Una española afectada por hipersensibilidad electromagnética decide suicidarse

Ángela Jaén Martín, española afectada de hipersensibilidad electromagnética, decidió suicidarse en noviembre pasado porque tras verse obligada a abandonar su casa debido a los altos niveles de radiación que emitía una antena de telefonía situada a solo 50 metros vio, desesperada e impotente, cómo era irradiada una y otra vez en las nuevas viviendas en las que buscaba refugiarse. La Asociación de Electrosensibles por el Derecho a la Salud –recién creada- ha decidido denunciar su caso como exponente del sufrimiento que hoy experimentan muchas personas afectadas que no encuentran apoyo ni sanitario ni institucional que permita acabar con los atentados de este tipo perpetrados impunemente por las compañías eléctricas y de telefonía sin que los grandes medios de comunicación se hagan eco de la auténtica gravedad del problema.

En Discovery DSALUD llevamos ya muchos años denunciando los graves daños que pueden causar las radiaciones electromagnéticas de los centros de transformación, las subestaciones eléctricas, las líneas de alta tensión y los dispositivos de comunicación radioeléctrica: antenas de telefonía, móviles, teléfonos inalámbricos, radares, Wi-Fi, Wimax, Bluetooth… Y una y otra vez hemos denunciado la hipocresía de los fabricantes y de las autoridades –nacionales e internacionales- que siguen ignorando el problema a pesar de que cientos de investigaciones advierten ya de sus imprevisibles consecuencias sanitarias y económicas. Es más, gran parte de la responsabilidad de la situación actual –al menos en España- recae en muchos jueces que no sólo se empeñan en dar la razón a las autoridades de manera lamentable –lea el artículo sobre las acciones efectuadas por la World Association for Cancer Research (WACR) que se publica en este mismo número- y de unos partidos políticos que tienen la desfachatez de votar en organismos y conferencias internacionales a favor de las propuestas que exigen revisar urgentemente las normas que regulan el sector de la electricidad y la telefonía por entenderse que están obsoletas mientras en España se niegan a adoptar esas mismas medidas que asumen fuera. Y todo ello con la complicidad de los grandes medios de comunicación que no quieren enfrentarse a uno de los pocos sectores que aún gasta en ellos importantes cantidades de dinero.

Todos ellos han hecho caso omiso de los cientos de personas que ya han acudido a médicos, autoridades y jueces a explicarles que en sus casos el límite de tolerancia se ha sobrepasado negándose así a asumir que la sociedad se enfrenta hoy a una nueva patología que puede convertirse en epidémica en poco tiempo si no se afronta rápida y radicalmente: la electrosensibilidad.

Hablamos de una patología sobre la que los “expertos” de las compañías y las autoridades se mofaron inicialmente y que en muy poco tiempo ha tenido que reconocerse ya como motivo de incapacidad laboral. Bautizada médicamente como Síndrome de Hipersensibilidad Electromagnética (EHS) se identifica por la aparición de muy diversos síntomas fisiológicos y sensaciones -generalmente dolorosas- que aparecen cuando la persona afectada se expone a la radiación electromagnética. Una reacción del organismo que éste acusa ya bruscamente –de forma similar a lo que sucede en el caso de las alergias- cuando la persona ha estado expuesta largo tiempo a altos niveles de radiación.

El alcance del problema empieza a ser ya tal que se calcula que en el mundo ¡un 10% de la población! es electrosensible -aunque en diferentes grados de afectación- si bien solo un 3% es consciente no achacando los demás sus problemas de salud a ello. Algunos, en cambio, sí son conscientes del problema y lo denuncian… pero no consiguen nada.

Tal fue el caso de Ángela Jaén Martín, española que durante cuatro años sufrió la fase aguda de la hipersensibilidad electromagnética hasta que, cansada de sufrir y de ser una “carga” para su familia, decidió a finales del pasado año 2012 a sus 65 años ¡quitarse la vida! Una muerte indignante que ha servido al menos para llamar la atención sobre este grave problema -que como ella padecen muchos otros españoles- y para acelerar los trabajos de la recién constituida Asociación de Electrosensibles por el Derecho a la Salud.

