Cómo recargarse de energía rápidamente

 

Hay muchas razones por las que uno puede quedarse agotado, sin apenas energía. De hecho, en nuestra estresada sociedad es más habitual de lo que se piensa. Y por eso proliferan todo tipo de reconstituyentes. Sin embargo, existe uno que recarga el cuerpo de energía simplemente llevándolo encima. Sin ingerir nada. De hecho, lo hemos sometido a prueba con diversos aparatos de diagnóstico para comprobar su eficacia. Y funciona. Hablamos del sensor bioenergético.

El ser humano -como todo ser vivo- es una entidad biológica que precisa de energía para funcionar. Y esa energía la adquiere fundamentalmente a través del aire que respira, de la bebida, la comida y otros elementos que ingiere y de la energía del entorno de la que se nutre. Energía ésta última procedente del sol, de las radiaciones cósmicas y telúricas, de las ondas de forma de las estructuras materiales que le rodean, del éter, etc. Y es que no conviene olvidar a la energía primordial que da vida a toda la naturaleza y a los seres que la habitan.

También sabemos que esa energía recorre todos los organismos animales y, por ende, al ser humano. Energía que en finas capas cubre todo el cuerpo como si de una segunda piel se tratara y se distribuye en el organismo a través de una serie de vórtices o redistribuidores energéticos en forma de espiral conocidos como chacras –siete de ellos primordiales y otros menores- desde donde, a su vez, la energía se difunde a través de los nadis y meridianos por todo el interior del cuerpo vitalizándolo.

Algo que durante miles de años han sabido los pueblos orientales y que Occidente tardó en comprender, comprobar y aceptar. Bueno, no en su totalidad ya que aún hay médicos que aseveran que lo anteriormente dicho no tiene fundamento científico. Claro que se trata de personas que no se han molestado en informarse y se limitan a descalificar lo que ignoran. Una actitud muy extendida en todos los ámbitos. En todo caso, lo cierto es que, excepción hecha de esos pocos especimenes, en todo el mundo occidental se admite ya esa realidad. Y son numerosas las universidades que imparten ese conocimiento y muchas las facultades que enseñan diversas terapias basadas en ello. 

EL MOVIMIENTO EN ESPIRAL 

Hecho el inciso precedente hay que recordar que los chacras canalizan la energía en forma de espiral, como si se tratara de un torbellino. De hecho, prácticamente todo en la naturaleza se manifiesta siguiendo esa forma. Si analizamos la estructura del macrocosmos podremos observar que las galaxias la adquieren y que los ríos de energía que se desplazan por el espacio discurren formando remolinos espirales. En nuestro planeta, la doble espiral del ADN de las células es una muestra más de este aserto pero no la única ya que basta observar cómo circula la sangre por las venas o cómo se comportan los vientos, los tornados y tifones, las mareas e, incluso, el propio discurrir de los átomos alrededor del núcleo para poder afirmar que la espiral es la clave geométrica de la expresión de la vida. Es más, nuestro cuerpo físico no es sino la expresión de un sistema de espirales que sirven de patrón al crecimiento celular como se puede apreciar a través de un sencillo microscopio. Y los chacras también giran en forma de espiral. De hecho, la palabra chacra tiene origen sánscrito y significa “rueda” tanto por su forma circular como por el hecho de girar sobre su eje central.

En cuanto a la función de los chacras, baste decir que se ocupan fundamentalmente de la distribución de energía a través de los meridianos y nadis así como de servir de puente de unión con el sistema endocrino, puerta de entrada de la misma al cuerpo físico. 

LOS SIETE CHACRAS PRINCIPALES 

Los principales chacras o vórtices energéticos del cuerpo son siete –aunque hay muchos más secundarios- estando situados a lo largo de la columna vertebral, desde el perineo hasta el cerebro (ver dibujo). Y su conexión con las diferentes glándulas se realiza desde dos puntos enfrentados, uno en la parte delantera del cuerpo y el otro en la parte posterior a lo largo de la columna vertebral. Pues bien, los estudios realizados con electrofotografía demuestran que el chacra del plexo solar realiza una función fundamental. Porque, ubicado debajo del hueso del esternón, es el que recibe el “río” de energía y quien la distribuye a los otros chacras. Chacra que, al igual que los demás, tiene dos sentidos de giro: dextrógiro -en el sentido de las agujas del reloj- durante el día (de 7 de la mañana a 7 de la tarde, hora solar) y levógiro durante la noche (de 7 de la tarde a 7 de la mañana, también hora solar).

