El sol, vital fuente de energía y salud

El sol es mucho más importante para la salud de lo que la mayoría de los médicos imagina. Claro que nadie se lo ha explicado. Como no se les ha explicado el papel real que juega en el organismo merced a la melanina, sustancia que no sólo se encuentra en nuestra piel para protegernos de la excesiva radiación del sol sino en los ojos, el pelo, el vello y el oído interno así como en el epitelio digestivo, los huesos, el corazón, la corteza suprarrenal, el núcleo dorsal del vago y regiones del cerebro como la sustancia nigra, el locus coeruleus y las meninges. Y eso que se sepa hasta hoy porque no nos sorprendería que en cualquier momento se descubra que está presente en la mayoría de los tejidos explicando ello las sorprendentes capacidades terapéuticas del sol.

Hace apenas tres meses dimos a conocer en la revista un interesante artículo sobre los revolucionarios hallazgos que el médico e investigador mexicano Arturo Solís y su equipo hicieron sobre la capacidad de la melanina para obtener energía disociando moléculas de agua con ayuda de la radiación electromagnética natural así como realizar el proceso inverso. Proceso de “fotosíntesis” que en nuestro caso, al no depender de la luz solar, funciona también de noche siendo ello lo que explica que nuestro organismo consuma mucha más energía de la que obtiene con el mero consumo de alimentos. Es más, asegura haber elaborado un producto que intensifica esa fotosíntesis que ha sido ya usado en más de 14.000 pacientes con muy distintas patologías. Bueno, pues en este texto vamos a ampliar la información sobre las propiedades de la melanina… y del sol.

Conviene empezar recordando que el pigmento que llamamos melanina es un péptido que se encuentra en todos los seres vivos, desde las bacterias más primitivas hasta los animales y plantas más evolucionadas y complejas aunque en algunas de éstas su lugar lo ocupan otros pigmentos (como los carotenoides). Péptido que se formó ya en las bacterias más simples -probablemente hace 3.000 millones de años- y que desde entonces ha acompañado a casi todos los seres vivos en todos los estadios evolutivos de la vida en el planeta.

Y no podía ser de otra manera ya que la vida en la Tierra es ante todo consecuencia de un delicado equilibrio entre el agua, los gases de la atmósfera y la energía solar. No hablamos pues obviamente de la luz y de las invisibles radiaciones infrarrojas que nos calientan sino también de otras radiaciones de muy alta energía que si incidieran directamente en los seres vivos impedirían la compleja organización molecular que los caracteriza. De hecho durante algo más de 2.500 millones de años la vida en nuestro planeta se limitó al mar porque allí las primeras bacterias y algas estaban protegidas de la radiación ultravioleta del sol. Y fuera por azar o debido a un diseño inteligente el caso es que aquellas primeras bacterias empezaron en un momento dado a fabricar oxígeno, gas que con el tiempo se transformaría en ozono en la zona más alta de la atmósfera terrestre formando una capa que impidió la entrada de la mayor parte de la radiación ultravioleta de la luz solar. Fue entonces -hace unos 475 millones de años y bajo la protección de esa capa de ozono- cuando las primeras plantas se aventuraron a conquistar las tierras emergidas saliendo fuera del mar protector. Los primeros animales continentales serían sin embargo más prudentes y esperaron 50 millones de años más para aventurarse fuera del agua pero, eso sí, acompañados de abundante melanina para protegerse de los remanentes activos de la radiación ultravioleta solar.

Pues bien, sabemos que la melanina se encuentra en nuestra piel para protegernos de la excesiva radiación del sol pero, ¿qué hace en el resto de nuestro organismo? Porque si bien los recientes hallazgos del Dr. Arturo Solís nos explican la función de la melanina en el ojo aún no sabemos bien para qué está en el resto del cuerpo; como en el epitelio digestivo, los huesos, el corazón, la corteza suprarrenal, el núcleo dorsal del vago y regiones del cerebro como la sustancia nigra, el locus coeruleus, o las meninges. Y eso que se sepa hasta hoy porque no nos sorprendería que en cualquier momento se descubra que la melanina esté presente en la mayoría de los tejidos humanos.

MELANINA, UNA SUSTANCIA FOTORRECEPTORA

Ahora bien, como pigmento de singulares propiedades la melanina lleva años investigándose y como resultado de esas indagaciones cada vez se le encuentran nuevas propiedades y aplicaciones. De ahí que hoy sepamos ya que…

…se trata ante todo de una sustancia fotosensible; es decir, que al igual que la placa fotovoltaica de silicio -como las que vemos en las calculadoras, relojes y juguetes- es capaz de transformar la energía de los fotones que recibe en corriente eléctrica.

