Surge una nueva disciplina: la Microbiótica

Los médicos achacan numerosas patologías a microorganismos considerados patógenos y presumen de contar con arsenales terapéuticos para combatirlos cuando la verdad es que se sabe aún muy poco del 97% de los que habitan en el ser humano. Pues bien, en un intento de comprender ese universo casi desconocido ha surgido una nueva disciplina, la Microbiótica, que pretende ir mucho más allá de la Microbiología y conocer las relaciones simbióticas que los microorganismos mantienen en nuestro interior y cómo actúan para regenerar y potenciar la vida. Visión a la que un gran elenco de médicos, biólogos, químicos, ingenieros y otros especialistas han querido contribuir con la publicación de sus aportaciones en una obra conjunta que acaba de ver la luz.

Luis Lázaro y Ander Urederra -dos de los principales promotores en España de esta nueva disciplina- llevan años investigando la relación de los seres humanos con los microbios -sobre todo experimentando con alimentos fermentados tradicionales- habiendo realizado en los últimos tres años más de 150 talleres sobre Microbiótica del hábitat y de la salud por toda España; en los que han contactado con grupos de consumo, asociaciones, ecoaldeas, terapeutas y personas interesadas en ser responsables de su ambiente y su alimentación. Y tanto el libro Microbiótica. Nutrición simbiótica y microorganismos regeneradores (Ediciones i), que acaba de ver la luz explicándolo –coordinado por Luis Lázaro- como una pequeña empresa recién creada y desarrollada por ambos –Microviver S.L.- concentran gran parte de sus hallazgos y experiencias. Hemos mantenido con ellos la amplia charla que transcribimos a continuación.

-¿Pueden explicarnos para empezar a qué se refieren ustedes con el término Microbiótica?

Es un término casi anónimo -nos diría Luis Lázaro- que surgió a raíz de una cadena de acontecimientos accidentales y la colaboración de diferentes personas como ha sucedido con muchos otros descubrimientos afortunados. Lo usábamos como sinónimo de “microbiota” y cuando descubrimos que la palabra no existía decidimos darle la connotación que realmente tiene para nosotros: el estudio del microcosmos vivo desde la óptica consciente de que los humanos somos parte de él y no algo ajeno. A fin de cuentas hay en nuestro interior ¡diez veces más microbios que células!

-¿Es ésa la diferencia con la Microbiología?

-En buena medida. La diferencia con la Microbiología es que nosotros estudiamos los microorganismos desde la empatía que proporciona saber que el 90% de nuestros cuerpos lo constituyen virus y bacterias. No los vemos ni valoramos pues de una forma desapegada, como si fuéramos algo ajeno, algo que contemplamos desde un microscopio; para nosotros los microbios no solo son el origen de la vida y los diseñadores de la evolución, es que también somos ellos. Y ellos son nosotros. Desde la perspectiva de la Microbiótica no hay separación entre el ser humano y los microorganismos que lo integran. Todos somos uno. Tengamos pues más respeto hacia esa dimensión invisible que constituye lo micro en la vida.

La Microbiótica es por tanto también un movimiento social que pretende llevar al nacimiento de una nueva cultura en este ámbito. Como una especie de asociación de defensa y protección de los microbios… aunque en realidad ellos no la necesitan; más bien ocurre al revés. Y es asimismo un intento de arracimar en una plataforma amplia los diversos aspectos que interaccionan la vida y el ser humano con los microbios: desde la Biología a la Astrofísica, desde la Etología a la Nutrición, desde la Psicoterapia a la Gastronomía, la Metafísica, la Ecología, la Medicina o el Arte. Nos gustaría que fuera el inicio de una verdadera revolución; al menos a la hora de aglutinar a los simpatizantes que en todas esas ramas del conocimiento humano sintonizan con este concepto de unión y conexión con el mundo microbiano del que en realidad somos parte desde el origen de los tiempos.

