La contaminación electromagnética va a agravarse enormemente con la tecnología 5G

No hemos aún aprovechado las posibilidades de la cuarta generación de tecnologías de telefonía móvil (4G) y ya está a punto la quinta (5G) prometiendo poder conectarnos en nuestros hogares, escuelas, lugares de trabajo, ciudades, parques y espacios abiertos con más de mil millones de aparatos. Se asegura que admitirá a 100.000 millones de dispositivos y será entre diez y cien veces más rápida que la 4G. Algo deslumbrante para muchos; tanto que la industria aprovechará de nuevo para que nadie se pregunte si puede provocar problemas de salud. Sin embargo va a dar lugar a una enorme proliferación de pequeñas estaciones que se colocarán por todas partes pudiendo provocar al menos serios daños en piel, ojos, corazón y sistema inmune. La actual contaminación electromagnética es preocupante pero la que se avecina puede ser terrorífica.

A la gran mayoría de consumidores de telefonía móvil y wifi pasar de la tecnología 3G a la 4G les pareció excelente porque mejoró su velocidad de transmisión y descarga de datos pero nadie les explicó que eso podía tener un coste importante en salud. Y resulta que ahora, sin apenas aprovecharla, llega la 5G, bautizada como el Internet de las Cosas (Internet of Things) porque la velocidad de comunicación entre dispositivos electrónicos pasa de cincuenta milisegundos a uno. Es decir, será mucho más rápida. Para lo cual va a utilizar el ancho de banda sin explotar de las ondas milimétricas de frecuencia extremadamente alta (MMW) que van de 30 a 300 GHz además de algunas frecuencias medias (las que van de 3.7 a 24 GHz) y bajas (de 0.6 a 3.7 GHz). Tecnología que promete conectarnos casi instantáneamente con todo tipo de aparatos en viviendas, colegios, lugares de trabajo y espacios abiertos posibilitando cosas como que el automóvil conduzca sin conductor, que la propia nevera encargue la compra directamente al supermercado o que puedan efectuarse complejas intervenciones quirúrgicas sin intervención humana. Algo que en España quiere implantarse de inmediato para ser referente internacional según el Ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital Álvaro Nadal quien ya ha anunciado un paquete de medidas para lograrlo. De hecho está casi a punto la licitación de las bandas de frecuencia de 1,5, 3’6 y 3’8 GHz. Siendo tres los principales argumentos con los que el propio ministerio y la industria de las telecomunicaciones justifican la rápida aprobación de los cambios legislativos que pudieran impedir su expansión:

1) Aumentará la velocidad de transmisión entre dispositivos. Se afirma que la 5G será hasta 100 veces más rápida que la 4G y admitirá cien veces más dispositivos.

2) Aumentará la inversión y el empleo. De hecho las compañías inalámbricas estadounidenses afirman estar dispuestas a invertir allí 275.000 millones de dólares en la construcción de redes inalámbricas para la tecnología 5G lo que según dicen podría crear 3 millones de empleos y hacer crecer la economía en más de 500.000 millones de dólares. El Gobierno español, por su parte, estima que solo su introducción en la automoción, la salud, el transporte y los servicios públicos tendría un impacto económico de hasta 14.600 millones de euros en siete años y se crearían miles de puestos de trabajo.

3) El impacto estético y ambiental será menor. Se argumenta que la tecnología 5G no precisa de grandes y aparatosas torres de telefonía y que sus antenas de células pequeñas tendrán por ello un menor impacto estético y ambiental.

