El peligro de las radiaciones electromagnéticas

 

Las torres de alta tensión, los centros de transformación, las antenas de telefonía, los teléfonos móviles y los dispositivos de tecnología Wi-Fi son potencialmente peligrosos para la salud. Pueden causar numerosas patologías, en muchos casos graves; incluso cáncer. Y son especialmente peligrosas en el caso de los niños y adolescentes. La comunidad científica lo sabe. Las compañías eléctricas y de telefonía también. Y los Gobiernos. Pero se oculta. Y se miente. Y nadie parece estar dispuesto a hacer nada. Nosotros cumplimos con nuestra obligación informando. Ninguno de nuestros lectores podrá pues decir que no estaba advertido. 

Los teléfonos móviles son peligrosos para la salud

Desde los primeros números de la revista hemos denunciado el peligro de las radiaciones electromagnéticas y el uso irresponsable y masivo de algunos dispositivos como los teléfonos móviles, sobre todo entre los más jóvenes. El tiempo nos ha ido dando la razón. Los móviles son potencialmente peligrosos para la salud. Incluso cuando los llevamos encima conectados y no estamos hablando por ellos. Y lo mismo ocurre con las estaciones de telefonía móvil. Los estudios al respecto dejan lugar a pocas dudas. Las mismas preguntas que nos hacíamos entonces se repiten hoy lamentablemente: ¿por qué no se informa a la gente de ello? ¿Por qué se permite que las personas expongan tan inconscientemente la salud? Las microondas de los teléfonos móviles pueden provocar recalentamiento celular en la zona del cerebro cercana a la antena, ruptura cromosómica, cambios en la presión arterial del cerebro mientras se usa el aparato, trastornos del sueño, cefaleas y alteraciones coronarias. Además la gente ignora que los móviles están equipados con un dispositivo automático que ajusta la potencia de emisión en función de la proximidad o lejanía de la antena por lo que cuando hablamos desde lugares con escasa cobertura es cuando recibimos las dosis de radiación más altas. Por todo ello es incomprensible la actitud de apatía y desdén (cuando no se trata de estrategias bien calculadas) que existe por parte de los estamentos públicos y políticos en este ámbito teniendo en cuenta las múltiples constataciones de daños graves que parecen provocar los teléfonos móviles.
(Más información en el número 7).

Cómo reducir los efectos de los campos electromagnéticos

Sólo el poder de las compañías eléctricas en el mundo explica el hecho de que no se reconozca oficialmente lo que está demostrado: que los campos electromagnéticos pueden provocar diversas patologías, incluido cáncer. Además de las torres de alta tensión y de las antenas de telefonía móvil hay aparatos domésticos potencialmente peligrosos aunque sus fabricantes lo nieguen. Desde los teléfonos móviles hasta televisores, ordenadores y otros pequeños electrodomésticos. Muchos de quienes viven cerca de las antenas repetidoras o estaciones base de telefonía padecen estrés, disminución de la capacidad de trabajo, migrañas, ansiedad, fatiga crónica, trastornos del sueño, hipertensión, irritabilidad, disminución de la memoria, trastornos de la visión… Por eso existen ya dispositivos que, según afirman sus creadores, atenúan los efectos nocivos de las radiaciones electromagnéticas. Se trata de unos artilugios circulares de unos 3 centímetros de diámetro y casi planos que se pegan, uno al teléfono móvil, el otro a la pantalla del ordenador o del televisor. La efectividad de estos dispositivos está en el tratamiento que se da a sus componentes en los que, mediante un láser específico, se inducen campos de energía que los convierten en emisores de ondas ultradébiles inocuas para el organismo.
(Más información en el número 36).