-Novedosa visión que han intentado recoger en la obra que acaba de aparecer. Háblenos de sus autores y de cómo surgió y ha ido cuajando el proyecto…

-Pues lleva casi diez años gestándose. Cuando vivíamos en la ecoaldea de Ecotopía, al norte de Cáceres, Ander me había introducido en el mundo de los fermentados con la kombucha, el kéfir de agua, el kimchi y las ensaladas prensadas… cuando un científico de Auroville (India) nos puso sobre la pista de los llamados Microorganismos Eficientes o EM (por sus siglas en inglés de Effective Microorganisms). Así que nos pusimos a investigar sobre su utilidad en la agricultura, la depuración de las aguas fecales, la limpieza del hábitat, etc. Desgraciadamente el proyecto de Ecotopía naufragó en 2007 y el grupo que allí vivía se dispersó pero varios años después Ander y yo nos volvimos a encontrar. Yo andaba entonces con graves problemas de salud y había probado infinidad de técnicas y terapias sin demasiados resultados. Afortunadamente aquel reencuentro activó nuestras investigaciones del pasado y gracias a la ayuda de los preparados microbióticos que rescatamos del pasado casi todos mis males desaparecieron. Así que retomamos el trabajo donde lo dejamos. Nos pusimos a investigar de nuevo y a conectar con otros terapeutas y simpatizantes de esta visión, surgiendo la necesidad de sistematizar lo que estábamos descubriendo en un libro que fue creciendo como una red horizontal de autores que trabajaban en campos diferentes pero en realidad interconectados: Lynn Margulis -catedrática de Geociencias en la Universidad de Massachusets (EEUU)-, Bonnie Bassler -directora del Departamento de Microbiología de la Universidad de Princeton (EEUU)-, Máximo Sandín –doctor en Ciencias Biológicas y exprofesor titular de la Facultad de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid-, Jairo Restrepo –ingeniero agrónomo y gran divulgador de la Agricultura Regenerativa-, Juana Labrador –doctora en Biología y profesora de la Universidad de Extremadura-, Virginia Ruipérez -enfermera y especialista en Nutrición y fertilidad natural-, Francisco Mata –doctor en Medicina especializado en Nutrición Naturista-, Emilio Santos –licenciado en Ciencias Físicas y en Medicina con las especialidades de Psiquiatría y Ginecología-, Palmira Pozuelo –farmacéutica y profesora de Nutrición y Dietética en la Universidad María Cristina de El Escorial (Madrid)-, Jesús Mier –psicólogo clínico- y el chef de cocina Martín Goldman. Y de esa sinergia surgió el libro Microbiótica.

-El de la Microbiótica es un planteamiento de enormes implicaciones. Obliga a cambiar muchas ideas asentadas, empezando por el propio concepto del ser humano…

-Cierto; pero debemos aclarar que nosotros no hemos descubierto nada sustancial desde un punto de vista estrictamente científico. Somos más bien unos captadores de tendencias que hemos acuñado ese término porque permite agrupar numerosas investigaciones inconexas en campos diversos, que al interrelacionarse sinérgicamente dan lugar a un nuevo paradigma que trasciende el mero ámbito científico para expandirse hacia lo poético, lo artístico e incluso lo espiritual; realzando la importancia que tienen los microorganismos para nuestra vida y nuestro futuro. De hecho tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como los grandes microbiólogos de vanguardia ya están anunciando el cambio de paradigma y el paso de la era antibiótica a la era probiótica.

Mire, la gran revolución que implica la Microbiótica es saber que tanto la mayoría de los problemas de salud de los seres humanos como de los medioambientales pueden afrontarse y resolverse aprovechando el enorme poder regenerador de algunas especies de microorganismos. Algo que además no puede patentarse porque los microorganismos son patrimonio de la humanidad y están a disposición de cualquiera en todas partes: en las verduras -incluso si no se fermentan-, en las tierras de los bosques, en la caca de vaca… en fin, en todo el planeta.

