El Ministerio de Sanidad descalifica gratuitamente las terapias naturales

El Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad dio a conocer en diciembre pasado un documento sobre la situación de las terapias naturales en España que refleja una visión sesgada de la realidad que ignora los miles de trabajos científicos existentes sobre ellas y minusvalora gratuitamente los resultados que se obtienen y -lo que es aún más grave- a quienes las ejercen sabiendo que muchos de ellos son médicos. Según el ministerio pocas terapias naturales han demostrado su eficacia en situaciones clínicas concretas mediante la aplicación de métodos científicos pero luego añade que eso no es sinónimo de ineficacia reconociendo que muchos pacientes aseguran haber mejorado. Sin embargo luego no descarta que ello se deba al denominado efecto placebo, teoría no demostrada científicamente jamás según la cual se puede conseguir que los pacientes experimenten mejoras en su salud haciéndoles simplemente creer que lo que toman es útil. Lo que lleva a preguntarse por qué si los autodenominados “científicos” creen que la simple fe del paciente en un producto o tratamiento inocuo e ineficaz –a eso se llama placebo– puede mejorar o resolver un problema de salud tal “técnica terapéutica” -la creencia en que algo funciona- no se aplica masivamente antes de dar a un enfermo un fármaco iatrogénico de dudosa o nula eficacia.

El informe del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad español dado a conocer el pasado mes de diciembre de 2011 sobre las “terapias naturales” –cuando calificar toda terapia o tratamiento no convencional de esta manera genérica es manifiestamente incorrecto- refleja una visión sesgada de la realidad que ignora los miles de trabajos científicos existentes sobre ellas, minusvalora gratuitamente los resultados que se obtienen y, lo que es aún más grave, a quienes las ejercen sabiendo que muchos de ellos -miles en todo el mundo- son médicos. Quizás por eso los miembros del denominado Grupo de Trabajo no se han atrevido a negar sin más su validez.

En términos generales –se dice en el informe- pocas terapias naturales han demostrado su eficacia en situaciones clínicas concretas mediante la aplicación de métodos científicos. Sin embargo esta ausencia de demostración de su eficacia no debe ser considerada como sinónimo de ineficacia. Muchos pacientes refieren cierto grado de satisfacción asociado a una percepción de mejoría de los síntomas o en su bienestar o en calidad de vida aunque en muchas ocasiones no se dispone de estudios que permitan determinar si esta mejoría es debida al efecto específico causado por el tratamiento administrado o a un efecto placebo” (la negrita y el subrayado es nuestro).

Es decir, reconocen que los pacientes manifiestan sentirse mejor pero no descartan que se deba al denominado efecto placebo, teoría no demostrada científicamente según la cual se puede conseguir que los pacientes experimenten mejoras en su salud haciéndoles simplemente creer que lo que toman es útil. Ante lo que cabe preguntarse por qué si eso es así y los autodenominados “científicos” creen que la fe del paciente en un tratamiento inocuo e ineficaz puede mejorar o resolver un problema de salud tal “técnica terapéutica” –la creencia en que algo funciona- no se aplica masivamente antes de dar a un enfermo un fármaco iatrogénico de dudosa o nula eficacia. Aunque claro, eso no genera beneficios así que hay que descartarlo… Por otra parte, ¿por qué no dicen esos “expertos” que eso mismo pasaría con los fármacos? ¿Por qué se prestan a tan grosera discriminación?

El caso es que como los pacientes de quienes ejercen esas “terapias naturales” manifiestan que a ellos les va bien con ellas no han tenido más remedio que añadir que “los niveles actuales de evidencia podrían ser valorados como suficientes para justificar su utilización en determinadas situaciones clínicas”.

Bueno, pues a pesar de ello algunos de los principales medios de comunicación -caracterizados por su hostilidad manifiesta hacia las terapias naturales, algunas de ellas con cientos cuando no miles de años de práctica y otras con millares de casos clínicos testados- han preferido sacar de contexto la afirmación que realmente se hace en el informe y sustituirla por otra genérica falsa e inventada por ellos: “Las terapias naturales no tienen suficiente validez científica”. Algo que en el texto del ministerio no se dice.