Las antenas de telefonía son peligrosas

A muchos lectores les sorprende que seamos tan rotundos afirmando que existen “evidencias científicas” de que la telefonía móvil es peligrosa teniendo en cuenta las declaraciones oficiales asegurando que no lo es. Y por eso a lo largo de todos estos años hemos venido haciéndonos eco de ellas. Desde hace años la Dirección General de Investigación del Parlamento Europeo tiene en su poder -en el departamento de Evaluación de Opciones Científicas y Tecnológicas- un informe titulado Los efectos fisiológicos y medioambientales de la radiación electromagnética no ionizante que fue elaborado conjuntamente por el Instituto Internacional de Biofísica de Neuss-Holzheim (Alemania) bajo la dirección del prestigioso doctor G. Hyland y el Departamento de Física de la Universidad de Warwick (Gran Bretaña). Pues bien, en él, además de todo tipo de consideraciones científicas sobre los peligros de la telefonía móvil, se hacen –a modo de conclusiones– varias recomendaciones muy concretas en la confianza de que tanto el Parlamento Europeo –en su calidad de órgano legislativo- como la Comisión Europea –en tanto órgano ejecutivo– las tuviesen en cuenta. Y el primer punto del informe en este sentido no deja lugar a dudas. Porque en él se dice textualmente lo siguiente: “Se desaconseja enérgicamente que los niños (sobre todo, los adolescentes) utilicen de forma prolongada y sin necesidad teléfonos móviles por su creciente vulnerabilidad a posibles efectos perjudiciales para la salud.” Rotundo, ¿no? Pues inmediatamente a continuación echa un rapapolvo a las compañías implicadas: “La industria de la telefonía móvil debería evitar fomentar el uso prolongado de teléfonos móviles por parte de los niños utilizando tácticas publicitarias que explotan la presión de los compañeros y otras estrategias a las que los jóvenes son susceptibles como la utilización (ahora interrumpida) de personajes Disney en los teléfonos.” Bien, pues a lo largo de los últimos años se ha venido haciendo todo lo contrario.
(Más información en el número 36).

Bases científicas de los peligros de la telefonía móvil

El peligro de la telefonía móvil no está sólo en los efectos térmicos de las ondas de alta frecuencia sino en las de muy baja frecuencia porque están en el mismo rango de las células de nuestro cuerpo y, por tanto, por biorresonancia, pueden alterarse. Cada célula constituye un campo electromagnético en el que –valga el símil- la membrana actúa como condensador, las mitocondrias como fuentes de alimentación y donde además existen sistemas que desempeñan una labor de conmutación y transmisión. El principal peligro de los dispositivos que emiten radiación (teléfonos móviles, pantallas de ordenador, líneas de alta tensión, electrodomésticos, etc.) es que pueden interferir en las frecuencias del organismo de la persona tanto a nivel orgánico como celular, aunque los efectos de las ondas artificiales dependen de la coherencia, potencia, modulaciones, etc. En el caso de los teléfonos móviles las radiaciones de frecuencias extremadamente bajas pueden alterar la actividad eléctrica y electroquímica del cerebro así como la permeabilidad de la barrera hemática del mismo a la par que degrada el sistema inmunitario. Numerosos científicos independientes aseguran que además de efectos térmicos negativos los teléfonos móviles producen efectos no térmicos que también pueden provocar graves problemas de salud, cáncer incluido. Aquellos que han sido constatados hasta el momento en experimentos con animales incluyen alteraciones en el sistema inmune, depresión, disminución de la secreción de melatonina, aumento de la mortalidad, aumento de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica, alteraciones neuroquímicas, cáncer e, incluso, roturas en el ADN.
(Más información en los números 38 y 63).

Dispositivos eficaces para protegerse de la radiación de los teléfonos móviles

Un dispositivo denominado Gamma-7-RT -cuyo origen está en tecnología militar procedente de la antigua Unión Soviética- podría proteger de las radiaciones de los teléfonos móviles según el informe de un grupo de investigadores de la madrileña Universidad de Alcalá de Henares emitido tras examinar las ondas cerebrales de 16 personas sanas antes y durante su utilización. “Actúa a la inversa de una antena -nos explicaría Ignacio Gutiérrez, miembro del equipo de investigación-. Al igual que las antenas tienen una configuración especial que les permite concentrar la señal y focalizarla para que puedas ver u oír a través de un receptor este dispositivo hace lo contrario: cuando recibe la onda la desestructura consiguiendo que llegue debilitada y dispersa al receptor”. Existen en todo caso otras formas de minimizar los efectos de la radiación de la telefonía móvil. A la anterior se unen la utilización de pequeños repetidores domésticos de muy baja potencia, la instalación en el móvil de otro tipo de dispositivos antirradiación compuestos por una malla metálica de oro, níquel, aluminio y cobre, o el Hilefarma, un dispositivo que evita en buena medida el calentamiento cerebral. Podrían ser la solución al peligro que representan las ondas electromagnéticas, reconocido en un gran número de estudios citados en el artículo entre los que se encuentra el Proyecto Reflex según el cual el uso continuado de móviles modifica el cromosoma celular y el ADN.
(Más información en el número 70).

