Nos están irradiando gravemente de forma innecesaria

Se calcula que un 40% de los TAC que se realizan en España -la prueba diagnóstica radioactiva más demandada- son innecesarios por lo que se está irradiando absurda e irracionalmente a muchos enfermos. Y es que ni médicos ni pacientes parecen ser conscientes de que un TAC emite una radiación ionizante entre 150 y 1.100 veces superior a la de una radiografía convencional; un problema grave porque la radiación se acumula a lo largo de los años y de ahí que algunos profesionales comiencen a rebelarse públicamente y a manifestar su preocupación. Y es que una sobreexposición a este tipo de pruebas diagnósticas e intervencionistas puede terminar provocando numerosas patologías, cáncer incluido.

Muchos médicos no valoran realmente sus consecuencias a largo plazo y otros ni siquiera son conscientes de ellas pero cada vez se piden más pruebas diagnósticas innecesarias con las que en muchas ocasiones se irradia de forma manifiestamente irresponsable a los ciudadanos. Nos referimos a los rayos X y a la Tomografía Axial Computarizada (TAC), pruebas a las que millones de ciudadanos se someten con frecuencia sin que se les explique su peligrosidad real. Porque va siendo hora de que se entienda: no hay dosis pequeña o razonable de radiación ya que se acumula en el organismo. Por tanto no procede someterse a ellas -especialmente a un TAC- sin una causa MUY justificada. Los efectos negativos de la irradiación pueden aparecer varios años después y no achacarse a ello luego el problema de salud que surja

Asunto especialmente grave en el caso del TAC -en el que el tubo de rayos X gira alrededor del cuerpo del paciente para obtener imágenes detalladas de su interior- porque si bien representa solo el 7,9 % de las pruebas radiológicas es responsable del 47% al 60% de la radiación que recibimos. A pesar de lo cual su número se  ha extendido rápidamente, en especial desde que se pasó de los primeros aparatos con técnica multicorte de los años setenta al actual Tomógrafo Computado Volumétrico Multidetector de alta resolución en 3D y 64 canales que permite explorar todo el cuerpo en apenas unos segundos (lea en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Nuevo sistema de diagnóstico superavanzado: el Tomógrafo Computado Volumétrico Multidetector publicamos en el nº 72).

Se calcula que en España se realizan de hecho unos ¡cuatro millones y medio de TAC al año! Radiación solo superada por quienes injustificadamente son sometidos por sus oncólogos a Radioterapia, decisión que también en este caso tiene más que ver con los beneficios económicos que con la salud.

Porque, ¿hay un límite “aceptable” de radiación? ¿Cuál? ¿Qué cantidad y durante cuánto tiempo? No hay consenso. Lo que sí está claro es que el modelo utilizado hasta hoy basado en los estudios que se efectuaron para conocer los efectos de la radiación entre los supervivientes de las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki está obsoleto. No sólo por la diversidad de dosis y pruebas a las que hoy estamos sometidos así como por la especificidad de los órganos y el margen de tiempo en el que las recibimos sino también por la clara diferencia existente con las condiciones en las que sobrevivieron las personas afectadas por aquellas bombas, la atención médica que recibieron y la alimentación que siguieron. Y el problema es que para buscar un nuevo “modelo” habría que llevar a cabo pruebas de irradiación controladas con seres humanos y eso es éticamente inaceptable. Lo que no obsta para que cada vez más expertos coincidan: los últimos estudios epidemiológicos efectuados indican que tratándose de radiaciones ionizantes ¡no hay dosis inocuas y, por tanto, “aceptables”!

Uno de los primeros trabajos al respecto fue el de los investigadores de la Universidad de Oxford Richard Doll y Richard Peto quienes en 1981 estimaron ya que un 0,5% de las muertes por cáncer se debía a la radiación de las pruebas médicas. Una cantidad “pequeña” pero cuyo dato corresponde a una época en la que ni los TAC ni la Radioterapia se usaban de forma masiva como actualmente.