Obviado además lo que al respecto explica el propio texto ministerial: “Mientras la medicina convencional ha adoptado para la evaluación de los procedimientos terapéuticos el patrón oro del ensayo clínico aleatorizado (vea el recuadro adjunto para saber qué es el patrón oro)las terapias naturales han centrado la evidencia de su utilidad en la tradición y la experiencia individual y colectiva de su uso”. Añadiendo:“Algunas terapias naturales como la Homeopatía y la Acupuntura, por su idiosincrasia, precisan de un modelo científico especial adaptado a sus características que requiere nuevos procesos de validación”. 

NI INTERÉS, NI DINERO PARA LA INVESTIGACIÓN

En pocas palabras, el propio informe del ministerio reconoce que no se puede someter a las mismas reglas de validación de los fármacos químicos a los medicamentos homeopáticos y a los tratamientos energéticos. Y eso que los homeópatas lo niegan. De hecho la Asamblea Nacional de Homeopatía -entidad que agrupa a distintas asociaciones y colectivos profesionales- enviaría al Ministerio de Sanidad un escrito en el que manifestaba lo siguiente: “En la elaboración del citado informe solo se han tenido en cuenta una serie muy reducida de estudios, nueve en total, que han sido seleccionados mediante unos criterios subjetivos mal definidos (sesgo de selección) omitiendo los resultados de estudios clavey los estudios posteriores a marzo de 2007 algunos de los cuales son del más alto valor metodológico y positivos para la Homeopatía. En muchos de los estudios y metaanálisis no contemplados por el Instituto Carlos III (más de 200 artículos publicados en revistas de referencia) se demuestra repetidamente que la Homeopatía funciona como método terapéutico y con un efecto superior al placebo”.

Y similares argumentos han sido esgrimidos por los representantes de la Plataforma de Asociaciones de Profesionales de Medicina Tradicional China y otras Terapias Naturales.La afirmación por parte del informe de que no existe rigor y evidencia científica en la práctica de las terapias Naturales –asevera el doctor Carlos Nogueiraes consecuencia de las valoraciones subjetivas de unos técnicos encargados de realizar el redactado del informe que no poseen conocimientos contrastados en Terapias Naturales ya que han sido aportados infinidad de estudios científicos elaborados en países en los cuales las terapias naturales si están reguladas que no han sido tomados en cuenta. Particularmente en lo referente a la Medicina Tradicional China y a la Acupuntura creemos que es un sinsentido desconfiar de sus evidencias científicas cuando es utilizada en países desarrollados como Japón, Estados Unidos, Gran Bretaña y la República Popular China”.

Cabe agregar que el propio informe ministerial denuncia la falta de interés de la industria para investigar la realidad de las terapias naturales. “La industria consolidada y con recursos –se dice en él- no ha expresado interés hasta muy recientemente en invertir en la evaluación de estas técnicas y no se ha desarrollado una infraestructura competente para la investigación clínica en estas terapias que muchas veces presenta dificultades añadidas y una gran complejidad”. Eso sí, lo de que “recientemente” se interesa por el tema la industria es un decir porque hoy toda la investigación en terapias naturales la financian centros o universidades privadas.

En suma, el Ministerio de Sanidad español reconoce en su informe que la eficacia de las terapias naturales no se ha establecido “científicamente” porque ni los laboratorios ni los estados han querido invertir en ello. ¿Por qué? Porque no pueden patentarse. Lo grotesco es que quienes se niegan a poner un solo euro para demostrar si son eficaces o no sean los mismos que luego usan como argumento de descalificación que no han demostrado su eficacia. A eso se llama cinismo.

¿Y por qué ese empeño en descalificarlas? Pues porque les quitan “cuota de mercado”. Según un estudio de 2008 del Observatorio de las Terapias Naturales el 95,4% de la población española conoce ya alguna terapia natural. Siendo las más conocidas el Yoga, la Acupuntura/Medicina Tradicional China, el Tai-Chi, el Quiromasaje y la Homeopatía.