45 muertos alrededor de una antena de telefonía y un centro de transformación

Cada vez son más los casos de graves patologías -en toda España– recogidos en torno a fuentes emisoras de radiaciones electromagnéticas como las antenas de telefonía y los transformadores. Ya en el número 75 de la revista informamos del escandaloso caso de la madrileña población de Majadahonda. En un radio de 15 a 20 metros en torno a una antena de telefonía y un transformador situado en el bajo de un edificio se han producido en los últimos años -sólo en cinco de los edificios colindantes- 26 muertes por cáncer y 19 por problemas cardíacos. Y ello sin contar los numerosos casos de depresión, insomnio, cansancio crónico, debilidad, problemas circulatorios y cardiovasculares, dolores de cabeza, dolores musculares y abdominales, pérdida de memoria, problemas hormonales, alteraciones de la visión… La situación fue denunciada al Fiscal de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid y gracias a la presión popular ejercida a través de los medios de comunicación y a su mediación con el Ayuntamiento en el momento del cierre de este número de la revista el transformador –al que se considera el principal responsable– ha empezado a  ser desmantelado. Sin embargo, en muchas otras poblaciones españolas se están viviendo situaciones similares y los ayuntamientos y la Justicia –fiscales y jueces– están haciendo caso omiso a tan grave problemática. De nada sirven los más de 650 estudios científicos que aportan pruebas o indicios de los impactos negativos que los campos electromagnéticos provocan en la salud. En Salzburgo (Austria) se cifró el umbral de riesgo en 0’1 µVatios/cm² pero en España se admiten hasta 400 µVatios/cm². ¡Cuatro mil veces más! ¡Un auténtico disparate!
(Más información en los números 75 y 94).

Demoledoras conclusiones sobre los peligros de los campos electromagnéticos

A instancias de los vecinos de la localidad valenciana de Patraix -que denunciaron durante meses de forma reiterada las irregularidades administrativas que rodearon la puesta en marcha junto a sus viviendas de una subestación que recibirá ¡220.000 voltios!- el doctor Darío Acuña Castroviejo, catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada (España), realizó un estudio titulado Informe científico sobre los efectos de los campos electromagnéticos (CEM) en el sistema endocrino humano y patologías asociadas en el que podía leerse:  “A finales de los años setenta aparecen ya los primeros datos que indicaban una asociación entre campos electromagnéticos y cáncer, particularmente leucemia infantil. Desde entonces se han realizado gran cantidad de estudios epidemiológicos y de laboratorio para establecer una relación entre la exposición a campos electromagnéticos y patología humana”. El doctor Acuña Castroviejo señala en su informe como principales efectos perjudiciales de la exposición a campos electromagnéticos los trastornos neurológicos, mentales, cardiopulmonares y reproductivos, el incremento del riesgo de algunos tipos de cáncer y los trastornos dermatológicos, hormonales e inmunológicos. Bien harían pues los rectores municipales, comunitarios y estatales de nuestro país en dedicar algo del tiempo que sí tienen para las compañías eléctricas a repasar las múltiples evidencias científicas que alertan del peligro de las radiaciones para la salud generadas por las torres de alta tensión, los centros de transformación, las antenas de telefonía y hasta los simples móviles de bolsillo porque es hora de dejar de engañar a la población.
(Más información en el número 89).

