¿Quién está detrás del Codex Alimentarius?

El Codex Alimentarius se presenta en su propia página web como una institución creada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) con el fin de establecer criterios internacionales que regulen la producción y comercialización de alimentos con vistas a velar por la salud de los consumidores. Pero, ¿es eso cierto? Porque son numerosas las evidencias que apuntan a que más bien se trata de un instrumento de poder en manos de las mismas familias que crearon el imperio de la industria farmacéutica y actualmente controlan también la industria alimentaria y la biotecnológica ejerciendo una influencia destructiva determinante en la salud del planeta y sus habitantes.

“La industria alimentaria es una mafia criminal”.
(Carlo Petrini, presidente y fundador de Slow Food)

En esta revista hemos denunciado ya que unas pocas multinacionales están acaparando el mercado de los alimentos y creando un conglomerado tan poderoso, influyente y pernicioso como el Big Pharma con el que tienen lazos e intereses comunes. Pues bien, un instrumento clave para ejercer ese dominio es el Codex Alimentarius, y precisamente por eso nos parece importante dar a conocer en qué consiste, cómo funciona y a quién sirve en realidad. Así que hemos empezado entrando en su web comprobando que la misma abre con estas grandilocuentes palabras: “El Codex Alimentarius trata sobre alimentos seguros y de calidad para todos en todas partes”. Se presenta pues como un organismo creado al servicio de los ciudadanos cuya labor debemos no ya agradecer sino considerar crucial para nuestra salud y bienestar. Pero veamos qué se esconde realmente tras esa -ya lo adelantamos- cínica declaración de intenciones.

Entre 1897 y 1911 existió con el nombre latino de Codex Alimentarius Austriacus un conjunto de normas estándar y de descripción de alimentos que servía de criterio legal en el Imperio Austro-Húngaro. Posteriormente, entre 1954 y 1958, Austria impulsaría la creación de un Codex Alimentarius Europaeus pero tras la primera conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la propuesta saltó al plano internacional concretándose en una decisión conjunta de este organismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que se aprobaría en 1961. Dos años después se creaba oficialmente la Comisión del Codex Alimentarius declarando que su objetivo sería velar por la “seguridad alimentaria de los consumidores” elaborando con “independencia y transparencia” guías y directrices sobre seguridad y calidad basadas “en criterios científicos reconocidos internacionalmente” que luego cada país podría incorporar voluntariamente a su legislación. Nada aparentemente que objetar pero como vamos a ver la verdad es que la estructura y el funcionamiento interno del Codex así como diversas decisiones claves tomadas en los años siguientes demuestran todo lo contrario.

CÓMO FUNCIONA EL CODEX

El Codex Alimentarius tiene actualmente 186 miembros -185 estados más la Unión Europea- y 219 observadores -50 organizaciones intergubernamentales, 153 no gubernamentales y 16 organismos de las Naciones Unidas-.Y además del Comité Ejecutivo -compuesto por un director, tres vicedirectores, siete representantes regionales y seis coordinadores regionales- mantiene en activo diez comités generales, cinco comités sobre productos, un grupo de acción intergubernamental sobre alimentos animales y seis comités regionales de coordinación (véase el Recuadro 2 para más detalles). En cuando al procedimiento para aprobar una determinada directriz o estándar hay siete pasos:

1. La Comisión decide elaborar una directriz y encarga el trabajo al Comité correspondiente.

2. La Secretaría elabora un borrador.

3. El borrador se envía a gobiernos y organizaciones internacionales para que aporten sus comentarios.

4. La Secretaría recibe los comentarios y se los reenvía al Comité.

5. El Comité incorpora los comentarios al borrador y envía todo de nuevo a la Comisión así como a los gobiernos y organizaciones por si tienen algo más que decir.

6. Los nuevos comentarios son recibidos por la Secretaría que se los remite al Comité.

7. Incorporados los nuevos comentarios al borrador el Comité pasa éste a la Secretaría que envía de nuevo el mismo a la Comisión para su aprobación.

Parece obvio pues que se buscaba –o se quería dar esa impresión- trasparencia y participación abierta. Lo cierto sin embargo es que todas esas idas y venidas de los documentos no son más que una pantomima burocrática que oculta una realidad muy distinta. Para empezar, tanto la Comisión como los comités pueden devolver el texto al paso previo asegurándose así de que sólo siguen su ruta hacia la aprobación los que dicen lo que tienen que decir y no dicen lo que no tienen que decir. Y en segundo lugar, los delegados que asisten a las reuniones de los comités son burócratas sin contacto alguno con los consumidores y suelen ser fácil “presa” de la industria y de sus innumerables grupos de presión (lobbys).