LO RACIONAL FRENTE A LO EMPÍRICO

Lo singular es que los resultados de las terapias naturales se constatan a diario en la práctica clínica. Hoy cientos de millones de personas las usan y se benefician de ellas. Y aunque la industria pretende hacer creer a través de periodistas y médicos tan ignorantes como carentes de escrúpulos que quienes acuden a ellas son poco menos que unos analfabetos indocumentados prestos a creerse cualquier cosa y fáciles de engañar los estudios sociológicos y epidemiológicos realizados demuestran todo lo contrario: son las personas más preparadas y mejor formadas quienes acuden a las consultas privadas de quienes ejercen las terapias naturales poseyendo un nivel económico e intelectual medio-alto.

No estoy de acuerdo en absoluto con la afirmación de que no haya evidencias sobre la eficacia de las terapias naturales–nos diría el doctor Santiago de la Rosa, Presidente de la Comisión de Médicos Naturistas del Colegio Oficial de Médicos de Madrid-. Invito a los autores de ese estudio a hablar con los centenares de médicos que en toda España las practican sobre sus resultados. Muchos pediatras ofrecen ya en los servicios de Atención Primaria productos homeopáticos como alternativa debido a su eficacia y la Acupuntura se practica en algunos hospitales. Es más, ambas disciplinas, la Homeopatía y la Acupuntura, se estudian incluso como masters en varias universidades. Pero les invitaría sobre todo a hablar con los pacientes tratados. En los testimonios de éstos no existe posible manipulación. Muchos les podrán explicar cómo fueron tratados con la Medicina alópata o farmacológica y cómo, hartos de la ausencia de resultados, decidieron buscar respuesta a sus problemas en las terapias naturales. Como la Homeopatía, la Acupuntura o la Medicina Naturista. Algunos de esos testimonios los recojo yo mismo en mi web: www.ropaz.net. Mire, si las terapias naturales no funcionasen le garantizo que nosotros no tendríamos pacientes en las consultas. Porque es el boca a boca el que los atrae”.

En fin, admitir hoy la realidad de las terapias naturales pasa por admitir que existe un enfrentamiento entre la investigación teórica y la práctica clínica. Ya Bernard Rimland, impulsor en 1967 del Instituto de Investigación sobre el Autismo y del protocolo DAN! para tratarlo –del que hablamos en otro artículo de este mismo número- reflejaba en su libro Autismo: tenemos tratamientos biomédicos efectivos el choque innegable que sufren a veces los médicos entre lo ”racional” –los estudios científicos- y lo “empírico” –los resultados clínicos-. “Los médicos y terapeutas que escuchan atentamente a los pacientes que han sido tratados con estas terapias (naturales) –reflexionaba éste sobre la cuestión- no pueden evitar verse movidos hacia lo empírico y lejos del extremo puramente racional del espectro de las actitudes científicas. Los racionalistas son aquellos que ven lo que creen. Los empíricos son aquellos que creen lo que ven. Yo comencé mi carrera profesional en el primer extremo del espectro y terminaré mi carrera con una mente abierta, hacia una práctica más ecléctica y empírica en las artes curativas. Uno no puede escuchar durante cuarenta años relatos de pacientes sin terminar siendo consciente de los beneficios de los tratamientos ajenos al modelo médico y entender que existe en la medicina y en la curación algo más que el block de recetas del modelo médico convencional”.

LAS MENTIRAS

Y si millones de personas utilizan en España las terapias naturales, ¿por qué siguen sin regularse? La respuesta es obvia: porque hacerlo perjudicaría a la gran industria farmacéutica y a sus recetadores gratuitos: los médicos convencionales adictos a los protocolos farmacológicos. A pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) las respalda y viene pidiendo desde hace décadas su reconocimiento a todos los estados. Lo mismo que hizo el Consejo de Europa que en 1999 aprobó al respecto su Resolución 1.206.

