Las farmacéuticas quieren hacer también publicidad de los medicamentos con receta

La industria farmacéutica está presionando a las autoridades europeas para que se les permita también hacer publicidad de los fármacos con receta, algo que hoy sólo consienten Estados Unidos y Nueva Zelanda. Pues bien, hemos tenido acceso al borrador preparado por la Dirección de Empresa e Industria de la Comisión Europea cuya norma, de aprobarse en los próximos meses, aumentaría aún más los casos de iatrogenia y podría llevar definitivamente al colapso a los sistemas sanitarios; especialmente porque la idea es que la publicidad se centre en los “nuevos” fármacos, mucho más caros a pesar de ser igual de inútiles para curar que la mayor parte de los anteriores.

La publicidad de medicamentos con receta está prohibida en todo el mundo -salvo en Estados Unidos y Nueva Zelanda- por lo que la industria farmacéutica intenta que se cambien las normasya que sabe que los productos más publicitados suelen ser los más vendidos. Sin embargo los fármacos no son productos de consumo corrientes sino tóxicos cuya peligrosidad nadie discute –aunque muchos prefieran ignorarlo- en la mayor parte de los casos meramente paliativosy cuyos efectos adversos se conocen ampliamente. Como ya publicamos en el número 89 de la revista el estudio Death by Medicine (Muerte por la Medicina) destaca que las reacciones adversas producidas por los medicamentos -tanto fuera como dentro de los hospitales- causan cada año sólo en Estados Unidos 305.000 muertes. Y ésa es una de las principales razones por las que la mayoría de los países prohíben expresamente hacer publicidad de los fármacos. Solo que eso puede variar en breve porque los laboratorios farmacéuticos están patrocinando un cambio en la regulación europea de lo que se denomina Publicidad Directa al Consumidor (o DTCA por sus siglas en inglés) a fin de poder publicitar directamente sus medicamentos al paciente. Y sólo dos aspectos se están aún estudiando: el posible conflicto de intereses ante el hecho de que sea el propio laboratorio el que “informe” sobre un producto propio y la dificultad para separar información de publicidad.

Evidentemente los laboratorios no piden que se levante sin más la prohibición de hacer publicidad –saben que la oposición sería frontal- y por eso lo que hacen es promover que la Comisión Europea –máximo órgano de gobierno la Unión- modifique la Directiva 2001l83/EC –actual código comunitario sobre medicamentos para uso humano- y lograr así el mismo objetivo pero de manera sutil. ¿Cómo? Pues alegando que para poder ofrecer una “mejor información” al paciente se les debe permitir realizar “campañas informativas sobre las enfermedades y sus tratamientos”. Algo en lo que la gran industria lleva años trabajando ejerciendo presión a través de lobbies.

Pues bien, Discovery DSALUD ha tenido acceso a una copia del borrador original de la posible futura normativa sobre “información al paciente” de los productos medicamentosos. Y lo que más llama la atención desde las primeras líneas de presentación de la propuesta es su carácter claramente comercial pues ya en su primer párrafo se dice: “Los objetivos de la política general de la propuesta están en consonancia con los objetivos generales de la legislación farmacéutica de la Comunidad. Éstos están destinados a garantizar el buen funcionamiento del mercado interior de medicamentos de uso humano y a proteger mejor la salud de los ciudadanos de la Unión Europea”. La Comisión no se anda con rodeos: primero el mercado, luego las personas.

Además se eliminaría la definición de publicidad. En ningún apartado del texto sugerido se habla de publicidad, sólo de “información”. De hecho si se aprobase el borrador tal como está se permitirían las “campañas de información”… en los medios escritos, lo cual incluye periódicos, revistas, suplementos, folletos e Internet. Y no se incluye radio y televisión porque se entiende que la información no sería selectiva, no llegaría sólo “a quien desea recibirla” (como si en un periódico o una revista la publicidad sí fuera selectiva y no llegara a todo el que adquiere un ejemplar). En cuanto al caso de Internet el borrador indica que deberá llegarse a un acuerdo entre el Estado y la compañía farmacéutica agregando que si no se alcanzase la decisión se trasladaría al Comité de Farmacia de la Unión Europea. Eso sí, no se permitirá establecer comparaciones de eficacia -ni de otro tipo- entre productos. Es decir, se prohibiría justo lo que sí podría ser de interés para el consumidor si no fuera porque el consumo de casi ningún fármaco se justifica en realidad. En cambio sí se permitiría publicar información de estudios en fase IV, es decir, cuando esté probándose un medicamento de manera masiva para constatar realmente sus efectos secundarios.

