El conocimiento oculto de las Flores de Bach

El próximo mes de noviembre se cumplirán 75 años de la muerte de Edward Bach, el “padre” de las llamadas Flores de Bach cuyo uso se ha expandido por todo el planeta desde que en 1983 la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconociera su eficacia y recomendara a los estados miembros su utilización. Sin embargo los 38 remedios que integran el sistema floral de Bach han sido tomados como una simple colección de elixires florales útiles en tanto medicamentos individuales que pueden usarse para tratar síntomas concretos al estilo del uso alopático de la ciencia médica cuando su verdadera naturaleza es kémica ya que se basa en un paradigma que percibe el “organismo” como una unidad compuesta de elementos interrelacionados que constituyen un todo en sí mismo.

“Todas las mejoras importantes de la ciencia se las debemos a hombres que se despojaron de las ataduras de los conocimientos anteriores e hicieron una revisión radical y completa de lo hasta ese momento asumido”.
(Dr. Cooper) 

LasFlores de Bach se hallan sin duda entre los productos naturales más recomendados del mundo -incluso por numerosos médicos- dada su constatada eficacia pero lo que la mayoría ignora es que el paradigma en el que se asienta está muy alejado del que sustenta la medicina farmacológica ortodoxa o convencional. ¿Y a qué se llama paradigma? Pues podría definirse como el conjunto de leyes, instrumentos, valores morales y conceptos que comparte una comunidad humana en una determinada época. Es, en definitiva, una concepción del mundo, una manera de ver la vida e interpretar la realidad. Y es que como bien dice el biólogo Humberto Maturana “la realidad es una construcción consensuada por una comunidad donde se produce una apariencia de objetividad”.Pues bien, por lo que se refiere al paradigma “científico” actual éste se basa simplemente en una serie de postulados y leyes que se han dado como válidas… por consenso entre quienes se consideran máximos representantes de los conocimientos acumulados. De forma que todo aquello que concuerda con el paradigma establecido será considerado “científico” y lo que no rechazado o ignorado. Por consiguiente son los “representantes” de ese paradigma los que deciden si algo es o no científicamente aceptable dándole el marchamo de “oficial”, concepto éste que se considera hoy –absurdamente por supuesto- sinónimo de “verdad constatada”. En suma, nuestra sociedad se rige hoy a nivel científico por un paradigma que sin embargo carece de respuestas a muchas interrogantes que plantea la realidad –lo que hace temblar las endebles bases en las que se sustenta- y que simplemente se ha impuesto a otros paradigmas debido a que sus representantes ostentan el poder o están vinculados a él. Posición que se intenta consolidar con la constante emisión de informaciones “científicas” que refuercen en la gente la creencia de que sus “dogmas” son ciertos. No olvidemos a fin de cuentas que la ciencia ha estado en buena medida supeditada siempre a la religión imperante.

Pues bien, Edward Bach se formó obviamente en el paradigma reinante en su época (1886-1936) pero también vivió inmerso en un segundo paradigma. Y es que ciertamente fue educado de acuerdo a la Cosmovisión imperante en el siglo XX que a partir del Renacimiento condicionó un paradigma científico caracterizado por una concepción del mundo dualista y materialista cuyo origen se remonta a la ciencia de los medos (persas), civilización conquistadora que buscaba para todo enfermo el alivio rápido de los síntomas a fin de poder proseguir con sus conquistas y de ahí el epíteto “medicina” para las ciencias de la salud inmersas en ese paradigma. Paradigma “oficial” vigente aún en el ámbito “médico” que hace que por eso se traten los síntomas -independientemente de la persona que los padezca- a través de protocolos genéricos que varían en función de la “enfermedad” diagnosticada. Lo más importante pues para un “médico“ –es decir, para todo seguidor del paradigma instaurado por los medos– es erradicar síntomas sin indagar normalmente en las causas que los provocan y sin valorar el estado físico, emocional, psicológico, anímico y espiritual del enfermo.

Afortunadamente Bach tuvo conciencia de un paradigma distinto merced a las obras -entre otros grandes alquimistas de la Antigüedad- de Paracelso, Culpepper y Hanneman gracias a los miembros del conocido Club de Cooper (1880-1940). Hablamos de un selecto círculo de homeópatas que se reunía periódicamente para estudiar, actualizar y asentar las bases de la Espagíria,disciplina o arte que utiliza los conocimientos del saber alquímico para elaborarremedios a partir de plantas silvestres mediante una técnica que dota a los productos obtenidos de una cualidad intrínseca que nada tiene que ver con los principios activos de la conceptualización médica o farmacéutica.

Cabe añadir que Bach poseía además otros conocimientos que fueron vitales a la hora de concebir lo que llamaría la Nueva Medicina: los que le proporcionó su vinculación con la Masonería pues fue maestro en varias logias. No sería sin embargo hasta 1930 cuando rompió con el paradigma médico -el “oficial”- y se decantó por el paradigma “kémico”, epíteto que describe otra forma de interpretar la realidad, la derivada de la Cosmovisión unitarista que estuvo vigente miles de años en Egipto. Un paradigma no materialista donde importa lo físico pero también lo espiritual en el que el ser humano es visto como alguien con cuerpo, emociones, mente y alma.