Ya en 2004 el estudio Risk of cancer from diagnostic X-rays: estimates for the UK and 14 other countries (Riesgo de cáncer debido al diagnóstico con rayos X: estimación para el Reino Unidos y otros 13 países) publicado en The Lancet por Amy Berrington de González -investigadora de la División de Epidemiología de la Radiación del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos- concluiría que en Gran Bretaña -uno de los países desarrollados donde menos se utiliza el radiodiagnóstico- al menos 700 casos de cáncer al año pueden deberse al daño acumulado por  sobreexposición a rayos X; un 0,6% de los registrados. Estimándose que en los otros países desarrollados estudiados ese porcentaje oscilaba entre el 0.6% y el 1.8% mientras en Japón -que entonces tenía la frecuencia de exposición más alta del mundo- la cifra llegaba al 3%.

La propia Any Berrington revelaría después -en enero de 2013- durante una conferencia titulada La radiación médica y el riesgo de cáncer: evaluando el precio del progreso que el peligro de la radiación médica ha sido ya constatada en las últimas décadas por muy distintos estudios. Explicando por ejemplo que las fluoroscopias (radiografías de tórax) efectuadas para detectar la tuberculosis y los rayos X para valorar si se padece escoliosis (curvatura de la columna) se han vinculado ya en ambos casos al cáncer de mama. Y la irradiación del cuero cabelludo como terapia para la Tinea capitis (infección por hongos en el cuero cabelludo) a cánceres de tiroides y cerebro. Es más, dijo que en Estados Unidos se calcula que solo como consecuencia de los TAC realizados en 2007 habrá 29.000 casos de cáncer; 7.500 a causa de las pruebas de esfuerzo cardiaco usando imágenes de perfusión miocárdica cuya radiación es entre 2 y 5 veces más alta que un TAC. Pero lo que más preocupaba a Berrington -y a otros especialistas- es el impacto de la radiación médica en niños. Y es que un equipo de la Universidad de Newcastle dirigido por Mark S Pearce -su trabajo se publicó en junio de 2012 en The Lancet  con el título Radiation exposure from CT scans in childhood and subsequent risk of leukaemia and brain tumours: a retrospective cohort study (Exposición a la radiación de escáneres TAC en niños y el riesgo subsiguiente de aparición de tumores cerebrales y leucemia)- valoró los historiales de 180.0000 jóvenes de más de un centenar de hospitales a quienes se había sometido a TAC entre 1985 y 2002 y se siguió durante 10 años llegando a la conclusión de que al menos 74 casos de leucemia y 135 tumores cerebrales se debieron a ello. “Estos dos tipos de cáncer son los más radiosensibles y comunes en la infancia -explicaría Berrington-; hay pues una clara relación dosis-respuesta. Había entre ellos el triple de leucemias y casi el mismo porcentaje de cánceres cerebrales. Es un resultado estadísticamente muy significativo y además coincide con los datos de los efectos de la radiación obtenidos tras las dos bombas atómicas”.

ESTUDIO AUSTRALIANO

El último gran estudio en abordar la sobreexposición radiológica fue publicado en mayo de 2013 en el British Medical Journal por investigadores australianos con John Mathews -epidemiólogo de la School of Population and Global Health de la Universidad de Melbourne- como autor principal y se titula Cancer risk in 680 000 people exposed to computed tomography scans in childhood or adolescence: data linkage study of 11 million Australians (Riesgo de cáncer en 680.000 niños o adolescentes expuestos a escáner por tomografía computarizada: datos relativos a un estudio de 11 millones de australianos. En él se comparó la incidencia de cáncer en más de 680.000 personas de entre 0 y 19 años expuestas a tomografías computarizadas con más de 10 millones de personas de las mismas edades que no estuvieron expuestas a esa radiación y se constató que entre quienes se sometieron a algún TAC la cifra era un 24% mayor. Especialmente entre quienes se expusieron a una edad más temprana; apareciendo tanto tumores sólidos como leucemias, mielodisplasias y algunos cánceres linfoides.