-Hay una frase que encabeza el libro y se supone fue recogida de una pintada callejera en Madrid: “Las bacterias también sienten”. ¿Postulan ustedes que las bacterias tienen sentimientos? Porque eso implicaría que tienen conciencia…

-Al ver esa frase en una pintada inferimos que el concepto de la Microbiótica estaba ya en la calle como movimiento cultural antes que en nuestras cabezas. La Física Cuántica y la ciencia de vanguardia nos han familiarizado con que la materia es energía y la energía es conciencia. ¿Cómo vamos pues a seguir tratando a los virus y bacterias como seres de un submundo -casi inorgánicos- y, la gran mayoría de las veces, como una “amenaza”? Nosotros tenemos la certeza de que podemos conectarnos con ellos de manera consciente, de que ellos también tienen conciencia; no solo individual sino grupal e, incluso, planetaria. Así que cuando esa conexión se produzca desde el amor y el respeto de manera generalizada, prácticamente cualquier problema de salud y medioambiental podrá resolverse.

-Así que según ustedes las bacterias “sienten” y se comunican entre sí de modo “inteligente”…

-Y no solo como individuos sino como grupo. De hecho la microbiota de nuestros intestinos manifiesta un lenguaje emocional de conjunto que nosotros traducimos como emociones humanas: miedo, angustia, alegría… ¿Dónde sentimos los nervios cuando estamos estresados? ¿Dónde sino en el vientre? Hace mucho tiempo que los microbiólogos saben que las bacterias se comunican entre sí pero ha sido un equipo de investigadores coordinado por Bonnie Bassler -coautora del libro- el que ha descubierto que tienen un “lenguaje” propio que han llamado Quorum Sensing o Detección consensuada, una especie de esperanto que comparten las bacterias de una misma especie. Lenguaje complejo, casi impensable en seres tan minúsculos que apenas son una gota de agua con una membrana, miles de veces más pequeños que cualquier célula humana.

-Bueno, suponemos que es una forma metafórica de explicarlo porque es evidente que las bacterias no poseen ni sistema nervioso ni cerebro luego difícilmente pueden tener sentimientos propios tal como los entendemos nosotros ni conciencia, sea ésta individual o global. Otra cosa es que tengan una comunicación bioquímica no racional como tienen las células entre sí al igual que los tejidos y órganos de nuestro cuerpo. También las células se diversifican para formar tejidos y órganos pero eso no las hace “sentir” distinto ni ser “conscientes” de sus diferencias. Pero sigamos: según ustedes las bacterias pueden llegar a ser “inmortales”…

-Podría decirse así. La mayoría se reproduce por bipartición; simplemente crecen hasta dividirse en dos. Y cuando no tienen comida y las condiciones ambientales no son las adecuadas quedan en estado de latencia esperando que el medio cambie y puedan reactivarse. No envejecen como nosotros. Obviamente pueden ser destruidas por un calor excesivo, infecciones por virus o levaduras, productos tóxicos…. Pero al no tener órganos ni telómeros que se desgasten en un medio ideal de cultivo pueden vivir indefinidamente si el ambiente lo permite. Ahora bien, ¿permanece la conciencia original de la bacteria madre? ¿Son las hijas igual que las madres? ¿Son clones o tienen conciencia propia?

-No nos parece que la palabra conciencia sea adecuada en el contexto microbiano…

-Los humanos tenemos tanto conciencia del “yo” como del “nosotros”; incluso conciencia de Gea, nombre de la Tierra que designa a la totalidad de la vida planetaria. Pues bien, Lynn Margullis, Bonnnie Bassler y otros científicos infieren que los microorganismos -y especialmente las bacterias- también tienen conciencia del “yo” y del “nosotros”; y que todas ellas integran un inmenso banco de datos en el que se halla toda la información sobre la biosfera. Algo así como un gigantesco disco duro inmaterial que permite a cada bacteria o microorganismo conectarse para acceder a la totalidad de la información registrada. Esa es la razón por la cual se produce la “transferencia horizontal de genes”, por qué en el corto ciclo de vida de una bacteria ésta puede modificar su carga genética para adaptarse mejor al medio. Y explica que haya bacterias súper-resistentes a los antibióticos. En suma, existe una información vital para todas las especies vivas a la que puede accederse ¡a través del agua que impregna toda la biosfera!

