El diagnóstico intuitivo

 

Cada vez son más los profesionales de la salud que están abiertos a las señales inconscientes que sus pacientes les transmiten y que son percibidas a través de la intuición. Y no se trata ya del “ojo clínico” que da la experiencia sino, sobre todo, de la percepción que se siente más allá de lo que la memoria y los años de profesión pueden aportar. Es “saber” lo que le pasa a un paciente, tanto en los aspectos físicos como emocionales, sin pruebas clínicas. Hablamos del diagnóstico intuitivo, una práctica cada vez más tenida en cuenta en el mundo.

 “Si se limpiaran las puertas de la percepción todo aparecería ante el ser humano tal como es: infinito”.

William Blake

“La enfermedad es un programa inteligente de la Naturaleza que trata de decirle a quien la padece que está viviendo una situación que no le conviene”. Debo decir que escuché por primera vez esta definición de boca del doctor Fermín Moriano hace ya algunos años -concretamente en febrero de 1999- al asistir a un curso que éste impartía sobre la Nueva Medicina basado en las teorías propugnadas por el conocido médico alemán Ryke Geerd Hamer del que ya hemos hablado en estas mismas páginas en otras ocasiones. Y agregaré que lo que el doctor Moriano expuso durante aquel fin de semana hizo que la enfermedad adquiriese para mí un significado distinto donde la mente y las emociones representan las causas evidentes de los trastornos físicos y donde la responsabilidad de su aparición ya no recae en los demás sino, sobre todo, en uno mismo.

Básicamente, y de forma muy resumida, lo que vino a decir es que los descubrimientos del doctor Hamer mostraban claramente que había una correlación estrecha entre la psique, el cerebro y el órgano dañado como quedaba demostrado tras haber efectuado cientos de escáneres cerebrales a pacientes con diferentes patologías, especialmente el cáncer. Como muchos de nuestros lectores ya saben el doctor Hamer propugna en su Ley férrea del cáncer que todo trauma psíquico extremo que nos pilla de improviso -a contrapié- y se vive en aislamiento produce un impacto en el campo electrofisiológico del cerebro –que se manifiesta en forma de un círculo con una mancha central, es decir, como una diana- y alguno –o algunos- de los órganos que están regulados por esa zona del cerebro queda afectado. Daño físico cuya importancia estará en relación directa con la intensidad con la que se haya vivido el trauma psíquico. Que se vea afectada una parte u otra de nuestro organismo dependerá ya del tipo de trauma. Pues bien, a la hora de ubicar en el organismo el reflejo de los diferentes traumas emocionales que hayamos podido vivir conviene saber que básicamente son tres las formas en que se manifiesta nuestra mente: consciente, subconsciente e inconsciente. Y, por tanto, tres son las formas en que esos traumas pueden ser percibidos. Es decir, podemos vivirlos de formaconsciente, que es el aspecto de la mente que está activo durante el periodo de vigilia. En ese estado las situaciones emocionalmente traumáticas que vivimos tienden a ser absorbidas mediante la comprensión, a través del razonamiento y de la lógica. Elsubconsciente, por su parte, es el aspecto de la mente donde se ubica nuestra personalidad, el que marca nuestro carácter y nos hace manifestarnos de una forma distinta a la de los demás seres humanos. Es aquí donde quedan registrados los traumas vividos a partir de un momento determinado (más o menos a partir de los 6/7 años) y que después deberán