La electricidad es posiblemente uno de los mejores antivíricos imaginables

El investigador mexicano Ernesto Mercado ha conseguido hacer desaparecer el herpes en el 100% de los casos -tanto el oral y genital como el zóster, se trate de casos iniciales o muy avanzados- utilizando un sencillo dispositivo que funciona con una pila de 9 voltios y emite una corriente eléctrica de baja intensidad; aparato ya existente y aprobado por la FDA para la recuperación de dolores musculares. Es más, afirma haber obtenido resultados igualmente positivos en las infecciones con el virus del papiloma humano mezclando la corriente eléctrica con calor. ¿Por qué se ignora pues esta posibilidad cuando la medicina convencional no posee antivíricos de eficacia parecida?

Ningún organismo vivo sobrevive a una descarga eléctrica adecuada a su tamaño y resistencia; se trata de un hecho sabido, comprobado y no discutible aplicable tanto a los seres vivos complejos como a los microorganismos. Y sin embargo a lo largo del último siglo cada vez que alguien ha propuesto usar la electricidad para combatir virus y bacterias patógenas su proposición ha sido rechazada, la investigación silenciada y el investigador perseguido.

Afortunadamente la globalización llegada con Internet está permitiendo que algunos de esos trabajos -tanto actuales como realizados años atrás- empiecen a ser conocidos y lleven a toda persona inteligente a preguntarse por qué las autoridades sanitarias -nacionales e internacionales- los han silenciado e ignorado. Pregunta que hoy se amplía dadas las constantes “alertas” de los últimos años -gripe aviar, gripe porcina, gripe A, hepatitis víricas, VPH, ébola….- y sus posibilidades en tales casos. ¿Permitiría un tratamiento con electricidad eliminar por ejemplo el ébola? No lo sabemos… y no nos van a dejar saberlo. Sería sencillo comprobarlo pero a quienes se diagnostica como infectados por ese virus se les aísla de inmediato y solo se les trata con los protocolos bendecidos por las autoridades sanitarias, todas ellas al servicio de las grandes compañías farmacéuticas. Y quien dice el ébola dice cualquier virus o bacteria considerada peligrosa. ¡Hay que proteger el negocio de los test, las vacunas, los antibióticos, los antivirales y otros fármacos y productos patentados!

Sin embargo hay otros microorganismos infecciosos sobre lo que ha podido trabajarse. Así lo ha hecho por ejemplo el investigador mexicano Ernesto Mercado -ingeniero electricista de la Universidad Nacional Autónoma de México- sobre cuyo trabajo vamos a hablar en esta ocasión ya que ha dedicado los últimos ocho años a investigar la aplicación práctica de corrientes eléctricas en herpes de todo tipo concluyendo que cuando las corrientes se aplican adecuadamente se acaba con él ¡en el 100% de los casos!

Mi inicio con el tratamiento del virus del herpes -recuerda Ernesto Mercado- fue casual. Una noche, poco antes de irme a la cama, sentí un fuerte dolor en los labios y al mirármelos en el espejo vi que estaban hinchados y que una enorme vesícula comenzaba a brotar. En aquel entonces yo usaba un TENS (siglas en inglés de Transcutaneous Electrical Nerve Stimulation o Electroestimulador Transcutáneo de los nervios) para estimular los músculos de la parte izquierda de mi cara que habían quedado semiparalizados debido a una mala intervención quirúrgica en el oído. El caso es que como hacía poco había asistido a una conferencia en la que se hablaba del tratamiento de tumores cancerosos mediante estimulación eléctrica me pregunté cuál sería el efecto del paso de una corriente eléctrica por mis vesículas infectadas por herpes así que me coloqué los pads y pasé la corriente durante unos 10 minutos. Al amanecer el resultado me dejó perplejo: la inflamación había desaparecido por completo y la vesícula comenzaba a cicatrizar. Así que decidì investigar el asunto a fondo. Esto pasó en 2007”.