Por otra parte, la actual propuesta deja que la industria farmacéutica se “autorregule” a través de un manual de “buen comportamiento”. Es decir, los laboratorios primero promocionarían sus fármacos y después, una vez en el mercado, ya responderían ante los tribunales o ante las autoridades sanitarias si la promoción no es ética o si a causa de su consumo se producen graves daños en la salud. Cuando los controles a posteriori ya han demostrado ser absolutamente ineficaces. Lo demuestra que en Estados Unidos la FDA -la agencia que regula los medicamentos- está a día de hoy totalmente desbordada por las alertas y las denuncias.

Es más, la realidad es que hoy muchos laboratorios hacen campañas de publicidad con afirmaciones claramente engañosas -cuando no abiertamente falsas- durante meses, ganan cantidades inmensas y no dejan de hacerlo hasta que se adopta una resolución para prohibirlas… lo que normalmente sucede cuando la campaña ya ha terminado. En suma, los fabricantes evitan cualquier control previo.

Cabe recordar que la industria ya “autorregula” hoy la promoción de medicamentos entre los médicos y no por ello se ha acabado el “alquiler” de voluntades -a base de “regalos” o, incluso, de dinero en efectivo- como ya publicamos en el nº 96 de la revista. Una práctica vergonzosa y quizás rentable aún desde el punto de vista económico pero que ha empezado a pasar factura a la industria farmacéutica desde el punto de vista social porque cada día más personas están entendiendo cuál es su nivel de ética. Y la ética de muchos médicos. De hecho, sabiendo que su imagen se deteriora por momentos en la propuesta de nueva directiva prácticamente no hay referencia a los profesionales sanitarios como proveedores de información sobre temas de salud más que diciendo que estas medidas no pretenden sustituirlos. Es decir, los laboratorios no contarían con ellos como hasta ahora, prueba de su clara intención publicitaria.

A LA TERCERA ¿LA VENCIDA?

Debemos decir que es ya la tercera vez que la industria farmacéutica presenta este proyecto encaminado a aumentar sus beneficios. En las dos primeras ocasiones se rechazó por abrumadora mayoría pero esta vez parece que tienen bastantes votos a favor, en su mayoría eurodiputados de los países del este europeo cuyas agencias reguladoras tienen mucha menos experiencia y donde la financiación de los medicamentos por el estado es muy escasa.

La excusa alegada en la nueva directiva para aceptar que la propia industria  informe sobre sus fármacos es que se hace “con miras a mejorar el uso racional de estos medicamentos”. Y asegura que la información será eso, información y no promoción. La Comisión mantiene que además es necesario “unificar criterios” porque si bien la publicidad de medicamentos está prohibida en todos los países de la Unión cada uno aplica las normas con diferentes matices –unos son muy restrictivos y aplican la ley de manera coherente y otros son menos “reguladores” y permiten cierta promoción de medicamentos a los médicos o a las asociaciones de pacientes-. Cabe pues preguntarse si lo que en realidad se pretende no es sino legalizar las actuales prácticas de publicidad encubierta. La excusa, según el borrador, es que hay que modificar las dos directivas anteriores porque los pacientes de los distintos países sufren una “desigualdad en el acceso a la información sobre medicamentos”. Pero la justificación es peregrina porque hay información completa sobre todos los fármacos que se comercializan hoy al alcance de cualquiera –y en varios idiomas- en Internet.

No es ésa en cualquier caso la única justificación argüida. Según los responsables de la propuesta que ahora hay sobre la mesa de negociación“las divergencias en términos de normas y prácticas sobre qué información se puede poner a disposición tienen un impacto negativo en la seguridad jurídica de los titulares de autorizaciones de comercialización con la actividad transfronteriza”.Es decir, que para que los laboratorios no reciban denuncias por posibles incumplimientos de las normativas de cada país es mejor unificarlas; eso sí, facilitando para ello la publicidad encubierta con lo que de nuevo salen ganando los fabricantes de medicinas.