Nuestro estudio –dirían los autores- muestra que a las tomografías computarizadas durante la infancia y la adolescencia les sigue un aumento en la incidencia de todos los tipos de cáncer combinados y muchos tipos individuales de cáncer”. Los autores son conscientes -y así lo señalan- de que podría darse en el estudio el fenómeno de “causalidad invertida”, es decir, de que los TAC fueran consecuencia de un desarrollo precanceroso -sobre todo en el caso de los tumores cerebrales- y no al contrario pero aún así, tras examinar todos los datos, concluyen que “la causalidad invertida no podría explicar todo el exceso de cáncer observado en este estudio”. Y aunque admiten que sus resultados no son tan concluyentes como para afirmar sin más que hay una clara correlación causa-efecto entre los TAC y el cáncer aportan datos suficientes para creerlo así:

-El incremento de la tasa de incidencia de cáncer es correlativo al aumento del número de tomografías computarizadas; incluso después de excluir los TAC cerebrales.
-Existe un aumento proporcional de la tasa de incidencia en las edades más tempranas.
-El número de casos de cánceres sólidos es mayor entre las mujeres que entre los hombres.
-Hay correlación entre la zona en la que se hace el TAC con el lugar en el que aparece el cáncer. Aumentando mucho el porcentaje de casos de leucemias y mielodisplasias cuando se expone el abdomen y la pelvis a un TAC ya que la radiación afecta a la médula ósea roja, tejido que se encuentra en el interior de los huesos largos, vértebras, costillas, esternón, huesos del cráneo, cintura escapular y pelvis.

De ahí que los autores de la investigación terminen su trabajo apelando a la responsabilidad de los médicos a la hora de solicitar pruebas diagnósticas: “Los médicos –dicen- deberían sopesar bien en cada caso las indudables ventajas diagnósticas de un TAC en la práctica clínica valorando sus riesgos potenciales y justificar pues cada una de sus decisiones. Afortunadamente muchos radiólogos son hoy conscientes de los riesgos y además los avances tecnológicos han permitido que las dosis de radiación de los TAC se hayan reducido respecto a décadas anteriores. Sin embargo se sigue sin evaluar objetivamente la necesidad de un TAC. De hecho se solicitan a menudo ante cualquier traumatismo craneal leve o ante la mera sospecha de una apendicitis en lugar de pedir pruebas con ultrasonidos o una simple resonancia magnética. Es pues necesario alertar de sus riesgos a los ciudadanos y a los médicos no radiólogos que ordenan la mayoría de los TAC. Es necesario que todos los implicados, incluyendo a pacientes y familiares, se aseguren de que las tomografías computarizadas se piden solo en situaciones que realmente lo justifican y que cada exploración se optimice para que la dosis de radiación sea lo más baja posible”.

Y la verdad es que hacen bien los investigadores australianos en alertar a los médicos no radiólogos porque éstos no parece ser muy conscientes del alcance de sus decisiones. Un equipo de la Universidad de Virginia (EEUU) dirigido por el doctor Bruce Hillman hizo una encuesta a médicos de Urgencias  responsables de decidir el uso de tomografías computarizadas en situaciones de alta presión y para su sorpresa se encontraron con que el 91% no creía que un TAC implique realmente riesgo de cáncer.

¿Y cuál es la causa o causas de la actual sobreutilización de pruebas radiológicas? Según la American Board of Radiology Foundation éstas:

-La prevención. Es responsable del 25% de las pruebas de radiodiagnóstico pedidas.
-La falta de información de los profesionales y de los pacientes así como de protocolos consensuados.
-La escasa implantación del trabajo en equipo que lleva a la incomunicación entre médicos y radiólogos.
-Las expectativas de los pacientes para quienes las imágenes se han convertido en certezas.
-La repetición de TAC ante la falta o ausencia de resultados anteriores.