Pues bien, que Mercado no andaba descencaminado lo indica que en 2011 dos investigadores de la Universidad de Teherán, M. Roohandeh y T.Bamdad, publicaron en Clinical Laboratory un artículo titulado Inactivation of herpes simplex virus type 1 & adenovirus type 5 by direct electric current at a biocompatible level in vitro (Inactivación in vitro del virus del herpes simple tipo 1 y del adenovirus virus tipo 5 mediante corriente eléctrica directa a un nivel biocompatible) en cuyas conclusiones se afirma: “La corriente eléctrica, a un nivel biocompatible, permite inactivar por completo los virus testados del herpes in vitro por lo que es una herramienta útil para diseñar un método no invasivo de descontaminación de fluidos biológicos y sintéticos. Puede considerarse un método sencillo, rápido y económico para descontaminar fluidos”. Y de más está decir que la sangre es un fluido y por tanto puede ser objeto de descontaminación mediante corrientes eléctricas. De hecho en su trabajo esos investigadores lograron la inactivación completa del HSV-1 y del ADS-5 in vitro con una simple corriente de 200 microamperios aplicada durante 10 minutos. En suma, comprobaron en 2011 in vitro lo que Ernesto Mercado ya había constatado directamente en humanos sabiendo que la aplicación de electricidad a tan bajas potencias y tiempo es inocua. De hecho éste asegura haber curado ya a decenas de sufridores de herpes, virus que según los médicos se padece toda la vida porque solo conocen remedios sintomáticos. Un verdadero problema para muchas personas ya que en casos graves los síntomas incluyen picor, escozor, ardor y dolor con erupción de vesículas o ampollas; síntomas que aparecen por “brotes” cuando quien sufre el problema tiene reducida sus defensas.

Recordemos en todo caso que hoy se diagniostican tres tipos de herpes: el simple, el genital y el zóster. El primero suele afectar a los labios, el genital se contagia por contacto sexual padeciéndolo ambos sexos y el zóster -también llamado culebrilla– puede aparecer en cualquier zona del cuerpo. Pues, bien según Ernesto Mercado la corriente eléctrica destruye los tres tipos de virus al pasar por la zona; al parecer -aunque no está comprobado- porque los electrocuta. Y sin efectos secundarios negativos porque el aparato que se usa es un simple TENS autorizado por la FDA para tratar dolores y el nivel de potencia que se aplica es el mismo. Luego es inocuo a la potencia adecuada durante el tiempo oportuno.

PROCEDIMIENTO SENCILLO

Como se sabe un TENS es un pequeño aparato eléctrico rectangular que funciona con una sencilla pila de 9 voltios, lleva dos terminales y emite una corriente eléctrica de 2 miliamperios con una señal de tipo impulso que es la que utiliza frente al virus -siendo su frecuencia regulable de entre 1 y 200 Hz- que se usa para ayudar en la recuperación de lesiones osteomusculares. Pues bien, en el caso que nos ocupa se utiliza una frecuencia de 150 Hz para eliminar el herpes. Y si bien al aplicarse puede doler algo la zona afectada es resistible porque de hecho el TENS se diseñó para desactivar el envío de señales de dolor al cerebro a través del sistema nervioso. Además aumenta la microcirculación y hace que los músculos del cuerpo se contraigan y relajen de forma rápida y breve mejorando su tono.

Ahora bien, según Ernesto Mercado es posible utilizar igualmente otros dispositivos; como un mero estimulador muscular –EMS- o un TENS/EMS, aparato algo más caro al poseer ambas propiedades. “Los tres virus del herpes -afirma- son muy sensibles a la corriente eléctrica. Tanto que basta 1 miliamperio (mA) para eliminarlos cuando se utiliza en forma de ondas de impulso como las que genera un TENS y 5 miliamperios cuando se aplica una señal sinusoidal. Basta aplicarlo en la zona afectada entre 5 y 10 minutos aunque tampoco pasa nada si se mantiene hasta veinte”.