Ahora bien, desde este paradigma todos los síntomas -físicos o no- se perciben como símbolos que permiten traer a la conciencia un momento histórico donde la personalidad dejó de evolucionar de acuerdo con su alma y sobre el que habrá pues que trabajar de forma holística y sistémica a fin de que la conciencia recupere el fragmento de sí misma que dejó anclada en el pasado. No se trata pues de paliar o eliminar síntomas como hace la ciencia médica si no de lograr la integración y desarrollo de la conciencia a fin de que recupere la dimensión de sí misma que quedó atrapada en el tiempo estancando la posibilidad de evolucionar.

No debió ser por ello nada fácil para Bach abandonar todo lo que hasta entonces había sido una brillante carrera «científica» como médico, patólogo y bacteriólogo e, incluso, dejar atrás su buen hacer dentro del campo de la Homeopatía clásica cuando se decidió a innovar y crear las 7 vacunas homeopáticas o nosodes que todavía hoy se utilizan pero su naturaleza comprometida con la evolución le llevó a romper con lo establecido en un intento de instaurar -en el marco oficial de esa misma institución de la que él formaba parte hasta entonces- un modelo terapéutico que no prosperó pero del que emanó lo que hoy conocemos como Terapia Floral. Ahora bien, entiéndase que lo que hoy se presenta como tal no es más que una interpretación parcial en la que se destaca sólo el uso sintomático de sus remedios… ¡repitiendo de nuevo el paradigma médico aunque sea con remedios naturales! Y para explicar que no deber ser así vamos a tener que remontarnos en el tiempo.

LO QUE NO HA TRASCENDIDO DE LA OBRA DE BACH 

Fue en la Grecia clásica donde se desarrolló la Kemicina o Arte Kémico que más tarde sería bautizada como Spagyria –en españolEspagiria-, término atribuido a Paracelso (1493-1591) que nace de las palabras griegas span -separar, dividir- y ageyron -coligar, reunir- dando sentido al apotegma Solve et coagula (Disuelve y cuaja), principio de las Artes Kémicas que busca devolver al orden de la Naturaleza todo lo que se ha alejado de ella. Para lo cual primero disuelve -a fin de eliminar todo lo impuro- y luego vuelve a unir o cuajar lo disuelto -una vez purificado y conforme a su verdadera naturaleza interior-. Pero su origen no es griego pues en realidad la Kemicina es el corpus de conocimiento que sobre la salud tenían los antiguos «sacerdotes” egipcios.

Kemi-el País de la Tierra Negra– es de hecho el nombre de parte del actual Egipto… en egipcio antiguo. Y de ahí deriva el epíteto que da nombre a la disciplina que se desarrolló, del paradigma en el que se asentaba, la Kemicina, para la cual toda enfermedad física no es sino reflejo de una enfermedad del alma; y, por tanto, una distorsión del Espíritu de la Naturaleza que integramos todos y cada uno de nosotros. Así lo explicaría el propio Bach: «La enfermedad es un enemigo común y todo avance que cada uno de nosotros aporte para vencerla no sólo nos ayuda a nosotros mismos sino a toda la humanidad”. Agregando respecto a las causas:“La enfermedad es, en esencia, el resultado de un conflicto entre el alma y la mente por lo que nunca se erradicará sin un esfuerzo espiritual y mental”.

Recordemos que todos los grandes filósofos griegos –Tales de Mileto, Pitágoras, Platón, etc.- viajaron a Egipto en busca de conocimiento y permanecieron en la Tierra Negra el tiempo necesario para alcanzar la iniciación en lo que se denominaba Ciencia Hermética. Por lo que cabe suponer que también el arte de curar en Grecia fue influenciado por Egipto y su paradigma. Las escuelas de Cos y de Epidauro, por ejemplo, gozaron de indiscutible prestigio en toda la Antigüedad y tanto Hipócrates como Esculapio son reconocidos como «padres» de las ciencias de la Salud cuando sin embargo, ¡sus pensamientos son prácticamente opuestos!

No dejando de ser significativo que a Hipócrates se le reconozca como al padre humano de las ciencias médicas basadas en la observación de la Naturaleza y al segundo como a un dios de la Medicina con rango olímpico al que se le reconoce en la tradición helenística vinculación con Hermes, el padre de la Ciencia Kémica o Hermética de la que se desarrolló, en palabras del Maestro alquimista Abu Omar Yabir, una disciplina basada en la «curación por lo semejante» que se bautizó inicialmente como Medicina Simpática y Ley de las Signaturas y, a partir del siglo XVIII, como Homeopatía.

Es obvio pues que Bach formó parte de ese linaje y desarrolló un sistema de salud, la Terapia Floral, que aún hoy guarda sorprendentes tesoros, todos ellos vinculados con la manera de actuar de las ciencias kémicas. Agregaremos que antes de que llegase a Bach esta manera de interpretar la salud y la enfermedad la ciencia kémica se refugiaría en Alejandría tras la caída del Imperio Romano hasta la conquista del Islam cuando cruzaría el Mediterráneo a través de la dinastía de los omeyas y su único superviviente: Abd al-Rahman. Pero sería Abd al-Rahman III (912-929 d.C.) quien impulsaría las escuelas de traductores en el Califato de Córdoba y recogiera lo que había sido dispersado dejando atrás las impurezas e instaurando en Al-Ándalus la Kemicina. En una época de expansión y sabiduría tal que Al- Ándalus fue conocida como LaLuz de occidente durante varios siglos así como antes lo fue -metafóricamente- el Faro de Alejandría y su biblioteca y como más tarde lo sería el laboratorio de Bach al que se denominó La luz que nunca se apaga haciendo así referencia a su tesón e integridad por llevar a cabo su misión de transmisión kémica al mundo convencional de la salud.

