El “Síndrome de Piernas Inquietas”: otra enfermedad inexistente

Se afirma que millones de españoles padecen el denominado Síndrome de Piernas Inquietas, “enfermedad” que en sus manifestaciones más severas se trata en la mayoría de los casos medicando de por vida a quien la sufre con dopaminérgicos, es decir, con depresores del sistema nervioso central. Un “tratamiento” detrás del cual se encuentran algunos laboratorios farmacéuticos con la aportación tan inconsciente como impagable de los grandes medios de comunicación que con demasiada frecuencia actúan más como portavoces de la industria que como notarios de la realidad al servicio de los ciudadanos. Pues bien, los doctores Steven Woloshin y Lisa M. Schwartz consideran que se trata de otra de tantas “enfermedades inventadas.

Dentro de la serie de artículos que estamos dedicando a la denominada comercialización o venta de enfermedades –“disease mongering” (ver www.dsalud.com)- vamos a reflejar en este número la visión crítica de quienes piensan que el denominado Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) forma parte del grupo de enfermedades exageradas para obtener grandes ingresos. Recordemos que el objetivo de la inmensa mayoría de las compañías farmacéuticas no es la erradicación o cura de ninguna enfermedad sino la obtención del mayor beneficio posible y eso sólo lo pueden lograr mediante la venta masiva de medicamentos. De ahí que su estrategia pase por estrechar la definición de salud –con lo que meros síntomas normales y transitorios se agrupan en “síndromes” que luego etiquetan como enfermedades patológicas que tratar con fármacos- o por todo lo contrario, ampliando la definición de enfermedad hasta incluir elementos presintomáticos. Un buen ejemplo es el del nivel de colesterol en sangre que de considerarse hasta hace relativamente poco un mero indicio o factor de riesgo ha pasado a convertirse en una “enfermedad” a combatir.

Con esto, por supuesto, no negamos que haya personas que padezcan problemas en sus piernas, sufran por ello y necesiten ser tratadas; nos limitamos a aconsejar a los enfermos que no se dejen etiquetar con la facilidad con que hoy lo hacen los médicos y solicitamos a éstos que no caigan en esa tentación presionados por sus superiores, la industria farmacéutica y los medios de comunicación “de referencia”. Especialmente porque en la mayor parte de los casos los tratamientos farmacológicos son paliativos y no curan las enfermedades para que las se prescriben porque se ignora qué las provoca. Es más, muchas “enfermedades” no son sino reflejo de problemas menores fácilmente abordables de manera natural.

Si uno entra en la web de la Asociación Española de Pacientes con Síndrome de Piernas Inquietas (AESPI) podrá leer que esa “enfermedad” es “un trastorno neurológico del movimiento caracterizado por la necesidad irresistible de mover las piernas y por sensaciones desagradables y molestas en las extremidades inferiores, generalmente muy molestas, que algunos pacientes describen como dolorosas”. Algunos términos utilizados para describir esas sensaciones son, entre otros, sacudidas, picores, hormigueo, calor, dolor, pinchazos, etc. En algunos pacientes las molestias son descritas como sensaciones de desasosiego.Los defensores de la existencia de esta enfermedad dicen que su síndrome se caracteriza por la presencia de cuatros síntomas:

1) La persona siente la necesidad de mover las piernas porque percibe una sensación desagradable en ellas.
2) Esa sensación es más acusada cuando se está en reposo o las piernas no se mueven frecuentemente.
3) Moverlas permite un alivio parcial o completo, por ejemplo, caminando.
4) Esa sensación se percibe principalmente de noche e interfiere el descanso y el sueño.

En cuanto a la severidad de la “enfermedad” la define la frecuencia con que eso acontece que puede ir de una vez al mes a varias veces al día.