ser objeto de tratamiento por parte de diferentes técnicas psicoterapéuticas para proceder a su desactivación. El último aspecto de la mente -pero no por ello menos importante- es elinconsciente, encargado de regular todos los procesos biológicos de nuestro organismo. Obviamente, durante el proceso de gestación y los 6 ó 7 primeros años de vida -en ocasiones este periodo se prolonga hasta la pubertad- el aspecto de la mente que predomina es el inconsciente -regulador de nuestra biología- ya que en ese periodo no contamos más que con un consciente incipiente y nuestra personalidad sólo es un proyecto; y, por tanto, los traumas emocionales que se viven en ese periodo se instalan en el inconsciente. De esa forma biología y biografía forman un todo que nos acompaña durante el resto de nuestra vida haciéndonos reaccionar ante estímulos para los que no encontramos una explicación lógica al estar incorporados en el inconsciente. Por otra parte, el hecho de tener activo ese impacto traumático (aunque no se recuerde) hace que periódicamente, cuando se den circunstancias parecidas, volvamos a vivir experiencias similares que terminan por manifestarse físicamente en forma de enfermedades. Es lo que Joaquín Grau -en su Tratado teórico-práctico de Anatheóresis– denomina CAT (cúmulo analógico traumático) , algo que se forma por acumulación de IATs (impactos analógicos traumáticos). Pues bien, según Joaquín Grau “en Anatheóresis se entiende que los daños (IATs y CATs) que nos enferman tienen su etiología en el útero, en el acto de nacer y hasta los siete a doce años. Y que toda enfermedad es una actualización de esos daños que se mantienen latentes en los estratos de la biografía oculta de todas las personas. La irrupción, la manifestación de esos daños en una sintomatología es una actualización patológica”. Las explicaciones que, en cambio, da la medicina oficial a la aparición de la enfermedad son insuficientes ya que están basadas en una concepción mecanicista y newtoniana donde nuestro cuerpo es percibido como un mecanismo formado por diferentes órganos y sistemas susceptibles de ser tratados aisladamente (como se tratan las piezas de un reloj). Concepción que se enfrenta a la de la llamada Medicina Vibracional que percibe al ser humano como un“conjunto multidimensional de cuerpos que vibran en diferentes frecuencias y que mantienen una correspondencia dinámica entre ellos”, de tal manera que las terapias van dirigidas al conjunto y no sólo a la parte. “Cuerpos” que responden a los nombres de físico, energético o etérico, mental y espiritual representando la enfermedad una alteración en esa correspondencia dinámica. Bueno, pues el inconsciente puede aportar la respuesta que estamos buscando en las relaciones mente-cuerpo, según los pocos estudiosos que se han acercado a ellas con una actitud realmente científica. En esos estudios se comprueba cómo negar la enfermedad –e, incluso, la muerte- es la postura que menos posibilidades de curación permite, como se pudo comprobar en una investigación realizada por una comisión de médicos internistas de la Universidad de Yale que trataba de establecer la influencia de las alteraciones psíquicas sobre los procesos patológicos. “Conociendo la verdad pero no queriendo admitirla evitan una respuesta eficaz. Comprender los temores y los problemas de uno conduce al alivio y a la curación. Saber que se está luchando y cómo es la lucha son las dos claves”, asegura en una de sus conclusiones el informe elaborado por dicha comisión.

