Desidia de las autoridades ante el grave problema de las radiaciones electromagnéticas (III)

Que las radiaciones electromagnéticas constituyen hoy una de las principales causas de enfermedad es algo indiscutible y sin embargo ni nuestros representantes políticos y sociales, ni las autoridades estatales, autonómicas y locales, ni los jueces, ni los periodistas, ni la mayoría de las organizaciones de consumidores hacen algo para afrontar el problema. Publicado parte del extenso y documentado informe que la World Association for Cancer Research (WACR) –Asociación mundial para la investigación del cáncer- envió hace ya casi un año a numerosos cargos públicos sin que quienes se supone representan a los ciudadanos en España hayan hecho el caso debido continuamos ofreciendo en esta tercera entrega otros de los argumentos argüidos en el mismo.

Como nuestros lectores habituales saben en los números 158 y 159 dimos a conocer parte del extenso y documentado informe que la World Association for Cancer Research envió en julio de 2012 a las principales autoridades españolas denunciando el peligro que supone la brutal contaminación electromagnética que hoy sufrimos debido a que los poderes públicos han optado por ignorar las advertencias que desde hace años llevan haciendo sobre ello no sólo numerosos científicos independientes sino los más destacados organismos internacionales, Organización Mundial de la Salud (OMS, Parlamento Europeo y Asamblea del Consejo de Europa incluidos.
En una primera entrega dimos a conocer -entre otras muchas cosas- que tanto la International Agency for Research on Cancer (IARC) como la Organización Mundial de la Salud (OMS) admiten ya que las radiaciones electromagnéticas son “posiblemente cancerígenas” y que ambas pidieron en 2011 a las autoridades nacionales que tomaran “medidas para reducir los niveles” de irradiación que hasta entonces se consideraban “seguros” siguiendo sin embargo aún vigentes a pesar de estar -según esas dos organizaciones- claramente “obsoletos”. La WACR exigía por ello en su informe a nuestras autoridades que aplicasen el Principio de Precaución mientras no se modificasen las leyes pero ni se ha admitido tal petición ni se han modificado los límites (y estamos a mediados de 2013). Asimismo recordaba a la Judicatura que deben ser las empresas que emiten radiaciones electromagnéticas artificiales las que demuestren científicamente y más allá de cualquier duda su inocuidad -es decir, que carecen de peligro- en lugar de tener que demostrar en los tribunales su peligrosidad quienes la padecen.

El texto agregaba que si bien las radiaciones artificiales que generan hoy las antenas de telefonía, teléfonos móviles e inalámbricos, Wi-Fi, Bluetooth y otros dispositivos son más débiles que las generadas por los campos electromagnéticos de las líneas de alta tensión, subestaciones eléctricas y centros de transformación la exposición a las primeras suele ser más continuada y directa así como más armónicas; algo muy importante porque debido al efecto de biorresonancia son precisamente las de muy baja frecuencia las que más pueden interferir en la comunicación celular y orgánica del organismo y alterar los flujos celulares de algunos iones -sobre todo el de calcio- lo que puede tener efectos biológicos importantes. Y hacemos aquí un breve inciso para explicar que en inglés se utiliza la expresión field electromagnetic (campos electromagnéticos) para referirse a todas las radiaciones electromagnéticas, tanto las procedentes de antenas de telefonía, teléfonos móviles e inalámbricos, Wi-Fi, Bluetooth y otros dispositivos como las generadas por las líneas de alta tensión, subestaciones eléctricas y centros de transformación cuando en realidad sólo éstos últimos generan campos electromagnéticos “cerrados”. Un “error” que la WACR subsana y aclara en la argumentación de su informe.

¿Y LOS EFECTOS ATÉRMICOS?

La WACR explicaría asimismo que las radiaciones electromagnéticas pueden provocar simultáneamente efectos térmicos -es decir, un aumento de temperatura- y atérmicos… a pesar de lo cual y de forma inexplicable en los estándares de seguridad internacionales no se contemplan éstos. Un auténtico dislate porque existen numerosos estudios científicos que indican que los efectos atérmicos pueden provocar disfunciones celulares y orgánicas así como desarreglos en los sistemas hormonal e inmune.

