Grave situación de los servicios de urgencias en nuestros hospitales

 

La Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias -ocho mil profesionales (médicos, enfermeras, técnicos…) dedicados a cuidar de nuestra salud en los momentos más delicados- asegura que la situación de los servicios de Urgencias españoles es, lisa y llanamente, grave. Algo que achacan a la falta de una política responsable por parte del Ministerio del Sanidad y Consumo. Según el informe que acaban de publicar, falta personal, no hay suficientes camas, los servicios están saturados y la mayoría de los médicos que trabajan en Urgencias carecen de formación y experiencia. Tal es la tremenda realidad que a diario se encuentran quienes acuden a nuestros hospitales.

El personal de los servicios de Urgencias y Emergencias de la Comunidad de Madrid demostró el pasado 11-M una abnegación y profesionalidad indiscutibles pero ello no quiere decir que la situación de los mismos el día antes fuera adecuada ni que el día después haya mejorado. Voluntarismo y solidaridad nunca han faltado en nuestro país, organización y medios sí. De hecho, sólo unos pocos días antes de la masacre de Madrid el propio colectivo de profesionales -integrado en la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias- denunciaba la penosa realidad.

Según explican, la calidad de los servicios españoles de Urgencias es muy baja y además varía mucho de una comunidad autónoma a otra. Al punto de que la vida de quien entra en estado grave en uno de ellos depende a menudo de la capacidad del médico que le cae en suerte –generalmente novatos sin demasiada experiencia- o de los recursos del servicio… lo que depende de la prioridad que marca el gerente de cada hospital.

Acudir a Urgencias se ha convertido hoy en una especie de juego de azar donde uno se limita a ver si tiene “suerte”. Y es que el 90% de las mismas son actualmente atendidas por médicos residentes que no han cumplido su primer año, un tercio de los hospitales no atiende a los pacientes en función de la gravedad sino del orden de llegada y en la tercera parte de los dos tercios restantes el orden de atención lo decide personal no cualificado. Para completar el panorama, los enfermos no sólo tienen con frecuencia que esperar para ser atendidos sino que el tiempo de atención que reciben es sensiblemente inferior al de la media europea.

Así de preocupante es la situación según Luis Jiménez Murillo, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), entidad que acaba de publicar un informe –España. Situación actual y propuestas de mejora– que refleja la grave situación que acabamos de describir someramente.

Y lo vergonzoso es que ya en 1988 el Defensor del Pueblo denunció con dureza esta situación… sin que a fecha de hoy se haya resuelto. Es evidente que las autoridades no le hicieron caso como bien refleja el informe recientemente publicado. “La asistencia urgente en España –se afirma la introducción del libro– carece de una organización y planificación general que garantice la adecuada atención a todo paciente que la demande. Los 37 millones de usuarios que en el año 2001 reci­bieron este tipo de asistencia, los más de 37.000 profesionales que se dedican a ella y el elevado consumo de recursos que conlleva no parecen razones ni argumentos sufi­cientes para que la Administración planifique y organice la asistencia urgente y emer­gente”.

Lenguaje administrativo tras el cual late la realidad cotidiana de quienes se ven obligados a acudir, llenos de angustia y dolor, a un servicio de Urgencias sin saber si será el más adecuado para su problema… no ya del país sino de la zona donde vive porque no existe una norma que los iguale a todos en dotación humana y técnica.

Según denuncia la SEMES, las áreas de Urgencias -tanto hospitalarias como de aten­ción primaria- se han desarrollado gracias sólo al esfuerzo de los profesionales con el apoyo aislado de alguna autoridad sanitaria a nivel de comunidad autónoma… pero sin ninguna regulación clara a nivel ministerial que garantice a todos los españoles el mismo tipo de asistencia urgente en todo el país.

En suma, la situación es de tal gravedad que ante la falta de voluntad política para solucionar el asunto la SEMES está dispuesta a llevar a los tribunales a las autoridades sanitarias en todos aquellos casos en los que sus profesionales consideren que los pacientes podían haber sido mejor atendidos si, según los estándares que piensan aportar a los juzgados de toda España y a las asociaciones de pacientes, los centros se hubieran encontrado suficientemente dotados de personal y medios. De todo ello hemos conversado con el presidente de la SEMES, Luis Jiménez Murillo.

Las urgencias en nuestro país viven una realidad preocupante y desconocida para la gente que no ha tenido que acudir a esos servicios. Y por lo que vemos ustedes tienen claro que el Ministerio de Sanidad, que ni siquiera ha querido ayudarles a realizar el estudio, es el gran responsable.