-Parece que se apoyan ustedes en la Hipótesis Gaia, en que el planeta es un ser vivo con conciencia propia conectada con todos los seres vivos que la misma acoge, tanto unicelulares como pluricelulares?

-Para nosotros -aunque de momento es solo una teoría- los microorganismos vienen a ser como chips de información que navegan por las moléculas del agua, tanto en el medio líquido como en el gaseoso. Luego están todos en contacto. Y posiblemente exista un hipercampo cósmico -un disco duro universal- que mantenga en conexión simultánea toda la vida del universo. En fin, tal vez sea especular demasiado pero no olvidemos que Lynn Margulis fue en los años setenta del pasado siglo XX coautora de la Hipótesis Gaia.

-La verdad es que idea de un planeta Tierra vivo no es nueva sino antiquísima -interviene Ander Urederra tomando la palabra por primera vez- solo que hoy la percepción de una conciencia globalizada se integra de una manera nueva sin necesidad de simbolismos ni mística, solo a través de la ciencia y la visión directa de la realidad. Lovelock, apoyado por Lynn Margulis y otros, solo desarrolló una serie de hipótesis que postulan básicamente que la biosfera y la atmósfera de la Tierra se comportan como una unidad coherente, como una especie de macroorganismo capaz de regular para el conjunto de los seres vivos que cobija las condiciones esenciales para su mantenimiento; como la temperatura, la composición química o la salinidad de los océanos.

-En suma, ustedes intentan hacer entender que el macrocosmos y el microcosmos están interrelacionados, que son los microorganismos los “ingenieros” que han dado lugar a todos los seres vivos -incluidos los seres humanos-, que todos compartimos la misma información primordial, que nuestros propios cuerpos tienen 10 veces más microorganismos que células y que, por tanto, carece de sentido la actual concepción de que la mayoría son patógenos.

 -Exacto.

-¿Y de ahí que postulen que en ellos están las soluciones a la contaminación y a gran parte de los problemas de salud que aquejan a los humanos…

Eso es.

-Entendemos. Hablemos pues de ello. ¿Qué son los microorganismos nativos del bosque de los que se habla en el libro?

-Las colonias microbianas que residen en la tierra y el material orgánico en descomposición de los bosques así como en las cortezas de los árboles, los líquenes y musgos, las micorrizas de los hongos o las raíces de las plantas -nos contesta Ander Urederra-. Se trata de microorganismos que facilitan que la descomposición se produzca de manera sana y el sustrato sea regenerativo y nutritivo para todas las especies de seres vivos que se nutren a través de la  tierra y del manto orgánico que la cubre.

-Estamos adentrándonos en la Agricultura Regenerativa sobre la que Jairo Restrepo ofrece una síntesis en el libro…

-En efecto -responde de nuevo Ander Urederra-; microbios del bosque que se pueden recolectar y cultivar luego en un sustrato natural apropiado -como las cascarillas de los cereales o el serrín- y alimentarlos con nutrientes -como la melaza, la miel o las frutas dulces-. De esa forma proliferan rápidamente pudiendo usarse para descontaminar y regenerar terrenos y bosques o aportarlo a los piensos del ganado. Se potencia así la agricultura ecológica y se hace al agricultor más independiente al no tener que depender de las actuales sustancias agrícolas tóxicas que se comercializan.