…es semiconductora. Es decir, que además de conducir corriente eléctrica es capaz de modularla al igual que un transistor; una propiedad que ha sido aprovechada para la fabricación de circuitos electrónicos orgánicos.

…es fotoemisora. Es decir, que al igual que una lámpara LED puede emitir fotones cuando es excitada por determinadas corrientes eléctricas lo que viene a ser la inversa de su propiedad de fotosensibilidad.

…posee una excelente capacidad de absorción sonora. De ahí que se esté promoviendo su uso como material aislante de ruidos excesivos.

…es antioxidante. Mejor dicho, es el mejor antioxidante conocido ya que todas las demás sustancias antioxidantes secuestran los radicales libres a costa de su propia oxidación (aunque sea a cambio algo menos activa). La melanina en cambio neutraliza los radicales libres manteniéndose estable ya que es semiconductora. Varios investigadores destacan además su poder de captación de radicales citotóxicos.

En fin, son varios los trabajos científicos publicados a lo largo de los últimos 50 años que habían demostrado y medido ya la respuesta fotoeléctrica de la melanina; tanto la de origen natural como la artificial. Hace unos años por ejemplo el doctor C. Critchley publicó un libro titulado Artificial Photosynthesis donde se resumen varios experimentos con ella en el que se recalca especialmente la amplia respuesta de la melanina a una amplia gama de frecuencias electromagnéticas; no sólo a aquellas cercanas al espectro luminoso sino además a la radiación gamma. Critchley coincide además con Solís en señalar la importancia del agua o humedad contenida en la melanina como factor clave para la generación de electrones libres. Sorprendentemente, sin embargo, no relaciona ello con la fotodisociación de las moléculas de agua y de ahí que se pregunte cuál será el mecanismo de generación de los electrones.

Hay que destacar por otra parte que en el mundo de la electrónica y de la investigación de las posibles sustancias con aplicaciones fotovoltaicas las llamadas DSSC o Células Solares Sensibilizadas con Colorantes son un nuevo tipo de placas fotovoltaicas que permiten generar energía eléctrica a partir de la luz solar. Solo que a diferencia de las placas fotovoltaicas usuales de silicio -que hoy en día se utilizan desde las pequeñas células de calculadoras hasta los grandes paneles solares en los techos de viviendas e industrias- el material que absorbe los fotones del sol es un pigmento similar a la melanina. No debe extrañar pues que ésta sea hoy una de las sustancias que más se investiga y esté cosechando más éxitos como material fotosensible para la fabricación de dichas placas.

Y es que lo más interesante de este péptido es que no sólo se activa con los fotones solares sino también con otras frecuencias de la amplia gama del espectro electromagnético. Lo que permitiría que una placa solar de melanina pudiese recoger la energía no ya de la luz del sol sino de las radiaciones gamma o infrarrojas procedentes del espacio que llegan a la Tierra durante la noche.

LA MELANINA EN EL CUERPO HUMANO

En 2005 el doctor B. J. Nicolaus -del Colegio Internacional de Neuropsicofarmacología de Monza (Italia)- adelantó en un artículo publicado en la revista Medical Hypothesis que la melanina presente en la sustancia nigra actúa como un material semiconductor transmitiendo y modulando los impulsos nerviosos de forma reversible. Además apunta que cuando no hay melanina en la sustancia nigra -como en el caso de los bebés recién nacidos o de las personas con parkinson (por disminución específica de las neuronas dopaminérgicas)- los movimientos musculares son descoordinados e ineficientes. Bueno, pues también se pregunta si la melanina ocular disipa el exceso de luz absorbida como calor o como corriente eléctrica. Porque la vieja idea de que la melanina absorbe la excesiva radiación ultravioleta para transformarla simplemente “en calor” que luego se disipa se mantiene todavía como dogma de fe en el pensamiento académico impidiendo que se investigue y se aclare qué ocurre realmente con toda esa energía absorbida. Algo que ahora, gracias al doctor Arturo Solís, sabemos: la melanina transforma el agua que la rodea en iones hidrógeno y electrones libres que proporcionan energía a la maquinaria celular.

Y eso que en realidad una energía que provenga de la luz y tenga consecuencias fisiológicas inmediatas sobre nuestro organismo no difiere del antiguo concepto que comparten todas la medicinas denominadas naturales o energéticas; esto es, la energía vital, vis medicatrix, qi, prana o energía pura que no procede del metabolismo químico de los alimentos.