Lo singular es que su pesadilla empezó en marzo de 2008 ¡con un simple cambio de móvil! Ella misma contaría que al estrenarlo sintió que los oídos y la garganta le abrasaban. En el servicio de Urgencias no pudieron ayudarla pero tras dejar de utilizar el móvil y encontrarse bien empezó a olvidarse de lo ocurrido. Sin embargo algo en su interior había cambiado porque empezó a ser cada vez más sensible a las emisiones del entorno. En 2011 utilizaba móvil pero al cambiarlo por otro nuevo la historia se repitió sintiendo rápidamente una sensación de quemazón en los oídos y la garganta. Y a partir de ese momento su estado de salud empezó a empeorar día a día. “No supimos a qué podía deberse –nos contaría su hijo Ángelhasta que un día llegamos a un parque y volvió a sentir la quemazón intensa en los oídos justo en el instante en el que se puso a su lado una persona que hablaba por un móvil. Según nos explicaría era como si le clavaran agujas de tejer en los oídos, como calambrazos eléctricos”. Y ahí empezó el caos para toda la familia.

Informados del problema de las radiaciones electromagnéticas pronto se percatarían todos de que la hipersensibilidad de Ángela podía tener que ver con la antena de telefonía que había situada a unos 50 metros de su casa –la familia vivía en Pinto (Madrid)- desde hacía once años. Ángela decidiría constatarlo dejando su piso y yéndose a vivir a casa de su hijo; comprobaría así en poco tiempo que mejoraba y desaparecían muchos de los síntomas que le habían atribuido “a la edad”: insomnio, estrés, dolores lumbares, artrosis, sangrado de nariz… Sin embargo en verano la familia se iría a un pequeño apartamento en Calpe y allí la vida volvería a resultarles insoportable -llegaron a dormir en un garaje- porque les era imposible salir a la calle. Y es que en pleno mes de julio y en zona de playa no les fue posible evitar tantos teléfonos móviles operando a la vez ni los Wi-Fi de los establecimientos.

Terminado el verano Ángela y su marido se trasladarían -en septiembre de 2011- a vivir a la casa que unos amigos de su hijo tenían en la madrileña localidad de Lozoyuela. “Sin embargo nada más llegar y subir a la planta de arriba –nos explicaría su hijo- nos dijo que sentía de nuevo la sensación de quemazón intensa. Medí entonces el nivel de radiación y constaté que en la última habitación ésta era altísima. Luego sabríamos que procedía de un repetidor Wi-Fi que estaba en la casa de enfrente. Mi madre era un auténtico detector de radiaciones. Nos los demostró muchísimas veces”.

En pocas palabras: Ángela se había convertido en un detector humano. Sabía dónde y cuándo había funcionando un dispositivo emisor de radiaciones electromagnéticas. El caso es que en Lozoyuela permaneció todo el mes sin salir prácticamente de la cocina -donde no había radiación- y de una habitación pequeñita en la que las emisiones eran mínimas. En noviembre, hartos de la situación y tras un nuevo intento fallido de vivir en Calpe, la familia se trasladaría a Tembleque –en la provincia de Toledo-, a una casa antigua, fría y apenas habilitada para vivir pero con menos radiaciones donde todos los síntomas que padecía menguarían aunque sin desaparecer del todo las sensaciones de quemazón en garganta y oídos. Solo que su vida se vio reducida ¡a pasear por una única calle! Desesperada por el tipo de vida que llevaba Ángela intentaría en diciembre de 2011 quitarse la vida ingiriendo pastillas. No lo conseguiría. Y a partir de ese momento su sufrimiento se agudizaría porque no solo nadie le aportaba soluciones sino que encima los médicos, incrédulos ante lo que se les decía, inferirían -en su ignorancia- que Ángela tenía que estar “loca”; así que su “ayuda profesional” consistió en ¡recetarle psicofármacos!

Algún tiempo después, una vez recuperada Ángela y harta la familia de tan largo e inútil peregrinar, decidirían contratar un equipo de profesionales que aislara de radiaciones electromagnéticas el piso de Pinto con pinturas y telas especiales. No fue suficiente; al segundo día de estar en él Ángela volvería a sentir con intensidad la quemazón y a tener además temblores en manos y pies, dolores de cabeza, ansiedad, nerviosismo e insomnio.

Atónita y desesperada la familia decidiría entonces trasladarse a un chalet en San Martín de la Vega donde una semana después Ángela intentaría suicidarse por segunda vez ingiriendo pastillas. Tampoco lo conseguiría y el 16 de marzo de 2012 sería ingresada en el Hospital Psiquiátrico de San Juan de Dios –sito en la madrileña localidad de Ciempozuelos- donde permanecería tres semanas. “En ese hospital –nos diría su hijo Ángel- la doctora que se encargaría de ella decidió tratarla como a una psicótica y, en un acto que la define como profesional y como persona, se permitió diagnosticarnos también a todos los miembros de la familia como ‘psicóticos’”.

