El Trastorno Límite de la Personalidad, otra enfermedad inexistente

Los psiquiatras están convenciendo a millones de personas de que padecen conductas “patológicas” que requieren ser tratadas con fármacos siendo falso. De hecho basta con que alguien sea considerado “emocionalmente inestable”, esté harto de lo que vive y le apetezca renunciar a todo –a eso le llaman sufrir “tendencia autodestructiva”-, encontrarse realmente fastidiado y muy triste por algo –a eso se le llama “depresión”-, sufrir ansiedad, ser adicto a algo, autolesionarse, padecer anorexia, bulimia, hiperactividad… Con tener algunos de esos “síntomas” -u otros parecidos- cualquier psiquiatra puede etiquetar a una persona como afecta de una “enfermedad psiquiátrica” y justificar que se la medique con fármacos de graves efectos secundarios que por supuesto no resuelven el presunto “problema” y además contribuyen a un mayor deterioro físico y mental. Y eso es lo que denuncia hoy -entre otras personas y organismos- Cinthia Carrazana, creadora de la web soyborderline.com con la que hemos tenido la oportunidad de charlar a fondo.

Cuando de salud se habla no hay pozo tan oscuro al que asomarse como el de la salud mental. Sabemos aún tan poco del cerebro, del funcionamiento de la mente y de cómo se articulan ambos con nuestras emociones que nos aterra perder la cabeza o que ello le suceda a alguien cercano. Por eso cuando alguien se enfrenta a comportamientos anómalos busca enseguida soluciones rápidas sólo que hoy éstas se orientan siempre hacia el consumo de psicofármacos: ansiolíticos, antidepresivos, estabilizadores del ánimo… Lo inexplicable es que el consumo de tales fármacos continúe creciendo cuando se ha constatado que ni siquiera los actos violentos ni las cifras de suicidios disminuyen con su ingesta. Es más, resulta inaudito que cada vez haya más “enfermos mentales” y cada año se describan más “enfermedades psiquiátricas” en un imparable proceso que para muchos parece no tener otra razón que justificar un mayor consumo de fármacos.

Bueno, pues una de las “enfermedades psiquiátricas” más “novedosas”–se creó en 1980- es el Trastorno Límite de la Personalidad o TLP definida en el DSM-IV -la biblia de las enfermedades psiquiátricas, en cuya elaboración tienen un peso fundamental las multinacionales farmacéuticas- como “un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la auto-imagen y la afectividad, y una notable impulsividad que comienza al principio de la edad adulta -en la adolescencia- y se da en diversos contextos”. Por su parte la Clasificación Internacional de Enfermedades prefiere referirse a ella simplemente como “trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad”. Lo tragicómico es que los psiquiatras aseguran que puede sufrirla hoy entre el 2% y el 5 % de la población.

¿Y qué dicen quienes han sido diagnosticados como enfermos de esta “patología”? Pues básicamente que sus emociones, pensamientos y comportamientos no son “normales” y sienten un vacío muy grande. Vacío que suelen llenar con conductas inadecuadas y adicciones de todo tipo -a las drogas, al alcohol, al sexo…- y dificultad para controlar sus impulsos lo que les causa problemas a la hora de mantener relaciones de pareja, familiares y sociales pudiendo dar lugar a graves conflictos y a un posterior sentimiento de culpabilidad; de ahí que muchos terminen abandonando los estudios y el trabajo. Siendo tal la desorientación emocional de algunos que pueden terminar provocando episodios violentos y/o autolesiones o desembocar en el suicidio aunque nadie se ha tomado todavía la molestia de investigar cuántos de estos casos han podido ser producto de los fármacos que se les hace ingerir; de hecho se estima que un 70% de las personas diagnosticadas como afectas de TLP han pensado o intentado suicidarse aunque sólo lo haya conseguido un 8-10%.

La verdad sin embargo es que basta indagar un poco sobre el Trastorno Límite de la Personalidad para darse cuenta de que no se trata sino de una mera “etiqueta” tras la cual se encuentra una mezcolanza de síntomas o conductas que no tienen en realidad una explicación única. De hecho se barajan como posibles causas de la misma todo tipo de factores: biológicos, psicosociales, genéticos, afectivos, de aprendizaje, traumáticos…

Etiqueta de Trastorno Límite de la Personalidad –abreviadamente designada en inglés como borderline- que se le suele poner a aquellas personas que llevan años peregrinando por las consultas de todo tipo de especialistas en salud mental por sufrir algunos de los síntomas antes descritos y que han sido tratados con multitud de fármacos sin éxito. En otras palabras, es el “cajón de sastre” en el que introducir a todos aquellos a quienes se ha tratado de varias presuntas patologías sin conseguir nada (bueno, se ha conseguido intoxicarles/envenenarles de forma legal con todo tipo de medicamentos iatrogénicos). Basta con decirle que su caso cumple con 5 de los 9 criterios establecidos en el DSM- IV para que salga del consultorio padeciendo Trastorno Límite de la Personalidad. De esa manera se “tranquiliza” al paciente y a sus familiares que creen que “al fin se ha descubierto el problema real” y“ahora sí” van a poder afrontarlo con éxito; y por supuesto, en la mayoría de los casos ¡con fármacos! Obviamente se trata de una nueva mentira pero es ya tal la desesperación que el “enfermo” y sus parientes están dispuestos a aceptarla porque necesitan desesperadamente creer en ella, necesitan un rayo de esperanza ante tanto dolor y sufrimiento. Evidentemente el tiempo les hará ver de nuevo la amarga realidad…