Tal es el idílico cuadro que la industria y las autoridades presentan. De los potenciales problemas y riesgos -que los hay- ni una palabra. Sin embargo las ondas milimétricas de frecuencia extremadamente alta (MMW) solo se transmiten a cortas distancias ya que no atraviesan bien los edificios y tienden a ser absorbidas por la lluvia y las plantas provocando interferencias. Y eso obliga a instalar muchísimas más antenas inalámbricas de pequeño tamaño que estén cerca unas de otras. Así que ya podemos prepararnos para verlas instaladas cada pocos metros en terrazas, farolas, postes eléctricos y otros elementos del mobiliario urbano con lo que la posibilidad de vivir en un lugar alejado de una gran antena para evitar sus emisiones electromagnéticas se acaba. Pasaremos todos a vivir inmersos en ellas, incluso en el medio rural. De hecho éste ha sido el primer obstáculo con el que ya se ha encontrado la industria en Estados Unidos pues semejante cantidad de antenas implica ocupar espacios públicos controlados por las autoridades municipales y muchas se resisten. De ahí que estén presionando para que se cambien las leyes y se quite poder a las autoridades locales. Quieren que haya una ley federal obligatoria para todos los estados y nadie pueda oponerse a la instalación de las antenas que permitan expandir la tecnología 5G. Lo mismo que quiere imponerse en España con la complicidad de nuestras autoridades aprovechando que aquí se ha negado siempre desde el poder la peligrosidad de las radiaciones electromagnéticas ignorando vergonzosamente los cientos de estudios que así lo acreditan.

UN ARMA DE CONTAMINACIÓN MASIVA

En suma, es preocupante -e indignante- que una vez más se ponga en marcha una tecnología emisora de radiaciones -esta vez de ondas milimétricas de frecuencia extremadamente alta (MMW)- sin que haya garantías de que no tiene efectos negativos para la salud. Especialmente sabiendo que las ondas milimétricas las utiliza el Departamento de Defensa de Estados Unidos ¡para dispersar multitudes! Nos referimos a su Sistema de Negación Activa (Active Active Denial System (ADS), dispositivo que emite ondas milimétricas sobre los manifestantes provocándoles intenso dolor en la piel. Tiene información sobre este método en la propia web del Programa de armas no letales del Departamento de Defensa de Estados Unidos –http://jnlwp.defense.gov/About/Frequently-Asked-Questions/Active-Denial-System-FAQs– en la que se explica que el sistema emite «un haz de radiofrecuencia de ondas milimétricas enfocado y muy direccional”. Se trata de un «arma no letal» que emite durante apenas unos segundos ondas milimétricas a 95 GHz de frecuencia capaces de profundizar en la piel 1/64 de pulgada, es decir, unos 0,4 milímetros. Según la web la exposición repetida a tales ondas no causa a corto plazo ni cáncer ni infertilidad pero no hacen referencia a otros posibles problemas de salud; se limitan a decir que “confían” en que no haya efectos secundarios adversos a largo plazo… ¡y aún así se quiere someter a toda la población mundial de forma continua a las ondas milimétricas de frecuencia extremadamente alta o MMW que van desde 30 a 300 GHz! ¿Se han vuelto locas nuestras autoridades?

El Dr. Yael Stein -del Centro Médico Hadassah de Jerusalén (Israel)- envió de hecho un escrito a la Comisión Federal de Comunicaciones estadounidense (FCC por sus siglas en inglés) encargada de la regulación de la 5G oponiéndose abiertamente a su implantación; escrito que encabezó diciendo: “Por favor, protejan la Salud Pública y voten en contra de exponer a la gente a la dañina tecnología 5G”. Stein explica que junto a un grupo de físicos de la Universidad Hebrea investigó los efectos de la tecnología 5G en el cuerpo humano comprobando que más del 90% de su radiación de microondas la absorben la epidermis y las capas externas de la dermis y como quiera que los terminales de los conductos sudoríparos -los que expulsan el sudor- tienen una estructura helicoidal ¡actúan como antenas de alta absorción de esas ondas milimétricas! Agregando que al ser millones los conductos de ese tipo que hay en la piel es evidente que el riesgo de daño es muy alto. Stein añade que generalizar el uso de la tecnología 5G sin valorar los efectos de la intensidad y el tiempo de exposición a medio y largo plazo de tales ondas es pues muy peligroso. Entre otras cosas porque…

…incluso en el supuesto de que no afectasen a las personas sanas habría aún que constatar cómo afectan a las más susceptibles: bebés, ancianos, enfermos, personas electro-hipersensibles, embarazadas y fetos.

