Carmen Flores: “La situación de la Sanidad Española es insostenible”

 

Negligencias médicas que quedan impunes, falta de información a pacientes y familiares, desidia por parte de los profesionales de la salud, ambulancias que tardan horas en llegar, listas de espera interminables, personas que fallecen esperando una prueba diagnóstica, privatización encubierta, infecciones hospitalarias de las que nadie se responsabiliza, servicios de urgencias que no funcionan, médicos inexpertos atendiendo situaciones que no saben manejar, intrusismo profesional galopante y un corporativismo cómplice. Ésta es la radiografía que Carmen Flores, presidenta de la Asociación El defensor del paciente (ADEPA), hace de la Sanidad española. Hemos hablado con ella y sus palabras no tienen desperdicio.

 “Podríamos estar hablando durante horas y sólo haría un bosquejo de la grave situación de la Sanidad en España. La gente no le da importancia y, sin embargo, quien más, quien menos conoce a alguien que ha sido víctima de una negligencia médica. La situación de la Sanidad española es, simplemente, insostenible. En este país está muriendo mucha gente en los hospitales a causa de la malpraxis de quienes, se supone, deben velar por la salud. Sin embargo, por las características de la sociedad española estas personas parecen ‘menos víctimas’ cuando lo son tanto como las del terrorismo o las de la violencia doméstica”.

Quien así se manifiesta es Carmen Flores, presidenta de ADEPA. Y lo hace desde la experiencia de sus más de diez años conociendo casos de personas que se pusieron en manos de un médico para mejorar su salud y, en algunos casos, perdieron incluso la vida. Ella misma ha sufrido en su familia las consecuencias de una negligencia médica. O, más bien, de una tras otra. Por eso en 1997 decidió –junto con otras familias que se encontraban en la misma situación- crear una asociación que defendiera los derechos de los pacientes frente al corporativismo, la desidia y la actual impunidad de los médicos. Hoy, para Discovery DSalud, recuerda los inicios de su lucha y habla sin tapujos de la situación de la sanidad española.

UNA SITUACIÓN INSOSTENIBLE

La vida de Carmen Flores empezó a cambiar el día que llevó a su hijo Miguel Ángel, de sólo nueve años, al servicio de urgencias del Hospital del Niño Jesús de Madrid aquejado –le dijeron- de una simple infección de orina que le provocaba fiebre alta. Era el año 1991 y, sin que Carmen pudiera siquiera imaginarlo, empezaba así una odisea que ha llevado a esta mujer valiente a luchar contra médicos incompetentes que provocan daños irreparables y que, después, en la mayoría de los casos, quedan libres de toda culpa o –como mucho- pagan una indemnización.

-Carmen, ¿cómo está hoy su hijo?

-Pues vive de milagro. Le han dejado tetrapléjico. Le han sometido a auténticas torturas y los médicos han puesto su vida en peligro en más de una ocasión por su falta de conocimiento o de pericia. Y lo peor es que tales “elementos” siguen haciendo de las suyas.

-¿Hay a su juicio en España muchos médicos incompetentes?

-Por desgracia, sí. Puede preguntarle a cualquiera. Verá cómo mucha gente se ha cruzado con alguno de ellos alguna vez. A la asociación llegan denuncias todos los días.

Háblenos de la asociación. Tenemos entendido que trabajan sin ayuda estatal alguna. Obviamente, no hace falta que nos explique por qué. Eso ya lo sospechamos.

-Pues sí, las razones son más que evidentes. Molestamos y, claro, se entiende que no nos van a echar una mano. Así que vivimos de las cuotas de nuestros asociados y hacemos lo que podemos. Por ejemplo, ofreciendo asesoramiento jurídico a las personas que van a iniciar un pleito. También contamos con médicos que se encargan de hacer peritajes e informes que luego se podrán presentar durante los juicios.

-¿Cuáles son sus reivindicaciones como asociación?

-¡Uf! La lista es inmensa pero, por empezar por algún sitio, empezaremos precisamente por otras listas: las de espera. En contra de lo que se dice, no se están reduciendo. Todo lo contrario. Son tan largas que, en algunos casos, desde que acudes al médico de cabecera hasta que te operan pueden pasar más de dos años. En el 5% de los casos el paciente muere; en el 40% la dolencia que presentaba se agrava considerablemente y en el 100% la situación empeora. Por tanto, “abandonan” las listas de espera los que fallecen o los que, cansados de esperar y viendo que se ponen peor, acuden a la sanidad privada.