Y es que los dos paradigmas -el médico y el kémico- convivieron en Al-Ándalus pacíficamente hasta la caída de Granada en 1499, año en el que el cardenal Cisneros -aficionado a las “hogueras culturales”- hizo quemar en la Plaza de Bib-Rambla los más de 5.000 libros de la biblioteca de la Madraza -auténtica universidad andalusí- obligando a la mayoría de los hakin -homónimo de médico en árabe- a huir de España o a perder su identidad aceptando «convertirse» al Cristianismo.

Más tarde el rey Carlos I intentaría resarcir a los “moriscos” -nombre que recibieron los musulmanes de Al-Ándalus bautizados- creando -mediante una bula o autorización del papa Clemente VII– el Colegio Imperial de San Miguel de Granada donde a partir de 1532 se podría estudiar Medicina. Solo que una vez más la “mano” de la ignorancia y el temor a lo desconocido harían mella en la tradición kémica porque temiendo que los conversos estudiasen Medicina y desarrollasen de nuevo su “arte” -esta vez oficializado con un título- se especificó -como en otras áreas de estudio universitario- que para poder ingresar había que acreditar ser “cristiano viejo” entregando para demostrarlo siete partidas de bautismo, “las correspondientes al aspirante, sus padres y sus cuatro abuelos”. De esa forma se evitó que los moriscos estudiasen Medicina y se provocó que los practicantes y profesores de la Medicina Kémica tuvieran que emigrar dispersándose por todo el Imperio Otomano.

La Kemicina se refugiaría no obstante en los monasterios -entre ellos en El Escorial-, sabedores sus seguidores de que en esos lugares nadie la relacionaría con el “mal”, la «herejía» o las “artes diabólicas». Y de hecho de ellos emanarían los elixires y licores espirituosos monacales y logros alquímicos -como los obtenidos en la conocida botica de El Escorial- a través de la maceración de infinidad de plantas y otras operaciones realizadas de acuerdo al “arte kémico”.

Sería en todo caso Paracelso -hijo del médico y alquimista suabo Wilhelm Bombast von Hohenheim– quien sacaría de la clandestinidad la Kemicina. Según cuenta la tradición Paracelso llegó a ser profesor de Medicina de la Universidad de Basilea y estudió con el abate Trithemiuserudito teólogo benedictino versado en Kemicina– siendo éste el que le recomendó que estudiase en Constantinopla con Hakin Solimán Trismosin, nieto de andalusíes granadinos.

Nos resta agregar que desde entonces hasta Edward Bach la tradición kémica se mantendría en la clandestinidad pues ha sido el paradigma renacentista -el que hemos denominado “médico” por su ascendencia- el que definitivamente se reconocería como «científico» en toda Europa -y actualmente en casi todo el mundo- “reduciendo” –arbitrariamente- la viejaAl-kímia y su «hermana menor» -la Espagiria– a la categoría de «pseudociencias».

LAS FLORES DE BACH NO SON UNA SIMPLE COLECCIÓN DE ESENCIAS SINO ELEMENTOS DE UN SISTEMA KÉMICO 

Tal es la razón de que los 38 remedios que integran el sistema floral desarrollado por Edward Bach hayan sido tomados como una simple colección de esencias florales, como «medicamentos» que ingerir para tratar síntomas o patologías concretas. En suma, convirtiéndolos en meros remedios paliativos de uso alopático y médico olvidando así su naturaleza kémica y, por tanto, la posibilidad de percibir el “sistema” como una unidad compuesta de elementos interrelacionados que constituyen un todo en sí mismo.

Ya hemos comentado que en todo paradigma existe una cosmovisión -tanto macrocósmica como microcósmica- que permite explicar el mundo y el ser humano, una forma de entender la vida y sus manifestaciones. Pues bien, si observamos con detalle el proceso de construcción del sistema de Bach advertiremos un claro paralelismo con los elementos constitutivos del Arte Kémico.

La Tradición Kémica explica -en una clara semejanza por cierto con la actual visión de la Física Cuántica- que todo lo que existe parte de un punto inicial simbólicamente denominado Mar de Nun, en un universo cuántico plagado de probabilidades donde no todo es perceptible a la conciencia manifestada. Es decir, en el que existe todo a nivel potencial y sólo hace falta concretarlo en el plano material. Siendo de ahí por eso de donde metafóricamente Isis «pesca con su caña» todo aquello que pueda imaginar. Del Mar de Nun surge pues la materia prima, la materia de la que todo está hecho, materia que los alquimistas denominan Espíritu Universal y que según dicen desciende en el rocío de mayo (en especial el que aparece entre la luna creciente y la luna llena). Es ahí donde según los antiguos alquimistas se encuentra el Spíritus Mundi, la plenitud, la máxima expresión de los paquetes de información o cuantos dispuestos para ser ordenados y materializados como el espagirista desee. Spíritus Universal que posee dos polaridades o fuerzas –Sulfur y Mercurius– opuestas y complementarias -dinamo de la existencia- que permiten el proceso de “materialización” de las diferentes posibilidades potenciales generando Sulfur los elementos Fuego y Aire y Mercurius los elementos Tierra y Agua. Siendo de las distintas mezclas de esos cuatro elementos como pueden aparecer las 12 posibilidades expresivas posibles en cualquier área de manifestación de la vida. Los alquimistas no podían saberlo entonces pero hoy esos doce elementos sean probablemente los seis quarks y seis anti-quarks descubiertos por los físicos.

