Nueva barrabasada: Sanidad incauta dos productos naturales inocuos

 

La Consejería de Sanidad de la Comunidad Canaria ha suspendido “la prescripción, dispensación y suministro” de dos productos denominados Factor 1 y Factor 2 acordando a la vez su incautación e inmovilización “por suponer un riesgo inminente y grave para la salud”. El primero, un compuesto de glicina y el segundo de ácido aspártico. Se trata pues de ¡dos aminoácidos que fabrica el propio cuerpo y cuya toxicidad es nula! Desvelamos qué hay detrás de esta operación motivada por el descubrimiento efectuado por el catedrático de Bioquímica Enrique Meléndez-Hevia sobre las propiedades de ambos aminoácidos y de las dolencias que, según afirma, provoca su déficit.

¿En qué momento Enrique Meléndez-Hevia, bioquímico de renombre respetado por toda la comunidad científica internacional, se convirtió en un personaje incómodo para las autoridades sanitarias canarias y nacionales? Porque hasta hace muy poco, a pesar de que todo el mundo sabía de sus trabajos, no era así. Ni para las autoridades sanitarias ni para las cerca de 8.000 personas que durante los últimos años han contribuido voluntariamente a su amplio estudio nutricional, entre ellas más de cien médicos muchos de los cuales pasaron pronto a recomendar sus productos a los pacientes. Enrique Meléndez Hevia se vuelve un personaje incómodo justo en el momento en el que se hace evidente que su decisión de patentar determinados usos de nutrientes internacionalmente conocidos podría afectar al sistema oficial sanitario basado en el medicamento. ¿Cómo se explica de lo contrario que no intervinieran mucho antes o, simplemente, no denunciaran su actividad?

La afirmación ‘Los alimentos no curan nada, sólo curan los medicamentos’ es contraria a la Ciencia –nos diría rotundo Enrique Meléndez-Hevia- pues estrictamente hablando, conociendo los mecanismos bioquímicos propios de cada producto, puede afirmarse sin ninguna duda que es mucho mayor el poder curativo de los alimentos que el de los medicamentos. Es decir, son muchos más los alimentos que curan una enfermedad que los medicamentos. Si por curar se entiende la erradicación de una enfermedad de forma que no quede rastro de ella -a excepción de las lesiones irreversibles que haya podido producir, como por ejemplo la pérdida de un miembro-, es decir, la detención del proceso patológico y la regeneración de las partes dañadas cuando la capacidad del organismo lo permita entonces la Ciencia puede aportar más casos de nutrientes que de medicamentos como remedios capaces de curar enfermedades. Está constatado que la carencia persistente de muchos nutrientes en la dieta produce serios problemas de salud que están bien caracterizados como enfermedades específicas. Así, la carencia de vitamina C produce el escorbuto, la de tiamina el beriberi, la de niacina la pelagra, la de cobalamina la anemia perniciosa, etc. Y todas esas enfermedades se curan con la ingesta del nutriente correspondiente. De manera que el que un producto cure una enfermedad no lo califica como medicamento. De hecho, en los últimos años la necesidad comprobada de algunos de estos nutrientes ha promovido el desarrollo de ciertos preparados alimenticios ricos en alguno de ellos como la lecitina de soja, el calcio o los preparados con ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6”.

EL INVESTIGADOR

Enrique Meléndez Hevia ha sido atacado hasta por algunos de sus compañeros de la Universidad de La Laguna -donde es catedrático de Bioquímica- que le achacan haberse apartado del “método científico”, utilizar la universidad en su propio beneficio y llevar a cabo durante los últimos tres años un “ensayo clínico” sin seguir los correspondientes protocolos científicos. De más está decir que lo niega todo. Antes bien, no duda de que ha contribuido durante años a elevar el prestigio de la universidad y ahora, al haber agotado las posibilidades de colaboración sin encontrar los apoyos necesarios, está realizando un trabajo de carácter nutricional que nada tiene que ver con los “ensayos clínicos” diseñados para medicamentos.