-Así es. El Libro Blanco que hemos elaborado desde la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias analiza por primera vez la situación real de nuestro país, ha costado unos 220.000 euros –alrededor de 36 millones de las antiguas pesetas- y lo hemos tenido que pagar los socios, médicos, enfermeras y técnicos de la SEMES porque el Ministerio de Sanidad no consideró oportuna su elaboración cuando hace tres años se lo planteamos. Y se lo pedimos porque doce años después de que el Defensor del Pueblo emitiera un informe catastrófico pero realista sobre la situación de los servicios hospitalarios de Urgencias –fue en 1988- el Ministerio de Sanidad y Consumo no había hecho ninguna revisión para ver si sus recomendaciones se habían cumplido. Y nosotros sabíamos que no se había cumplido casi ninguna. Se aportaron recursos en el ámbito del SAMUR y del 061 pero nada en los servicios de Urgencias de los hospitales. Los médicos seguían siendo los mismos y con contratos por prácticas de 14 horas al mes. Las estructuras físicas de los hospitales seguían siendo iguales; a veces se ampliaron, sí, pero sin modificar la estructura base. Y lo más importante: las autoridades sanitarias seguían sin definir un modelo de estructura de las Urgencias.

Nadie desde el Ministerio de Sanidad ha planteado, por ejemplo, que en los servicios de Urgencias haya una clasificación obligatoria. Nadie ha planteado, por ejemplo, que las consultas de los pacientes graves estén en la entrada y no al fondo del servicio para no tener que pasar con un enfermo en parada cardiaca corriendo por los pasillos. En fin, ni siquiera se tomaron las decisiones más simples y de sentido común.

Propusimos entonces hacer un estudio de la situación real de nuestros servicios de Urgencias para que las opiniones aisladas dejaran paso a datos concretos y como el estudio tenía un alto coste se lo planteamos al Ministerio… pero nos dijeron que no. Así que decidimos financiarlo nosotros. Comenzamos en el 2001 y ha durado hasta el 2003. Se trata del primer estudio en toda Europa que se hace sobre la situación de las emergencias de un país en todos los ámbitos -primario, hospitalario y servicio de Urgencias- y que cuenta con la opinión de expertos en Sanidad, altos cargos del ministerio y de las consejerías de salud autonómicas, directores de distrito, gerentes de hospitales, profesionales de los servicios de Urgencias y otros profesionales que perciben la situación desde fuera, usuarios… Y en septiembre tuvimos listo el Libro Blanco con 17 apéndices correspondientes a cada una de las autonomías. Así que tratamos de entregárselo directamente a la ministra Ana Pastor pero ésta no quiso saber nada, lo que no nos extraña porque que la preocupante situación de los servicios de Urgencia de nuestro país es consecuencia de una clara falta de voluntad política.

-Vayamos a la realidad diaria: cuando un paciente cualquiera llega enfermo, muchas veces preso de angustia, a un servicio de Urgencias del que lo ignora todo -quién le va atender, cuántas camas hay, qué medios tiene…- sólo espera ser atendido bien y con la premura que requiere su caso. Y lo primero que cabe pensar es que va a encontrarse con un adecuado servicio de clasificación en virtud del cual los casos más graves son atendidos antes… pero según ustedes eso no es así en las dos terceras partes de las ocasiones.

-A los servicios de Urgencias llegan todo tipo de pacientes con diferentes niveles de gravedad. Y lo primero que efectivamente debería esperar el paciente y su familia es encontrarse con alguien que priorice la asistencia según esa gravedad, sea una enfermera o un médico… pero nunca un celador, un auxiliar o un administrativo. Y, sin embargo, la realidad es que en la tercera parte de los hospitales no se hace ninguna clasificación de los enfermos. ¡Una auténtica barbaridad!. En muchos centros los pacientes se atienden sólo según el orden en el que van llegando. Y en las otras dos terceras partes de los hospitales, donde sí se establecen criterios de prioridad, la tercera parte de esas clasificaciones las hace personal no sanitario. A pesar de que es obvio que un celador no puede establecer el tiempo de espera de un paciente por mucha experiencia que tenga en el servicio de Urgencias; además legalmente no está cualificado.

Hay pues que priorizar la asistencia. Y ya en ese primer paso hay que definir también la estructura física del servicio de Urgencias en función de la gravedad. El más grave y el menos grave tienen que verse en un primer nivel asistencial. El más grave porque hay que establecer un menor recorrido físico con el paciente y el menos grave para que no entre en lo que es el servicio de Urgencias. No se pueden mezclar enfermos con diferentes niveles de gravedad. Esto ya lo denunció el Defensor del Pueblo. Es necesario que existan salas de espera específicas en función del nivel de gravedad. Alguien con un cuerpo extraño en el ojo puede esperar con una persona que tenga un dolor de muelas o con otra dolorida a consecuencia de un sobreesfuerzo pero no deberían estar en la misma sala con quienes tienen un fuerte dolor torácico o abdominal. Como no se deben mezclar niños con adultos o mujeres con urgencias ginecológicas y pacientes de urgencias generales.