El tratamiento recomendado pasa ante todo por elegir un estilo de vida saludable eliminando las sustancias excitantes ya que pueden producir o agravar los síntomas (café, té y refrescos con gas…), ingerir suplementos vitamínicos (especialmente vitaminas del grupo B) y minerales (hierro, magnesio, potasio, y calcio) y hacer ejercicio –lo mejor es caminar, estirar los músculos y tomar baños fríos y/o calientes-. Todo puro sentido común aunque pueden hacerse más cosas. El problema está en que a todo ello los “expertos” –sobre todo en vender ilusiones- sugieren prescribir fármacos a los que tienen ese problema a diario. ¿Cuáles? Pues generalmente agonistas de la dopamina (en bioquímica un agonista es toda sustancia capaz de unirse a un receptor y provocar una respuesta en la célula) que no son sino unos medicamentos que también se prescriben para tratar los movimientos parkinsonianos y que pueden presentar serios efectos secundarios. ¿Y por qué? Pues porque los “expertos” en esta nueva “enfermedad dicen que hay “indicios” –no pruebas- que “apuntan” –luego no es seguro- a un trastorno –no especifican nada sobre él- de la dopamina a nivel del sistema nervioso central. En palabras del doctor Diego García-Borreguero, miembro de la Unidad de Patología General del Sueño de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid recogidas en la web de la AESPIla causa última de esta falta de dopamina no la sabemos. Parece ser que en los pacientes que tienen esta enfermedad hay dificultades para almacenar hierro en el cerebro y para reutilizarlo. Y la falta de hierro, en último término, lleva a una hipofunción, a un déficit de dopamina”.

En otras palabras, sobre el origen de la enfermedad no se sabe nada (o no se quiere decir). Y que la causa sea un déficit de dopamina en el cerebro así como que ésta carencia se deba a una falta de hierro es pura especulación. Por otra parte, si la sangre no llega adecuadamente al cerebro tampoco lo hace el hierro. Ni el oxígeno. Ni otros elementos necesarios. Luego, ¿a cuento de qué dar a esos enfermos agonistas de la dopamina?

En realidad la confusión es tal que empieza ya a hablarse de genes responsables, enfermedades subyacentes, asociaciones entre el Síndrome de Piernas Inquietas y el Síndrome del Déficit de Atención y la Hiperactividad… Y cuando los expertos no encuentran en el enfermo antecedentes familiares ni enfermedades asociadas, ¿qué hacen? Decir que se trata de unSíndrome de Piernas Inquietas idiopático. Palabra que quiere decir “de causa u origen desconocido”. Sólo que se trata de un truco para dar la sensación de que en los demás casos sí saben cuál “podría” ser la causa. No hay que olvidar que el director deDiscovery DSALUD,José Antonio Campoy, ha denunciado en esta revista muchas veces que “salvo en el caso de las infecciosas los médicos ignoran la causa de casi todas las demás enfermedades. Son idiopáticas. Por eso no saben curarlas”.

OTRA ENFERMEDAD SUPER-EXAGERADA 

Hasta hace muy poco el Síndrome de Piernas Inquietas era una enfermedad muy rara. Salvo los “expertos” prácticamente nadie había oído hablar de ella. Y de pronto se nos intenta hacer creer que ¡más de tres millones de españoles! pueden padecerla estando más del 80% de los casos ¡sin diagnosticar! Y con total desfachatez se nos añade que el 65% de las personas que la padecen no saben que la sufren porque cuando les cuentan los síntomas a sus médicos éstos –a los que hacen pasar por auténticos memos- se equivocan al no reconocer la “enfermedad” siendo sólo el 9% de los afectados los que reciben un “diagnóstico correcto”. Y encima añaden que ni siquiera ese 9% recibe el tratamiento adecuado (el fármaco de marras que a largo plazo no está comprobado que cure nada pero que hay que recetar para que los laboratorios que promocionan todo este cuento ganen dinero).

En suma, toda una campaña propagandística destinada a asustar a cualquiera que sienta hormigueo y dolor en las piernas con alguna frecuencia para que salga corriendo en busca de alguno de esos “expertos” que sí les van a diagnosticar convenientemente… poniéndoles a consumir fármacos. Invitando de paso a los demás médicos a no ser “ignorantes” y “a ponerse al día” en el tratamiento de tan novedosa enfermedad. Presión a la que, por desgracia, muchos médicos acaban cediendo. Especialmente cuando los creadores de enfermedades cuentan con el apoyo de los medios de comunicación influyentes en su sector.