¿CÓMO DETECTAR ESOS TRAUMAS?

Como se sabe, los seres humanos recibimos información del mundo que nos rodea gracias a los cinco sentidos físicos, información que se manifiesta a través de tres formas o canales diferentes: visual, auditivo y kinestésico. Estos canales pueden manifestarse aisladamente o de forma simultánea aportando información tanto del mundo tangible como de aquellas percepciones que nos hace llegar nuestro sexto sentido.

Por otra parte, somos emisores de información de nosotros mismos a través de diferentes expresiones, unas físicas y otras psíquicas, unas voluntarias y otras inconscientes. Éstas últimas pueden ser percibidas por aquellas personas que poseen una capacidad intuitiva por encima de lo que se considera normal, llegando a detectar no solamente el problema físico que aqueja a una persona sino incluso las causas emocionales que se lo han provocado. Es como si se estableciera una conexión más allá de los sentidos físicos e incluso más allá de los procesos que la mente genera habitualmente en toda relación humana. La percepción impacta no sólo en la mente del receptor sino que lo hace en toda su estructura psicobiológica. A medida que la medicina tradicional se va a abriendo cada vez más al reconocimiento de los efectos de las tensiones ambientales, emocionales y espirituales en la salud nuestra sociedad puede empezar a darse cuenta del potencial que puede ofrecer una perspectiva conjunta médica e intuitiva. Así, cada vez son más los profesionales de la salud que están abiertos a las señales inconscientes que sus pacientes les transmiten y que son percibidas a través de su intuición. Y no hablo solamente del “ojo clínico” que da la experiencia sino, sobre todo, de la percepción que se siente más allá de lo que la memoria y los años de profesión médica pueden aportar. Es “saber” lo que le pasa a una persona tanto en los aspectos físicos como emocionales sin haberle realizado ningún tipo de prueba, percepción que, cuando es aceptada, constituye el primer paso para su solución. En este sentido parece oportuno recordar las palabras deldoctorBernard S. Siegel, cirujano oncológico, cuando habla de la relación que mantiene con los pacientes: “Sé que uso mi intuición cuando estudio a los pacientes. ‘Sé’ cuando la persona está enferma. Esto produce una sensación, una vibración, un aura… distinta, llámese como se quiera. Para mí resulta obvio. Por supuesto, no renuncio a mis herramientas de diagnóstico sino que combino intuición, simbolismo y medicina al tratar a las personas”. Me parece en este sentido igualmente esclarecedora la frase del doctor Albert Schweitzer: “Es más importante conocer al paciente que tiene la enfermedad que conocer la enfermedad que tiene el paciente”. Entre estos pioneros intuitivos cabe destacar, además de al doctor Siegel, a la doctora Caroline Myss, escritora, investigadora, terapeuta intuitiva y pionera en el campo de la medicina energética y la conciencia humana. Con Norman Shealy, neocirujano de Harvard, es coautora de “Sida: un pasaje a la transformación” y “La creación de la salud” donde mezcla la medicina tradicional con el diagnóstico intuitivo. Es autora también de “Anatomía del espíritu”, best-seller mundial en el que establece una relación oculta, pero lógica, entre el alma, la mente y el cuerpo a través de la medicina energética. Pues bien, el doctor Norman Shealy afirma que la capacidad intuitiva de que hace gala Caroline Myss le ha ayudado en numerosas ocasiones a realizar diagnósticos más completos que los que le proporciona la tecnología. “La física cuántica –manifiesta- ha confirmado la realidad de la esencia vibratoria de la vida, que es lo que perciben las personas intuitivas. El ADN humano vibra a una frecuencia entre 52 y 78 gigaherzios (miles de millones de ciclos por segundo).Y si bien todavía no es posible evaluar con instrumentos científicos la frecuencia concreta de una persona ni los obstáculos que impiden la circulación de esa energía hay dos hechos básicos innegables. El primero es que la energía vital no es estática; es cinética, se mueve. Y el segundo, que las personas dotadas de esta intuición, como Caroline, son capaces de evaluarla aunque todavía el método científico no sea capaz de medir con exactitud ni la mente humana ni el sistema energético”. Otra autora no menos importante es Mona Lisa Schulz, neuróloga y neuropsiquiatra. Se trata de una firme creyente en el poder de la intuición que lleva más de diez años ayudándose de esta facultad para tratar a sus pacientes, algo que la permite ver más allá de los síntomas para internarse en las causas, en los desequilibrios emocionales que conducen a la enfermedad. “Somos seres intuitivos –explica-. Y la intuición no es un talento reservado a unos pocos sino la llave que abre la conexión entre el cuerpo y las emociones. Confiar en la intuición y