¡La seguridad de las vacunas a medio plazo no se ha probado jamás!

El pasado mes de septiembre 117 organizaciones internacionales –dos de ellas españolas- firmaron una Carta Abierta dirigida a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la que denunciaban que el sistema de vigilancia de las vacunas es “lamentablemente inadecuado”. Denuncia que llega tras conocerse la reciente administración de 250.000 vacunas defectuosas en China, los numerosos casos de parálisis y muerte registrados tras la campaña contra la polio efectuada en la India y los daños causados por la vacuna del dengue en Filipinas. Escándalos a los que se une el hecho de que ahora sabemos que el Departamento de Salud y Servicios Humanos del Gobierno estadounidense encargado de vigilar bianualmente la seguridad de las vacunas ¡no ha realizado un solo control en 32 años!

VACUNAS

El pasado 21 de septiembre 117 organizaciones internacionales –entre ellas dos españolas: La Liga por la Libertad de Vacunación y la Asociación de Afectadas por la Vacuna del Virus del Papiloma Humano– respaldadas por millones de firmas exigieron que se mejore el control de seguridad de las vacunas en una Carta Abierta dirigida a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Red de Laboratorios de Control de Calidad Global de las Vacunas, al Parlamento Europeo, a la Agencia Europea del Medicamento y a la Dirección Europea de Calidad de los Medicamentos.

¿Que usted no ha oído o leído nada sobre ello en los medios de comunicación que tachan de «antivacunas» incluso a los que solo reclaman mayores medidas de seguridad? Pues ya puede suponer quiénes están detrás de tan ominoso silencio. Porque esas 117 organizaciones ni siquiera pidieron su abolición, solo medidas para que no contribuyan al cada vez mayor número de enfermedades crónicas que asolan a la humanidad, especialmente en niños. Y es que cualquier pediatra con experiencia sabe que vivimos una auténtica explosión de patologías infantiles de todo tipo -entre las que destacan las neurológicas- y que la misma coincide en el tiempo con la inoculación masiva de vacunas. Así que nos enfrentamos a una terrible paradoja: cuánto más se vacuna a los niños más enfermos hay entre ellos.

Y no se alegue que la causa es genética porque ésta no cambia en tan pocos años de forma masiva. Lo que sí contribuye es la Epigenética, es decir, el medio ambiente y la alimentación. A fin de cuentas estamos hoy contaminados por todo tipo de toxinas, metales pesados, pesticidas y herbicidas -como el glifosato-, fluoruros, bisfenol A, ftalatos, retardantes de llama, aditivos alimentarios… y así un largo etcétera. Y obviamente por la actual fabricación industrial de las vacunas y la forma de administrarlas.

Se trata de una Carta Abierta en la que se afirman cosas tan duras y graves que los grandes medios de comunicación no están dispuestos a difundirla; como éstas: “La obesidad, el asma, el cáncer, las enfermedades inmunes y autoinmunes y los trastornos neurológicos y del desarrollo son ‘enfermedades del estilo de vida’ causadas o agravadas principalmente por la mala nutrición y la carga tóxica”. Añadiendo: “Las vacunas se administran a personas sanas para prevenir infecciones específicas pero no se está evaluando su impacto a largo plazo en el sistema inmune ni su posible papel en la enfermedad crónica. El riesgo individual de resultados desfavorables, tanto para las infecciones como para la vacunación, varía ampliamente y la vacunación masiva sin la discriminación adecuada a nivel individual está provocando lesiones, muertes y consecuencias adversas no deseadas”.

La carta recuerda que en los últimos años investigadores y laboratorios independientes han descubierto que muchas vacunas llegan al mercado contaminadas por retrovirus y nanopartículas; y que se han encontrado en ellas altos niveles de aluminio, metal que luego aparece tanto en los cerebros de niños autistas como en personas que padecen trastornos neurológicos como el alzheimer. Pues bien, quienes simplemente reclaman “seguridad, transparencia e investigación independiente” y «recuperar la confianza perdida en las vacunas” son tildados despectivamente de «antivacunas» cuando se limitan a reclamar a la OMS que antes de emitir cualquier recomendación o autorización sobre ellas sean sometidas previamente a estudios que permitan determinar al menos que realmente…

…no son cancerígenas.

… no causan infertilidad.