…los conductos de sudor que absorben esas ondas son una extensión del sistema nervioso simpático y existen funciones asociadas -fisiológicas y psicológicas- cuya posible repercusión negativa no ha sido suficientemente investigada.

… el uso de la tecnología de ondas milimétricas (teléfonos móviles, wifi, antenas…) podría hacer que los humanos perciban dolor físico a través de los nociceptores. Y

…puede dar lugar a muchos más casos de hipersensibilidad y trastornos neurológicos.

Stein termina advirtiendo a la industria de que si finalmente termina demostrándose la peligrosidad de la tecnología 5G puede encontrarse en el futuro con cientos de millones de reclamaciones económicas y quebrar.

La doctora Devra Davis, presidenta de Environmental Health Trust y fundadora de la Junta de Estudios Ambientales y Toxicología del Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos ha publicado por su parte un artículo titulado Public health is littered with examples where economic interests trumped scientific advice (La salud pública está plagada de ejemplos en los que los intereses económicos prevalecieron sobre los consejos científicos) en el que afirma: “Las frecuencias milimétricas utilizadas por el Departamento de Defensa de Estados Unidos como arma de control de masas y las frecuencias 5G tienen la capacidad de hacer que la piel sienta que está ardiendo. Se dirigen hacia una multitud y se consigue que la gente huya. Pues bien, ¿quiere tener eso en la farola de su casa? Las lecciones en salud pública se aprenden con un gran coste (…) Me he unido por ello al grupo de 180 científicos que pide el cese de la implementación de la 5G».

CIENTÍFICOS CONTRA LA TECNOLOGÍA 5G 

Devra Davis se refiere al manifiesto que en septiembre de 2017 firmaron 180 científicos de 35 países que, invocando el Principio de Precaución, reclamaron que no se permita implantar la tecnología 5G hasta que investigadores independientes de la industria hayan investigado a fondo sus potenciales riesgos para la salud y el medio ambiente. Científicos -entre ellos algunos de gran prestigio- que recuerdan que hay ya unos 2.000 artículos revisados por pares que confirman que incluso las tecnologías 2G, 3G y 4G así como los wifi causan graves daños; no solo en humanos sino también en los animales -como las abejas y los pájaros-, en los huevos y hasta en los vegetales, árboles incluidos.

El cada vez mayor uso de las tecnologías inalámbricas –dice el manifiesto- hace que todo el mundo esté expuesto al ser mayor el número de transmisores -estarán incluso en el interior de viviendas, tiendas y hospitales- previendo las estimaciones que el ‘Internet de las Cosas’ tenga de 10.000 a 20.000 millones de conexiones (a refrigeradores, lavadoras, cámaras de vigilancia, automóviles y autobuses autónomos, etc.). Factores que juntos darán lugar a un sustancial aumento a largo plazo de la exposición a radiofrecuencias y campos electromagnéticos por todos los ciudadanos de la Unión Europea”.

Los firmantes recuerdan que son numerosas las revistas científicas que han publicado trabajos demostrativos de que las radiofrecuencias y campos electromagnéticos afectan negativamente a los organismos vivos incluso a niveles de exposición e intensidad muy inferiores a la mayoría de las directrices nacionales e internacionales. Efectos que incluyen “aumento del riesgo de cáncer, estrés celular, aumento de radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductivo, déficit de aprendizaje y memoria, trastornos neurológicos e impactos negativos en el bienestar general». Añadiendo: «Y el daño va más allá de la raza humana pues cada vez hay más evidencias de sus efectos nocivos para las plantas y los animales”.

Los firmantes recuerdan que de hecho la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya admitió en 2011 que las frecuencias de 30 KHz a 300 GHz –incluidas pues las que usa la tecnología 5G– son “posiblemente cancerígenas para los humanos» (Grupo 2B). Y que la Guía EUROPA EM-CEM 2016 publicada por el grupo de trabajo de emisiones electromagnéticas de la European Academy for Environmental Medicine (EUROPAEM) afirma: “Hay pruebas contundentes de que la exposición a largo plazo a determinados campos electromagnéticos es un factor de riesgo de algunos cánceres, alzheimer e infertilidad masculina (…) En cuanto a los síntomas comunes de hipersensibilidad electromagnética incluyen dolor de cabeza, dificultades de concentración, problemas para dormir, depresión, falta de energía, fatiga y síntomas parecidos a la gripe”.