Las empresas telefónicas conocen y ocultan los efectos negativos de las radiaciones electromagnéticas

Los daños que las radiaciones electromagnéticas producen en nuestra salud están científicamente demostrados. Y las compañías eléctricas y de telecomunicaciones lo saben desde hace años. Así lo demuestra, por ejemplo, una póliza de seguros que en el año 2001 suscribió Airtel (ahora Vodafone) en la que se reconoce implícitamente los peligros de las radiaciones emitidas por la telefonía móvil ya que en ella se excluyen precisamente los posibles daños que pudieran producirse por contaminación electromagnética reconociéndose que el electromagnetismo puede causar hasta la muerte. Algo que también reconocería públicamente Javier Aguilera siendo Consejero Delegado de Telefónica Móviles en un documental titulado Contracorriente que fue inmediatamente censurado en Televisión Española (TVE). El interés real de las operadoras de telefonía en valorar el riesgo de las ondas emitidas por sus aparatos y antenas lo demuestra que en todo el mundo se hayan hecho sólo ¡tres! estudios epidemiológicos. Y, sin embargo, existen ¡más de 20.000 páginas! sobre los efectos negativos de las radiaciones así como una enorme cantidad de literatura científica.
(Más información en el número 92).

¿Es peligrosa la tecnología Wi-Fi?

El presidente de la Agencia de Protección Sanitaria de Gran Bretaña, William Stewart, advirtió sobre la necesidad de ser precavidos ante los posibles efectos en la salud de la tecnología Wi-Fi. Y es que los expertos afirman que los efectos a largo plazo de esta tecnología no han sido suficientemente investigados resaltando en particular los posibles riesgos para la salud de los niños que asisten a escuelas con redes inalámbricas. Algunos centros educativos comienzan por ello a tomar medidas. En Gran Bretaña laAsociación Profesional de Profesores -que cuenta con 35.000 miembros- ha pedido que se haga una amplia investigación científica sobre los riesgos potenciales en la salud de las redes Wi-Fi recomendando que las escuelas dejen de instalarlas hasta que se declaren seguras. Y en Canadá el Rector de la Universidad de Lakehead en Ontario ha decidido aplicar el Principio de Precaución en beneficio de sus alumnos y retirarlas garantizando al mismo tiempo el acceso a Internet mediante fibra óptica. “No somos ’luddites’ (miembros de grupos de trabajadores de Inglaterra en el siglo XIX que se opusieron a la Revolución Industrial destruyendo maquinarias porque en su opinión les privaban del sustento) -afirma Fred Gilbert, Rector de la mencionada universidad-. Se trata de una tecnología que está arrasando sin ningún test previo. Es una tecnología marcada por la conveniencia. Y afirmo, como biólogo, que hay problemas potenciales asociados a esta tecnología en particular. ¿Por qué debemos pues, por mera conveniencia, instalar en la universidad algo que supone un riesgo potencial?” La polémica sigue creciendo.
(Más información en el número 97).

George Carlo, la bestia negra de la industria de la telefonía móvil

El doctor e investigador George Carlo encabeza probablemente la lista de personajes más odiados por la industria de telefonía móvil. Y es que entre 1993 y 1998 dirigió el programa Wireless Technology Research (WTR) -dotado con 28 millones de dólares aportados por la industria- para conocer la realidad de los efectos de la telefonía sin hilos…. y sus resultados fueron alarmantes pues relacionaban -ya entonces- la radiación de la telefonía móvil con serias enfermedades, cáncer incluido. Tras seis años de investigación George Carlo llegó a la conclusión de que“sería inapropiado decir que los teléfonos inalámbricos y móviles son seguros”. Cuando presentó los resultados a los ejecutivos de la industria se encontró con que su respuesta fue intentar ocultarlos a toda costa. Carlo se sintió especialmente indignado cuando supo que la industria había decidido elegir como principal blanco de sus campañas de publicidad para vender teléfonos móviles a los niños y adolescentes cuando se sabe que sus cerebros son más frágiles y absorben gran parte de las radiaciones que generan. Hoy lleva ya varios años denunciando en todo el mundo no sólo los potenciales peligros de las radiaciones microondas sino también el hecho de que existe una vergonzosa manipulación destinada a ocultar la verdad sobre la industria de telefonía móvil. Sostiene además que la hipersensibilidad a las radiaciones electromagnéticas está aumentando en todo el mundo y que es cada vez mayor el número de manifestaciones patológicas distintas que provocan.
(Más información en el número 99).

Este reportaje aparece en
100
Diciembre 2007
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