Patient´s Own and Coloured Light Oscillations. Theory and Practice- recoge un caso realmente sorprendente: “Probablemente se conoce menos que la piel también es capaz de diferenciar los colores. Estoy citando un artículo que fue publicado unos pocos años atrás por la Academia F.V. Arl. El reportaje era sobre niños discapacitados que vivían en un centro. Eran extremadamente agresivos y difíciles de educar. Los niños vivían en habitaciones que estaban pintadas en un naranja deslumbrante. Se dio cuenta de esto un médico que estaba familiarizado con el efecto de los colores y logró que las habitaciones se pintasen en azul suave. Bueno, pues fue casi como un milagro. A las dos semanas los niños se habían calmado y perdido su agresividad, se portaban mejor y mejoraron su aprendizaje. La observación más sorprendente sin embargo fue la siguiente: entre los niños había tres ciegos ¡y fueron los que primero reaccionaron al cambio de color! Luego tiene que haber otros órganos de percepción además de los ojos”.

Cabe agregar que N. Schwalb constataría por su lado en la Universidad de Kiel (Alemania) que la luz láser puede ser utilizada para reconocer directamente enfermedades genéticas y, quizás, hasta repararlas.

Se arguye que muchos de tales ejemplos son “anecdóticos” porque no están respaldados “científicamente” solo que tal majadería la alegan quienes creen que la validez de una terapia o producto debe avalarla ¡la Estadística! La sacrosanta Estadística a la que se agarran como lapas las compañías farmacéuticas a pesar de que como cualquier persona mediadamente informada sabe es una disciplina que permite demostrar lo que a uno le dé la gana porque se puede manipular de mil maneras. ¡Y en ella dicen que debe apoyarse la “verdad científica”! Grotesco. La Cromoterapìa en cambio –como muchas otras disciplinas no alopáticas- se apoya en los resultados clínicos, en las recuperaciones obtenidas por multitud de enfermos en muchas patologías, especialmente en problemas dermatológicos como eccemasy psoriasis.

Y en experimentos significativos. En enero de 2009la revista ScienceDaily se hizo eco de un trabajo-por poner un ejemplo reciente- que demostró que es posible destruir in vitro cepas comunes de Staphylococcus aureus resistente a la meticilina -conocidas comúnmente como MRSA– ¡irradiándolas simplemente con luz azul! Lo que parece indicar que los microbios patógenos podrían eliminarse ¡con radiaciones lumínicas! Una posibilidad de consecuencias impresionantes que merece una inmediata investigación… solo que no se hará porque nadie va a gastarse dinero en demostrar tal cosa ya que no es patentable y, por tanto, no es negocio. Así que las multinacionales nos seguirán vendiendo antivíricos, antibacterianos y antifúngicos ocultando -entre muchas otras cosas- algo tan importante como el hecho de que en un terreno alcalino y rico en oxígeno ¡los microbios patógenos se mueren! ¡Lo mismo que las células cancerosas!

La Fototerapia se practicaba en todas las grandes civilizaciones antiguas -Egipto, Grecia, China, India…- siendo uno de sus grandes impulsores el médico, filósofo y científico persa Avicena –nacido el 980 d.C.-, autor de cerca de 450 textos sobre diferentes temas, la mayoría de Filosofía y Medicina, entre los que destacan El libro de la curación y El canon de Medicina. Un personaje que utilizaba los colores en función de la temperatura y el estado físico del enfermo y según el cual el rojo moviliza la sangre mientras el azul y el blanco disminuyen su flujo y el amarillo reduce el dolor muscular y la inflamación. Llegando a sugerir por ello que una persona con hemorragia nasal no debiera mirar nada de color rojo brillante ni exponerse a una luz roja ya que eso estimula el humor sanguíneo y sí en cambio a una azul. Cabe añadir que también Paracelso– médico y alquimista del Renacimiento- consideró la luz y el color esenciales para una buena la salud.