Los firmantes del manifiesto recuerdan luego que las actuales directrices sobre radiaciones electromagnéticas -avaladas por la OMS y la mayoría de los gobiernos- las decidió la International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection (ICNIRP), entidad no pública vinculada a la industria. Y que además están obsoletas porque se basan en la falsa tesis de que “el efecto crítico de la exposición RF-CEM relevante para la salud y seguridad humana es el calentamiento del tejido expuesto” cuando científicos de todo el mundo han demostrado ya que hay muchos problemas de salud de origen no térmico que pueden producirse; y a niveles de radiación muy inferiores a las consideradas “seguras”. Y de ahí que pidan a la Comisión Europea medidas para detener la expansión de la 5G hasta que científicos independientes puedan asegurar que no es dañina para los ciudadanos y el medio ambiente y que se informe adecuadamente de ello a los ciudadanos -especialmente a los docentes y a los médicos- recalcándose especialmente la necesidad de evitar la comunicación inalámbrica en guarderías, escuelas, lugares de trabajo, hospitales, residencias de ancianos y hogares. Argumentos por los que apuestan por potenciar y mejorar la comunicación digital por cable.

Cabe agregar que también la International EMF Scientist Appeal (Campaña Científica Internacional de CEM) impulsada por 225 científicos de 41 países -autores todos ellos de estudios sobre el problema publicados en revistas científicas revisadas por pares- se ha pronunciado contra la implementación sin más pruebas de la tecnología 5G: “Existe preocupación entre los investigadores independientes por las evidencias científicas de que esta nueva infraestructura -además de las eléctricas e inalámbricas ya existentes- puede causar aún más daño a la humanidad y a la naturaleza». Añadiendo: «Las personas que sufren de sensibilidad eléctrica van a encontrarse con que no tienen siquiera a dónde ir (…) La Comisión Federal de Comunicaciones debe valorar críticamente el potencial impacto de la infraestructura de la 5ª generación inalámbrica en la salud y la seguridad de la población antes de proceder a implementarla”. El manifiesto, fechado el 9 de junio de 2017, lo firmaron los cinco asesores de la International EMF Scientist Appeal: los doctores Martin Blank, Magda Havas, Henry Lai, Joel Moskowitz y Elizabeth Kelley.

LESIONES EN EL CORAZÓN Y EL CEREBRO 

El último gran trabajo sobre la peligrosidad de las radiofrecuencias lo ha realizado el Programa Nacional de Toxicología (NTP por sus siglas en inglés) de Estados Unidos. La FDA recomendó su realización en 1999, tuvo un coste de 25 millones de dólares y consistió en exponer a ratas y ratones -machos y hembras- a las radiofrecuencias de las tecnologías inalámbricas 2G y 3G pero no a las de las redes 4G, 4G-LTE y 5G. Pues bien, aún así los científicos de ese programa, alarmados por los datos, presentaron en septiembre de 2017 un avance de los resultados en un informe preliminar titulado Report of Partial findings from the National Toxicology Program Carcinogenesis Studies of Cell Phone Radiofrequency Radiation in Hsd: Sprague Dawley SD rats (Whole Body Exposure) (Informe de hallazgos parciales del Programa Nacional de Toxicología. Estudios sobre carcinogénesis de la radiofrecuencia de los teléfonos celulares. Radiación en Hsd: ratas Sprague Dawley® SD (exposición corporal total) en el que puede leerse lo siguiente: “Los estudios han encontrado baja incidencia de gliomas malignos en el cerebro y schwannomas (neurilemomas) en los corazones de ratas macho expuestas a radiofrecuencias de los dos tipos (CDMA y GSM) actualmente utilizadas en las redes inalámbricas de Estados Unidos También se observaron lesiones potencialmente preneoplásicas en el cerebro y el corazón de ratas macho expuestas a radiofrecuencias”. Y añade: “En las condiciones de estos estudios de dos años de duración las lesiones hiperplásicas y las neoplasias de células gliales de corazón y cerebro observadas en ratas macho se consideran el probable resultado de exposiciones de todo el cuerpo a la radiofrecuencias moduladas por GSM o CDMA. Pareciendo mayor la asociación entre radiofrecuencias y lesiones neoplásicas en el corazón que en el cerebro. No se observaron efectos biológicamente significativos en el cerebro y corazón de ratas hembras, independientemente de la modulación”. Aunque llama la atención la diferencia entre machos y hembras este estudio se considera una de las principales pruebas de los daños que provocan las radiofrecuencias.