…no dañan el ADN y no tienen efectos mutagénicos.

…no provocan malformaciones fetales durante el embarazo o abortos.

…no afectan negativamente al desarrollo neurológico y cerebral del feto durante el embarazo ni al niño durante la infancia.

Todo ello mediante ensayos clínicos extensos en el tiempo -y no de unos pocos días- realizados por organismos independientes sin conflictos de interés –y no por los propios fabricantes- que valoren objetivamente la seguridad y eficacia real de las vacunas. Pruebas con placebo inerte y no con tóxicos. Peticiones todas ellas razonables y de puro sentido común.

Es más, con la misma idea de «generar confianza en las vacunas» -luego los firmantes no están directamente en contra- piden a la Organización Mundial de la Salud que realice estudios -ya que no existen- sobre:

-Los adyuvantes y conservantes que llevan -como el aluminio, el mercurio y el escualeno- y sus efectos iatrogénicos cuando se acumulan en el organismo.

-La inocuidad o toxicidad de otros materiales utilizados en ellas como el polisorbato y el formaldehído.

-La seguridad de las vacunas en función de la edad.

-Su impacto real en la salud global con comparativas entre poblaciones vacunadas y no vacunadas.

-Si las personas inoculadas con vacunas de virus vivos -como las del sarampión, las paperas, la rubéola, la varicela, la influenza o la polio- y por tanto supuestamente inmunizadas pueden infectar a personas que estén en contacto con ellas.

Pedimos de forma específica que se investigue a fondo el uso de vacunas combinadas y la administración en un mismo día de varias. Las cifras de la India muestran que el número de muertes en los tres días posteriores a la vacunación se duplicó cuando se usó la Vacuna Pentavalente en lugar de una vacuna triple DTP. La proyección de este impacto indica que este cambio causará entre 7.020 y 8.190 muertes de bebés en la India cada año. Además parece que en los informes de seguridad periódicos y confidenciales de la vacuna de la polio hexavalente Infanrix presentada a la Agencia Europea del Medicamento el fabricante GlaxoSmithKline eliminó de los informes varios casos de muerte”.

En cuanto a la ampliamente denunciada relación de las vacunas con el autismo los firmantes requieren la realización de nuevos estudios pero independientes dado el testimonio de William Thompson, experto de los Centros para el Control de las Enfermedades de Estados Unidos que en 2014 confesó haber manipulado los datos de un estudio de referencia clave porque vinculaba las vacunas con el autismo. “Uno de cada 36 niños es hoy diagnosticado en Estados Unidos como afecto de trastorno del espectro autista -se explica en la Carta Abierta por lo que estudiar el asunto tiene prioridad absoluta. Se precisan pruebas de laboratorio independientes y nuevos ensayos clínicos porque no vale ya decir que las estadísticas ‘no son concluyentes'». 

SE ESTÁ EXPERIMENTANDO CON LA GENTE 

Tras denunciar con algunos ejemplos la inseguridad con la que algunas vacunas llegan al mercado los autores del documento denuncian luego una realidad inquietante: “Los efectos a largo plazo de las vacunas no se estudian y la reciente revisión de la clasificación de Eventos adversos tras la inmunización no permite la notificación precisa de casos de muerte o efectos secundarios no declarados previamente por el fabricante. El alarmante aumento de enfermedades crónicas y trastornos inmunes y autoinmunes exige pues de forma imperativa e inmediata adoptar en todo el mundo acciones responsables».

La carta denuncia asimismo que actualmente…

…los estudios previos a la obtención de la licencia de comercialización los realizan exclusivamente los fabricantes cuando es obvio que existe «un claro conflicto de intereses”.

…los estudios previos no recogen -porque no pueden hacerlo- todos los eventos adversos que acaecen en el mundo real.

…las revistas científicas revisadas por pares encargadas de publicar los resultados han demostrado a lo largo de los últimos años tener enormes conflictos de interés llegando a publicar numerosos estudios sesgados o falsos.

-Y lo más importante: la vigilancia posterior a la comercialización es inadecuada porque solo se reportan del 1% al 10% de los eventos adversos.

