Cómo sanar bebiéndonos la energía de las flores


Miles de decenas de personas saben hoy en España que es posible sanar de muchas dolencias bebiendo la esencia de las flores, su energía. Sin embargo, son muchos más -varios millones- quienes lo ignoran. Es más, incluso entre quienes conocen este singular procedimiento curativo son mayoría los que no saben que las esencias florales pueden modificar conductas, comportamientos, hábitos erróneos. Y es que las flores probablemente sean los elementos vivos que más se acercan a los niveles de mayor vibración energética del ser humano.

Cuando hace 10 años un amigo me habló de las esencias florales como método natural de salud que permitía reequilibrar no sólo las disfunciones físicas del cuerpo sino armonizar a las personas tanto emocional como mentalmente me pareció una afirmación exagerada. Hoy, después de varios años estudiando en profundidad el tema, no albergo duda alguna de que mi amigo decía la verdad.

Y no es que lo diga yo: la propia Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) lo reconoce y las recomienda desde 1976.

Hay que decir además que las esencias florales son altamente efectivas, compatibles con todo tipo de medicamentos y pueden ser tomadas por cualquier persona, no importa la edad.

En España pueden encontrarse desde hace aproximadamente 8 años en distintos puntos de venta tanto del sector dietético como en herboristerías y farmacias. Es más, son varios los laboratorios homeopáticos que las están empezando a introducir en su línea de producción. Pero, evidentemente, para llegar hasta aquí ha hecho falta que la entonces loca idea de una persona calase en la humanidad. Nos referimos a Edward Bach (1886-1936). 

UN LOCO GENIAL 

Médico, bacteriólogo y homeópata, Bach había podido ver muchas veces el pánico de los obreros de la época que, carentes entonces de derechos laborales, lo perdían todo cuando tenían la desgracia de caer enfermos.

Aquello le marcó internamente y le impulsó a matricularse en la Universidad de Birminghan, licenciándose posteriormente -1912- en el University College Hospital de Londres. Pero se encontró -según sus propias palabras- con una Medicina que no actuaba sobre la causa de la enfermedad sino que se limitaba a paliar los síntomas. Descontento pues con las enseñanzas recibidas, comenzó a investigar por su propia cuenta con la intención de descubrir el origen real de la enfermedad.

Bach buscaría entonces respuestas en otras disciplinas dentro de la Medicina y en la Bacteriología descubre elementos eficaces que le permiten erradicar enfermedades a través de vacunas. Una vez asumido ese conocimiento se da cuenta de que hay una clara relación entre la enfermedad de sus pacientes y su estado gastrointestinal. Se le ocurre entonces aislar las bacterias del intestino de sus enfermos crónicos y crear vacunas con ellas. Y, para sorpresa propia y ajena, logra éxitos inesperados para la Medicina de la época.

En una segunda etapa, tras conocer la existencia de la homeopatía en el Hospital Homeopático de Londres, en el que trabajó como patólogo y bacteriólogo, elabora las mismas vacunas pero siguiendo el procedimiento de dilución homeopático. Nacían así sus nuevas vacunas orales o nosodes, elaboradas con las propias bacterias intestinales de los pacientes. Lo que hace con todos sus pacientes, sin tener en cuenta si padecen una u otra enfermedad.

Años después Bach comprueba que las enfermedades también tienen un componente común en el carácter de los enfermos. De ahí que sus investigaciones y observaciones se centren en ese aspecto y comience a diferenciar tipos de humanos que afrontan la vida desde una óptica parecida. Es decir, advierte que las personas reaccionan ante la enfermedad de distinta manera y que hay básicamente siete patrones o modelos de comportamiento en el que encajan todos los seres humanos. Por lo que, tras años de laboratorio e investigación, apuesta por administrar sus vacunas orales o nosodes a los pacientes atendiendo ya básicamente al grupo al que pertenecen y no en función de sus síntomas. 