Para Eduardo Satué de Velasco, farmacéutico comunitario de Maella (Zaragoza) y vocal de Farmacéuticos Mundi, “existe la intención bastante clara de confundir en la legislación información con publicidad pese a los intentos por salvar las apariencias. Un ejemplo es decir que la información no debe promocionar el producto pero eso es difícil de cumplir porque la comprensión global de la información de un medicamento requiere de una capacitación y entrenamiento que sólo llegan a alcanzar plenamente los profesionales sanitarios. Incluso la información dirigida a los profesionales está llena de artimañas publicitarias y es habitual que el profesional llegue en ocasiones a estar confundido sobre la verdadera eficacia y seguridad de un producto. Eso sólo se resuelve con formación continuada independiente. Es difícil imaginar pues qué información pueden suministrar las compañías farmacéuticas que no provean ya los profesionales sanitarios y que sea útil al paciente por lo que la sospecha de que el objetivo de esas informaciones se traduce en publicidad es imposible de obviar”.

Otro de los objetivos que se ha marcado la Comisión es no restringir “indebidamente” la información de los laboratorios farmacéuticos “comprensible y objetiva, no promocional” sobre los beneficios y riesgos de los medicamentos así como evitar la “burocracia innecesaria”. En suma, se pretende darles aún más libertad; aunque pueda ser a costa de la salud y la vida de las personas.

LEER ENTRE LÍNEAS

Y debemos advertir que la decisión de la Comisión Europea de apoyar la “información al paciente” es clara. En el apartado de aspectos jurídicos de la propuesta se citan algunos puntos claves. Así, se pide que se determinen los canales autorizados para el suministro de información. También establece la obligación de los estados miembros de crear un sistema de vigilancia para garantizar que las disposiciones sobre el contenido de la información y las normas de calidad y los canales de difusión se cumplan… pero la propuesta deja en manos de los estados miembros de la Unión la capacidad de decidir cuáles son los mecanismos de vigilancia más adecuados en su territorio limitándose a establecer una norma general: que la vigilancia debe tener lugar después de la difusión de las “informaciones” de los laboratorios, como ya hemos comentado.

Como puede comprobarse la decisión de la Comisión Europea de favorecer a los laboratorios farmacéuticos para que hagan publicidad encubierta de sus productos es clara. Pero no así los datos concretos de la propuesta, inespecífica. Con el borrador en la mano debemos leer pues entre líneas para imaginar cómo puede cambiar en un futuro próximo la práctica de la medicina y cómo se extenderá eso que ha dado en llamarse la “medicalización” de la vida cotidiana. Uno de los apartados más inquietantes estima que hay que establecer “normas de control específico para la información difundida a través de sitios web, tener en cuenta el carácter transfronterizo de la información proporcionada a través de Internet y permitir la cooperación de los estados miembros”. La verdad es que no queda claro qué pretende la Comisión con este texto pero por el contenido general de la propuesta se supone que a estas alturas no querrá limitar la publicidad encubierta de medicamentos que ya realizan numerosos laboratorios a través de páginas web específicas sobre alguna enfermedad. Quizás lo que las autoridades europeas pretenden, en nombre de la calidad de la información sobre medicamentos, es poner coto a los numerosos portales que hay en Internet con información crítica e independiente sobre los efectos de los fármacos. Y es que como afirma Satué “el verdadero caballo de batalla de la publicidad en los años venideros va a ser Internet. Ésa es la auténtica razón porque ya existen sitios oficiales de las agencias del medicamento de cada país o de sociedades científicas independientes donde se da cuenta de la información sobre medicamentos. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AGEMED), por ejemplo, dispone de las fichas técnicas y prospectos de todos los medicamentos accesibles al público”.

