SaludSinBulos: ¿nuevo intento de censura disfrazada?

Las principales cadenas de televisión, emisoras de radio, diarios, revistas y medios digitales españoles se hicieron eco en febrero pasado de una iniciativa que iba a expurgar del maremágnum de textos sobre salud de Internet los “bulos” de la información fiable. Y ello gracias a profesionales y asociaciones científicas que iban a decidir qué información es «veraz”. Solo que, ¿quiénes están en posesión de la verdad científica sobre salud y en qué van a basarse esas personas para tomar sus decisiones? De hecho tal iniciativa ya la intentó poner en marcha sin éxito la Organización Médica Colegial (OMC) hace diez años, algo que Discovery DSALUD denunció inmediatamente. Pues bien, la web SaludSinBulos no es sino un proyecto privado de la recientemente creada Asociación de Investigadores en eSalud (AIES), la agencia COM Salud y la consultora et Al Pharma y la credibilidad de sus decisiones, como vamos a ver, es NULA.

SaludSinBulos se presenta en su web como un «observatorio» puesto en marcha por la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES) «para combatir los bulos de salud en internet y contribuir a que exista información veraz y contrastada sobre salud en la red». Algo que pretenden hacer en colaboración con la agencia COM Salud y la consultoría et Al Pharma para lo que piden la colaboración de «profesionales sanitarios, periodistas y pacientes para detectar con rapidez los bulos y desmontar las informaciones falsas». Pues bien, lo primero que llama la atención es que aunque en la web no figura la presencia de un solo profesional de prestigio se hicieron eco de esta iniciativa desde medios como TVE y otras cadenas de televisión y radio hasta diarios como El País o El Mundo por no hablar de multitud de medios digitales -nacionales y regionales- y prensa especializada como La Ciencia es Noticia o iSanidad. ¿Cómo es posible? Porque quien está detrás de tal iniciativa es un grupito de periodistas, médicos, nutricionistas, fisioterapeutas y enfermeros sin apenas méritos académicos, investigaciones, libros o publicaciones científicas. ¿Son pues esas personas sin apenas cualificación ni méritos quienes pretenden pontificar y decirle a la sociedad lo que es «veraz» y lo que es un bulo en el ámbito sanitario? Tragicómico.

Obviamente decidimos averiguar qué son y representan las tres entidades que han puesto en marcha tal “observatorio” y la web: la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES), la Agencia COM Salud y la consultoría et Al Pharma. Y la primera sorpresa que nos encontramos es que en el momento de escribir este artículo -segunda semana de febrero- la web de COM Salud no estaba activa, algo paradójico en una organización que dice trabajar en el campo de la denominada «eSalud» o «salud 2.0«. Si lo estaba sin embargo su página de facebook en la que figura la siguiente descripción: «COM SALUD es la iniciativa de un grupo de profesionales de la comunicación especializados en salud. Nuestro objetivo es ofrecer un servicio personalizado de asesoría integral en salud. Para ello nos valemos de herramientas del Periodismo, las Relaciones Públicas, la Publicidad y el Marketing del conocimiento del sector». En ella aparece además que el director no es un profesional sanitario sino un periodista, Carlos Mateos, que reconoce en su perfil de Linkedin ser además Vicepresidente de la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES), el coordinador de los congresos de ambas organizaciones y el Director de Servicios al Cliente de Bubblegum Health, agencia creativa para la industria farmacéutica fundada en 2007 que tiene entre sus clientes a las empresas más poderosas del sector afincadas en España. Y he aquí otro dato de interés: el responsable de la Delegación en Barcelona de COM Salud es Rodney Bunker que resulta ser también Director Ejecutivo de et al Pharma y miembro directivo de la agencia privada Bubblegum Health. 