Ya en el siglo XIX destaca la obra de Augustus Pleasanton (1876) que experimentó con los efectos del color en plantas, animales y seres humanos y que concluiría que el azul debería ser el primer remedio en caso de lesiones, quemaduras o dolores asegurando que es asimismo básico para el crecimiento de frutas como las uvas. Otro hombre fundamental en el desarrollo de las bases de la Cromoterapia fue Edwin Dwight Babbit (1828-1905) con sus obras Blue and Red Light, Light and Its Rays as Medicine y The Principles of Light and Color. Babbitt -como Pleasanton y Avicena- identificó el color rojo como estimulante -sobre todo de la sangre-, el amarillo y el naranja como estimulantes nerviosos y el azul y el violeta como calmantes de todos los sistemas además de tener propiedades antiinflamatorias. De ahí que prescribiera el color rojo para la parálisis, el agotamiento físico y el reumatismo crónico, el amarillo como laxante, emético y purgante así como para las dificultades bronquiales y el azul para las enfermedades inflamatorias, la ciática, la meningitis, la inestabilidad nerviosa, el dolor de cabeza, la irritabilidad y la insolación. Babbitt desarrollaría incluso varios dispositivos para la aplicación del color, estableció la relación entre el color y los minerales e irradió el agua con luz solar filtrada a través de lentes coloreadas. “El agua potenciada –aseguraría- mantiene la energía del elemento vital del filtro de color particular usado lo que le confiere un poder de curación notable”.

AVALES MÉDICOS

Ya en el siglo XX Dinshah P. Ghadiali (1927) descubrió los principios científicos que explican por qué y cómo los rayos de diferentes colores tienen distintos efectos terapéuticos en el cuerpo. Su obra Spectro-Chrome Encyclopaedia se considera el primer libro publicado capaz de explicar la doctrina completa de la Cromoterapia. Además creó un dispositivo denominado SpectroChrome que proyectaba colores, sistema barato de curación que si bien fue utilizado con eficacia en la primera parte del siglo XX sería luego vilipendiado por la jerarquía médica -que siempre ha controlado la industria farmacéutica- cuando intentó que su uso se generalizase dándolo a conocer entre sus colegas médicos y quiso que se instalase en los hospitales. Primero se le acusó en Nueva York -en 1931- por “afirmar falsamente” que su SpectroChrome era “un sistema curativo” solo que Ghadiali defendió su terapia ante los tribunales ayudado por el testimonio de tres médicos de amplia experiencia: la doctora KateBaldwin, la doctora Martha Peebles y el doctor Welcome Hanor. La historia de lo ocurrido puede leerse en el artículo Let There Be Light; The Healing Art of Spectro-Chrome (Dinshah Ghadiali) que publicó la Wordl Research Foundation.

Lo singular es que los tres expertos médicos -¿por qué iban a mentir y poner sus carreras en juego?- declararon bajo juramento ante el Tribunal Supremo de Nueva York lo que hace muy relevantes sus testimonios. La doctora Kate Baldwin, eminente autoridad quirúrgica y ginecológica de la época que durante 23 años fue cirujana-jefe del Hospital de la Mujer de Filadelfia en el que introdujo el Spectro-Chrome, lo había utilizado durante diez años y testificó que le había servido para curar, entre otras patologías, la gonorrea, la sífilis, tumores de mama, cataratas, úlceras gástricas y graves quemaduras de tercer grado. “Puedo comenzar por la parte superior de la cabeza –explicaría en su testimonio-y cubrir prácticamente todas las partes del cuerpo: condiciones inflamatorias ordinarias en el ojo, cataratas, glaucoma, hemorragias en la retina y la esclerótica, infección de los senos paranasales bronquitis, neumonía, pleuresía, tuberculosis, enfermedades del corazón (funcionales y orgánicos), indigestión aguda, úlceras de estómago, asma y fiebre del heno, ataques de hipo que durante diez días habían resistido todos los métodos clásicos curados en menos de un día, todo tipo de infecciones (locales y sistémicas), abscesos, ictericia, condiciones de los riñones, apendicitis etc.”. Luego, cuando el fiscal le preguntó si el Spectro-Chrome podría curar el cáncer, Baldwin le contestó que estaba convencida de que en muchos casos podría hacerlo; tal era su fe en el dispositivo. En un artículo publicado en Atlantic Medical en abril de 1927 la doctora Baldwin llegaría a afirmar que tras 37 años de práctica activa -hospitalaria y privada- había conseguido resultados más rápidos y precisos con el Spectro-Chrome que con cualquier otro método; y con menos problemas para los pacientes.