De ahí que termine diciéndose en la Carta Abierta: “Es absolutamente imperativo que estudios y expertos independientes participen en la aprobación y recomendaciones de las vacunas y las políticas de vacunación. Además cuando la Organización Mundial de la Salud garantice la seguridad de una vacuna deberá asumir también su responsabilidad en caso de eventos adversos post-vacunación”. Exigencia tras la cual se dice de forma igualmente contundente: “Promover la vacunación obligatoria para poblaciones enteras con productos cuya seguridad y eficacia se basa esencialmente en los datos de los fabricantes es una clara violación del Principio de Precaución y, como tal, lo convierte en un experimento médico forzoso.

EL ESCÁNDALO DE INFANRIX

Son muchas las personas –médicos incluidos- que creen de buena fe que las vacunas son seguras y eficaces. Probablemente porque les faltan datos como los que vamos a facilitar, alguno de los cuales se citan en la Carta Abierta que comentamos. Y vamos a empezar contando el caso de la vacuna infantil Infanrix sobre la que hace apenas un año los médicos hindúes Jacob Puliyel y C. Sathyamala publicaron un nuevo trabajo –apareció en septiembre de 2017 en Indian Journal of Medical Ethics– titulado Infanrix hexa and sudden death: a review of the periodic safety update reports (Infarix hexa y muerte súbita: revisión de los informes periódicos de seguridad actualizados).

Fue el 23 de octubre de 2000 cuando se comercializaron en el mundo dos vacunas hexavalentes (contra la difteria, el tétanos, la tosferina, la hepatitis B, la poliomielitis y las infecciones por la Haemophilus influenzae tipo b); nos referimos a Infanrix hexa de GlaxoSmithKline y a Hexavac de Sanofi Pasteur. Pues bien, solo cinco años después hubo que suspender en la Unión Europea la comercialización de Hexavac tras sospecharse que la vacuna podía estar relacionada con la muerte súbita de cuatro niños que la recibieron en su segundo año de vida y uno más 24 horas más tarde. Ordenando a continuación la Agencia Europea del Medicamento su retirada tras admitir oficialmente que en lugar de disminuir la posibilidad de contagio de la hepatitis B podía favorecerla.

Pues bien, los médicos hindúes antes citados sugieren en su artículo que Infanrix hexa puede ser igual de problemática. De hecho revelan que el fabricante –GlaxoSmithKline omitió informar a las autoridades reguladoras de que en sus pruebas con Infanrix hubo un aumento estadísticamente significativo de muerte súbita infantil en los cuatro días posteriores a su administración y que la Agencia Europea del Medicamento se limitó a aceptar los datos manipulados.

En Europa los fabricantes de vacunas proporcionan habitualmente a la Agencia Europea del Medicamento documentos de farmacovigilancia denominados informes periódicos de seguridad (PSUR). Se trata de análisis médicos críticos que evalúan “datos de seguridad nuevos o cambiantes” y la Agencia Europea del Medicamento se basa en ellos para establecer o defender su postura ante las vacunas.

Bueno, pues en esos informes GlaxoSmithKline compara generalmente las muertes «esperadas» -aquellas que dicen se hubieran producido aún sin vacunación- con las «observadas» tras la vacunación con la vacuna hexavalente. En pocas palabras: si las muertes «observadas» hubieran superado significativamente las «esperadas» GlaxoSmithKline se hubiera visto obligada a informar de que su vacuna comporta «un mayor riesgo de muerte súbita infantil».

Y el caso es que Puliyel y Sathyamala pudieron analizar los datos de los informes periódicos de seguridad (PSUR) 15 y 16 presentados por esa multinacional -fueron puestos a disposición del público por el juez italiano Nicola Di Leo- así como los restantes hasta el 19 proporcionados por la propia Agencia Europea del Medicamento e inmediatamente observaron en el informe nº 15 que entre los bebés menores de un año vacunados 58 habían fallecido y que entre ellos el 72% (42 de 58) murió en los primeros tres días después de la vacunación y el 93% en los 10 días siguientes. Asimismo comprobaron que los datos del informe nº 19 no eran «consistentes» con los otros afirmando: “Además de las muertes eliminadas del PSUR 16 hay un mayor riesgo de muerte -estadísticamente significativo- en los 4 días siguientes a la vacunación respecto a las muertes esperadas. Los fabricantes deben explicar por qué esas muertes no se incluyeron en el PSUR 19. Mayor riesgo de muerte que no se comunicó ni a las autoridades reguladoras ni al personal de salud que administra la vacuna”. Ante lo que advierten: “Pasar por alto las muertes tras una vacunación puede retrasar la evaluación del perfil de seguridad de una vacuna y dar lugar potencialmente a más muertes innecesarias lo que es difícil de justificar éticamente«.