Causas a las que en esta revista agregaremos otra sobradamente constatada y que se oculta: los intereses económicos.

NO HAY DOSIS DE SEGURA DE RADIACIÓN

En suma, que hay una evidente sobreexposición a radiaciones debido a que se hacen numerosas pruebas diagnósticas innecesarias es ya innegable pero lamentablemente pocos médicos -y pacientes- escuchan a los expertos que advierten de ello. Uno de los cuales es la radióloga Marina de la Fuente, directora del departamento de Diagnóstico por Imagen de la Clínica Ruber de Madrid y una de las voces que públicamente ha mostrado su preocupación por el problema quien no tuvo inconveniente en darnos a conocer de forma extensa su parecer.

-Aunque cada vez más médicos advierten ya en todo el mundo del desmesurado abuso de las pruebas de radiodiagnóstico son aún ustedes pocos… Por otra parte, ¿qué entienden ustedes por “desmesurado abuso”?

-El excesivo y a veces poco justificado número de pruebas que hoy se realizan. Desde el descubrimiento de los rayos X en 1895 su uso en aplicaciones médicas ha sido cada vez mayor por las indudables ventajas que proporcionan pero en los últimos años el avance de las tecnologías médicas ha generado un imparable aumento de las pruebas diagnósticas que utilizan radiaciones ionizantes, incremento que conlleva un aumento de la probabilidad de padecer cáncer radio-inducido. El equipamiento médico que utiliza radiaciones ionizantes debiera ser considerado seguro pero lo cierto es que existe una preocupación creciente porque al tiempo que se intentan minimizar los riesgos se busca maximizar el beneficio.

-¿Cuál es la prueba de radiodiagnóstico de la que más se está “abusando”?

-De la Tomografía Axial Computarizada (TAC). Es la que más está contribuyendo al incremento de los estudios radiológicos en los países desarrollados por su gran capacidad diagnóstica y los cortos tiempos de exploración actuales que evitan la sedación de los pacientes, sobre todo de los niños. A lo que hay que añadir los avances en software y la aparición de nuevas aplicaciones técnicas; como estudios angiográficos, estudios de arterias coronarias, colonoscopias virtuales, estudios de cribado, estudios multifásicos, perfusión cerebral… En España se hacen cada año unos cuatro millones y medio de TAC y aunque representan solo el 7% de las exploraciones radiológicas son la principal fuente de irradiación con fines médicos: el 60%.

Otro proceso que ha experimentado un importante incremento en los últimos 20 años es la radiología intervencionista. Aunque los beneficios son muy grandes y van en aumento, tanto en el número de pacientes a los que se imparten como en el tipo y complejidad de los procesos, la preocupación por las altas dosis recibidas por los pacientes y los profesionales también es cada vez mayor. Causándonos especial preocupación el incremento del uso de las radiaciones ionizantes en Cardiología ya que es la causa de casi las dos terceras partes de las radiaciones. Otra técnica que se usa en demasía es la Radiología Dental; representa ya el 25% de todas las exploraciones radiológicas. Y aunque en estos casos la dosis de radiación es más baja no es menos cierto que no hay dosis de radiación segura.

-¿Cuántos TAC calcula que se hacen de forma innecesaria?

-Podemos estar hablando del 40%. Son varios los estudios que señalan que ése es el porcentaje de pruebas que se piden sin auténtica necesidad y no ayudan a establecer un diagnóstico. Estando entre las causas más frecuentes la repetición de estudios por no disponer o tener acceso a pruebas anteriores y la petición de estudios que en realidad no cambian la situación del paciente. A lo que hay que sumar los chequeos médicos preventivos, los que se encargan  “por si acaso”.

¿Cuánta radiación se recibe con una radiografía simple y cuánta con un TAC? ¿Puede compararse?