La doctora Martha Peebles, que había ejercido durante 24 años -20 de ellos en el Departamento de Salud de Nueva York- y fue médico de las Fuerzas Expedicionarias Americanas durante la Primera Guerra Mundial testificó por su parte que había usado diecisiete máquinas de color durante más de diez años y había tratado con ellas casos de cáncer, artritis hipertrófica, poliomielitis, mastoiditis y muchas otras patologías médicas. En cuanto al doctor Wellcome Hanor, médico con una experiencia entonces de más de treinta años, cabe decir que afirmó bajo juramento haber tratado con éxito casos de cáncer, diabetes, gonorrea, sífilis, úlceras, hemorragias, neuritis, meningitis espinal, trastornos cardíacos, envenenamiento urémico y otras enfermedades.

Bueno, pues el jurado, tras escuchar sus testimonios, encontró “no culpable” a Ghadiali. Sin embargo en 1947 la jerarquía médica decidió imponer su ley y Ghadiali fue declarado “culpable de hacer afirmaciones falsas” siendo obligado a entregar todos sus libros, artículos y papeles en los que hubiera escrito sobre el Spectro-Chrome a fin de ¡quemarlos! Al más puro estilo nazi. Así se las gastaban –y gastan aún- los guardianes de la ortodoxia médica. Ghadiali fue en suma obligado a cerrar su instituto y a olvidarse de sus dispositivos. Y en 1958 la FDA obtuvo una orden judicial de cierre permanente para su instituto de Dinshah.

Obviamente no por ello la investigación se detuvo. Gracias a eso en la década de los 50 del pasado siglo XX el doctor Mhairi G. McDonald descubrió que se podía tratar exitosamente con luz azul la ictericia neonatal. Y en 1958 la psicóloga R. M. Gerard concluyó que todos los colores producen resultados clínicos tangibles en los estados de ánimo. Según afirmaría los colores cálidos como el rojo son estimulantes; su exposición estimula los movimientos respiratorios, la frecuencia de parpadeo de los ojos, la activación cortical y la conductancia palmar (la excitación del sistema nervioso autónomo). Por el contrario, los colores fríos -como el azul- son sedantes y actúan como relajantes en casos de ansiedad, bajan la presión arterial, alivian la tensión y los espasmos musculares y reducen la frecuencia de parpadeo del ojo. Confirmando pues lo asegurado anteriormente por otros investigadores. Más recientemente, en 1990, se daría a conocer durante la conferencia anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia que se había utilizado con éxito luz azul en el tratamiento de una amplia variedad de problemas psicológicos, incluyendo adicciones, trastornos de la alimentación, impotencia y depresión.

En fin, son muchos los investigadores que han trabajado en las últimas décadas sobre el impacto de la luz y el color sobre la salud por lo que no podemos citar a todos pero evidentemente destacan J .Ott y su obra Health and Light: The Effects of Natural and Artificial Light on Man and Other Living Things (Salud y luz: efectos de la luz natural y artificial en el hombre y otros seres vivos), Samina T. Yousuf Azeemi con su libro Color Therapy (La terapia del color), Charles Klotsche y su obra Color Medicine (La medicina del color) y, cómo no, las recientes investigaciones sobre color, aura y salud del doctor e investigador Konstantin Korotkov.

En suma, todo indica que los colores provocan efectos constatables en los seres vivos; en el ser humano a nivel físico, mental y emocional. “Sistemas interrelacionados –escribe Klotsche en Color Medicinecomo la Cromoterapia de recarga de las fuerzas sutiles permiten reorientar la energía en las zonas enfermas donde está bloqueada o es deficiente ya que la enfermedad no es más que una restricción del flujo de energía. Como sabemos, la energía o vibración fluye a lo largo del camino de menor resistencia y por medio de la energía adicional asociada al uso de la curación vibracional las energías adecuadas buscan las áreas necesarias liberando la energía bloqueada donde más se necesita. La interacción entre la energía física densa del cuerpo y la energía sutil -que controla muchas de las funciones corporales o actividades- es la clave para comprender la relación entre la energía y la materia”. 