En cuanto a los pads -electrodos recubiertos de una almohadilla adherente- se suelen colocar dos, uno sobre la lesión y el otro a una distancia de entre 5 y 10 cm en línea recta pero asegurándose de que entre ambos no estén los ojos, el cerebro o el corazón; y tampoco deben ponerse los dos IPAD en el mismo lado del cuello para evitar un cierre de circuito con los dipolos del corazón. Siendo lo mejor ir moviendo en círculo el segundo pad -obviamente alrededor del primero- dejándolo (arriba, abajo, derecha e izquierda) unos tres minutos en cada posición. De esa manera se cubre toda la zona.

Durante la primera estimulación -explica Mercado- se eliminan en general del 40% al 80% de los virus; y en la segunda -un segundo brote puede ocurrir a los seis meses, al año o aún en un periodo de tiempo mayor dependiendo del estado del sistema inmune de la persona- el mismo porcentaje de lo que quedó. En fin, nuestra experiencia indica que en general con tres o cuatro sesiones -una al día- se acaba con el 99% porque las pruebas de laboratorio no suelen detectar ya su presencia y no se producen brotes”.

Terminamos este apartado indicando que la investigación de Ernesto Mercado sobre el herpes y las curaciones conseguidas -hay imágenes- las tiene el lector en www.herpes-electrical-treatment.com/index.html.

EFICAZ ANTE EL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO

Obviamente, dado el éxito conseguido, Ernesto Mercado decidió investigar si era igualmente útil ante otros virus y lo probó en el del papiloma humano. Según explica lo hizo aumentando la corriente hasta 8 miliamperios pero aunque logró algunas curaciones se dio pronto cuenta de que no conseguía penetrar bien las células epiteliales infectadas para acabar con el virus y decidió profundizar en el asunto. “Analizando algunas características del herpes -cuenta- vi que cuando el virus está en estado de latencia el calor lo hace salir de las células del sistema nervioso. Así sucede al menos en quienes tienen fiebre, toman el sol en la playa o se hallan en lugares muy calurosos por lo que decidí probar aplicando calor antes del tratamiento eléctrico. Me planteé que si no podía atravesar las células epiteliales igual podía obligar a salir a los virus para así eliminarlos luego”. Dicho y hecho. Introdujo a cuatro pacientes infectados con el virus del papiloma humano en una tienda de campaña que llenó de vapor y dos de ellos se curaron tras el tratamiento con el TENS, algo que constató tras someter a una a un PCR y a la otra a un test de Papanicolaou y a una colposcopia.

El resultado me alentó –explica Ernesto Mercado- y adquirí entonces una máquina de vapor mejor así como un cobertor eléctrico que mantuviera el calor del paciente durante el tratamiento pero antes probé yo mismo si el calor se resistía bien durante 20 minutos. Lo singular fue que por la noche ¡me brotó un herpes zóster en la cabeza! Uno que me había aparecido varios meses antes. ¡Me sirvió pues para constatar la eficacia del calor para hacer que los virus salgan de las células que infectan! Y hoy sé que eso sucede no sólo con el virus del papiloma humano sino con ¡todos los virus! En suma, constaté que calor y corriente eléctrica combinan de forma perfecta para el tratamiento de toda enfermedad viral. No sólo del herpes y del VPH”.

Mercado nos diría que desde entonces ha tratado a ocho personas con esta combinación, cinco de las cuales se sometieron posteriormente a análisis de Papanicolaou y colposcopía dando negativo al virus (téngase en cuenta que Ernesto Mercado no es médico y por tanto el número de pacientes con estos problemas que acuden a él es limitado).