-Supongo que la segunda preocupación de un enfermo -y la de su familia- es saber que quien le va atender es un médico con experiencia. Y quizás el dato más llamativo –y escandaloso- que ustedes aportan es que la mayor parte de quienes atienden las urgencias son recién licenciados en Medicina sin apenas experiencia…

-Más del noventa por ciento de los enfermos que acuden a los servicios de Urgencias en los hospitales son recibidos por médicos sin experiencia. Alcanzan el año de experiencia… cuando se van. Es decir, se trata de médicos residentes en formación que empiezan a hacer guardias al día siguiente de su incorporación. Por tanto, son médicos con un día de experiencia, con cinco, con diez, con un mes… que al año se van. Y que, efectivamente, están tutelados porque no hay ningún servicio de Urgencias en el que no haya al menos un adjunto, normalmente un médico con experiencia. La cuestión es cómo tutela un solo médico con experiencia a 15 médicos recién salidos que están viendo a 15 enfermos a la vez. Sencillamente, es imposible. No se les puede tutelar, sólo se pueden resolver las dudas que tengan. Y a veces no las consultan porque les da hasta vergüenza. Además el Ministerio de Sanidad sabe que desde 1995 no pueden ejercer. Hasta ese año un médico acababa la carrera y podía ser contratado como médico generalista. Desde 1995, no. Tienen que llevar dos años de formación hospitalaria. Lo que está ocurriendo, pues, es ilegal y lo vamos a denunciar ante la Fiscalía y al Defensor del Pueblo. Les vamos a decir claramente que aunque oficialmente no están solos en la realidad es imposible que el médico adjunto supervise a tantas personas inexpertas atendiendo enfermos. Y, sin embargo, hay enfermos que salen dados de alta de Urgencias con la firma del médico residente. Eso sí es ilegal y demostrable. Un médico residente no puede firmar un alta. Bueno, puede firmarla pero a continuación tiene que firmarla el responsable del paciente que es el adjunto.

Y hay más: el 95% de los médicos de Urgencias son médicos interinos con contratos eventuales o, incluso, con contratos-basura por horas. Hay contratos de 7-14 horas más guardias; es decir, alguien que va una vez a la semana. ¿Y cómo va a entender esa persona el funcionamiento del servicio de Urgencias, cómo se va a motivar, cómo se va a interesar en los problemas de servicio o del hospital? No considera al hospital su empresa. No se hace equipo y no se hace servicio.

Y no nos olvidemos de los adjuntos. Porque tampoco es suficiente con que haya un adjunto ya que puede ocurrir que se trate, por ejemplo, de un oftalmólogo. Alguien que ha acabado Oftalmología, que no tiene trabajo, al que le dicen que hay un hueco en Urgencias y como precisa trabajar… allí que va. Sólo que allí no va a atender a quienes lleguen con un problema en la vista, va a ver todo tipo de pacientes: personas con infartos, fracturas… Y lo más seguro es que no tenga ninguna experiencia en ello porque él de lo que sabe realmente es de Oftalmología.

Mire, la verdad es que la formación de los adjuntos de Urgencias es en general muy buena. A mi hospital vienen incluso médicos de Estados Unidos a rotar pero nosotros sabemos muy bien por lo que hemos pasado y somos conscientes de que hemos aprendido… mientras atendíamos a los enfermos. Y mire usted, si es eso lo que se quiere hacer en este país… pues quitemos el MIR. Y el que vaya a dedicarse a Cardiología que empiece directamente a tratar enfermos que ya aprenderá.

No, así no pueden hacerse las cosas. Usted no puede poner a atender en Urgencias, donde un enfermo entra con un dolor en la cabeza, el siguiente se está ahogando y al otro le duele la pierna, donde se necesita a un médico que tiene que tener una agilidad mental tremenda y conocimiento de todo, a alguien sin experiencia para que aprenda del compañero más antiguo, de la mera experiencia o del sufrimiento del paciente. Y esto sucede, es comprobable. Por eso están callados en el Ministerio, porque los periodistas, los pacientes y sus familiares pueden ir a cualquier servicio de Urgencias y constatarlo por sí mismos.
Es imprescindible pues conseguir cuanto antes la especialización del médico de Urgencias para evitar esta situación que repercute directamente sobre la atención del paciente. Y tener la especialidad implica tener residentes de tu especialidad. Es muy importante que si un enfermo viene a Urgencias y lo ve un residente… éste lo sea de Urgencias y se trate de alguien que lleve al menos dos o tres años. Pero un médico especializado en Urgencias al que su trabajo le ilusione y que además de trabajar estudie en su casa porque tiene que competir con otros por la misma plaza.