Es más, por increíble que parezca a los presuntos “enfermos mentales” no se les suelen hacer exámenes fisiológicos para saber simplemente si hay déficits nutricionales que les lleven a tener carencias de vitaminas, minerales, aminoácidos, enzimas, ácidos grasos esenciales u otros oligoelementos que les hagan ser a su vez deficitarios en hormonas, neurotransmisores, etc. Ni se valora si están tan intoxicados que es eso lo que provoca su estado (entre otros productos de uso hoy común, con fármacos y vacunas). O si es un problema de alergia y/o intolerancia, especialmente a los alimentos, a los cosméticos, a los productos de higiene y limpieza, a los textiles sintéticos… O si la causa de sus problemas es un parásito. A fin de cuentas cualquiera de ellos puede ser la causa de problemas neurológicos que desemboquen en algunos de los llamados “problemas psiquiátricos”. Y que a estas alturas eso no lo sepan o asuman los psiquiatras –además de los demás médicos y de los psicólogos- es sencillamente intolerable. Es en suma vergonzoso que hoy, antes de descartar todas esas posibilidades, se limiten en la mayoría de los casos a derivar a todos esos pacientes a los servicios de salud mental donde la fata de recursos para una adecuada atención psicológica de aquellos problemas que sean realmente emocionales provoca que el recurso más habitual de tratamiento sean fármacos claramente tóxicos y de ahí que, en general, no sea extraño que éstos empeoren.

SOYBORDERLINE.COM

Y hablamos de una realidad objetiva y constatable. De ahí que algunas de las personas etiquetadas como enfermas de Trastorno Límite de la Personalidad no sólo se hayan rebelado sino que se han agrupado para denunciar lo que está pasando. Es el caso en España de los creadores de la webwww.soyborderline.com -única elaborada por afectados y no controlada por los psiquiatras y las multinacionales- que tiene ya ¡más de 20 millones de entradas al mes! Una web que permite al enfermo -además de documentarse- explicar en ella lo que le pasa y volcar su angustia -expresando si lo necesita hasta su deseo de autolesionarse o de morir- ya que de forma casi inmediata va a encontrar a gente que contactará con él narrándole casos similares y le van a animar a que se informe mejor, se forme y luche explicándole que lo que vive tiene solución. Es más, sabrá así que puede integrarse en los llamados Grupos de Ayuda Mutua (GAM’s) constituidos por afectados que se reúnen físicamente para intercambiar sus experiencias, tratamientos incluidos.

Se trata pues de una web que no nació del impulso de un organismo institucional o de un laboratorio interesado sólo en promocionar sus iatrogénicos e inútiles fármacos sino fruto de la iniciativa de una persona diagnosticada deTrastorno Límite de la Personalidad (TLP), Cinthia Carrazanos -conocida en la red como Demona- y su pareja, Alfonso Gómez -conocido como Chacal, ambos informáticos de profesión.

-Hace ahora siete años me encontraba bastante mal –nos diría-. No lograba conectar con los demás, incluyendo a mi pareja, y eso me hacía sentirme muy mal. Me dijeron entonces que sufría Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). Entonces se nos ocurrió que igual lográbamos dialogar sin problemas haciéndolo a través de Internet en lugar de vis a vis y creamos un foro para hacerlo. A partir de ese momento empezamos a dialogar tranquilamente. Yo le decía lo mal que me sentía y cómo me dolía que no me entendiera y él trataba de hacerme ver las cosas de otra manera; en fin, lo típico de cualquier pareja. Sólo que al cabo de un mes ya no dialogábamos los dos solos pues se habían incorporado a nuestra conversación personal una treintena de personas que nos contaban sus experiencias y aportaban ideas. Descubrí así que había más gente como yo, que en realidad no éramos marcianos. Luego, poco a poco, se fue sumando más gente; personas que llevaban ya tiempo diagnosticadas, parejas… Y mes a mes vimos cómo la web crecía. Al punto de que a los seis meses tuvimos que dejar el alojamiento alquilado y comprar un servidor propio convirtiéndose en una web con información, documentación, un blog individual para cada persona, un chat, una radio y, por último, grupos de apoyo (GAM’s).

Hoy la web ha recibido ya visitas desde 56 países siendo muy valorada por los afectados. Obviamente no ocurre lo mismo a nivel institucional y es claramente ignorada por psiquiatras, psicólogos, asociaciones profesionales, medios de comunicación e instituciones gubernamentales. Algo comprensible ya que en la misma los tratamientos psiquiátricos quedan en muy mal lugar y se denuncia abiertamente la hipermedicación a la que hoy se somete -con la complicidad de muchos médicos y aprovechando la ignorancia de los familiares- a quienes se etiqueta con alguna patología psiquiátrica.