Por lo que se refiere al calor no está de más recordar que, de hecho, la fiebre es un mecanismo curativo, que el organismo aumenta a veces su temperatura interna para combatir así los microbios patógenos al estimularse la producción de linfocitos B y T, interleuquinas, interferones y macrófagos así como el factor de necrosis tumoral y la actividad oxidativa. Y es que la fiebre es una herramienta indispensable para la salud. Lo que explica en cierto modo las propiedades de una disciplina terapéutica como la Hipertermia provocada artificialmente -tanto con la sauna como con muy distintos dispositivos- aunque al no ser de origen orgánico no provoque la misma producción de sustancias naturales que la fiebre.

MECANISMO DE ACCIÓN

Falta en todo caso comprobar si los virus se “electrocutan” como piensa Ernesto Mercado, si es ése el mecanismo de acción u otro. Aunque todo parece indicar que sí pues como ya explicamos en su día en el artículo Electroterapia contra el cáncer que apareció en el nº 62 y tiene el lector a su disposición en nuestra web -www.dsalud.com– está constatado que la corriente eléctrica contribuye a destruir células tumorales. Según explicaría en ese texto el doctor Rudolf Peckar –médico alemán ya fallecido y creador de la Electroterapia- hacer pasar una corriente eléctrica galvánica de entre 4 y 14 voltios -mediante unos electrodos externos o unos electrodos subcutáneos de platino aplicados directamente en el tumor o en el área adyacente- da lugar a un proceso electrolítico en el que los iones cargados positivamente (Na+ y K+) migran al cátodo y los negativamente cargados (Cl-) al ánodo. Con lo que el área alrededor del cátodo se vuelve alcalina y la superficie alrededor del ánodo se hiperacidifica. Siendo esa acidificación y alcalinización que tienen lugar en el tejido, combinadas, las que llevan a la destrucción de las células malignas y necrosar los tumores.

El segundo efecto directo de la corriente directa es la alteración de la concentración de iones -especialmente en el entorno extracelular del tejido- lo que induce de manera automática un cambio de potencial de la membrana celular que puede acabar provocando modificaciones en su estructura que, bien permite que el sistema inmune reconozca como “enemigas” a las células tumorales, bien conlleva su destrucción. Lo que en el caso de los virus podría suponer la liberación de las partículas víricas al torrente sanguíneo. De hecho fue precisamente una ponencia sobre las posibilidades de la electroterapia en casos de cáncer -como antes contamos- lo que llevó a Mercado a realizar sus experimentos… de forma casera. Y es que, como confiesa, todo lo ha hecho en su propia oficina, con su propio salario, con equipo comprado por él mismo y sin apoyo institucional o externo alguno. No hay más que ver las fotos que acompañan a este artículo (la información necesaria para que alguien se auto-trate se halla en la web antes citada).

DESCUBRIMIENTOS SILENCIADOS

En fin, lo cierto es que el trabajo del investigador mexicano no habría sido nunca conocido si no existieran Internet y publicaciones independientes como la nuestra porque todos los trabajos sobre el uso terapéutico de las corrientes eléctricas han sido silenciados siempre. El caso más evidente tuvo lugar cuando se aterrorizó al mundo con el SIDA, virus para el que entonces se afirmaba que no había cura. En aquel ambiente de pánico social William Lyman y Steven Kaali, investigadores del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, hicieron un descubrimiento sensacional en otoño de 1990: tomaron sangre de una persona a las que se había diagnosticado como seropositivo -y por tanto se infería que estaba infectada por el VIH-, la introdujeron en un tubo de ensayo, insertaron en él dos electrodos de platino y aplicaron una corriente de 25 a 100 microamperios comprobando que las partículas virales no resultaban destruidas pero quedaba afectada la producción de transcriptasa inversa, enzima imprescindible para que el virus invada las células humanas. El trabajo se presentaría el 14 de marzo de 1991 durante el I Simposio Internacional sobre Terapias de Combinación celebrado en Washington proponiéndose en la ponencia dos métodos para tratar a los seropositivos. Extraerles la sangre, hacer pasar por ella una corriente eléctrica y volverla a insuflar en el organismo o bien implantarles directamente en el lumen de una arteria una fuente de alimentación eléctrica en miniatura junto con dos pequeños electrodos (sabiendo que en un tratamiento a largo plazo habría que retirar la unidad y trasladarla a otra zona de la arteria para no hubiera calcificación alrededor que pudiera obstruir la arteria). Cabe agregar que poco antes -el 16 de noviembre de 1990- Kaali y otro colega, Peter Schwolsky, habían pedido la patente de un tratamiento extracorpóreo -se les concedería el 18 de agosto de 1992 con el número US 5139684– que permite “desactivar bacterias, virus y hongos e impedir que infecten a las células sanas mientras se mantiene la utilidad biológica de la sangre u otros fluidos corporales”. Pues bien, a pesar de su importancia un espeso manto de silencio cubrió la solución aportada y salvo unas breves referencias en tres publicaciones –The Houston Post (20 de marzo de 1991), Science News (30 de marzo de 1991) y Longevity (diciembre de 1992)- nunca más volvió a hablarse del descubrimiento.