Pues bien, de forma sorprendente se dieron a conocer hace apenas unos días –el 2 de febrero de 2018- los datos «actualizados» del trabajo y ya no indican lo mismo a pesar de que no ha habido modificaciones en los datos finales. Los responsables del Programa Nacional de Toxicología convocaron una rueda de prensa para dar a conocer dos borradores de los informes técnicos sobre los estudios referentes a la radiación de teléfonos móviles -uno sobre ratas, otro sobre ratones y dos tablas sobre datos suplementarios- mostrándose mucho más ambiguos en sus conclusiones y restando valor probatorio a los mismos datos que según ellos resultaban alarmantes el año pasado. De hecho manifestaron que el uso del móvil no supone “una situación de alto riesgo”.

El caso es que los datos eran ya conocidos -no distintos- así que aún viéndose obligados a expresarse con ambigüedad calculada no tuvieron más remedio que admitir que la radiación electromagnética afecta biológicamente al ADN incluso a los niveles considerados inocuos: “La incidencia en el corazón de chwannomas –tumores malignos compuestos de células Schwann- aumentó en las ratas macho expuestas a radiofrecuencias superiores a las del teléfono móvil. La investigación constató asimismo aumentos inusuales de cardiomiopatías -daños en el tejido cardíaco- tanto en ratas macho como hembras. En general hubo en los ratones pocos indicios de problemas de salud relacionados con las radiofrecuencias. Los informes también dan cuenta de aumentos estadísticamente significativos en el número de ratas y ratones con tumores encontrados en otros órganos -en uno o más- a los niveles de exposición estudiados, incluidos el cerebro, la próstata, la glándula pituitaria, la glándula suprarrenal, el hígado y el páncreas. Los investigadores entienden sin embargo que son hallazgos equívocos porque no está clara su relación con las radiofrecuencias”.

En fin, para el actual responsable del Programa Nacional de Toxicología los hallazgos no deben extrapolarse directamente al uso del teléfono móvil por humanos pero aun así añadió: “Los tumores que vimos en estos estudios son similares a los que aparecen en los estudios sobre usuarios frecuentes de teléfonos móviles”. Claro que John Bucher, que fue quien dirigió el proyecto y solicitó la publicación anticipada de los resultados, no es hoy el director asociado del Programa Nacional de Toxicología sino Brian Berridge, personaje que proviene de la multinacional farmacéutica Glaxo SmithKline.

MARTIN PALL 

En fin, el gran argumento de la industria -como el de sus portavoces en los gobiernos y los grandes medios de comunicación que controlan- es que los únicos daños demostrados de las radiaciones electromagnéticas son los térmicos y ningún otro es admisible mientras no se conozca su mecanismo de acción. Despreciando injustificadamente las pruebas obtenidas por centenares de investigadores mediante experimentación básica y con animales. Y sin embargo sí existe -aunque se ignore u oculte- explicación sobre los mecanismos biológicos que dañan las radiofrecuencias y los campos electromagnéticos.