-Eso depende de varios factores. Como de en qué zona se hace la radiografía o el TAC y durante cuánto tiempo. Nosotros comparamos una y otra basándonos en la emitida durante una radiografía de tórax. Y así sabemos hoy que un organismo recibe una radiación de 1 mili sievert (mSv) con 50 radiografías de tórax.

Pues bien, con ese dato podemos decir -por poner algunos ejemplos- que un TAC craneal implica recibir una dosis de radiación de 2,3 mSv lo que equivale a 115 radiografías de tórax, un TAC del abdomen 10 mSv lo que equivale a 500 y uno de las arterias coronarias 15,3 mSv  lo que equivale a 700. Ahora bien, en un estudio dinámico o multifásico pueden realizarse en el mismo acto hasta  tres TAC en el abdomen y eso implica recibir una radiación de unos 30 mSv lo que equivale a 1.500 radiografías de tórax. ¡En una sola exploración!

UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA

-Lo singular es que muchos médicos creen que esas radiaciones no son preocupantes…

-Las radiaciones ionizantes están ya consideradas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “agente cancerígeno” porque tienen capacidad para provocar cambios en la estructura celular induciendo mutaciones en el ADN. Existiendo tres posibilidades: que provoquen mutaciones que se reparan sin dejar secuelas, que las células mueran y aparezcan radiolesiones -lo que denominamos efecto determinista- y que la célula sobreviva mutada por una reparación defectuosa, a lo que llamamos efecto estocástico.

-¿Se sabe a partir de qué cantidad de radiación suelen aparecer radiolesiones?

-Los datos indican que a partir de 100 mSv; apareciendo los efectos a corto o medio plazo. Pudiendo provocar la muerte celular de tejidos y órganos si la radiación es mayor. De hecho cuando se reciben entre 3.000 y 4.000  mSv el 50% de las personas muere.

-¿Y lo que ustedes denominan efectos estocásticos?

-Aparecen por acumulación de la radiación caracterizándose porque su gravedad no parece proporcional a la dosis absorbida en un momento dado. En decir, los efectos estocásticos o probabilísticos son posibles a cualquier dosis de radiación y solo se ponen de manifiesto a medio y largo plazo. De ahí que los organismos dedicados a la protección radiológica utilicen oficialmente la hipótesis “conservadora” de que incluso a dosis muy bajas o moderadas las radiaciones ionizantes aumentan la probabilidad de contraer cáncer. Y es que incluso una dosis pequeña de radiación puede hacer que se acumule suficiente energía en una zona como para hacer que una célula de la misma mute y se desarrolle un cáncer.

-Luego parece indiscutible que el actual abuso de las pruebas de radiodiagnóstico está contribuyendo al constante aumento de casos de cáncer en el mundo…

-La propia Agencia Internacional de Investigación del Cáncer dependiente de la OMS admite que las radiaciones ionizantes son potencialmente cancerígenas aunque las considere un cancerígeno débil. Pero es que el cáncer no aparece inmediatamente después de la exposición sino tras un periodo de latencia durante el que no se observa ningún síntoma. Período de latencia que depende del tipo de cáncer que se desarrolle en función del tipo de células que hayan sido dañadas. Es decir, puede tardar incluso años en manifestarse: 2 si es una leucemia y entre 20 y 30 si es un tumor sólido. Por tanto me temo que en los próximos años podemos asistir a un aumento potencial de cánceres radio-inducidos que se sumarán a los provocados por otros agentes patógenos.

El riesgo de contraer cáncer por un solo TAC es en principio bajo pero es que actualmente son ya demasiadas las personas que han sido sometidas a varios y la radiación se está acumulando. Ya he explicado que cada vez se hacen más; en España unos cuatro millones y medio cada año. Luego si esto no se frena el cáncer radio-inducido puede llegar a convertirse en un auténtico problema de salud pública. Y no es que lo diga yo, es que diversos organismos oficiales y sociedades médicas lo saben y admiten. La propia industria busca cómo reducir la dosis de exposición. De hecho ya existe en el mercado un nuevo aparato que funciona emitiendo un 80% menos de radiación; me refiero al modelo Veo que fabrica la empresa GE Healthcare.