atender a sus mensajes es la clave para cambiar nuestro destino”. Mona Lisa es autora del libro “Despierta tu intuición” (Ed. Urano) en el que enseña la forma en que podemos desarrollar esa facultad presente en todos los seres humanos de forma natural. Añadiré, a nivel personal, que yo mismo he tenido ocasión durante varios años de practicar la técnica del diagnóstico intuitivo con cientos de personas en toda España y mi experiencia me lleva a decir que sólo se puede acceder a la información relacionada con la enfermedad de alguien si se es capaz de “sintonizar” con él, es decir, de entrar en su mundo emocional a través de la generación por nuestra parte de la suficiente cantidad de amor, ternura o compasión por el que sufre. Porque el vehículo más eficaz de transmisión de información entre seres humanos es el amor. Frente a la tecnología más avanzada en el campo del diagnóstico de que hacen gala nuestros modernos hospitales se encuentra el abrazo fraternal que transmite todo lo que nos ocurre. Por lo que, sin rechazar esa tecnología –necesaria en muchos casos-, no podemos por menos que patentizar el hecho de que nos estamos comunicando con el mundo diciéndole lo que nos pasa de múltiples maneras y tan sólo hay que abrir los canales adecuados para percibirlo. La enfermedad, el sufrimiento y el miedo al dolor y a la muerte es lo primero que transmitimos y lo primero en ser captado. A fin de cuentas, no hay que olvidar que es el mundo espiritual el que da sentido al mundo material. Y que ese mundo espiritual es el mismo para todos los seres humanos. Por tanto, es elevando nuestro tono vibratorio como podemos acercarnos a la esencia de los demás, a su biografía oculta, utilizando nuestra intuición, no nuestra lógica; siendo holísticos y no reduccionistas. A la mente racional le cuesta entender cómo los recuerdos y experiencias dolorosas pueden crear malestar y enfermedades en nuestra vida, sobre todo si esos recuerdos y experiencias no son recordados conscientemente. Por eso ni los métodos tradicionales, ni los alternativos, ni la psicoterapia pueden a veces sanar a las personas enfermas o que sufren dolor. Porque la clave de la curación está muchas veces, como antes mencionamos, en el inconsciente. De ahí que si logramos traer a la mente consciente los recuerdos almacenados en el cuerpo podamos tener una comprensión diferente de cómo el pasado influye en el presente, en nuestra conciencia y en nuestros actos. Y eso lo lograremos si aprendemos a utilizar lo que la ya mencionada doctora Schulz denomina “la red de comunicaciones de la intuición” a fin de conseguir imaginar y crearnos una vida más sana en lugar de permitir que los viejos recuerdos y costumbres continúen recreando experiencias dolorosas. En un proceso de diagnóstico intuitivo el terapeuta debe estar abierto a las señales internas que puedan llegarle por cualquiera de los tres canales antes mencionados y no debe tener prejuicios acerca del tipo de información que le llegue, por muy absurda o anacrónica que le pueda parecer. Así, en ocasiones puede “ver” el momento en que ocurrió el hecho traumático o “escuchar” las circunstancias en que se produjo. Su intuición le puede llevar posteriormente a identificar los momentos a lo largo de la biografía del paciente en que se repitió el mismo “colorido emocional” que vivió durante el hecho traumático y que, por acumulación, han provocado la patología física que ahora padece. Como ejemplo de lo que acabo de decir recuerdo la experiencia vivida con una amiga durante un curso que estábamos recibiendo en la Comunidad de Findhorn. En aquella ocasión estábamos con otros participantes tomando un té después de cenar y se me ocurrió decirla que tenía la impresión de que padecía un problema hepático. Ella me contestó afirmativamente y yo, tomándola las manos, cerré los ojos y vi mentalmente al poco tiempo una cocina de gas que tenía encendido uno de los quemadores. Veía claramente las llamas azuladas saliendo por los agujeros del quemador. Esa visión desapareció entonces y fue sustituida por otra en la que vi a mi amiga teniendo cuatro años mientras andaba por la calle cogida de la mano de su madre. Y de pronto “vi” también cómo del primer piso de una casa situada a sus espaldas surgía una explosión fortísima y cómo su madre la dejaba con otras personas dirigiéndose al lugar de la explosión a ayudar a los posibles heridos. Percibí también claramente que ella, muy asustada por el impacto de la explosión, “sintió” en ese momento que su madre la había “abandonado” quedándose en estado de shock hasta que ella regresó. Pues bien, según me confesaría mi amiga el suceso ocurrió tal cual yo lo había visualizado reconociendo hasta que la explosión se debió a un escape de gas. Pues bien, aquello se quedó traumáticamente grabado en su inconsciente y ahora afloraba como un problema en el hígado…

