Coca-Cola dio más de seis millones de euros a 74 entidades españolas

Coca-Cola dio más de seis millones de euros a 74 organizaciones españolas del ámbito de la salud entre 2010 y 2016 para «congraciarse» con ellas dado el daño que provoca el azúcar presente en muchos de sus productos según han desvelado los investigadores Juan Pablo Rey-López y Carlos A. González tras estudiar la naturaleza e implicaciones de sus patrocinios y constatar que de los 20 trabajos que financió 14 respaldaron sus estrategias comerciales, en muchos casos dañinas para la salud. Hemos hablado de ello con Carlos A. González Svatetz, profesor de Nutrición y Cáncer del Máster de Nutrición y Metabolismo de la Universitat Rovira i Virgili e investigador emérito de la Unidad de Nutrición y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología.

COCACOLA

Que el exceso de azúcares, harinas, grasas «trans» y aditivos alimentarios así como los pesticidas llevan a la intoxicación y acidificación del organismo siendo ello la principal causa de las enfermedades crónicas -desde la diabetes hasta el cáncer pasando por las patologías cardiovasculares- empieza a ser admitido por la comunidad médica aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) se centre principalmente en el problema en la obesidad y alerte de que los niños obesos son más propensos a desarrollar problemas otrora exclusivos de los adultos. Como la resistencia a la insulina, la diabetes, los trastornos musculoesqueléticos, las patologías cardiovasculares e, incluso, el cáncer. Obesidad cuya principal causa en el caso de los niños y adolescentes -aunque no sea la única- reside en el masivo consumo de bebidas azucaradas.

Centenares estudios lo confirman. Como el publicado en 2015 por la propia OMS titulado Guideline: Sugars Intake for Adults and Children (Directriz sobre la ingesta de azúcares por adultos y niños) en el que puede leerse lo siguiente: “La ingesta de azúcares simples (llama así a los monosacáridos y disacáridos añadidos a los alimentos por los fabricantes), particularmente en forma de bebidas azucaradas, aumenta la ingesta total de calorías y puede reducir la de alimentos con calorías nutricionalmente adecuadas llevando a una dieta poco saludable, ganancia de peso y mayor riesgo de enfermedades no transmisibles. Otra gran preocupación es la asociación entre la ingesta de azúcares libres y la caries dental, enfermedad no transmisible prevalente en todo el mundo”.

En 2017 -el año pasado- el Grupo de Investigación Cardiometabólica de la Universidad Stellenbosch (Sudáfrica) con Faadiel Essop como primer autor publicó por su parte en Journal of the Endocrine Society un trabajo titulado Frequent Sugar-Sweetened Beverage Consumption and the Onset of Cardiometabolic Diseases: Cause for Concern? (El consumo frecuente de bebidas azucaradas y la aparición de enfermedades cardiometabólicas: ¿motivo de preocupación?) confirmando que la ingesta regular de bebidas azucaradas puede alterar la sensibilidad a la insulina contribuyendo al desarrollo del Síndrome Metabólico y la diabetes tipo 2.

Y ese mismo año se publicaría en Obesity Fact el trabajo Sugar-Sweetened Beverages and Weight Gain in Children and Adults: A Systematic Review from 2013 to 2015 and a Comparison with Previous Studies (Bebidas azucaradas y aumento de peso en niños y adultos: revisión sistemática de 2013 a 2015 y comparación con estudios anteriores) efectuado por investigadores de múltiples instituciones de todo el mundo, incluido el Instituto Especial para Cardiología Preventiva y Nutrición de Salzburgo (Austria) y los hospitales universitarios de Ginebra (Suiza) y la Universidad de Navarra (España) a través de la doctora Maira Bes-Rastrollo. Se analizaron los 30 trabajos más recientes que estudian la relación entre bebidas azucaradas y obesidad -20 en niños y 10 en adultos- y el resultado fue claro: en el 93% de los casos el sobrepeso o la obesidad empezó con el consumo de bebidas azucaradas.