Nacido en 1946 en Huétor-Vega (Granada), Meléndez-Hevia estudiaría en Madrid la carrera de Ciencias Biológicas obteniendo en 1975 la cátedra de Bioquímica de la Universidad de La Laguna (Tenerife). Ha publicado cerca de cien trabajos científicos entre libros y artículos de investigación, la mayor parte de ellos en revistas internacionales. Y sus trabajos sobre el metabolismo y la evolución biológica han tenido amplia repercusión internacional. Como bien señala José Carlos Gracia en Galería de Retratos se trata de “un biólogo entregado a la investigación”: Y añade: “La labor de Meléndez-Hevia ha tenido una profunda repercusión en los estudios actuales sobre el metabolismo y sobre la evolución biológica. Sus trabajos están citados y ampliamente comentados en los más prestigiosos libros de BioquímicaStryer, Lehninger, Campbell, Horton, Voet, Harper's, Matthews…- que se utilizan como textos en muchos países y en la mayoría de los cuales no hay otros grupos españoles citados. Sus contribuciones abarcan muchas partes diferentes del metabolismo siendo el único autor de todo el mundo que tiene diferentes aportaciones citadas y comentadas hasta en cuatro capítulos distintos de esos libros siendo así el autor más citado en los textos de Bioquímica de alcance internacional”.

Basta consultar PubMed en Internet para entrever una mínima parte de las aportaciones de este bioquímico que poco a poco, a través del estudio de las complejidades de nuestros procesos metabólicos, ha ido entendiendo el impacto de la nutrición en la salud. Por eso en el 2004, cuando la continuidad de su investigación en la universidad tinerfeña se hizo imposible -no porque no se lo permitiesen las autoridades académicas ya que según mantiene nadie puede prohibirle que desarrolle en su laboratorio un proyecto que no contraviene ninguna ley sino porque prefirió separarse “de la mediocridad” que le rodeaba en ese ámbito- se decidiría a crear el Instituto del Metabolismo Celular para continuar su trabajo con más tranquilidad.

Cabe añadir que en realidad el profesor Meléndez-Hevia no ha creado ningún producto nuevo. No se trata pues de un “inventor”. Y nunca ha prescrito como medicamentos sus productos -reconocidos por las directivas internacionales como nutrientes- aunque no por ello niegue sus virtudes terapéuticas. ¿Por qué tenía que hacerlo? Su “descubrimiento” es mucho más simple pero no por ello menos importante: una dieta baja en hidratos de carbono complementada con dos aminoácidos -la glicina y el ácido aspártico- tiene efectos sorprendentes sobre la salud, especialmente en el caso de patologías degenerativas y crónicas. Por ejemplo, en casos de diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia, obesidad, osteoporosis o artrosis; entre otras.

LA BATALLA LEGAL

Y ese es precisamente el núcleo de la batalla jurídica sobre la que los juzgados no se habían pronunciado aún en el momento de cerrar este ejemplar de la revista. Porque la Consejería de Sanidad de Canarias, el Director General de Farmacia y la Agencia Española del Medicamento pusieron en marcha a partir de Enero distintas medidas destinadas a impedir la comercialización de la glicina y el ácido aspártico ¡a pesar de tratarse de dos aminoácidos naturales e inocuos que el propio organismo fabrica y que otras empresas comercializan legalmente en todo el mundo, incluida España!

El pasado 13 de enero laDirectora General del Servicio Canario de Salud dictaría una resolución acordando iniciar “expediente sancionador por infracción grave” de la más que controvertida Ley del Medicamento. Y el 13 de febrero la Consejería de Sanidad de la Comunidad Canaria, apoyada por los informes del Ministerio de Sanidad y Consumo, decidía suspender“la prescripción, dispensación y suministro” de los productos denominados Factor 1 y Factor 2 así como ordenar su “incautación e inmovilización” después de publicarse en el Boletín Oficial de Canarias (BOC) la resolución del Servicio Canario de la Salud (SCS) en la que se justificaba la medida por suponer “un riesgo inminente y grave para la salud”. A pesar de lo cual ¡no se presenta denuncia alguna en los juzgados! El 17 de febrero la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios lanza una Alerta por “medicamento ilegal”. Bueno, pues a 15 de Marzo –momento de terminar de escribir estas líneas- tal Alerta ¡no aparece! en la web de la mencionada agencia. Por su parte, elColegio Oficial de Médicos de Santa Cruz de Tenerife, tomando claramente partido, recuerda a los médicos la prohibición de dispensar esos productos, ampliamente conocidos y utilizados por muchos de ellos.

