En entredicho de nuevo la seguridad de uno de los aditivos alimentarios de más amplio uso

La seguridad de muchos de los aditivos alimentarios lleva décadas cuestionándose sin que las autoridades hagan caso de las advertencias; pues bien, en Francia han reaccionado por fin y al menos se ha decidido prohibir en los alimentos a partir de 2020 uno de los más usados: el dióxido de titanio (E171). Hablamos de un aditivo masivamente utilizado en confitería, bombones, chicles, golosinas, postres, platos preparados y otros muchos que se utiliza incluso en cosmética y productos de cuidado personal; de hecho está hasta en las grageas y comprimidos de muchos medicamentos y complementos de herbolario. ¿La razón? Todo indica que produce alteraciones en la microbiota intestinal y puede favorecer o promover la aparición numerosas dolencias, cáncer de colon incluido.

ADITIVOS

Los ministerios franceses de Economía y Finanzas y Transición Ecológica y Solidaridad emitieron el pasado 17 de abril de 2019 un comunicado conjunto explicando que el Gobierno francés había decidido prohibir el dióxido de titanio (E171) en los productos alimenticios a partir del 1 de enero de 2020. La decisión se ha tomado tras la alerta hecha por la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria, Medio Ambiente y Trabajo (ANSES) de Francia según la cual se ha constatado que puede “promover la carcinogénesis” y es pues necesario hacer nuevos estudios antes de seguir permitiéndolo. Estudios sobre sus posibles efectos negativos que fabricantes y comercializadores debieron haber proporcionado al estar obligados a ello y no hicieron por lo que no es posible ni garantizar su seguridad, ni si hay una «ingesta diaria aceptable» (como si fuera razonable admitir que intoxicar poco a poco a las personas se justifica).

La ANSES ya había alertado de este aditivo en un informe publicado justo dos años antes -el 4 de abril de 2017- titulado Opinión sobre la exposición dietética a nanopartículas de dióxido de titanio que se efectuó a petición del propio Gobierno en el que tras recomendar «promover productos seguros sin nanomateriales” se explicaba que el dióxido de titanio puede provocar cáncer. El Gobierno francés ha tardado pues dos años en reaccionar -algo que ha sido muy criticado por distintas asociaciones civiles- pero es que otros gobiernos -entre ellos el español- se han limitado de forma irresponsable -y prevaricadora- a ignorar el problema; lo mismo que las asociaciones de consumidores y los colegios médicos.

El dióxido de titanio (TiO2) es un compuesto químico inorgánico formado por entre un 10% y un 50% de micro y nanopartículas de titanio -si en las etiquetas no figura como nanomaterial es porque el porcentaje no llega al 50 %- que, entre otras muchas cosas, se usa para blanquear alimentos y fue registrado con el código E171 por la Unión Europea en 1969 al no haber detectado ni la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO,) ni la Organización Mundial de la Salud (OMS), ni la FDA riesgo alguno por su ingesta. Claro signo de por qué hay miles de productos químicos tóxicos en el mercado ya que desde 2010 se sabe que es potencialmente cancerígeno por lo que durante 41 años las autoridades sanitarias han permitido que se intoxicara con él a cientos de millones de personas por desidia o ignorancia y desde hace nueve por manifiesta incompetencia o corrupción. A fin de cuentas hablamos de un químico tóxico que se utiliza para blanquear o hacer brillar -es fotocatalizador- multitud de materiales y productos de construcción pero también en cosméticos, productos de higiene, fármacos, suplementos fitoterápicos y ortomoleculares y multitud de alimentos; entre ellos en algunos de los más consumidos por los niños: bombones, chocolates, galletas, chicles, golosinas, pipas de calabaza, postres, platos preparados… Algo preocupante porque según el trabajo Titanium Dioxide Nanoparticles in Food and Personal Care Products (Nanopartículas de dióxido de titanio en productos alimenticios y de cuidado personal) publicado en 20102 en Environmental Science & Technology un niño ingiere hoy entre 2 y 4 veces más dióxido de titanio que un adulto.

AÑOS DE INVESTIGACIÓN Y PREOCUPACIÓN

Y lo más grotesco es que se trata de una sustancia que ni siquiera ayuda a la conservación de los alimentos ya que su cometido es sólo estético. Es pues inconcebible que siga autorizado cuando…

…en 2010 la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) modificó su clasificación pasando el dióxido de titanio (E171) de «no carcinogénico» a «probable carcinógeno en humanos» (Grupo 2B) cuando se inhala.