Resumiendo, puede decirse que del Mar de Nun, -la «materia oscura” de la Física Cuántica- “permea” hacia nuestra realidad el Espíritus Mundi, la totalidad o plenitud que reside en todo lo manifestado y es especialmente accesible -como elemento disociado del resto de la creación- en el rocío. El Spíritus Mundi genera de sí pues todo lo que existe a través de su interacción polar Sulfur-Mercurius (en el ámbito psíquico Animus-Anima) naciendo de ellos los cuatro elementos: Fuego-Aire-Tierra-Agua. O Intuición-Pensamiento-Sensación-Emoción como funciones de la personalidad. Emergiendo de sus mezclas las doce sales que se relacionan asimismo con las doce tipologías de personalidad y los doce “terrenos zodiacales”: Aries-Tauro-Géminis-Cáncer-Leo-Virgo-Libra-Escorpio-Sagitario-Capricornio-Acuario-Piscis. Es obvio pues que Bach conocía la tradición kémica y se basó en ella para crear su sistema.

En suma, Bach elaboró entre 1930 y 1933 doce esencias florales vinculadas con los doce terrenos zodiacales y, a continuación, cuatro más que denominó «los 4 ayudantes» en clara alusión a los cuatro elementos clásicos de la Alquimia. Un año después, en 1934, elaboraría 3 esencias más relacionadas con el Spíritus Mundi (Sulfur-Mercurius). Esas 19 esencias completarían su sistema de tratamiento. Ahora bien, en 1935 elaboraría otras 19 esencias solo que esta vez siguiendo un método diferente: extrayendo la esencia energética y la información específica de cada arquetipo, cociendo las flores en lugar de solarizándolas como hizo con las 19 primeras. De ahí que finalmente sean 38 (19 + 19) las esencias que creó.

TERAPIAFLORAL EVOLUTIVA, LA EVOLUCIÓN DE LA TERAPIA FLORAL 

Bach explicaría posteriormente en varios artículos que publicó en Homeopathic World que había llegado la hora de simplificar el número de remedios homeopáticos -demasiado abundantes ya en esa época- porque a su juicio sólo existen 12 doce tipos primarios de personalidad -aunque existiendo el positivo y el negativo de cada una- que delimitan la expresión humana. Así que decidiría encontrar los remedios más adecuados a cada problema de personalidad basándose en el Tratado de las Signaturas y en los trabajos del doctorNicholas Culpeper (1616-1654) -botánico inglés, espagirista y astrólogo que escribiera en 1653 Herbario Completo y otras obras conocidas de la época- así como en los conocimientos herméticos que como iniciado en las artes kémicas poseía.

Ahora bien, una de las cuestiones más debatidas aún -y menos comprendidas- en torno al uso y aplicación de los remedios florales es qué son realmente, a qué se debe su eficacia si no es por los principios activos presentes en ellos. Y, sobre todo, si tratan disfunciones de origen primigeniamente psicoemocional,¿cómo correlacionó Bach cada problema con una flor concreta? Pues bien, para explicar esto es necesario que nos internemos en el paradigma kémico que, como ya hemos apuntado, tiene cierta semejanza con la reciente propuesta de la Física Cuántica. Y es que realmente “nihil novum sub sole» (no hay nada nuevo bajo el sol).

La localización de las flores y el método de elaboración de los remedios de Bach proviene de un conocimiento de la “realidad” que se encuadra en el ámbito de lo “místico” o metafísico (más allá de lo físico), algo tan difícil de explicar a nivel “lógico” como difícil resulta a nivel de la Física newtoniana explicar el comportamiento de las partículas atómicas que en cambio sí es capaz de describir la Mecánica Cuántica. No se olvide que Bach conocía la relación entre las plantas y los estados emocionales –y, por tanto, con las manifestaciones arquetípicas de los humanos- gracias a su formación kémica. Como él mismo explica en su Cuento del Zodíaco: “Los sabios hermanos de la raza hacía mucho tiempo que habían recibido las jubilosas noticias de las estrellas sobre estas hierbas, verdaderas amigas del hombre que poseen poderes para su curación y encontraron a los Doce Curadores a través de la virtud de los Cuatro Ayudantes”. Obviamente se trata de una clara alusión al conocimiento ancestral hermético que en su momento estuvo reservado a los “sabios hermanos” conocedores de los secretos del arte transmutatorio y de las relaciones arquetípicas entre los reinos de la naturaleza, a aquellos que habiendo penetrado en el misterio a través del Mar de Nun percibían las interconexiones de las múltiples realidades cósmicas qué según la Mecánica Cuántica se superponen en universos paralelos. Alcanzando así la creación del arquetipo psicoide, explicado por Jung como la capacidad de un individuo de percibir la unidad entre psique y materia –“es decir, el arquetipo, lo inconsciente, como habitante ubicuo del micro y del macrocosmos a la vez”- y poder vivir desde la traducción de lo aparente como una realidad simbólica que permite unificar materia y psique reconciliando los opuestos en una visión trascendente coincidente con el estado de unión, con el Unus Mundus –el único mundo- de los alquimistas.