-Y eso provoca una privatización progresiva de la sanidad…

-Progresiva y encubierta. Mire, no hay voluntad administrativa ni política para resolver el asunto de las listas de espera. Y, en realidad, solucionarlo no es tan costoso ni tan difícil como nos quieren hacer creer. Lo que pasa es que las autoridades sanitarias y los médicos de este país pretenden que la gente se canse de esperar y acuda a centros privados. Y les está saliendo muy bien.

-¿Qué nos puede decir de los servicios de urgencia de los hospitales públicos?

-Bueno, es escandaloso lo que está pasando en esos servicios. Muchas veces no hay personal suficiente y menos si es en fin de semana o en vacaciones. Otras veces el que hay no es el adecuado. Se deja a los médicos MIR solos ante lo que pueda suceder y se les carga de una responsabilidad que no saben asumir. No saben responder ante muchas situaciones y, mientras, el enfermo o accidentado empeora. Incluso hacen diagnósticos incorrectos y aplican tratamientos inadecuados. Eso por no decir que no se informa al paciente o a los familiares de las intervenciones que se realizan. No se entregan informes a los interesados y, si se hace, son incompletos e inservibles. Y el colmo es que si te dan el alta pero luego tienes que volver a ingresar puede ocurrir que tu informe haya “desaparecido”.

-Eso mismo ocurre con algunas historias clínicas. Desaparecen, se “extravían”, se confunden, se manipulan.

-¡Y no sabe de qué manera! Por lo que tenemos entendido, desaparecen entre el 8 y el 10% de las historias clínicas. Pero es que también se “pierden” el 20% de las pruebas necesarias para iniciar un pleito y tener alguna posibilidad de ganarlo. Además, por ley, una persona tiene acceso a su propio historial clínico pero los familiares no. Existe pues un vacío legal del que se benefician los médicos negligentes porque las familias de los fallecidos se tienen que gastar mucho dinero y perder mucho tiempo sólo para conseguir la historia clínica. Y además, cuando la obtienen, a veces está incompleta o ha sido “retocada” y en ella no se recogen todas las incidencias de la hospitalización del fallecido. Y con una historia clínica favorable al médico y sin pruebas suficientes la justicia se limita a archivar el caso.

-Otra queja muy frecuente se refiere a la tardanza de las ambulancias.

-Así es. Generalmente tardan mucho en llegar al lugar donde se las requiere, algunas ni siquiera llevan médico y en muchas tratan a los pacientes como si fueran borregos. Además, en algunos casos hay que pelear para que te pongan una ambulancia. Si eres discapacitado no te ayudan ni siquiera a entrar en el portal de tu casa. Te dejan tirado en la calle.

-Precisamente el de los discapacitados es un colectivo que se considera maltratado por el personal sanitario. ¿Tienen, en su opinión, motivos para sentirse así?

-Yo creo que sí, si se tiene en cuenta que las ayudas técnicas -sillas, camas articuladas, grúas, etc.- que necesitan no las costea la Seguridad Social. ¡Ni que fueran artículos de lujo! Por ejemplo, las sillas de ruedas eléctricas son carísimas y hay que pagar su importe completo más IVA. Según el modelo, podemos estar hablando de casi un millón de las antiguas pesetas, algo que no todas las familias pueden pagar. También tenemos noticia de casos de discapacitados que durante su hospitalización se han quedado sin comer o no han podido lavarse en ausencia de sus familias porque nadie les ha ayudado cuando –no hace falta decirlo- es una obligación del personal sanitario. Se les discrimina y se les maltrata. Y lo mismo podemos decir de los ancianos que están solos durante su hospitalización. No es que no se les atienda, es que en algunos casos simplemente se les olvida.

“LOS MÉDICOS NO SON DIOSES”

-Todo esto acaece en la sanidad pública, pero, ¿y en la privada?