¿Por qué pues no se toman medidas más drásticas contra tales bebidas? La razón es obvia y conocida: por el poder e influencia de esa industria a todos los niveles. Ya en 2015 Maira Bes-Rastrollo fue la primera firmante del trabajo Financial Conflicts of Interest and Reporting Bias Regarding the Association between Sugar-Sweetened Beverages and Weight Gain: A Systematic Review of Systematic Reviews (Conflictos financieros de interés y sesgo en los informes con respecto a la asociación entre las bebidas azucaradas y el aumento de peso: revisión sistemática de las revisiones sistemáticas). Coordinado por el catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad de Navarra Miguel Ángel González el trabajo constató que mientras en el 83,3% de las revisiones sistemáticas sin conflictos de interés se concluía que el consumo de refrescos se asocia al aumento de peso en los que sí los había tal evidencia era «insuficiente» para un porcentaje similar: el 83%.

Estos hallazgos -subrayaba ya entonces Bes-Rastrollo- aumentan la preocupación sobre la exactitud de los resultados procedentes de la investigación financiada por la industria alimentaria o de bebidas si bien es cierto que este estudio no puede evaluar qué interpretación disponible es correcta. De todas formas esta preocupación se apoya en ensayos aleatorizados y controlados tanto en niños como en adultos en los que se observa una asociación de riesgo entre el consumo de refrescos y la ganancia de peso”.

El trabajo de este grupo internacional confirmó los resultados de otro estudio –Sponsorship of National Health Organizations by Two Major Soda Companies (Patrocinio de organizaciones nacionales de salud por dos grandes empresas de refrescos)publicado dos años antes en American Journal of Preventive Medicine centrado en los dos grandes de las bebidas azucaradas. Dos investigadores de la Universidad de BostonDaniel G. Aaron y Michel B. Siegel- decidieron investigar la naturaleza, alcance e implicaciones que en las entidades médicas y de salud estadounidenses tuvieron los patrocinios entre 2011 a 2015 de Coca-Cola Company y PepsiCo comprobando que dieron fondos a 96 organizaciones, incluidas muchas instituciones públicas cuyo objetivo específico es combatir la epidemia de obesidad. Es más, se demostró que las dos compañías realizaron «gestiones» en órganos legislativos para influir en 29 proyectos de ley de salud pública destinados a reducir el consumo de refrescos o mejorar la nutrición.

Hay un patrocinio sorprendentemente generalizado de las organizaciones nacionales de salud médicas por las dos mayores empresas de refrescos del país -concluye diciendo el trabajo-. Estas empresas cabildearon (influyeron interesadamente) contra intervenciones sanitarias públicas en el 97% de los casos cuestionando el compromiso sincero de mejorar la salud pública. Al aceptar la financiación de estas empresas las organizaciones sanitarias están participando inadvertidamente en sus planes de marketing”.

Aunque el estudio encontró que Coca-Cola patrocinó a 95 organizaciones y PepsiCo solo a 13 debemos aclarar que hay mayor acceso a los datos de patrocinio de Coca-Cola gracias a la campaña de transparencia que inició la compañía tras ser acusada públicamente de patrocinar de forma encubierta la Red Global de Equilibrio Energético, grupo de la Universidad de Colorado que postuló que la solución a la obesidad es hacer más ejercicio físico y no dejar de ingerir sus bebidas (lea en nuestra web www.dsalud.com- el artículo titulado Coca-Cola, acusada de subvencionar a científicos para que desmientan los efectos perjudiciales de sus bebidas publicado en el nº 187 de la revista).

74 ORGANIZACIONES ESPAÑOLAS SUBVENCIONADAS 

De hecho ha sido precisamente ese compromiso de «transparencia» de Coca-Cola el que ha permitido a Juan Pablo Rey-López -de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sidney (Australia) y Carlos A. González –del Instituto Catalán de Oncología– acercarse a la realidad española en el trabajo Research partnerships between Coca-Cola and health organizations in Spain (Patrocinios de investigación entre Coca-Cola y organizaciones de salud en España) publicado en European Journal of Public Health este mismo año (2018). Investigación que da cuenta de los patrocinios de Coca-Cola a organizaciones relacionadas con la salud y se identifican las publicaciones derivadas de esos trabajos y el grado de alineación de los mismos con las estrategias de la multinacional.