Una vez fuera del hospital todo seguiría igual pero con Ángela tomando cada vez más fármacos y pasando unas semanas peor que otras. Hasta que un cirujano colombiano afectado de electrosensibilidad, Carlos Sosa, recomendaría a Ángela que se extrajera los implantes y amalgamas de la boca ya que según le explicaría –y no es el único en afirmarlo como veremos más adelante- ¡funcionan como antenas receptoras! “Así lo hicimos –proseguiría su relato Ángel-. Mi madre tenía cinco implantes y amalgamas metálicas y cada vez que se quitaba una su sintomatología cambiaba., entendemos que porque debían de estar causando interferencias con el sistema nervioso. De hecho cuando le quedaban sólo dos había acudido al consultorio con una especie de ciática dolorosísima que la había tenido en cama cinco días y al quitarle los implantes ¡le desapareció la quemazón en los oídos y la garganta así como el dolor que la inmovilizaba! Mejoró tanto que durante mes y medio los móviles y los Wi-Fi le producían molestias pero soportables. Hasta que un día comenzó a sentir de nuevo la abrasión en la garganta y en los oídos impidiéndola incluso dormir. Medimos entonces nuevamente las radiaciones de la casa y descubrimos que donde antes no había nada ¡allí estaban de nuevo! ¿La razón? Descubriríamos que un vecino acababa de comprarse ¡un smartphone! Esa fue la razón por la que mi madre empeoró. Y aquello hizo que volviera a sensibilizarse como nunca antes”.

Pronto comprobaría Ángela que su organismo era cada vez más sensible. Lo prueba que empezaría a padecer también hipersensibilidad química, algo que descubriría al visitar una casa en la que había un fuerte olor a compuestos químicos siéndole imposible soportar ya cualquier olor no natural (suavizantes, detergentes, colonias, desodorantes, jabones, etc). A partir de aquel momento su aislamiento fue total. Nadie podía acercársele. Y Ángela decidió terminar con todo y quitarse la vida. Esa vez con éxito.

Su familia –al igual que otros muchos pacientes electrosensibles y con Sensibilidad Química Múltiple-denuncia hoy indignada –con toda razón- que Ángela jamás encontró apoyo ni soluciones. Ni en los médicos ni en nuestros representantes políticos. Los primeros se negaron a creer que los síntomas que describía fueran reales limitándose a sonreír con suficiencia –la que caracteriza a todos los ignorantes impregnados de soberbia- cuando Ángela les aseguraba que podía detectar si cerca había un Wi-Fi encendido. Y encima su “ayuda” consistía en atiborrarla de pastillas, especialmente tras sus intentos de suicidio. Lo que no hizo sino agravar su situación y sus síntomas. “Hay pocas enfermedades –nos diría su hijo Ángel- que minen tanto a nivel personal, familiar, social y económico. La electrosensibilidad te deja sin ropa y sin dientes y cuando buscas ayuda te contestan que estás loco, que te estás inventando los síntomas. Niegan hasta que estés realmente sufriendo. Así lo hicieron los psiquiatras que trataron a mi madre. Cuando si todos los que la trataron la hubieran creído y hubieran prescindido de tanta medicación las cosas quizás hubieran sido de otra manera. Porque la desesperación de mi madre era doble: sufría por su enfermedad y porque los médicos, al negar que así fuera, le quitaban la esperanza de poder superar su problema. Además al darle tantas pastillas inútiles de graves y conocidos efectos secundarios lo que hicieron fue empeorar su estado. Porque a la quemazón de garganta y oídos se unieron luego temblores en manos y pies, nerviosismo exacerbado, dificultad para dormir, dolores de cabeza, sequedad extrema en boca -no salivaba-, hipotiroidismo, pérdida de memoria y concentración -hasta olvidó cómo escribir y casi no podía ni leer-… ¡Y todo eso surgió a partir de la medicación!”

NEGACIONISMO OFICIAL

De más está decir que no existe “consenso científico” sobre las causas de la electrosensibilidad; ni sobre su tratamiento. Algo que propició el sospechoso –por no decir ruin- posicionamiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que aún reconociendo la existencia de la hipersensibilidad electromagnética ¡se negó a asociarla con las radiaciones electromagnéticas! Basta leer lo que dice el comunicado emitido por la OMS en 2005 con el título Hipersensibilidad electromagnética en el que da a conocer su postura: “La EHS –siglas en inglés de hipersensibilidad electromagnética- se caracteriza por una variedad de síntomas no específicos que difieren de una persona a otra. Los síntomas son ciertamente reales y pueden variar ampliamente en su gravedad. Y cualquiera que sea su causa la EHS puede ser un problema incapacitante para el individuo afectado. La EHS no tiene criterios claros de diagnóstico y no hay ninguna base científica para relacionar los síntomas de la EHS con la exposición a las radiaciones electromagnéticas(la negrita y los subrayados son nuestros). ¡Inconcebible!