Una de las cosas más llamativas del Codex es que “presume” de no realizar votaciones y toma las decisiones por consenso. Una singular declaración de principios que no se corresponde con la realidad ya que el “consenso” lo consigue simplemente silenciando a los opositores, no tramitando sus sugerencias o comentarios y por tanto no dándolos a conocer, no concediéndoles la palabra en los debates y si es necesario hasta dejándoles sin micrófono para impedir su intervención. Un ejemplo de esta táctica “facilitadora del consenso” se conoce gracias al testimonio de Ingrid Frazon quien encabeza la delegación de la National Health Federation (Federación Nacional de Salud), organización sin ánimo de lucro que viene asistiendo a las reuniones del Codex desde que en el 2000 consiguió la autorización pertinente. Entre otras cosas Frazon cuenta que durante un debate sobre los niveles adecuados de ácido araquidónico en las leches de fórmula para bebés hubo una confrontación entre la delegación japonesa y la estadounidense en el Comité sobre nutrición y alimentos para usos dietéticos especiales hasta que en un momento determinado su presidente, el Dr. Rolf Glossklaus, consideró unilateralmente que “se había llegado a un consenso” y cerró el micrófono al delegado japonés mientras éste gritaba: “¡No, no, no, no!”.

¿Algo anecdótico? Basta revisar algunos de los documentos aprobados por “consenso” en los distintos comités del Codex para ver que no es así. Como otros documentos dejan claro a quién sirve realmente ese organismo. Veámoslo:

-Las Directrices Generales sobre Declaraciones -documento que regula las afirmaciones que pueden hacerse sobre las propiedades de un determinado producto- prohíbe expresamente a los fabricantes tanto declarar que un determinado alimento es una adecuada fuente de nutrientes esenciales como que pueda prevenir, aliviar, tratar o curar cualquier enfermedad o condición psicológica. El documento data de 1979 -aunque fue revisado en 1991 y 2009- y en la práctica sirve en realidad para asegurar a las corporaciones farmacéuticas la exclusividad del negocio de la enfermedad ya que reserva únicamente a los fármacos patentados por ellas tales alegaciones.

-En esa misma línea y con el mismo objetivo las Directrices sobre Suplementos Alimentarios aprobada en 2005 establece límites máximos -manifiestamente bajísimos- de las dosis de vitaminas y minerales que pueden consumirse a diario creando deliberadamente así la impresión de que una ingesta superior puede ser tóxica. E igualmente prohíbe afirmar que las vitaminas y minerales permiten prevenir, tratar o curar enfermedades.

-En 2003 el Codex decidió apoyar los organismos genéticamente modificados. Y de hecho aprobaría en los años siguientes guías y documentos que sirvieron para aprobar su experimentación y comercialización. De hecho existen hoy indicios de que en breve podrían aprobar las semillas Terminator y más adelante animales genéticamente modificados para alimentación humana.

-Desde 1965 existe un comité específico del Codex para regular el etiquetado de alimentos. Sin embargo, como quiera que no reconoce el papel que la nutrición tiene en la salud sus recomendaciones serán de poca o ninguna utilidad para los consumidores.

-El Codex tiene un comité especialmente dedicado a los aditivos alimentarios que ha elaborado una lista de unos 300 aditivos naturales y sintéticos cuyo uso está permitido en alimentos pero no advierten que si bien algunos aditivos sintéticos quizás sean seguros utilizados de forma aislada pueden ser peligrosos si se combinan con otros o se consumen de modo continuado.

-El Codex se ocupa desde hace años de los productos orgánicos a través de su comité sobre etiquetado y la tónica habitual de éste ha sido la de ocultar ingredientes no orgánicos en el etiquetado, permitir en ellos el uso de la irradiación y aprobar el uso de sustancias tóxicas en la comida orgánica (como el dióxido de azufre, los nitritos y nitratos de sodio, el etileno…). ¿Y por qué permite utilizar productos peligrosos en el proceso de producción de alimentos orgánicos? Por una parte, como ya explicamos en otro reportaje (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com -el artículo que con el título Alimentarse de forma sana empieza a ser imposible apareció en el nº 154), porque unas pocas multinacionales de la alimentación y los agroquímicos se están apoderando hoy también del mercado de la comida orgánica o ecológica e imponen sus condiciones sobre precios, fabricación, distribución, etc, incluyendo la aprobación de sustancias polémicas que permiten abaratar costes, ganar tiempo o facilitar su transporte. Y por otra, como está en juego el negocio de la enfermedad y todo lo que contribuya a mejorar la salud pone en peligro o reduce ese mercado es obvio que las farmacéuticas no están interesadas en que los consumidores dispongamos realmente de comida sana.