En el segundo artículo se explicó que los efectos negativos de las radiaciones electromagnéticas dependen de la coherencia, potencia, modulaciones, cercanía a la fuente de emisión, duración de la exposición, tipos de ondas y posibles resonancias así como de las interferencias que se puedan establecer entre esas señales y los procesos y estructuras fisiológicas del cuerpo pero que está ya suficientemente demostrado que pueden interferir en las frecuencias del organismo tanto a nivel celular como orgánico. Siendo así porque tales aparatos emiten en frecuencias similares a las de nuestros órganos -entre ellos el cerebro y el corazón- pero armónicas -incluso a niveles ínfimos de potencia- y de ahí su poder de interferencia.

Agregaba la WACR que el peligro de la radiación electromagnética radica también en el hecho de que sus efectos biológicos son acumulativos y por eso se notan generalmente a medio o largo plazo aunque haya personas especialmente sensibles que puedan notar efectos importantes a corto plazo. Aclarando que no son extrapolables los efectos sobre personas en estado de vigilia y en movimiento -es decir, con metabolismo activo- al de personas con metabolismo basal por encontrarse durmiendo o en reposo ya que está demostrado que los efectos de las radiaciones son más acusados durante el sueño.

Dimos cuenta asimismo en él de algunas de las muchas investigaciones científicas que advierten de la peligrosidad de las radiaciones electromagnéticas -como las de los investigadores españoles Claudio Gómez-Perretta, Manuel Portolés, Enrique Navarro o Joaquín Navasquillo- calificando de insólito el hecho de que mientras los límites máximos autorizados en Suiza o Rusia son de 10 µW/cm² y en la reunión de expertos de Salzburgo se cifrara el umbral a partir del cual se producen daños para la salud en 0’1 µW/cm² ¡en España se admiten hasta 400 µW/cm²! ¡Cuatro mil veces más!

Daría igualmente cuenta la WACR de que ya en mayo de 2002 un centenar de catedráticos e investigadores hizo público un texto conocido como Declaración de Alcalá de Henares en el que se advertía ampliamente de todo esto sin que nuestras autoridades hicieran el más mínimo caso así como del documento que el 9 de octubre de 2002 firmaron inicialmente una veintena de galenos de la región alemana de Friburgo cuyo llamamiento ha sido ya suscrito por más de mil médicos y centenares de terapeutas de todo el mundo.

E igualmente se dieron a conocer los trabajos en ese mismo sentido del físico Abe Liboff -de la Universidad de Oakland (EEUU)-, del Dr. Neil Cherry -biofísico de la Universidad de Lincoln (Australia)-, de V. P. Korobkova -que llevaría al Gobierno ruso a dictar una ley por la cual las líneas de alta tensión deben situarse a una distancia mínima de 110 metros de cualquier edificio habitado cuando en España hay líneas de alta tensión y transformadores ¡junto a los edificios!-, de Egon Eckert Nancy Wertheimer y Ed Leeper –autores de un estudio que demuestra que los niños que viven cerca de una línea eléctrica de alta tensión tienen una probabilidad entre dos y tres veces mayor de desarrollar leucemia, linfomas o tumores en el sistema nervioso-, del Dr. David Savitz -catedrático en la Universidad de Carolina del Norte (EEUU)-, de Gerarld Draper –según el cual los niños que viven desde su nacimiento a menos de 200 metros de líneas de alta tensión ¡tienen un 70% más de riesgo de padecer leucemia que quienes viven a más de 600 metros!-, de María Feychting y Anders Ahlbom -del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia)-, de Lennar Hardell, de Samuel Milhom -epidemiólogo del Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo de Washington- y del profesor ClementsCroome, entre otros (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los dos amplios artículos de los que acabamos de hacer un breve resumen).

LA LEGISLACIÓN ESPAÑOLA ESTÁ OBSOLETA

En esta tercera entrega del informe –por cierto, los subrayados, negritas y mayúsculas de los textos citados son nuestras- vamos a ampliar lo alegado por la WACR ante la gratuita y falsa afirmación de la industria eléctrica de que las ondas electromagnéticas de frecuencias extremadamente bajas -entre 50 y 60 Hz- no son peligrosas si el campo magnético generado –el eléctrico suele ser inexistente- es inferior a 100 microteslas. Para empezar la WACR explica en su documento que el límite de los 100 microteslas para los dispositivos que funcionan a 50-60 Hz pareció por primera vez en 1995 en una norma que tenía carácter experimental y publicó el Comité Europeo de Normalización Electrotécnica (CEN/CENELEC) como referencia de exposiciones a corto plazo. A pesar de lo cual la cifra se incorporó a nuestra legislación ignorándose los potenciales efectos iatrogénicos que implica su exposición a largo plazo y, lo que es más grave, que se trataba de una simple “recomendación” no avalada por trabajos científicos que además sólo tenía en cuenta los efectos térmicos obviándose los atérmicos (que son los que principalmente causan los transformadores eléctricos y las líneas de alta tensión). Es más, la cifra de 100 microteslas se llevó a nuestra legislación haciendo las autoridades caso omiso de las investigaciones –que posteriormente se ampliaron- ya realizadas entonces por numerosos científicos que apuntaban sus potenciales efectos negativos a largo plazo: daños graves en el sistema inmune y en numerosos órganos y sistemas -especialmente en el cerebro- incluso a niveles de radiación entre 500 y 1.000 veces inferiores a los 100 microteslas.