Actualmente Cinthia Carrazana está trabajando en la publicación de un libro basado en sus propias vivencias que pretende ser un manual de ayuda para afectados pero nadie quiere publicarlo; como todo aquello que provenga o tenga relación con www.soyborderline.com, web que en el ranking mundial de www.alexa.com está en el puesto 75.325 a nivel mundial y en el 1.889 en España, muy por encima de cualquier web de temática similar e, incluso, de otras generalistas.

“LA MEDICACIÓN ME VOLVIÓ LOCA”

-¿Podríamos saber cómo llegó usted a una situación psicoemocional tan inestable?

-Porque desde pequeña he vivido siempre en un entorno problemático –nos respondería Cinthia-. Sufrí malos tratos y abusos sexuales en mi infancia por parte de un tío y de mi abuelo materno. Aquello me traumatizó y de forma cíclica tuve problemas de depresión. Estaba siempre triste, me costaba muchísimo ir al trabajo y sufrí crisis de pánico, ansiedad, agorafobia, pesadillas… Tenía incluso problemas para dormir. Hasta que en un momento determinado, después de visitar a doce especialistas a lo largo de varios años, se me diagnosticó Trastorno Límite de la Personalidad. Empecé pues a tomar la medicación que se me sugirió y literalmente, aunque suene mal, me volví loca. Perdí el trabajo y hablaba con los clientes como si estuviera drogada. Y de hecho lo estaba… pero por los fármacos. Me comportaba de forma muy agresiva cuando yo normalmente no lo era. De hecho iba por la calle insultando a la gente y, cigarrillo en mano, me dedicaba a quemar las cazadoras de la gente. Incluso empecé a robar en comercios cuando yo en la vida había hecho eso. No era mi forma de ser. En esa época tomé Topomax -un anticonvulsivo-, benzodiacepinas –Orfidal, Valium yTranquimazin- y antidepresivos como el Vestirán, el Cipralex, o el Prozac. Muchos de ellos al mismo tiempo a pesar de que algunos de esos fármacos son incompatibles entre sí. También me recetaron en un momento determinado Concerta, el fármaco que se recomienda para niños con hiperactividad que, por cierto, me provocó una agresividad bárbara. En quince ocasiones intenté suicidarme con la ingesta masiva de medicamentos. En fin, he tomado de todo menos antipsicóticos aunque muchas de las personas diagnosticadas con lo mismo que yo también los ingieren. Yo me negué porque sé que uno de sus muchos efectos secundarios es la obesidad y yo ya había tenido problemas con la alimentación; por eso no quise consumirlos.

-Un día –interviene Alfonso, su pareja-, cuando llevaba aproximadamente un año medicándose tras ser diagnosticada, le dije: “Esto no puede seguir así; ya no eres tú”. Hay un detalle curioso: no olía igual. Parecerá una tontería pero la química de los fármacos le modificó hasta el olor de su piel. No olía como ella, no hablaba como ella…; vamos, que no era ella. La gente hoy asocia medicación-mejoría-curación pero no medicación-vas a ponerte peor-te conviertes en un yonqui. Sin embargo cuando Cinthia ingería aquellos fármacos sufría de alucinaciones y se volvía violenta; incluso llegó a agredirme. Y cuando quedaba poco Valium tenía las mismas reacciones que un yonqui cuando se queda sin heroína.

-¿Reflejaba la etiqueta deTrastorno Límite de la Personalidad lo que te pasaba?

-Me parece una expresión negativa e inadecuada que lleva a la confusión. Porque la palabra “límite” puede hacer creer a la gente que el enfermo así etiquetado está realmente en el límite y puede incluso enloquecer. Es más, el propio etiquetado puede llegar a creerlo cuando muy a menudo no es así. Me gusta más la expresión “inestabilidad emocional” aunque sea más genérica.

-¿Han podido ustedes establecer algo en común entre las personas diagnosticadas de esta presunta patología?

-Por la experiencia que hemos adquirido en el foro sabemos que quienes sufren el llamado Trastorno Límite de la Personalidad (LTP) suelen ser personas que han vivido experiencias traumáticas en la infancia. La gran mayoría -un 75% o 80%- malos tratos o abusos sexuales en la infancia -bien por uno de sus padres o por personas del entorno más cercano-, acoso escolar, abandono…

La otra cara de la moneda la constituyen aquellos que han sido diagnosticados con la misma patología pero no han sufrido –o no recuerdan que haya sido así- ninguna de esas situaciones traumáticas. Pero en tales casos hemos constatado que es habitual que en su infancia haya existido una sobreprotección que anula a la persona, un padre o una madre sobreprotectores que acabaron condicionando un desarrollo incorrecto de la personalidad. Siendo en la adolescencia, cuando la persona normalmente empieza a tener relaciones de pareja y a salir con los amigos, el momento en el que la personalidad, al no haberse desarrollado de forma equilibrada, da muestras de no saber afrontar de forma correcta, de forma espontánea y natural, los conflictos cotidianos.

-¿Cómo valora su experiencia con el sistema sanitario?