Lo inconcebible es que el propio informe del Ministerio de Sanidad español reconoce que en países desarrollados como Reino Unido, Alemania, Bélgica, Holanda o los Países Nórdicos se están incorporando las medicinas complementarias o alternativas a las estructuras sanitarias tradicionales… ¡mientras en España seguimos esperando su mera regulación! Una soberana estupidez porque la falta de mecanismos legales está haciendo que en lugar de personas con la formación académica adecuada muchas consultas las abran terapeutas quizás bienintencionados pero carentes de los conocimientos necesarios por lo que pueden poner en riesgo a los enfermos.

¿O es que no es un sinsentido que el propio Grupo de Trabajo del Ministerio de Sanidad reconozca que el 90% de los servicios de tratamiento del dolor en el Reino Unido y el 70% en Alemania incluye la Acupuntura entre los tratamientos que dispensan o que en el caso de Francia y Alemania los médicos no sólo prescriben medicamentos homeopáticos y fitoterapéuticos sino que su coste ese reembolsado por el sistema sanitario? ¿A qué esperan en España nuestras manifiestamente incompetentes autoridades sanitarias para regular el sector?

Es evidente que sólo el fuerte entramado de intereses económicos forjado en torno a las patentes comerciales explica que se sigan ignorando los beneficios de las terapias naturales. “Si la Seguridad Socialayudara a costear los tratamientos naturales –nos diría el doctor De la Rosa-tenga por seguro que se produciría una migración brutal desde los consultorios de la medicina convencional a los de los practicantes de las medicinas naturales o complementarias, sobre todo en las enfermedades crónico-degenerativas. Quizás ello explique la cerrazón existente en torno a sus posibilidades. Afortunadamente España no es el mundo y fuera de nuestras fronteras las cosas se mueven de otra manera; como en Francia, Alemania, México, Brasil, India, etc”.

En suma, sólo los intereses económicos que se esconden tras las patentes explican que se continúe atacando a las terapias naturales. Como recientemente han hecho dos de los principales diarios nacionales al comentar el informe del Ministerio de Sanidad engañando descaradamente a sus lectores. Porque es obvio que el diario El País mintió cuando tituló su información así: “Sanidad concluye que el principal efecto de la homeopatía es placebo”. Como mintió el diario La Vanguardia al titular su información sobre el mismo tema de esta guisa: “El principal efecto de la homeopatía es el placebo según Sanidad”. Y mintieron porque en el informe del ministerio no se afirma eso. Lo que más se parece a tal esperpento es un párrafo de ambigüedad calculada en el que los autores del trabajo –seleccionados sólo, no lo olvidemos, entre representantes de la Medicina oficial, ortodoxa o convencional- tratan de hacer creer lo que ni siquiera se infiere de los escasos datos que ellos mismos aportan en el trabajo: “Los resultados de los ensayos clínicos disponibles–dice el informe por ejemplo refiriéndose a la Homeopatía- son muy contradictorios y resulta difícil interpretar que los resultados favorables encontrados en algunos ensayos sean diferenciables del efecto placebo”.

Y créanos el lector: tal frase no es fruto de personas que no saben expresarse con claridad sino de quienes –todo apunta a ello- pretenden descalificar o al menos poner en duda la eficacia de tales terapias sin prueba alguna utilizando deliberadamente para ello la ambigüedad a fin de cubrirse las espaldas. En cualquier caso es evidente que si los autores tuvieran la certeza que se desprende de los titulares de los diarios antes citados no cabe ninguna duda de que así lo hubieran reflejado, sin medias palabras, con gran satisfacción y en medio de una rueda de prensa multitudinaria. Sin embargo está claro, a la vista de lo dicho anteriormente, que la expresión “muy contradictorios” significa que unos estudios dan resultado positivo y otros no… y no se explican por qué. Solo que ni siquiera ese párrafo de las Conclusiones se corresponde con los datos que ellos mismos utilizan en el informe.