Pues bien, Steven Woloshin y Lisa M. Schwartz -de la Veterans Affairs Outcomes Group de Vermont y del Center for the Evaluative Clinical Sciences– inciden precisamente en un reciente estudio sobre la venta de enfermedades -reflejada en el debate abierto por la Public Library of Sciences (www.medicine.plosjournals.org)– sobre el papel que los medios de comunicación juegan en el negocio de las multinacionales. Y su punto de partida no puede ser más razonable: “Ayudar a las personas enfermas a conseguir un tratamiento es algo bueno. Convencer a las personas sanas de que están enfermos no lo es. A las personas sanas el tratamiento sólo puede perjudicarles: se las etiqueta como enfermas lo cual les crea ansiedad sobre su condición; y si se tratan puede experimentar efectos secundarios que anulen cualquier beneficio potencial”.

Y la conclusión sobre el papel de los medios no puede ser más reveladora: “El trasfondo sobre las noticias relativas al Síndrome de Piernas Inquietas está perturbado. Se exageró la prevalencia de la enfermedad y la necesidad de tratamiento y no se consideraron los problemas de sobrediagnóstico. En esencia, los medios de comunicación parecían haber sido cooptados en el proceso de venta de la enfermedad. Aunque nuestra revisión se limitó a fondos de una sola campaña de promoción de la enfermedad es probable que nuestros resultados puedan hacerse extensivos a otras. Es fácil entender por qué los medios de comunicación se sienten atraídos por las historias de promoción de enfermedades y por qué las recogen de forma poco crítica. Están llenas de drama: una gran crisis de salud pública no reconocida, testimonios personales, falta de cuidados o doctores ignorantes y medicamentos milagro. Pero el problema presenta, simplemente, una sola cara de la historia. Puede que no existan las crisis públicas de salud, la recopilación de historias quizás no represente la experiencia típica de las personas con la enfermedad, los doctores pueden estar acertados al no invocar un nuevo diagnóstico para síntomas vagos que pueden tener una explicación más creíble, las curas están lejos de ser milagrosas y gente sana puede ser dañada.”.

Sin entrar nunca en la intencionalidad de cada noticia los autores examinaron la cobertura de todas las publicadas entre noviembre del 2003 y noviembre del 2005 sobre el Síndrome de Piernas Inquietas para explicar cómo los medios de comunicación apoyaron la comercialización de la enfermedad.

El pistoletazo de salida para lograr extender a nivel mundial la enfermedad lo dio la multinacional GlaxoSmithKline el año 2003 presentando los primeros resultados de un ensayo sobre el uso de ropinirol -una sustancia ya aprobada para el Parkinson- en el tratamiento del Síndrome de Piernas Inquietas. Dos meses después la multinacional emitiría un nuevo comunicado de prensa titulado Un nuevo estudio revela que un desorden común poco conocido –el Síndrome de Piernas Inquietas- mantiene a los americanos despiertos por la noche en el que presentaba los datos de un estudio financiado por el propio laboratorio. Y en el 2005 la FDA –la agencia reguladora de los medicamentos en Estados Unidos- aceptaba que el ropinirol se prescribiese para su tratamiento. Fue el primer medicamento aprobado específicamente para esa “indicación”. Pues bien, a estas alturas del 2006 ya se cifra entre un 2% y un 3 % el porcentaje de población en los países occidentales que “padece” la inexistente enfermedad.