Pues bien, según sus resultados Coca-Cola dio 6.204.296 euros a 74 organizaciones sanitarias españolas entre el 11 de enero de 2010 y el 31 de diciembre de 2016 siendo las cinco más beneficiadas la Fundación Iberoamericana de Nutrición (723.640 euros), la Fundación Española del Corazón (560.725), la Fundación Española de Nutrición (420.251), la Fundación para la Ciencia, la Salud y la Educación (362.766) y la Asociación Española de Pediatría (349.766). Y, la verdad, es «chocante» -por ser educados- que organizaciones y fundaciones directamente relacionadas con la nutrición, el corazón y los niños reciban fondos de una de las principales empresas de bebidas azucaradas.

En cuanto a los artículos de «investigación» se identificaron 20 respaldados por Coca-Cola de los que en 14 sus autores se habían alineado con las tesis de la compañía. “En 14 de los 20 artículos –explican Rey-López y González- los autores emplearon estrategias de marketing para favorecer los intereses comerciales de Coca-Cola. La más frecuente fue centrarse en la actividad física y los comportamientos sedentarios como factores clave de riesgo obesogénicos. Las causas subyacentes que han provocado un rápido aumento en la prevalencia de la obesidad en el mundo son un tema de intenso debate entre académicos interesados ​​en la obesidad pero hoy está suficientemente claro que algunas voces de este debate tienen flagrantes conflictos de interés”.

Los dos investigadores españoles explican que Coca-Cola consigue así “dar forma a la agenda de investigación de acuerdo a sus intereses comerciales mediante su influencia en el diseño del estudio y la selección de hipótesis”. Una estrategia en la que juegan un papel fundamental los «líderes de opinión» captados por la compañía. Entre ellos un cardiólogo de renombre mundial como Valentín Fuster, presidente de la Fundación para la Salud, la Ciencia y la Educación (SHE) cuya misión principal se supone es promover hábitos saludables en la población. “Las alianzas entre profesionales de la salud y las industrias que dañan la salud pública -señalan- deberían considerarse como estrategias de ‘marketing’ que implementa la industria de refrescos para salvaguardar sus ganancias”. El trabajo concluye diciendo de forma taxativa: “La falta de transparencia encontrada en este estudio entre autores y organizaciones patrocinadas por Coca-Cola demuestra que las organizaciones relacionadas con la salud (cuya misión debería ser promover la salud y la educación basada en la mejor evidencia disponible) han sido silenciadas por empresas que perjudican la salud de la población”.

EL DINERO CONDICIONA LOS RESULTADOS

Pues bien, hemos tenido la oportunidad de hablar con uno de ellos: el doctor Carlos A. González Svatetz, profesor de Nutrición y Cáncer del Máster de Nutrición y Metabolismo de la Universitat Rovira i Virgili y profesor de Epidemiología del Cáncer del Máster de Salud Pública de la Universitat Pompeu i Fabra además de investigador emérito de la Unidad de Nutrición y Cáncer del Instituto Catalán de Oncología, coordinador en España del estudio European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition (EPIC) y autor del libro Nutrición y Cáncer. Y fuimos directos al grano:

-¿Díganos, doctor, ¿cómo se gestó la realización de su estudio?

-He dedicado fundamentalmente mi vida profesional a valorar la relación entre la nutrición y el cáncer; y, claro está, a la conexión entre obesidad y cáncer. Hoy día la obesidad está asociada causalmente a trece tipos distintos de tumores y a numerosas enfermedades, entre ellas la diabetes tipo 2 y las cardiovasculares que son la primera causa de muerte en el país; por tanto es un factor muy importante. Y cuando uno estudia a fondo el tema de la obesidad surge enseguida como factor fundamental el consumo de bebidas azucaradas. Hay en este sentido una evidencia definitiva -desde el año 2013 en el que se publicaron dos grandes metaanálisis- de que el consumo de estas bebidas azucaradas es una de las causas principales de obesidad en el mundo. Esa es la razón por la que me he preocupado por el consumo de estas bebidas.