Apenas unos días después, el 22 de febrero, laConsejería de Sanidad de Canarias autoriza a sus inspectores a entrar y registrar la sede del Instituto del Metabolismo Celular (IMC) yendo acompañados de miembros de la policía e incumpliendo así, según afirma Eligio Hernández, ex Fiscal General del Estado, magistrado en activo y abogado de Meléndez-Hevia ya que ha decidido asumir su defensa, la Ley de Enjuiciamiento Criminal por la que se rigen este tipo de actuaciones pues la misma establece la necesidad de adoptar todo género de precauciones para no comprometer la reputación de las personas afectadas. La incautación, en cualquier caso, es mínima. El día 27 la Consejería adopta entonces la medida cautelar de “cierre o clausura provisional de las empresas, centros o establecimientos” de Enrique Meléndez-Hevia y la intervención de los medios materiales. Y finalmente, a comienzos de marzo, la Consejería solicita del juzgado su intervención para el cumplimiento estricto de todas las directivas administrativas.

Eligio Hernández ha recurrido todas y cada una de las decisiones. Y ambas partes están a la espera de la decisión judicial que tiene que hacer frente básicamente a una cuestión: ¿el simple hecho de decir que un nutriente tiene propiedades terapéuticas lo convierte en medicamento? ¿Está prohibido por ley que un nutriente alegue propiedades terapéuticas aunque esté mundialmente reconocido que es así… salvo que se someta absurda e innecesariamente a su aprobación como medicamento? Porque si es así, ¿cuándo van a retirarse de los supermercados las botellas de agua mineral que aleguen que ingerirla mejora muchas dolencias? ¿O los yogures? ¿O la leche enriquecida…? Si así fuera el grado de estupidez al que habrían llegado las autoridades sanitarias rozaría el esperpento.

Los aminoácidos están hoy comprendidos en la legislación española bajo la definición de Alimentos según el apartado 1.02.01 del Código Alimentario regulado por el Real Decreto 2484/1967 en el que se habla de “sustancias o productos de cualquier naturaleza, sólidos o líquidos, que sean susceptibles de ser idóneamente utilizados como productos dietéticos en casos especiales de alimentación humana”. Están incluidos también en la lista de productos regulados por el Real Decreto 956/2002 en el que se habla indistintamente de productos alimenticios o nutrientes -definidos en el apartado 1.02.02 del Código Alimentario como “sustancias integrantes de los distintos alimentos útiles para el metabolismo orgánico”- y dietéticos -definidos en el apartado 1.02.3 de dicho Código como “alimentos elaborados según fórmulas autorizadas, adecuados para satisfacer necesidades nutritivas especiales”-; y entre éstos se encuentran los aminoácidos. Según señala Eligio Hernández. “los aminoácidos pueden ser comercializados sin autorización administrativa alguna. Basta la notificación al Registro Sanitario de Alimentos que debe proceder de oficio a su inscripción como alimentos dietéticos destinados a una alimentación especial tras ser presentados de acuerdo con lo dispuesto en el art. 5 de Real Decreto1091/2000 que regula los requisitos que ha de contener su etiquetado, la cantidad y modo de uso así como el envasado”.