Los que hoy vienen aquí de prácticas, sin embargo, no tienen la sana competencia de otros colegas y además sus vidas profesionales son paralelas y diferentes de las de los médicos de Urgencias. Sólo suelen coincidir en las guardias. No es lo mismo y lo notamos. Hay residentes MIR de menos de un año que te preguntan hasta dos y tres veces cómo se interpreta un electro. A la cuarta ves que se ha molestado en estudiarlo y ya no pregunta. Pero hay otros que si hacen 50 durante el año te preguntan las cincuenta porque son MIR de, por ejemplo, Psiquiatría, y el tema no les interesa.

-Pues con independencia de su preparación, de su calidad, lo cierto es que ni siquiera la cantidad, el número de médicos que atienden los servicios de Urgencias es la adecuada.

-Sus lectores tienen que saber que para una demanda de cien mil urgencias al año hacen falta como mínimo 25 médicos para el área de consulta y ocho para el seguimiento de los mismos. Se necesitan pues, al menos, 33 médicos. Bueno, pues pregunte. En los hospitales que atienden esa cantidad y más, que son la mayoría -todos los regionales, muchos provinciales y bastantes comarcales- dudo mucho de que haya en ellos más de diez. Lo dudo mucho. Diez en lugar de treinta y tres. Esa es la proporción. Se da la paradoja de que en España hay médicos, muchos de ellos contratados por horas, que atienden en un año a 290 enfermos cuando deberían de ver a 4.000 –suponiendo 23 minutos de media por asistencia- mientras otros atienden ¡a 35.000 en un año! ¿Dónde estamos? En la misma ciudad, en la misma manzana y en la misma calle coinciden a veces dos servicios de Urgencias distintos, uno que es un Servicio de Salud con asistencia continuada con un médico que ve a cinco enfermos en toda la guardia mientras en la acera de enfrente un servicio de Urgencias de primaria con un solo médico tiene que atender a 70. Y ambos médicos cobran lo mismo. ¿No sería más razonable que cada uno viera a 35?

Mire, si para que los servicios de Urgencias funcionen hay que aumentar los recursos, que se aumenten. Pero por cada 4.000 enfermos/año hace falta un médico de Urgencias. ¡Y hacen falta ya!

-Antes de entrar en el tema de la especialización y por seguir analizando los puntos que necesitan una rápida modificación, ustedes señalan la inexistencia de un control adecuado del tiempo de espera de los pacientes en Urgencias.

-Hacen falta buenos médicos y buenos recursos pero también es obvio que si en Urgencias somos incapaces de medir el tiempo que transcurre entre que el paciente nos llama o viene hasta que lo atendemos la atención no será la adecuada. En la actualidad es imposible llevar un control de tiempos porque el servicio no está informatizado. Nos llega el enfermo, se registra la hora de entrada… y se acabó el control. Se sabrá si ha salido a las cuatro horas de entrar o a las 24 pero no el tiempo que transcurrió desde que llegó a Urgencias hasta que fue atendido. El cien por cien de los enfermos debería esperar menos de cinco minutos para ser clasificado… pero eso tampoco se cumple. Es por tanto imprescindible llevar un control informatizado del tiempo de atención porque incluso en los centros donde se trata de clasificar al paciente en menos de cinco minutos estoy convencido de que hay tramos del día donde la espera es mayor; por tanto, es preciso detectar ese problema para poner un segundo enfermero o un segundo médico clasificando cuando sea necesario.

Y añadiré que mientras esperamos la actuación del Ministerio nosotros ya hemos elaborado el primer documento en habla hispana sobre cómo se ha de clasificar a los enfermos. Un modelo que tiene como base el canadiense que también se aplicó en Andorra y ahora estamos pilotando en los grandes hospitales de España. Hay cinco niveles de prioridad. En el nivel de Prioridad 1, la de nivel crítico, tiene que atenderse al paciente no ya en cinco minutos o en diez sino ¡inmediatamente! Para lo cual el Servicio de Urgencias tiene que tener prevista una consulta a fin de atender únicamente a ese tipo de enfermos. Obviamente, si esa consulta se destina a otros enfermos, como sucede ahora, cuando llega un paciente de nivel crítico se tiene primero que sacar al enfermo que se esté atendiendo… y ya no hay asistencia inmediata. Además esa consulta tiene que estar dotada siempre de personal y de medios. Algunos hospitales tienen los medios pero no el personal. Se llama a un timbre y acude el primero que puede porque los demás están trabajando. Y siempre  se tarda más tiempo.

