Hemorroides: el problema oculto de millones de españoles


Mucho más frecuentes de lo que se cree, las hemorroides o almorranas afectan a varios millones de españoles siendo posiblemente una las patologías crónicas más frecuentes. Pero hay soluciones.

¿Que no ha tenido nunca una almorrana? Alégrese, pero sepa que tarde o temprano casi todo el mundo acaba teniendo una. De hecho, cuatro de cada cinco europeos sufren este problema alguna vez en su vida. Y lo malo es que se trata de una dolencia socialmente humillante que no suele tomarse en serio… hasta que uno mismo es el protagonista.

¿Y qué es una almorrana o hemorroide? Pues, sencillamente, una variz (es decir, la dilatación e inflamación por rotura de la capa elástica de la pared venosa) de una o varias de las venas que forman el llamado plexo hemorroidal que recoge la sangre del último tramo del aparato digestivo -el recto- y de ese anillo muscular dilatable que es el ano.

Las personas que levantan peso en su trabajo o como deporte, las que llevan una vida sedentaria, las que están de pie muchas horas, las que no toman la suficiente cantidad de fibra en su alimentación, los obesos, los ancianos, las mujeres embarazadas o los que se pasan mucho tiempo en el cuarto de baño son los candidatos habituales de esta molesta y a veces peligrosa enfermedad que además tiene factores hereditarios de debilidad vascular como en cualquier otra localización de las varices ya que, en definitiva no se trata de otra cosa.

¿La prevención? Bien sencilla: hacer una vida activa y una alimentación sana rica en fibra, especialmente si se trata de una persona mayor o una mujer gestante.

Desgraciadamente, como demuestran las estadísticas, ello no se practica habitualmente de la forma adecuada y entonces aparecen las hemorroides externas o las igualmente molestas internas con el dolor, picor y hemorragias características de este auténtico incordio físico.
¿Y qué hacer? La verdad es que la doliente humanidad hemorroidista ha hecho de todo para aliviarse e intentar curarse, hasta hace poco con mínimo éxito.

Tradicionalmente se han usado plantas, casi siempre en aplicación local mediante baños de asiento de tipo suavizante o astringente -como la col, espliego, hojas de roble o salvia- y los frutos del castaño de indias, posteriormente utilizado con fortalecedor vascular en la moderna industria farmacéutica. Las plantas y los baños de asiento consiguen básicamente un alivio momentáneo pero el problema es que la almorrana se forma por la rotura de las fibras elásticas que la vena posee en su pared para recuperar su tamaño normal después de dilatarse al paso de la sangre y, desgraciadamente, una vez rotas las fibras no vuelven nunca a funcionar adecuadamente. Por eso nuestra agresiva medicina actual ha desarrollado una serie de remedios que, como la casi totalidad de nuestra farmacopea, provienen de los productos naturales y que fundamentalmente se pueden dividir en dos grandes grupos: vasoconstrictores-protectores vasculares -que reducen el calibre de los vasos afectados y refuerzan de alguna manera su pared- y cremas, supositorios o enemas de acción local, antiinflamatorias y analgésicas. En el primer grupo se utilizan derivados del arrayán silvestre (ruscus aculeatus) como el Venoruton 300 o el Ruscus Llorens, del castaño de Indias o de las aurantiáceas (Daflon) o de la Hidrosamina como el Venosmil. Todos ellos tienen en común sus pocos efectos secundarios y pueden ser útiles cuando el problema es inicial o no está del todo desarrollado pero, desde luego, no pueden curar un proceso hemorroidal desarrollado.

En el segundo grupo, de tratamiento local, el denominador es la cortisona, esa droga tan ampliamente utilizada para casi todo y que a sus innegables efectos antiinflamatorios une casi todos los efectos secundarios indeseables, desde la disminución de funcionamiento de la corteza suprarrenal hasta la facilidad y diseminación de las infecciones generales. Normalmente, junto al denominador común de la cortisona las cremas antihemorroidales ofrecen una variada gama de componentes: desde analgésicos-anestésicos locales (Percainal, Hemorrane, Synalar rectal, Cohortan rectal, etc.) a heparina para evitar la posibilidad de trombosis de las venas afectadas como Recto Menaderm. Los supositorios y enemas más frecuentemente utilizados suelen tener como componente primordial la cortisona, que es el caso del Anusol HC o el Cortenema

TRATAMIENTOS PRÁCTICOS 

Ante un cuadro hemorroidal desarrollado, con dolor y picor, tenga o no hemorragia, lo primero que hay que hacer es tomar baños de asiento, siempre calientes y con sal marina o sales de baño tipo Epsom, a los que se puede añadir alguna de las plantas antiguamente utilizadas, en forma de infusión. Maurice Mességué – el conocido naturista francés- recomienda un baño de asiento con decocción de un puñado de perifollo por litro de leche. Sea como fuere, el efecto primordial es el del calor. Y va bien.

Después del baño de asiento puede aliviar la aplicación de cualquiera de las cremas locales analgésicas mencionadas (Hemoal, Hemorrane o Scheriproct) e iniciar un tratamiento con rutósidos o derivados del castaño de indias.

Pero lo más probable es que la enfermedad reaparezca en forma de crisis cada vez más frecuentes, especialmente si el tratamiento no se acompaña de cambios de vida y alimentación, como suele suceder.

Entonces hay que pasar a la segunda fase, siempre controlada por su médico, que es quirúrgica. En la actualidad hay dos tipos de tratamientos: el esclerosante -que consiste en cerrar las venas afectadas con una sustancia que las endurece (habitualmente se usa una mezcla de polidocanol y etanol) mediante inyecciones locales- o la intervención quirúrgica pura y dura para evitar que la sangre llegue a las hemorroides dilatadas, lo que se hace congelándolas mediante criocirugía, láser o fotocoagulación con rayos infrarrojos. Cualquiera de esos sistemas -en manos de un buen profesional con experiencia- es adecuado y aunque se ponga de moda uno u otro realmente son equiparables.

Pero cuando las hemorroides internas se hacen muy grandes o las externas se inflaman el único sistema adecuado es la extirpación quirúrgica del bloque venoso afectado, sin más remedio. Algo que, afortunadamente, se hace ya de forma ambulatoria y permite al enfermo -salvo excepciones- dormir esa misma noche en casa. Lo malo, en cualquier caso, es que como éste no cambie sus hábitos de vida y alimentación y, si lo precisa, pierda peso, las hemorroides volverán a recordar dolorosa y humillantemente su presencia una y otra vez.
 

Este reportaje aparece en
11
Diciembre 1999
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