…en mayo de 2014 la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria, Medio Ambiente y Trabajo (ANSES) de Francia propuso clasificar como sustancias peligrosas las nanopartículas incluyendo entre ellas al dióxido de titanio. Un año después -el 20 de mayo de 2015- reconocería que su simple inhalación provoca en ratas tumores de pulmón y propuso a la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) que la clasificara como «sustancia carcinógena por vía pulmonar» incluyéndola en la categoría 1B.

…en 2016 la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) alegaría que no se había demostrado que su ingesta represente un peligro para la salud pero reconoció no ser capaz de determinar «una ingesta diaria aceptable» por falta de datos. Vergonzoso comportamiento porque no es quien consume un producto químico inorgánico no natural añadido a un alimento quien debería demostrar que es tóxico sino quien lo fabrica y comercializa el que debería demostrar antes de hacerlo que es inocuo. Pero, claro, todos esos organismos están en realidad controlados por las grandes industrias como en esta revista hemos explicado y documentado muchas veces.

…el 4 de abril de 2017 la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria, Medio Ambiente y Trabajo (ANSES),  como antes dijimos, recomienda al Gobierno francés que se prohíba.

…en julio de 2017 -tres meses después- ocho organizaciones civiles que participan en el Grupo de trabajo sobre etiquetado y restricción de nanomateriales del Ministerio de Medio Ambiente francés dirigen una Carta Abierta al Gobierno titulada Etiquetado y restricción de nanomateriales en los productos de consumo. Tras el debate ¡es hora de actuar!” en la que dicen: “Estamos todos expuestos -casi siempre sin saberloa todo tipo de nanomateriales en cosméticos, ropa, alimentos, medicinas, detergentes, etc. En Francia se importan o fabrican cada año casi 500.000 toneladas de nanomateriales -cifra oficial muy inferior a la real- extremadamente pequeños, reactivos y ampliamente utilizados que presentan riesgos para la salud y el medio ambiente generando preocupaciones importantes porque se están confirmando las advertencias sanitarias realizadas hace más de una década. El Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia (INRA) y la ANSES han confirmado la sospecha de carcinogenicidad de las nanopartículas de dióxido de titanio contenidas en muchos alimentos, medicamentos y pastas de dientes”. La carta agrega que la Organización Mundial de la Salud ya había advertido del riesgo de usar nanopartículas en los productos de consumo cotidiano y proponía aplicar el Principio de Precaución sin que nadie  hiciera caso.

…en febrero de 2018 el Gobierno francés solicitó a la Comisión Europea que se tomaran medidas a nivel europeo para suspender la autorización del dióxido de titanio una vez conocidos los estudios más recientes sobre sus riesgos cancerígenos, al menos hasta que la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) hiciera una nueva evaluación. No se le hizo caso pero esa agencia, que sepamos,  tampoco ha hecho nada más.

…en noviembre de 2018 la Asamblea Nacional Francesa votó una propuesta para prohibir de inmediato los productos con dióxido de titanio pero el propio gobierno no pudo hacerlo porque para activar la cláusula de salvaguarda europea que permite impedir la importación de un producto el peligro debe ser «grave e inmediato«. Ambas cosas. Y tras décadas de uso era difícil argüirlo, especialmente cuando otros países siguen inexplicablemente considerándolo seguro.

Una postura que al director y portavoz de Générations futures François Veillerette le pareció    «incomprensible» e «inaceptable» añadiendo: «El ministro alega que no hay certidumbre sobre la peligrosidad del producto pero precisamente porque hay incertidumbre es por lo que se votó su suspensión (…) No se puede mantener en el mercado un producto sospechoso».

…el pasado 17 de abril el Gobierno francés anunció finalmente que aplicaba el Principio de Precaución e iba a prohibir la comercialización de todo producto alimenticio que contenga dióxido de titanio a partir del 1 de enero de 2020. Decisión acogida con satisfacción que abre ahora la lucha por conseguir que la prohibición se extienda a los cosméticos y medicamentos. Un problema para la industria farmacéutica porque se calcula que el tóxico dióxido de titanio está presente ¡en más de 4.000 fármacos!

La Asociación de Productores de Dióxido de Titanio, obviamente, sigue con su cantinela de que en los más de 50 años de su uso como colorante no se ha demostrado que su ingesta dé lugar a problemas de salud en los humanos -se ha demostrado en ratas- como si fuera lícito y ético someter a personas a productos que ya han demostrado ser tóxicos en animales. Además, como ya hemos dicho antes, son ellos los que deben probar su inocuidad y no el consumidor la toxicidad.