En mayo del año pasado publiqué un artículo titulado Impuesto a las bebidas azucaradas: bien pero insuficiente sobre el resultado de la ley que estableció en Cataluña un impuesto sobre su consumo. Posteriormente supe que Coca-Cola había creado una web en la que publica todas las ayudas que otorga a organizaciones y grupos relacionados con temas como la nutrición y las enfermedades cardiovasculares. Fue entonces cuando recibí una invitación de Juan Pablo Rey, investigador español de la Universidad de Sydney, para hacer un estudio conjunto del impacto en las publicaciones científicas de las ayudas que había otorgado Coca-Cola.

-¿Y le ha sorprendido el resultado?

-No. Digamos que en el mundo de la ciencia uno nunca es completamente original. Trabajamos en una estructura que crece con las aportaciones de unos y otros y en este campo ya existían investigaciones que apuntaban a las consecuencias de la relación entre el dinero de la industria y los resultados de distintos trabajos de investigación. Entre ellos un importante trabajo de la Universidad de Navarra que concluyó que mientras el 83,3% de las revisiones sistemáticas “limpias” (sin conflicto de interés) concluían que el consumo de refrescos es un potencial riesgo para la ganancia de peso el 83% de las revisiones en las que los autores admitían enlaces con la industria concluían que la evidencia científica era «insuficiente» para apoyar una asociación positiva entre el consumo de refrescos y la ganancia de peso. Es decir, hay muchas evidencias de que la financiación de la industria tergiversa o intenta modificar las evidencias científicas.

-¿Usted cree que son sinceras las manifestaciones de instituciones, asociaciones e investigadores que habiendo recibido fondos de Coca-Cola niegan que hayan influido en su comportamiento?

-Tengo mis dudas, corroboradas por los resultados de nuestro estudio. En nuestro trabajo decidimos examinar si los artículos científicos analizados seguían o no las estrategias comerciales de Coca-Cola y creo que hemos mostrado claramente que es así. De 20 artículos que evaluamos 16 estaban en línea con las estrategias comerciales de Coca-Cola y los que no se alinearon con esa estrategia simplemente no eran estudios valorables; bien porque no había resultados ni conclusiones o porque se referían a otros factores como el consumo de fibra en España que no tenían ninguna relación con el objeto de nuestro estudio.

-¿Y cuál cree usted que es la principal estrategia comercial de Coca-Cola en estos momentos?

-Yo creo que su estrategia es vincularse a líderes en el campo de la Nutrición y a sociedades científicas líderes en esta área porque esa vinculación puede condicionar las posturas tanto de líderes como de asociaciones beneficiando sus intereses comerciales. En España hemos vivido situaciones escandalosas. En un congreso internacional celebrado en Granada hace 7 u 8 años había en el programa de actividades un workshop (taller) oficial ¡financiado por Coca-Cola! Y en diversos congresos sobre Nutrición realizados en España también ha habido workshops patrocinados por Coca-Cola. El hecho de que Coca-Cola financie esos talleres de trabajo en un congreso de Nutrición, tal como ya he declarado en otros medios, es como si Marlboro o Philip Morris financiarán un workshop en un congreso de Cancerología. Sería un escándalo. Pues bien, en el mundo de la Nutrición aún no existe una conciencia tan clara de que eso es así.

-Este comportamiento no es solo propio de las compañías de bebidas azucaradas sino de muchas otras empresas alimenticias. ¿No es una manera de ocultar sus propias responsabilidades?

-Eso es así; no hay ninguna duda. Nosotros citamos en el artículo conversaciones entre directivos de Coca-Cola intercambiando información sobre cuál debía ser la estrategia a seguir y la importancia de vincularse a grupos y líderes científicos para atraerlos a sus posturas. En una de las últimas dirigentes de la OMS estudiaron las estrategias de las empresas que fabrican productos nocivos para la salud y concluyó que están siguiendo los mismos pasos que siguió la industria del tabaco en su día. Cuando con motivo del «gran juicio» que en 2004 se realizó contra las tabaqueras en Estados Unidos se publicó toda la documentación que mantenían bajo secreto se vio que había pagos a despachos de abogados, pagos a investigadores, pagos a instituciones. Es evidente que la alimentación es un mercado poderosísimo y las empresas intentan controlar lo que se dice sobre sus productos; sobre todo si estos son puestos en entredicho.