Martin Pall, profesor Emérito de Bioquímica y Ciencias Médicas Básicas en la Washington State University y anteriormente de Genética, Biología Celular y Bioquímica/Biofísica en ella y en la Universidad de Yale así como profesor de Farmacología en la Universidad de California, miembro del Panel de Asesores del Environmental Law Center de Londres y de los Consejos Científicos de Ariston Pharmaceuticals y de la Sociedad Internacional de Medicina Preventiva Aplicada así como del Consejo Asesor de nuestra revista es autor de 7 estudios que demuestran que los sensores de voltaje de cada célula -reguladores de la entrada del calcio- son muy sensibles a las radiofrecuencias y a las radiaciones electromagnéticas por lo que éstas pueden impactar negativamente de forma masiva en la biología celular. Y de hecho ya se ha pronunciado públicamente contra la implantación de la tecnología 5G. Es más, envió una carta al gobernador de California Jerry Brown para que vetara -como finalmente hizo- la Ley SB469 que despojaba al estado de la potestad de decidir sobre la instalación de la red 5G en los espacios públicos. Carta en la que afirma: “Sabemos cómo interactúan los campos electromagnéticos en el cuerpo y que la propaganda de la industria no cuenta con ciencia que la respalde. ¿Y qué podemos decir de los efectos que la tecnología 5G tendrá en nuestros organismos? Pues que activará mucho más los sensores de voltaje celulares y ello tendrá un fuerte impacto en la salud debido a su rápida absorción por el cuerpo, a sus rápidas pulsaciones y a la gran cantidad de antenas que se planean poner: al menos 200 veces la cantidad de antenas de todas las torres de telefonía celular actuales. Y ello implica que los impactos en la parte externa de una o dos pulgadas de nuestros cuerpos serán masivos”.

Impactos no precisamente menores porque según Martin Pall la tecnología 5G puede provocar:

  1. Un gran aumento de casos de ceguera ya que va a provocar numerosas cataratas, degeneración macular, glaucoma y desprendimiento de retina, patologías en las que hay niveles excesivos de calcio en diferentes partes del ojo.
  2. Un gran incremento de pérdidas de audición y tinnitus que en muchos casos conducirán a la sordera.
  3. Un gran aumento de casos de infertilidad masculina con caídas del número de espermatozoides.
  4. Numerosos melanomas -cáncer de piel-, leucemias y otros tipos de cáncer; especialmente en niños.
  5. Disfunciones en el sistema nervioso periférico que provocarán dolor neuropático y neuropatía periférica.
  6. Graves disfunciones hormonales al estar la tiroides cerca de la superficie corporal.
  7. Disfunciones en el sistema inmunitario que pueden provocar enfermedades autoinmunes y otros problemas.
  8. Apilamiento de los glóbulos rojos en cadenas largas y lisis celular haciendo que llegue muy poco oxígeno a los tejidos y se reduzca el transporte de nutrientes.

Y eso en los humanos porque según Martin Pall la tecnología 5G va a afectar aún más negativamente a los animales y a casi todas las plantas, incluidos los árboles grandes. Sobre todo a los insectos -incluidas las abejas- y otros polinizadores, a las aves y a los pequeños mamíferos.

Pall terminaría su carta al gobernador Jerry Brown diciéndole: “Le insto a que haga lo correcto en nombre de la salud de los californianos y de las generaciones futuras. Por favor, VETE la ley SB 649 que permite la implantación de la tecnología 5G”. Y Brown le hizo caso.

CADA VEZ HAY MÁS CIENTÍFICOS CONTRARIOS A LA TECNOLOGÍA 5G

El caso es que la población mundial no ha sido informada pero son muchos los científicos que llevan investigando desde hace décadas los efectos negativos de las radiofrecuencias y las radiaciones electromagnéticas, incluidas las ondas milimétricas. Sobre todo en los países del Este de Europa donde se han utilizado de forma controlada con fines terapéuticos.