El nivel de Prioridad 2 lo conforman pacientes graves pero no críticos y, en este caso, son siete u ocho minutos los que pueden pasar desde que se le clasifica hasta que lo ve ya un médico en consulta y comienza a atenderlo. La Prioridad 3 son las Urgencias -no las Emergencias- para las que la respuesta facultativa no se puede demorar más de quince minutos. La Prioridad 4 es la que indica que el paciente puede esperar hasta cincuenta o sesenta minutos. Y la Prioridad 5, muchas por cierto de las que llegan por consulta administrativa, son las que pueden esperar hasta 120 minutos.

Tal es nuestro modelo, pero si el Ministerio de Sanidad no quiere asumirlo debe ser capaz de decirle al ciudadano cuál es el suyo y si considera que desde que un paciente va a un hospital hasta que es clasificada su prioridad deben pasar de quince minutos o media hora, pues que lo defienda ante los ciudadanos. Sin embargo, el Ministerio no quiere afrontar ese compromiso. Se escuda en que las trasferencias a las comunidades autónomas están hechas pero, por ejemplo, en el tema de las listas de espera sí han llegado a un consenso, luego, ¿por qué no en los servicios de Urgencias? Y es inadmisible que un ciudadano español pueda tener más o menos derechos en función de dónde viva. Además se le olvida al Ministerio que los MIR son competencia suya, no es una competencia transferida. Ellos pagan a los MIR. Luego ellos deciden cuáles son sus funciones. Pero es que además la competencia en formación no está trasferida. Andalucía, aunque quisiera, no puede crear la especialidad de Urgencias; ni el País Vasco, ni Galicia… El resultado es que ciertas autonomías tienen sus propios estándares de asistencia pero es el Ministerio es el que está obligado a llevar la voz cantante.

-La situación así dibujada, con realidades preocupantes que pueden coincidir todas ellas en un momento determinado, puede decantar hacia la vida o la muerte la situación de un paciente.

-Hace poco un colega suyo me preguntó si había muertes evitables… Yo no quiero hablar de muertes evitables, al menos en este momento tan triste para España porque sería penoso; prefiero hablar de vidas que se podrían salvar. Y, evidentemente, sí: hay vidas que se podrían salvar. Bastantes. Se podrían salvar con una dotación de recursos adecuada, con una formación reglada y con unos recursos materiales y estructurales medianamente sensatos. Le pongo un ejemplo. Hace unos años murió en una cancha de baloncesto un joven jugador y hace poco ha muerto en Lisboa un futbolista del Benfica… Pues bien, la causa más frecuente de muerte súbita entre la gente joven, deportistas o no, es la fibrilación ventricular. Esa es la más frecuente. No sirve el boca a boca ni que a usted le den masajes en el pecho. Sirve un aparatito, un monitor desfibrilador que registra el ritmo y descarga una corriente eléctrica. Bueno, pues desde hace años existe ya un monitor desfibrilador semiautomático cuyo uso no requiere ser médico o enfermera. Cualquier bombero, policía o ciudadano de la calle podría en un curso de pocas horas aprender dónde tiene que colocar las palas a fin de que el aparato registre el problema y automáticamente produzca la descarga. Y la persona podría así salvar la vida.

Así que me pregunto cómo es posible que en un estadio donde se congregan miles de personas no sea hoy obligatorio tener estos aparatos al igual que en los aeropuertos o en las grandes superficies comerciales. Es pura desidia. Además, a los médicos de fútbol –y de otros deportes- habría que exigirles que hagan cursos de soporte vital. Me gustaría preguntarles a algunos si han hecho algún curso de reanimación cardiopulmonar avanzada o básica. Y me gustaría saber, en el caso de que alguno lo hiciera en su día, si lo renovó. Diagnosticar o no correctamente un cólico de riñón puede hacer que un paciente permanezca más tiempo con dolor pero aquí hablamos de vivir o morir. Todo esto lo he dicho en el Ministerio personalmente y si hace falta dar un paso más ante la opinión pública lo vamos a dar.

-¿Hasta dónde están dispuestos a llegar?

-En abril vamos a publicar cuatro libros con todos los indicadores y estándares que consideramos deben de ser tenidos en cuenta en los servicios de Urgencias (personal, tiempos, recursos, camas..) y los llevaremos a todos los juzgados de España para que cuando un paciente o un familiar formule alguna denuncia el juez sepa si se le tardó en atender en el tiempo máximo que los profesionales entendemos como correcto según las sospechas diagnósticas que presentaba o no se le atendió por falta de los medios humanos o técnicos mínimos que deberían haber estado a disposición del médico y del enfermo. Serán entonces los jueces quienes actúen en consecuencia. No nos queda ya otro recurso.