-Si les parece entremos en las implicaciones médicas de la Microbiótica. Nos consta que el conocido doctor Heinrich Kremer, que está investigando el daño mitocondrial causado por décadas de utilización masiva de antibióticos, la visión simbiótica de los microorganismos y las funciones reales de la mal llamada inmunidad, afirma que los microbios deberían declararse ¡especie protegida! Y en una línea similar se halla el biólogo español Máximo Sandín quien asegura que la lucha contra los microbios ha sido enormemente autodestructiva…

-La mayor parte de las estrategias médicas son belicistas, de guerra y exterminio. De hecho hasta la organización social de los centros de salud responde a la clásica jerarquía militar y el paciente no es a menudo más que un número y no un ser humano con nombre y apellidos; lugares donde las infecciones se afrontan atacando y destruyendo no solo microorganismos -lo que pone en grave peligro la vida en el momento del ataque- sino el propio medio celular, la capacidad vital futura y la memoria armónica original para recuperar el consenso simbiótico y la salud. Cuando ¡luchar contra los microorganismos es luchar contra nosotros mismos!

-En la revista hemos publicado numerosos artículos cuestionando la dogmática visión oficial de la Medicina según la cual los microbios causan la mayoría de las enfermedades. ¿Qué aporta la Microbiótica a esta crítica?

-Ofrece una visión holística del comportamiento microbiano y explica cómo sus acciones están condicionadas por las características del medio ambiente en el que habitan. De manera que si el ambiente es sano y se mantiene el equilibrio dinámico entre las diferentes especies que cohabitan un nicho ecológico o un ser vivo concreto -como un ser humano por ejemplo- se comportan y responden convenientemente para toda la relación simbiótica en la que participan. Pero si su ambiente se convierte en un medio contaminado y hostil pueden variar su comportamiento para adaptarse y perdurar realizando acciones que en última instancia pueden resultar perjudiciales y agravar más la situación.

Obviamente las causas de la pérdida del equilibrio dinámico pueden ser múltiples: tóxicos, alimentos contaminados o en mal estado, déficits nutricionales, radiaciones telúricas y electromagnéticas, emociones y pensamientos negativos, traumas psicoemocionales… Cuando además a ello se suman sentimientos de culpa o fracaso la armonía interna desaparece y ello nos lleva a un cuadro de crisis al que llamamos vulgarmente enfermedad; que se mantiene hasta que la armonía simbiótica interna se recupera, vuelve el consenso y la concordia y la mente recupera el sosiego.

-¿Creen que el estamento médico será receptivo a estos nuevos planteamientos?

-Aplicando los medios biológicos y las técnicas regenerativas que ya se conocen para la ecología, la nutrición y la salud, la microbiota, dada su capacidad adaptativa y su poder de recombinación y respuesta inmediata, se recupera muy rápidamente a todos los niveles. ¿Lo asumirán los médicos? Pues mire, la Medicina asume los nuevos descubrimientos a la velocidad que le permite el tejido mercantilista al que está sujeta; así que lo que tenemos que hacer nosotros es intentar aumentar el nivel de consciencia de la sociedad.

-Pues no va a ser fácil convencer a los médicos y a la sociedad de que los antibióticos, los antivíricos, los antifúngicos, los antiparasitarios y las vacunas deberían desterrarse de la práctica médica.

-Porque se trata de un negocio muy lucrativo; solo que se está haciendo a costa de la salud de la población. La mayor parte de las patologías tienen su origen en el aparato digestivo aunque los síntomas se produzcan en otros órganos y sistemas. Aparato digestivo que funciona peor aun agravando el problema cuando la persona enferma toma los fármacos que se le prescriben para paliar los síntomas ya que muchos intoxican la microbiota e incluso la destruyen poniendo en grave peligro todo el sistema biológico. Y no estamos diciendo que en un momento de crisis un antibiótico, un antivírico o un antifúngico no puedan puntualmente ser útiles e incluso ayudar a salvar una vida, estamos denunciando su uso indiscriminado y, sobre todo, que lo que muchos fármacos paliativos hacen es provocar muchos más efectos adversos de los que mitigan al afectar muy negativamente a la microbiota.