“ESALUD»

En cuanto a la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES) se creó en enero de 2104 y se presenta como «una asociación sin ánimo de lucro encaminada al impulso y la divulgación de la eSalud tanto en España como en América Latina»; agregando simplemente que «está formada por miembros de distintos ámbitos de la Salud, la Comunicación y la Tecnología». Pues bien, basta navegar un poco por la red para comprobar que la AIES se relaciona con una red de asociaciones, organizaciones, plataformas y empresas que trabajan en el campo de la «esalud» -a la que también denominan «salud 2.0«- y que todas ellas están interconectadas con grandes empresas farmacéuticas, sociedades científicas del sector y medios de comunicación, principalmente a través de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) de la que hablaremos a continuación. Caben pues pocas dudas de que quien está detrás de la AIES en particular y de esa red de entidades en general es la industria farmacéutica. Como muestra un simple ejemplo: el II Congreso Nacional de eSalud celebrado el pasado 30 de noviembre contaba entre sus patrocinadores con los laboratorios Sandoz, Novartis y Lilly, la compañía de investigación biotecnológica Exovite, la aseguradora médica DKV y empresas del ramo de la eSalud como Interystems, Everis y Tak. Congreso cuyo objetivo fue -en palabras de sus propios organizadores- «analizar la comunicación de contenidos de salud en Internet, (poniendo) de relieve el impacto de la salud digital en el sistema sanitario y (estudiando) las ofertas y demandas de proyectos de colaboración público-privada». Y es que la AIES considera que la industria farmacéutica «va rezagada en la adopción e implementación de herramientas de tecnologías de la información y la comunicación, en claro contraste con el resto de países desarrollados según los resultados presentados en el Estudio de Reputación en eSalud en la Industria Farmacéutica, un análisis comparativo realizado a treinta y ocho laboratorios farmacéuticos que operan dentro del ámbito nacional».

Por lo que a su Junta Directiva se refiere cabe decir que el presidente es el Dr. Sergio Vañó –dermatólogo-, el vicepresidente Carlos Mateos -periodista-, el Secretario Ignacio Alberti -que figura como “Consultor”-, y los vocales el Dr. Ignacio Medrano -neurólogo-, el Dr. Ricardo Llavona -médico de Rehabilitación-, María J. Cachafeiro -farmacéutica-, José María Veganzones –ingeniero-, Miguel Ángel de la Cámara -radiólogo-, Vítor Pumariño -“responsable de calidad”-, Ruth Molina -enfermera- y Pedro Soriano -enfermero-. En pocas palabras, una asociación dirigida por tres médicos, dos enfermeras, una farmacéutica, un ingeniero, un radiólogo y un periodista además de “un consultor” y un “responsable de calidad” cuyas profesiones no se dicen es la que por decisión propia y sin aval de ningún tipo va a decirle a la sociedad qué información sobre salud es “veraz” y cuál un “bulo”. Sinceramente,  para llorar de risa.

PURO INTENTO DE CENSURA

Llama asimismo la atención que la principal cuestión que parece preocupar a la AIES y demás organizaciones que despliegan su actividad en la red es lo que denominan «calidad de la información sanitaria en internet», eufemismo que cualquier persona medianamente informada sabe lo que oculta: las intenciones inquisitoriales de colectivos preocupados por la cada vez mayor cantidad de información crítica con el modelo médico dominante que defienden y en el que medran. De hecho en noviembre de 2016 la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES) se alió con la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) que preside hoy el periodista de El País Emilio de Benito Cañizares para organizar conjuntamente unas jornadas en las que abordar el asunto y llegar a un consenso sobre «los criterios que debe reunir la información sanitaria en internet». Algo poco tranquilizador teniendo en cuenta que esta asociación de informadores especializados en salud creada en 1994 -que asevera agrupar a casi 600 profesionales de prensa, radio, televisión e internet así como gabinetes de prensa y comunicación de centros, instituciones, entidades y empresas sanitarias- afirma “velar por la ética profesional” pero tiene como “socios protectores” -así los denomina- a los laboratorios farmacéuticos Pfizer, Janssen y Roche así como a la Fundación BBVA y a la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), principal lobby de la industria agroalimentaria. Y como “socios colaboradores” a Farmaindustria -la patronal farmacéutica española-, a la multinacional Merck Sharp & Dohne, al grupo médico privado Eresa y a Oximesa, grupo proveedor de servicios médicos de atención domiciliaria que sería absorbido por Praxair, multinacional proveedora de gases industriales. Incluso es “socio colaborador” ANFABRA, una de las principales organizaciones pantalla creada por las empresas de alimentación y bebidas. Grupo de «protectores» y «colaboradores» que obviamente influyen -por no decir deciden- en las actividades a realizar: congresos, encuentros con asociaciones de pacientes y sociedades, jornadas de formación continuada, etc.