PACIENTES INFORMADOS

Internet se ha convertido hoy, es verdad, en la gran fuente de información sobre temas de salud. Cualquier persona interesada en saber algo sobre su salud o la de sus seres queridos dispone de decenas de miles de páginas que con mayor o menor calidad o rigor ofrecen información. Y eso -lo reconoce la propia Comisión en su documento- produce ciudadanos más activos en el cuidado de su salud. También se ha producido un fenómeno de descentralización de las fuentes de información sobre temas sanitarios que hasta hace poco recaían casi en exclusiva en autoridades sanitarias y médicos. Por eso en la propuesta de nueva directiva se dice: “Las autoridades nacionales competentes y los profesionales de la salud debe seguir siendo importante fuentes de información sobre medicamentos para los ciudadanos. Sin embargo, los titulares de las autorizaciones (los laboratorios) pueden ser una valiosa fuente de información no promocional sobre sus medicamentos”. El planteamiento es sencillo: como los ciudadanos están cada vez mejor informados sobre los temas que atañen a su salud y, en particular, sobre los efectos adversos de los fármacos, los laboratorios también tienen derecho a “informar” al público… para intentar equilibrar la balanza a su favor.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) junto con la Organización Europea de Consumidores (BEUC) y las principales asociaciones de consumidores europeas y ONG´s del campo de la salud -como Acción Internacional para la Salud (HAI Europa)- ya han manifestado públicamente: “No se trata de una estrategia de información a los consumidores sino simplemente de permitir a las empresas farmacéuticas una mayor flexibilidad para proporcionar información directamente al público sobre medicamentos con receta. Favorece únicamente a la industria cuyos intereses comerciales están claramente en conflicto con el derecho de los consumidores a recibir información objetiva, contrastada y no promocional. Conllevaría consecuencias nefastas, incluyendo una preferencia por las medicinas con altos márgenes de beneficio, el incremento del gasto sanitario, una tendencia contra las terapias no farmacológicas y una mayor presión en las relaciones médico-paciente”. En cuanto al sistema de vigilancia previsto la OCU considera que es “débil, caro e ineficiente”.

Clara Valverde, presidenta de la Liga Síndrome de la Fatiga Crónica (www.ligasfc.org), comenta al respecto: “Lo que pretenden hacer las farmacéuticas, en colaboración con los gobiernos, es manipular para intentar que los pacientes hagamos de ‘mini-lobbies’ que presionen a los médicos para recetar ciertos medicamentos: los que anuncien las farmacéuticas. Éstas y la Unión Europea hablan de ‘información objetiva’ pero es imposible que los laboratorios, que están consiguiendo beneficios increíbles a costa de vender medicamentos, gran parte de ellos nocivos, inútiles o las dos cosas, sean ‘objetivos’. No hay nada ‘objetivo’ en enriquecerse a costa de la salud o del miedo de la gente”.

JURISTAS PARA PRESIONAR

Ya en octubre del 2007 la multinacional Merck Sharp & Dohme (MSD) patrocinó el denominado XIV Congreso Nacional de Derecho Sanitario. Y en él se celebró un taller -moderado por Roberto Cantero, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Derecho Sanitario– en el que hablaron Xavier Badía -ejecutivo de la firma de marketing sanitario IMS Health-, Juan Siso -subdirector de la Oficina del Defensor del Paciente de la Comunidad de Madrid-, Jordi Faus -abogado especializado en el sector farmacéutico- y José Ramón Luis Yague -Director de Relaciones con las Comunidades Autónomas de Farmaindustria– en el que tan insignes ponentes analizaron la legislación europea en relación a la información sobre medicamentos dirigida al paciente planteando la necesidad de arbitrar posibles vías que garanticen un acceso “equitativo” a ese tipo de información… actualmente prohibida. Obviamente no fue un caso aislado. En los últimos años se han celebrado multitud de foros financiados por la industria con el único objetivo de ejercer presión sobre las autoridades europeas para que sobre este asunto se legisle a su favor. Y esto es tan cierto que la propia nota de prensa que emitió Merck tras el evento reconocía -aunque sin aportar datos, como es lógico- lo siguiente: “En la actualidad un grupo multidisciplinar de expertos españoles, integrado en su mayoría por juristas, trabaja en el desarrollo de un consenso sobre información de salud y medicamentos al paciente”. Desconocemos quién compone ese grupo de “expertos” que trabajan para los laboratorios en este asunto pero lo cierto es que sus propuestas coinciden de manera sospechosa con lo que contempla la propuesta de la directiva europea sobre “información la paciente”. Juzguen ustedes mismos: “El objetivo de dicho consenso (por el que trabaja este lobby) es ofrecer un posicionamiento que sirva como punto de partida para el debate social sobre la información sobre salud y medicamentos dirigida al ciudadano y al paciente. Y es que, según este grupo de trabajo, las restricciones que la Ley europea impone a este tipo de información están dando lugar a desigualdades entre los ciudadanos además de suponer un límite a la autonomía del paciente (…) Internet hace posible que el paciente europeo acceda directamente a información sobre medicamentos de prescripción, situación que la legislación prohíbe. El principal problema que se deriva de ello es que no existen garantías sobre la calidad de esa información a la que accede el paciente o pueden existir problemas de interpretación dando lugar a un acceso poco equitativo entre unos ciudadanos y otros”. No es difícil comprender por qué molesta tanto a los laboratorios que los ciudadanos busquen información crítica sobre medicamentos en Internet y que por ello, con la excusa de una fomentar la “información al paciente” de calidad y rigurosa -como propone la Comisión Europea en su documento- lo que se quiera lisa y llanamente es copar Internet y los medios de comunicación de publicidad que de algún modo “esconda” los discursos críticos.