Y lo cierto es que ni la propia Agencia Española del Medicamento discrepa de esta consideración ya que en un oficio dirigido al Director General de Farmacia el 29 de noviembre del 2004 reconoce que “los aminoácidos no deberían tener la condición legal de medicamentos”. Aunque luego matice:“ Sin embargo, dado que se utilizan para el tratamiento de diversas enfermedades como la diabetes, la obesidad, la osteoporosis y las lesiones deportivas, en base a lo establecido en la mencionada Ley estos productos tienen la consideración legal de medicamentos”. Ante lo cual Eligio Hernández replica: “No es obstáculo para su consideración como nutrientes o dietéticos que en el lenguaje coloquial se destaque que los citados aminoácidos tienen determinadas propiedades al igual que consta en la etiqueta de otros conocidos nutrientes o complementos alimenticios como la lecitina de soja sobre la que se dice que ‘posee propiedades emulsionantes que permiten la disolución de las moléculas de grasa y tiene una acción reguladora del colesterol’, lo cual no quiere decir que cure el colesterol ni que se pueda considerar medicamento”.

Y añadimos nosotros reiterando nuestra postura: considerar medicamento todo producto que alegue propiedades terapéuticas es demagógico y falso. Y que tal falacia se use jurídicamente para la comisión por Sanidad de tantas tropelías debería haber llevado al procesamiento de los funcionarios y autoridades que tal cosa alegan. Es hora de que intervengan de una vez por todas la Fiscalía Anticorrupción y el Defensor del Pueblo. Ya está bien.

TRES EJES PARA LA SALUD

En cuanto al trabajo de Enrique Meléndez-Hevia y su grupo de investigación –en el que por cierto se encuentra su hijo David Meléndez Morales, también doctor en Bioquímica- hay que decir que refleja cómo un determinado comportamiento nutricional puede modificar paulatinamente nuestro metabolismo hasta el punto de que ciertas patologías pueden mejorar notablemente o curarse. Así lo manifiestan numerosas personas que han seguido el procedimiento del Instituto del Metabolismo Celular. Hay muchos ejemplos pero por huir de testimonios personales señalemos que el pasado 3 de marzo el portal de información canaria www.eldia.es publicó una noticia bajo el siguiente titular: La clínica Teknon de Barcelona relaciona la mejora de una paciente con los polvos de Meléndez. Noticia que empezaba diciendo: “Según el conocido centro médico catalán desde que comenzó a tomar los factores la enferma -afectada de un cáncer de mama- ha logrado aliviar los dolores osteoarticulares provocados por el tratamiento oncológico”.

Cita luego la noticia el informe del especialista en el que se señala que desde que la paciente empezó a seguir las pautas recomendadas por Meléndez-Hevia “para combatir los dolores osteoarticulares producidos por el Aromasil” -fármaco usado en el tratamiento del cáncer de mama cuyos principales efectos secundarios son problemas en las articulaciones y descalcificación de los huesos- la paciente presenta “buen estado general”. Añadiendo que “desde el inicio de dicho tratamiento han desaparecido los dolores y la paciente ha perdido nueve kilos de peso”. También recoge la noticia el testimonio de la enferma: “’Jamás diré que cura el cáncer’, aseguraba ayer a este periódico esta mujer que prefiere mantener su anonimato quien, no obstante, hizo hincapié en que a los quince días de empezar a tomar el Factor 1 (glicina) que le recomendó el catedrático de Bioquímica notó en su cuerpo una notable mejoría. Recordó que antes no se podía levantar de la cama por los dolores que sufría en las articulaciones como consecuencia de la medicación contra el cáncer y que a las dos semanas de seguir las pautas de Meléndez-Hevia ‘estaba feliz’.

Muchos otros médicos y pacientes están dispuestos a respaldar a Meléndez-Hevia con historias clínicas similares que, de momento, le han sido entregadas al juez para que paralice las actuaciones administrativas.

Hay que decir que el protocolo nutricional recomendado por el Instituto del Metabolismo Celular gira en torno a tres ejes básicos:

1) Seguir una dieta baja en hidratos de carbono, especialmente de almidón.
2) Tomar diariamente 10 gramos de glicina en dos tomas de 5 (una con el desayuno y otra con la cena).
3) Las personas con un porcentaje de grasa más alto de lo normal deben también suplementar la dieta con ácido L-aspártico: 12 gramos al día repartidos en 4 tomas de 3 gramos ingeridas con el desayuno, a media mañana, a media tarde y durante la cena.