-¿Están satisfechos con la colaboración prestada por las universidades y centros durante su investigación?

-La colaboración no fue desde luego la deseada. Cuando pedimos los datos se mostraron bastante a la defensiva. Preguntaban por qué queríamos saberlo. Creo que sospechaban que estábamos investigando la financiación procedente de Coca-Cola e intentaban de alguna manera pasar desapercibidos. Desde luego no manifestaban ningún interés en que se hiciera pública su relación. En ese sentido nuestro artículo marca en España un antes y un después porque esta publicación puede posiblemente eliminar o reducir la impunidad que existía con estas ayudas económicas.

¿Creen ustedes que las listas de transparencia publicadas por Coca-Cola están completas?

-Es posible que no lo sean pero tampoco hay ninguna evidencia concreta. La realidad es que hemos tenido dificultades a veces para identificar un estudio porque el nombre que salía en la lista de Coca-Cola era diferente al título de la publicación. No estábamos seguros de si se trataba de lo mismo. Hemos intentado identificar todas las publicaciones en Pubmed, la base de datos de publicaciones biomédicas a nivel internacional, pero normalmente son publicaciones en inglés que están indexadas por lo que puede haber publicaciones en español que no estén en Pubmed y no hayamos podido encontrar. Así que es posible que existan más publicaciones de las que nosotros hemos encontrado cuyas investigaciones hayan recibido el patrocinio de esa empresa. 

UN IMPUESTO FINALISTA COMO SOLUCIÓN 

-¿Debe impedirse que las empresas alimenticias financien la investigación sobre problemas de salud?

-Yo haría una diferenciación entre las empresas que comercializan productos que son claramente nocivos para la salud de aquellas que comercializan productos que no lo son. Estamos hablando de Coca-Cola y el efecto sobre la obesidad de las bebidas azucaradas pero hay otras. Por ejemplo tenemos el caso de las carnes rojas y preservadas cuyo alto consumo produce cáncer y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y el de obesidad. Pues bien, resulta que en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona se ha creado ¡una cátedra financiada por la industria cárnica! Yo no propugno dejar de consumir carne completamente pero es evidente que reducir su consumo es una prioridad para la salud pública de la población española. Así que digamos que hay intereses contrapuestos entre lo que es deseable para la salud y lo que la industria desea. O el caso de marcas de galletas cuyo consumo contribuye a la obesidad infantil y luego dan fondos a las asociaciones de cardiología o a asociaciones pediátricas. En la revista Nutrición Hospitalaria se publicó hace 6 o 7 años una guía consensuada contra la obesidad en la que estaban llamados a participar los nutricionistas más expertos de nuestro país… Pues bien, en esa guía, formando parte de ese consenso, una de las personas que participó era un directivo de Coca-Cola España. Y que en una guía elaborada por científicos sobre qué se debe hacer con la obesidad participe un directivo de Coca-Cola es un escándalo. No es entendible.

-Usted apuesta como solución -al menos transitoria- por la imposición de impuestos a las bebidas azucaradas.

-Sí. El establecimiento de un impuesto del 20% a las bebidas azucaradas es una medida que recomienda la OMS y debe ser clave en la lucha contra la obesidad en España y en el mundo. En el artículo que salió en un diario comentando nuestro estudio se recogían las posturas de varios de los autores de las investigaciones que hemos evaluado y fíjese: ¡todos afirmaban que no tiene ningún sentido establecer un impuesto a las bebidas azucaradas! Contradiciendo así las recomendaciones de todos los organismos internacionales y situándose de alguna manera en línea con la estrategia de Coca-Cola.

-¿Sabe qué resultado ha dado el establecimiento de ese impuesto en algunos estados de Norteamérica o en Cataluña mismo?