Es por ello lamentable y vergonzoso que sea esa cifra de 100 microteslas la que alegan en los tribunales no superar las compañías eléctricas –al igual que hacen las empresas de telefonía- argumentando sin apoyo científico alguno que si no se supera ese límite sus instalaciones y dispositivos son no solo legales sino “inocuos”. Para la WACR no puede sin embargo ignorarse que la evidencia científica posterior dejó claramente OBSOLETA aquella recomendación del Consejo de Ministros de Sanidad de la Unión Europea. De hecho esa cifra está muy alejada de la aprobada hoy en otros países; en Suecia por ejemplo el límite máximo para una exposición constante –de varias horas al día- es de 0’25 microteslas.

Luego, para empezar, la reiterada afirmación de las compañías eléctricas de que en la comunidad científica hay unanimidad respecto a que las radiaciones electromagnéticas no son peligrosas a un nivel inferior a 100 microteslas es ROTUNDAMENTE FALSA.

EL INFORME BIOINICIATIVA

No debe olvidarse tampoco –continúa diciendo el informe de la WACR- que en las Conclusiones del Informe Bioiniciativa: fundamentos sobre los estándares de exposición pública a los campos electromagnéticos basándose en la Biología elaborado por un equipo de 14 investigadores de prestigio internacional –científicos, médicos y expertos en salud pública- que analizó las evidencias científicas existentes sobre la incidencia de las radiaciones electromagnéticas en la salud -estudio con 1.300 referencias bibliográficas (artículos y estudios científicos) cuya larga relación de trabajos contradictorios ya demuestra que es falso que exista unanimidad en la comunidad científica sobre la inocuidad de los campos electromagnéticos a los límites autorizados como argumentan siempre en sus pleitos las compañías eléctricas y de telefonía- puede leerse la siguiente recomendación: “Deben aprobarse nuevos límites reguladores para las emisiones de baja frecuencia (las líneas de alta, media y baja tensión lo son). Los límites de los Campos Electromagnéticos de Baja Frecuencia (CEMBF) se deben fijar por debajo de aquellos niveles de exposición que han sido relacionados con un aumento de la leucemia en estudios realizados en niños más un factor de seguridad adicional. No es pues aceptable que se sigan construyendo líneas de alta tensión e instalaciones eléctricas que sometan a las personas a ambientes de CEMBF hoy considerados de riesgo: 2 miligauss (0’2 microteslas) y superiores. ¡Y nuestra legislación habla aún de 100 microteslas!, es decir, de niveles ¡500 VECES SUPERIORES!

El Informe Bioiniciativa agrega: “Mientras se deciden y aprueban nuevos límites para las ELF (frecuencias extremadamente bajas) parece razonable plantear un límite de 1 mG – 0’1 microteslas para los espacios habitables adyacentes a las nuevas líneas de energía –o a sus ampliaciones- y un límite de 2 mG -0’2 microteslas para las demás construcciones nuevas. Asimismo se recomienda establecer un límite de 1 mG -0’1 microteslas para los espacios habitados por niños y/o mujeres embarazadas”.

Bueno, pues tras estas recomendaciones nuestras autoridades políticas mantienen los límites en 100 microteslas, cifra ¡MIL VECES! superior a lo propuesto y biológicamente razonable que es de 0,1 MICROTESLAS. La normativa española está pues obsoleta y por tanto la dejación de responsabilidades de nuestras autoridades podría calificarse de criminal. El Informe Bioiniciativa al menos así parece sugerirlo.