Una situación que se repite con eSalud donde son los grandes laboratorios farmacéuticos los que condicionan a los profesionales de la Medicina y la comunicación para intentar desprestigiar a toda persona, institución o medio informativo que ponga en peligro su monopolio. Sugerimos leer en nuestra web –www.dsalud.com- el artículo que con el título La presunta inocuidad de muchos alimentos no está constatada apareció en el nº 190 en el que ya hablamos de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), entidad que en su día presidió por cierto alguien muy apreciado por el sistema como Alipio Gutiérrez, exdirector de Informativos de Telemadrid y actual Director de Onda Madrid.

GUERRA A LA INFORMACIÓN CRÍTICA

Los debates y conclusiones de las jornadas mencionadas -celebradas en noviembre de 2016 bajo los auspicios de la farmacéutica Sandoz y recogidas en el denominado Informe EHON que puede descargarse en formato PDF desde http://laesalud.com/ehon/informe permiten comprobar de forma gráfica lo que decimos. Para empezar, el prólogo del documento lo escribe nada menos que la directora de Comunicación Corporativa y Relaciones con Pacientes de Sandoz Iberia, Paloma Cabral, en el que afirma: «Es en este terreno donde todos los actores del sistema sanitario capaces de generar contenidos de salud debemos asumir la responsabilidad de dialogar para alcanzar un consenso sobre los principios que deben regir la generación y publicación de contenidos, siempre desde la ética y la transparencia en la comunicación y con el compromiso de generar información de calidad, contrastada y fiable que cuente con la participación del profesional sanitario, del paciente y de los profesionales de la información». Habitual lenguaje eufemístico de lo políticamente correcto que puede traducirse en la necesidad de que los protagonistas del modelo médico dominante se pongan de acuerdo para bloquear todo intento de poner en duda su “información de calidad, contrastada y fiable”, es decir, la postulada por el sistema utilizando a las asociaciones científicas, académicas y médicas así como a las agrupaciones de enfermos y periodistas que o bien han creado directamente o bien controlan o mediatizan.

El documento abunda en este planteamiento agregando: «Todos, de forma unánime, consideran que existe exceso de información en la red y que mucha de esa información es errónea o está sesgada (…) Y Google no filtra así es que debemos ser los profesionales». Más claro agua.

Y son aún más explícitos: «Los profesionales sanitarios consideran que sí deben recomendar webs de salud a sus pacientes (…) ¿Y qué webs recomendar? Deben ser aquellas que, para ellos mismos, tienen mayor interés, credibilidad, objetividad y transparencia (…) Algunos señalan la importancia de recomendar sus propias webs o blogs porque creen que es una forma de redundar en el paciente sobre lo que se trabaja con ellos en sus visitas».

En definitiva, es obvio que el interés primordial de todo esto montaje es “explicarle” a la ciudadanía qué webs son fiables y cuáles no… como si la gente fuera incapaz de distinguir entre información veraz y fraudulenta o engañosa. Exigen ser ellos -que no se representan más que a sí mismos y a los prebostes de la gran industria- los que «orienten» a los ciudadanos diciéndoles en qué deben o no creer, qué deben o no aceptar. Siendo una de las vías elegidas en su momento para hacer eso «la acreditación de las webs de salud». Obviamente haciéndolo con apelaciones grandilocuentes que justifiquen por qué dan a unas sí y a otras no su «sello de calidad», supuesta garantía de credibilidad. En pocas palabras, se trata de decirle a la población qué debe leer y qué no; y si aún así ésta lo hace asegurarse de que no crea nada que cuestione las «verdades oficiales» del sistema imperante. No con censuras “chirriantes” sino con valoraciones supuestamente objetivas sobre el “escaso rigor y calidad”… ¡de todo contenido no controlado por ellos que matice o ponga en duda lo que afirman!