EL MORA COLOR

Si contemplamos al ser humano como un campo bioenergético –no solo electromagnético-, suma de distintos campos (células, órganos, sistemas, etc) que interactúan entre sí, si entendemos que el hombre puede sanar o enfermar en función de determinadas interacciones -que pueden ser medidas por dispositivos tecnológicos- y toda frecuencia -por un principio físico incuestionable- puede ser anulada, reforzada o invertida… entonces tiene que ser posible neutralizar las “frecuencias patológicas”. Pues bien, sobre la base de ese razonamiento lógico se han diseñado en las últimas décadas diversos aparatos que inciden sobre el organismo a nivel energético y no material. Destacando entre ellos la serie de dispositivos MORA creados por el Dr. Franz Morell –de ahí lo de Mo- y el ingeniero bioelectrónico Erich Rasche –y de ahí lo de Ra– para diagnóstico y tratamiento que dio lugar a la Moraterapia (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulosLa recuperación de la salud con Moraterapia, El MORA Super Plus permite corregir los bloqueos energéticos y La utilidad del MORA en casos de cáncer aparecieron en los números 68, 81 y 119 respectivamente).

La base de esta terapia es que en un cuerpo enfermo cualquier patología se manifiesta primero con un desequilibrio de los campos electromagnéticos celulares, después el desajuste se produce a nivel intercelular y más tarde a nivel orgánico. Así que el doctor Morell pensó en utilizar oscilaciones electromagnéticas con fines terapéuticos basándose para ello en un hecho conocido en el campo de la Física, la Mecánica, la Electricidad y la Electrónica: toda onda oscilatoria puede ser neutralizada por otra que vaya en dirección contraria –alineada espacialmente- y tenga idéntica longitud de onda, frecuencia e intensidad.

Pues bien, Erich Rasche encontró la forma de detectar en el cuerpo las ondas inarmónicas o patológicas -distinguiéndolas de las ondas normales o armoniosas- permitiendo así la posibilidad de su neutralización. De hecho el núcleo de la Moraterapia lo constituye un separador que permite clasificar las ondas por niveles de frecuencia y distribuirlas en armónicas o inarmónicas utilizando filtros que modulan la frecuencia, amplitud y características específicas. Y hoy esos dispositivos han evolucionado además de la mano de la empresa Med-Tronik ya que cumplen todos los requisitos exigidos por las leyes para su comercialización, entre ellos la norma ISO 9001 que exige la Ley de Productos Médicos (MPG) de la Unión Europea que incluye demostrar su eficacia.

En cuanto a la terapia de color aplicada con un MORA debemos decir que se inició en 1981 y que desde entonces se ha venido perfeccionando. En este aparato la luz blanca se genera por medio de una lámpara incandescente especial a una “temperatura de color” de 6.500 grados kelvin; es decir, similar a la luz solar que es la que contiene todos los colores. En cuanto a los tres colores primarios -rojo, amarillo y azul- se generan con la ayuda de tres filtros de color -rojo en la longitud de onda de 700 nm, amarillo a 580 nm y azul a 435 nm- a través de los cuales y mediante fibra óptica se hace pasar la luz de la lámpara. El resto de los colores se obtienen de la combinación de los colores primarios: el naranja combinando rojo y amarillo, el verde combinando amarillo y azul y el violeta combinando rojo y azul. Esos seis colores son los que se utilizan en terapia con el dispositivo.