Conviene saber también que el sistema de chacras se ve influido por múltiples factores, tanto físicos como etéricos, aunque las influencias más determinantes provienen del plano mental. Así, una actitud vital positiva, generosa y de entrega a los demás produce en los chacras un funcionamiento armónico generando una eficaz distribución de la energía. Por el contrario, una actitud mental negativa, egoísta, desconfiada y antivital produce el cierre paulatino de los chacras y una reducción de su capacidad de transmisión energética provocando alteraciones en el plano físico.

Evidentemente, el chacra del plexo solar es el que antes detecta estas actitudes mentales por lo que su funcionamiento –y, consiguientemente, el de los demás- está constantemente sufriendo alteraciones.

En suma, del estudio del cuerpo etérico se desprende que la energía se mueve en espiral penetrando fundamentalmente por el chacra del plexo solar. Y ese hecho es precisamente el que daría lugar a la creación -hace ya varios años- del sensor bioenergético. 

EL SENSOR BIOENERGÉTICO

El sensor bioenergético es, pues, un auténtico recargador de energía en forma de colgante circular que está elaborado en plata maciza y lleva grabadas dos espirales -una por cada lado-, cada una de ellas con un sentido de giro distinto. Es decir, una en el sentido de las agujas del reloj para usarlo de 7 de la mañana a 7 de la tarde y otra en el sentido contrario para usarlo de 7 de la tarde a 7 de la mañana (hora solar). Eso sí, deben tenerse en cuenta los cambios oficiales de horario en verano. Y debe colocarse tocando la piel a la altura del plexo solar (unos 2 cms. por debajo del hueso del esternón).
También ha de tenerse en cuenta que el 90% de la recarga energética del cuerpo se produce entre las 7 y 10 de la mañana y entre las 19 y 22 (hora solar). Ello se debe a que cada doce horas el chacra del plexo solar se ralentiza hasta detenerse y comienza a girar en sentido contrario.

MOLESTIAS INICIALES

Debemos decir que, tras su fabricación inicial, algunas de las personas que lo usaron en las primeras pruebas notaron al poco de ponérselo sensaciones molestas como dolores de cabeza, nerviosismo, alteraciones emocionales, etc. Pues bien, se descubriría que todas ellas habían tenido -o tenían- algún tipo de problema glandular. Cuando no era la tiroides eran los ovarios o las mamas pero siempre había por medio alguna disfunción glandular. La razón es que como los chacras están directamente relacionados con las glándulas, cuando aquellos -gracias al sensor- reciben un mayor aporte energético las glándulas se ven más activadas y, por tanto, segregan mayor cantidad de hormonas que reactivan las funciones del cuerpo físico. Y si hay una glándula que no está funcionando correctamente, generalmente por estar su chacra bloqueado total o parcialmente, al desbloquearse éste se reactiva el flujo energético que incita a la glándula a cumplir con su misión. Proceso que genera alteraciones hormonales que pueden producir las molestias mencionadas. Pero siempre son pasajeras.

En todo caso, cabe apuntar que el sensor lo puede usar cualquiera a partir de los 7 años pero no antes porque en los niños más pequeños no están desarrollados plenamente los centros energéticos.

PROBAMOS LA EFICACIA DEL SENSOR

El lector habitual sabe que en la revista tenemos por costumbre comprobar muchas veces las cosas –en la medida de nuestras posibilidades- antes de publicar nada. Especialmente cuando lo que se afirma resulta sorprendente. Por eso lo hemos hecho también en esta ocasión sometiendo al sensor bioenergético a diversas comprobaciones.

La primera, verificando su eficacia con uno de los equipos GVD (Gas Discharge Visualization) inventados en su día por el catedrático de la Universidad de San Petersburgo Konstantin Korotkov, del que ya hemos hablado (ver la revista nº 27) y cuya prueba fue efectuada por Fernando Sánchez Quintana en su consulta de Tenerife.

Del mismo modo, comprobamos su efectividad con el moderno aparato de diagnóstico ultrarrápido Amsat del que precisamente nos ocupamos en este mismo número y que está basado en la tecnología que se desarrolló para controlar la salud de los astronautas rusos de la estación espacial MIR. Una prueba que efectuó personalmente Jean François Fichsberg -representante de la empresa- en su sede de Barcelona a petición de la revista.

También se verificó su eficacia durante la presentación del Prognos, otro moderno aparato de diagnóstico energético del que hablaremos próximamente si bien en este caso hay que decir que sólo tuvimos oportunidad de constatar que el sensor alteraba significativamente el nivel energético del médico que se sometió al mismo pero no se tomaron las medidas del antes y después por ser no el momento adecuado. 