SU TOXICIDAD AL INGERIRSE ESTÁ DEMOSTRADA

Debe saberse que la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria, Medio Ambiente y Trabajo (ANSES) de Francia ha encontrado desde 2017 veinticinco nuevos estudios publicados y en uno de ellos se asegura que el dióxido de titanio provoca «modificaciones de los mecanismos biológicos celulares en ratones y anormalidades del desarrollo en invertebrados».  Aunque quizás el más significativo sea el efectuado por el Instituto Nacional de Investigación Agronómica (INRA) de Francia cuyo título es de por sí descriptivo: Food-grade TiO2 impairs intestinal and systemic immune homeostasis, initiates preneoplastic lesions and promotes aberrant crypt development in the rat colon (El dióxido de titanio alimentario altera la homeostasis inmune intestinal y sistémica, da lugar a lesiones pre-neoplásicas y promueve el desarrollo de criptas aberrantes en el colon de ratas). Realizado por un grupo conjunto de investigadores del Centro de Investigación en Toxicología de los Alimentos de la Universidad de Toulouse y el INRA encabezado por Sarah Bettini se publicó en enero de 2017 en Scientific Reports. El trabajo demostró -por primera vez- que el dióxido de titanio atraviesa la pared intestinal y penetra en el organismo provocando trastornos en el sistema inmune y lesiones pre-neoplásicas en el colon; así acaeció en el 40% de los animales que recibieron 10 mg diarios por kilo de peso, cantidad en ratas equivalente al que de media ingiere hoy un ser humano según los datos de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria de septiembre de 2016.

Tras su ingesta  encontraron partículas de dióxido de titanio en las paredes del intestino delgado, en sus hígados, en el bazo -órgano clave en la inmunidad sistémica- y en el colon; en este caso afectando a las placas de Peyer que, al desequilibrarse, no pueden producir citoquinas lo que acaba provocando una microinflamación de la mucosa colónica. Recuérdese que las placas de Peyer son cúmulos de tejido linfático que recubren interiormente las paredes del intestino delgado y lo forman células especializadas en identificar los antígenos de los alimentos que pasan por el tracto digestivo a fin de destruir toda bacteria o microorganismo nocivo que pase.

Y por si todo ello fuera poco descubrieron que su ingesta crónica promueve carcinogénesis colorrectal. Así acaeció al hacer beber a varias ratas agua con dióxido de titanio durante cien días: cuatro de las once desarrollaron espontáneamente lesiones neoplásicas en el epitelio intestinal. Luego comprobarían en otro grupo, tras inducirles con un agente experimental lesiones cancerígenas, que la ingesta del dióxido de titanio aumentaba el tamaño de esas lesiones.

Estas fueron sus conclusiones: “Este estudio demuestra por primera vez que el aditivo E171, fuente de nanopartículas de dióxido de titanio que llegan hasta el intestino y pasan luego al resto del organismo, afectan a la función inmunitaria y dan lugar al desarrollo de lesiones pre-neoplásicas en el colon. Estos resultados iniciales justifican efectuar un estudio sobre sus efectos carcinogénicos, siguiendo las líneas directrices de la OCDE a fin de complementar las observaciones en etapas más avanzadas de la enfermedad”.

Por su parte, un grupo de investigadores del Departamento de Toxicogenómica del Instituto GROW de Oncología y Biología del Desarrollo de la Universidad de Maastricht (Países Bajos) encabezado por Héloïse Proquin publicó en junio de 2018 en Nature el trabajo Transcriptomics analysis reveals new insights in E171-induced molecular alterations in a mouse model of colon cancer (Un análisis transcriptómico revela nuevas perspectivas en las alteraciones moleculares inducidas por el E171 en un modelo de ratón de cáncer de colon). Se trata de un ensayo en el que durante 4 semanas se dio a un grupo de ratones 5 mg de dióxido de titanio por kilo de peso apreciándose al terminar alteraciones neoplásicas en el colon distal y comprobándose a los 2, 7, 14 y 21 días que se desactivan los genes que regulan la inflamación -reduciéndose así la capacidad inmune- y se activan los relacionados con el desarrollo de cáncer colorrectal.