EL PARLAMENTO EUROPEO DESPIERTA

De hecho ya el Parlamento Europeo en su Resolución de 4 de septiembre del 2008 sobre Revisión Intermedia del Plan de Acción Europeo sobre Medio Ambiente y Salud 2004-2010 (2007/2252(INI) -que se aprobó con 522 votos a favor- aconsejaba “modificar la Recomendación 1999/519/CE del Consejo de 12 de julio de 1999”. Es decir, el propio Parlamento Europeo -al que pertenece España-, ante los estudios aparecidos desde 1999, dio por OBSOLETA la famosa Recomendación 1999/519/CE y pidió que se aprobasen valores de exposición más restrictivos para todos los equipos emisores de ondas electromagnéticas en las frecuencias comprendidas entre 0,1 MHz y 300 GHz”.

Es más, posteriormente aprobó la Resolución de 2 de abril de 2009 sobre consideraciones sanitarias relacionadas con los campos electromagnéticos (2008/2211(INI), gran parte de cuyo texto lo recoge la WACR en su informe pero que aquí vamos a resumir por razones de espacio transcribiendo solo lo más significativo. Destacando el hecho de que el Parlamento Europeo asume ya en esa resolución –entre otras muchas cosas- que “los dispositivos inalámbricos (teléfono móvil, Wifi, Wimax-Bluetooth, teléfono de base fija DECT) emiten radiaciones electromagnéticas que pueden producir efectos adversos para la salud humana”, que “subsisten las dudas sobre los posibles riesgos que éstos pueden entrañar para la salud, en particular para los jóvenes cuyo cerebro aún se está desarrollando”, que “la controversia en la comunidad científica sobre los posibles riesgos para la salud debidos a los radiaciones electromagnéticas se ha incrementado desde el 12 de julio de 1999, fecha en que se establecieron los límites de exposición del público a los campos electromagnéticos (0 Hz a 300 GHz) mediante la Recomendación 1999/519/CE”, que “la ausencia de conclusiones formales de la comunidad científica no ha impedido que algunos gobiernos nacionales o regionales en al menos nueve estados miembros de la Unión Europea pero también en China, Suiza y Rusia hayan fijado límites de exposición denominados preventivos y, por tanto, inferiores a los defendidos por la Comisión y su comité científico independiente” y que “es necesario continuar investigando sobre las frecuencias intermedias y muy especialmente sobre las bajas de forma que puedan extraerse conclusiones sobre sus efectos en la salud”. De ahí que el Parlamento Europeo pidiera a la Comisión Europea que revisase “el fundamento científico y la adecuación de los límites fijados en la Recomendación 1999/519/CE”, “preste especial atención a los efectos biológicos cuando se evalúe el posible impacto sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas, especialmente si se tiene en cuenta que algunos estudios han detectado que las radiaciones de muy baja frecuencia tienen efectos muy nocivos” y que “se investiguen activamente los posibles riesgos para la salud y se llegue a soluciones que anulen o reduzcan la pulsación, modulación y amplitud de las frecuencias que se usan para las transmisiones”.

Es más, el Parlamento Europeo consideró necesario “garantizar al menos que las escuelas, guarderías, residencias de ancianos y centros de salud se sitúen a una distancia concreta de este tipo de equipos que debe fijarse con criterios científicos”. Asimismo pediría a la Comisión Europea que “evalúe la posibilidad de utilizar los fondos de las Redes Transeuropeas de energía para estudiar los efectos de las radiaciones electromagnéticas a bajas frecuencias, especialmente los de las líneas de distribución de energía eléctrica.

EXIGENCIAS DEL PARLAMENTO EUROPEO

Y hay más: la WACR recuerda en su informe que el propio Parlamento Europeo denunció en su texto “determinadas campañas de comercialización de algunos operadores de telefonía particularmente agresivas con ocasión de las celebraciones navideñas y otras fechas señaladas, como la venta de teléfonos móviles destinados exclusivamente a los niños o las ofertas de ‘minutos libres’, dirigidas a los adolescentes”. Mostrando a continuación su preocupación por la instalación de dispositivos inalámbricos en lugares públicos y viviendasexponiendo a los ciudadanos a una emisión continua de microondas”.

Es más, el Parlamento Europeo pediría expresamente que “se modifiquen las normas técnicas del Comité Europeo de Normalización Electrotécnica a fin de imponer un etiquetado que indique la potencia de las emisiones de los dispositivos inalámbricos y que en éstos se diga claramente que emiten microondas”. Asimismo solicitaría tanto al Consejo como a la Comisión Europea que, en coordinación con los estados miembros y el Comité de las Regiones “promuevan el establecimiento de una norma única para reducir al mínimo la exposición de los vecinos en caso de ampliación de una red eléctrica de alta tensión”.