-Pues en lo que se refiere a negligencias médicas está aún peor que la pública a causa de que en estas entidades privadas se favorece el intrusismo profesional. Tenemos constancia de que en muchos centros privados están ejerciendo personas que no están tituladas ni preparadas para realizar determinadas intervenciones. Otras veces se contrata a médicos inexpertos por poco dinero y se les pone a resolver todo tipo de situaciones. No hay que olvidar que esas entidades son empresas con ánimo de lucro donde prima el beneficio económico. Personas que trabajan en algunos de estos centros privados han llegado a decirme que en ellos las inspecciones del Ministerio sólo se realizan cada cinco o seis años y que, además, tres días antes de que vaya a pasar el inspector se avisa a los responsables del centro para que “lo tengan todo preparado”. Otro trabajador de un hospital privado me dijo que la máquina de esterilización del instrumental quirúrgico llevaba estropeada dos años y que ni se había arreglado ni se había sustituido por otra. ¿Se hace una idea de lo que eso significa?

-Infecciones, contagios, muertes…

-Eso es. Los medios de comunicación han dado cuenta en numerosas ocasiones de los casos de muertes por infecciones hospitalarias. De hecho, un elevado porcentaje de las personas que mueren en un hospital fallecen por infecciones que han contraído en el propio centro hospitalario. Pero nadie es responsable de esas muertes. Unos se tapan a otros y quedan impunes.

-¿Y no hay nadie –personal sanitario o de mantenimiento- que, aunque sólo sea por tener tranquila la conciencia, denuncie estas situaciones?

-No. Y en mi opinión eso les hace cómplices de lo que pueda pasar. Es la mentalidad de este país. Se les defiende a capa y espada, se les protege y no se les hace responsables de lo que hacen mal. Lo que también quiero dejar claro es que sé que se dan errores humanos que, bueno, son eso, errores. Pero, como en cualquier área de la vida, una persona se ha de responsabilizar de los errores que comete y asumir sus consecuencias. No entiendo por qué los médicos quedan liberados de eso. Es verdad que si eres médico y además de cometer el error tratas de eludir tu responsabilidad manipulando informes tienes una responsabilidad penal pero lo cierto es que en la práctica la mayor parte queda sin castigo. Como mucho, pagan una indemnización -bueno, no ellos, la administración, las empresas en las que trabajan o las aseguradoras- y siguen ejerciendo. ¿Alguien lo entiende?

-¿Y quién tiene a su juicio la culpa de esto?

-Pues, además de las autoridades, los jueces y los propios médicos que encubren o no denuncian a sus compañeros negligentes. Aunque creo que el principal problema está en nosotros mismos.

-¿En nosotros mismos?

-Sí, por nuestra mentalidad servil y sumisa. Acudimos a la Sanidad pública como si nos hicieran un favor por atendernos. Soportamos impasibles los desplantes, los desprecios y el maltrato de los médicos, enfermeras, ATS, celadores, etc. Se nos olvida que somos nosotros quienes les estamos pagando. Hay que cambiar la mentalidad. Tenemos que dejar de divinizarlos. Los médicos no son dioses y denunciarlos cuando han sido negligentes o cuando han obrado mal en el ejercicio de su profesión tiene que dejar de parecernos una abominación. Un muerto por negligencia médica vale lo mismo que un muerto por atentado terrorista. Nuestra asociación viene trabajando desde 1997 para que tanto las autoridades como la propia sociedad se dé cuenta de ello.

-Mencionaba a los propios médicos como responsables o cómplices de la situación. ¿Qué espera de ellos?

-Espero que, al menos, los buenos médicos –que los hay, y muchos- no se queden impasibles ante los errores de sus compañeros, que no sean tan corporativistas o tan sumisos. El problema no es que no haya buenos médicos. El problema es que no denuncian a los malos. Si alguno diera el paso estoy segura de que le seguirían muchos más.

-¿Y cuál es su opinión sobre la nueva campaña del Ministerio de Sanidad, que parece empeñado en acabar con todo lo que pueda molestar a las empresas farmacéuticas?

-Usted lo ha dicho. A las multinacionales farmacéuticas se les da autorización para todo. Hasta para envenenarnos. Se nos hincha con medicación y medicación que, se sabe, en muchos casos es inútil. Otras veces se ha demostrado que era tóxica. Juegan con nuestra salud y nadie se lo impide porque esas empresas mueven mucho dinero e intereses de todo tipo.