-Sin embargo ustedes no rechazan la llamada “Bacterioterapia”…

-Bueno, se trata de una corriente emergente a caballo entre la medicina alopática y la alternativa -nos responde esta vez Luis Lázaro tomando de nuevo la palabra-. En 2008 un gastroenterólogo llamado Alexander Khoruts trató a una paciente que sufría una diarrea crónica tan severa que se temía por su vida y tras innumerables tratamientos ineficaces de antibióticos le suministró vía rectal una solución salina que contenía ¡heces de su marido! y la diarrea desapareció en 24 horas. Este método ha sido posteriormente utilizado en diferentes experimentos clínicos y se ha constatado su gran eficacia y seguridad. Además, esta misma técnica -el trasplante de materia fecal- se ha usado ya con éxito para tratar la obesidad e incluso la diabetes tipo 2. De hecho gracias a ésas y otras muchas investigaciones recientes se sabe que patologías como el autismo, la enfermedad de Cröhn, la esclerosis múltiple, alergias graves y distintas enfermedades autoinmunes y trastornos neurodegenerativos tienen una base común: la alteración de la microbiota. Habiéndose demostrado que todas ellas mejoran cuando ésta se equilibra.

Y esto me hace recordar que el microbiólogo inglés John Stanford descubrió en un charco de África una bacteria, la Microbaccterium patae, que es hoy conocida como la “bacteria milagrosa” por sus increíbles poderes de curación de enfermedades degenerativas. Pero hay en todo caso otras bacterias, fundamentalmente acidolácticas, que absorben toxinas y generan con ellas energía a la vez que las eliminan. De hecho eso es lo que hacen los alimentos sólidos y líquidos tradicionales que sufren procesos de fermentación así como los nuevos súper-alimentos fermentados que están comenzando a salir al mercado en muchos países..

-En el libro se habla de la llamada Nutrición Simbiótica como corriente de la Microbiótica aplicada al campo de la alimentación y la salud. ¿Qué tiene que aportar a las teorías dietéticas y nutricionales actuales?

-Es una nueva y más profunda visión de las necesidades reales del sistema biológico humano -nos dice Ander Urederra interviniendo de nuevo. En la Nutrición Simbiótica se tiene en cuenta cómo un alimento, una dieta, una combinación de alimentos o la actitud para comer afectan al microbioma o a los colectivos simbiontes de microorganismos en el cuerpo. Una comida difícil de digerir por su naturaleza o complejidad puede requerir más recursos para su digestión que nutrientes pueda aportar y, además, provocar reacciones que deriven en afecciones puntuales más o menos graves y que rutinariamente, a largo plazo, se pueden hacer crónicas. En este aspecto, si una comida compleja es acompañada de un complemento alimenticio simbiótico éste va a facilitar la función de los órganos digestivos y la eliminación de residuos indeseables. Los alemanes lo tienen muy claro: he oído a muchos decir que si no fuera por el chucrut no podrían comer lo que comen y estarían todos más enfermos. Los microbios son seres vivos muy sensibles y resonantes que segregan sustancias relacionadas con el estado de ánimo de todo el colectivo. Lo deseable es una actitud relajada y una atención sobre el hecho de comer y lo que implica. Comemos para un colectivo muy heterogéneo que responde adaptativamente según el ambiente que produzca lo que ingerimos; sea comida, suplementos, medicinas o complementos de acción lúdica comunes como la sacarosa, el café o el alcohol.

-¿Qué beneficios aportan a corto plazo los alimentos fermentados?