Y fue el comportamiento de los medios de comunicación durante ese período decisivo para extender la enfermedad y su tratamiento farmacológico lo que ha sido el analizado por Woloshin y Schwartz relacionándolo con los elementos más característicos de toda estrategia de creación de una nueva enfermedad: la exageración de su prevalencia (es decir, del número de personas que la sufren, sea ello real o no), la invitación a los enfermos para que acudan a las consultas de aquellos médicos que sí saben reconocer esa nueva “enfermedad” y la sugerencia de que deben “tratarla” cuanto antes. Con los fármacos que ellos venden, por supuesto, aunque no curen nada.

EXAGERACIÓN DE LA PREVALENCIA DE LA ENFERMEDAD 

Los artículos estudiados incluyeron a menudo elementos que exageraban la extensión de la enfermedad. Sólo un artículo habló de cuestionar la definición de la enfermedad. Casi dos tercios de ellos proporcionaron estimaciones sobre el predominio de la enfermedad –con comentarios del estilo de “al menos 12 millones de americanos padecen el síndrome” o “afecta a uno de cada 10 adultos en Estados Unidos”- sin que ni uno solo se cuestionara la veracidad de esas estimaciones. “Hay razones –señalan los autores- para creer que las estimaciones exageran la prevalencia clínica de la enfermedad significativamente. Por ejemplo, el dato frecuentemente citado del 10% proviene de un estudio que usó una sola pregunta para identificar el Síndrome de Piernas Inquietasen lugar de las cuatro del criterio estándar. Una definición menos severa infla la estimación porque las personas con otras causas (por ejemplo calambres en la pierna o neuropatía diabética) se contabilizan incorrectamente en el grupo de quienes padecen el síndrome”.

Según Woloshin y Schwartz, en un reciente estudio sólo el 7% de quienes respondieron informaron de los cuatro elementos del diagnóstico y sólo un 2.7% informaron de síntomas -moderada o severamente molestos- dos o más veces por semana (es decir, el grupo para quien el tratamiento médico podría ser apropiado). Los autores consideran que la estimación del 2.7%, por razones estadísticas, es además probablemente demasiado alta. Por si fuera poco casi tres de cada cuatro noticias aparecidas en los periódicos resaltaron las consecuencias físicas, sociales y emocionales potencialmente serias del Síndrome de Piernas Inquietas con frases como “Parece una broma pero sus consecuencias pueden ser devastadoras” o “La desesperación de años de noches en vela lleva a algunos enfermos a albergar ideas suicidas”. Pero nadie proporcionó por contra ni un solo testimonio sobre síntomas más moderados o leves.

MÁS CONSULTAS Y MÁS DIAGNÓSTICOS 

Las informaciones publicadas también insistían en la necesidad de ampliar el diagnóstico y en “formar” a los médicos para que “aprendan” a reconocer la enfermedad. “Pocos médicos saben que existe el Síndrome de Piernas Inquietas. Se trata del desorden más común del que su doctor nunca ha oído”, se afirmaba en un texto. Y otro artículo apostillaba: “Muchas personas pueden sufrir la enfermedad en silencio durante años antes de que se les diagnostique”. Es más, en la cuarta parte de los artículos revisados se animaba al paciente a hacerse un autodiagnóstico. Y además se sugería a los enfermos que preguntaran a sus médicos si las piernas inquietas podrían explicar otros problemas: insomnio, fatiga durante el día, el déficit de atención en los niños, la depresión…).

Ningún periodista se planteó siquiera la posibilidad de que el Síndrome de Piernas Inquietas se estuviese sobrediagnosticando y de que, como consecuencia, hubiera personas que estuvieran siendo medicadas innecesariamente.

Para completar su trabajo periodístico de “investigación” los artículos recomendaban a los lectores que se dirigieran a la fundación no lucrativa Restless Legs Syndrome Foundation,(RLS) (Fundación para el Síndrome de Piernas Inquietas) si querían ampliar la información. Lo que sin embargo ninguno de ellos dijo a sus lectores es que esa fundación “está muy vinculada económicamente a GlaxoSmithKline (GSK)”, como pronto averiguaron Woloshin y Schwartz. Vinculación que en cambio sí constataría y resaltaría John Mack, editor de Pharma Marketing News (www.pharma-mkting.com/news/pmnews-hp.html). De hecho, en una columna publicada el pasado mes de abril y titulada Restless Pharma Marketing Mack afirmaba “Si usted visita la web de Restless Legs Syndrome Foundationle será difícil averiguar de dónde proceden sus fondos. Tendrá que visitar unas cuantas páginas para enterarse de que GlaxoSmithKline (GSK)y Boehringer Ingelheimson Gold Level Sponsors(Patrocinadores Nivel Oro). Y esas dos compañías farmacéuticas son las que comercializan los tratamientos para el Síndrome de Piernas Inquietas”.