Cabe recordar que la polémica sobre las vacunas hexavalentes no es nueva. Ya en marzo de 2014 los investigadores italianos L Matturri, G. Del Corno y G. Lavezzi, publicaron en Current Medicinal Chemistry un artículo titulado Sudden Infant Death Following Hexavalent Vaccination: A Neuropathologic Study (Muerte infantil súbita después de la vacunación con una vacuna hexavalente: un estudio neuropatológico) en el que estudiaron la posible relación causal entre 110 víctimas del llamado Síndrome de Muerte Infantil Súbita y la vacuna hexavalente. Estudiando histológicamente en profundidad el sistema nervioso autónomo de todos ellos comprobarían que en 13 la muerte acaeció entre 1 y 7 días después de la administración de la vacuna hexavalente sin que se observaran alteraciones congénitas. Los autores concluirían diciendo: “Si bien este estudio no ha constatado relación causal entre la vacuna hexavalente y el Síndrome de Muerte Infantil Súbita inferimos que los componentes de la vacuna podrían haber jugado un papel directo en el resultado letal de los bebés más vulnerables. En conclusión: es necesario investigar adecuadamente por qué se producen tantas muertes poco después de la vacunación con la hexavalente sometiendo a quienes fallecen a un examen post mortem -particularmente del sistema nervioso autónomo- efectuado por un patólogo experto que evalúe objetivamente el posible papel causal de la vacuna”.

Bueno, pues aun así la OMS y las agencias gubernamentales de salud descartan sin más cualquier posible vínculo entre las vacunas y el síndrome de muerte súbita infantil.

EL FRAUDE DE LOS PLACEBOS ADULTERADOS 

¿Y qué decir de las vacunas contra el virus del papiloma humano? En 2016 el Nordic Cochrane Center acusó directamente a la Agencia Europea del Medicamento (EMA) de ocultar a la opinión pública “la existencia de dudas sobre la seguridad de la vacuna, que las compañías farmacéuticas no son de fiar y que es incorrecto agrupar los resultados obtenidos con un placebo genuino con los obtenidos con un placebo potencialmente neurotóxico”; agregando que ese agrupamiento más bien parece «un encubrimiento».

«La Agencia Europea del Medicamento -aseveran- debió haber informado al público, en lugar de mantenerlo en secreto, de la inaceptable sustitución de un verdadero placebo por un placebo activo. Es totalmente inaceptable y contrario a las buenas prácticas científicas; hasta el punto de que lo consideramos una mala conducta científica de la Agencia Europea del Medicamento”.

Y es que es evidente que si en un ensayo se utiliza como placebo una sustancia potencialmente dañina la diferencia estadística entre los daños producidos entre éste y el fármaco será menor. A juicio del Nordic Cochrane Center este simple hecho descalifica los ensayos que permitieron la comercialización de las vacunas contra el virus del papiloma humano. A pesar de lo cual la vacuna sigue inoculándose.

Apenas un año después -en diciembre de 2017- se publicaría en Clinical Rheumatology un artículo titulado Serious adverse events after HPV vaccination: a critical review of randomized trials and post-marketing case series (Eventos adversos graves después de la vacunación contra el VPH: revisión crítica de los ensayos aleatorios y series de casos posteriores a la comercialización) según el cual la vacuna se asocia a una “amplia gama de riesgos devastadores”. El trabajo lo efectuaron los investigadores mexicanos del Departamento de Reumatología del Instituto Nacional del Cáncer de México Manuel Martínez Lavín y Luis Amezcua-Guerra y en él se afirma que los fabricantes de vacunas utilizaron falsos placebos en los ensayos clínicos para ocultar sus numerosos y devastadores riesgos asociados. Y es que tanto Merck Sharp & Dohme como GlaxoSmithKline usaron «placebos» con aluminio -que es neurotóxico- y encima redujeron el período de observación a unos pocos meses.