-Yo participe en un estudio realizado por un grupo de Economía de la Salud de la Universidad Pompeu Fabra en el que se analizaron las ventas de bebidas azucaradas en una serie de supermercados de Cataluña antes y después de la introducción del impuesto. Después de su aprobación se observó que las ventas se habían reducido casi en un 20%. La ley que se estableció en México de alguna manera mostró también que la implantación del impuesto había supuesto la reducción del consumo de bebidas azucaradas en un 20% después de un año de implantación. La industria azucarera sostiene que no se ha demostrado hasta ahora que haya disminuido la prevalencia de la obesidad y es verdad que todavía no hay datos en ese sentido pero es de esperar que reduciendo el consumo se acabe reduciendo significativamente la obesidad; de igual manera que la reducción del consumo de tabaco ha supuesto la reducción del número de cánceres asociados con el mismo. Pero para eso se necesita tiempo.

-¿Cree que va a dar resultados a medio plazo la estrategia de Coca-Cola de disminuir el azúcar en sus bebidas?

-Es un tema complicado. Coca-Cola está apostando por realizar una fuerte inversión comercial en la difusión de sus productos bajos en o sin azúcar. En principio, lógicamente, estas bebidas serán mejores para la salud que las bebidas azucaradas pero hay que tener en cuenta que todavía no hay evidencias científicas que indiquen la inocuidad de esos edulcorantes. Ni tampoco parece que sustituir el azúcar por edulcorantes artificiales reduzca la obesidad aunque, eso sí, no la aumente.

La recomendación de la OMS es sustituir las bebidas azucaradas por agua. La OMS plantea retirar las máquinas de bebidas azucaradas de centros escolares y sustituirlas por fuentes gratuitas de agua y que los impuestos sobre las bebidas azucaradas -y esto es importante- se dediquen completamente a promover hábitos saludables en niños y adolescentes, a promover la actividad física en los centros escolares y a subvencionar el consumo de alimentos saludables de bajo poder calórico. Como cereales integrales, vegetales y frutas. Tengo claro que para los jóvenes que consumen coca-cola el azúcar es adictivo. Pero lo preocupante no es el consumo de una lata -que tiene un contenido de azúcar equivalente a 10 terrones- sino que la familia se sienta a la mesa a almorzar o a cenar con una botella de coca-cola de 2 litros. Eso no es aceptable. 

«LÍDERES» BAJO SOSPECHA 

-Hablando de la relación entre empresas e investigadores: ¿le sorprendió lo que se ha conocido sobre José Baselga o su propio hallazgo sobre la financiación de la Fundación de Fuster?

-No puedo decir que me haya sorprendido. De todos es sabido que los «líderes de opinión» están generalmente relacionados con la industria farmacéutica. La industria los promueve porque lo que ellos afirman marca las pautas de los protocolos de tratamiento. Y ya se sabe que un tratamiento en cáncer, por ejemplo, supone una cantidad enorme de dinero. Ellos son sin duda personas capaces e inteligentes pero son promovidos por la industria farmacéutica porque responden a sus intereses comerciales.

-¿Hasta qué punto se puede llegar a poner en tela de juicio el trabajo de esos «líderes de opinión»?

-Mire, hay editoriales en el British Medical Journal y en el New England Medicine en los que se analizan los ensayos clínicos que se publican y la influencia que puede tener la fuente de financiación y concluyen que muchos de los ensayos publicados por los líderes de opinión no aportan realmente evidencia científica contrastada. Pero así funciona el mundo científico…

-Sin embargo esos ensayos se transforman en ocasiones en fármacos y tratamientos que tras una fuerte presión por los lobbys farmacéuticos son presentados como grandes esperanzas para el cáncer sin que en realidad aporten nada a la supervivencia. A cambio, eso sí, de llevar a la quiebra a los sistemas sanitarios.

-Exactamente. Es cierto que existe un interés constante en sacar nuevos fármacos que cada vez son más caros sin que generalmente aporten mucho más beneficios que los anteriores. Es una dinámica que los sistemas de salud no van a poder aguantar económicamente.

-Para que quede claro: ¿es ilegal no denunciar un conflicto de interés o simplemente es una práctica poco ética?