POR QUÉ UNA DIETA BAJA EN HIDRATOS DE CARBONO

Meléndez Hevia no es el primero en señalar que la alimentación moderna y sobre todo la ingesta masiva de hidratos de carbono están en la base de numerosos desajustes metabólicos que pueden desembocar en enfermedades pero es sin duda de los que mejor lo fundamenta bioquímicamente. “El estómago –explica Meléndez-Hevia-no está preparado para trabajar con la enorme cantidad de ácido clorhídrico que se necesita para digerir tanto almidón. La acidez de estómago es pues consecuencia de esa secreción masiva de ácido clorhídrico a la que obligamos al estómago al poner en nuestra dieta esa cantidad masiva de almidón. Y así la digestión, que es un proceso que podría ser muy rápido, se hace muy pesada y lleva varias horas. Y aun así, a pesar del ácido clorhídrico y de interminables horas entre el estómago y el intestino, es difícil que el almidón se termine de digerir por completo. Con lo que buena parte de él pasa al intestino grueso promoviendo allí un desarrollo excesivo de la flora bacteriana y aumentando con ello la fermentación bacteriana de residuos y la formación de gases. El exceso de hidratos de carbono produce además otro daño: el almidón digerido superficialmente actúa como un gel que secuestra la pepsina -enzima encargada de digerir las proteínas- y la deja fuera de juego. De manera que el exceso de almidón no sólo es muy difícil de digerir sino que obstaculiza la digestión de las proteínas. Los alimentos ricos en almidón no sólo son por tanto un mal alimento sino que pueden considerarse antialimentos ya que impiden el papel nutritivo de otros”.

Meléndez-Hevia agrega que el hígado termina convirtiendo en grasa el exceso de hidratos de carbono de la dieta -por lo general más del 90% de lo que se ingiere diariamente- ya que, al contrario de lo que ocurre con los carbohidratos, no hay límite en el cuerpo para almacenar grasa. Una persona podría tener un peso normal de masa corporal de 70 kg y tener otros cien kilos más de grasa. De ahí que para él el origen de la obesidad e, incluso, de la diabetes esté en la ingesta masiva de hidratos de carbono, no en la ingesta de grasa.

El exceso de hidratos de carbono en la comida –comenta- causa una concentración muy alta de glucosa en sangre lo que provoca una secreción exagerada de insulina para neutralizarla, la cual a la vez promueve su transformación en grasa y bloquea su consumo. Así nuestro organismo queda incapacitado para quemar la grasa y ésta se va acumulando día a día”.

Pues bien, para evitar problemas metabólicos derivados de la eliminación de los hidratos de carbono -como la cetosis que se manifiesta por la presencia de acetona en la orina- Meléndez-Hevia utiliza el ácido aspárticoque integra suFactor 2.

Por todo ello Meléndez-Hevia aconseja prescindir de:

-Las harinas y sus derivados -pan, gofio, galletas, bollos…
– así como los productos rebozados en ellas: croquetas, empanadillas…
-Los cereales: el arroz, los corn-klakes, el maíz…
-Los tubérculos: boniatos, batatas, patatas…
-Las legumbres: garbanzos, judías, lentejas…
-La pasta: espaguetis, pizzas, fideos…
-Los dulces: tartas, pasteles, turrones, mazapanes…
-El azúcar, la miel, la leche condensada, los flanes, las natillas… (ricos en azúcares).

Aconsejando complementar las proteínas de las comidas con fibra.