-De forma nada positiva. No he encontrado una terapia específica para mi problema. He encontrado especialistas dentro de la Seguridad Social que me han intentado ayudar dentro de sus posibilidades y personas que si hubieran podido tener más tiempo me hubieran intentado ayudar un poco más, gente que igual no tenía la formación o experiencia necesarias pero sí disposición para ayudar. Pero salvo un buen trato puntual nunca he encontrado una terapia o una ayuda eficaz. Me he tenido que buscar la vida tras pasar por doce especialistas, tanto de la sanidad privada como de la pública. Sobre todo tratando de encontrar el enfoque psicológico adecuado porque a mí siempre me ha interesado mucho más el aspecto psicológico que el farmacológico y de hecho creo que ahí está la solución a nuestros problemas: en aprender a abordar nuestros conflictos, la mayoría de ellos traumáticos.

-Teniendo en cuenta la cantidad de variables que puede haber detrás de esta patología, ¿qué tipo de pruebas diagnósticas se hacen a una persona antes de dirigirle al psiquiatra?

-En mi caso, ninguna. Y por lo que sé la mayoría de las personas pasan de describir sus síntomas emocionales a recibir directamente tratamiento psiquiátrico.

-¿No se hacen análisis de déficits nutricionales, posibles intolerancias o alergias, niveles de tóxicos, escáneres cerebrales…?

Nada. De todos los casos que conozco sólo a una persona le hicieron un TAC para medir su respuesta cerebral. Lo normal es que se mande directamente a todo el que tiene un problema considerado mental al psiquiatra que es el único que tiene potestad para medicar. Él es el que decide si el enfermo necesita o no además tratamiento psicológico.

PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD 

-Realmente inconcebible. Y dígame, ¿cómo se trata el Trastorno Límite de la Personalidad?

-Normalmente sólo con fármacos. Supongo que lo suyo sería hacer un seguimiento personalizado de los problemas psicoemocionales de cada persona pero eso requiere tiempo y esfuerzo y por eso el tratamiento se ha enfocado en el consumo de fármacos dejando en segundo plano la terapia psicológica. De hecho hay muy pocas terapias psicológicas enfocadas al tratamiento concreto del Trastorno Límite de la Personalidad. Claro que tampoco hay en realidad una medicación exclusiva para esta patología. Se está recetando sin más antidepresivos, antipsicóticos, tranquilizantes… Y todo ello sin valorar debidamente los efectos cruzados de tanta medicación.

-Pues se sabe que esos fármacos provocan no sólo efectos físicos negativos sino también de comportamiento. Lo hemos denunciado ampliamente en nuestra revista.

-Nosotros hemos observado que muchas personas que nunca se habían planteado autolesionarse ni habían tenido ideas suicidas empezaron a hacerlo y a tenerlas tras medicarse. Probablemente porque pierden la sensibilidad y el miedo. Y estamos hablando de llegar a cortarse con un cuchillo o una hoja de afeitar los brazos o las piernas; hasta seccionarse trozos de músculo.

Mire, la medicación que se está dando a los enfermos no sólo anestesia mentalmente, también lo hace físicamente. Lleva al enfermo a otra dimensión. Se llega a no tener control ni sobre la mente ni sobre el propio cuerpo. Y es habitual que provoque episodios psicóticos. Es decir, que personas que tenían simplemente problemas de anorexia o bulimia o que no sabían cómo manejar una situación han terminado convirtiéndose por culpa de los fármacos en “locas”. Y que la culpa es de los fármacos lo apunta el hecho de que quienes consiguen dejar gradualmente la medicación recuperan un cierto control sobre sus vidas.

-La lista de efectos secundarios es tan interminable como terrible –agrega Alfonso-. Los antipsicóticos y los antidepresivos, por ejemplo, provocan ideas suicidas y comportamientos agresivos. Provocan obesidad en personas obsesionadas por su peso. En el foro hay multitud de personas que cuentan que tuvieron que ingresar en centros psiquiátricos única y exclusivamente para poder desengancharse de la medicación. Claro que el mono de las benzodiacepinas es peor que el de la heroína.

-Sólo que todos esos efectos negativos aparecen en los propios prospectos de los fármacos que nadie parece leer. Por otra parte, ¿qué se supone que pretenden los psiquiatras conseguir con ellos?

-Ése es a nuestro juicio el problema fundamental ya que el Trastorno Límite de la Personalidad no es en realidad sino un síndrome que abarca la anorexia, la bulimia, la depresión, las adicciones, el estrés postraumático, etc. Y como son tantas las posible variables a tratar te acaban recetando de todo: estabilizadores del ánimo, antipsicóticos, antidepresivos… Medicación que al ser además muy adictiva no debería mantenerse nunca más de dos meses y, sin embargo, hay personas que llevan muchos años consumiéndola lo que las lleva inexorablemente a un grave deterioro físico y mental. Por eso estamos en contra del exceso de medicación. Ahora bien, nadie debe abandonar los fármacos de golpe y sin asesoramiento precisamente por su carácter adictivo ya que puede provocar problemas.