El doctor Gerhard Dorn -discípulo de Paracelso- lo explicaba como“el mundo de potencial puro, el mundo tal como existía antes del primer día de la Creación”. Por eso “los sabios hermanos de la raza” que habían alcanzado ese estado de conciencia -o sabían cómo evocarlo- reconocían las conexiones existentes entre las expresiones de los quantums de información que percibimos en la materia como objetos diferenciados y que, como bien explicó el insigne físico David Böhm, no serían sino manifestaciones o “coagulaciones” coincidentes en la fuente de una misma onda de forma. Lo que Böhm llamaría “el orden implicado” y que aparece ante los ojos de los que no han penetrado en ese paradigma como elementos diferenciados en los distintos reinos de la Naturaleza. Ya lo dijo Platón en el Timeo: “(…) Es de resaltar que este mundo es de hecho un ser viviente dotado con alma e inteligencia (…), una entidad única y tangible que contiene a su vez a todos los seres vivientes del universo los cuales, por naturaleza propia, están todos interconectados”. El alquimista granadino Abadallah Ash-Shamsiañadiría posteriormente:“No es el sol, ni el oro, ni el corazón sino la fuerza viva de la Naturaleza lo que ha generado el astro, el metal y la víscera. Esa fuerza viva, organizada y potente, es a la que llamamos Sol los filósofos”.

En suma, Bach supo valorar esas relaciones a la hora de elaborar sus remedios sabiendo que las plantas tienen como fuente el mismo “potencial informativo” que delimita la conciencia de todo ser vivo de acuerdo a su naturaleza primigenia e hizo uso de su conocimiento kémicono sólo para elaborar las esencias sino para determinar y establecer un modelo amparado en la Tradición que ahora puede ser explicado de acuerdo al paradigma “cuántico”. Claro que también podría decirse que la Física Cuántica es el lenguaje moderno de lo que otrora se denominó Alquimia y en el mundo vegetal Espagiria. Un conocimiento que obraba en poder de “los hermanos sabios de la raza”.

LAS ELABORACIONES FLORALES DE BACH SIGUEN EL MODELO KÉMICO 

Como ya hemos mencionado Bach comenzó elaborando doce remedios estableciendo el término “tipos” para aludir a las tendencias de los pacientes ante la enfermedad. Más tarde usaría el concepto de personalidad. Y según Bach habría doce tipos primarios de personalidad que difieren de los estudiados por la Psicología clásica porque para él la personalidad existe desde el momento del nacimiento; sería innata y estaría vinculada al alma que se encarna en el cuerpo para poder vivir experiencias. Cabe añadir que la convicción de que sólo existen doce personalidades primarias entre los seres humanos tomó cuerpo en la obra de Bach tras un arduo proceso de investigación a través de diversas disciplinas de la Medicina como la Bacteriología, la Medicina Patológica y la Homeopatía. Nora Weeks -biógrafa de Bach- cuenta que se encontraba estudiando el concepto de la psora de Hahnemann (miasma o entidad patógena no física que provoca una enfermedad crónica) a partir de la toxemia intestinal cuando advirtió que ciertas bacterias que proliferan en el intestino de algunas personas podrían ser la causa de su enfermedad crónica. Bach aisló entonces bacterias del intestino de sus pacientes enfermos y elaboró para combatirlas siete vacunas específicas onosodes -nombre que se da a las vacunas homeopáticas orales- que bautizó como Proteus, Dysenterie, Morgan, Faecalis Alkaligenes, Coli Mutabile yGaertner además de una polivalente elaborada para tratar simultáneamente varios tipos de bacterias patógenas que denominaría Nº 7. Comenzando con ellas varios estudios a fin de constatar en la práctica clínica sus propiedades terapéuticas a la hora de combatir enfermedades crónicas; entre ellas el cáncer como él mismo explica en su libro La enfermedad crónica. Una hipótesis de trabajo publicado en 1925 en colaboración con el Dr. Weeler cinco años antes de que comenzara a desarrollar sus remedios florales.

El caso es que la observación clínica y su conocimiento kémico hicieron que Bach fuera con el tiempo capaz de determinar el tipo de bacteria que había proliferado en el intestino de un paciente y, por ende, la vacuna que había que administrarle… sin necesidad siquiera de análisis clínico. Le bastaba percibir la forma de comportarse del enfermo. Y es que Bach había comenzado a delinear su «modelo tipológico» vinculando la proliferación de ciertas cepas de bacterias intestinales con los comportamientos psicológicos de sus pacientes. Algo que dio a conocer mientras, de forma casi simultánea, aparecía en Zurich (Suiza) la conocida obra del psiquiatra Carl G. Jung Tipos psicológicos en la que éste delinea de forma magistral -al igual que Bach- las tendencias psíquicas en la historia de la humanidad.