Hay sin embargo en el documento una valoración que compartimos: la del periodista Antonio Gonzalez Armas cuando dice: «La profesión periodística se encuentra en los momentos más bajos; cada vez se es menos objetivo, se contrasta menos y se es menos profesional»; añadiendo que “los periodistas se han perdido el respeto a ellos mismos y al público». No entendemos pues qué hace este profesional implicado en un proyecto como el de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), agrupación  en la que dudamos haya muchos colegas que compartan tan sincero reconocimiento.

¿MEDICINA BASADA EN LA EVIDENCIA?

De hecho no es lo que piensa otra de la participantes en esas jornadas, Melania Bentué, para quien «los medios de comunicación aun conservan credibilidad para con los ciudadanos y éstos dan por válido lo que aparece publicado en un medio de comunicación». Ni evidentemente lo que piensa el presidente de la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES) que promociona la web SaludSinBulos, el ya citado Dr. Sergio Vañó, para quien la fuente más fiable debe ser «la medicina basada en evidencias científicas». Así lo postula este dermatólogo y tricólogo -experto en alopecia- que trabaja en un centro privado y que sin duda no ha leído lo que el médico clínico inglés Des Spence publicó el 3 de enero de 2014 en el British Medical Journal, revista de indudable prestigio en la que afirmaba: «El objetivo real de la industria farmacéutica es convertirnos a todos en enfermos sin importar lo sanos que estemos. De hecho los programas de cribado de la Medicina basada en la evidencia no son sino incesantes cosechadoras de sobrediagnósticos y miseria». Médico que tras denunciar que «la industria farmacéutica y la Medicina basada en la evidencia han logrado legitimar diagnósticos ilegítimos ampliando las indicaciones para los fármacos» remataba su artículo con estas palabras: «Los fundamentos de la Medicina basada en la evidencia se han corrompido y están abandonados a su suerte por los académicos y los órganos reguladores«. Agregando luego: «Se patrocina con miles de millones de dólares el estudio, promoción y comercialización de investigación clínica corrupta mientras sus críticos, desorganizados, sólo tienen pancartas y un puñado de rotuladores para trasmitir sus mensajes. Además nadie quiere escuchar a un puñado de tediosos pesimistas. De hecho, ¿a cuántas personas les preocupa que la actual investigación esté contaminada con fraudes, falsos diagnósticos, datos a corto plazo, una regulación casi nula, cuestionarios que no se pueden validar y resultados estadísticamente significativos pero clínicamente irrelevantes? Y es que los expertos que deberían supervisarlo están en el ajo. Ni siquiera el Instituto Nacional de Salud y Buenos Cuidados o Colaboración Cochrane excluyen a los autores con conflictos de interés que pueden tener agendas predeterminadas. Los fundamentos de la Medicina basada en la evidencia se han corrompido; y están corruptos, abandonados a su suerte, por los académicos y los órganos reguladores«.

Y es igualmente evidente que el Dr. Sergio Vañó no ha leído los múltiples reportajes publicados en Discovery DSALUD sobre este asunto ni el Editorial que su director, José Antonio Campoy, publicó en el nº 208 con el durísimo título La medicina convencional es una pseudociencia en el que otras cosas decía: La medicina convencional no es una disciplina científica basada en la evidencia por mucho que los médicos al servicio de la gran industria farmacéutica lo repitan como un mantra ya que solo el 11% de los 3.000 protocolos que se utilizan en los hospitales y clínicas son claramente beneficiosos. Lo constató y publicó hace ya años -sin que nadie lo haya refutado- el British Medical Journal -órgano oficial de la Asociación Médica Británica- añadiendo que un 24% podrían ser “algo beneficiosos”. Y eso implica que la eficacia del 65% de lo que hacen los médicos no está avalada y no se justifica. Lo increíble es que unos datos tan contundentes no hayan llevado a la realización de una inmediata investigación teniendo en cuenta que cada año mueren en los hospitales españoles mientras son tratados con ellos más de 400.000 personas y de que los tratamientos médicos son ya considerados en Estados Unidos la tercera causa directa de muerte tras el cáncer y los problemas cardiovasculares”.