-Mire, basta tomarse un Valium de 5 mg para dormir diez horas, ¿no? –apostilla la explicación Alfonso-. Bueno, pues a Cinthia la han llegado a prescribir ¡100 mg diarios! ¡Veinte veces más! Y así no sólo se acaba con la inestabilidad emocional, ¡se anula a la persona! Mire, es todo puro negocio. Cada paciente se gasta hoy como mínimo 200 euros al mes en fármacos y otros 150 o 200 en psicólogos particulares porque con los de la Seguridad Social no basta.

-¿Cómo es el trato en los servicios de Salud Mental de la Seguridad Social?

-La Seguridad Social carece de psicólogos suficientes para tratar a tantos “enfermos psiquiátricos” porque ello requiere invertir muchas horas en cada caso y no hay dinero para ello. Así que recurren a los fármacos porque es más barato. Sin olvidar que tampoco hay un tratamiento psicológico específico para el problema que nos ocupa. Si pregunta en la Comunidad de Madrid le dirán que sí hay unidades especializadas: la Clínica San Miguel de las Hermanas Hospitalarias de San Juan de Dios, elHospital Dr. Rodríguez Lafora y el Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Clínico San Carlos. En ellos las personas pasan una temporada bastante larga ingresadas para tratar los problemas que manifiestan pero a los seis meses, cuando salen, no tienen ningún tipo de seguimiento con lo cual el paciente, que se ha creado unas expectativas sobre su recuperación, sale a la calle y se encuentra con que fuera de allí siguen sus problemas familiares, sus problemas de pareja, los laborales… Pasan de un entorno aislado en el que han estado protegidos a enfrentarse de nuevo con la realidad sin haber aprendido realmente a afrontar sus problemas. Por eso pueden sentirse unas semanas bien pero luego la recaída suele ser bastante peor. En ese tipo de centros es verdad que existen las dos terapias, la psicológica y la farmacológica, pero nuestra experiencia con los pacientes de la web es que no acaban de funcionar. Algo se está haciendo de forma incorrecta porque muchas de las personas que nos visitan y comparten sus experiencias han pasado por ese tipo de unidad y están exactamente igual que las personas que no han pasado por ellas. Algo está fallando en la recuperación de los enfermos y creo sinceramente que es la sobremedicación que sufren la que acaba dejándoles completamente anulados. Téngase en cuenta que hay personas que están ingiriendo 20 pastillas al día de fármacos muy potentes.

-Bueno, para afrontar los problemas psicológicos de origen traumático se requieren conocimientos que la mayoría de los psicólogos no poseen. En la revista lo hemos explicado varias veces. Ya en el nº 2 –puede leerse en nuestra web: www.dsaud.com– publicamos por ejemplo un artículo titulado Las claves de la enfermedad en el que contamos cómo afrontarlos pero no parece haberlo leído y comprendido demasiada gente, profesionales incluidos. Lo que no entendemos es cómo pueden tantos enfermos sobrevivir en su estado…

-Lo cierto es que muchos terminan suicidándose. Y sentimos impotencia ante ello porque pensamos que podrían haber tenido una posibilidad de haber salido a tiempo de ese círculo vicioso del síntoma-fármaco, nuevo síntoma-nuevo fármaco (a cada vez dosis más altas). Porque es inaudito que a las personas que no mejoran y vuelven al psiquiatra éste, por toda solución, les cambie simplemente el medicamento o la dosis. Y que si estaban tomando cuatro pastillas pasen a tomar ocho. Porque es absurdo, los convierten en yonquis. Recuerdo el caso de una persona que estaba sin medicar porque estaba sin diagnosticar y a la que la vida le iba más o menos regular, unas veces mal, otras menos mal y otras bien; bueno, pues la diagnosticaron TLP, entró en el círculo de la medicación y ahora está mucho peor; al punto de que ya ha intentado suicidarse.

-¿Conocen a alguien que se haya curado ingiriendo fármacos?

-No, la verdad es que no. Aunque a veces encuentras a gente que dice que sí, que ha mejorado; probablemente porque están tan anuladas, tan atontadas, que así lo creen. Suelen ser personas a las que se les ha hecho creer que la solución a sus problemas psicoemocionales está en ingerir fármacos y como eso es mucho más cómodo que afrontarlos se agarran a ello.

-Algunos apoyan la “eficacia” de la medicación –apostilla Alfonso- porque les sirve para evadirse de sus problemas. Mire, cuando un yonqui no consigue heroína y le entra el mono recurre a alguna benzodiacepina; como el Tranquimazin. Imagínese su potencia. Y mucha gente que está en el paro y sin un euro, que no puede pagar la hipoteca o el colegio de sus hijos, que tiene un conflicto laboral o amoroso o a la que le ha dejado tu mujer busca evadirse con el alcohol, las drogas o los fármacos. Bueno, pues muchos enfermos psiquiátricos se sienten mejor logrando un subidón a base de benzodiacepinas y así estar en una nube y creer que los problemas no existen. Por eso dicen que les ayudan…

MÁS ESPERANZA

-¿Y qué pretenden exactamente con su web?