El trabajo es importante y significativo porque se analizaron más de 28 estudios publicados hasta enero de 2017 -16 de ellos aleatorizados- y 12 series de casos posteriores a la comercialización pertenecientes a las tres vacunas contra el VPH que se comercializan actualmente en el mundo. Revisado por expertos en julio de 2017 el informe desvela que las vacunas pueden dar lugar a numerosos eventos adversos; desde discapacidades permanentes hasta la muerte. Incluidas la vacuna bivalente Cervarix de GlaxoSmithKline y las cuadrivalentes o de nueve valencias de Merck Sharp & Dohme (Gardasil y Gardasil 9). “Ensayos aleatorios preclínicos y series de casos de postcomercialización independientes –afirman en sus conclusiones- describen similares grupos de síntomas tras la inmunización; hallazgos que arrojan nuevas dudas sobre la seguridad de la Vacuna del Virus del Papiloma Humano”.

Según Martínez Lavín y Amezcua-Guerra los investigadores de esas compañías farmacéuticas descartaron, minimizaron u ocultaron de forma rutinaria los daños mediante manipulaciones estadísticas y comparaciones inválidas diseñadas para disminuir su importancia. Es más, explican cómo puede estar dañando la vacuna: “Basándonos en una investigación nuestra anterior sobre fibromialgia pensamos que en personas susceptibles partículas similares al virus del VPH y/o al adyuvante de aluminio pueden ser neurotóxicas y dañar la espina dorsal y los ganglios provocando disautonomía y neuropatía de fibras pequeñas. Los informes de casos recientes que describen anticuerpos contra diferentes receptores del sistema nervioso autónomo en pacientes que enfermaron después de la vacunación contra el VPH coinciden con esta hipótesis”.

Lo sorprendente es que en mayo de 2018 Cochrane Collaboration publicó una revisión de las vacunas contra el virus del papiloma humano que parecía avalar de nuevo su «seguridad». Pues bien, ante tal contradicción Lars Jorgensen, Peter C. Gotzsche y Tom Jefferson –del Nordic Cochrane Center- publicaron en el British Medical Journal un demoledor artículo titulado The Cochrane HPV vaccine review was incomplete and ignored important evidence of bias (La revisión de Cochrane sobre la vacuna contra el VPH fue incompleta e ignoró importantes evidencias de sesgos) denunciando que en los 26 ensayos incluidos en la revisión se utilizaron en los presuntos placebos adyuvantes como el hidróxido de aluminio o el sulfato de hidroxifosfato de aluminio amorfo e incluso vacunas contra la hepatitis C. En ninguno se utilizó un placebo estéril, algo que «probablemente aumentó el número de daños en los grupos de comparación y, por tanto, ocultó los daños causados ​​por las vacunas contra el VPH”.

La realidad es que los autores de Cochrane Collaboration sí encontraron más muertes en los grupos de vacunas que en los de control pero se quitaron el problema de encima sugiriendo que era un hecho casual al no existir un «patrón» en las causas de muerte o en el tiempo entre la administración de la vacuna y las fechas de los fallecimientos. Excusas con las que Gotzsche y sus colegas no están de acuerdo: “Como la revisión Cochrane solo incluyó ensayos aleatorios los autores no pueden descartar que el aumento pueda deberse a las vacunas contra el VPH. Una muerte puede codificarse de forma que no levante sospechas de que la causó la vacuna”. Añadiendo ante tal cúmulo de irregularidades que los resultados de la revisión Cochrane estuvieron condicionados «por el sesgo del informe y los diseños sesgados de los ensayos”. La polémica, como ya hemos informado en una revista anterior, se saldó con la expulsión de Gotzsche y la posterior dimisión de cuatro de los miembros de la Junta de Gobierno de Cochrane Collaboration. Es el precio de decir la verdad y ser honestos. 

VACUNAS QUE EMPEORAN LA ENFERMEDAD 

Hablemos ahora de Dengvaxia, vacuna con virus dengue vivo atenuado, recombinante y tetravalente desarrollada por Sanofi Pasteur que se administra en tres dosis -separadas por 6 meses- contra el dengue. Se trata de la primera vacuna autorizada desde 2015 contra esta patología, fue aprobada por 19 autoridades reguladoras para su uso en áreas endémicas y ya hay dudas sobre su seguridad. La alarma se activó en Filipinas cuando el Gobierno se vio obligado a finales de 2017 a detener el programa de inmunización puesto en marcha después de que más de 800.000 niños hubieran recibido ya al menos una dosis de la vacuna. Suspensión que se produjo después de que el Departamento de Salud filipino anunciara que se había encontrado una “asociación causal” entre la vacuna y la muerte de tres niños. Un informe posterior elaborado por el Grupo Especial de Investigación creado en el Hospital General de Filipinas incluiría luego la muerte de otros 11 niños.