MELANINA, MELANOCITOS Y MELANOSOMA

Ante todo debemos aclarar que las melaninas –en plural- son polímeros variables, es decir, están formados por cadenas de 12 a 16 monómeros que se organizan bien en forma de capas, bien en formas esféricas. Y ello significa que aunque las melaninas se clasifican en cinco grandes grupos en los estudios bioquímicos no hay una melanina igual a otra. Es más, según algunos investigadores la melanina de cada ser humano es única y distinta de la de los demás. En todo caso conviene saber que los científicos las agrupan de esta manera:

-Eumelamina negra: es la característica melanina negra, el típico pigmento del pelo oscuro.

-Eumelamina marrón: es el pigmento del pelo rubio.

.Feomelamina: el característico pigmento rojizo de los pelirrojos.

-Neuromelanina: es la que se encuentra en distintas zonas del encéfalo, especialmente en la sustancia nigra y en los ganglios basales pigmentándolos de color negro a medida que se avanza en edad o bien perdiendo su coloración como consecuencia de alguna enfermedad neurológica. Y,
Allomelanina. Este nombre se da a todas las melaninas de los vegetales pero sobre esto no hay consenso científico.

Cabe añadir que se llama melanosoma al orgánulo que en el interior de las células fabrica las partículas de melanina en los humanos. Se localiza en los bordes de unas células denominadas melanocitos que se encuentran en la capa más profunda de la piel y tienen una extraña propiedad: pueden extenderse -como largos pseudópodos- llevando los melanosomas lejos del núcleo del melanocito y “donarlos” a los queratinocitos de la superficie de la piel. Cuando la luz intensa del sol incide sobre la piel los queratinocitos envían la hormona MSH (Hormona Estimulante del Melanocito) a los melanocitos para que…

…éstos aumenten la cantidad de melanosomas.

…los melanosomas aumenten la producción de melanina

…los melanosomas se desplacen hacia la superficie de la piel para que la melanina haga de “pantalla protectora” de las células dermatológicas y además absorba parte de la radiación solar incidente. Es entonces cuando los queratinocitos fagocitan los pseudópodos de los melanosomas y los llevan hacia el centro para rodear al núcleo y aumentar su eficacia protectora. Y como consecuencia nos bronceamos.

La Dra. E. Oancea -de la Universidad de Brown (EEUU)- piensa sin embargo que este proceso no es tan simple y que hay otra molécula implicada: la rodopsina. Se trataría de un pigmento sensible a la luz que se encuentra en los “bastoncillos” oculares y juega un papel fundamental en los mecanismos de la vista. Oancea asegura haberla hallado en los melanocitos de la piel y que es la luz solar y no la hormona MSH la que la activa iniciando la cascada de reacciones bioquímicas que conducen a la secreción de melanina por los melanocitos y su movimiento hacia la capa queratinocítica más superficial con el objeto de proteger el DNA celular de los rayos ultravioleta.

LA TERAPIA SOLAR SE APLICA DESDE HACE MILENIOS

Lo singular es que algo de todo esto lo intuían nuestros antepasados. Hay pruebas por ejemplo -tanto en los jeroglíficos como en los llamados Papiros de Ebers (1.500 AC)- de que en la época faraónica los egipcios no sólo consideraban al sol una divinidad: era la medicina por excelencia. De hecho sus prácticas de lo que se conoce como Helioterapia fueron transmitidas y adoptadas por las culturas griega y romana y es indudable que tanto Hipócrates como Galeno y los posteriores médicos romanos consideraban los baños de sol el tratamiento indicado para muchas enfermedades… y el mejor método para prevenirlas.

Sin embargo las técnicas terapéuticas romanas quedaron olvidadas durante siglos. Hasta que el islandés N. R. Finsen (1860-1904) recibió el Premio Nobel de Medicina en 1903 por sus investigaciones sobre el efecto de la luz solar sobre la salud. Su libro Los efectos de la luz sobre la piel fue traducido a varios idiomas y constituyó la base de tratamientos muy efectivos contra la tuberculosis de huesos, articulaciones y pulmonar. Aunque en realidad los verdaderos promotores masivos de la terapia solar o Helioterapia fueron sus discípulos suizos Oscar Bernhard (1861-1939) y Auguste Rollier (1874-1954) quienes a principios del siglo XX abrieron decenas de hospitales para tuberculosos cuyas habitaciones estaban provistas de amplios balcones donde el enfermo era expuesto a la luz solar directa de los Alpes helvéticos.