-En principio cubrir la falta de información que existe sobre el Trastorno Límite de la Personalidad y otras patologías similares; como el llamado Trastorno Bipolar. Queremos informar de forma clara y directa de lo que realmente es y evitar que la sociedad se conforme con la visión negativa que presentan los medios de comunicación. Normalmente cuando éstos se ocupan de una enfermedad psiquiátrica siempre sacan lo peor: robos, asesinatos, malos tratos. Pues bien, nosotros queremos dar a conocer que además hay esperanza. Que es posible volver a formar parte de la sociedad, seguir estudiando, trabajar y llevar una vida relativamente estable. Queremos decirles a los enfermos que pueden mantener relaciones de pareja e incluso tener hijos y hacerse cargo de ellos. En decir, pretendemos crear un lugar en el que el enfermo pueda, además de documentarse, acudir a él en un momento de urgencia. Por ejemplo, si está pensando en beber, en consumir drogas, en autolesionarse o en quitarse del medio. Nosotros ofrecemos un rincón, aunque sea de forma online, en el que de forma casi inmediata todo enfermo psiquiátrico pueda encontrar quien le escuche, le comprenda y le oriente. Ofreciéndole además la oportunidad de acudir a los Grupos de Ayuda Mutua y comprobar en persona que otros sufren exactamente igual que él y que algunos incluso han vivido experiencias mucho más traumáticas, peores a veces de las que podemos ver en las películas de terror. Siempre ayuda saber que otros han conseguido lo que a ellos les parece imposible. Les ayuda a darse cuenta de que realmente hay esperanza.

¿Realmente los resultados de acudir a esos grupos son buenos?

-Muy buenos. Primero porque la gente no se siente tan sola y eso es fundamental ya que la soledad es el principal problema de muchas de estas personas que al no ver ninguna salida acaban pensando en hacerse daño, en el suicidio. Darse cuenta de que no son los únicos que sufren de esa forma les da esperanzas. Además estar en un grupo de apoyo le da la posibilidad de contactar con el resto de los miembros por e-mail o por teléfono rápidamente y contar con alguien con quien tomarse un café y tener unos minutos de diálogo en los momentos críticos. Por otra parte en ellos se produce un intercambio de experiencias enriquecedor donde hay más confianza ya que se habla entre iguales. En esos grupos nadie manda; no hay especialistas ni psicólogos. Cada uno cuenta simplemente los métodos que utiliza para superar sus problemas o pide la ayuda de sus iguales. En suma, se acaba con la soledad que es la peor pesadilla de estos enfermos. A fin de cuentas para la gente de su entorno son la oveja negra de la familia, la persona problemática, la persona que no les deja vivir en paz. Y eso hace sentir a los enfermos como si fueran verdugos cuando la mayor parte son víctimas.

Mire, es tal el resultado que empezamos a tener grupos de ayuda mutua por todo el mundo. En Madrid, Barcelona o La Coruña pero también en Argentina, México, Perú, Uruguay, Chile… Hay ya numerosos grupos que se reúnen en persona cada quince días y se ayudan entre ellos. Como en Alcohólicos Anónimos.

-¿Y no han tenido experiencias negativas?

-Obviamente. Algunas de las personas que se incorporaron encontrándose ya muy deterioradas física y mentalmente no lograron superar su estado y recurrieron lamentablemente al suicidio. El último estaba en un psiquiátrico donde consumía 20 pastillas diarias. Fue internado allí porque había intentado ahorcarse y resulta que no le quitaron los cordones de los zapatos. Se ahorcó con ellos. Y nosotros nos preguntamos cómo es posible que pasen estas cosas en centros médicos en teoría especializados…

OTRAS VÍAS POR DESCUBRIR

¿Tienen en su web estudios sobre cómo afectan los déficits nutricionales y la intoxicación al cerebro?

-No. La única referencia de ese tipo que conocemos es un estudio norteamericano sobre los beneficios de los ácidos grasos omega 3. Trataron a un centenar de pacientes y por lo visto con el consumo de omega 3 experimentaron una mejoría notable en algunos síntomas. No existen estudios neuropsiquiátricos, de parámetros biofísicos que hayan hecho abordajes de este tipo. Y como dije antes son muy pocas las personas a las que se les hayan hecho estudios exhaustivos sobre sus condiciones nutricionales, intolerancias, alergias, aminoácidos, minerales, relacionándolos con su posible inestabilidad emocional.

-Pues tales trabajos existen. Y en la revista nos hemos hecho eco de varios. Y esto nos lleva a otra pregunta: ¿las personas diagnosticadas con Trastorno Límite de la Personalidad suelen plantearse tratar su problema de forma no convencional?

-No es habitual. Algunas personas sí han optado por consumir omega 3 y otras han recurrido al yoga y a la relajación…y les ha funcionado; sobre todo para controlar la ansiedad y el pánico. Al punto de darse cuenta de que ya no necesitan tanto las benzodiacepinas. Pero la verdad es que la mayoría no se ha acercado nunca a otras opciones terapéuticas.