Hasta aquí podría decirse que estamos ante un procedimiento cromoterapéutico común pero en realidad no es así porque con este dispositivo la luz blanca -y tal es la principal característica del MORA Color– no incide directamente sobre la piel del paciente: sus altas vibraciones se transforman -mediante receptores ópticos especiales- en oscilaciones electromagnéticas de baja frecuencia que a su vez son enviadas a amplificadores donde son distribuidas a través de tres canales, correspondientes cada uno de ellos a un color primario. Con lo que a partir de ese momento ya pueden obtenerse los colores complementarios pues basta mezclar los canales de los colores primarios por medio de interruptores o pulsadores. Es decir, la emisión del “naranja” se obtiene a partir de las emisiones de los canales rojo y amarillo; y así sucesivamente. Es así como a través de un último canal puede activarse de forma selectiva la señal escogida de cada uno de los seis programas (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta) y, debidamente amplificada, aplicarla al paciente.

Para quienes creen en las posibilidades de la luz y del color como terapias naturales las ventajas de la aplicación del color a través del MORA Color parecen evidentes. Siendo la principal una mayor penetración de las frecuencias de luz/color en el cuerpo lo que se traduce generalmente en un tiempo de terapia más corto. Por otra parte, la posibilidad de amplificación múltiple que permite el dispositivo se traduce en una eficacia significativamente mayor que la obtenida con la terapia de color tradicional. Y la señal puede además aplicarse directamente -mediante los terminales adecuados- en los puntos de acupuntura, en las zonas localizadas de dolor o en las zonas reflejas del cuerpo (en las manos o en los pies por ejemplo). Una aplicación que es, fundamentalmente, de mayor alcance y más diferenciada de la que es posible con la cromoterapia convencional.

Morell constataría su eficacia comprobando que los puntos de acupuntura y los meridianos así como los diversos órganos y hasta el cuerpo entero se alteran al emitir el aparato ondas electromagnéticas. En el primer caso bastó hacer mediciones eléctricas en los puntos de acupuntura. En el segundo constatando los cambios con pruebas bioquímicas. Y, obviamente, mediante la simple observación directa de los pacientes. Asimismo constató que cada meridiano y cada órgano pueden ser influenciados usando las frecuencias de colores específicos -estimulándolos o relajándolos- lo que resulta especialmente importante a la hora del diagnóstico y del tratamiento. De acuerdo a los valores patológicos registrados en las mediciones de los puntos de acupuntura se puede determinar de forma más concreta el color correcto y la terapia que debe aplicarse. En esta línea de trabajo de combinar acupuntura y color al terapeuta se le ofrecen tres posibilidades: utilizar el color del órgano (Yang), su color complementario (Yin) o el color individual (que con frecuencia coincide con el color favorito).

Otra forma de determinar el color correcto es la medición del pulso –Reflejo Nogier-, método bastante familiar para todos los terapeutas y la mayoría de los acupuntores. Y un tercer método, eficaz y sencillo, es la Kinesiología. Un simple test del músculo -comúnmente el del deltoides- permite al profesional encontrar inmediatamente el color que le va bien al paciente, aquel al que el músculo responde mejor. Test que además resulta especialmente útil para encontrar el denominado “color individual”.

Y hay más: se pueden utilizar esas mismas ondas de color como “portadoras” de otras señales de carácter terapéutico; por ejemplo, de música. Con lo que el aparato permite combinar las posibilidades de la Cromoterapìa a las de la Musicoterapia. Asimismo se puede combinar el MORA Color con otros dispositivos –como los de Hipertermia- para potenciar la terapia tanto a nivel local como sistémico. “Cuando se armoniza el aspecto vibracional de un organismo con el MORA Color y paralelamente se regenera, drena y nutre en profundidad la parte material-estructural con el dispositivo de Hipertermia CIM 200 –nos diría Carlos Maudos, terapeuta con amplia experiencia en los dispositivos MORA- la efectividad terapéutica es increíble. En todo tipo de patologías: dolores de toda clase, fibromialgia, trastornos de los sistemas locomotor, circulatorio, linfático o digestivo, micosis, problemas hormonales, inflamaciones de todo tipo, degeneraciones de toda clase, eliminación de radicales libres para disminuir el estrés oxidativo, infecciones -sobretodo víricas pero también bacterianas, parasitarias y fúngicas-, tumores benignos y malignos…. La suma de ambos tratamientos resulta espectacular”.