Debe tenerse en cuenta que en esa época la tuberculosis era una terrible enfermedad que sesgaba las vidas de un millón de europeos cada año y varios millones más en el resto del mundo. Y eso que Robert Koch (1843-1910), científico alemán galardonado con el Premio Nobel,ya había demostrado que la luz solar era letal contra el bacilo de la tuberculosis siendo ello la base teórica de la aplicación de la helioterapia para combatir la dolencia. Debe destacarse que Bernhard utilizaría también la acción terapéutica de la luz solar para tratar con éxito tanto heridas tórpidas como ulcerosas o postquirúrgicas. Y si bien había diferencias protocolarias entre los métodos que ambos practicaban en lo básico coincidían; especialmente en la técnica de someter a los pacientes a una exposición solar gradual y progresiva y, en particular, en preferir los rayos solares de las primeras horas de la mañana en sesiones paulatinas de pocos minutos hasta totalizar entre tres y cuatro horas al día. Ambos médicos -y sus seguidores- fueron combatidos y ridiculizados por sus doctos colegas que consideraban la solución quirúrgica la mejor opción frente a la tuberculosis. Hasta que la Helioterapia -de forma absurda- fue abandonada hacia 1940 con la aparición de los primeros antibióticos.

La ictericia del neonato -con su secuela de lesiones cerebrales- seguía sin embargo haciendo estragos. Siendo la tozudez de una enfermera del Rochford Hospital del Reino Unido, convencida de que los bebés prematuros de su sala no contraían la ictericia gracias a que les exponía a la luz solar y al aire fresco, lo que llevaría al doctor. R. J. Cremer a investigar los efectos de la luz solar sobre la molécula de bilirrubina publicando en 1958 el resultado de sus investigaciones en The Lancet. Un texto en el que se concluía que la radiación azul (420–448 nm) oxidaba la bilirrubina causante de la kernicterus (daños cerebrales) convirtiéndola en biliverdina inocua y eliminable sin problemas fuera del organismo. A pesar de lo cual tuvieron que pasar diez años hasta que la ictericia del neonato se tratase universalmente con una simple lámpara de luz azul. En la actualidad los baños de sol resuelven con éxito los raros casos de hiperbilirubinemia o Síndrome de Gilbert.

Bueno, pues hoy está además constatado que la luz de sol es eficaz en el tratamiento…

…de la psoriasis. Tanto los rayos UVA (400 a 315 nm) como los UVB (315 a 280 nm) suprimen la inflamación provocada por el sistema inmunitario y detienen el crecimiento descontrolado de los queratinocitos en las placas psoriásicas.

…del acné. Se hace iluminando la zona afectada con luz violeta (entre 415 y 430 nm) ya que elimina así el 80% de las bacterias Propionibacterium acnes, una de las causas del acné.

… el trastorno afectivo estacional. La exposición diaria entre 10 y 30 minutos a una fuente de luz blanca de espectro total e intensidad media –la que permite mirar hacia ella sin “cansar” la vista- alivia la depresión invernal que afecta a algunas personas; en especial a las mujeres. Este efecto ha sido ampliamente demostrado con varias pruebas en distintos países, especialmente en Escandinavia y Alaska. Ensayos comparativos con drogas antidepresivas han logrado resultados similares. Incluso hay profesionales que abogan ya por su uso en casos de depresión no estacional suave. Asimismo se han observado casos de alivio -con exposiciones similares- en los temblores de los enfermos de parkinson.

En suma, conociendo lo descubierto por el Dr. Arturo Solís es ahora más fácil entender por qué la luz solar tiene tales efectos terapéuticos. Se trata simplemente de que la melanina -tanto la ocular como la dérmica- genera una energía que potencia una serie de efectos inmunitarios y metabólicos que permiten la recuperación homeostática de los tejidos y órganos enfermos. En el caso del acné está claro por ejemplo que la radiación violeta elimina las bacterias pero además al activarse la melanina cutánea se produce una normalización de las secreciones grasas de los folículos, una mejor oxigenación y un efecto antiinflamatorio lo que concurre con la eliminación de la bacteria para resolver el acné. Además, como explicaremos más adelante, se ha demostrado tanto “in vitro” como con animales de laboratorio la actividad inmunoestimulante tanto de la melanina animal (tinta de calamar) como de la melanina vegetal (la de la equinácea y otras plantas).

USO TERAPÉUTICO DE LOS LEDS ROJOS

Otro aspecto a destacar de las posibilidades terapéuticas de la luz es el actual uso de lámparas LED que en la literatura médica se menciona a veces como Terapia con Laser de Baja Intensidad o LLLT (Low Level Laser Therapy). Tales lámparas utilizan la luz de uno o varios LED -en función del objetivo y de la zona a tratar- con potencias de emisión inferiores a 150 miliwatts; limitándose en general a entre 10 y 50 mW, potencias muy por debajo de los láseres utilizados con otros fines médicos o estéticos. Y se trabaja con diodos rojos que emiten luz en el entorno de los 630 nm o bien rojos-infrarrojos que emiten en la banda de los 890 nm.