Por si lo dicho fuera poco el Parlamento llega a manifestar “su profunda preocupación por el hecho de que las compañías de seguros tienden a excluir de su cobertura los riesgos vinculados a los campos electromagnéticos en sus pólizas de responsabilidad civil lo que significa que las aseguradoras europeas ya están aplicando su propia versión del Principio de Precaución”.

En suma, hasta el Parlamento Europeo dice lo contrario de lo que alegan en los tribunales las compañías eléctricas y de telefonía.

El informe de la WACR añade que de hecho éstas han ocultado a la ciudadanía que cuando se aprobó la Recomendación 1999/519/CE se alzaron inmediatamente numerosas voces discrepando abiertamente de los límites aprobados. Fue el caso entre otros muchos del Dr. G. Hyland -del Departamento de Física de la Universidad de Warwick en Coventry (Reino Unido)- quien junto al Instituto Internacional de Biofísica Neuss-Holzheim (Alemania) realizó para la Dirección General de Investigación del Parlamento Europeo un informe en el que en el apartado de Síntesis se reconoce que las radiaciones electromagnéticas tienen efectos biológicos negativos pero no vamos a entrar en ello para no extendernos más de la cuenta.

No deja de ser significativo por otra parte que en un estudio publicado en el propio Diario Oficial de la Comisión Europea con el título Implementation report on the Council Recommendation limiting the public exposure to electromagnetic fields (0 Hz to 300 GHz) se recoja que algunos países de la Unión optaron ya por imponer límites mucho más restrictivos que los aprobados.

EL ESTADO ACTUAL DE LA CIENCIA

La WACR manifiesta asimismo en su escrito estar de acuerdo con la tesis de la industria de que ha de ser el “estado actual de la ciencia” la lex artis aplicable en estos casos pero agrega que a estas alturas es innegable que tal estado no tiene nada que ver con el que de forma falaz presentan las compañías eléctricas y de telefonía en los tribunales. Añadiendo que ese estado lo refleja bastante mejor el ya citado Informe Bioinitiative cuyos autores hicieron un repaso exhaustivo de cerca de 1.300 textos para conocer cuál es el conocimiento científico real en materia de radiaciones electromagnéticas y salud; estudio que abarca prácticamente todas las áreas posibles, desde el análisis de los límites actuales a las evidencias de los efectos de las radiaciones electromagnéticas en el comportamiento, si generan estrés, si dañan los genes o los sistemas neurológico e inmune o si provocan alzheimer, cáncer u otras patologías además de reflexionar sobre la aplicación del Principio de Precaución. Y aunque son muchos los datos que pueden destacarse del apartado de Conclusiones del Informe Bioiniciativa –antes adelantamos algunos- éstos pueden resumirse en dos puntos:
1) Atendiendo a los conocimientos acumulados hasta 2007 el impacto de las radiaciones electromagnéticas en la salud es indiscutible. Y,

2) Es urgente cambiar la legislación internacional para adaptar los límites a la realidad y para ello se propone un límite máximo de 0,1 μw/cm2. Tal es la cifra que sugiere el estado actual de la ciencia y no el que dicen las empresas eléctricas y de telefonía. Claro que al hablar de cáncer puede leerse en ese informe lo siguiente: “Las pruebas científicas sobre la asociación entre el cáncer en adultos y la exposición a las radiaciones electromagnéticas son suficientemente claras como para considerar adecuada la adopción de medidas preventivas que reduzcan la exposición a los mismos.

En cuanto a posibles daños neuronales puede leerse lo siguiente: “El alzheimer es una enfermedad del sistema nervioso y hay claros indicios de que la exposición a largo plazo a las radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia constituye un evidente factor de riesgo. Añadiéndose que el problema para determinar los efectos de las radiaciones es que en la mayoría de los estudios se buscan sólo efectos a corto plazo y de ahí que las consecuencias de una exposición a largo plazo no se hayan podido establecer aún con precisión.

Y por lo que se refiere a posibles daños en el ADN celular se dice: “Tanto la exposición a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como a los de baja frecuencia pueden considerarse genotóxicos (dañan al ADN) en determinadas condiciones de exposición; incluso a niveles inferiores a los límites de seguridad”.

Son sólo algunos extractos pero permiten constatar que las afirmaciones de que ni siquiera hay dudas o discrepancias en la comunidad científica nacional e internacional sobre la inocuidad de las radiaciones electromagnéticas a los límites aprobados legalmente en España y de que según el “estado actual de la ciencia” no hay evidencia de riesgo, daño o peligro para la salud son, lisa y llanamente, FALSAS.