-¿Están dispuestos pues a apoyar a las distintas asociaciones de defensa del paciente cuando vayan a los juzgados?

-Por supuesto que sí. Nosotros vamos a entregar en los juzgados cuáles son los indicadores y los estándares mínimos que debe tener un equipo de Urgencias de hospital, de primaria o de equipo de emergencia para garantizarle al paciente la mínima calidad asistencial. Esos estándares estarán no sólo en los juzgados sino también en las asociaciones de pacientes y en las librerías. Ya están hechos. El 1 de abril se llevan a imprenta. Por supuesto, volveremos a ofrecérselos al Ministerio.

-Ustedes apuestan por la necesaria especialización del médico de Urgencias. Sabemos que la misma existe en Estados Unidos, Canadá, Australia, Inglaterra, Irlanda, Bélgicay otros países europeos con fórmulas que se parecen mucho. Incluso existe en algunos países africanos. ¿Por qué en España no se ha dado nunca ningún paso en ese sentido?

-En su día nos reunimos con portavoces del PP, PSOE, CIU y Coalición Canaria, y todos se mostraron a favor… pero nada se ha conseguido. El Ministerio de Sanidad y Consumo de Ana Pastor se escudó en que no tiene el dictamen favorable del Consejo de Especialidades, donde no estamos nosotros y no se puede oír nuestra voz, y donde la mayoría de sus integrantes no entienden el problema e ignoran si realmente es necesario o no. Por otra parte, ese Consejo es consultivo. Y no es cierto, como se nos dijo en el Ministerio, que jamás se haya creado una especialidad sin el apoyo de ese Consejo. Es mentira. Se han creado al menos tres. La última, la  de Geriatría. Se aprobó por mandato del parlamento al Gobierno y en contra del Consejo de Especialidades. La especialidad de Urgencias no la aprueban porque no quieren. Porque hay intereses corporativos y laborales. En ese consejo llevan la voz cantante dos sociedades médicas: Medicina Interna y Medicina de Familia. Y con total seguridad, por intereses laborales sus médicos no quieren la creación de la especialidad de Médicos de Urgencias porque saben que el excedente de médicos de familias y de internistas está hoy trabajando en Urgencias hospitalarias. Les hemos hecho llegar un documento de lo que nosotros creemos que debe ser la especialidad de Urgencias: cuatro o cinco años de especialización con las rotaciones delimitadas y los objetivos marcados. Y les hemos pedido que nos argumenten, a la vista de nuestras razones, por qué consideran que no es necesaria. No nos han dado ni una sola respuesta, ni un comentario, ni un sólo argumento científico por el cual lo rechazan. Se han limitado a decir que hace falta formación específica pero desde un área de capacitación.

Lo que viene a decir el consejo es lo siguiente: usted hace cinco años de cirugía general, se convierte en un perfecto cirujano haciendo lo que corresponda en su período de formación… y luego, si quiere trabajar en Urgencias, efectúe una formación complementaria de dos años. Es decir, le obligan a ser cirujano, a hacer trasplantes si es necesario y a efectuar todo tipo de intervenciones quirúrgicas cuando a lo mejor uno lo que quiere ser es sólo Urgenciólogo. Y en ese caso, ¿para qué la formación de cinco años de cirugía donde no se pueden adquirir los conocimientos adquiridos en un servicio de urgencia hospitalario? Pero, ¿dónde estamos? Si hay acuerdo en que hace falta una formación específica concédale usted al estudiante de Medicina que cuando termine sexto pueda elegir como opción ser médico de Urgencias. Así no se perderá dinero formando a un cirujano, a un internista o a un cardiólogo para que después no pueda o no quiera ejercer aquello para lo que ha estudiado porque quiere ser Urgenciólogo. ¡Si es mucho más económico! Tenemos informes positivos del presidente de Colegio de Médicos, de la Organización Médica Colegial, de decanos de facultades de medicinas, de rectores de universidad y de la presidenta del Consejo General de Decanos de España argumentando la necesidad de la especialidad. Creémosla, discutamos su programa y planifiquemos todo con tranquilidad. Aunque mientras tengamos que pasar por un período de transición. Las cosas pueden solucionarse con relativa facilidad. El 99% de los médicos de Urgencias considera hoy que la especialidad es imprescindible. Y también lo piensa el 75% de los médicos especialistas que no son de Urgencias.