Siendo las aplicaciones más estudiadas la mucositis oral (inflamación y ulceración de la mucosa bucal) y la xerostomía (falta de saliva), secuelas inevitables de la quimioterapia cuando se aplica en tumores localizados en la cabeza -o en zonas cercanas- y entre quienes han sufrido un trasplante de médula. Se ha comprobado que bastan unos minutos de iluminación diaria con estos LED rojos de baja potencia para disminuir las lesiones, el dolor y la falta de saliva bucal. Hay ya de hecho muchos trabajos publicados sobre esta técnica, estandarizada hoy en tipos de LED, potencias, tiempos de aplicación, etc.

Pues bien, se piensa que el efecto terapéutico –innegable- se debe a una estimulación o potenciación de la energía mitocondrial, la “central energética” de las células. Se infiere que ante una situación de estrés o de falta de riego las mitocondrias reducen su actividad provocando una disfunción celular e inflamación de los tejidos que componen. Infiriéndose asimismo que los fotones emitidos por los LED sobre los tejidos afectados son absorbidos por las enzimas citrocromo-c-oxidasa lo que produce un incremento del metabolismo celular y una reducción de la inflamación.

Nosotros, tras lo descubierto por Arturo Solís, entendemos no obstante que puede deberse en realidad a la acción de la melanina presente en la células basales epiteliales por debajo de la mucosa que se activa fotoeléctricamente al ser iluminada por un LED rojo aumentando ello la actividad celular de los queratinocitos, de las células endoteliales y de los fibroblastos así como la de los neutrófilos, macrófagos y mastocitos del sistema inmunitario.

DAÑOS OCULARES TRATADOS CON LUZ INFRARROJA

Pero sigamos. Las experiencias de cicatrización de heridas, úlceras bucales diabéticas y de decúbito mediante el empleo de luz infrarroja emitida por LED de baja potencia llevó a algunos científicos a preguntarse si esa misma técnica no podría aplicarse en las lesiones oculares. Y para averiguarlo el doctor H. Whelan -neurólogo de la Escuela Médica de Wisconsin (EEUU)-decidió hace unos años hacer una prueba con ratones. Para lo cual les cegó utilizando alcohol metílico que el metabolismo de los ratones convierte en acido fórmico, una toxina que inhibe la actividad de las mitocondrias. A las pocas horas, debido a que las células de la retina y el nervio óptico empezaron a morir, los animales se quedaron ciegos. Luego les iluminó los ojos tratándoles en distintos grupos: a unos 5 horas después de administrarles el metanol, a otro a las 25 horas y a un tercero a las 50 horas; siempre utilizando un diodo LED de 670 nm de frecuencia durante 105 segundos. Bueno, pues todos los animales recuperaron un 95% de visión. Los exámenes oculares revelarían que tanto el tejido retiniano como las neuronas se habían regenerado totalmente. Incluso llegaban a ser idénticas a las de una retina normal.

En suma, no puede descartarse que las personas cegadas por la luz -o por un láser- pudiesen recuperar la vista de esta manera. Porque los experimentos del Dr. Whelan demuestran que se pueden recuperar las células dañadas de la retina usando radiación infrarroja. De hecho una agencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos está actualmente estudiando la técnica para tratar los daños oculares sufridos por los pilotos de guerra cegados por rayos láser de alta energía.

Pues bien, la reconstitución o reparación de los tejidos por medio de LEDS se ha vinculado hasta ahora con la energía mitocondrial pero no con la presencia de melanina a pesar de que ésta es abundante tanto en la fóvea como en la retina.

EL PODER TERAPÉUTICO DE LA MELANINA

Agregaremos que la tinta de calamar o sepia (Sepia officinalis) es una solución acuosa rica en melanina sobre la que se han hecho ya varios estudios que confirman sus efectos antivirales, hematopoyéticos, antitumorales y antiangiogenicos. En una investigación llevada a cabo por el equipo del doctor J. P. Zhong -de la Guangdong Ocean University (República Popular de China)- se trató primero a ratones con ciclofosfamina -una droga de efectos devastadores utilizada en quimioterapia- y luego se les dividió en cinco grupos -siempre con el mismo número de machos y hembras- a los que se fue administrando dosis crecientes de tinta de calamar. Bueno, pues se observó que los ratones de los grupos que habían ingerido más tinta de calamar mostraban menos daños en la función hematopoyética de la médula ósea y menos daños por radicales libres en el bazo.

El doctor N. D. Pough publicó por su parte en 2005 un estudio sobre la capacidad inmunoduladora de la melanina natural -obtenida de la planta Equinácea purpurea y la E. pallida– sometiendo a un grupo de ratones a una dieta reforzada con ella y al cabo de cuatro días pudo observar un aumento en la producción de interferón gamma por las células del bazo y de inmunoglobulinas A (igA) y IL-6 en las llamadas Placas de Peyer.