-En 1966 el Codex creó el Comité sobre residuos de pesticidas con el objetivo de establecer límites máximos de los mismos para los alimentos o grupos de alimentos pero -como en el caso de los aditivos- los expertos del comité analizan hoy los productos aisladamente sin tener en cuenta combinaciones con otros residuos ni efectos a largo plazo. Lo que le ha llevado a permitir cantidades significativas de residuos en 3.275 pesticidas, incluyendo algunos que son potencialmente carcinógenos o constatados disruptores endocrinos; como el ácido 2,4-diclorofenoxiacético, la atrazina o el bromuro de metilo. Y no olvidemos que el incremento de pesticidas está ligado a los cultivos transgénicos y, por tanto, a las poderosas empresas que los producen y comercializan (con Monsanto a la cabeza).

En conclusión, el Codex obstaculiza el uso de alimentos y suplementos dietéticos y al mismo tiempo facilita el uso de organismos genéticamente modificados, aditivos y pesticidas peligrosos. Y encima ignora la gran cantidad de evidencias científicas que demuestran que la nutrición en un elemento fundamental de la salud. Contribuye pues a ocultar información a los consumidores.

EL PAPEL DE LA OMC

Y el engranaje en el que está atrapada la alimentación mundial tiene otras piezas. Es el caso del papel protagonista que juega otro organismo internacional creado por los dirigentes de las grandes corporaciones y entidades financieras y que se caracteriza por su total falta de transparencia: la Organización Mundial de Comercio (OMC) en cuyo Acuerdo sobre Aplicación de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias firmado en 1994 -que entraría en vigor el 1 de enero de 1995- se establece: “Para armonizar medidas sanitarias y fitosanitarias sobre una base lo más amplia posible los miembros basarán sus medidas en estándares, directrices y recomendaciones internacionales” ; concretando en su Anexo A.3 a qué organizaciones se refiere: “Estándares, directrices y recomendaciones internacionales: (a) para seguridad alimentaria las establecidas por la Comisión del Codex Alimentarius relativas a aditivos, fármacos veterinarios, residuos de pesticidas, contaminantes, métodos de análisis, muestras y códigos y directrices de prácticas higiénicas” (el subrayado es nuestro).

Dicho de otro modo: la OMC hizo suyas desde el mismo momento de su fundación las directrices del Codex lo que en la práctica significa que pasan a ser obligatorias para sus miembros que a 2 de marzo de 2013 -última actualización de su web- incluye a 159 países -entre ellos, por supuesto, España- lo que supone la práctica totalidad de la población mundial.

Un ejemplo de cómo puede afectar a un país o una región el incumplimiento de estas directrices lo tenemos en el caso de las hormonas de crecimiento bovino como ya explicamos en el artículo que con el título Adulteración y contaminación intencionada de los alimentos apareció el pasado mes. El uso de esas hormonas está aún permitido en Estados Unidos y Canadá -y, por supuesto, en las directrices del Codex– pero fueron prohibidas en la Unión Europea en enero de 1989 a raíz de la llamada “enfermedad de las vacas locas”. Y como quiera que la carne procedente de vacas tratadas con esas hormonas constituye la mitad del mercado de exportación de esos dos países la prohibición de la Unión Europea tuvo un importante impacto negativo en sus beneficios por lo que plantearon una denuncia a través de la OMC que daría lugar a un largo y complejo conjunto de sentencias, apelaciones y nuevas sentencias de las que interesa destacar algo insólito y aberrante: la Unión Europea fue finalmente condenada a compensar las millonarias pérdidas de los dos países con cientos de millones de dólares durante varios años.