-¿Puede establecerse realmente un “umbral de seguridad” como se dice o todo es cuestión de tiempo y dosis? ¡

-El umbral de seguridad se define como la dosis de radiación necesaria para provocar un efecto dañino en al menos un 5% de las personas expuestas a la radiación. Para los efectos deterministas se considera que la “dosis umbral” es de 100 mSv pero en realidad eso no significa que por debajo de ese valor no haya efectos biológicos. Lo que sí está determinado es que esos efectos negativos están estrechamente relacionados con el número de dosis y el período de tiempo durante el que se reciben. Obviamente el efecto biológico es mayor cuando la dosis de radiación se emite en una única fracción o corte -es decir, en una zona concreta del cuerpo- que si emite a lo largo de varias fracciones o cortes ya que en este segundo caso existe una mayor probabilidad de que el organismo pueda reparar o regenerar el daño en el ADN celular. Recuérdese que un tomógrafo trabaja captando imágenes por secciones; los más avanzados con 64 fracciones o cortes que permiten pues irradiar de forma escalonada. Lo idóneo pues es que la exposición sea lo más corta posible y fraccionada a fin de que al organismo le de tiempo a reparar cualquier posible daño. En fin, algunos autores sugieren que la dosis de radiación a partir de la cual aumenta el riesgo de cáncer oscila entre 10 y 50 mSv si se recibe de una sola vez y de 50 a 100 mSv si se recibe a lo largo de un cierto período de tiempo.

MÍNIMA PERCEPCIÓN DEL RIESGO

-¿Está influyendo en la sobreexposición a las radiaciones médicas el factor “miedo”?

-Es indudable. Una de las causas que más influye en la utilización excesiva de los recursos diagnósticos radioactivos es un ejercicio equivocado de la medicina preventiva o defensiva por parte de muchos médicos que actúan pidiendo pruebas innecesarias potencialmente peligrosas “por si acaso”. Actitud a la que contribuye el miedo de mucha gente que junto a sus familiares presionan en ese mismo sentido haciendo que muchas veces los mismos accedan para no arriesgarse a una posible demanda. Se calcula que esta puede ser la causa del 25% de las exploraciones radiodiagnósticas innecesarias.

Y otro buen porcentaje se debe a la presión que ejercen en los hospitales las compañías aseguradoras médicas, responsables hoy en buena medida de que la mera anamnesis y el examen físico, que serían en muchos casos suficientes, se hayan reemplazado por estudios diagnósticos. Claro que también éstas se ven presionadas por sus asegurados porque hoy está muy extendido el miedo a tener cáncer y a la más mínima posibilidad piden -cuando no exigen- pruebas diagnósticas innecesarias; entre ellas los TAC.

-¿Hasta qué punto son conscientes los médicos del peligro de las radiaciones no ionizantes?

-La mayoría lo ignora. Hay información abundante pero es obvio que no les ha llegado adecuadamente. La verdad es que resulta insólito pero a pesar de las recomendaciones de los organismos internacionales de salud la comunidad médica en general desconoce la problemática de las radiaciones ionizantes. Aunque lo más grave a mi juicio es que la percepción del riesgo por parte de los propios profesionales médicos implicados directa o indirectamente en las exploraciones radiológicas es muy baja por no decir nula. Por eso los riesgos radiológicos de las pruebas médicas se consideran erróneamente un problema menor.

¿Y ningún organismo hace nada para solucionar el problema?