No será sin embargo hasta 1933 cuando Bach publique en Naturopathic Journal la primera síntesis de su trabajo tipológico -que denominó Los Doce Curadores- en la que explica que las conclusiones de su trabajo coinciden con la búsqueda de sus antecesores: “Lo que Hahnemann, Culpepper y otros grandes buscadores se esforzaron en encontrar es la humana reacción mental que indican esas doce personalidades y los remedios que pertenecen a cada una». Confirmando quehabía logrado elaborar distintos remedios para los diferentes “tipos psicológicos.” Lo que explicaría en ese mismo texto así:«Hay fundamentalmente doce tipos primarios de personalidad existiendo el positivo y el negativo de cada una. Tipos de personalidad que están indicados por el signo del Zodiaco en el que se encuentra la luna en el momento del nacimiento».

Puede parecer extraño que Bach vincule la luna con el psiquismo humano pero hoy se sabe con certeza que nuestro satélite afecta físicamente a la naturaleza, al desarrollo de las plantas, a las mareas (recordemos que es la responsable de la pleamar y la bajamar), etc., y que nosotros estamos constituidos de agua en un 80%.

Pero también psicológicamente, algo que modernamente se ha constatado por ejemplo al saberse que en luna llena aumenta el número de actos violentos y suicidios. Eso sí, afecta a unas personas más que a otras; de ahí que la sabiduría popular hable desde tiempos inmemoriales de “lunáticos”, personas en las que la luna influye de manera poderosa afectando a su comportamiento.

Pues bien, la convicción de que la luna está ligada a la personalidad es uno de los postulados básicos de la Astrología.Y para Bach es el tema central del trabajo evolutivo ya que la tendencia “lunar” se hace patente en la enfermedad, cuando entramos en crisis, ante cualquier circunstancia que nos “saca” de nuestra sensación de seguridad o cuando tendemos a buscar refugio en aquello que nos la devuelva por muy limitante que eso pueda ser luego para nuestra vida. Y si el lector lo duda observe las tendencias destructivas que mantiene la sociedad a pesar de que ello nos “estanque” como colectivo. Una búsqueda de seguridad que nos lleva a una suerte de comportamiento repetitivo que irá reforzando un carácter cada vez más alejado del alma estancando nuestro proceso evolutivo. Pues bien, los remedios florales tipológicos elaborados por Bach -es decir, cada uno de los doce curadores– se desarrollaron para ayudar a la personalidad a seguir su camino cuando ha de enfrentarse a circunstancias que o le han desviado de él o podrían hacerlo.

Los doce curadores de Bachestánpues emparentados con los doce signos zodiacales y se manifiestan con un positivo y un negativo; o dicho de otra manera, con una manera de temer limitante y con una manera de amar que permite abrirse a lo nuevo. Son éstos: Impatiens, Gentian, Clematis, Cerato, Vervain, Centaury, Scleranthus, Chicory, Agrimony, Mimulus, Water Violet yRock Rose. Evidentemente hay una clara correspondencia con las descripciones tipológicas que podemos encontrar en otros ámbitos de la Psicología pues como bien explica el doctor en Filología Semítica y maestro alquimista Yabir “en la Antigüedad los paradigmas de las distintas civilizaciones estaban reflejados en nomenclaturas mitológicas, en sistemas de mitos propios de cada cultura que la estupidez de tiempos postreros convirtió en panteones de deidades”. Lo que explica que el mismísimo Carl G. Jung llegara a aseverar: “La Astrología tiene asegurado el reconocimiento de la Psicología, sin ulteriores restricciones, porque en realidad representa la suma de todo el conocimiento psicológico de la Antigüedad” (el subrayado es nuestro).

Cabe añadir que según Bach cuando alguien se obstina en mantenerse en su refugio (lunar) y apuesta por negar la experiencia que la vida le trae repitiendo una tendencia que no le corresponde puede llegar a desarrollar una “cronicidad”, es decir, una tendencia personal desviada que le llevará a creer que «ella es así» asumiendo una personalidad falsa que le ocasionará malestar tanto psíquico como físico; malestar que terminará erróneamente siendo aceptado como algo «normal». Estado crónico que puede desembocar en un carácter que no refleja el alma de la persona o en una “enfermedad”.