El sensor bioenergético fue sometido igualmente a examen por Licerio Moreno en el Centro de Terapias Complementarias RIGEL con Dermotest, aparato basado en la conocida electroacupuntura de Voll que permite la medición energética de los meridianos del cuerpo. Asimismo, comprobó hasta qué punto el sensor aumenta el nivel energético del cuerpo efectuando dos fotografías Kirlian en dos pacientes distintos –un varón de 55 años y una joven de 13- antes y después de ponerse el sensor. 

El lector puede leer los resultados en los recuadros que acompañan este reportaje pero, según los mismos, no hay la menor duda de la efectividad del sensor bioenergético. Su capacidad de recarga energética del organismo ha quedado pues demostrada más allá de toda duda.

José Antonio Campoy

Recuadro:


 

PRUEBA CON EL EQUIPO GVD (Gas Discharge Visualization)

La prueba se hizo en una mujer de unos 50 años de salud sin patología aparente alguna. Durante la misma se ubicó el sensor a la altura del plexo solar y se mantuvo con ella una conversación neutra procurando no prestar especial atención al experimento o al estado de la señora. Y se realizaron tres mediciones: una antes, otra a los diez minutos de ponerse el sensor y la tercera una hora más tarde. Y no se realizó en las horas de máxima recarga sino hacia mediodía. Los resultados fueron estos:

-La primera medición muestra un campo de energía bien estructurado, propio de una persona saludable con un nivel de energía ligeramente por encima de la media. Sólo se aprecian dos alteraciones: un exceso de energía en la zona coronaria debido al estrés y una deficiencia en el sistema urogenital.
-La segunda medición (a los 10 minutos de llevar el sensor). muestra un nivel de energía ligeramente superior lo que resulta interesante debido al poco tiempo transcurrido y a que el nivel energético de la persona era bueno desde el principio. Se observó una suavización general de las heterogeneidades con fuerte disminución del exceso en coronarias aunque no llegó a equilibrarse. Por el contrario, los huecos energéticos en el sector urogenital permanecieron casi iguales.
-La tercera medición (1 hora después) registró un incremento de energía generalizado de doble intensidad respecto de la primera si bien se apreciaba especialmente en la zona urogenital donde esta vez los huecos energéticos desaparecieron. Continuó existiendo un ligero exceso en el sector de las coronarias.

En resumen, el sensor tuvo el efecto de incrementar y armonizar el campo de energía de la mujer suavizando las heterogeneidades por lo que podemos afirmar que tuvo un claro efecto holístico.

 


 

PRUEBA EFECTUADA CON DERMOTEST

El sensor bioenergético fue sometido a examen por Licerio Moreno en el Centro de Terapias Complementarias RIGEL con Dermostest, aparato basado en la conocida electroacupuntura de Voll que permite la medición energética de los meridianos del cuerpo. El sujeto observado fue un varón de 54 años que en los últimos años ha sufrido tres infartos de miocardio y una tromboflebitis.

Teniendo en cuenta estos antecedentes se decidió realizar el estudio midiendo distintos meridianos si bien centrándolo en el del corazón. Pues bien, hechas las mediciones antes de colocarse el sensor el aparato detectó en el meridiano del corazón unos valores patológicos de entre 5 y 10 microamperios. Se decidió entonces testar primero el sensor bioenergético colocándolo sobre la resistencia de medida de medicamentos y el meridiano se normalizó de inmediato al dar un valor de 45-50 microamperios. A continuación se procedió a colocarle el sensor sobre el plexo solar y se volvió a efectuar la medición dando, efectivamente, unos valores normalizados de 45-50 microamperios. Quedó así demostrada no sólo la clara incidencia del sensor sobre el meridiano del corazón sino su eficacia terapéutica.

Hay que agregar que el sensor provocó un cambio energético sustancial de carácter positivo sobre el resto de los meridianos aun cuando las cifras de estos se encontraban en valores normales.

 


 

CONSTATACIÓN CON LA CÁMARA KIRLIAN

Con el fin de saber si el aumento de energía que se obtiene con el sensor bioenergético se podía también visualizar, Licerio Moreno -del Centro de Terapias Complementarias RIGEL- solicitó a dos personas –un varón de 55 años y una joven de trece- que le permitiesen tomar su aura antes y después de colocarse el sensor. Los resultados aparecen junto a estas líneas. Como puede apreciarse en el caso del hombre, su aura mostraba un buen nivel (foto 1) pero mejoró aún más tras ponerse sólo diez minutos el sensor, con un tono más rojizo (foto 2). En el caso de la joven es obvia su falta de energía antes (foto 3) y cómo mejora notablemente tras colocarse el sensor (foto 4). Se hicieron varias fotos de cada situación para garantizar la exactitud de la medición.
 

Este reportaje aparece en
38
Abril 2002
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