Lo vergonzoso es que el Gobierno filipino no sabía que los ensayos de Sanofi Pasteur indicaban que la vacuna parecía ser eficaz pero que entre quienes ya habían sufrido una infección por dengue su inoculación podía hacerlos enfermar más gravemente. Según reveló Scott B. Halstead -médico y profesor adjunto del Departamento de Medicina Preventiva y Biométrica, de la Universidad de Ciencias de la Salud de Bethesda (EEUU)- los datos agrupados de dos ensayos Fase III con más de 30.000 participantes de 2 a 16 años revelaron -antes de su comercialización- que los participantes más jóvenes -de 2 a 5 años- tenían mayor riesgo de hospitalización por dengue tras la vacunación ¡que los pacientes del grupo de control con placebo!

El propio Halstead y Philip K. Russell -médico y profesor emérito de la Facultad de Higiene y Salud Pública Johns Hopkins– ya habían constatado en una revisión publicada en marzo de 2016 en Vaccine que el número de hospitalizaciones era mayor no ya entre los niños vacunados de 2 a 5 años sino entre los de todas las edades si no habían estado infectados previamente con dengue. De hecho fueron estos datos los que llevaron al grupo de expertos en asesoramiento estratégico a recomendar a la OMS en julio de 2016 que la vacuna se administrara solo a niños de más de 9 años y en regiones endémicas.

Un año después -en noviembre de 2017- Halstead publicaría otro trabajo destacando que el proceso conocido como mejora dependiente de anticuerpos (ADE) desencadenado por la vacuna podría explicar las hospitalizaciones de participantes seronegativos. Explicando que el ADE se produce cuando un paciente que se ha recuperado de una infección por el virus del dengue desarrolla anticuerpos que al reaccionar con otros serotipos del dengue –hay cuatro principales- provocan que infecciones posteriores sean más graves y potencialmente mortales. «La Dengvaxia -agregaría Halstead- puede haber provocado ese mismo efecto en pacientes sin infección previa».

En fin, el caso es que los datos de todas estas investigaciones llevarían a la inmediata suspensión del programa de vacunación contra el dengue señalando que no era adecuado para una inmunización masiva que no tiene en cuenta una posible infección previa por dengue. Eso sí, Sanofi Pasteur niega cualquier responsabilidad por los daños y muertes reafirmándose simplemente en que su vacuna es segura.

No debemos olvidar que según la propia Asociación Española de Vacunología las vacunas hechas con virus atenuados son «más inestables, más difíciles de producir, más reactógenas y que en determinadas circunstancias pueden provocar la enfermedad en el huésped o incluso propagarse a otro sujeto”.

Dato muy importante porque son los casos de las vacunas del sarampión, la rubéola, el rotavirus, las paperas, la varicela, la fiebre amarilla y la de la polio (oral). Aunque la principal controversia se centra en la triple vírica: sarampión, paperas y rubéola. Ya en 2011 una investigación sobre un brote de sarampión en Nueva York demostró que el origen estuvo en personas ya vacunadas ¡que contagiaron a su vez a otras personas vacunadas!