MENTE HUMANA Y FACTOR PSI

El eminente profesor José Luis Pinillos comenta en su libro “La mente humana” (Ed. Temas de Hoy) a propósito del futuro de la mente humana que “como especie hemos recorrido un largo camino. Aquella criatura que se puso en pie hace un millón de años domina la Tierra y está a punto de ocupar otros planetas. Las posibilidades de la ciencia parecen ilimitadas y excitan la mente de intelectuales, artistas y escritores, y también la de los propios protagonistas de la aventura científica”. Y añade: “Hoy son cada vez más los equipos de trabajo que se ocupan de anticipar cuáles serán las líneas maestras del mundo futuro; la prospectiva ha dejado de ser una dudosa aventura intelectual para convertirse poco a poco en algo que puede llegar a ser una ciencia fascinante. Y en los informes de esos científicos son muchos los pronósticos que se refieren al futuro más o menos inmediato de nuestro psiquismo; así, el aprendizaje onírico, la percepción extrasensorial, la potenciación de las aptitudes por la vía genética y nuevos medios de aprendizaje, y la comunicación telepática son anticipaciones, entre otras muchas, que se prevén para un porvenir no muy lejano”.

Cabe añadir que en realidad todo cuanto propugna el doctor Pinillos de cara al futuro ha sido y es ya una realidad para muchas personas. Y lo es desde que los seres humanos hicieron su aparición sobre el planeta. Las capacidades llamadas extrasensoriales, la percepción de acontecimientos por vías insólitas es un hecho tan innegable como difícil de demostrar en laboratorio, razón por la cual la comunidad científica es reticente a la hora de enfrentarse a tan escurridizo tema. Sin embargo, en lo relativo al diagnóstico intuitivo, las personas que lo practican -independientemente de estar sometidas o no al control del laboratorio de experimentación- son capaces de realizar sus percepciones cotidianamente lo que ha llevado a numerosos médicos a utilizar sus servicios ambulatoriamente como hemos podido apreciar anteriormente al hablar de Caroline Myss. El factor Psi, la intuición, parece ser el resultado de la actividad de la glándula pineal en su relación con el hemisferio derecho del cerebro y los sistemas límbico y reticular además de con el cerebelo. Esta actividad puede percibirse como poco habitual por cuanto en circunstancias normales el nivel de capacidad intuitiva que manifestamos es apenas perceptible. Aunque no hay estudios con base científica que permitan establecer el proceso por el cual una persona es capaz de sintonizar con la biografía oculta y con las patologías aún no descubiertas de otra es evidente que ese fenómeno se produce. Lo mismo que otros de los que participamos todos los seres humanos, como es el caso de la transmisión de pensamientos o telepatía. ¿Es ésta la explicación de la realidad del diagnóstico intuitivo? ¿O es otra? Porque el prestigioso y popular neurofisiólogo de la Universidad de Standford, Karl Pribram,dio hace ya años a conocer que el cerebro funciona como un auténtico decodificador holográfico. Y si la realidad  física manifestada es un gigantesco holograma dinámico –o, al menos, se comporta como tal- según postulan desde hace tiempo numerosos científicos de vanguardia, nada impide pensar que pueda establecerse una conexión del cerebro con ese holograma universal de forma que pueda acceder a la información. Tanto de carácter general como personal porque, como bien se sabe, un holograma se caracteriza porque la parte contiene la información del todo y en éste está toda la información de cada parte (cuando uno parte una fotografía holográfica en dos no aparece, como ocurre si hacemos lo mismo con una foto normal, la mitad de la imagen en un trozo y la otra mitad en el otro. ¡Aparece la imagen completa en ambos trozos! Y si seguimos dividiéndola en cuatro, ocho, dieciséis, etc. trozos… en todos ellos aparecerá la imagen ¡completa! Luego, ¿son la telepatía y/o la capacidad de decodificación holográfica del cerebro lo que explica el diagnóstico intuitivo? El tiempo lo dirá. Por otra parte, debe saberse que no sólo el cerebro tiene carácter holográfico. Las experiencias con electrofotografías realizadas en laboratorio a huevos de salamandra fecundados y a plantones germinados –efectuadas por Harold Burr y Semion Kirlian en la Universidad de Yale durante los años 40- permiten afirmar que todo organismo en vías de formación está destinado a seguir una plantilla de crecimiento preestablecida y que esa plantilla la genera el campo electromagnético individual de cada organismo. Una plantilla que tiene carácter holográfico y tridimensional dando sentido y orientación a la reproducción celular que termina por configurar a un individuo. Cabe añadir que la capacidad de visualizar con la mente el interior de un cuerpo –el de otras personas e incluso el propio, mediante lo que se llama autoscopia- es una técnica muy practicada hoy por los sofrólogos. Y las decenas de miles de personas que en todo el mundo han realizado los cursos de control mental del doctor Silva a lo largo de los últimos 30 ó 40 años son igualmente una demostración de ello. Termino este tema agregando que no deberíamos obviar tampoco la posibilidad de que la comunicación por vías no convencionales entre seres humanos –algo que sucede de forma natural entre muchas especies animales- tenga su fundamento en la existencia de los campos mórficos –o morfogenéticos- propios de cada especie, tal como formulara hace unos años el conocido biólogo británico Rupert Sheldrake.

CÓMO ACTUAR DESPUÉS DE DESCUBRIR EL TRAUMA

Debo explicar que tan pronto se produce un trauma el inconsciente intenta por todos los medios desactivarlo para que no influya en el desarrollo psicológico. Y para ello altera el normal funcionamiento de un determinado órgano o sistema -depende del tipo de trauma y de su intensidad- con objeto de que a través del dolor nos enfrentemos a la causa emocional.