-La Comisión Internacional de Protección Radiológica abordó este problema en su último informe y recomendó que se formara y educara en esto a los estudiantes en las propias facultades de Medicina y, una vez acabada la carrera, durante su período como médicos residentes. Entendiendo que luego deben ser los médicos quienes informen objetivamente de los potenciales riesgos y beneficios a pacientes y familiares. Lo que queda por valorar es cómo hacer eso usando un lenguaje comprensible para cualquiera y cómo transmitirles confianza y credibilidad.

¿Qué opinión le merece el uso de rayos X en aeropuertos y otras instalaciones?

-Tiene dos grandes inconvenientes: por un lado supone un ataque a la privacidad y, por otro, es innegable que pueden tener consecuencias negativas para la salud ya que se trata de máquinas que no están sometidas a los mismos controles que los aparatos médicos y puede haber desviaciones en la potencia de la radiación. Creo por tanto que la relación riesgo-beneficio de esta tecnología debe medirse en función de la seguridad que estos escáneres aportan a los ciudadanos que viajan en avión en un momento dado.

-Díganos: ¿hay o no tras la actual proliferación de pruebas de radiodiagnóstico intereses económicos?

-Los tomógrafos son caros y hay que rentabilizarlos pero eso no justifica que se usen en situaciones y casos que no los requieren. La ya citada Comisión Internacional de Protección Radiológica admitía en su informe de 2007 que detrás de algunas decisiones puede haber intereses comerciales. Y de hecho la industria se está dedicando a promover los TAC para hacer pruebas de “diagnóstico precoz”; por ejemplo en patologías como el cáncer colorrectal, la cardiopatía isquémica o los problemas respiratorios.

MAYOR PELIGRO EN LOS MENORES

-Suponemos que el peligro de sobreexposición radiológica es mucho mayor en el caso de los menores…

-Evidentemente; los tejidos y órganos de los niños son unas tres veces más sensibles que los de los adultos al estar en fase de crecimiento. Cuanto más joven es un niño mayor es el riesgo. Además su expectativa de vida es más larga y pueden acumular radiación durante más tiempo.

-¿Y usted qué recomienda en estos casos?

-Una especial radio-protección. Para empezar, rechazando las peticiones inadecuadas de tomografías. Y cuando el TAC es realmente necesario modificando los parámetros técnicos no aplicando nunca los protocolos de los adultos. De hecho hoy hay protocolos pediátricos que persiguen reducir el nivel de radiación de la manera más significativa posible y, por ende, el riesgo de cáncer.

RECOMENDACIONES

Terminamos este texto indicando que en el informe La radiación debida a causas médicas: recomendaciones para incrementar la protección radiológica de los pacientes dado a conocer en marzo de 2012 la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública realizó las siguientes recomendaciones para afrontar el problema de la sobreexposición:

 -Mantener el carácter público de la gestión para frenar la mercantilización progresiva de la Radiología y evitar la externalización de pruebas radiodiagnósticas.
-Promover la radiología clínica multidisciplinar basada en la aplicación de protocolos de consenso entre médicos y radiólogos para las solicitudes de estudios radiológicos.
-Sensibilizar y formar de manera continua a los profesionales.
-Promover la utilización habitual de protectores de ojos, tiroides, mamas y gónadas que reducen alrededor de un 50% la dosis efectiva sin afectar de forma significativa la calidad de la imagen.
-Establecer y publicitar las dosis máximas exigibles en cumplimiento de la normativa Europea EURATOM 97/43.
-Implantar la cartilla dosimétrica en todas las comunidades autónomas, “una decisión inaplazable y un derecho de los pacientes -en especial de los niños y jóvenes españoles- que además contribuirá a disminuir los estudios innecesarios”.
-Informar a los pacientes de los riesgos y beneficios de las exploraciones que emplean radiaciones ionizantes -como los TAC- y las alternativas diagnósticas existentes. Y,
-Establecer un registro poblacional de cáncer para mejor conocimiento de los factores ambientales y del comportamiento de esta enfermedad en España.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
170
Abril 2014
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