-Por último, ¿qué le recomienda a una persona que vaya a iniciar un pleito por negligencia médica?

-Pues, lo primero, que se convenza de que está haciendo lo que debe. En segundo lugar, que busque un buen abogado especializado en el asunto. Verá, muchas personas acuden personalmente al juzgado de guardia a poner la denuncia y la verdad es que si no acudes acompañado de un abogado no te hacen caso. Si te haces acompañar de un letrado tienes más posibilidades de que se abran diligencias. Con ADEPA colaboran abogados especializados en este tipo de pleitos que pueden asesorarles. Si algún lector esta en esta situación le aconsejaría que se pusiera en contacto con la asociación.

-No le quitamos más tiempo. Sabemos que tiene mucho trabajo. Gracias por sus palabras y felicidades por la labor que está realizando.

-Pues la verdad, ojalá no tuviera que hacerla nadie.

Estamos de acuerdo. También nosotros esperamos que llegue el día en que la existencia de asociaciones como ADEPA dejen de tener razón de ser.

 L. J.

 Recuadro:


 

José Aznar, abogado colaborador de ADEPA
“EN ESTE PAÍS HAY MIEDO A DENUNCIAR A UN MÉDICO”

Conocida la posición de ADEPA sobre la situación de la Sanidad española nos pusimos en contacto con José Aznar, uno de los abogados colaboradores de la asociación. Según él, en España –a diferencia de lo que ocurre en países como Estados Unidos- apenas se acude a los tribunales para denunciar casos de supuesta negligencia o maltrato por parte de los médicos. “La razón –afirma Aznar- es que se tiene miedo a que el médico o el hospital en cuestión vaya a tomar represalias. Se tiene miedo incluso a pedir la historia clínica porque se piensa que por ese simple hecho al paciente le van a tratar peor. Esa mentalidad temerosa y permisiva es la de personas de más de 40 años. Afortunadamente, los jóvenes no son tan sumisos. Se va perdiendo ese sentimiento de idolatría al médico”.

Actualmente, en nuestro país, un número importante de denuncias por negligencia médica las acumulan dos especialidades médicas; en concreto, la cirugía estética y la ginecología. Pero, según Aznar, lo que más se denuncia son las infecciones no detectadas a tiempo que, en muchos casos, llevan a la muerte del paciente. “Cuando se producen estos casos de fallecimiento o de lesiones graves –continua el abogado- es una equivocación reclamar en los propios hospitales. Lo oportuno es apuntarlo todo, tomar nota de lo que te digan los médicos y el personal que haya asistido a la persona en cuestión. Después hay que tratar de recoger todos los informes que haya sobre ella. Con todo eso se acude a un abogado especialista y, con las pruebas periciales que sean oportunas, se valora dónde ha podido estar el error médico que ha llevado al paciente a la muerte o a sufrir lesiones graves. Para hallar el error lo común es que se compare el protocolo de actuación médica indicado para tratar el caso concreto con la intervención que realmente se ha llevado a cabo. De esa forma pueden empezarse a encontrar indicios que apoyen la idea de que se ha cometido una negligencia y así el caso tiene alguna viabilidad.”

Según nos diría José Aznar, la dificultad principal con la que se encuentra el demandante es organizar un completo informe pericial médico en el que se demuestre que ha habido déficit asistencial. Sin ese informe, el caso seguramente será archivado. Otro problema para los intereses del demandante lo constituye el médico forense del juzgado, al que le corresponde emitir el informe sobre la presunta negligencia del médico acusado. “Lo habitual –explica Aznar- es que en sus informes el forense no aprecie la existencia de responsabilidad en la actuación del médico acusado, ya sea por falta de especialización en el asunto del que debe informar, ya sea por corporativismo, presiones, etc. El caso es que consigue instaurar la duda razonable y facilita la absolución”.