Obviemos que comosostiene la Asamblea Nacional de Homeopatía a la hora del análisis no se incluyeron la totalidad de los informes válidos. “No se tuvieron en cuenta –denunciaron sus representantes-las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni las aportaciones que en el campo de la salud pública han llevado a cabo diversos Ministerios de Sanidad a nivel internacional (en Reino Unido, Alemania, Francia, Suiza, Brasil, India, Cuba, Austria, Sudáfrica, Ecuador, Costa Rica, Italia y México, entre otros) que avalan la seguridad, eficacia y relación costo-beneficio favorable para la Homeopatía. Su efectividad y ausencia de efectos secundarios han sido confirmadas repetidamente en grupos de enfermos, experimentadores sanos y animales de compañía y de granja así como en cultivos celulares de animales y vegetales”.

Bueno, pues aún centrándonos sólo en los estudios escogidos por los autores del informe ministerial la manipulación de los títulos en los dos diarios resulta evidente. Porque en el primero de ellos lo que podía leerse es: “No se encontró evidencia sobre la eficacia en la prevención de estos síndromes pero sí de la disminución moderada de la duración de los mismos. Los resultados iniciales son prometedores (la negrita es nuestra)”. En cuanto a las dos siguientes revisiones se realizaron sobre trabajos destinados a estudiar los efectos de la Homeopatía en cáncer y en ellas pueden leerse frases como “la evidencia disponible se valora como limitada”, “la Homeopatía puede mejorar el estado general de los pacientes con cáncer después de un año” o“la evidencia encontrada es prometedora para la Homeopatía”. Y en las conclusiones de la otra revisión se dice: “Dos estudios obtuvieron resultados positivos (de la homeopatía) con respecto a los tratamientos convencionales; uno mostró ser al menos igual de eficaz y el cuarto obtuvo resultados negativos con el uso de una determinada preparación (Toxicodendron rhus) respecto al tratamiento convencional”. En otros casos el resultado fue que “no se dispone de pruebas suficientes”. Y nosotros preguntamos:¿suficientes para quién? En todo caso decir eso no es lo mismo que afirmar que no hay resultados. Claro que, ¿cómo va a importar todo esto a quienes no se interesan por los resultados clínicos de la Homeopatía frente a la medicina convencional?

En suma, ¿en qué se apoyan los autores de esos artículos periodísticos para decir que la Homeopatía es un placebo? Baste decir que en el apartado 3. 2. b dedicado a las evidencias científicas de la Homeopatía no se menciona ni una vez la palabra “placebo”.Y no es así porque el propio Grupo de Trabajo es consciente de que hoy los productos homeopáticos están regulados como medicamentos. Por eso laAsociación de Profesionales de las Terapias Naturales (APTN-COFENAT) recordaría al respecto en una nota pública que“la práctica totalidad de los productos homeopáticos que se suministran en España se obtienen en farmacias” y, por tanto, asegurar que su efecto es similar al de un placebo implicaría“un fraude” que dejaría en evidencia a la propia Administración y al colectivo médico.

“La farmacología de síntesis propia de la Medicina convencional –nos diría el doctor De la Rosa-enfría y disminuye la energía vital del paciente que es la que, en definitiva, anima a la materia. Si hay energía ésta calienta, revitaliza al enfermo; la máxima de Hahnemann -creador de la Homeopatía- es pues subir el tono vital. Y por eso los pacientes siguen acudiendo a nuestras consultas, porque experimentan en sí mismos la mejoría. Está bien claro: cuando a un paciente se le dan quimioterápicos u otros fármacos de serios efectos secundarios se le debilita aún más. Si en cambio se dieran de manera homeopática, en diluciones, posiblemente los resultados serían otros”.