Aunque lo peor es que la OMS recomienda además a los médicos que se centren en el tratamiento de los síntomas y no en la necesidad de reducir o eliminar las radiaciones electromagnéticas del entorno del paciente aconsejándoles además “una evaluación para identificar condiciones alternativas psiquiátrico / psicológicas que puedan ser las responsables”. Una sugerencia vergonzosa que acabó haciendo que los médicos optaran por tratar a las personas con electrosensibilidad como si se tratara de “dementes”. El resultado es que desde entonces los afectados se encuentran inermes y desatendidos por culpa de la cada vez más sospechosa OMS.

Afortunadamente hay ya muchos médicos en el mundo que, alarmados por tantos casos y evidencias, empiezan a reaccionar. Siendo probablemente quien más lejos ha llegado el Colegio de Médicos de Austria que ha elaborado una guía con recomendaciones específicas para que sus colegiados sepan cómo actuar cuando les lleguen personas afectas de electrosensibilidad. Y lo primero que sugiere es aconsejarles desconectar y alejarse lo más posible de todo dispositivo emisor de radiaciones electromagnéticas llegándoles incluso a recomendar apagar el fusible que controla la corriente eléctrica del dormitorio mientras duermen. Los médicos austriacos tienen tan claro que la OMS no tiene razón que apuestan por un tratamiento que tenga en cuenta la situación ambiental del paciente. “El principal método de tratamiento –dice el documento austriaco- debe consistir en la prevención o reducción de la exposición a radiaciones electromagnéticas procurando reducir o eliminar cuando sea posible todas las fuentes de EMF (siglas en inglés de “campos eléctricos y magnéticos”). Hay muchos ejemplos que demuestran que la medida puede ser eficaz. Ahora bien, como no siempre es posible lograr una reducción suficiente de EMF hay que valorar la adopción de otras medidas. Lo que incluye no ya mantener la exposición al mínimo sino mejorar la resistencia a las radiaciones pues se cuenta con información sobre los efectos positivos de algunos tratamientos de la medicina holística (…); como las terapias antioxidantes y antinitrosativas o la ingesta de elementos traza, vitaminas y aminoácidos”.

Es más, el Parlamento Europeo, tras analizar el problema en 2009, terminaría declarando: “Se recomienda a los estados miembros que sigan el ejemplo de Suecia y reconozcan como discapacitados a quienes sufren de electrohipersensibilidad a fin de otorgarles, en igualdad de condiciones, la adecuada protección”. Y es que en Suecia la electrohipersensibilidad está ya considerada un impedimento físico y reconocida como discapacidad funcional por lo que se concede a quienes la padecen protección adecuada tanto a nivel físico frente a las ondas como a nivel social y económico. Algunos hospitales suecos ofrecen incluso habitaciones con baja exposición a las radiaciones electromagnéticas.

Cabe añadir que en 2011 la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó un informe sobre las radiaciones no ionizantes en el que también se reconoce la existencia como patología de la hipersensibilidad electromagnética diciendo: “Se recomienda prestar especial atención –puede leerse en el apartado 8.1.4- a las personas electrosensibles que sufren intolerancia a las radiaciones electromagnéticas y establecer medidas especiales para su protección, incluida la creación de zonas libres de ondas, no cubiertas por conexiones inalámbricas”. Recomendación a la que en España, por supuesto, se ha hecho caso omiso.

UN ONCÓLOGO COMPROMETIDO

Y eso que son ya muchos los estudios e investigadores que confirman la gravedad del problema de la electrosensibilidad. Destacando entre ellos los trabajos del equipo del Dr. Dominique Belpomme -profesor de Oncología en la Universidad París-Descartes y presidente de la Asociación Francesa para la Investigación Terapéutica en Cáncer (ARTAC)- que estudia desde mayo de 2008 lo que ha denominado Síndrome de Intolerancia electromagnética (SICEM). “Tengo 450 pacientes –asevera- y veo unos 20 casos nuevos cada semana, incluyendo niños que sufren dolores de cabeza y problemas de memoria, concentración o lenguaje. Tenemos el mayor número de pacientes electrosensibles de Europa. Estamos pues ante un importante problema de salud pública”.