Mack aporta también otros datos sobre la relación. Por ejemplo, Ronald L. Krall, ejecutivo de Desarrollo Mundial deGlaxoSmithKline (GSK), recibió el Primer Premio de Ciencia de la Restless Legs Foundation (RLS el pasado año. Otro ejemplo significativo: el primer comunicado de la Fundación -disponible en la web- data del 14 de noviembre de 2005, apenas un día antes del anuncio en prensa de la aprobación en Estados Unidos por la FDA del ropinirol (cuyo nombre comercial es Requip). Mack añade que uno de los miembros del Consejo Asesor de la fundación mantiene relaciones financieras con GlaxoSmithKline. Y termina su columna añadiendo: “Estoy seguro de que un poco más investigación revelaría muchos más lazos entre GlaxoSmithKline y/o Boehringer Ingelheimy la Restless Legs Foundation”.

Nada, desde luego, ilegal. Pero demuestra una vez más la estrecha relación que existe entre los laboratorios y las asociaciones de enfermos, algo que ya denunciamos ampliamente en el número 80 de la revista con el titulo Las multinacionales farmacéuticas controlan gran parte de las asociaciones de enfermos (léalo en nuestra web: www.dsalud.com).

¿TODO SÍNTOMA DEBE TRATARSE? 

Volviendo al análisis de Woloshin y Schwartz sobre el comportamiento de los medios ambos señalan que la mitad de las noticias mencionaban directamente el medicamento ropinirol por su nombre –aún no autorizado en España- pero sólo una reflejó el porcentaje de beneficio que podía esperarse de él. Por contra, la mitad de las historias que mencionaron ropinirol incluyeron testimonios de pacientes que habían tomado el medicamento y que, claro está, en la mayoría de los casos habían notado una mejoría sustancial. Es más, un tercio de los artículos usó el término “milagro” para describir la respuesta del paciente a la medicación. Por ejemplo, “Ha sido un medicamento milagroso para mí”. Y, sin embargo, “el beneficio real de la droga es modesto –aseguran los autores del estudio-. La información técnica del medicamento señala que en un ensayo clínico americano de 12 semanas el Síndrome de Piernas Inquietas obtuvo( sobre una escala de 40 puntos) una mejoría de 13.5 puntos comparados con los 9.8 puntos obtenido por quienes tomaron placebo”.

En cuanto a la información que se dio en las noticias sobre los efectos secundarios del fármaco sólo cabe calificarla de negligente. Y eso que el prospecto del propio medicamento reconoce que el ropinirol provoca náuseas (un 40% en el grupo del ropinirol frente al 8% del grupo que tomó placebo), vértigo (11% contra 5% respectivamente), la somnolencia y fatiga. Es decir, cuando lo que se persigue es acabar con la fatiga causada por la falta de descanso resulta que tanto la somnolencia como la fatiga eran también mayores entre las personas del grupo que tomó ropinirole comparado con las personas del grupo placebo (un 12% de somnolencia contra un 6% y un 8% de fatiga contra el 4%). Bueno, pues sólo cinco de los 15 artículos que mencionan directamente el ropinirol explicaron que podía tener efectos secundarios y sólo uno cuantificó la posibilidad… pero de uno solo de ellos: “La náusea –se decía en él- fue el efecto secundario más común en un 38% de pacientes”. Finalmente añadiremos que sólo un artículo explicó que los ensayos de ropinirol eran “relativamente cortos” en duración (el más largo era 36 semanas) a pesar de que tras su aprobación muchas personas pueden consumirlo durante años o, incluso, de por vida.