Pues bien, queremos destacar entre ellos el trabajo A 5G Wireless Future: Will it give us a Smart Nation or Contribute to an Unhealthy One? (¿El futuro inalámbrico de la 5G nos dará una nación inteligente o una sociedad insana?) de la Dra Cindy Russell aparecido en enero de 2017 en el Santa Clara Medical Association Bulletin. Porque en él se revisan los estudios publicados desde la década de los setenta del pasado siglo XX sobre el impacto de las ondas milimétricas -la mayor parte de ellos efectuados en países de la antigua Unión Soviética así como uno de la NASA norteamericana en el que cita uno como especialmente significativo. Nos referimos a la revisión efectuada por Andrei G. Pakhomov que apareció en 1998 en Bioelectromagnetics con el título Current State and Implications of Research on Biological Effects of Millimeter Waves: A Review of the Literature (Estado actual e implicaciones de la investigación sobre los efectos biológicos de las ondas milimétricas: una revisión de la literatura) en la que se analizaron decenas de estudios e investigaciones que demuestran que las ondas milimétricas tienen profundos efectos en todos los sistemas biológicos; incluyendo células, bacterias, levaduras, animales y humanos. Algunos claramente térmicos porque las ondas son rápidamente absorbidas por el agua -abundante en casi todos los organismos vivos- pero otros no térmicos -sin aumento de temperatura- incluso a bajas intensidades. Entre ellos cambios en el ritmo cardíaco, efectos teratogénicos (anomalías durante la gestación), infecciones bacterianas y resistencia a los antibióticos, cataratas, alteraciones del sistema inmune y alteraciones de la cromatina (complejo de ADN y proteínas que forma cromosomas dentro del núcleo de las células).

A menudo la producción comercial -denuncia en su trabajo Russell- precede a la investigación sobre sus efectos en la salud, necesaria a fin de proteger a los consumidores. Demasiados tóxicos escaparon durante demasiado tiempo a los protocolos de seguridad previos a su comercialización: plomo, amianto, tabaco… y nuestras modernas nanopartículas no reguladas por mencionar solo algunas. Afectan a nuestra salud a corto y largo plazo de formas que ni siquiera conocemos. De hecho cuando nos encontramos mal ni cuestionamos ni identificamos las exposiciones químicas -diarias o semanales- a las que hemos estado expuestos y podrían haber contribuido a ese cáncer, a esa artritis, a esa enfermedad pulmonar o al alzheimer. Hay ya demasiados tóxicos como para poder identificar las causas. Y la investigación demuestra que la radiación inalámbrica de microondas nos expondrá diariamente a un nuevo problema de toxicidad. No podremos oírla, olerla o sentirla pero afectará a nuestra biología y a nuestro bienestar con efectos sutiles”.

Tal es la realidad que se nos está ocultando.

Elena Santos

 

 Recuadro: 

La Plataforma Stop Comptadors, contra la tecnología 5G

Quienes en España se oponen a la implementación de las redes 5G son sistemáticamente ignorados por los grandes medios de comunicación. La consigna es clara: debe parecer que hay consenso entre la ciudadanía sobre su inmediata implantación. Lo demuestra que ninguno ha querido hacerse eco del documento presentado por la Plataforma Stop Comptadors (Plataforma Stop Contadores) en respuesta a la Consulta Pública sobre el Plan Nacional de 5G abierta por la Secretaría de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. Y eso que se trata de una plataforma integrada por varias entidades ciudadanas:

La Asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS).

La Asociación vallisoletana contra las antenas de telefonía (AVAATE ).

La Asociación leonesa contra las ondas electromagnéticas (ALCOE).

Hablamos de un documento de 25 páginas entregado en el ministerio en julio de 2017 que parece ha decidido no contestarse dejando en papel mojado la famosa Ley de Transparencia de la que tanto se presume y apenas se aplica. Y eso que en él se denuncia abiertamente que la tecnología 5G supone un grave riesgo para la población debido a su ubicuidad -todo ser vivo quedará expuesto a las radiaciones sin posibilidad de protección o desconexión ya que lo que se promociona es la disponibilidad en todo lugar, a toda hora y para todas las aplicaciones posibles- y su poder de penetración -haciendo imposible proteger hasta el propio hogar.

El documento aporta numerosas referencias que demuestran la falsedad de que la comunidad científica considere inocuas las radiaciones electromagnéticas a los niveles aprobados y que cada vez son más los manifiestos y estudios de todo tipo que los considera -incluida la OMS- «posiblemente cancerígenas».