De hecho por eso todos los organismos internacionales y asociaciones independientes han venido pidiendo de forma reiterada que se adopten límites más restrictivos. Es inadmisible pues que se obvie este hecho cuando desde la implementación de la Recomendación 1999/519/CE numerosos colectivos de científicos y médicos se han manifestado en ese sentido casi anualmente.

AVISAN DEL PELIGRO

Tras todas estas argumentaciones la WACR recoge las conclusiones de algunas de las numerosas declaraciones internacionales que dan cuenta de todo esto y que aportan muchos más datos aunque por razones de espacio y dada su amplia extensión no los vamos a reproducir limitándonos a citarlas. Nos referimos a…

…la Declaración de Salzsburgo firmada en junio del 2000 por importantes personalidades científicas en la que entre otras muchas cosas se recomendaba establecer valores límites de densidad de potencia de 0,1 microvatios por centímetro cuadrado (0,1 µW/cm2) para estaciones base GSM cuando hoy los valores de referencia del ICNIRP y las recomendaciones de la Unión Europea vigentes en España son aún de 450 microvatios por centímetro cuadrado (450 µW/cm2); es decir, CUATRO MIL QUINIENTAS VECES MÁS! Asimismo se recomendó un valor límite de 10 µW/cm2 para el conjunto de radiaciones de alta frecuencia.

…la Declaración de Friburgo de octubre de 2002 en la que los firmantes -médicos en su mayoría- mostraron su preocupación por el impacto de las radiaciones electromagnéticas a los límites señalados por las recomendaciones establecidas.

…la ya citada Declaración de Alcalá de Henares de abril del 2002 cuyo ponente principal fue el profesor de la Facultad de Medicina de esa universidad Ceferino Maestu y que entre otros muchos firmaron investigadores especialistas en Bioelectromagnetismo como los doctores Rodríguez Delgado, José Luis Bardasano, María Jesús Azanza y Claudio Gómez-Perretta en la que se termina recomendando revisar por completo las recomendaciones del ICNIRP.

…la Declaración de Benevento de mayo de 2006 firmada tras la conferencia internacional que organizara la Comisión Internacional para la Seguridad Electromagnética (ICEMS) en febrero de 2006 en cuyo punto primero puede leerse que “las nuevas evidencias acumuladas indican que hay efectos adversos para la salud como resultado de las exposiciones laboral y pública a los campos eléctricos, magnéticos y electromagnéticos a los niveles de exposición actuales”, en el punto 3 que “hay evidencia de que las fuentes actuales de financiación sesgan el análisis y la interpretación de las conclusiones de la investigación para rechazar la evidencia del posible riesgo para la salud pública”, en el punto 4 que “argumentar que la débil señal (baja intensidad) de los campos electromagnéticos no afecta a los sistemas biológicos no representa el espectro de la opinión científica actual y en el punto 5 que “puede haber efectos biológicos por exposición a campos de frecuencias extremadamente bajas (ELF CEM) y a radiaciones de campos de frecuencia (RF CEM). Evidencias epidemiológicas y experimentales in vivo así como in vitro demuestran que la exposición a algunos (ELF CEM) puede incrementar el riesgo de cáncer en niños e inducir otros problemas de salud tanto en niños como en adultos. Además hay evidencia epidemiológica acumulada que indica un riesgo creciente de tumor cerebral por el uso a largo plazo de teléfonos móviles, primeros campos electromagnéticos de radiofrecuencias que han comenzado a ser estudiados comprensivamente. En suma, los estudios epidemiológicos y de laboratorio que demuestran los riesgos crecientes de cáncer y otras enfermedades por exposición laboral a los campos electromagnéticos no pueden ser ignorados.

…la Resolución de Venecia de junio de 2008 en la que de nuevo un numeroso grupo de investigadores internacionales reunidos por la Comisión Internacional para la Seguridad Electromagnética ratificó lo señalado en las resoluciones anteriormente citadas y donde por ejemplo puede leerse: “Las normas de protección contra las radiaciones no ionizantes recomendadas por las organizaciones internacionales de normalización y apoyadas por la Organización Mundial de la Salud son INSUFICIENTES. Las actuales directrices se basan en los resultados de estudios de exposiciones agudas y sólo se consideran los efectos térmicos. Es necesaria pues la aplicación en todo el mundo del Principio de Precaución. Además las nuevas normas que se adopten deberían ser desarrolladas teniendo en cuenta diversas condiciones fisiológicas; por ejemplo, el embarazo, los recién nacidos, los niños y las personas mayores” (…) Agregando: “Recomendamos el uso limitado de teléfonos móviles y otros dispositivos similares por niños pequeños y adolescentes. Y hacemos un llamamiento a los gobiernos para que apliquen el Principio de Precaución como medida provisional mientras se desarrollan las normas de protección biológicamente más relevantes no sólo respecto a la absorción de energía electromagnética en la cabeza sino también de los efectos adversos de dichas señales en la bioquímica, la fisiología y los biorritmos eléctricos”.