CONTAGIO MEDIÁTICO

Obviamente el análisis realizado sobre la prensa estadounidense es perfectamente extrapolable a nuestro país. Sin pretensión de ser exhaustivos basta para darse cuenta de ello con asomarse al resumen de notas de prensa -principal base de información de los medios sobre el Síndrome de Piernas Inquietas – de la página web de la Asociación Española de Pacientes con el Síndrome de Piernas Inquietas. Son comunicados que evidentemente no tienen su origen en la asociación pero que ésta recoge como información adicional para todos aquellos que visiten sus páginas.

Y es curioso observar que, tal y como señalan Woloshin y Schwartz, efectivamente se habla en la mayoría de las referencias de prensa de la extensión de la enfermedad en nuestro país sin que exista ningún acercamiento crítico a las cifras. Así, podemos leer una información titulada “En España más del 80% de las personas con el Síndrome de Piernas Inquietas está sin diagnosticar” en la que posteriormente se afirma: “Hasta un 5% de la población española padece el Síndrome de Piernas Inquietas”. Y a continuación se cita como referencia el estudio REST: “Los resultados obtenidos del estudio REST (Estudio de Epidemiología, Síntomas y Tratamiento) -el mayor y más amplio estudio, realizado en cinco países europeos y Estados Unidos sobre el Síndrome de Piernas Inquietas- concluyen que entre el 10 y el 15% de la población padece este síndrome”. Curiosamente, en ese comunicado de prensa se omiten dos datos importantes. Primero, que el informe REST -parte del cual se llevó a cabo efectivamente en nuestro país- fue patrocinado por los laboratoriosfabricantes del ropinirol: GlaxoSmithKline. Y segundo, que el gabinete de comunicación que firma el comunicado de prensa es la agencia filial en España de Global HealthPR, gabinete de comunicación que lleva, entre otras, la imagen corporativa de ese mismo laboratorio.

Sí se menciona el patrocinio de los laboratorios en otra de las informaciones de esa misma página web, en la que se da como referencia la fundación norteamericana Restless Legs Syndrome Foundation pero sin que en este caso se mencione para nada sus buenas relaciones con el laboratorio fabricante del ropinirol.

En otras de las referencias se habla precisamente de este medicamento, ropinirol (Requip). El titular es: “Requip, de Glaxosmithkline, reduce de manera significativa los movimientos periódicos de los miembros durante el sueño en pacientes con el Síndrome de Piernas Inquietas”. En la información, en cambio, puede luego leerse todo lo “bueno” que según el estudio citado aporta el ropinirol… pero no se encuentra una sola referencia a sus posibles efectos secundarios.

Agregaré que aunque los anteriores son ejemplos extraídos de la página de notas de prensa de la AEPSPI no hace falta más que indagar de forma aleatoria en otras informaciones periodísticas del buscador para darse cuenta de que la constante es casi siempre la misma. Por ejemplo, en las informaciones referidas al pramipexol (Mirapexin) -único medicamento aprobado en España específicamente indicado para el Síndrome de Piernas Inquietas– se obvian generalmente los datos más críticos sobre el medicamento pero una vez consultada la ficha del mismo en la Agencia Europea del Medicamento -en el momento de la elaboración de este reportaje-nos enteramos de algunas cosas más:

-“Debido a que la eficacia a largo plazo de Mirapexinen el tratamiento del Síndrome de Piernas Inquietas no ha sido suficientemente probada la respuesta del paciente se debe evaluar después de tres meses de tratamiento y se debe reconsiderar la necesidad de continuar el tratamiento”.

-“Se ha asociado Mirapexincon somnolencia y episodios de sueño repentino, particularmente en pacientes con la enfermedad de Parkinson. (…) Durante el tratamiento con Miraxepindebe informarse a los pacientes de esto y deben ser advertidos de ir con precaución mientras conducen o utilizan máquinas”.