Agregando más adelante: “No es tolerable que mueran anualmente en España más de 400.000 personas mientras se les aplican protocolos médicos de dudosa o nula eficacia y nadie haga nada. Como no es tolerable que los médicos sigan afirmando que en los últimos años se ha avanzado muchísimo en la curación de enfermedades gracias a los recientes avances y descubrimientos de la Medicina cuando es rotundamente falso. En la revista hemos consultado los datos de defunciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) y según los mismos las muertes achacables a “enfermedades” aumentan año tras año por encima del incremento de la población. Luego en la curación de enfermedades la Medicina no ha avanzado NADA; al contrario, cada vez muere más gente en nuestros hospitales. El número de defunciones por enfermedades ha pasado de las 304.850 del 2000 a las 407.489 del 2015 (último año del que hay datos publicados)” (…) Luego la incidencia de las supuestas mejoras de los tratamientos médicos de los tres últimos lustros es no ya NULA sino NEGATIVA. Mueren ahora por “enfermedades” muchas más personas que 15 años antes; dato que -insistimos- no explica siquiera el aumento de la población ya que en 15 años se ha pasado de 304.580 personas fallecidas a 407.489 y eso significa ¡un aumento de casi un 25% en solo 15 años!”

MARKETING MÉDICO Y PUENTES CON LA INDUSTRIA

Pero prosigamos: el tercer soporte de SaludSinBulos es et Al Pharma que, según ella misma explica en Linkedin, es «una consultora de marketing médico que proporciona servicios a la industria farmacéutica”; detallando luego en su web que son una «consultoría de marketing farmacéutico estratégico» que incluye lo que denominan «medical partnering en el desarrollo de nuevas estrategias de marketing» e «intermediación en acciones de laboratorio con la comunidad médica/científica» realizando proyectos de outsourcing y poniendo a disposición del laboratorio redes de ventas ad-hoc. Asimismo maximiza el impacto de las acciones de micromarketing así como lo que denominan «linkbuilding», algo que les permite “diseñar proyectos que establezcan puentes entre los médicos y la industria«. Siendo otra de sus áreas de trabajo la gestión integral de eventos médicos lo que incluye «colaboración con laboratorios en la gestión integral de la formación médica: congresos, eventos únicos, formación digital y educación médica para pacientes». En suma, toda una estrategia desarrollada por especialistas para controlar el mercado y a todos los agentes implicados.

¿Y quiénes hacen uso de estos servicios especializados en garantizar que la visión farmacológica de la salud y la enfermedad sea un monopolio absoluto de la industria y están dispuestos a desprestigiar y atacar  a quienes lo pongan en peligro? En otras palabras, ¿quiénes son los clientes de et Al Pharma que condicionan la web SaludSinBulos? Pues la lista es larga y jugosa: Novartis, Braun, Ipsen, Sanofi, Merial, Almirall, Danone, Lacer, Leti, Grifols, Esteve, Abbott, Faes Farma, Uriach, Pfizer, Nutrexpa, Ucb, Pierre Fabre, Baxter, Fresenius Kabi, Isdin, Amgen, Ferrer, Stallergenes, Salvat, Nestlé, ChupaChups y Gallina Blanca. Eso por lo que se refiere a laboratorios y fabricantes porque et Al Pharma también trabaja para «sociedades científicas» como la Sociedad Española de Oncología Radioterápica, la Sociedad de Neurología y otras en los ámbitos de la Pediatría, la Nefrología, la Cardiología, la Reumatología, la Urología, la Medicina Interna, el Dolor…

Cabe añadir que el Director General de et Al Pharma es el ya citado Rodney Bunker quien –como ya adelantamos- es además responsable de la Delegación en Barcelona de COM Salud  y miembro directivo de la agencia Bubblegum Health. Y no acaba aquí la cosa porque su Director de Marketing Médico es el asesor médico de Novartis y presidente de la Sociedad Española de Médicos Extranjeros Edgardo Kaplinsky, su Director de Educación Médica el presidente de la Asociación Española de Neuroeconomía Pedro Bermejo y su Directora Creativa la también Directora Creativa Ejecutiva de la agencia Bubblegum Health Raquel Mizrah.