LAVIGA EN EL OJO AJENO 

Resulta por otra parte muy significativo que los representantes ministeriales de la Medicina “oficial” que han escrito el informe muestren tanto interés en desacreditar ahora los beneficios de las terapias naturales. Justo -¡qué casualidad!- cuando muchos de los medicamentos aprobados hace años están teniendo que retirarse rápidamente porque ya no puede ocultarse que son tóxicos y han llegado a causar decenas de miles de envenenamientos y muertes en todo el mundo, cuando implantes mamarios defectuosos que burlaron todos los controles sanitarios envenenan las mamas de decenas de miles de mujeres, cuando muchos laboratorios han sido multados por falsear datos para poder realizar ensayos con niños -como en el reciente caso de Glaxo-, cuando se desvela que pruebas diagnósticas como las mamografías o el PSA son mucho más peligrosas que útiles, cuando se empieza a constatar que numerosos medicamentos -como los antidepresivos, los antipsicóticos, los antiinflamatorios, los analgésicos, los hipocolesterolemiantes o los anticancerígenos, entre muchos otros- pueden destrozar la salud de los pacientes sin proporcionar en realidad los beneficios que pregonaban sus fabricantes y así un largo etcétera que mensualmente mostramos en nuestra sección de Noticias. Lo que se obvia es que tras todas esas aberraciones se encuentra el ensalzado sistema de ensayos y el mal llamado “método científico” que se quiere imponer a las terapias naturales para “validarlas”.

El doctor John Ioannidis –investigador especializado en metaanálisis (análisis de las revisiones de los estudios publicados) considerado uno de los expertos más destacados del mundo en el ámbito de la credibilidad de la investigación médica (ha publicado artículos junto a 1.328 autores diferentes de 538 instituciones en 43 países)- publicó en el 2005 en PloS Medicine un artículo titulado Why Most Published Research Findings Are False (¿Por qué la mayoría de los resultados publicados sobre investigación son falsos?) explicando que gran parte de las conclusiones a las que llegan los investigadores biomédicos son exageradas o engañosas cuando no erróneas. Según afirmaría el 80% de los estudios no aleatorizados -los más comunes- son erróneos; y lo mismo sucede con el 25% de los ensayos aleatorios supuestamente basados en el patrón oro y con el 10% de los grandes ensayos aleatorios basados en el patrón platino.

Según Ioannidis muchos investigadores no tienen además reparo alguno en manipular las conclusiones de sus trabajos si eso les permite ascender en su carrera. Llegando algunos incluso a utilizar el proceso de evaluación por pares –método por el cual las revistas médicas piden a investigadores supuestamente independientes que valoren la credibilidad de los estudios que les llegan antes de publicarlos–a fin de silenciar posibles trabajos con resultados opuestos. Claro que la propia revista Nature –una de las más reconocidas en el ámbito científico- afirmó ya en un editorial de 2006 que “los científicos entienden que por sí misma la evaluación por pares proporciona una garantía mínima de calidad y por tanto se tiende a considerarla una especie de sello de autentificación pero esa creencia está muy lejos de la verdad”.

Los falsos positivos ylos resultadosexagerados de estudios científicos publicados en revistas–afirma Ioannidis en otro artículo reciente aparecido en Scientific American titulado Una epidemia de falsas afirmacioneshan alcanzado proporciones epidémicas en los últimos años. El problema está muy extendido en la economía, las ciencias sociales e, incluso, las ciencias naturales pero es especialmente grave en biomedicina. Muchos estudios afirman que una droga o un tratamiento son beneficiosos cuando no escierto (…) Mucha investigación se lleva a cabo por razones distintas a la búsqueda de la verdad. Los conflictos de intereses abundan e influyen en los resultados. En el cuidado de la salud la investigación se realiza a menudo a instancias de empresas que tienen un gran interés financiero en los resultados. Incluso para los académicos el éxito suele depender de la publicación de resultados positivos. El oligopolio de las revistas de alto impacto también tiene un efecto distorsionador sobre la financiación, la carrera académica y las cuotas de mercado”. Imposible hablar más claro.

Y hay más: afirma que el 90% de la información científica publicada sobre la que se basan los médicos es defectuosa. Así se lo manifestó al periodista David H. Freedman que publicó esa declaración en un artículo titulado Las mentiras, malditas mentiras, y la medicina en noviembre de 2010 en The Atlantic.