PACIENTES DE LA INDUSTRIA

Agregaremos que para impulsar su propuesta en la Comisión los laboratorios han recurrido a otro lobby fundamental en el actual panorama sanitario: el de las asociaciones de pacientes que financia. La situación en Europa es preocupante. Según Bernardo Santos Ramos, miembro del servicio de Farmacia del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, “todo empieza cuando las farmacéuticas deciden iniciar una gran campaña de presión ante la Unión Europea perfectamente planificada que, como reconoce la Association of the British Pharmaceutical Industy, se realiza de manera combinada entre lobbies de alto nivel, grupos de pacientes y opiniones de profesionales sanitarios afines que concluye con una presión en enclaves específicos de Bruselas. La cita de usar asociaciones de pacientes no es baladí. La Global Alliance of Mental Illness Advocacy Organisation (GAMIAO)fue fundada por Bristol-Myersy la Association of Patients Organization (APO)fue fundada y financiada por un consorcio de 30 compañías farmacéuticas siguiendo una extensa y documentada serie de situaciones similares en Estados Unidos donde las farmacéuticas crean y/o financian algunas asociaciones de pacientes que posteriormente exigen su ‘derecho’ a recibir ‘información’ sobre medicamentos”.

Tales fueron los comienzos pero en la actualidad la industria ya ha movilizado a su favor al Foro Europeo de Pacientes, una coalición de asociaciones de pacientes de diversas enfermedades al que pertenece el Foro Español de Pacientes -que dirige el médico catalán Albert Jovell, quien no duda en reconocer que los laboratorios financian parte de sus actividades- o la Federación Internacional de Diabetes. Jovell fue de hecho ponente en el Taller MSD con la conferencia El nuevo modelo de paciente: La democratización de la información al paciente. Un médico muy independiente, vaya.

El propioAnders Olauson, presidente del Foro Europeo de Pacientes, explicó durante el Congreso Europeo de Pacientes que “las diferencias existentes entre los países europeos para acceder a tratamientos y a información sanitaria son dos de las principales preocupaciones del paciente del siglo XXI”. Promovida por el Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social esta iniciativa se desarrolló en Madrid en noviembre del 2007 y contó con el apoyo de Farmaindustria y la colaboración de la Fundación AstraZeneca, Esteve, Lilly, Lundbeck, Merck Sharp & Dohme (MSD), Roche, Vodafone, AENOR, el Colegio Oficial de Médicos de Madrid y elGrupo Hospitales Madrid.

Clara Valverde es contundente ante la actual situación: “Muchos pacientes estamos hartos de que las farmacéuticas y los gobiernos organicen fundaciones, organizaciones, plataformas o federaciones que pretenden hablar por nosotros. El Foro de Pacientes(el español, el catalán, el europeo), la Universidad de Pacientes, la Red Europea de Asociaciones de Fibromialgia (ENFA)o los programas del gobierno catalán o de las farmacéuticas de ‘pacientes expertos’ son sólo unos cuantos ejemplos de esta ‘Operación Manipulación’”.

FORO FARMACÉUTICO

Terminamos contando que la Internacional Society of Drug Bulletin (ISDB), institución auspiciada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) encargada de velar por la ética de las publicaciones especializadas en medicamentos, publicó una declaración contra la publicidad de fármacos al consumidor que también firmaron Medicines in Europe Forum, la ya mencionada HAI Europa y la Association Internationale de la Mutualité (AIM). Porque ya en marzo del 2001 -año en el que comenzó esta gran campaña pro publicidad de fármacos con receta- la propia Comisión Europea -por medio de su Dirección de Empresas e Industria y la Dirección de Salud y Protección del Consumidor- formó el llamado G-10, un “grupo de alto nivel para la innovación y la provisión de medicamentos”. El grupo tenía trece miembros y sólo uno representaba los intereses de los pacientes en un debate protagonizado por los eurocomisarios, los ministros de salud europeos y el presidente del laboratorio GlaxoSimthKline. Sin embargo, la industria no consiguió sus propósitos. Por eso a finales del 2005 la Comisión Europea reemplazó el G-10 por el denominado Foro Farmacéutico. Éste reunió a más actores que el anterior, incluyendo a cinco federaciones industriales… pero la lista de sus miembros es secreta. Nunca se ha publicado. Y es el gran lobby pro publicidad medicamentosa. ¿Entiende ahora por qué la nueva directiva probablemente será aprobada? Tienen todo atado y bien atado.