Al cardiólogo de un hospital pregúntele qué quiere y le dirá que la mejor asistencia posible del médico de Urgencias que recibe a los pacientes. El cardiólogo sabe que él no puede estar en Urgencias cuando llega alguien con un dolor torácico ya que si al verle no es un caso de su especialidad, ¿qué hace? ¿A quién llama para que se haga cargo del enfermo? ¿Al neumólogo? ¿Y si viene éste y dice que tampoco es un problema de su especialidad? ¿A quién se lo manda? ¿Al reumatólogo? Bueno, pues eso es lo que ocurre hoy cuando en Urgencias el médico tiene poca formación: que con frecuencia termina consultando hasta con diez especialistas distintos.

Por eso hace faltan especialistas de Urgencias. En el BOE del año 2001, en agosto, ya se creó la “categoría profesional” de Médico de Urgencias especificándose que es el responsable del ingreso urgente de un paciente. Pero esa norma no se ha desarrollado. Hay pues una categoría profesional de la que habría que establecer su perfil pero no se ha hecho. El marco jurídico global es hoy insuficiente y no se ha desarrollado en prácticamente ninguna comunidad.

Mire, hay tres criterios que la Unión Europea exige para crear una especialidad médica: que haya demanda social -40 millones de consultas el pasado año-, que haya profesionales que se dediquen específicamente a la atención de esa demanda –17.000 médicos de urgencias, 30.000 enfermeras y 40.000 técnicos- y que haya un cuerpo doctrinal específico que no se contemple íntegramente en ninguna de las especialidades existentes -el Consejo ya ha dicho que, con independencia de la formación que uno tenga, hace falta formación específica-. Lo tiene todo. Pues ¡hágase! Es evidente que si no se hace es por intereses corporativos. Claro que nosotros no nos paseamos por los pasillos del ministerio como otros.

En suma, tenemos claro que si no hay especialidad de Urgencias en nuestro país a pesar de necesitarse es porque no hay voluntad política. Lo que hay es negligencia. Y, por tanto, vamos a hacer al Ministerio responsable legal de todo lo que ocurra en los servicios de Urgencias.

-La verdad es que han pasado 16 años desde el informe del Defensor del Pueblo y el silencio de los políticos de uno y otro partido sigue siendo clamoroso. Pero, ¿por qué han tardado tanto en actuar, en mostrarse públicamente críticos?

-En muchos sitios no hemos podido luchar por miedo a la pérdida del puesto de trabajo. Aunque parezca vergonzoso es así. Hay gente que ha tenido hasta ahora miedo a hablar porque estaba convencida de que si lo hacía serían cesada o echada. Pero en Diciembre todos los médicos de Urgencias serán propietarios legalmente de sus plazas. Todos. También se lo hemos dicho a Ana Pastor. Y ya no les va a dar miedo perder su puesto de trabajo porque tendrán la plaza en propiedad. Y como saben que van a estar toda su vida trabajando en Urgencias querrán unas condiciones de trabajo diferentes. Saber que no te pueden echar te permite hablar con más libertad. Saber que vas a estar en un centro de por vida te lleva a dignificar ese puesto de trabajo, al paciente, al familiar y a ti mismo. Y no vas a tolerar las cosas que has tolerado hasta ahora por el miedo a que te echen.

Un paso adelante será el de poner denuncias sistemáticas por cada paciente al que no hayamos podido salvar la vida cuando consideremos que se podría haber salvado. Y lo mismo digo de los casos en que los pacientes queden con secuelas cuando consideremos que si hubiera sido atendido de manera más rápida, correcta, personal y con unos medios mínimos éstas no hubieran sido tan grandes.

Estamos incluso dispuestos a salir a la calle. Ya le digo que si todo esto no se ha denunciado antes es por la precariedad en el empleo y porque el Ministerio sabía que muchos profesionales no estaban dispuestos a poner en peligro sus puestos de trabajo. Bueno, pues creemos que ya es hora de terminar con la actual situación. Si para el invierno que viene no han solucionado esto llevaremos el problema a la vía judicial. Y lo haremos porque en los servicios de Urgencias, en general, se está atentando contra cuestiones fundamentales de la Constitución: pérdida de la autoestima, falta de dignidad, falta de confidencialidad, gasificación… Todo eso es habitual.