En su trabajo Le syndrome d’intolérance aux champs électromagnétiques (El síndrome de intolerancia a los campos electromagnéticos) Belpomme comienza confirmando que realmente estamos ante una enfermedad. “Contrariamente a lo que se dice –explica en su informe- criterios objetivos de diagnóstico permiten afirmar que estamos en presencia de un trastorno somático y que, contrariamente a lo que sostienen sin pruebas algunos médicos y científicos estrechamente relacionados con las operadoras de telefonía, los enfermos ni simulan ni son enfermos mentales. La respuesta, definitivamente, es que sí, que se trata de una enfermedad real porque hemos sido capaces de demostrar la existencia en ellos -mediante eco dopplers cerebrales (o encéfalo-escáneres)- una abertura en la barrera hematoencefálica y la existencia de hipoperfusión cerebrovascular así como un aumento en sangre de diferentes biomarcadores del estrés o de daño cerebral (proteínas de choque térmico HSP70 y HSP27, proteína O-mielina y S100B) así como otros trastornos biológicos -detectados en la orina- como un aumento de la histamina circulante y un descenso de la melatonina. Perturbaciones que permiten reconocer objetivamente el daño”.

Belpomme no tiene pues ya la más mínima duda de que son las radiaciones electromagnéticas las que causan los daños. Por muy diversas razones; entre ellas porque la situación de los enfermos mejora en ausencia de radiaciones electromagnéticas, porque el estudio fisiopatológico realizado lo demuestra y porque experiencias con animales y personas permiten reproducir los síntomas. Incluso ha tratado de explicar por qué con el tiempo los afectados se vuelven cada vez más sensibles, incluso a las radiaciones de menor intensidad electromagnética.

El oncólogo francés, al explicar por qué algunos pacientes son más sensibles que otros, realiza además por cierto una llamativa advertencia respecto al peligro del mercurio de las amalgamas -que en cierta medida avala lo que venimos manteniendo en esta revista desde su aparición y lo que el cirujano Carlos Sosa explicó a Ángela sobre sus implantes y empastes- aseverando que los efectos negativos de las radiaciones pueden ser potenciados por metales pesados como el mercurio, el hierro y el plomo. “Es necesario -dice por tanto- quitar a los enfermos cualquier tipo de gafas metálicas y todas las amalgamas dentales ya que están hechas con mercurio. Es más, en caso de envenenamiento por mercurio, por mínimo que sea, hay que plantearse una cura de desintoxicación. Ello no obsta para que sea posible que influya además alguna sensibilidad genética relacionada con un polimorfismo interindividual dada la existencia de episodios familiares. Nuestra investigación en este ámbito está en marcha porque asimismo inferimos que hay un gran número de magnetosomas en el cerebro y las meninges de los enfermos electrosensibles” (los magnetosomas son cristales de magnetita que producen algunas bacterias gram-negativas).

Belpomme, por último, confirma que hay conexión entre electrosensibilidad y sensibilidad química múltiple ya que según su investigación el mecanismo que da lugar a la apertura de la barrera hematoencefálica es el mismo en el caso de la intolerancia a las radiaciones electromagnéticas que en la sensibilidad química múltiple. Conexión que, como hemos visto, corrobora el caso de Ángela.

El oncólogo francés concluye por todo ello con un claro aviso: “El riesgo de progresión del Síndrome de Intolerancia Electromagnética está relacionado con la posible aparición de trastornos neurológicos y enfermedades degenerativas en adultos, especialmente demencias tipo alzheimer y, en el caso de los niños, psicosis infantil. Es aquí donde se encuentra la gravedad potencial de las perturbaciones de origen ambiental”. 

LA ELECTROSENSIBILIDAD EN ESPAÑA

Bueno, pues de todo esto hemos hablado con Minerva Palomar que fue la primera española a la que la Justicia reconoció no sólo su condición de electrosensible sino también la de afectada por sensibilidad química múltiple, fibromialgia y síndrome de fatiga crónica. Y que además se considera “mercuriada” -intoxicada por mercurio y posteriormente por otros tóxicos como insecticidas y productos de limpieza- estando convencida de que en los cinco empastes que le pusieron a los 15 años está buena parte de la causa del inicio de calvario particular. De ahí que hoy, junto a Ángel Martín -el hijo de Ángela, que ha dado un paso al frente como tributo a su madre-, haya decidido poner en marcha la Asociación de Electrosensibles por el Derecho a la Salud –cuyo correo de contacto es electrosensiblesderechosalud@gmail.com- a fin es denunciar públicamente la situación de las personas afectadas de electrosensibilidad.

-Díganos, Minerva, ¿cuál es el actual panorama de la electrosensibilidad en España?