DE LAS PLANTAS A LAS FLORES 

Pero Bach, hombre inquieto, no se conforma con sus éxitos y sigue investigando. Y en el convencimiento de que es en la Naturaleza donde se encuentra el remedio de los males que aquejan a los seres humanos centra sus estudios en las propiedades curativas de las plantas y, al cabo de un tiempo, abandona las vacunas orales hechas con bacterias intestinales y se decide a realizar preparados con plantas cuyas propiedades tengan una acción similar. Para ello utiliza el procedimiento habitual de la Homeopatía, es decir, creando la tintura madre, dinamizándola y diluyéndola para su posterior ingesta. Pero se encontró con que al triturar la planta y potenciarla, la polaridad que obtenía era contraria a la de las vacunas y ello hacía perder efectividad al preparado.

Decepcionado, cierra su consulta en Mayo de 1930 y decide volver a su Gales natal para reflexionar. Y sería allí donde el Destino, en forma de casualidad, premiaría su constante esfuerzo de búsqueda. Y es que, según cuentan sus biógrafos, Bach guardaba en su casa de Londres sus útiles homeopáticos en una maleta. Maleta que decidió llevarse a Gales pero que no llegó nunca a su destino porque nuestro hombre la equivocó con otra similar que tenía llena de zapatos. Una vez allí, confuso pero convencido de que las cosas no suceden sin una razón, comenzó a reflexionar qué quería transmitirle la Vida con aquella equivocación. Y caminando por el campo y bajar la vista hacia los zapatos se fijó en que había en ellos varias gotas del rocío de la mañana. Miró entonces a su alrededor y vio todo impregnado de rocío. Flores incluidas. Y fue también entonces cuando le surgió la idea: ¿y no será que debo trabajar con las flores y no con las plantas? ¿No serán las flores, el elemento más sutil de las plantas, las que mejor contengan los principios activos curativos de éstas? Y de manera tan aparentemente sencilla nacía esta terapia tan revolucionaria. 

LA FILOSOFÍA DE BACH 

Para Bach existían los enfermos, no las enfermedades. Algo que repiten hoy los médicos actuales aunque luego lo contradigan muchos con su actuación diaria. Sólo que Bach fue mucho más allá. Tanto que llegaría a la revolucionaria afirmación de que “la enfermedad se da como resultado de una desconexión entre el alma y la personalidad“.

Cualquier persona medianamente formada sabe que hoy se entiende al ser humano de una manera integral concibiéndosele como una entidad vital compuesta por distintos elementos psicoenergéticos a los que cada cultura ha dado un nombre distinto. Bach, por su parte, simplificó esos elementos agrupándolos en dos aspectos concretos, complementarios y necesarios para la expresión y manifestación de cualquier ser en la Tierra: el Alma y la Personalidad.

El Alma como verdadero principio vital, como la chispa divina eterna e individual que todos compartimos, máxima expresión de nuestra verdadera naturaleza. Y la Personalidad como la expresión de todo el conjunto psicoemocional que hace inteligible nuestra percepción y expresión de acuerdo a nuestra verdadera naturaleza interior. Pues bien, según Bach la enfermedad aparece en el cuerpo físico como manifestación -somatización- de la desconexión entre nuestra alma y lo que expresamos a través de los distintos elementos que componen nuestra personalidad.

Así, muchas veces nos dejamos influir a la hora de actuar por las modas, por el qué dirán, por no llevar la contraria a los demás, por miedo, etc. Y todo ello potencia la creación de elementos psicoemocionales que nada tienen que ver con la realidad que percibimos desde nuestra alma y que guarda estrecha relación con la percepción de la vida en los primeros años de nuestra existencia. En suma, la educación y las influencias externas potencian en nosotros valores y actitudes que no se corresponden con nuestro sentir interno haciendo que cada vez sea mas difícil seguir nuestras inclinaciones vitales. Por ejemplo, se habla mucho de la verdadera vocación, del placer de ejecutar la actividad que sentimos y de que ésta, en lugar de agotarnos, nos nutra y fortalezca. Empero, la mayoría de las personas trabajan para vivir y no están demasiado contentas con lo que hacen. Algo que no sólo ocurre con el trabajo sino con muchas de nuestras actividades y relaciones.

Y esa dicotomía, ese malestar que se produce cuando nuestra vida no se corresponde con lo que nos dicta nuestra alma, es lo que nos lleva a enfermar.