Miguel Jara
 Recuadro:


Crisis en el control de los medicamentos

La propuesta de directiva de la Comisión Europea que desgranamos en las páginas centrales de este reportaje llega precisamente tras la retirada del mercado en los últimos años de numerosos fármacos a causa de sus graves efectos iatrogénicos por lo que de salir adelante la autorización para hacer publicidad de los fármacos que precisan receta se incrementarán sin duda alguna los daños provocados por ellos. La Agencia Europea del Medicamento (EMEA), por ejemplo, acaba de suspender la comercialización del preparado contra el sobrepeso Acomplia fabricado por Sanofi Aventis -cuyo principio activo es Rimonabant– y a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios– como tantas otras agencias estatales de todo el mundo- no le ha quedado más remedio que comunicárselo a los profesionales sanitarios españoles pero sin darles ni una sola explicación de por qué hace dos años aprobó su comercialización cuando la propia FDA había decidido no hacerlo. ¿Han fallado una vez más los mecanismos de control de la seguridad y eficacia de los medicamentos? ¿O la verdadera razón de lo que está sucediendo es que tales controles no son independientes de la industria farmacéutica?

La indicación autorizada de Acomplia era la de “adyuvante de la dieta y el ejercicio para el tratamiento de pacientes obesos o pacientes con sobrepeso con factores de riesgo asociados como la diabetes tipo 2 o dislipemia”. Según la nota oficial de la Agencia Española de Medicamentosen el momento de su autorización las alteraciones psiquiátricas, en particular los trastornos depresivos, se identificaron como el problema de seguridad más relevante asociado a este medicamento (…) Posteriormente a su comercialización han ido aumentando los casos notificados de trastornos psiquiátricos graves, incluyendo intentos de suicido y suicidio consumado. Adicionalmente, en el ámbito de ensayos clínicos en marcha se han presentado cinco casos de suicidio en pacientes que recibían Acomplia, frente a un caso en pacientes recibiendo placebo, con un número similar de pacientes expuestos en ambos grupos de tratamiento”. La agencia europea reconoce ahora también que la efectividad de Acomplia es en realidad inferior a la esperada y que ello se debe, entre otros factores, a que el medicamento se probó durante un periodo de tiempo demasiado corto. En suma, entienden que el balance beneficio-riesgo es desfavorable y por eso se suspende su comercialización.

La pregunta, pues, es obvia: ¿cómo es posible que este fármaco se autorizara? ¿Quiénes lo permitieron? ¿Van a ser procesados por ello? La respuesta es NO. La impunidad de los laboratorios y de quienes trabajan para ellos en los organismos de control seguirá siendo la norma.

La actitud de la EMEA empieza a ser igual de indignante que la de la FDA porque no realiza estudios independientes antes de conceder las licencias de comercialización de un medicamento: se limita a recoger la información que le envían los laboratorios. Sin contrastarla porque así lo contemplan las normas de funcionamiento de esta institución pública europea que, como si se tratara del cuento de nunca acabar, no depende de la Dirección General de Salud de la Comisión Europea sino ¡de la de Empresa y Comercio!, la misma que lleva la voz cantante en el asunto de la directiva sobre “información al paciente”. Es obvio pues el enfoque comercial que tiene el organismo del que dependen la salud y la vida de millones de europeos. Huelga decir que si el proceso de concesión de licencia para la venta de un fármaco está centralizado en la EMEA todas las agencias estatales de Europa actúan según las decisiones de la primera. Y recordemos que ya otro fármaco de Sanofi Aventis, el Agreal -recetado para “tratar” los sofocos de la menopausia- se prohibió después de muchos años de venta al reconocerse finalmente los terribles daños que provocaba. Y es que también  incitaba al suicidio.

 

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111
Diciembre 2008
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