-En nuestro país hay muchísimas personas que padecen un sinfín de problemas de salud para los que los médicos no encuentran respuesta y a los que ni siquiera pueden poner nombre; con síntomas que a menudo remiten cuando cesa la exposición a las radiaciones o uno se aleja de la fuente emisora, algo por cierto prácticamente imposible de conseguir dados los altos niveles actuales de contaminación electromagnética. Hablamos de personas desesperadas, muchas de las cuales llegan a perder su trabajo por ello. Siendo numerosas las que no cuentan con recursos económicos para pagarse los tratamientos adecuados porque son privados y económicamente inaccesibles. Aunque lo más duro es que cuando tienen acceso a los médicos éstos no les creen; claro que tampoco les creen muchos de sus familiares y allegados. Así que muchas parejas se terminan separando y hasta hay hijos que abandonan a sus padres enfermos. Y todo porque no entienden -o no quieren entender- el problema. La situación es tan dramática que entiendo que haya momentos de flaqueza importantes siendo corriente escuchar decir a muchos “Así no puedo seguir“. Cuando Ángela se suicidó hubo personas afectadas que me llamaron para decirme “¡Qué valiente!” Y es que muchos dicen que no hacen lo mismo sólo porque les falta valor.

-¿Y cuál es la situación fuera de nuestro país?

-Hay médicos fuera de España que consideran ya que la electrosensibilidad sería otra manifestación del grupo de enfermedades de la fibromialgia, la fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple, es decir, de las generadas por factores medioambientales de tipo tóxico que alteran el organismo a nivel sistémico o global -afectando pues a todos los sistemas: nervioso, endocrino, inmunitario…- que hay que tratar de forma holística y no agresiva. En Suecia ya está reconocida como causa de incapacidad laboral. Y hay médicos que ya denuncian la situación, como los austríacos, que han habilitado protocolos para que sus colegiados sepan tratar a esos pacientes. Protocolos que aquí se ignoran. ¿Cuál es el principal problema de un electrosensible en España y muchos otros países? Que si le dicen a su médico que cuando pasan por delante de una antena casi se desmayan y que ante un simple emisor Wi-Fi se marean y empiezan a ver borroso pero que cuando el mismo se apaga se recuperan… ¡le tratarán como a una persona paranoide, obsesiva o psicótica! Y su primera reacción será la de recetarles fármacos psicoactivos que les van a empeorar gravemente porque su sistema nervioso, debido a la apertura de la barrera hematoencefálica, está muy afectado.

-¿Cuáles son los primeros síntomas que sufre una persona que termina siendo electrosensible?

-Dolores de cabeza recurrentes, cansancio crónico, taquicardias, mareos, confusión mental, dificultad de concentración, ansiedad, nerviosismo injustificado, insomnio, hiperactividad… Así que aconsejaría a toda persona que padezca fibromialgia, fatiga crónica o sensibilidad química múltiple que reduzca al máximo su exposición a la contaminación electromagnética. Muchos enfermos con esas patologías mejoran minimizando la exposición. Y asimismo deben ser especialmente cuidadosas con las radiaciones electromagnéticas las personas con depresiones endógenas y las que sufran ansiedad, nerviosismo, irritabilidad… Porque muchas creen que se debe al estrés -familiar o laboral- pero resulta que cuando reducen la exposición a las radiaciones ¡mejoran! Hay ya hasta investigaciones que relacionan la electrosensibilidad con la diabetes tipo 2.

-¿Y cómo deberían presentarse ante los médicos las personas con esos síntomas? Porque están pésimamente informados de esta dramática realidad…

-Desgraciadamente la mayoría va a tener que enfrentarse a la incomprensión e ignorancia general que hay sobre este problema. Así que les aconsejaría que antes de acudir a ellos busquen información bien seleccionada sobre este tema e intenten que los médicos a los que acudan la lean. Pueden encontrarla en la web de Discovery DSALUDwww.dsalud.com– pero también en la de la Plataforma Contra la Contaminación Electromagnética:  www.peccem.org. Conseguirán que al menos no se les trate como a dementes. Y, por supuesto, que indaguen a qué fuentes de radiación electromagnética están sometidos porque a menudo éstas proceden de fuera de sus oficinas y viviendas. Buscando luego cómo evitarlas.

UN TRATAMIENTO HOLÍSTICO

-¿Y qué tipo de tratamiento sugiere vuestra asociación para los afectados?

-Los que ya se aplican en los demás problemas de salud ambiental. En primer lugar, reducir al mínimo la exposición a las radiaciones electromagnéticas siguiendo las recomendaciones sobre los niveles de exposición del protocolo médico del colegio de médicos austriaco. Y, en segundo lugar, buscar ayuda de profesionales de la salud que puedan ayudar a reequilibrar lo alterado. Lo ideal sería definir y detectar el daño y el estado de la persona con técnicas no invasivas porque una buena parte de los afectados tiene sensibilidad química múltiple o está afectada por tóxicos. Después realizar un tratamiento integral de desintoxicación y asegurarse de que no hay déficit de vitaminas, minerales, aminoácidos, enzimas y demás micronutrientes; y, en tercer lugar, evitar ser irradiados electromagnéticamente. Esto es lo que están realizando en las pocas clínicas especializadas en salud ambiental que hay en el mundo; tienen resultados limitados -parte de los daños parecen irreversibles- pero suficientes.