-Mejora la función del aparato digestivo -especialmente de los intestinos-, tanto en la admisión de nutrientes como en la eliminación de residuos. Además cuando mejora la eficacia de la digestión la tendencia natural es comer solo lo necesario y se recupera la regularidad para ir al baño. Y todos sabemos que cuando el intestino está limpio tenemos mejor concentración y atención, mayor lucidez mental y más jovialidad. Eso sí, a veces se puede notar cierta embriaguez resultante de la producción de bioquímica para el bienestar; como las endorfinas.

-¿Y qué alimentos son simbióticos?

-Un alimento simbiótico es aquel que suma un probiótico con microorganismos vivos y un prebiótico con fibras y enzimas que alimentan a la microbiota residente en nuestro intestino. En general todos los vegetales crudos y frescos o conservados por medios biológicos y no con química, radiación o refrigeración excesiva tienen algo de simbióticos.

Los más convenientes son las hortalizas y frutas frescas enteras, los cereales integrales, las legumbres, las semillas -sean o no germinadas-, las algas -deshidratadas o conservadas sin haber sido cocinadas- y las plantas medicinales que favorecen la digestión y bajan la ansiedad. Pero los más característicos de la Nutrición Simbiótica son los alimentos fermentados -especialmente probióticos como el kéfir, el chucrut, el kimchi, el miso y el tempeh- así como los germinados de semillas, las ensaladas prensadas, los encurtidos y aceitunas naturales, las setas que se pueden comer crudas -como el champiñón-, algunas bebidas no alcohólicas naturales como la cerveza artesana, el té kombucha, los tíbicos –mezcla de bacterias y levaduras-, el tepache –bebida fermentada de cáscara de piña-, los zumos verdes, el agua pura de manantial y el agua de mar.

Y también son importantes prebióticos como los salvados de cereales fermentados y las combinaciones de hortalizas y algas. Algunas frutas, como la piña o la papaya, son asimismo muy prebióticas. También se pueden añadir micronutrientes -vitaminas, enzimas, minerales, etc.- que favorecen la digestión y equilibran el déficit crónico que de ellas solemos tener.

-Suponemos que la preparación de los alimentos y cómo ingerirlos es igualmente importante.

-Por supuesto: es importante masticar y salivar bien, comer sin ansiedad y no beber agua durante la comida para que no impida una buena ensalivación y no rebaje la densidad de los jugos gástricos. Es bueno saber que el contacto íntimo con la naturaleza y los alimentos naturales optimiza la nutrición simbiótica adecuada. En cuanto a su preparación debe intentar evitarse cocerlos, freírlos, congelarlos, radiarlos y pasteurizarlos. Siempre que se pueda es mejor comerlos crudos y de temporada.

-¿Y cómo se hacen o consiguen los probióticos y prebióticos? No todo el mundo lo sabe…

-Dada la dificultad actual -sobre todo en las grandes ciudades- de obtener una óptima calidad y frescura de los alimentos vegetales y el alto grado de toxicidad al que está sometida la población se puede optar por hacer alimentos fermentados caseros -especialmente si se encuentran productos ecológicos frescos-, germinados de semillas y ensaladas prensadas de col, zanahorias, nabos, remolachas y otras hortalizas.

El resto requiere de un aprendizaje y cierta experiencia.

Afortunadamente cada vez se ven más este tipo de productos en tiendas de productos naturales y dietéticas e, incluso, suplementos probióticos de diseño, algunos de los cuales se venden liofilizados en cápsulas y viales aunque la mayoría dejan mucho que desear y son caros. Por eso recomendamos las presentaciones de probióticos en forma de alimentos naturales y mejor si además tienen acción prebiótica. Llevamos más de quince años publicando esta información en www.nutribiota.net.

-¿Y en qué consiste la Fitoterapia Fermentativa?