COMISIÓN PARLAMENTARIA CONDENA LAS VACUNAS EN ITALIA 

Pero prosigamos: el 30 de junio de 2015 la Cámara de Diputados italiana creó una comisión parlamentaria para investigar por qué había tantas enfermedades y muertes entre el personal de las misiones militares en el extranjero, especialmente en las zonas de combate y en los lugares en los que se almacenan armas y municiones; buscando posibles causas como la exposición a factores químicos, tóxicos y radiológicos y la administración de vacunas. Pues bien, el informe con los resultados se envió al Presidente de la Cámara de Diputados el 7 de febrero de 2018 y sus conclusiones -escandalosas y demoledoras- han sido ocultadas por los grandes medios de comunicación. Y en él puede leerse lo siguiente: “A la luz de la evidencia recopilada la comisión confirma que existe una asociación estadísticamente significativa entre las enfermedades neoplásicas y linfoproliferativas además de otras enfermedades -por ejemplo las autoinmunes- con la administración de vacunas inoculadas de acuerdo con la vacunación profiláctica militar”. Calendario vacunal militar que incluye la vacuna meningocócica, la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, la vacuna contra el tétanos, la difteria y la polio, la vacuna contra las hepatitis A y B, la vacuna contra la varicela, la vacuna contra la gripe, la vacuna contra agentes biológicos críticos, la vacuna contra la fiebre amarilla, la vacuna japonesa contra la encefalitis, la vacuna contra la rabia, la vacuna contra la fiebre tifoidea, la vacuna contra el cólera y la quimioprofilaxis de la malaria. Siendo lo primero que constató la comisión la ausencia de estudios científicos que evalúen la tolerabilidad de tal cantidad de componentes juntos cuando en ellas hay adyuvantes, conservantes, antígenos, alérgenos, excipientes y contaminantes. Lo cual ya es de por sí escandaloso. Y tampoco encontró estudios sobre las consecuencias de la vacunación en términos de hipersensibilidad y reacciones adversas ya informadas por los laboratorios fabricantes de vacunas individuales.

Pues bien, aún así la comisión parlamentaria se limitaría a recomendar que no se administrasen simultáneamente más de 5 vacunas monovalentes de dosis única al personal militar y que no se vacunara a los que no pasasen las pruebas de pre-vacunación por posible existencia de inmunosupresión, déficit del sistema inmunológico o presencia de trastornos autoinmunes. Esta recomendación, es decir, la necesidad de conocer el estado inmunológico de los niños antes de la vacunación es una de las reclamaciones más demandadas por la mayoría de los firmantes contra el modelo de vacunación masiva actual.

El informe destaca también que la cantidad total de aluminio que se inyecta con las vacunas es considerable e inaceptable teniendo en cuenta sus constatados efectos neurotóxicos. A lo que hay que sumar los que provocan los demás agentes tóxicos presentes en las vacunas y el medio ambiente. Según sus cálculos la cantidad de contaminantes administrados con las vacunas oscila entre 8,32 y 8,42 gramos. Sin contar los virus, bacterias, micoplasmas, micobacterias, ADN humano fetal y ADN animal proveniente de los tejidos biológicos en los que se preparan las vacunas. “Como ya se destacó en el informe provisional de julio -concluye diciendo el informe italiano- la vacunación implica riesgos en términos de inmunosupresión, hiperinmunización, autoinmunidad e hipersensibilidad”.

32 AÑOS MIRANDO HACIA OTRO LADO

Es evidente que la vigilancia activa de gobiernos y agencias reguladoras es fundamental para asegurar la seguridad de las vacunas pero lo acaecido en Estados Unidos -quien debió haber hecho los controles no los hizo nunca- es un claro ejemplo de la complicidad existente entre gobiernos y fabricantes. De hecho aunque muchos todavía lo ignoran las vacunas son el único producto del mercado estadounidense que no pueden ser objeto de demandas legales cuando causan daños. En 1986 el Congreso estadounidense aprobó -y Ronald Reagan firmó- la Ley Nacional de Lesiones por Vacunas Infantiles (NCVIA) que eliminaba la posibilidad de penalizar económicamente a las empresas fabricantes en caso de que sus vacunas produjeran daños; con lo que se eliminaba cualquier tipo de incentivo económico para que las compañías realmente mantuvieran, mejoraran o garantizaran su seguridad.

Como aparente «contrapartida» -además de crear un Programa Nacional de Compensación que ha sido cuestionado en numerosas ocasiones- esa ley estableció que el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) debía supervisar los estudios y las pruebas presentadas por los fabricantes de vacunas con un doble objetivo: mejorar las vacunas y asegurar su seguridad.

“El Secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos –dice esa Ley- promoverá el desarrollo de vacunas infantiles que produzcan menos reacciones adversas y menos graves que las que están en el mercado a 22 de diciembre de 1987 y promoverá el refinamiento de dichas vacunas”. Y para conseguirlo le dotaba de amplios poderes: “(…) De lo contrario utilizará la autoridad de la Secretaria respecto a las licencias, la fabricación, el procesamiento, las pruebas, el etiquetado, las advertencias, las instrucciones de uso, la distribución, el almacenamiento, la administración, la vigilancia de campo, el informe de reacciones adversas y el retiro de lotes de vacunas, o las investigaciones sobre vacunas para reducir el riesgo de reacciones adversas a las vacunas”.