¿SON LAS VACUNAS EL PRINCIPAL OBJETIVO DE SALUDSINBULOS?

En fin, el caso es que entre las entidades colaboradoras que figuran en la web de SaludsinBulos volvemos a encontrar la misma obsesión por la censura solo que encubierta bajo conceptos como «excelencia», «criterios médicos adecuados», «calidad», «coherencia» y otros. La Asociación Española de Voluntarios Digitales de Emergencias (VOST) por ejemplo es un «equipo de apoyo de operaciones virtuales» que se creó en 2011 a partir de una idea de Jeff Phillips -Director de Emergencias de Los Ranchos de Alburquerque (EEUU) que tiene hoy divisiones en una quincena de países incluyendo 19 grupos en España- cuya finalidad es «apoyar a los servicios de emergencia de la red y, sobre todo, detectar y neutralizar bulos y rumores«.

Dicho todo esto añadiremos que en cualquier caso lo más sorprendente de todo es comprobar que en realidad SaludsinBulos NO APORTA ABSOLUTAMENTE NADA. Si el lector se molesta en entrar en esa web supuestamente creada para «desmontar bulos» comprobará -así era al menos a mediados de marzo de 2018 cuando se editaba este texto- que en su apartado Detrás del titular hay apenas tres «alertas» sobre alimentación y en la sección de Alertas 13 clasificadas por temas: 2 sobre medicamentos, 5 sobre cáncer, 3 sobre nutrición, 2 sobre donaciones y una sobre vacunas. Pues bien, se limitan a «desmontar» los presuntos bulos limitándose a decir en unas cuantas frases que se trata de informaciones erróneas o falsas sin aportar un solo argumento o referencia científica que sostenga lo que aseveran. Incumpliendo flagrantemente pues los criterios que todas las organizaciones consideran imprescindibles para dar credibilidad, calidad, rigor, coherencia o excelencia a una web de información médica. Solo dan un par de «argumentos» -es un decir- para negar que las vacunas causen autismo. Dos breves párrafos en uno de los cuales se dice que según un estudio llevado a cabo en 2015 «no hay ningún tipo de relación entre la vacuna y el autismo» y en el otro que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la cantidad de mercurio que hay las vacunas es inferior a la que puede causar problemas. Limitándose a mencionar la polémica que generó en España un presentador de televisión al «defender las polémicas tesis de Wakefield» y las reacciones que tuvo la Organización Médica Colegial, la Asociación Española de Profesionales del Autismo y el blog Lucía, mi pediatra. Solo incluyen tres enlaces que figuran bajo el epígrafe «referencias» aunque en realidad se tratan de una simple nota de prensa de la AEPA, del comunicado de la OMC y de una entrada al mencionado blog que, por cierto, incluye entre los comentarios una respuesta pormenorizada a la pediatra con referencias y bibliografía, respuesta que no mereció comentario alguno por parte de la administradora del blog. Obviamente de la numerosísima información publicada por esta revista sobre la relación entre las vacunas y el autismo -que el lector tiene agrupada en https://www.dsalud.com/reportajes/el-peligro-de-las-vacunasni una palabra.