Pues bien, Bach llegó a la conclusión de que, siendo eso así, la curación de las personas debía consistir en encontrar la armonía perdida, en volver a conexionarnos con nuestra alma. Y según él, eso es lo que consiguen las esencias elaboradas con flores: reabrir las conexiones energéticas con nuestra alma bloqueadas por nosotros mismos al actuar incoherentemente y que son la causa de que enfermemos. La esencias de flores, en suma, facilitan la reconexión con la parte más elevada de nosotros mismos.

De ahí que para Bach la manifestación de la enfermedad no sea sino la manera que tiene el alma de decirnos a través del cuerpo que estamos equivocando nuestro camino. Y las actitudes ante la vida, su reflejo. No debe extrañarnos, en consecuencia, que en las indicaciones de cada esencia se reflejen las manifestaciones erróneas de la personalidad, las patologías psíquicas y no las patologías orgánicas. Que, por poner un ejemplo, en lugar de encontrar que el producto sirve para bajar la inflamación del páncreas hallemos que sirve para bajar la inflamación del ego -o egolatría-, la depresión, los miedos, el desamor o la soledad. A fin de cuentas, las enfermedades se manifiestan primero siempre en el plano mental y mucho más tarde en el físico.

Bach, sin embargo, murió joven (a los 50 años) y sólo tuvo oportunidad de elaborar 38 esencias florales. Afortunadamente su trabajo se difundió extensamente y hoy, sesenta y tres años después de su muerte, pueden encontrarse no sólo las que él preparó sino más de 1.000 esencias florales distintas. Y aunque hay alguna variante en el procedimiento de obtención del elixir y se dan algunos matices en cuanto a la elaboración o conservación posterior, la acción terapéutica de todas permanece.

Sólo resta decir que no es necesario que nadie acepte las ideas y la filosofía de Bach sobre el ser humano. Lo importante es que el tratamiento con esencias florales funciona realmente. La propia O.M.S., como ya dijimos, lo ha confirmado. ¿Qué mejor garantía?
 



ELABORACIÓN DE UNA ESENCIA FLORAL: LA POTENCIACIÓN SOLAR 

La preparación de las esencias florales se diferencia de la homeopática en varias cosas. Primero, la Tintura Madre no se obtiene del triturado de la planta: se elabora con sus flores. Segundo, el preparado no se efectúa en casa o en el laboratorio sino en el mismo hábitat de la planta, es decir, en plena Naturaleza. Lo que supone que las flores están aún vivas, recién arrancadas; además, el proceso de Potenciación Solar se realiza en el mismo entorno en el que se hallan las flores, impregnado de toda la carga energética del lugar.

En cuanto a los pasos que hay que seguir para conseguir una esencia floral, son estos:

Se elige una planta sana en estado de floración y se cogen de entre sus flores las de mejor aspecto, cuando están en todo su esplendor. (Algunos elaboradores de esencias ni siquiera cortan las flores: se limitan a realizar el trasvase energético poniendo una geoda -mineral de cuarzo de forma parecida a un recipiente semicircular- llena de agua en el campo de acción de la flor que se ha elegido).
Se coloca un recipiente de cristal transparente cerca de la planta con la que se va a trabajar y se llena de agua de manantial. A continuación se introducen las flores necesarias para llenar la superficie del recipiente.
Se deja flotar a las flores un tiempo mínimo de tres horas asegurándose de que el sol incida directamente sobre ellas.
Se filtra el agua para quitar todo lo que se halla podido introducir en el proceso de obtención del preparado, incluidas las flores.
Y, por último, se mezcla el agua con brandy al 50% en un recipiente de color ámbar para evitar que incida en ella la luz. Y ya tenemos la Tintura Madre de una esencia floral.

A continuación, de la Tintura Madre se extraen de 2 a 7 gotas y se mezclan en un recipiente de 15 mililitros en el que haya un 40% de brandy y un 60% de agua de manantial. El resultado es el extracto o esencia que se comercializa habitualmente y que podemos encontrar en herboristerías, farmacias y establecimientos especializados. Finalmente, el paciente volverá a diluir ese líquido de nuevo en casa ya que lo tomará en gotas con un vaso de agua.
 