Y posteriormente compararía las melaninas obtenidas de distintas fuentes vegetales descubriendo que las más inmunoactivas corresponden a las de la Equinácea, los brotes de alfalfa, el ginseng, las hojas de té verde y el jengibre (cabe destacar que la melanina del té verde es 100 veces más inmunoactiva que la del té negro fermentado). La melanina obtenida de otras plantas también era activa pero en mucho menor grado. En cambio la melanina sintética era totalmente inactiva.

Resumiendo, todo indica que la melanina tiene propiedades inmunomoduladoras, antivirales, antitumorales, hematopoyéticas y antioxidantes. A lo que hay que sumar a su capacidad de aportar energía a las células. ¿Se entiende ahora por qué el ser humano lleva milenios confiando en el poder curativo del sol?

OTRA SUSTANCIA HUMANA QUE SE FOTOSINTETIZA CON LA LUZ DEL SOL

A pesar de que los médicos A. F. Hess y M. B. Gutman ya llevaban años curando casos de raquitismo infantil sometiendo a los niños enfermos a baños de sol no fue hasta los experimentos de H. Goldblatt y K. Soanes cuando se comprendió la razón. El raquitismo proviene de una deficiencia de vitamina D y ésta es sintetizada en nuestra piel por medio de una reacción fotoquímica que transforma las moléculas de colesterol que lleva la sangre en vitamina D gracias a la energía que aportan los rayos solares. Desde entonces se han descubierto numerosas funciones de la vitamina D y en especial su papel en el crecimiento y desarrollo del organismo.

Es simple: cuando los fotones de alta energía de la radiación ultravioleta B (UVB) procedentes del sol inciden sobre la piel el 7-dehidrocolesterol – un tipo de colesterol- se transforma en provitamina D3 que a los pocos días se transforma a su vez en pre-vitamina D3 y ésta a las pocas horas en vitamina D3. Otra parte de la radiación recibida es absorbida por la melanina y el exceso de pre-vitamina D3 producida absorbe más energía solar y se transforma en lumisterol y tachisterol. Se trata de dos sustancias poco conocidas pero recientemente se ha descubierto que el lumisterol 3 inhibe la proliferación de los queratinocitos y ello podría explicar porque irradiar la piel con luz ultravioleta permite tratar la psoriasis.

En suma, la vitamina D -que algunos consideran en realidad una hormona- es muy importante para la salud. De hecho el raquitismo infantil causaba estragos en las ciudades industriales del mundo desarrollado hasta que se descubrió que la causa era simplemente ¡la falta de exposición a los rayos del sol! Más recientemente las investigaciones del doctor J. Cannell permitirían descubrir que el déficit de esta vitamina es la principal causa de las gripes estacionales; incluso en los países de clima subtropical.

Y lo dicho no es todo. Debido a los hábitos de vida modernos la mayoría de los habitantes de los países industrializados apenas exponen su piel al sol y, en consecuencia, hay entre mucha gente un déficit crónico de vitamina D que no alcanza a cubrirse con la que aportan los alimentos. Pues bien, cada vez más médicos y profesionales de la salud sospechan que hay una estrecha vinculación entre ese déficit de vitamina D y el incremento de  enfermedades “modernas” como la ateroesclerosis, el cáncer, la diabetes, la osteoporosis y numerosas patologías autoinmunes.

Para colmo se ha vinculado equivocadamente el melanoma con los baños de sol cuando probablemente la causa real del cáncer de piel esté en las sustancias presentes en las cremas protectoras y en el déficit de vitamina D por falta de exposición directa al sol.

Es curioso por otro lado constatar que parece haber un paralelismo entre la cantidad de melanina en la piel y la eficacia en la síntesis de la vitamina D. La raza negra, de piel rica en melanina, está evolutivamente limitada a la franja tropical del planeta donde la luz del sol es suficientemente intensa para que sus habitantes sinteticen una cantidad óptima de vitamina D. Y se comprobó hace ya tiempo que si éstos migraban a regiones de mayor latitud no podían a menudo sobrevivir o tenían problemas para reproducirse dado que nunca llegaban a sintetizar suficiente vitamina D. Por eso hasta que comenzó el tráfico de esclavos africanos -hace unos tres siglos- y aparecieron más tarde las modernas migraciones los humanos de piel oscura nunca se extendieron más allá de la cintura tropical del planeta.