Otra traba más es el hecho de que si el demandante ha optado por poner una demanda civil o contencioso-administrativa será él el que tenga que justificar la relación causa-efecto entre el supuesto error médico y el daño ocasionado al paciente. “Es necesario –opina el colaborador de ADEPA- cambiar este supuesto e introducir un criterio que ya están aplicando los jueces franceses y alemanes. Este criterio se conoce como ‘culpa virtual’ y obligaría a los médicos a demostrar que han obrado correctamente”. El criterio que menciona Aznar –el de la culpa virtual- consiste en que, en la medida en que se ha producido un daño que no es explicable, los facultativos o el centro sanitario en el que ejerzan deben responder por esos daños desproporcionados. Es decir, se entiende que se ha infligido un daño desproporcionado y que hay responsabilidad cuando, por ejemplo, alguien acude al médico con un pequeño bulto en una muñeca y acaba con el brazo completamente paralizado desde el hombro a los dedos. “Como digo –continua nuestro interlocutor-, la introducción de este criterio en nuestro ordenamiento jurídico sería muy interesante para las personas que estén pensando en acudir a los tribunales por cuestiones de este tipo”.

Pero hay otras reformas legislativas que Aznar considera necesarias: “Es preciso que para estos casos se aplique la Ley de Consumidores y Usuarios y sea automático el hecho de que si se ha producido un daño se pague una indemnización, tal como ocurre cuando se es víctima, por ejemplo, de un accidente de tráfico, estableciendo –en aplicación de dicha ley- la responsabilidad objetiva por uso de servicios sanitarios”.

Y añade: “Los colegios de médicos no pueden tampoco seguir haciendo defensas numantinas de casos que son, sencillamente, indefendibles. Y menos cuando lo que les mueve es ahorrarse pagar un seguro”.

En todo caso, al igual que Carmen Flores, José Aznar apela a la necesidad de un cambio de mentalidad de la propia sociedad como elemento indispensable para que los médicos negligentes paguen por sus malas prácticas. “Es necesario -concluye-  denunciar a los médicos que comenten errores. Es la única forma de intentar evitar que vuelvan a cometerlos”.

 


 

TÉNGALO EN CUENTA SI VA A SER INGRESADO

Como prevenir es curar –y nunca mejor dicho- incluimos aquí una serie de recomendaciones que se pueden leer en la web de la Asociación (www.arbiol.com/ADEPA):

-Cuando llame a una ambulancia sepa que el tiempo máximo en llegar será de 20 minutos. Si al hacer la llamada se pierde el tiempo en preguntas inútiles -edad del paciente, si es de la Seguridad Social o no, etc.- o si le dicen que vuelva a llamar si empeora, cuelgue y llame a la policía u otro estamento oficial de su localidad. 
-Si es atendido por un servicio de urgencias (ambulancia, ambulatorio, hospital, etc.) solicite el informe correspondiente a la visita con el nombre y número de colegiado que le ha atendido, además de las pruebas y exámenes que se le han realizado y lo que le ha comunicado verbalmente el médico. Si tuviera que volver, no deje nunca el informe anterior. En todo caso dé una copia.
-Al ingresar solicite de su médico el diagnóstico, el pronóstico, posibles secuelas y el tratamiento al que va a ser sometido. No firme nada que no entienda. Pida una copia y asesórese primero.
-Si durante el ingreso el paciente empeora de forma brusca y tras reiteradas llamadas el médico no acudiera, no dude en acudir al Juzgado de Guardia. En caso de fallecimiento pida de éste la apertura de diligencias previa solicitud de la autopsia de oficio (a ser posible que no sea realizada por forenses del centro).
-Si se va a someter a una intervención y el médico le ofrece una nueva técnica, requiérale por escrito los beneficios de ésta y la experiencia que tiene en la misma. Se podría dar el caso de que tratara de aprender con usted. -Si después de una intervención pretenden darle de alta con demasiada prisa y tiene la sensación de no encontrarse en condiciones para abandonar el centro no acceda a esas exigencias: plántese allí y si alguien tiene que sacarlo que se encargue la policía.
-Si padece una enfermedad terminal y el médico trata de trasladarle sin su consentimiento o el de su familia deje constancia de su disconformidad por escrito delegando las responsabilidades que pudieran derivarse en la clínica u hospital.
-Si es acompañante debe recordar que no debe lavar al enfermo ni hacerle la cama pues es competencia del personal sanitario. Si el paciente ingresado es menor de edad no es obligatorio que el padre o la madre abandonen la habitación bajo ningún pretexto.
-Habitualmente en los hospitales y clínicas privadas, o no se da informe de alta o, si se da, es parecido a los entregados por los encuestadores. Rechácelos y exija un informe completo donde se recoja todo lo acontecido durante su estancia en el centro.