Nuestros resultados –concluye diciendo el trabajo- muestran que el dióxido de titano (E171) induce una regulación a la baja de los genes involucrados en el sistema inmunitario innato y adaptativo lo que sugiere el deterioro del sistema. Además, con el tiempo, se modularon los genes de señalización involucrados en el cáncer colorrectal y otros tipos de cáncer. En cuanto al desarrollo del cáncer se observaron efectos potencialmente asociados con el estrés oxidativo a través de la modulación de genes relacionados con la producción de antioxidantes. El E171 afectó a los genes implicados en la biotransformación de xenobióticos que pueden formar intermedios reactivos causantes de efectos toxicológicos. Estos datos de transcriptómica reflejan las respuestas biológicas tempranas inducidas por el E171 que preceden a la formación de tumores en un modelo de cáncer colorrectal inducido”.

Terminamos este apartado citando por su importancia un trabajo anterior a 2017. Un grupo de investigadores del Departamento de Ciencias de la Salud Ocupacional y Ambiental de la Universidad de Pekín (China) con Yun Wang como primer firmante publicó en 2012 en Small Nano Micro el trabajo Susceptibility of Young and Adult Rats to the Oral Toxicity of Titanium Dioxide Nanoparticles, (Susceptibilidad de ratas jóvenes y adultas a la toxicidad oral de las nanopartículas de dióxido de titanio). Y según el mismo una dosis diaria de 200 mg por kilo de peso durante 30 días dio en ratas jóvenes (de 3 semanas de edad) efectos diferentes que en las adultas (8 semanas de edad). En las más jóvenes se observaron lesiones cardíacas, edema hepático y activación de mastocitos no alérgicos en el tejido del estómago mientras en las adultas solo se observaron efectos tóxicos leves. Hecho muy preocupante porque sugiere que el dióxido de titanio es especialmente peligroso en los niños.

Y EN 2019 MÁS DE LO MISMO 

Cabe agregar que  sólo unos días después de que el Gobierno francés anunciara la prohibición del dióxido de titanio a partir de 2020 aparecía un nuevo trabajo en Frontiers in Nutrition publicado por un grupo de investigadores del Sydney Nano Institute de Australia encabezado por Laurence Macia titulado Impact of the Food Additive Titanium Dioxide (E171) on Gut Microbiota-Host Interaction (Impacto del aditivo alimentario dióxido de titanio (E171) en la interacción microbiana-huésped intestinal). Su objetivo era establecer si su ingesta afecta a la homeostasis intestinal y el trabajo demostró que provoca disbiosis intestinal al dañar la microbiota, hace aumentar la permeabilidad intestinal y dar lugar a inflamación; daños que pueden ser causa directa de colitis y cáncer colorrectal. Los investigadores constataron que bastan unas pocas semanas de consumo diario para deteriorar la homeostasis del colon provocando cambios en los metabolitos bacterianos y promoviendo la formación de biopelículas. Según explican aunque el impacto en la microbiota intestinal es mínimo su ingesta hace disminuir la cantidad de mucinas, aumenta en el colon el número de citoquinas inflamatorias y el organismo reacciona incrementando el número de macrófagos, células T CD8+ y células T17. Aumento de la inflamación que asociaron a una disminución en la longitud de la cripta colónica, fenómeno habitual en las enfermedades inflamatorias del intestino.

En resumen, -concluye diciendo el trabajo-, nuestros hallazgos demuestran que el dióxido de titanio afecta profundamente la homeostasis intestinal en ratones y que dichos cambios pueden acaecer en un período de tiempo significativamente más corto que en la exposición típica para la población humana. Los cambios fueron más significativos a dosis altas -50 mg diarios por kilo de peso- pero fueron igualmente significativos con a dosis fisiológicas de 2 y 10 mg diarios por kilo de peso. El ambiente proinflamatorio y la formación de biopelículas que induce el dióxido de titanio predispone a enfermedades inflamatorias del intestino y a cáncer colorrectal; es más, se ha demostrado que las agrava si ya se padecen. A las dosis más altas reduce además la producción de ácidos grasos de cadena corta lo que tiene profundas implicaciones para la salud pues se ha demostrado que el acetato -ácido graso de cadena corta- protege de la colitis, el cáncer colorrectal, la alergia a los alimentos, el asma y la diabetes tipo 1”.