Los gobiernos no quieren admitir lo que está sucediendo, alertar a la población de ello y tomar medidas legales pero van a tener que hacerlo antes o después porque ninguna sociedad va a poder aguantar el enorme coste económico que implica la gran cantidad de personas enfermas y bajas laborales que el problema va a conllevar.

Algunos investigadores afirman de hecho que si no se hace algo pronto en pocos años el 40% de la población será víctima de las radiaciones electromagnéticas. Se puede pues llegar a una situación insostenible a nivel sanitario y económico. En todo el mundo.

-¿Hay límites claros de exposición que marquen el inicio de la electrosensibilidad?

-Para cualquiera de las personas con alguna de las enfermedades que antes hemos mencionado –electrosensibilidad, fibromialgia, fatiga crónica, sensibilidad química múltiple…- 0’6 voltios/metro -que oficialmente se considera tolerable- es ya una barbaridad; el enfermo se siente morir. De hecho me pasa a mí. Y Ángela no podía aguantar ni siquiera los 0’02, cifra a la que se consiguió reducir la altísima de 6 voltios/metro a la que estuvo sometida mucho tiempo. El problema es que no se sabe a ciencia cierta si hay ya un límite “tolerable”, al menos en el caso de quienes somos electrosensibles. Sé de casos graves en los que no se tolera ni un 0’001.

¿Qué pretendéis conseguir desde la asociación?

-Ante todo que los médicos y las autoridades se enteren de lo que está pasando, reaccionen de una vez y atiendan a tantas personas que hay ya en nuestro país en situación desesperada. Porque el de Ángela es solo uno entre muchos y a raíz de su suicidio algunos están saliendo a la luz pública suplicando porque ya no aguantan más. Personas que pierden sus trabajos o que van a trabajar y se mueren de dolor o quemazón. Muchas tomando todo tipo de medicación sin resultado alguno y, en el peor de los casos, con un empeoramiento a consecuencia de los efectos secundarios. Y es que hoy es casi imposible vivir en una casa o trabajar en un lugar que esté libre de radiaciones electromagnéticas. Porque quien opta por evitarlo se encuentra con que le irradian con antenas de telefonía, móviles, teléfonos inalámbricos, radares, Wi-Fi, Wimax, Bluetooth sus vecinos, los comercios, el ayuntamiento, las escuelas, la universidad, los transportes… Están obligando a la gente a tener que aislar electromagnéticamente sus viviendas y lugares de trabajo solo para sobrevivir o huir a sitios muy aislados. Solo que incluso en éstos si salen a la calle pueden  encontrarse con el mismo problema. Porque hasta los parques están llenos de antenas y sistemas Wi-Fi. Es terrorífico. Necesitamos que se empiecen a tomar medidas ¡ya! Una de las más urgentes es habilitar un espacio donde la gente en situación desesperada pueda irse mañana mismo a recuperarse, una zona sin contaminación electromagnética y química. Y, por supuesto, exigimos el control y reducción de los niveles de radiación a los que hoy estamos todos expuestos de forma inconsciente. Hay que cambiar la legislación con urgencia. En Francia por ejemplo ya han empezado a desmontar el Wi-Fi de bibliotecas y edificios públicos. Y han puesto en marcha en 16 ciudades, como proyecto piloto, una radiación máxima permitida en el exterior de 0,1 µw/cm2 (0,6v/m). En Australia (Nueva Gales del Sur) tienen de hecho como límite máximo 0,001 µw/cmmientras aquí en España estamos en niveles del orden de ¡entre diez mil y un millón de veces más!

-Pues si la situación es ya grave en la calle, la casa y el trabajo es de suponer que en las clínicas, hospitales y centros de salud el problema se agudiza porque en ellos hay muchas personas con las defensas bajas y también están operativos esos dispositivos inalámbricos…

-En efecto. Mire, en el Hospital 12 de Octubre de Madrid debe haber unos trescientos dispositivos, cálculo que hice tras dos recientes ingresos de mi padre en él. Para poder visitarle tuve que entrar totalmente enfundada en un traje de tela especial, estar unos minutos y bajar a la calle. ¡Pero si en Urgencias hay routers hasta encima de las camas de los enfermos! Hay que denunciar todo esto porque infiero que pasa ya en casi todos los hospitales; al menos en los públicos. Antes, cuando entraba en uno, me sentía pronto fatal pero lo achacaba a los productos químicos; hoy creo que puede ser por eso… y por las radiaciones.