En definitiva, las decisiones del Codex no son ni independientes, ni abiertas, ni transparentes. Y no velan por la salud de los ciudadanos sino por los intereses del mercado. No están basadas en criterios científicos y no son voluntarias sino de obligado cumplimiento so pena de graves y costosas repercusiones por lo cual los países que aún no lo habían hecho están ya adaptando su legislación interna a las normas del Codex/OMC. Es más, en la Unión Europea se ha ido más lejos aprobándose directrices aún mucho más restrictivas o, lo que es lo mismo, más favorables al negocio de la enfermedad.

En Estados Unidos por ejemplo la Food Safety Modernization Act (HR 2751) -es decir, la Ley de Modernización de la Seguridad Alimentaria firmada por el presidente Barak Obama el 4 de enero de 2011- viene a adoptar los estándares del Codex en las políticas de la FDA relacionadas con alimentos en algunos casos calcando párrafos de las recomendaciones del Codex y utilizando tácticas retorcidas como la de exigir análisis de “trazabilidad”; es decir, la posibilidad de hacer el seguimiento de un producto en la cadena de suministros, desde su origen hasta su estado final como producto de consumo. Análisis que exigen tal gasto económico y recursos burocráticos que resultan imposibles para los pequeños productores porque sólo las grandes corporaciones pueden costearlos. En otras palabras, se quiere echar del mercado a los pequeños y medianos productores de alimentos para dejar todo en manos de unas cuantas multinacionales imponiéndoles una norma innecesaria cuyo coste no podrán asumir. Se les aboca pues al cierre injustificado.

Por su parte, la Directiva 2004/27/EC del Parlamento Europeo define “medicamento” de esta forma: “Cualquier sustancia o combinación de sustancias que pueda ser utilizada en o administrada a seres humanos, bien con vistas a restaurar, corregir o modificar funciones fisiológicas ejerciendo una acción farmacológica, inmunológica o metabólica, bien para realizar un diagnóstico médico”. Lo que impide que cualquier alimento o complemento dietético, nutricional, fitoterapéutico u ortomolecular pueda alegar propiedades para la salud. En otras palabras, no se puede vender vitamina C diciendo en el prospecto que previene el escorbuto o cápsulas de ajo diciendo que son cardiosaludables… aunque se sepa que es verdad y esté científicamente constatado. Eso sólo lo pueden alegar los “medicamentos” que son, paradójicamente, los que ni previenen ni curan nada y tienen efectos secundarios enormemente negativos; a veces brutales e injustificados.

Por si fuera poco la directiva europea sobre suplementos alimentarios (2002/26/EC) incluye una lista positiva de aquellos que están autorizados… lo que implica que el resto están prohibidos Y aunque teóricamente la lista puede ampliarse mediante la pertinente solicitud en la práctica las dificultades para llevar a cabo el procedimiento son tan grandes que resulta casi imposible conseguir que se incluya en ella algún nuevo producto. De hecho hay solo 250 autorizados habiéndose rechazado miles en los últimos años. Claro que las autorizaciones requieren una evaluación previa por parte de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés: European Food Safety Authority), entidad que como ya explicamos en el artículo antes citado aparecido el mes pasado mantiene estrechísimos lazos con la industria farmacéutica y la corrupción preside su funcionamiento.

QUIÉN SE BENEFICIA

Llegados a este punto conviene recapitular preguntándonos quién se beneficia de las actuaciones que venimos relatando. En primer lugar, las “recomendaciones” del Codex –teóricamente voluntarias pero transformadas en mandatos irrevocables por la OMC- aseguran que el negocio de la enfermedad sea hoy terreno casi exclusivo de las corporaciones farmacéuticas porque solo sus productos tienen ya legalmente la posibilidad de alegar propiedades terapéuticas; aunque la palabra “curar” esté desterrada incluso para los fármacos, sin duda porque quienes los fabrican saben bien que no lo hacen. Un negocio que va en aumento porque la mayoría de la población consume hoy productos insanos atiborrados de tóxicos. Productos que quienes dirigen todo esto no consumen.

En segundo lugar, las directrices del dúo Codex/OMC benefician al modelo médico dominante reforzando sus dogmas y criminalizando las terapias naturales y tradicionales y, en definitiva, no aprobadas por quienes dirigen y dominan ese modelo e intentan eliminar la competencia. Además éstas dejan en evidencia a la medicina moderna -absolutamente dependiente de las farmacéuticas- porque son más eficaces y eso no pueden consentirlo.