“Hay dos hospitales en Taiwán–añadiría-que actualmente estabilizan a todos los pacientes que llegan a la sección de Urgencias con traumas transmitiéndoles con un MORA Color las vibraciones de los anestésicos y antiinflamatorios alopáticos; sin necesidad pues de que ingieran los medicamentos o se les inyecten. Basta poner simplemente el fármaco –sea procaína, lidocaína, ibuprofeno, paracetamol o cualquier otro- en la bandeja de entrada del dispositivo para luego pasar el electrodo sobre el área a tratar y hacer así que mengüen -e incluso a veces que desaparezcan- el dolor y la inflamación. De esa forma se puede pasar luego al paciente a hacerle las pruebas diagnósticas sin que haya alteraciones provocadas por los fármacos químicos. Es más, se libran de los efectos secundarios que su ingesta o introducción producen”.

“El MORA Color es en cualquier caso especialmente eficaz –terminaría indicándonos Carlos Maudos-cuando se usa con él la terapia desarrollada por el médico australiano Zenon Gruba llamada Total Body Colour Acupuncture (TBCA)que consiste en trabajar todo el sistema de meridianos -siguiendo el recorrido completo y bilateral desde el canal del pulmón hasta el del hígado- armonizando la energía vital o Qi que circula por ellos y nutriéndolos al aportarles el color correspondiente. El azul para los meridianos de pulmón e intestino grueso, el amarillo para los de estómago y bazo-páncreas, el verde para los de hígado y vesícula biliar, etc. De ese modo se recuperan los mecanismos de autorregulación del organismo siendo útil en todo tipo de patologías aunque especialmente en las de tipo crónico”.

EXPERIENCIA PRÁCTICA

Terminamos indicando que uno de los profesionales de mayor experiencia tanto con el MORA como con el MORA Color es el doctor Zenon Gruba, Director del Whole Health & Wellness Institute (Instituto para la Salud y el Bienestar Global) de Victoria (Australia). Licenciado en Medicina por la Universidad de Melbourne y ponente habitual en congresos internacionales de medicina natural por su reconocido prestigio se trata de uno de los mayores conocedores de las posibilidades del color como terapia. Motivo suficiente para contactar con él y entrevistarle brevemente.

-Díganos, ¿cómo entiende usted la Medicina?

-Yo practico la Medicina Holística –nos respondería- haciendo énfasis en la fisiología. Primero realizo una anamnesis médica cuidadosa, efectúo un examen físico detenido y exigente y, luego, diseño tratamientos para las fisiopatologías de cada paciente. Y le diré que mi ejercicio profesional ha sido investigado formalmente por el Medical Practitioners Board de Victoria dos veces. La primera vez se encontraron con que el 97% de mis pacientes eran fruto del fracaso de otros médicos y que el 84% había entrado en remisión permanente. La segunda, hace pocos años, porque trato pacientes de cáncer con métodos no convencionales y se concluyó que el 92% había mejorado; de hecho un 45% seguía viviendo 15 años después de finalizar el tratamiento. El Consejo Médico no encontró pues razón alguna para no permitirme seguir ejerciendo la medicina de la misma manera.

-¿Y cuándo comenzó a utilizar el MORA Color?

-Uso el MORA desde 1984. Y desde hace algo menos el MORA Color. Hoy ambos tratamientos forman parte importante de mi arsenal terapéutico. El MORA Color lo utilizo como parte de un plan de tratamiento holístico para mis pacientes. Hay momentos en que sirve como tratamiento único pero creo que para obtener beneficios duraderos hay que estudiar siempre la causa real de la enfermedad, el estado nutricional del paciente y valorar un amplio número de parámetros. Debo decir, no obstante, que el MORA Color permite un amplio tratamiento sintomático y es capaz de eliminar dolores preocupantes que se interponen en el camino de la curación. El principal problema con los primeros dispositivos de MORA Color fue que carecían de una amplificación adecuada y ello me llevó a utilizar como complemento varios amplificadores hasta conseguir efectos terapéuticos. Hoy ese problema está resuelto y de hecho una de las principales ventajas de la última versión es su gran capacidad de amplificación, de hasta un millón de veces. Sin olvidar, por supuesto, la facilidad de trasladar el dispositivo de un lugar a otro dado su reducido tamaño.