Lo indignante es que siempre encuentran una excusa para justificar las saturaciones. Por ejemplo, que la culpa es de la gripe. Cuando los servicios de Urgencias están saturados siempre. ¡Siempre! No lo estarán a las 8 de la mañana pero en cuanto avanza la jornada lo están hasta las cuatro de la madrugada. Otra cosa es que la gripe contribuya en invierno a la saturación, el calor en verano o el asma y las alergias en primavera. Porque todo repercute en Urgencias. Además, si alguien tiene hoy un problema, necesita por ejemplo que le vea el especialista en digestivo y le dan cita para dentro de un mes cuando el problema lo tiene ahora… se va a Urgencias. Lo que las autoridades están consiguiendo pues no afrontando el problema de las listas de espera es que todo el mundo termine yendo a Urgencias. Y eso pasa porque los políticos venden la política del cajero automático… no se preocupe, usted se pone malo y tiene un médico, pero luego no ponen los medios. Es obvio que no es justo que un paciente que tenga 40 de fiebre a las siete de la tarde se tenga que esperar al día siguiente para que le vea el médico de cabecera pero si queremos que se le atienda hay que poner los medios. No se pueden dar falsos mensajes a los ciudadanos. Si usted tiene abierto un centro con un solo médico durante 24 horas y acuden a él 500 ciudadanos es imposible que pueda atenderlos a todos. Sin embargo, mentir sobre esto se ha convertido en algo habitual.

-¿Cómo acabar con las saturaciones?

-Para acabar con la saturaciones en Urgencias hacen falta tres cosas: médicos de Urgencias en número adecuado, estructuras físicas de acuerdo a la demanda asistencial de esa ciudad con amplias zonas de observación que permitan tratar a los enfermos para decidir si tienen que ingresar o marchar a casa y una adecuada gestión de camas del hospital. Si el hospital no las gestiona bien no podemos subir enfermos a planta. Cualquier hospital debe asumir -porque es un imperativo legal- que todo enfermo urgente tiene prioridad de ingreso con respecto a un paciente programado. Y claro, es cada vez más habitual que un enfermo al que se cita para operar llegue desde su casa con la cama reservada pero se encuentre con que el médico está atendiendo un infarto y no puede ingresar. Pasa tanto que siempre hemos recomendado que entre el 5 y el 10% de las camas de los hospitales estén reservadas para Urgencias… pero no se hace.

En mi centro, la Ciudad Sanitaria Reina Sofía de Córdoba, tenemos una reserva estratégica de camas y en los tres últimos años no hemos tenido problemas de ingresos. Son unas 25 camas que están dotadas de personal pero somos nosotros los que decidimos cuándo se abren. De tal manera que siempre procuramos subir pacientes de observación que precisan más cuidados y liberamos camas que nos permiten realizar nuevos ingresos, muchos de los cuales a las cuatro horas podrán irse a su domicilio. El problema del “sistema de cajero automático” que han creado es que el paciente sabe que en ocho horas en Urgencias le van a hacer todo lo que en atención primaria van a tardar seis meses y eso contribuye también a la saturación. Pero es entendible.

Por otra parte, todo el mundo habla de las listas de espera para intervenciones quirúrgicas una vez formulado el diagnóstico, pero, ¿quién se ocupa y preocupa de la espera hasta que se diagnóstica? ¿Qué es más preocupante, que un cáncer de pulmón tarde diez o quince días en operarse o que esa persona haya tardado dos años en ser diagnosticada de cáncer? Es que se están perdiendo los papeles. Es importante acortar el tiempo de diagnóstico y tratamiento pero mucho más importante es acortar el tiempo de prediagnóstico porque a veces, cuando diagnosticas, llegas tarde. Pero, por favor, si pides un ecocardio y en algunos lugares de España te dan cita para el año 2005… ¿Dónde va a llegar la situación? Es un debate en el que no se quiere entrar.

Terminamos. Ana Pastor se librará de la decidida y valiente reacción de los profesionales españoles de Urgencias que tan fantásticamente se portaron el trágico 11 de Marzo pasado pero el tiempo ha empezado a correr para la nueva Administración Sanitaria socialista. De hecho, si no quiere verse ante los tribunales un día sí y otro también deberá responder en breve plazo con hechos a las preguntas planteadas en el informe de la SEMES: ¿cuál debe ser la organización funcional de un servicio de urgencias o de emergencias?, ¿cuáles deben ser los indicadores y estándares mínimos que asegu­ren una asistencia de calidad?, ¿cuál es la estructura física recomendada?, ¿cuál debe ser la cartera de servicios?, ¿cuál la dotación de recursos humanos?, ¿qué com­petencias deben tener los diferentes profesionales implicados?, ¿cómo y dónde deben formarse?  Y avisamos: los profesionales de Urgencias quieren las respuestas negro sobre blanco para que las palabras no se las lleve el viento. Quizás con su postura puedan conseguir que las Urgencias de nuestro país funcionen como es debido y que, además, sean igual de buenas para todos los españoles. Desde luego, pueden contar con el pleno apoyo de esta revista.

Antonio Muro
 

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60
Abril 2004
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