En realidad no hay ningún tipo de terapia específica para esta patología. En estados Unidos se está trabajando con la terapia cognitivo conductual que también algunos profesionales utilizan aquí a nivel particular y en las unidades de trastorno límite se supone que se está practicando pero no se está obteniendo con ella los resultados apetecidos porque el porcentaje de suicidios sigue siendo muy elevado y el de personas sobremedicadas es superior al 90%. Luego algo está fallando.

-¿Y usted?

-Yo consumo ácidos grasos omega 3, hago relajación y medito. Y me está yendo muy bien. Por eso he vuelto a mis inicios, a mis problemas reales, mucho más interiores y emocionales. Sé que necesito solucionar problemas que proceden de la infancia.

-¿No creen que el Trastorno Límite de la Personalidad se pueda curar?

-Es difícil porque no creo que se pueda superar totalmente la inestabilidad emocional. Por otra parte, habría que preguntarse si alguien puede considerarse hoy sano emocionalmente. Lo que sí se puede es aprender a controlar los impulsos, a llevar una vida como el resto aunque las subidas y bajadas del estado de ánimo sean un poco más acentuadas. Claro que todo eso también depende del deterioro físico al que haya llegado la persona tras drogarse o hipermedicarse. “Yo sí puedo” es el lema de soyborderline.com; y así es en realidad.

Hasta aquí lo que nuestros interlocutores pudieron decirnos. Por nuestra parte debemos decir que es un indudable paso adelante el reconocimiento por los propios enfermos no ya de la cuestionable utilidad de los fármacos utilizados por los psiquiatras sino de sus brutales efectos negativos; en el Trastorno Límite de la Personalidad y en patologías similares. Y que la iniciativa de los grupos de ayuda mutua es sin duda interesante y útil así como la ayuda online de la web. Nos apena sin embargo que desconozcan la gran cantidad de información existente que podría ayudarles a afrontar este problema de manera mucho más eficaz. Y que no hayan entendido que no es verdad que se requiera un “tratamiento específico” para esa “enfermedad” por mucho que se lo hayan hecho creer. Bastaría de hecho que hubieran leído y entendido lo publicado en nuestra revista en los últimos años para saber cómo empezar a afrontar cualquiera de las llamadas “patologías mentales”. Mientras, sería también deseable que alguna institución o autoridad independiente comience a preguntarse si detrás de tantos episodios inexplicables de violencia protagonizados por enfermos bajo tratamiento no estará en realidad el descontrol emocional y agresivo provocado por los efectos secundarios de los mismos medicamentos que se usan para tratarlos.
Antonio F. Muro
Recuadro:


Testimonios significativos

Son muchos los testimonios que en la web hhtp://soyborderline.com pueden encontrarse sobre las vivencias personales de quienes allí escriben, sus problemas familiares, sus vidas destrozadas, sus intentos de suicidio, en muchos casos los malos tratos recibidos en los recintos hospitalarios a donde acuden o donde son ingresados, la esperanza que allí encuentran y, claro está, los desastrosos efectos de la sobremedicación que reciben. Estos testimonios son sólo un mínimo reflejo de lo que en ese foro puede encontrarse:

Usuaria que firma como Abril (México):
“Antes de tomar todas estas drogas lo pasaba más o menos, descargaba mi furia a mi manera y sólo con la gente que considero que me ha hecho daño, me endeudaba hasta el cuello pero también pagaba mis deudas, lloraba a mares cuando me deprimía pero estaba en una actividad constante, en las etapas de hipo hacia cosas sorprendentes y agotadoras en mi casa -siempre para mejorar- y tenía ideas y proyectos que desarrollar; cuando me deprimía hacía esfuerzos sobrehumanos para sobrellevarla obligándome y animándome para medio continuar el proyecto más pequeño que hubiera dejado inconcluso; en fin, el chiste es que lastimaba mucho a mi familia con mi irascibilidad y mis ganas de quitarme la vida. Hoy, medicada yo, mi familia está feliz y tranquila pero yo ando con dolores de cabeza todo el tiempo, dolor de huesos, ronquera, sueño, apatía, 10 kg de más, sin ningún deseo sexual, llorando de repente sin saber por qué; total que pensé que por fin mi vida sería normal y es todo lo contrario: me siento peor que antes y estoy considerando seriamente abandonar todo y huir lejos donde nadie me encuentre. Creo que es la única opción, aceptar que mi trastorno es un compañero de por vida y asumir que huya conmigo”.

Usuario que firma como Pablo:
“Los ‘profesionales’ en muchas ocasiones dejan mucho que desear pero son intocables porque si las cosas van bien con el paciente son los primeros en apuntarse el tanto pero si van mal la culpa es del paciente; es imposible condenar por mala praxis a un psiquiatra. Recuerdo a un psiquiatra que tuve que me recetó un medicamento perteneciente a los neurolépticos; éstos (como averigüé tiempo después) me producían acatisia -incapacidad para mantenerse quieto- y estuve un verano tomándolo porque el psiquiatra se empeñó y todos los días sufría ataques de acatisia llegando a desmayarme en alguna ocasión; y sin poder dormir por taquicardias. Este psiquiatra demostró su total incompetencia al no reconocer un caso de incompatibilidad entre el tratamiento y el paciente pero se fue de rositas; hasta me dijo de forma despreciativa cuando le planteé que no iba a tomar más ese medicamento que hiciera lo que me diera la gana; de forma textual. Jamás he conocido a gente más desmotivada que los psiquiatras de la SS que te dedican 5 minutos cada tres meses; un expendedor de metrobuses automático pone más pasión e interés en su trabajo que estas personas. ¡Ojo!, tampoco quiero generalizar; habrá excepciones pero la mayoría deja mucho que desear”.