El otro grupo de empresas que saca tajada de la labor del Codex es obviamente el formado por las empresas de biotecnología y los fabricantes de agroquímicos así como aquellas que están acaparando los beneficios producidos por toda la cadena alimentaria, desde las producciones agrícolas industriales hasta la distribución a los consumidores.

¿Son pues las empresas que se benefician de lo que dictan el Codex y la OMC las que están detrás de todo esto? Podría ser pero no está de más tirar aún un poco del hilo…

QUIÉN ESTÁ DETRÁS DEL CODEX

Como antes señalamos la propia web del Codex dice que fue creado por iniciativa de la FAO y menciona de hecho una serie de encuentros en los que se hicieron las propuestas y se aprobaron las resoluciones que oficializaron su creación pero, sin embargo, investigaciones recientes apuntan que su origen está en dos de los principales asesores que dieron finalmente lugar a su creación: Fritz Ter Meer y Hermann Schmitz. Hablamos de dos altos ejecutivos del conglomerado farmacéutico IG Farben que fueron condenados en Nüremberg como criminales de guerra. El primero fue miembro del Comité Ejecutivo de IGF entre 1926 y 1945 y responsable durante la Segunda Guerra Mundial de la factoría Farben en el campo de Auschwiz. En cuanto a Schmitz era miembro del partido nazi y también perteneció al Ejecutivo de IGF entre 1926 y 1935, año en el que pasó a ser el responsable de finanzas. Y sí, ambos fueron condenados en 1948… pero Schmitz fue liberado ¡en 1950! y Ter Meer ¡apenas dos años después! Es más, pronto volverían los dos a ocupar cargos de gran responsabilidad en grandes bancos y corporaciones industriales, entre ellas la Bayer. Pues bien, aunque algunas organizaciones han preguntado expresamente a la Comisión del Codex por la participación de esos dos personajes en su creación y nunca ha habido una respuesta clara.

En todo caso e independientemente de ese detalle concreto lo que sí puede establecerse es la conexión del dúo Codex/OMC con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el primero a través de la FAO y el segundo a través del Banco Mundial y sus organizaciones aledañas: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT, por sus siglas en inglés) y el Tratado de Maastrich, todos ellos organizaciones y acuerdos creados e implantados para mantener las actuales relaciones de poder. No se olvide que el edificio que alberga la sede de la ONU fue construido en terrenos cedidos por Rockefeller y las directrices para su constitución fueron elaboradas por miembros del Consejo de Relaciones Exteriores que junto al Club Bilderberg y la Comisión Trilateral reúne hoy a una élite internacional de banqueros, políticos, responsables de medios de comunicación, familias reales y dueños de corporaciones industriales y financieras; entre las que destaca el archiconocido clan de los Rockefeller cuyos tentáculos se extienden por todo el planeta y cuya relación con el movimiento eugenista podría aportar -según afirman algunos- una clave importante para entender la agresión a gran escala que suponen las directrices del Codex implementadas por otros organismos públicos y organizaciones internacionales. De hecho la Fundación Rockefeller creó su propia organización eugenésica -el Population Council– y financió la Sociedad Americana de Eugenesia y otras instituciones afines -como el Instituto Kaiser Guillermo de Psiquatría, el IKG de Antropología, Herencia Humana y Eugenesia o la Liga Americana de Control de la Natalidad de Margaret Sanger, personaje éste que llegó a proponer en un departamento del Congreso estadounidense que ese país “mantenga cerradas las puertas a fin de evitar la entrada de ciertos extranjeros cuya condición se sabe es perjudicial para la raza; como los débiles de mente, los idiotas, los retrasados, los locos, los sifilíticos, los epilépticos, los criminales, las prostitutas profesionales y otras de esa clase”. Sin comentarios.

Fórmese el lector su propia opinión a partir de los datos que aquí le proporcionamos y que puede ampliar con las investigaciones de las organizaciones que mencionamos en el recuadro 4 pero lo que es innegable es que las actuaciones de la Comisión del Codex parecen un complemento perfecto del creciente proceso de concentración económica en unas pocas manos, la constante privatización de los servicios públicos, los recortes sociales y laborales justificados mediante la creación de “crisis” periódicas y la destrucción del ecosistema del planeta y del medio interno de sus habitantes provocando la mayor crisis de salud jamás conocida.