Afortunadamente el doctor Robert C. Beck leyó el artículo de Science News y decidió profundizar en el tema pero esto es con lo que se encontró. “Traté de encontrar una copia del documento original para ver qué decía y resulta que ¡todos habían desaparecido! Contraté entonces a un investigador privado que consiguió una copia del resumen personal de uno de los asistentes a la conferencia. Obviamente hice también una búsqueda a través del ordenador pero comprobé que la única mención a esa tecnología se hizo en la revista Longevity de diciembre de 1992. En ella se explicaba que Steven Kaali, médico del Albert Einstein College of Medicine, había encontrado una forma de inhibir el SIDA en la sangre pero que aún se necesitarían años de pruebas para que el dispositivo para electrocutar los virus estuviera listo para su uso. En otras palabras: lo descubrieron y luego trataron de encubrirlo inmediatamente. Pero dos años después apareció la patente en la que el mismo Dr. Kaali describe el proceso que atenúa cualquier bacteria, virus -incluyendo el SIDA/VIH)-, parásito u hongo contenido en la sangre impidiéndole normalmente infectar una célula humana sana. Y se trata de un documento oficial del Gobierno, luego, ¿por qué no se informó de ello al público?”

Beck confirmaría personalmente que el tratamiento funciona durante dos años pero también que se obtienen los mismos resultados ¡aplicando simplemente los electrodos en la piel! Método no invasivo que hoy se conoce de hecho como “protocolo de Beck” y consiste en aplicar una corriente alterna de 4 Hz poniendo dos electrodos en una muñeca: uno delante -sobre la arteria cubital- y otro detrás -sobre la arteria radial-. Tratamiento que se complementa aplicando campos magnéticos -mediante potentes imanes- a fin de liberar al organismo de los patógenos muertos. Recomendando asimismo consumir plata coloidal para ayudar en la desinfección y beber agua ozonizada para oxigenar las células.

Evidentemente las agencias sanitarias no promueven estas herramientas terapéuticas útiles tanto frente a los microbios patógenos como ante las células tumorales a pesar de que miles de estudios de investigación confirman su eficacia. Son métodos demasiado eficaces, rápidos, baratos, inocuos y de fácil seguimiento. La industria farmacéutica no puede consentirlo.