Usuario que firma como Nothing:
“Llegaron a mi casa y me pusieron una camisa de fuerza y una inyección que me hizo dormir durante 24 horas. Todo por ser ‘molesto’ y directo con mis palabras. Y para rematar me dejaron en una sala de observación atadito a la cama sin atención ni timbre alguno para poder llamar. Después me endosaron de por ‘vida’ una medicación antipsicótica que me ha cambiado no sólo la personalidad, el carácter y mi conducta sino también mi físico. Obligándome por la fuerza a tragarme semejante cóctel. Y digo yo: ¡Mamaíta, que me dejen como estaba! Porque para el arreglo que me dieron era mejor tener dos o tres días malos a la semana que no estar mal año tras año y acabar donde he acabado. Pero lo peor no es eso, lo peor es saber que la gente que te rodea y te conoce piensa que debes tomarte la dichosa medicación como si de un antídoto se tratará. Y si no te la tomas se molestan contigo y son los primeros en llamar al médico para que te haga entrar en razón por las buenas o por las malas. Una vez estás drogado todos se sienten mejor porque controlan tu personalidad, te amenazan con volverte a internar a pesar de saber lo mal que lo has pasado, te dicen mil cosas y tú, atemorizado, sabes que estás tomando ‘veneno’ y queriendo confiar en alcanzar algún día la estabilidad; como si la estabilidad fuera conseguir un pensamiento plano. Que no nos vengan con milongas sobre lo eficaz que es la medicación porque si tan buena es que la tome todo el mundo porque conozco alguno que se la ha tomado por equivocación y no veas cómo le cambió su carácter. En fin es la manera de mantenernos aislados”.

Usuario que firma comoVitriovlm:
“Soyborderline.com salvó literalmente mi vida. Estaba solo a oscuras en casa con el PC encendido y a punto de pegarme un tiro pero viendo la foto de mis hijos como fondo de pantalla en el ordenador no sé cómo sucedió pero di milagrosamente con un video en Youtube de una tal Demona que jamás había visto pero ese video me impactó porque era como resumir mi vida. Miré otro video de ella y dichos videos me llevaron a http//soyborderline.com. Allí estuve la primera semana observando y estudiando sobre mi padecimiento y me sorprendí inmensamente pues encontré una comunidad de gente maravillosa, valiente y luchadora que de una u otra forma había pasado y pasaba por lo mismo que yo. Allí pude contactar con gente muy experimentada en este tema y poco a poco se fueron creando lazos fraternales muy intensos y esos deseos de quitarme la vida se trasmutaron, cambiaron por deseos de ayudar a la gente, a esa gente maravillosa que estando mal como yo también daban lo mejor de sí por los demás. Así que literalmente http//soyborderline me salvó de una muerte segura. Sé muy bien que como el mío hay muchos otros casos de grandes amigos y amigas que gracias a esta comunidad han salvado su vida y han reencontrado un nuevo sentido, unas nuevas ansias de vivir, de conquistar anhelos que antes parecían imposibles”. 

Usuaria que firma como Zedka:
Una de las varias veces en que tuve que ser ingresada en Urgencias me encontraba mal anímicamente, veía borroso y la mandíbula se me quedaba encajada sin yo poder evitarlo: me sentía idiota, eran como tics. Lo conté en Urgencias y me ingresaron en Psiquiatría porque estaba mal anímicamente. No me hicieron caso sobre mis quejas sobre la vista y los tics de la mandíbula, pensaron que era cuento. Al segundo día de estar ingresada una enfermera se dio cuenta de que tenía una de mis manos completamente rígida y me preguntó por lo que me pasaba; la dije que no lo sabía, que veía mal y no podía controlar ni los movimientos de mi mandíbula, ni la rigidez de mis músculos. Eran efectos secundarios del antipsicótico que tomaba… Me pincharon un antídoto y se me pasó pero estuve 2 días sufriendo ignorada porque por el hecho de tener un trastorno de personalidad ‘era cuento’. En otros ingresos que he padecido he visto cosas inenarrables… Desde insultar a pacientes que estaban en crisis, humillarlos, equivocarse de medicación, darle a un paciente lo de otro (en una ocasión me ocurrió pero me di cuenta y pude decirlo antes de tomármelo). Y bueno, un sinfín de burradas: gente totalmente ida por sobremedicación, gente joven que parecían zombis en vida, duchar a la fuerza a pacientes que no querían ducharse, meter a la mujer en bragas a la ducha y ducharla dos celadoras mientras se quejaban de que se estaban mojando enteras diciéndola que era una inútil, que era mayorcita para ducharse sola… En fin, una pasada de cosas”.

 

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146
Febrero 2012
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