MELANOMA, CÁNCER DE PIEL, RADIACIÓN SOLAR Y VITAMINA D

Llegados a este punto debemos aclarar que hay dos tipos de cáncer de piel: el basalioma o carcinoma de células basales -que constituye el 90% de los canceres de piel y se genera en el estrato germinativo basal o capa más profunda de la piel, precisamente donde se encuentran los melanocitos- y el melanoma -excesiva acumulación puntual de melanocitos, las células especiales situadas en la capa profunda de la piel que fabrican la melanina –a eso se llama melanogénesis- a partir del aminoácido tirosina al recibir la señal de la hormona MSH (Hormona Estimulante del Melanocito). Y es que debido a los rayos ultravioleta los queratinocitos liberan la MSH que potencia la producción de melanosomas (o melanina) por parte de los melanocitos, algo que apreciamos cuando vamos a la playa o al solarium. Solo que también se ha descubierto que la melanogénesis -y consecuentemente el aumento de la pigmentación- lo estimula asimismo la hormona adenocorticotropa (ACTH), los retinoides (vitamina A), algunos metabolitos de la vitamina D, otras sustancias naturales como la forscolina (curiosamente el terpeno de una planta que activa el metabolismo celular) y un importante metabolito de las células humanas: el diacilglicerol.

En suma, todo indica que la teoría que domina la medicina oficial -y es apoyada sin reservas por la industria farmacéutica- de que el sol -en especial su radiación ultravioleta- es el principal culpable del desarrollo del cáncer de piel y por eso se recomienda reducir su exposición al mínimo utilizando cremas fotoprotectoras no se justifica en modo alguno. Es más, todo indica que tomar el sol protege de muchas patologías, cáncer incluido.

En 2009 un equipo de investigación dirigido por el Dr. Levell publicó un estudio en el British Journal of Dermatology tras analizar 3.971 casos de melanomas registrados en una zona de Inglaterra descubriendo que si en 1991 había 0,09 casos por cada 1.000 habitantes en 2004 eran muchos más: 0,13 por millar. Parecía así inferirse que se había producido un notable aumento de casos pero investigando detalladamente la estadística pudo comprobarse luego que ese aparente crecimiento se debía a que en 2004 se detectaban precozmente muchos más casos (que mayoritariamente correspondían a estadios iniciales benignos). Y que es así parece demostrarlo que la mortandad por melanoma prácticamente se mantuvo invariable: pasó de 2,1 a 2,5 casos. Además se constataría que la mayoría de las lesiones los padecían personas que vivían en las zonas con menor exposición a la luz solar.

Y no se trata más que de un ejemplo. Hay ya muchos trabajos científicos que ponen en entredicho que los cánceres de piel los cause mayoritariamente la radiación solar. Un trabajo dirigido por la doctora  D. E. Godar publicado en 2009 constataría de hecho que el melanoma ha aumentado de forma exponencial desde 1940 pero entre las personas que trabajan en el interior y reciben entre tres y nueve veces menos radiación ultravioleta que los que trabajan en el exterior cuyos casos no se han incrementado en el mismo período. Es más, esos investigadores atribuyen el aumento de los casos de melanoma de quienes trabajan en el interior al hecho de que al permanecer menos tiempo al sol forman menos vitamina D antitumoral. A ello se añade que al recibir mayor cantidad de rayos UVA (430-315 nm) –la que sí traspasa el cristal de las ventanas- ésta destruye la poca vitamina D que tienen dado que la pre-vitamina D sólo se forma en el exterior bajo la acción de los rayos UVB (315-290 nm).

Según el epidemiólogo C. Garland la relación entre el déficit de vitamina D y el cáncer ha sido demostrada en más de 200 estudios epidemiológicos y más de 2.500 estudios de laboratorio. Y para ese experto no cabe ninguna duda de que un nivel adecuado de vitamina D en el organismo puede evitar el 60% de todos los tipos de cáncer  y no sólo los de piel.

Sepa en todo caso que la mejor manera de enriquecer el cuerpo con esa vitamina no es ingiriéndola sino tomando el sol a menudo -diariamente si es posible-, en especial durante el invierno al ser el periodo del año en el que vamos más cubiertos, permanecemos más tiempo en lugares interiores y el sol luce menos y con menor fuerza.