De hecho la doctora canadiense Hulda Clark recibió un trato similar y, perseguida por las autoridades sanitarias norteamericanas, acabó trasladándose a México a trabajar. ¿Su delito? Sostener que algunos de los parásitos que entran en nuestro organismo -de las más variadas formas- son responsables de buena parte de las enfermedades crónicas y degenerativas que padece el ser humano -incluido el cáncer- y que para su curación basta seguir un sencillo protocolo (léase en nuestra web –www.dsalud.com– los numerosos artículos que sobre ello hemos publicado). Protocolo que incluye un pequeño dispositivo emisor de corrientes eléctricas que elimina los microorganismos patógenos, el Zapper, aparato que elimina no sólo los protozoarios y vermes que habitan en nuestro cuerpo sino también todas las bacterias, virus, hongos e insectos patógenos que son causa de múltiples dolencias. Sus investigaciones demuestran que utilizando corrientes continuas de pequeño voltaje (de 5 a 10 V) y haciendo un barrido de frecuencias de entre 10 y 500.000 hertzios se elimina una amplia gama de microorganismos con unas cuantas sesiones de sólo 3 a 7 minutos de duración (lea el artículo que con el título Cómo eliminar los parásitos patógenos del organismo (y II) publicamos en el nº 109).

DE VUELTA A MÉXICO

Terminamos recordando que en 2005 una estudiante de Telemática de la Unidad Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnología Avanzadas del Instituto Politécnico Nacional de México (IPN), Alba Citalli, confirmó en un trabajo avalado por el propio centro que bastan pequeñas descargas eléctricas para destruir bacterias y parásitos como la salmonella; sin dañar al organismo. De hecho desarrolló un aparato bautizado como ATEDEL sobre cuyos terminales coloca el paciente las manos recibiendo simplemente una breve descarga emitida por un aparato que funciona con una pila de nueve voltios. “La mayor parte de nuestro cuerpo es agua conductora de electricidad –nos explicaría en su día Alberto Hernández, el profesor que supervisó el trabajo– por lo que si se toma el polo positivo con una mano y el negativo con la otra la corriente fluye a través de los líquidos generando potenciales (voltaje) y al pasar por los tejidos entra por los canales iónicos de las células calentándolas y generando en su interior una carga negativa que los microorganismos patógenos no pueden soportar y mueren. Obviamente los niveles de voltaje y corriente deben ser los adecuados”. Cabe añadir que ya entonces, hace varios años, el dispositivo demostró in vitro ser capaz de terminar con el hongo Arcyria, la bacteria Salmonella typh -agente acusante de la fiebre tifoidea- y los ácaros (causantes de patologías infecciosas como el tifus y la rickettsiosis exantemática). El Director del Departamento, en aquel momento Orlando Palma, reconoció sentirse desconcertado por la falta de interés mostrada por la clase médica (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Electrocutan microorganismos patógenos con pequeñas descargas eléctricas apareció sobre este tema en el nº 71).

Y eso que sigue habiendo investigaciones significativas; una de las últimas sobre la eficacia de la electricidad en casos de cáncer. Nos referimos al trabajo Tumor treating fields: a new frontier in cancer therapy (Tratamiento tumoral con campos eléctricos: una nueva frontera en la terapia del cáncer) publicado en julio de 2013 en Annals of the New York Academy of Sciences por un equipo coordinado por A. M. Davies según el cual es eficaz generar campos eléctricos de baja intensidad (1-3 V/cm) y frecuencia intermedia (100-300 kHz) mediante transductores colocados en la piel de la zona del cuerpo donde está el tumor. De hecho el tratamiento ha sido aprobado ya por la FDA -y cuenta con autorización en Europa- para el glioblastoma recurrente. “El ensayo, en fase III, ha establecido en pacientes con glioblastoma recurrente que la monoterapia con campos eléctricos tiene una eficacia comparable al de la quimioterapia pero con una toxicidad mínima y mejor calidad de vida. Los ensayos en curso y los futuros evaluarán la terapia en glioblastomas de nuevo diagnóstico, metástasis cerebrales de tumores sólidos, cáncer de pulmón de células no pequeñas y cánceres de ovario y páncreas”.

En suma, es hora de que nuestras autoridades sanitarias dejen de mirar hacia otro lado y se planteen de una vez el uso de la electricidad para el tratamiento de las infecciones microbianas y el cáncer. Es inocua y no será por falta de pacientes…

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
178
Enero 2015
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