-Es una corriente dentro de la Microbiótica -vuelve a intervenir Luis Lázaro-. Se trata de extraer los principios activos de las plantas por fermentación acidoláctica en lugar de por calor en agua o maceración en alcohol; porque tanto el calor como el alcohol destruyen algunos principios activos sutiles de las plantas. Con este singular método la temperatura es siempre constante -no superior a 35º- y se consigue macerar plantas combinándolas con un cóctel de microorganismos y agua que dan lugar a una fermentación antioxidante y a un amplio espectro de micronutrientes.

Con la Fitoterapia Fermentativa se juntan los principios activos de las plantas con muchas familias de microorganismos regeneradores, enzimas, vitaminas y fitoquímicos que son propias de la fermentación y que las plantas no poseen. Esta innovación en el cultivo fermentativo de micronutrientes es algo nuevo y desconocido para la industria. Además nosotros combinamos las nuevas técnicas con otras derivadas de la Espagiria (alquimia vegetal), la Geometría Sagrada, la proyección vibracional de informacion y la revitalización-dinamización del agua para dar una potencia añadida a las formulaciones de alimentos simbióticos que estamos desarrollando. Los microorganismos regeneradores que hemos seleccionado y cultivado en el cóctel simbiótico que llamamos VIR tienen la capacidad de ser una pantalla de proyección enorme de todo lo que hacemos y propician la fuerza vital con una intensidad de amplio espectro que nos tiene sorprendidos. Los resultados son muy prometedores aunque es prematuro hablar de ello puesto que acabamos de salir al mercado. Además no existe aún demanda para estos nuevos alimentos por lo que habrá que ir dando a conocer poco a poco esta nueva cultura microbiótica. Primero entre los terapeutas y después entre la gente concienciada.

-Una última pregunta: en el libro se asegura que es posible utilizar microorganismos para tratar problemas psicológicos y emocionales. ¿Tiene realmente fundamento esa aseveración?

-La Psicología Simbiótica estudia la interacción de la microbiota intestinal, la dieta y su relación con el sistema nervioso y el comportamiento humano. El Dr. Michael Gershon fue el primero en hablar del Segundo Cerebro o Sistema Nervioso Entérico: 100 millones de neuronas que tapizan el intestino y están conectadas por el nervio vago con el Primer Cerebro. Hoy se sabe que en la dinámica intestinal se genera más del 95% de la serotonina, el 50% de la dopamina y al menos gran parte de otros 30 neurotransmisores más. También produce benzodiacepinas, sustancias que se utilizan como tranquilizantes en numerosos fármacos: Diazepam, Lorazepam, Alprazolam, Valium, Librium, Tranxilium...

Jesús Mier, pionero en el ámbito de la Psicología Transpersonal en España, se dio cuenta en su consulta de que la Psicoterapia es a menudo insuficiente para tratar casos de depresión o autismo y hoy forma parte de nuestro equipo interdisciplinar para desarrollar esta nueva psicoterapia. De hecho hay muchas investigaciones serias en esta área pero tal vez la más conocida sea la del GAPS de la Dra. Natasha Campbell–McBride para tratar a niños diagnosticados como autistas o déficit de atención; también con éxito. Hoy sabemos que problemas como la depresión, la ansiedad, el trastorno bipolar, el autismo y la esquizofrenia tienen un denominador común: inflamación intestinal crónica en quienes las sufren. Y es evidente que la inflamación intestinal se debe en gran parte a un desequilibrio grave de la microbiota intestinal.

También estamos desarrollando un método terapéutico de manipulación osteopática y visceral junto con el fisioterapeuta Javier Rossignoli teniendo en cuenta la Microbiótica; lo llamamos MicroPsicoperistalsis en honor a Gerda Boyesen que desarrolló hace 70 años la Psicoperistalsis como sistema de digerir las emociones partiendo de los movimientos peristálticos del intestino… Pero eso vendrá en el segundo tomo del libro que ya estamos preparando. Hemos abierto una Caja de Pandora pero en positivo y esperamos que sea una revolución sana para el mundo y el ser humano.

Jesús García Blanca

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178
Enero 2015
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