Hoy las Flores de Bach se conocen pues por sus treinta y ocho esencias pero su idea original es que existiera un único remedio para cada una de las doce personalidades que según él existen en la Tierra y que describió desde su aspecto “negativo” en los “doce curadores” a fin de que pudieran ser identificadas en la consulta ya que como es lógico las personas “sanas” (aspecto positivo de la tipología) no tendrán necesidad de visitar a ningún terapeuta. Los Doce Curadores sonpues “remedios tipológicos”elaborados para ayudar a que la persona sea “fiel a sí misma” por muy difícil que sea la circunstancia que le toque vivir. Porque para Bach la enfermedad es la consecuencia de la desconexión entre el alma y la personalidad; desconexión que se produce la mayoría de las veces cuando no podemos mantener la coherencia (no hacer lo que se piensa) en nuestras vidas por estar viviendo circunstancias estresantes (en cualquier ámbito de la existencia). Lo que hace pues un “remedio de personalidad” -uno de los doce curadores -es “actualizar” las capacidades innatas que permiten a cada persona interactuar con la vida por muy complicada que ésta sea o pueda llegar a ser favoreciendo así la prevención de la enfermedad. ¿Y cómo? Según Bach porque sus esencias florales elevan la vibración de quien las ingiere permitiéndole vivir en mayor sintonía con su alma. Bach pensaba que la vida no nos traerá nunca nada que no podamos afrontar si estamos conectados con el alma. Evidentemente a veces uno puede apartarse de su camino y entrar en actitud negativa modificando su personalidad lo que favorece el estancamiento energético apareciendo lo que llamamos “enfermedad”. Pues bien, en estos casos los “remedios de personalidad” -los doce curadores ya mencionados- devolverán a su naturaleza a aquella persona que se hubiera desviado de ella y en la que ya sería evidente el rasgo “negativo” de su personalidad. En este sentido diría Bach: “Tenemos doce remedios. Cuán simple es ahora prescribir con exactitud y explicar a nuestros pacientes la razón de su desarmonía, sus contrariedades, su enfermedad e indicarles el simple mensaje, la lección que les aportará otra vez la armonía con el Infinito de sus almas lo que les restaurará la salud mental y física”. Y es que según Bach uno de los objetivos del médico (terapeuta) debe ser el de “ayudar al paciente a conocerse a sí mismo e indicarle los errores fundamentales que puede estar cometiendo”.

Ahora bien, lo cierto es que tras un periodo de experimentación con los “doce curadores” Bach advirtió en la práctica clínica que a veces la persona no sanaba. Fue entonces cuando desarrolló la teoría de los Cuatro ayudantesen clara similitud con los cuatro elementos de la Alquimia –fuego, aire, tierra y agua , los “cuatro temperamentos” atribuidos a Hipócratescolérico, sanguíneo, melancólico y flemático- y las cuatro “funciones perceptivas” de Jung: intuición, pensamiento, sensación y emoción. Según Bach la persona que necesita esos remedios suele haberse “acostumbrado tanto a su enfermedad que ésta parece ser una parte de su propia naturaleza siendo difícil reconocer su verdadera personalidad“.Añadiendo: “Esas personas han perdido mucho de su individualidad, de su personalidad, y necesitan ayuda para evitar el callejón sin salida en el que se han metido antes de que se pueda descubrir cuál de los Doce Curadores es el necesario. Estos casos, sin embargo, no son desesperados y para ellos están los Cuatro Ayudantes. Esos Cuatro Ayudantes los liberarán del estado de estancamiento restableciendo el estado de actividad. Luego, cuando hayan mejorado lo suficiente, su individualidad retornará a ser lo que era siendo entonces posible saber cuál de los Doce Curadores será el necesario para devolverles la perfecta salud”.

En resumen, la metodología de Bach en estos casos puede resumirse mediante estas correspondencias:

ElementosAyudantes Tipologías

Fuego → Gorse → Impatiens, Vervain y Agrimony.
Aire → Heather → Cerato, Water Violet y Scleranthus,
Tierra → Oak → Mimulus, Gentian y Centaury.
Agua → Rock Water → Clematis, Chicory, Rock Rose.

Ayudantesa los que tras un nuevo paréntesis añade otros tres -Vine, Olive yWild Oat- que asegura son capaces de llegar a la naturaleza tipológica inicial del paciente convirtiéndose así en losSiete Ayudantes.

Finalmente decidiría elaborar sus esencias cociendo las flores en un proceso más “mercurial” -con un fuego pues más intenso y disolutivo según la Alquimia- obteniendo de nuevo sus “diecinueve remedios” pero “más espiritualizados” y con mayor capacidad de actuar en otro plano. Remedios más adecuados para “disolver” mientras los 19 primeros son más adecuados para “coagular”. Diecinueve nuevos remedios indicados para los momentos críticos, puntuales o de transición, para los estados emocionales pasajeros que corresponden más a procesos de desarticulación del “yo”, maduración, crisis de identidad y todo aquello que lleve implícito la denominada “muerte del yo” sea cual sea el grado evolutivo de la persona que lo viva.

En suma, los 38 remedios florales de Bach son un auténtico sistema en el que cada uno de ellos ocupa un determinado lugar. Orden, relación y jerarquización claramente determinada por la cosmovisión kémica-alquímica que puede representarse gráficamente con un Mandala arquetípico.

Puede pues decirse que cada una de las doce personalidades tiene su propia manera de sentir, emocionarse, pensar e intuir percibiendo el mundo de manera similar y vivirán cualquier crisis o enfermedad de forma parecida lo que permite ayudarlas clínicamente a nivel mental, emocional, física o espiritual con el remedio que simboliza cada una de esas áreas.

Asimismo podremos adentrarnos en el ámbito del Inconsciente a través de los tres remedios relacionados con las “tres fuerzas” –Vine, Olive yWild Oat- y favorecer la toma de conciencia de algunos de los complejos del inconsciente que alteran la vida de la persona. Y es que desde la máxima de que “el observador modifica lo observado” se infiere que es posible actuar sutilmente en el “campo de información psíquica” individual.