 


 

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA DEMANDANTES POR NEGLIGENCIA MÉDICA

Cuando se ha decidido a acudir a los tribunales, José Aznar -abogado colaborador de ADEPA- aconseja lo siguiente:

1) Recopilar todos los datos que nos aseguren que ha existido negligencia médica.                           

2) Recurrir a la vía penal en casos de fallecimiento o de lesiones graves –cuando se presuma que ha habido negligencia- porque es rápida, económica y porque puede lograr lo que el afectado, en justicia, pretende: la inhabilitación y/o cárcel para el médico. De hecho, la nueva Ley de lo Contencioso Administrativo –que entró en vigor el 14 de enero de 1999- obliga a las personas que hayan sido víctimas de una negligencia en un hospital público a seguir en esa jurisdicción los trámites para una indemnización cuando el servicio se presta en un hospital público. Esta vía -que se limita a la responsabilidad de la Administración y nunca del médico o personal sanitario- es lenta y ahora más cara por la nueva obligación de tener que tener procurador.

3) También se puede optar por la vía civil que puede resultar eficaz pero que es la vía más cara. También es cierto que los casos que se ganen no irán más allá de una compensación económica. En el caso de perderse la demanda por dicha vía, se suele condenar a costas y éstas (que son los gastos que genera el proceso: procuradores, abogados, desplazamientos, periciales, etc.) pueden ser astronómicas, más si se ha apelado (como es costumbre por la parte que defiende a los médicos) y aún todavía más si se llega al Constitucional.

4) Al interponer una denuncia debemos estar seguros de qué medico es el responsable directo del hecho. Es un error denunciar al equipo médico ya que esto entorpecerá la investigación y hará que se archive. Siempre se debe denunciar, junto con el médico, a la clínica, hospital o aseguradora ya que si el médico no responde aseguraremos de este modo que la sentencia se haga efectiva en caso de ganarse el juicio.

5) Para que el juez no pueda archivar nuestra denuncia, hemos de acompañar ésta con un estudio médico pericial apoyado en literatura médico-científica y protocolos de actuación.

6) Si durante el proceso comprobamos que el juez no se comporta de forma imparcial o entendemos que su sentencia es totalmente injusta, debemos interponer recurso de apelación o casación ante el órgano correspondiente.

 


 

¿CÓMO RECLAMAR? 

  • En la Seguridad Social

Cuando se trata de pequeños problemas organizativos como retrasos, mala atención verbal, etc., que no originan grandes perjuicios, el procedimiento es presentar una reclamación ante el órgano correspondiente. Hay que tener en cuenta que existen comunidades autónomas en las que las competencias en materia sanitaria están transferidas. Son Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía, Navarra, Galicia, Cataluña y País Vasco. Si vive en alguna de esas comunidades deberá acudir a los servicios autonómicos. En el resto del territorio español la atención sanitaria es competencia del INSALUD por lo que deberá acudir a sus delegaciones provinciales o comunitarias. De cualquier forma, deberá existir un libro de reclamaciones a disposición de los pacientes en donde hacer constar sus quejas. Si el paciente no está conforme con la contestación -que no debe tardar más de un mes- debe insistir en ella dirigiéndose a la Subdirección de Atención al Paciente del INSALUD donde deberán darle una copia sellada de su reclamación, copia que deberá usted guardar. Sepa también que en todos los hospitales españoles existe un servicio de Atención al paciente donde, además de facilitar información sobre los servicios generales, se tramitan las reclamaciones que se presentan. Si la respuesta no es satisfactoria puede acudir a la subdirección de Atención especializada del Ministerio de Sanidad y Consumo (Paseo del Prado, 18-20, 28014 MADRID)

  • En centros privados

Lo más conveniente es dirigirse –por escrito- al responsable del centro y al causante del daño. Si no queda satisfecho con la respuesta puede acudir a los servicios de su comunidad autónoma o interponer la acción judicial que corresponda (penal, civil o contenciosa)
 

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Noviembre 2002
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