Obviamente, como es bastante difícil relacionar daño físico con daño emocional dada nuestra concepción de la enfermedad y de que en las Facultades de Medicina apenas se consideran unas cuantas patologías de origen psicosomático, ésta sigue haciéndose patente hasta que se solucione el conflicto emocional. Todos sabemos que la medicina convencional actúa hoy sobre los síntomas y no sobre las causas. Por eso la enfermedad vuelve a hacer acto de presencia periódicamente. Así pues, cuando se descubre la causa emocional el inconsciente se da por enterado y “apaga” la señal que mantenía la enfermedad activa. Es lo que la Nueva Medicina propuesta por Hamer conoce con el paso de un estado de simpaticotonía a otro de vagotonía. Por supuesto, la enfermedad sólo desaparecerá cuando se actúe de forma simultánea sobre los tres aspectos que conforman nuestra estructura psicobioenergética, es decir, mente, energía y físico, si bien el proceso curativo comienza tan pronto el inconsciente “apaga la señal”. Algo que en muchos casos ha dado lugar a lo que se conoce como “curación espontánea” aunque lo normal es que esa curación se produzca después de algún tiempo, quizás tanto como se tardó en enfermar. Evidentemente, hoy se puede actuar sobre el aspecto emocional con una terapia de tipo regresivo -como la Anatheóresis– hasta llegar al CAT (cúmulo analógico traumático) o bien con Gestalt, Programación Neurolingüistíca (PNL) o Kinesiología, por citar tan sólo algunas posibilidades. A la hora de tratar el aspecto energético podemos hacerlo con terapias florales, piedras, cristales y gemas, acupuntura, imposición de manos, homeopatía, etc. Obviamente, el aspecto físico puede quedar en manos tanto de la medicina convencional como de la Naturopatía, la Medicina Tradicional China, la Medicina Bioenergética o la Medicina Ayurvédica, por poner algunos ejemplos. Sin olvidar la importancia que tienen los hábitos de vida saludables, el ejercicio, la alimentación adecuada… y los pensamientos positivos.

EN RESUMEN…

En suma, el diagnóstico intuitivo es una herramienta de primer orden que podría permitir en el futuro a los profesionales de la salud con mentalidad abierta acceder a la causa originaria de las enfermedades de sus pacientes, lo que se traduciría en una reducción importante de los tratamientos farmacocinéticos, algo que agradecerá nuestro organismo. Y que, al mismo tiempo, haría reducir los gastos del Estado en materia sanitaria y farmacológica.

Además, tal como he adelantado, lo mejor es que esta capacidad no es patrimonio de unos cuantos elegidos sino que de ella participamos todos los seres humanos en mayor o menor medida. Eso sí, quienes poseen un mayor grado de capacidad intuitiva tienen la obligación ética de ponerlo a disposición de los demás aunque no sea bien entendida o aceptada esa ayuda. Algo complejo porque la estructura actual del modelo sanitario no acepta de buen grado ni siquiera las llamadas terapias complementarias. Y, sin embargo, está fuera de toda duda el carácter psicosomático de la inmensa mayoría de las enfermedades que nos aquejan, lo que abre un campo terapéuticamente inmenso a todos aquellos profesionales de la salud que conciban al ser humano como una entidad holística donde la enfermedad pierde su sentido y sólo queda el enfermo. Donde no enferma un hígado o un riñón sino un ser humano completo y siempre como consecuencia de una alteración emocional a la que es posible acceder si abrimos nuestros canales con la llave del corazón. De hecho, una vez que la ciencia reconozca la naturaleza decisiva de la intuición como base para una comprensión más amplia de la enfermedad y de los enfermos se hará posible la incorporación en los estudios de Medicina de cursos para el desarrollo de las habilidades intuitivas, algo que representará un salto cuántico hacia delante en la práctica médica. Para finalizar quisiera hacer mención de las palabras pronunciadas por un conocido médico de la Clínica de Cleveland (EEUU), el doctor Irvine Page, quien escribió un excelente artículo sobre la intuición y el diagnóstico médico en la revista Postgraduate Medicine: “En medicina la intuición es decisiva… Más de la mitad de la práctica médica requiere decisiones que tienen poca o ninguna base tecnológica. No existen los aciertos absolutos ni los errores absolutos; sólo las decisiones de la cabeza y del corazón, las decisiones sabias o compasivas. Desdeñamos la magia de la medicina con peligro para nosotros mismos. Ninguna sociedad ha prosperado durante siglos sin una fe trascendente en algo que es más grande que el yo. Cada uno debe elegir y aceptar las responsabilidades que la elección conlleva. El buen médico debe combinar… intuición y sentido común”.

Luis Arribas

Este reportaje aparece en
60
Abril 2004
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