Hay que decir, por cierto, que la relación del exceso de hidratos de carbono refinados con ciertas enfermedades, el sobrepeso y la obesidad ya la apuntaron hace años -entre otros- Robert Atkins, Robert Crayhon, Jean Seignalet, Claude Lagarde o nuestro director, José Antonio Campoy (lea el lector para comprobarlo La Dieta Definitiva). Entre ellas el asma, la diabetes, muchas alergias, la osteoporosis, la anemia de deficiencia férrica, la anemia perniciosa, las cándidas, la artritis reumatoide, las infecciones intestinales, la psoriasis, el vitíligo, la urticaria, los eccemas, la dermatitis, el herpes, el acné y muchas otras. Centrémonos pues en la principal aportación de Meléndez-Hevia.

LA GLICINA

La glicina es el más simple de losaminoácidos y quizás por eso pocos investigadores conocen sus enormes posibilidades.Afortunadamente no es el caso de todos. El siguiente texto no lo ha escrito Meléndez-Hevia y por eso resulta en este artículo doblemente significativo: Para muchos investigadores es difícil aceptar que se puedan obtener efectos beneficiosos en varios estados patológicos con el aminoácido más simple, la glicina. Pero cada vez hay más evidencias apoyando esta idea. Ahora se sabe que la glicina de la dieta protege al organismo frente a shocks tanto por pérdida sanguínea como por endotoxinas, reduce la concentración de alcohol en el estómago y aumenta la recuperación de la hepatitis producida por alcohol, disminuye el daño hepático inducido por fármacos hepatotóxicos, bloquea la apóptosis y en el riñón disminuye la nefrotoxicidad originada por el fármaco inmunosupresor ciclosporina A y previene la hipoxia y la formación de radicales libres. Además puede ser útil en otras enfermedades con procesos inflamatorios ya que disminuye la formación de citoquinas. Hemos revisado algunos de los efectos beneficiosos del aminoácido glicina así como el mecanismo supuesto de estos efectos que podrían llevar a proponer su inclusión en la terapéutica de algunas enfermedades”. El extracto está extraído del estudio La glicina: un nutriente antioxidante protector celular publicado en Nutrición Hospitalaria el año 2002 por B. Matilla y J. M. Culebras del Hospital de León y J. L. Mauriz, J. González-Gallego y P. González del Departamento de Fisiología de la Universidad de León.

¿Cómo puede extrañar pues que la glicina se haya convertido para Meléndez-Hevia en pieza sustancial de su sistema nutricional? “La glicina –afirma- es el aminoácido más utilizado en el metabolismo para multitud de funciones entre las que destacan la síntesis de colágeno y la síntesis de hemoglobina. Es, por tanto, el aminoácido más necesario para el correcto funcionamiento del metabolismo. La glicina no se había considerado aminoácido esencial ya que el organismo lo puede fabricar; sin embargo, un sencillo análisis matemático de la estructura del metabolismo demuestra que la capacidad que tiene el cuerpo para fabricar glicina es muy pequeña lo que provoca un continuo déficit de este aminoácido. Y de ahí se deriva que deba ser obligatoriamente añadido a la dieta como el aminoácido más esencial de todos so pena de padecer un amplio espectro de patologías carenciales”.

Y a partir de ahí Meléndez-Hevia comienza un desglose de los problemas que la falta de glicina puede provocar en nuestro organismo: “La carencia de glicina se manifiesta en una debilidad generalizada de la estructura mecánica del cuerpo la cual está formada básicamente por huesos, cartílagos y tendones. Su carencia se manifiesta pues en multitud de problemas de construcción, resistencia y regeneración de esos materiales entre los que están la osteoporosis, la artrosis y las lesiones de cartílagos y tendones que no llegan a repararse debidamente por escasez de materiales. Además de estos problemas bien aparentes hay otros como el asma cuya causa es también mecánica (debilidad del microesqueleto de los bronquiolos que se aplastan y se obturan al hincharse los pulmones en una inspiración profunda). También muchos problemas del oído tienen su origen en una carencia de glicina pues el oído es una estructura esencialmente mecánica, desde la membrana del tímpano hasta la cadena de huesecillos y el laberinto. Y lo mismo cabe decir de muchos problemas de la piel”.