Añadiremos que el pasado mes de mayo un grupo de investigadores del Instituto de Investigación Interdisciplinar de Grenoble (Francia) liderado por Marie Dorier publicó en Environmental Science: Nano un trabajo titulado The food additive E171 and titanium dioxide nanoparticles indirectly alter the homeostasis of human intestinal epithelial cells in vitro (El aditivo alimentario E171 y las nanopartículas de dióxido de titanio alteran indirectamente la homeostasis de las células epiteliales intestinales humanas in vitro) que ha confirmado los hallazgos anteriores. Según explican las células epiteliales expuestas repetidamente in vitro a dióxido de titanio se inflaman y aumenta la secreción de moco. “Las partículas dióxido de titanio tanto a nivel micro como nano –señala el trabajo– inducen una desregulación moderada pero significativa de múltiples marcadores de la función de la barrera intestinal, mediada probablemente por la secreción de citoquinas inflamatorias”. El trabajo revisó además 16 estudios en animales y según los mismos las nanopartículas de dióxido de titanio se concentran y acumulan en los tejidos de los mamíferos y otros vertebrados al eliminarse difícilmente.

EL PELIGRO DE LAS NANOPARTÍCULAS

Pues bien, lo ocurrido con el dióxido de titanio no es más que un ejemplo de lo que se avecina ya que son muchos los efectos negativos de numerosos aditivos alimentarios que, sin embargo, están autorizados.

Siendo especialmente peligrosas las nanopartículas que se agregan a muchos alimentos -para modificar su textura, apariencia o estabilidad-, fármacos, complementos dietéticos y fitoterápicos y productos de higiene.

Aunque usted no sea consciente de ello  hoy se agregan multitud de nanopartículas -tanto inorgánicas (plata, óxido de hierro, dióxido de titanio, dióxido de silicio y óxido de zinc)- como orgánicas (lípidos, proteínas y carbohidratos)- a muchos alimentos, tanto  naturales como procesados. Es más, la industria alimentaria sigue investigando para fabricar más nanopartículas que añadir a todo lo que comemos. Nanopartículas que se añaden a las que ya aparecen en los alimentos cuando se procesan industrialmente al molerlos, cocerlos y homogeneizarlos.

David Julián McClements y Hang Xiao, investigadores del Departamento de Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Massachusetts Amherst (EEUU), publicaron por su parte en 2017 en Nature el trabajo Is nano safe in foods? Establishing the factors impacting the gastrointestinal fate and toxicity of organic and inorganic food-grade nanoparticles (¿Es lo nano seguro en los alimentos? Estableciendo los factores que afectan al tracto gastrointestinal y la toxicidad de las nanopartículas orgánicas e inorgánicas de grado alimentario). Se trata de un estudio que analiza los tipos de nanopartículas orgánicas e inorgánicas utilizadas actualmente en la alimentación, sus características, sus posibles efectos biológicos y su potencial toxicidad según el cual las inorgánicas se acumulan en los tejidos intoxicándolos mientras las orgánicas facilitan la biodisponibilidad de sustancias reconocidamente tóxicas -como pesticidas y hormonas- y hacen que sustancias que solo son tóxicas a altas dosis -como ciertas vitaminas liposolubles- lo sean más fácilmente.

Su trabajo concluye diciendo: “Existe un considerable interés en utilizar nanopartículas orgánicas e inorgánicas en los alimentos por su presunto potencial para mejorar la calidad, la seguridad y sus atributos nutricionales pero su pequeño tamaño hace que en el interior del cuerpo humano puedan comportarse de manera diferente a como lo hacen las partículas grandes y materiales a granel utilizados convencionalmente como ingredientes alimentarios. Es pues necesario comprender mejor el destino gastrointestinal de las nanopartículas ingeridas y caracterizar su potencial toxicidad. Actualmente no se conoce suficientemente el destino y posible toxicidad gastrointestinal de la mayoría de las nanopartículas de grado alimenticio y no es pues posible hacer una recomendación general única sobre la seguridad de todos los tipos de nanopartículas”.

La pregunta final de este texto, ante todo lo antedicho, es pues obvia: ¿hasta cuándo va a consentir la sociedad el dislate actual? ¿Por qué permiten las autoridades sanitarias que se estén agregando a los alimentos cientos de aditivos cuya inocuidad no está probada en la inmensa mayoría de los casos? ¿Y cómo osan decir -ellas y los médicos- que se ignoran las causas de las miles de enfermedades nuevas aparecidas en las últimas décadas? Todo indica que si no se conocen es porque no se investigan adecuadamente los efectos nocivos de lo que se está añadiendo sin necesidad real a los alimentos.

Antonio F. Muro

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Julio-Agosto 2019
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