-Y lo peor es que estamos poniendo en riesgo la salud de nuestros hijos desde muy pequeños…

-En efecto. Porque hay aparatos emisores de radiaciones hasta en las escuelas infantiles y colegios; es el caso de los Wi-Fi impuestos por el Plan Escuela 2.0 ¡cuando la conexión a Internet se puede hacer perfectamente por cable! En algunos países europeos ya se ha prohibido el uso del móvil a los más pequeños. Además hay otros muchos aparatos que les irradian de los que apenas se habla pero que son igualmente peligrosos: los vigila-bebés, los modernos contadores de la luz, los televisores, algunas bombillas, la Wii, la Playstation 3… Piénsese que cuando operan en función inalámbrica es como tener una antena de telefonía móvil dentro de casa. De hecho en los propios manuales de instrucción de esos aparatos se alerta de los posibles riesgos de su uso pero nadie los lee. Y es que la sociedad está en general muy mal informada de este tema.

-Por cierto ¿es verdad que uno de sus próximos objetivos es denunciar la próxima Ley General de Telecomunicaciones?

-Sí. Porque en ella básicamente se eliminan los pocos requisitos de control que hay en la actual dejando vía libre a las operadoras de telefonía móvil. Siendo muy grave sobre todo el intento de introducir un artículo por el que a petición de las operadoras se podrían expropiar azoteas y terrenos privados para la instalación de antenas de telefonía móvil siempre que la Administración lo considere necesario. De aprobarse se atentaría contra un derecho tan primario como la propiedad privada dejándonos al tiempo indefensos para defender la salud ante semejante agresión. Si se cumplen los deseos de las compañías a partir de la entrada en vigor de la ley podrán acudir a tu vivienda e instalar en contra de tu voluntad algo que puede enfermarte hasta matarte. En suma, es necesario abrir de forma urgente un debate serio sobre esta problemática.

Antonio F. Muro
Recuadro:


Recomendaciones del Colegio de Médicos de Austria

El Colegio Oficial de Médicos de Austria editó una Guía para el diagnóstico y tratamiento de los problemas de salud relacionados con las radiaciones electromagnéticas y la enfermedad que provocan: la electrosensibilidad que en el apartado titulado Prevención o reducción de la exposición a las radiaciones electromagnéticas recoge el llamado Documento de Consenso del Grupo de Trabajo de la Asociación Médica Austríaca en el que se sugiere hacer lo siguiente a los afectados por el problema:

Evitar o reducir la exposición a las radiaciones electromagnéticas. Para ello hay que consultar a un ingeniero especializado en mediciones a fin de:

a) prevenir y/o minimizar los riesgos para las personas y la salud pública.

b) tratar las causas que dan lugar al síndrome.

c) ayudar a identificar todo posible vínculo con este problema de salud. Existen numerosas causas potenciales de exposición a las radiaciones electromagnéticas por encima de los límites normales y esta orientación sólo pretende aportar algunos ejemplos pero dados los casos documentados debe recomendarse a los pacientes que tomen medidas –incluso preventivas- para que reduzcan o eliminen la exposición a las radiaciones electromagnéticas ya que pueden dar lugar a problemas de salud en cuestión de días o semanas. Medidas que incluyen las siguientes recomendaciones:

-desconectar la fuente de alimentación de todos los teléfonos inalámbricos DECT; se recomienda en su lugar el uso de teléfonos “clásicos” de cordón.

-desconectar la fuente de alimentación de todos los routers WLAN. (Nota: Muchos routers LAN ahora vienen equipados con adicional WLAN).

-desconectar la fuente de alimentación de electricidad del dormitorio (desconectando el interruptor o quitando el fusible) mientras se duerme; como los beneficios deben tener en cuenta el riesgo potencial de accidentes se recomienda tener en él linternas.

-desconectar la fuente de alimentación de todos los circuitos eléctricos no esenciales; en el piso entero o incluso en el edificio.

-trasladar la cama o el escritorio en caso de fuentes externas de alta frecuencia a un lugar diferente con menor exposición; bien a otra habitación o a otro piso. Se debe estar lo más alejado posible de la fuente.
-no usar de manera constante aparatos y lámparas que emitan radiaciones.

-montar la instalación eléctrica del edificio de forma que se reduzcan la corriente residual y la corriente de compensación.

El Colegio Oficial de Médicos de Austria recomienda asimismo seguir las 10 reglas médicas para el uso de teléfonos móviles que tiene publicadas en www2.aekwien.at/media/Plakat_Handy.pdf.

 

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158
Marzo 2013
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