LAS FLORES DE BACH

Estas son las 38 esencias que elaboró Edward Bach, clasificadas por orden alfabético y el aspecto emocional que equilibran: 

AGRIMONY. Ansiedad enmascarada por una actitud desenfadada.

ASPEN. Miedos de origen desconocidos.

BEECH. Intolerancia. Crítica interna y externa.

CENTAURY. Dificultad para decir no. Poca fuerza de voluntad.

CERATO. Duda del propio juicio.

CHERRY PLUM. Miedo a perder el control. Miedo a la locura.

CHESTNUT BUD. Dificultad de aprendizaje. Repetición de los errores.

CHICORY. Manipulación de los seres queridos. Posesividad.

CLEMATIS. Personas que no viven el presente sino en un mundo de sueños y proyectos futuros.

CRAB APPLE. Sentimiento de impureza y vergüenza. Para los que no se gustan a sí mismos.

ELM. Para personas a quienes la responsabilidad les agobia. Incapacidad pasajera por la carga de trabajo a desarrollar.

GENTIAN. Depresión por causa conocida. Pesimismo. Desánimo.

GORSE. Para quienes han perdido la esperanza y no harían nada por seguir adelante.

HEATHER. Para quienes están centrados en sí mismos y para quienes no soportan la soledad.

HOLLY. Desamor. Celos, envidia, agresividad, etc.

HONEYSUCKLE.Para personas ancladas en el pasado. Nostalgia patológica.

HORNBEAM. Cansancio mental.

IMPATIENS. Para personas irritables, impacientes, nerviosas. No toleran el ritmo lento de otros.

LARCH. Baja autoestima. Falta de confianza en uno mismo. Admiran el éxito de otros.

MIMULUS. Miedo a cosas conocidas: enfermedad, dolor, muerte, animales, etc.

OLIVE. Para personas agotadas física y mentalmente.

PINE. Sentimiento de culpabilidad. Para quienes piensan que no son merecedores de algo bueno.

RED CHESTNUT. Miedo excesivo a que a los demás les ocurra algo malo.

ROCK ROSE. Pánico, terror, miedo paralizante. Para después de situaciones de extremo peligro.

ROCK WATER. Fanatismo. Personas inflexibles y reprimidas que quieren servir de ejemplo.

SCLERANTHUS. Dualidad en la toma de decisiones. Para quienes dudan permanentemente entre dos opciones.

STAR OF BETHLEHEM. Para aliviar cualquier tipo de shock, físico o psíquico.

SWEET CHESTNUT. Desesperación extrema. Para quienes creen haber llegado al límite de su resistencia.

VERVAIN. Exceso de entusiasmo. Para quienes buscan convencer a otros por su bien.

VINE. Para quienes esperan obediencia absoluta y son dominantes, agresivos y orgullosos en su afán de poder.

WALNUT. Protege de las influencias externas que impiden los cambios en nuestro camino.

WATER VIOLET. Para personas reservadas, a veces orgullosas y distantes.

WHITE CHESTNUT. Pensamientos obsesivos, charla mental incesante. Agitación mental.

WILD OAT. Ayuda a conectar con nuestra verdadera vocación. Para decisiones importantes.

WILD ROSE. Apatía. Resignación ante una situación desagradable.

WILLOW. Resentimiento, autocompasión y amargura. Para quienes piensan que son víctimas del destino.

RESCUE REMEDY. Está compuesto por Clematis, Cherry Plum, Impatiens, Star of Bethlehem y Rock Rose. Existe con esta misma composición una crema con el mismo nombre de base homeopática libre de grasas animales que se utiliza en golpes, quemaduras, enrojecimiento de la piel, picaduras, etc.

Y recordemos que, como decía Bach,"las esencias no luchan contra nada. Su manera de actuar es suave y amistosa. Nos proporcionan la virtud opuesta al defecto que queremos corregir. Frente al odio, amor; frente al miedo, valor; frente a la tristeza alegría; frente a la apatía, entusiasmo…".

Luis Jiménez

Este reportaje aparece en
8
Septiembre 1999
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