No se olvide quesegún el conocimiento kémico “la información es la ‘matriz’ intangible por medio de la cual la energía hace que la materia se ordene de una forma determinada”. Y las Flores de Bach están cargadas de información específica de acuerdo a la Ley de las Signaturas que determina la vinculación entre la fuerza, el astro y la planta a la que da vida esa fuerza.

Porque aunque la expresión material de la información que dota de vida y conciencia en el mundo vegetal a la planta es todo lo que la ciencia bioquímica percibe de una entidad vegetal el proceso de elaboración de un remedio espagírico consiste en trasvasar la información específica que da forma a la planta… a un recipiente (el frasquito que todos conocemos) donde se mantendrá activa para afectar luego –ingiriendo el remedio- a los núcleos informativos de similar naturaleza de quien lo toma fomentando la conciencia de esa cualidad específica inmersa en el inconsciente.

CUANDOEL ORDEN DE LOS FACTORES SÍ ALTERA EL PRODUCTO 

Pues bien, si cada remedio es un campo de fuerza activo vinculado con un área concreta de la psique humana, si cada símbolo de los 38 utilizados en el sistema Bach es un fractal de una totalidad denominado psiquismo, si la psique y la materia -cuerpo en el humano- son entidades indiferenciadas y las podemos fraccionar de acuerdo al modelo psíquico-alquímico del inconsciente humano y colectivo debería inferirse que es posible actuar en él mediante acciones sistémicas que logren que el orden intrínseco de cada persona se recupere cuando ésta ha perdido el equilibrio interno. Es más, de ahí que la conciencia del terapeuta pueda interactuar con la del enfermo ayudándole a sanar. ¿Cómo? Haciendo que sea consciente de las creencias y modelos que subyacen en su comportamiento y que no se corresponden ya con su verdadera naturaleza evolutiva a fin de que pueda liberarse de la tendencia “mecánica” que le impide vivir desde su verdadera personalidad.

Y para conseguir eso se ha establecido un protocolo terapéutico que responde al modelo antes explicado y se han elaborado las 38 esencias de Bach con las mismas flores pero de forma espagírica, es decir, de acuerdo al conocimiento alquímico o kémico. Nueva propuesta floral que se ha bautizado como ELIDYN 760 y que permite crear una secuencia específica para cada enfermo -adición de esencias ordenadas partiendo de un determinado remedio- en función del objetivo terapéutico.

Actualmente los terapeutas florales sugieren a sus enfermos que instilen en el agua que van a ingerir las esencias florales más adecuadas a su caso, las mezclen sin más e ingieran la mezcla; sin embargo no parece lo correcto. Porque cuando se añaden dos gotas -cantidad establecida por Bach- de cualquiera de las 38 esencias florales a un vaso de agua,  ésta se impregna de la información del remedio y a partir de ahí cualquier otra esencia que se añada a esa agua ya impregnada con la primera información lo que hará es ir “modulándola”;  es decir, acentuar y/ o complementar la información dentro de la banda de frecuencia establecida de partida.

No se trata pues de poner diversos remedios para distintos problemas en un botecito con agua, mezclar todo e ingerirlo sin más sino de dotar primero al agua con una información de partida exaltando una cualidad inicial que debe actuar sobre un área específica -determinada por la secuencia- de la psique de la persona que tratamos y luego ir agregando las que necesite en el orden adecuado.

En otras palabras, a partir de la observación clínica se debe determinar si el paciente tiende hacia una personalidad de fuego, aire, tierra o agua –elementos arquetípicos- y en función de ello establecer el punto de partida de la secuencia a fin de elaborar el remedio personalizado que necesita en ese momento. Porque ya que cada esencia es la representación simbólica de un fragmento de la psique individual que se trata (en la persona) y contiene la información “signatural” que actuará sobre la parte de la psique con la que está emparentada ello favorecerá la toma de conciencia del individuo en esa área específica. Y es que como hemos explicado extensamente en este artículo el remedio floral, la flor, el arquetipo, el comportamiento humano y el síntoma pertenecen a una misma fuerza y el remedio debe restablecer el desequilibrio devolviéndole el orden perdido; y con él la conciencia natural según su desarrollo. Desde esta nueva perspectiva clínica se actúa pues en todos los casos según el desarrollo evolutivo del paciente y siempre de acuerdo a su personalidad y al momento vital en el que se encuentra cuando acude al terapeuta.

Resumiendo: una terapia floral es mucho más eficaz si se sigue el protocolo adecuado. Resta añadir que las pruebas efectuadas actuando de esta manera con cientos de pacientes de América y Europa han constituido un singular éxito. De ahí que todo indique que se trata de una clara evolución de la Terapia Floral clásica y se denomine por ello Terapia Floral Evolutiva.

Finalizo este artículo con unas palabras del Dr. Edward Bach: “…No piensen ni por un momento que estoy desmereciendo el trabajo de Hahnemann. Al contrario, él indicó las grandes leyes fundamentales, la base; pero solamente tenía una vida y si hubiera podido continuar con su trabajo sin duda habría avanzado siguiendo estos planteamientos. Nosotros simplemente estamos avanzando en su trabajo y lo llevamos a la siguiente etapa natural (…) Y no permitan que la simplicidad de este método les disuada de utilizarlo ya que a medida que avancen sus investigaciones comprenderán mucho mejor la sencillez de toda la Creación.“
Luís Jiménez

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142
Octubre 2011
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