Cabe agregar finalmente que en Contradicted and Initially Stronger Effects in Highly Cited Clinical Research-publicado en Journal of the American Medical Association (JAMA)-Ioannidis analizó 49 de los hallazgos más destacados en el ámbito de la Medicina de los últimos 13 años, artículos que habían aparecido en las revistas más renombradas y que eran los más citados en ellas. Bueno, pues de esos 49 artículos en 45 -que tuvieron gran repercusión- se afirmaba haber desvelado efectos eficaces en los productos estudiados. Así que Ioannidis decidió analizar 34 de esas afirmaciones encontrándose con que 14 -es decir, el 41%- eran ¡exageradas o, simplemente, erróneas!

Y obviamente cabe preguntarse: si resulta que entre un tercio y la mitad de las conclusiones obtenidas en las investigaciones médicas más afamadas y reconocidas son falsas, ¿cómo pretende imponerse como modelo a imitar? Aunque lo peor según Ioannidis es que cuando se desvela un error de investigación se suele tardar años –a veces décadas- en hacérselo entender a los médicos que leyeron y asumieron aquellos resultados. En ese sentido recuerda que él revisó tres estudios sanitarios importantes efectuados en las décadas de los ochenta y noventa del pasado siglo XX que finalmente fueron refutados y descubrió que los investigadores continuaron durante años citando los resultados originales como si fueran correctos; en uno de los casos durante 12 años.

Si no decimos nada a la gente sobre estos problemas –le explicó Ioannidis aDavid H. Freedman- no somos mejores que los que no son científicos y afirman falsamente que pueden curar. Si los fármacos no funcionan y no estamos seguros de cómo curar algo, ¿por qué deberíamos afirmar lo contrario? Algunos temen que haya menos fondos si dejamos de afirmar que podemos demostrar poseer tratamientos milagrosos pero si no podemos proporcionar tales milagros, ¿durante cuánto tiempo más vamos a poder engañar a la gente? La iniciativa científica puede que sea el logro más fantástico de la historia de la humanidad pero ello no significa que tengamos el derecho de exagerar lo que estamos logrando”.

En suma, ¿es este el “creíble método científico” que quiere imponerse a las medicinas no convencionales para demostrar su eficacia? Pues aviados vamos…

Francisco San Martin

Recuadro:


El patrón oro y el patrón platino en la investigación científica 

A la hora de medir el grado de fiabilidad de un estudio en función de su rigor científico se utiliza la expresión patrón oro como sinónimo de máxima fiabilidad para designar aquellos ensayos clínicos que se realizan de forma controlada, cuya asignación es “aleatoria” y se llevan a cabo “a doble ciego”.

En un experimento a ciegas los enfermos o voluntarios que ingieren el producto –o tratamiento- a testar no saben si lo tomarán o les darán un placebo, sustancia inocua sin actividad terapéutica alguna. Y se dice que un ensayo es “a doble ciego” cuando eso no lo saben tampoco ni los médicos y enfermeras que lo proporcionan.

Y un ensayo “aleatorizado” es aquel en el que se asignan los pacientes a uno u otro grupo de forma que nadie sabe quiénes pertenecen a cada uno de ellos ni qué tratamiento va a recibir, si el producto o el placebo.

La idea es evitar que el investigador pueda llevar voluntariamente a los enfermos o voluntarios menos enfermos y con más posibilidades de mejorar al grupo que va a tomar el producto o seguir un tratamiento.

Y se habla de patrón platino para referirse a aquellos metaanálisis realizados con varios ensayos elaborados todos ellos bajo el patrón oro.

Cabe agregar que en Estados Unidos la autoridad reconocida en relación con la evaluación de la investigación clínica científica es la Agency for Healthcare Research and Quality (AHQR) y su tabla está encabezada por los Metaanálisis de múltiples estudios controlados bien diseñados con calificación 1A (que es la que corresponde al patrón platino) seguida de los Ensayos controlados aleatorios bien diseñados que reciben la calificación 1 (los de patrón oro).

 

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146
Febrero 2012
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