La WACR añade en su informe que todo esto se ha llegado a plantear en nuestro ámbito político y social pero que también se ha denunciado en otros muchos ámbitos. En Rusia por ejemplo nada de lo que aquí planteamos es siquiera discutible ya que desde hace mucho tiempo son conscientes de la peligrosidad de las radiaciones electromagnéticas. Valgan como muestra dos documentos. El primero es una carta pública del Russian National Committee on Non-Ionizing Radiation Protection creado en 1998. Sus miembros son científicos y especialistas en el campo de la protección humana y medioambiental de las radiaciones ionizantes. Pues bien, en la carta de abril del 2008 que firma su presidente, Yuri Grigoriev, se advierte de los peligros de los campos electromagnéticos: “Por primera vez en la historia afrontamos una situación en la que la mayoría de los niños y adolescentes del mundo están continuamente expuestos a la potencial influencia adversa de las radiaciones electromagnéticas de los teléfonos móviles a pesar de que son un importante factor biotrófico que afecta no sólo a la salud humana en general sino también al proceso de la más alta actividad nerviosa, incluyendo el comportamiento y el pensamiento”.

UN INFORME DEMOLEDOR

La WACR recuerda luego que el Dr. Darío Acuña Castroviejo, catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada, Secretario del Instituto de Biotecnología de dicha universidad y coeditor del Journal of Pineal Research –revista científica dedicada al estudio de la influencia de la glándula pineal en la salud- dio a conocer en 2006 un trabajo titulado Informe científico sobre los efectos de los campos electromagnéticos (CEM) en el sistema endocrino humano y patologías asociadas en el que entre otras muchas cosas se afirma:

-“Las radiaciones no ionizantes de frecuencia extremadamente baja, como es el caso de los campos magnéticos de 50 Hz, afectan a una gran cantidad de procesos bioquímicos”. Entre ellos la síntesis de ácidos nucleicos (ADN y ARN) responsables de nuestra dotación genética y de la herencia así como de las proteínas, la producción de hormonas, la respuesta inmune y el grado de crecimiento y diferenciación celular… todo lo cual puede llevar al cáncer.

Las ondas electromagnéticas generadas por las corrientes eléctricas y por las microondas (telefonía, telefonía móvil, radiofrecuencias, telefrecuencias, radares civiles y militares, etc.) interfieren y distorsionan el funcionamiento normal del organismo humano”. Añadiendo luego que los principales efectos perjudiciales de la exposición a las radiaciones electromagnéticas son los siguientes:

a) Trastornos neurológicos como irritabilidad, cefalea, astenia, hipotonía, síndrome de hiperexcitabilidad, somnolencia, alteraciones sensoriales, temblores y mareos.

b) Trastornos mentales: alteraciones del humor y del carácter, depresiones y tendencias suicidas.

c) Trastornos cardiopulmonares: alteraciones de la frecuencia cardiaca, modificaciones de la tensión arterial y alteraciones vasculares periféricas.

d) Trastornos reproductivos: alteraciones del ciclo menstrual, abortos, infertilidad y disminución de la libido sexual.

e) Incremento del riesgo de algunos tipos de cáncer como las leucemias agudas y los tumores del sistema nervioso central en la infancia.

f) Trastornos dermatológicos: dermatitis inespecíficas y alergias cutáneas.

g) Trastornos hormonales: alteraciones en el ritmo y niveles de melatonina, substancias neurosecretoras y hormonas sexuales.

h) Trastornos inmunológicos: alteraciones del sistema de inmunovigilancia antiinfecciosa y antitumoral” (…)

La WACR da luego a conocer un trabajo de investigación efectuado por el físico Vicente Delpizzo, el médico y epidemiólogo Raymond Richard Neutrael y la epidemióloga especializada en Genética Geraldine Lee -todos ellos con investigaciones propias publicadas en el ámbito de las radiaciones electromagnéticas- en cuyas Conclusiones puede leerse que la probabilidad de que la radiación electromagnética sea causa de alzheimer, cáncer de mama masculino, cáncer cerebral en niños, problemas cardíacos -incluyendo infartos de miocardio- e inste al suicidio está entre el 10 y el 50%”. Afirmado a continuación que esa probabilidad es “superior al 50% en casos de leucemia en niños, cáncer cerebral en adultos, aborto espontáneo y esclerosis lateral amiotrófica”.