DIEZ AÑOS DESPUÉS VUELVEN A LA CARGA

En definitiva, SaludsinBulos se desvela como una maniobra más en el contexto de la guerra que el modelo médico dominante y quienes medran gracias a él ha desatado contra cualquier crítica al podrido sistema médico actual. Manifiestamente podrido y corrupto como esta revista ha demostrado de forma amplia, extensa, rigurosa y documentada en numerosísimos reportajes de denuncia que las personas interesadas tienen agrupados en https://www.dsalud.com/reportajes/fraudes-y-falsedades-en-el-ambito-medico. De hecho no se trata más que de una iniciativa que ya intentó poner en marcha infructuosamente la Organización Médica Colegial (OMC) hace ahora diez años con un proyecto que denominaron ACSI (Acreditación de Contenidos Sanitarios en Internet) y pretendía «certificar» las informaciones y webs «fiables» a fin de que el público despreciara todas las demás. Lo denunciamos en la sección de Noticias del nº 106 -correspondiente a junio de 2008- con el título La Organización Médica Colegial pretende decidir de qué webs con información sanitaria hay o no que fiarse. Texto que reproducimos textualmente: «Como actualmente existen ya más de 50.000 webs en Internet con información sanitaria y la gente tiene cada vez más acceso a información que no le gusta nada a la industria farmacéutica y a los médicos que se rigen por la llamada Medicina alopática, convencional, ortodoxa o farmacológica -y que algunos han querido rebautizar como Medicina Científica para intentar que vuelva a recuperar el prestigio perdido- el director de la Unidad Tecnológica de la Organización Médica Colegial (OMC), Joan Camps, ha propuesto crear «un sistema de certificación de referencia» cuya intención es que la gente sepa de qué páginas debe fiarse y de cuáles no. Así que han creado un «servicio» llamado Acreditación de Contenidos Sanitarios en Internet (ACSI) que se traduce en una autorización para las webs cuyos contenidos coincidan con lo que ellos piensan y postulan para que puedan lucir un sello que así lo indique. Y para ello han elaborado un «protocolo de acreditación» basado «en estándares internacionales reconocidos como el Dublin Core» del que se encargará «un equipo de acreditadores escogido, todos ellos médicos«. Vamos, un nuevo comité de censores que decidirá lo correcto y lo incorrecto ¡en pleno siglo XXI! Eso sí, se ha presentado de forma aparentemente ecuánime y objetiva ya que dicen que para acreditar un sitio tendrán en cuenta «la calificación de los profesionales que elaboran los contenidos y atienden a las consultas, los criterios éticos que rigen las políticas de las entidades, el cumplimiento de las leyes relativas a la protección de datos personales y al secreto profesional, la actualización de contenidos y la identificación de responsabilidades civiles y penales«. Y para que quede claro pretenden incluir una relación con las webs «no recomendables». Lo patético es que quienes han desarrollado este invento son quienes reconocen abiertamente no tener la más remota idea de las causas de las miles de enfermedades que tienen catalogadas -salvo quizás las infecciosas- y además no saben curarlas. Más que patético, tragicómico».

En suma, la creación de SaludsinBulos no es para muchos observadores más que un nuevo intento de desacreditar las informaciones de quienes con independencia, seriedad, objetividad y rigor denuncian las tergiversaciones, manipulaciones y mentiras de quienes controlan un sistema corrupto plagado de falsedades y “verdades oficiales” que no aguanta ya el más mínimo análisis crítico. Pues bien, en el momento de cerrar este número supimos que la Asociación de Investigadores en eSalud (AIES) que preside Carlos Mateos acababa de firmar un acuerdo con la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) para que sea ésta la que responda. Y es que también ha creado un apartado para lo mismo que anuncia así: «Ante el exceso de información médica al alcance de cualquier internauta y de los riesgos que ello supone para la salud de la población, que accede a contenidos que difícilmente puede contrastar, la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) ha creado una web cuyo objetivo es informar y formar al paciente con criterios médicos adecuados, consensuados y documentados». Comprometiéndose a responder a las consultas en un plazo máximo de cuatro días.  Queda por ver cuál es el criterio que siguen así que estaremos atentos; especialmente porque va a ser interesante saber qué dicen los médicos de atención primaria sobre lo que puedan postular colegas suyos de especialidades sobre las que apenas saben nada. Algo que asimismo acaecerá si tienen que opinar de disciplinas no sanitarias cuyos conocimientos no se imparten en las facultades en las que han estudiado.

Jesús García Blanca

Este reportaje aparece en
214
Abril 2018
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