Uno de los requisitos fundamentales para garantizar que se cumplieran estos objetivos fue el mandato para que el Departamento de Salud y Servicios Humanos hiciera un perfil de seguridad de las vacunas aprobadas e informara cada dos años al Congreso de los trabajos realizados para mejorarla.

Pues bien, en 2017 la Red de Acción de Consentimiento Informado (ICAN por sus siglas en inglés), apoyada por 55 organizaciones que representan a más de 5 millones de personas en Estados Unidos, solicitó esa documentación tras apelar a la Ley de Libre Acceso a la Información (FOIA) dada la reiterada negativa del HHS a enseñarles los informes realizados en los últimos 32 años. La respuesta fue sin embargo de nuevo el silencio viéndose obligados a presentar una demanda ante los tribunales hasta que, finalmente, consiguieron una sorprendente «respuesta» por parte del HHS: “Tras buscar en los archivos del departamento no se ha encontrado registro alguno que responda a su solicitud. La Inmediate Office of the Secretary (IOS) realizó una exhaustiva búsqueda mediante su sistema de seguimiento de documentos y este departamento una revisión exhaustiva de todos los índices relevantes de los registros de correspondencia del Secretariado del HHS que se mantienen en los centros de registros federales que están bajo la custodia del HHS. Y las búsquedas no han permitido localizar registros que respondan a su solicitud o que indiquen que los registros que responden a su solicitud bajo custodia de HHS se encuentren en el Centro de Registros Federales”.

Y si no los encuentran y no hay siquiera referencias a los mismos solo hay una explicación racional: o sus resultados son muy preocupantes para los laboratorios y las autoridades y se han hecho «desaparecer» o -como todo indica- en esos 32 años el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) ¡NUNCA LOS HIZO! a pesar del mandato del Congreso.

El presidente de Children’s Health Defense -movimiento que afirma que la actual epidemia de enfermedades crónicas infantiles está relacionada con las vacunas y fue uno de los firmantes de la demanda contra el HHSRobert Francis Kennedy -hijo por cierto del ex fiscal general Robert F. Kennedy y sobrino del ex presidente John Fitzgerald Kennedy– denunció recientemente esa inacción: “La industria de las vacunas y el cártel (farmacéutico) han hecho un trabajo extraordinario al deshabilitar todas las instituciones que en una sociedad democrática tienen el papel de proteger a los niños pequeños de las corporaciones codiciosas. Han convertido a las agencias reguladoras -la FDA, el HHS y los CDC- en títeres y han incapacitado al Congreso. Hoy son el mayor grupo de cabildeo en el Congreso. Hasta han inhabilitado a la prensa al convertirse esencialmente en su mayor anunciante. Y han deshabilitado a abogados y tribunales a través de la Ley de 1986 lo que hace que sea ilegal demandar a una compañía de vacunas sin importar cuán grave sea la lesión, sin importar cuán descuidados o tóxicos sean los ingredientes de esas vacunas. Todas aquellas instituciones que normalmente protegerían a una víctima, a un niño, ya no existen”.

Y añadiría: “La mayoría de los estadounidenses no puede entender que antes de obtener una licencia, todos los demás medicamentos y productos farmacéuticos deban pasar por pruebas de placebo rigurosas, aleatorias y a doble ciego y las vacunas sean inmunes a eso. Es más, en lugar de pruebas de cinco años con placebos verdaderos algunas se han aprobado tras unas pocas horas o días. Y, por supuesto, eso no es suficiente para detectar lesiones con largos períodos de incubación; como el autismo, el TDAH, las alergias a los alimentos o las enfermedades autoinmunes (…) Se comisionó al HHS para probar y desarrollar la seguridad de las vacunas e informar al público y ahora resulta que en más de treinta años no lo ha hecho nunca; ni una sola vez”.

¡Y esto es lo que los vacunólogos defienden burlándose de quienes piden pruebas de la supuesta seguridad y eficacia de las vacunas con el apoyo cómplice de la mayoría de los médicos y algunos medios de comunicación! ¿Les habrán inmunizado contra la verdad?

Francisco San Martín

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