El documento concluye diciendo: “Por todo lo expuesto anteriormente y que concierne a los datos disponibles en dictámenes, estudios e informes de referencia que son internacionalmente reconocidos consideramos una temeridad que raya el delito seguir aumentando en nuestra sociedad las tecnologías inalámbricas y es nuestro objetivo asegurarnos de que ustedes, sabedores ahora de ello, dispondrán los medios necesarios para evitar que nuestra sociedad se vea perjudicada con el despliegue de nuevas tecnologías de comunicación redundantes”.

 

Recuadro 2

No se respeta ni a los niños

El Mobile World Congress de Barcelona ha sido objeto de múltiples comentarios en los medios de comunicación por la posible pérdida de beneficios que supondría su marcha de Barcelona siempre que la organización dejara además España pero de su peligrosidad -especialmente para los niños- nadie ha dicho ni una palabra. Una omisión vergonzosa denunciada sin apenas eco mediático por la Plataforma Estatal Contra la Contaminación Electromagnética (PECCEM) que integran asociaciones vecinales y de padres, colectivos ecologistas y personas afectadas de electrosensibilidad.

Un año más –explican- las llamadas al Principio de Precaución ante el uso inmoderado de los dispositivos inalámbricos han estado ausentes en el Mobile World Congress. Y eso que actualmente son numerosas las llamadas a la precaución a nivel estatal, europeo y mundial que alertan de los riesgos del uso/abuso precoz infanto-juvenil del móvil/tabletas y pantallas en general así como de otros dispositivos inalámbricos invitando a postergar/limitar el uso de dichos dispositivos así como a educar en un uso moderado de los mismos”.

Problemas sobre los que según esta plataforma llevan años alertando médicos -especialmente neurólogos, psiquiatras, ginecólogos, obstetras y pediatras-, biólogos, psicólogos, ingenieros, agencias sanitarias y expertos en bioelectromagnetismo según los cuales las radiaciones de los móviles y las antenas de telefonía pueden provocar numerosos problemas de salud, muy especialmente en niños y jóvenes al ser en sus casos mayor la penetración craneal.

Asimismo recuerdan que el uso de muchos de esos dispositivos provocan adicción, sobre todo en las personas de menor edad, que son además más permeables a la información subliminal y a la publicidad teniendo menos mecanismos de defensa a la presión mediática y social.

La plataforma alerta igualmente de los muchos problemas conductuales, cognitivos y anímicos que ya están provocando: dificultad para conciliar el sueño, menor rendimiento escolar, aislamiento, depresión, déficit de atención, hiperactividad, pasividad, agresividad, fobias y hasta intentos de suicidio.

Es más, se han constatado ya dificultades en el desarrollo del lenguaje, de adquisición de vocabulario y de comprensión de textos, alteración de la comunicación familiar, problemas de socialización, deficiente manejo de las emociones, fracaso escolar y ciberacoso.

Sin olvidar que está provocando problemas de visión y musculoesqueléticos, cefaleas, sedentarismo, sobrepeso e incluso obesidad infantil con todos los problemas de salud asociados que ello conlleva.

La plataforma recuerda al respecto que la Resolución 1815 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ya instó en 2011 a los estados miembros a “tomar todas las medidas razonables para reducir la exposición a los campos electromagnéticos, especialmente a las radiofrecuencias emitidas por los teléfonos móviles«. Añadiendo: «En particular la exposición en niños y jóvenes para quienes el riesgo de tumores en la cabeza parece mayor”. Y de ahí que inste a aplicar urgentemente el llamado Principio ALARA según el cual las nuevas tecnologías deben usarse reduciendo drásticamente los actuales niveles legales de exposición. E insta por ello asimismo a sustituir de inmediato el wifi de las escuelas por la conexión a internet por cable; algo que según asevera ya se hace en las escuelas infantiles de países como Francia, Chipre o Israel al igual que en algunos ayuntamientos españoles como el de Hospitalet de Llobregat.

Para la Plataforma Estatal Contra la Contaminación Electromagnética es cada vez más urgente «alertar de los riesgos específicos del uso precoz, indiscriminado y prolongado de los teléfonos móviles y de otros dispositivos que emiten microondas”. Su denuncia termina recordando finalmente que en el mundo hay cada vez más personas que sufren de electrosensibilidad sin que las autoridades hagan nada.

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