-Es una postura poco ética. Las grandes revistas consideran una obligación declarar los conflictos de interés pero si no los declaras no tienes ninguna penalización legal; más bien es una cuestión de honor.

-¿Se están poniendo todos los recursos de la investigación en este tipo de fármacos -que siguen sin demostrar grandes beneficios- olvidando por ejemplo a la alimentación como gran factor de salud?

-Completamente de acuerdo. Creo que hay un paradigma en la Medicina moderna que considera que sólo es científica la investigación genética o el desarrollo de grandes y costosísimas tecnologías -orientadas también por la industria- y, al tiempo, desprecia importantes avances comprobados. Como la nutrición, que aporta soluciones simples, baratas y al alcance de todos. Un ejemplo: que la reducción del consumo de sal reduce de forma importante la hipertensión arterial está publicado en The Lancet por un investigador inglés hace 40 años pero la industria que fabrica fármacos para la hipertensión arterial no tiene interés en que la gente interiorice esa conducta y reduzca el consumo de sal. Lo que quieren es que la hipertensión como patología no desaparezca para vender fármacos. Y eso mismo pasa con el cáncer. Grandes descubrimientos que se han hecho sobre el efecto de la alimentación no se han trasladado a la población, no se difunden lo suficiente porque representan una medida preventiva y la prevención no es patentable y no da beneficios.

-¿Y existe responsabilidad por parte de los medios de comunicación?

-Y muy grande. Alguna vez habrá que analizar el papel de la influencia de la industria -a través de sus múltiples tentáculos- sobre los principales medios de comunicación que corren para informar de cualquier mínimo hallazgo sin importancia sobre una molécula y callan sobre importantes hallazgos nutricionales. Vivimos en una sociedad muy mercantilizada. Lo que no es patentable y no da beneficios carece de interés. Y no solo es que quienes mueven la rueda del sistema le resten interés a lo no patentable, es que además tienen blindados de tal manera sus protocolos que es prácticamente imposible trabajar o investigar sobre un producto natural, sobre un nutriente o sobre la alimentación en general porque no hay fondos suficientes para realizar los súper-ensayos científicos que se exigen para validarlos como soluciones frente al cáncer.

-Ustedes terminan su trabajo afirmando: “La falta de transparencia encontrada en este estudio entre autores de organizaciones patrocinadas por Coca-Cola demuestra que las organizaciones relacionadas con la salud cuya misión debería ser promover la salud basadas han sido silenciadas”. ¿Mantiene que las organizaciones relacionadas con la salud están siendo silenciadas por empresas que perjudican a la salud?

-Creo que es evidente que están intentando silenciarlas. No puedo asegurar que lo seguirán haciendo porque es posible que se produzcan cambios pero no hay duda de que muchas de ellas sí están influenciadas, silenciadas. Con su financiación la industria puede llegar a conseguir -y creo que es su intención final- un silencio cómplice sobre aquello que le afecta.

-¿Qué impacto le gustaría que tuviera su publicación?

-He enviado el artículo al Ministerio de Sanidad y Consumo -al área qué cubre el consumo de alimentos- y les he pedido que lo difundan entre todos los miembros que están en la Estrategia NAOS que tiene como objeto invertir la tendencia a la obesidad a través de una alimentación saludable y la práctica de actividad física. Espero que las nuevas autoridades se tomen en serio nuestras conclusiones. También sería deseable que las sociedades científicas establezcan en sus estatutos la obligatoriedad de no aceptar financiación de industrias alimenticias que fabriquen y comercialicen productos que se hayan demostrado nocivos para la salud.

-Por cierto, ¿no deberían dar la misma importancia los medios de comunicación a la pobreza infantil que a la obesidad infantil, causante de graves patologías presentes y futuras?

-Yo creo que para un país como España la problemática más importante es la obesidad infantil, que está además claramente vinculada a la pobreza social. Porque la obesidad afecta a los sectores sociales más vulnerables al ser sectores con menos recursos y menos ingresos; así que las dos cosas van unidas. Es verdad que el nuevo gobierno creó un Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil pero en mi opinión sería muy importante asumir al mismo nivel -cuando menos- el problema de la obesidad infantil.

Antonio F. Muro

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