CONCLUSIONES

La WACR, tras todos estos argumentos, dice en su informe: no vamos continuar aunque hay muchísimas más referencias científicas pues con lo ya dicho se DEMUESTRA que la afirmación de que a los límites legales establecidos en España -100 microteslas- los campos electromagnéticos carecen de peligro y hay unanimidad al respecto entre los científicos es una afirmación no ya GRATUITA sino ROTUNDAMENTE FALSA.

Lo demuestra sin más la reciente decisión de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de clasificar las radiaciones electromagnéticas emitidas por las antenas de telefonía, los móviles, los teléfonos inalámbricos, el sistema wifi y otros dispositivos como POSIBLEMENTE CANCERÍGENAS reconociendo que su uso conlleva un MAYOR RIESGO DE TUMORES CEREBRALES MALIGNOS y recomendando por ello tomar medidas para reducir al máximo su exposición, especialmente en el caso de los niños. Los mismos organismos que ya calificaron hace años como POSIBLEMENTE CANCERÍGENOS los campos electromagnéticos procedentes de las estaciones y subestaciones de electricidad, los transformadores y las torres y líneas de alta tensión.

La WACR termina su informe instando a los receptores del mismo –cuya relación dimos a conocer en el primer artículo de este texto aparecido en el nº 158- a que con carácter de urgencia se investigue y constate todo lo dicho en él y se inste al cierre cautelar inmediato de las instalaciones denunciadas así como a la modificación de la actual legislación advirtiendo que según el artículo 51 de nuestra Constitución son los poderes públicos quienes deben ocuparse de garantizar “la defensa de los consumidores y usuarios protegiendo, mediante procedimientos eficaces la seguridad, la salud y los legítimos intereses económicos de los mismos”. Recordándose pues que aparte de la responsabilidad de las empresas propietarias de las instalaciones es evidente que ésta debe ser igualmente asumida por las autoridades municipales, autonómicas y estatales que están consintiendo –por acción u omisión- la comisión del delito o delitos aquí denunciados.

Añadiendo la WACR que a su juicio es especialmente grave el hecho de que numerosos jueces y magistrados hayan dado la razón en sus resoluciones y sentencias a las compañías eléctricas ante las denuncias efectuadas por particulares que aseguraban que sus graves problemas de salud se debían a campos electromagnéticos producidos por centros de transformación, subestaciones eléctricas o líneas de alta tensión alegando que sus emisiones cumplían lo establecido en el Reglamento que establece las condiciones de protección del dominio público radioeléctrico (es decir, el que regula las ondas electromagnéticas emitidas por estaciones radioeléctricas, de radiocomunicación o radioastronomía. Porque se trata de un DESATINO JURÍDICO de tal envergadura que EXIGE PEDIR EXPLICACIONES A LOS JUECES Y MAGISTRADOS QUE LAS EMITIERON Y PROCEDER A DECLARARLAS NULAS CON TODAS SUS CONSECUENCIAS.

Como es grave que alegando la “necesaria modernización de la actual sociedad de la información” los poderes públicos estén ignorando las constantes advertencias hechas en los últimos años por multitud de científicos independientes –es decir, los no controlados por las grandes industrias que son los que luego constituyen las comisiones de “expertos” que determinan las leyes- sobre los peligros de las radiaciones electromagnéticas emitidas por las antenas y aparatos de telefonía, los radares, el Wi-Fi, el Wimax, el WLAN, el Bluetoth y otros, especialmente entre los más jóvenes. Porque hoy se está irradiando a los niños en las propias guarderías, en los jardines de infancia, en los colegios, en los institutos, en los centros de ocio infantil, en los parques y plazas públicas y hasta en sus propias casas debido a la ignorancia a la que se ha sometido a sus padres, fruto de una manipulación informativa nauseabunda e  intolerable.

Con tales frases termina el informe que la WACR empezó a enviar a los principales representantes de nuestro país el 25 de julio de 2012. ¿Con qué resultado? El mes que viene lo daremos a conocer en la última entrega de este extenso artículo.

José Antonio Campoy

 

Este reportaje aparece en
161
Junio 2013
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