-¿Y cuál es su experiencia con él tras tantos años?

-Verá, yo soy médico de familia y trabajo en una clínica privada -afortunadamente con mucho trabajo- por lo que no tengo tiempo de usar tratamientos que no funcionan. Primero utilicé los tratamientos con color de manera limitada pero ahora, gracias a la experiencia, sé lo que funciona mejor, cuándo y para qué. Y el MORA Color tiene un amplio campo de aplicación en muchas de las patologías que trata cualquier médico general en consulta. Es útil en prácticamente todas. Yo lo he utilizado en traumas, en problemas dermatológicos como los eccemas o en patologías crónicas como el reumatismo. En casos agudos a veces basta un solo tratamiento. En cambio ante una enfermedad degenerativa trato a los pacientes entre 4 y 6 sesiones, una vez por semana. Normalmente remitiendo los síntomas durante períodos muy largos de tiempo, remisiones que con frecuencia son permanentes. La amplificación ha logrado que los tratamientos sean más eficaces y los tiempos de tratamiento más cortos. Obviamente en el caso de las enfermedades degenerativas crónicas es necesario encontrar la causa y tratarla pero el MORA Color permite ganar tiempo.

-¿Alguna vez ha habido una reacción adversa?

-Nunca.

-¿Cómo se usa el MORA Color? ¿Es un aparato complicado?

-No. Su aplicación es extraordinariamente sencilla. Tiene un terminal en forma de rodillo que recoge las emisiones electromagnéticas a través de los tejidos locales del paciente para, a continuación, invertir electrónicamente esas señales, añadir el color elegido y la información vibratoria de los remedios terapéuticos -de todo tipo- deseados (situados sobre una pequeña bandeja circular conectada al equipo), amplificarlas en la cantidad adecuada y a continuación emitirlas, ya procesadas, a través de un rodillo doble que simplemente se frota suavemente en la piel del paciente. Sin necesidad de presionar porque la presión no confiere ningún beneficio adicional. Yo suelo pasarlo 10 veces. En la mayoría de los casos eso ya mejora los síntomas. Luego, si la remisión es buena pero incompleta, hago otros 10 pases. Y si no consigo una buena disminución trato con otro color. A veces, cuando no se obtiene respuesta para el primer color, utilizo el color opuesto durante 10 pases y cuando vuelvo entonces al primer color obtengo una clara mejoría. Tampoco parece importar la velocidad de aplicación. Es más, trabaja a través de la ropa por lo que no hay que quitársela.

-¿Y cómo elegir el color más adecuado en cada caso?

-La experiencia que he adquirido desde 1984 me ha llevado a concluir que para la mayoría el color más recomendable en las afecciones crónicas es el azul; es muy eficaz. Y útil en más del 85% de todas las condiciones que he tratado. Quizás porque en la mayoría de las patologías que tratamos en la práctica clínica subyace una enfermedad crónica. Mi segunda opción, sobre todo cuando interviene la inflamación, es el rojo; especialmente recomendable en casos agudos. Mi tercera elección depende del órgano o área que estoy tratando; por ejemplo el verde podría ser útil para los trastornos del hígado y la vesícula. Y mi cuarta opción es pedirle al paciente que elija el color que él mismo cree que podría funcionar mejor para su condición.

Terminamos. Es obvio que el MORA Color perfecciona y mejora la aplicación clásica de la cromoterapia, tiene la ventaja de ser muy manejable y fácil de utilizar –de hecho cada vez más pacientes lo adquieren para su uso particular-, no tiene efectos secundarios negativos, es compatible con cualquier otro tipo de terapia -alopática o complementaria- y sus resultados pueden apreciarse rápidamente. Algo que debieran valorar adecuadamente quienes detentan el monopolio de los tratamientos y dispositivos médicos.

Sonia Barahona

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Octubre 2012
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