La investigación -nacional e internacional- nos habla también de su capacidad desintoxicante favoreciendo el trabajo hepático y de su papel vital en la curación de las heridas y en la digestión reforzando la secreción ácida gástrica. Todo lo cual repercute –indirectamente- en un mejor trabajo del sistema inmune. De lo que cabe colegir la conveniencia de consumir suficiente glicina muy especialmente en el caso de los niños y de las embarazadas. Es más, parece que una deficiencia de glicina podría limitar el crecimiento en niños.

EL ÁCIDO ASPÁRTICO

En cuanto al otro aminoácido que en esta ocasión nos ocupa, el ácido aspártico, la industria alimenticia y farmacéutica sí lo considera importante. De hecho es fundamental para la formación de numerosas enzimas, la sangre y el sistema digestivo. Facilita el trabajo del hígado actuando como reforzador de la función hepática en la creación de otros aminoácidos no esenciales destinados a cubrir las necesidades del cuerpo para la regeneración de tejidos, colabora en su desintoxicación y se combina con otros aminoácidos formando moléculas capaces de absorber toxinas de la corriente sanguínea habiéndose mostrado además beneficioso para los pacientes con hepatitis crónicas. El ácido aspártico juega además su papel en el ciclo de energía de nuestro organismo y es un valioso suplemento para aumentar la resistencia a la fatiga. Y es que proporciona energía convirtiéndose en glucosa, la forma más simple y más fácil de usar.

Es igualmente importante su función como neurotransmisor cerebral estando involucrado en procesos tan diversos como la epilepsia, las lesiones cerebrales isquémicas y el aprendizaje influyendo en el desarrollo de las conexiones sinápticas normales del cerebro lo que le llevaría a jugar un papel importante en las grandes degeneraciones neurológicas como el Alzheimer.

Todo ello sin olvidar una función especialmente trascendente para Enrique Meléndez-Hevia: “El ácido aspártico no se considera esencial porque lo fabrica el organismo de manera que su presencia en la dieta no se valora como imprescindible pero resulta ser el producto más indicado para resolver el amplio conjunto de problemas metabólicos ocasionados por la acumulación de grasa. El ácido aspártico se convierte fácilmente en ácido oxalacético lo cual permite que el metabolismo pueda usar el ciclo de Krebs aunque esté bloqueada la piruvato carboxilasa. Y con eso se consigue que el organismo recupere la capacidad de consumir grasa. Se devuelve así a las células la capacidad para usar el principal combustible -la grasa- y le quitamos la dependencia de los hidratos de carbono que tantos y tan graves problemas puede provocar y que en muchos casos conduce a la diabetes y al padecimiento de un gran número de problemas metabólicos”.

Tras estas palabras de Enrique Meléndez-Hevia es fácil colegir que la presencia o ausencia de estos dos aminoácidos incide directamente y de forma importante en nuestro estado de salud. Y nadie podrá evitar -ni las autoridades sanitarias- que sus descubrimientos científicos –y los de otros colegas- permitan conocer cada vez mejor nuestro metabolismo, los mecanismos de actuación de los nutrientes y su incidencia en la salud. Ni podrán mantener durante mucho tiempo a pesar de las presiones que ejerce la gran industria farmacéutica que ese hecho convierta a toda sustancia natural que posee propiedades terapéuticas en ¡medicamento! Especialmente porque, excepción hecha de los antibióticos, lo que caracteriza a un medicamento es que ¡no cura nada!

Sin tantos medios científicos a su disposición Hipócrates ya nos recomendó hace dos mil años “que tu alimento sea tu medicamento”. Y en el fondo es lo mismo que defiende Enrique Meléndez-Hevia: “Nosotros hemos demostrado que muchas de las enfermedades que aquejan a la humanidad se resuelven con nutrientes. Por tanto cambiamos la cultura del medicamento por la cultura de la alimentación. ¡Y funciona! La cultura del medicamento, en cambio, no funciona. Así pues no es que se trate de una alternativa más barata, más saludable o más eficaz… ¡es que es la solución!”.

 

Francisco San Martín
 

Este reportaje aparece en
82
Abril 2006
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