-“Los informes en la bibliografía indican que el tratamiento del Síndrome de Piernas Inquietas con fármacos dopaminérgicos puede causar progresión. La progresión se refiere a una aparición más temprana de los síntomas por la noche (o incluso por la tarde), un aumento de los síntomas y una proliferación de los síntomas afectando otras extremidades. Los ensayos clínicos controlados con Mirapexinen pacientes con Síndrome de Piernas Inquietas generalmente no tuvieron la duración suficiente como para apreciar adecuadamente el fenómeno de la progresión. En los ensayos clínicos controlados no se ha evaluado la frecuencia de la progresión tras el uso prolongado de Mirapexinni la forma adecuada de tratar estos efectos”.

-“La mayoría de las reacciones adversas frecuentes fueron de leves a moderadas. Normalmente comienzan al inicio de la terapia y la mayoría tendieron a desaparecer a pesar de que la terapia continuó. Las reacciones adversas más frecuentemente notificadas (≥5%) en pacientes con Síndrome de Piernas Inquietas tratados con Mirapexinfueron náuseas, dolor de cabeza y fatiga. Las náuseas y la fatiga se notificaron con más frecuencia en mujeres tratadas con Mirapexin(20,8% y 10,5%, respectivamente) que en hombres (6,7% y 7,3%, respectivamente)”.

Incluso en el capítulo dedicado a los ensayos clínicos encontramos otro dato poco tranquilizador: “La eficacia de Mirapexin se evaluó en cuatro ensayos clínicos controlados con placebo en aproximadamente 1.000 pacientes con Síndrome de Piernas Inquietas idiopático de moderado a muy grave. La eficacia se demostró en ensayos clínicos controlados en pacientes tratados hasta 12 semanas. El mantenimiento del efecto no ha sido suficientemente probado (el subrayado es nuestro).

Agregaremos que el Pramipexol -aprobado por la Agencia Europea del Medicamento (EMEA) para tratar elSíndrome de Piernas Inquietas- es, como el ropinirol, un agonista dopaminérgico que en España, Grecia, Italia y Reino Unido se comercializa como Mirapexin mientras en Dinamarca, Finlandia, Alemania, Holanda y Suecia se vende como Sifrol siendo de Boehringer Ingelheim. Bueno, pues poco después de aparecer en el mercado hubo que lanzar una alerta para advertir que también puede provocar sueño súbito habiendo sido varias las personas que han sufrido por esa causa graves accidentes. De hecho la agencia europea ordenó que en el prospecto se advirtiera a los consumidores claramente de ese riesgo porque podría ponerles a ellos o a otros en riesgo de sufrir graves daños -incluso de morir- tanto al conducir como al manejar maquinaria. Así, en la ficha técnica puede leerse: “Se ha asociado Mirapexin con somnolencia y episodios de sueño repentino, particularmente en pacientes con la enfermedad de Parkinson. Poco frecuentemente se han comunicado episodios de sueño repentino durante las actividades diarias, en algunas ocasiones sin previas señales de aviso”. Y más adelante se abre un epígrafe dedicado exclusivamente a este efecto –Efectos sobre la capacidad para conducir y utilizar máquinas- en el que puede leerse: “Pueden producirse alucinaciones o somnolencia. Los pacientes tratados con Mirapexin y que presenten somnolencia y/o episodios de sueño repentino deben ser instruidos en abstenerse de conducir o realizar actividades en las que una disminución en el estado de alerta pudiera ponerlos, a ellos o a otros, en riesgo de daño grave o muerte (por ejemplo, utilización de maquinaria) hasta que dichos episodios recurrentes y la somnolencia se hayan resuelto”.

Se asegura que los llamados agonistas dopaminérgicos (Bromocriptina, Lusuride, Pergolide, Apomorfina, Ropinirole y Pramipexol) favorecen la transmisión de dopamina estimulando los receptores dopaminérgicos.