Jesús García Blanca
Recuadro:


Cronología de cómo el Codex Alimentarius y la OMC controlaron el mercado de la alimentación

1945. Fundación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés).

1948. Fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

1950. Primera sesión del Comité de Expertos sobre Nutrición de FAO/OMS en la que se señala que la falta de una regulación conjunta sobre alimentos es un obstáculo para el negocio.

1955. Cuarta sesión del Comité en la que se insiste en el tema: “El uso creciente y a veces insuficientemente controlado de aditivos alimentarios se ha convertido en un asunto de interés público y administrativo… la existencia de medidas de control tan distintas pueden convertirse en un obstáculo indeseable para el negocio internacional”. Primera conferencia conjunta FAO/OMS sobre aditivos: un Comité de Expertos en Aditivos inicia sus trabajos redactando unos principios generales para el uso de aditivos en alimentos.

1960. La Primera Conferencia de la FAO para Europa reconoce que un acuerdo internacional para estandarizar cuestiones relacionadas con alimentación servirá para “proteger la salud del consumidor, asegurar la calidad y reducir las barreras comerciales, particularmente en el mercado europeo”.

1961. La decimoprimera sesión de la FAO aprueba la resolución por la cual se establece la Comisión del Codex Alimentarius.

1963. Primera sesión de la Comisión del Codex en Roma.

1979. Aprobación de las Directrices Generales sobre Declaraciones que prohíbe declarar que un alimento provee de nutrientes esenciales así como que la alimentación puede prevenir, tratar o curar enfermedades y dolencias. Revisadas en 1991 y 2009.

1995. Los estándares, guías y códigos de prácticas del Codex se convierten en referencia para la seguridad alimentaria en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

2002. La FAO y la OMS llevan a cabo una evaluación del trabajo del Codex y lo consideran un componente vital en la promoción de sistemas de control de alimentación diseñados para proteger la salud del consumidor, incluyendo los temas relacionados con el comercio internacional y los acuerdos de la OMC.

2005. Aprobación de las Directrices sobre suplementos alimentarios que establece límites máximos en vitaminas y minerales y prohíbe afirmar que puedan utilizarse para prevenir, tratar o curar enfermedades.
2013. Composición actual del Codex:

186 miembros: 185 Estados y 1 organización (la Unión Europea).

219 observadores: 50 organizaciones intergubernamentales, 153 organizaciones no gubernamentales y 16 organismos de las Naciones Unidas.
Miembros actuales de la OMC: 159 países.


Comités en activo del Codex Alimentarius

Comisión del Codex Alimentarius
Comité Ejecutivo de la Comisión del Codex Alimentarius

Asuntos generales
Comité sobre Contaminantes de los Alimentos.
Comité sobre Aditivos Alimentarios.
Comité sobre Higiene de los Alimentos.
Comité sobre Sistemas de Inspección y Certificación de Importaciones y Exportaciones de Alimentos.
Comité sobre Etiquetado de los Alimentos.
Comité sobre Principios Generales.
Comité sobre Métodos de Análisis y Toma de Muestras.
Comité sobre Nutrición y Alimentos para Regímenes Especiales.
Comité sobre Residuos de Plaguicidas.
Comité sobre Residuos de Medicamentos Veterinarios en los Alimentos.

Productos
Comité sobre Pescado y Productos Pesqueros.
Comité sobre Frutas y Hortalizas Frescas.
Comité sobre Grasas y Aceites.
Comité sobre Frutas y Hortalizas Elaboradas.
Comité sobre Azúcares.

Grupos intergubernamentales especiales
Grupo de Acción Intergubernamental sobre Buena Alimentación Animal.

Comité regional de coordinación
Comité Coordinador FAO/OMS para África.
Comité Coordinador FAO/OMS para Asia.
Comité Coordinador FAO/OMS para Europa.
Comité Coordinador FAO/OMS para América Latina y el Caribe.
Comité Coordinador FAO/OMS para América del Norte y el Pacífico sudoccidental.
Comité Coordinador FAO/OMS para el Cercano Oriente.


Más información sobre el Codex Alimentarius

-Dr. Rath Health Foundation:
www4.dr-rath-foundation.org/THE_FOUNDATION/Events/anti_codex.html

-National Health Federation
www.thenhf.com/search.php

Codex Alimentarius: The End of Health Freedom
Brandon Turbeville, 2011.

The history of health tyranny (extractos del libro):
www.activistpost.com/2010/11/history-of-health-tyranny-codex.html

Este reportaje aparece en
161
Junio 2013
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