 

Juan Carlos Mirre

Recuadro:


Las setas que se alimentan de energía nuclear

Hace unos años un grupo de investigadores del A. Einstein College of Medicine de Nueva York (EEUU) encabezado por E. Dadachova descubrió de forma casual tres especies de hongos melanóticos (negros debido a su riqueza en melanina) que habitan en el oscuro interior del reactor apagado de la central atómica ucraniana de Chernóbil y se valen de la melanina para transformar las radiaciones atómicas mortales en energía vital. Bueno, pues esa melanina fúngica es básicamente la misma que la humana y los hongos negros la utilizan como fotorreceptora para aprovechar la radiación nuclear gamma (una radiación electromagnética igual a la de los rayos ultravioleta de la luz solar pero de mayor frecuencia), disociar así moléculas de agua y con la energía liberada sintetizar moléculas orgánicas a partir del grafito (carbono) del reactor con un proceso similar a la fotosíntesis de las plantas. Pero es que además esos investigadores comprobaron que la melanina de las setas también produce el mismo efecto fotovoltaico ante radiaciones de menor energía tales como la luz o la radiación térmica. Lo curioso es que si esos mismos hongos se cultivan en condiciones normales -lejos de la alta radiactividad y con luz natural- dejan de sintetizar melanina y crecen normalmente como setas blancas. En todo caso, dado que hay muchísimas setas que contienen melanina esos científicos plantean la hipótesis de que todos los hongos podrían crecer aprovechando las radiaciones del espectro electromagnético como fuente de energía.

Bueno, en realidad no son los primeros hongos melanóticos que se encuentran en ambientes extremos. Hace años ya se descubrieron este tipo de setas negras viviendo en una región cercana al Polo Sur bajo condiciones extremas y creciendo sobre las maderas de los refugios abandonados por los primeros exploradores antárticos hace más de un siglo. Y es obvio que en este caso la melanina actúa como una sustancia fotorreceptora tanto de radiación lumínica como de la intensa radiación ultravioleta que penetra en la Antártida gracias al agujero de la capa de ozono que hoy prevalece sobre ese continente.


El movimiento sungazers (mirar al sol)

Aunque parece que la práctica de mirar al sol para captar su energía es algo muy antiguo que posiblemente practicaban los griegos y los egipcios faraónicos no fue algo demasiado conocido en Occidente hasta que el hindú Hira Ratan Manek empezó a promoverlo en todo el mundo después de haberlo practicado durante años. En cualquier caso lo más destacado de Manek no es tanto que lleve 17 años viviendo sólo de agua y luz solar -sin comer prácticamente nada- sino su pertinaz obsesión por transmitir sus conocimientos. Y es que hoy se dedica sólo a viajar para enseñarnos a mirar al sol y absorber su energía a fin de vivir sin depender -o depender menos- de los alimentos.  Claro que hablamos de alguien que ha hecho ayunos prolongados -de 211 y 411 días- bajo el control de equipos médicos. Los doctores A. Newberg -neurocientífico autor del libro Principios de Neuroteología– y G. C. Brainard -especialista en Fotobiología de la glándula pineal- lo examinaron cuando tenía 63 años y comprobaron sorprendidos que su glándula pineal no se había reducido como es habitual con la edad sino que su tamaño ¡se había duplicado!

Ciertamente Manek sigue una antigua tradición practicada por numerosos gurús hindúes que ayunan de forma sistemática pero lo que nos interesa aquí no es si se puede sobrevivir sin comer sino los efectos curativos del llamado Sungazing, Sun Gazing, Curación solar, Observación solar, Sun Yoga, Surya Yoga o Solar Yoga, nombres que recibe la terapia que consiste en mirar directamente al sol durante unos minutos en el amanecer y/o el ocaso -no a otras horas- y recibir así su energía. Una práctica considerada por la Medicina Ayurvédica como la mejor fuente de energía vital o prana. Y es que Manek sostiene que casi todas las llamadas “enfermedades” se producen por no hacerlo ya que la mera contemplación del sol -en los momentos antes indicados- permite que el organismo se “recargue” de energía vital. Hay gurús y sanadores -como el ucraniano N. Dolgorukiy- que sugieren sin embargo mirar hacia el sol en cualquier momento del día y durante horas pero Manek recomienda hacerlo sólo al amanecer o al ocaso porque es cuando el peligro para los ojos es prácticamente inexistente. De hecho hoy sabemos que en esos momentos las frecuencias de la luz solar que nos llegan son las que van del verde al infrarrojo porque las que van del azul al ultravioleta se desvían hacia arriba al rebotar con la capa atmosférica.

Manek asevera que mirar al sol en esos momentos no sólo mejora la vista y soluciona diversos problemas oculares sino que tiene un efecto terapéutico general proporcionando una clara sensación de bienestar y de conexión con la naturaleza a la vez que se percibe una especie de iluminación espiritual.
Hoy, gracias a lo descubierto por el doctor Solís, podemos entender por qué el organismo puede recargarse energéticamente mirando al sol. Y es que al incidir en la melanina de las capas del iris y la retina los fotones se convierten en energía biológica -protones y electrones libres- que potencian el metabolismo celular no sólo a nivel ocular sino al de todas las células del organismo.

 

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146
Febrero 2012
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