SUGERENCIAS PARA UN MEJOR TRABAJO

Para tratar de que finalmente información y publicidad no acabe por confundirse en el ámbito de la salud ambos investigadores aportan en su estudio una serie de recomendaciones para que los periodistas estemos atentos ante un intento de comercialización de una enfermedad:

Primero, los periodistas deben ser muy cautos cuando se confrontan con una nueva o amplia enfermedad que afecta a grandes cantidades de personas. Si una enfermedad es común y muy molesta es duro creer que nadie lo haya notado antes. Las estimaciones de predominio son fáciles de exagerar ensanchando la definición de enfermedad.

Los periodistas necesitan preguntarse exactamente cómo está siendo definida la enfermedad, si el criterio de diagnóstico fue usado apropiadamente y si el estudio que se cita como prueba representa de verdad a la población general (por ejemplo, no pueden tomarse pacientes en una clínica de insomnio para representar al público general).

Los periodistas también deben cuestionarse reflexivamente si más diagnóstico siempre es algo positivo. Simplemente etiquetar a las personas con una enfermedad tiene consecuencias negativas. De forma semejante los periodistas deben cuestionar la asunción de que el tratamiento siempre tiene sentido. Los tratamientos médicos siempre involucran intercambios; las personas con síntomas apacibles tienen poco que ganar y el tratamiento puede terminar causando más daño que beneficio.

Finalmente, en lugar de testimonios no representativos sobre curas milagro los periodistas deben ayudar a los lectores a entender qué posibilidades tienen de que funcione en ellos el tratamiento (por ejemplo, qué oportunidad tengo de sentirme mejor si tomo la medicina a si no lo hago) y qué problemas podría causar (por ejemplo, si yo podría estar intercambiando piernas menos inquietas por náuseas, vértigo y somnolencia diaria)”.

Ciertamente la realidad española no es la misma que la norteamericana donde tanto al paciente como al médico les es bastante más fácil sucumbir a la medicalización como consecuencia de la publicidad directa al consumidor. Sin embargo conviene no perder de vista que, como hemos visto, los planteamientos tienden a repetirse y desgraciadamente la prensa peca en multitud de ocasiones de exceso de confianza cuando no es víctima de intereses comerciales y acaba convirtiéndose en portavoz de los deseos de determinados laboratorios. “Nosotros pensamos –señalan Woloshin y Schwartz- que los medios de comunicación pudieran informar de noticias médicas sin reforzar los esfuerzos de promoción de enfermedad acercándose a historias como el Síndrome de las Piernas Inquietas con un mayor grado de escepticismo. Después de todo su trabajo es informar a los lectores, no convertirlos en enfermos”.

¿De dónde salen si no ahora los tres millones de españoles que de repente han pasado a ser etiquetados como víctimas del Síndrome de Piernas Inquietas?

 Antonio F Muro

 Recuadro:


Características de las enfermedades inventadas o exageradas

Son diez las características básicas que definen una enfermedad inventada o exagerada tal y como Payer las define en su obra Traficantes de enfermedades: cómo médicos, compañías farmacéuticas y aseguradoras le hacen sentir enfermo (1992 ):

1) Tomar una función orgánica normal e insinuar que hay algo erróneo en ella que debería ser tratado.
2) Sobrevalorar un sufrimiento cuyo origen no está necesariamente en la causa señalada.
3) Definir una proporción tan amplia como sea posible de personas que están sufriendo la “enfermedad”.
4) Definir una condición como enfermedad causada por una deficiencia o desequilibrio hormonal.
5) Apoyarse en los especialistas adecuados.
6) Presentar las cifras de una manera especial.
7) Utilizar selectivamente las estadísticas para exagerar los beneficios del tratamiento propuesto.
8) Plantear un objetivo equivocado.
9) Promocionar la tecnología como magia libre de riesgos.
10) Tomar un síntoma común que podría representar algo menor y hacerlo aparecer como si se tratase de la señal de una enfermedad seria.

Este reportaje aparece en
88
Noviembre 2006
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