Betaglucanos: estimuladores naturales del sistema inmune

Los betaglucanos -polisacáridos presentes en algunos cereales, algas, levaduras y hongos- son estimuladores naturales del sistema inmune cuyas propiedades medicinales se conocen y valoran en Oriente desde hace más de dos milenios aunque en Occidente no empezaran a investigarse hasta mediados del pasado siglo XX con el objetivo de fabricar fármacos que imitaran sus propiedades. Y es que son tantas sus posibilidades que constituyen por ello una importante herramienta preventiva y terapéutica cuya ingesta permite afrontar un amplio número de patologías, cáncer incluido.

Los betaglucanos son unos polisacáridos (macromoléculas de azúcar unidas por enlaces glucosídicos tipo beta de distinta masa molecular, solubilidad, viscosidad y configuración tridimensional) que se hallan en cereales, algas, levaduras (hongos microscópicos unicelulares que al fermentar descomponen los cuerpos orgánicos, principalmente los azúcares o hidratos de carbono, produciendo distintas sustancias) y hongos (setas incluidas). Siendo los insolubles -se describen como 1,3 / 1,6 y se encuentran en la levadura de cerveza (Saccharomyces cerevisiae), las setas tipo reishi (Ganoderma lucidum), shiitake (Lentinus edodes), maitake (Grifola frondosa) y matsutake (agaricus blazei) y alguna algas, hongos y bacterias- de mayor actividad biológica que los solubles (1,3 / 1,4) cuya fuente más importante son los salvados de avena y cebada. Pues bien, está demostrado que los betaglucanos potencian y modulan la respuesta inmune -entre otras propiedades- al ser ingeridos. Y es que según constató un equipo dirigido por G. C. Chan en un trabajo titulado The effects of betaglucan on human immune and cancer cells que se publicó en 2009 en Journal Hematoloy Oncology los betaglucanos activan la producción por el cuerpo de macrófagos, neutrófilos, monocitos, células asesinas naturales y células dendríticas modulando la respuesta inmune y potenciando además la fagocitosis opsónica y no opsónica (la ingesta de materias extrañas, incluidas las células cancerosas). Según explican son incorporados y fragmentados en las células y a continuación transportados por los macrófagos hasta la médula ósea y el sistema reticular endotelial.

Y a conclusiones similares llegaría el Dr. Vaclav Vetvicka en su estudio Glucan-immunostimulant, adjuvant, potential drug publicado en 2010 en World Journal Clinical Oncology en el que asevera: “Los betaglucanos, sustancias pertenecientes a un grupo de compuestos naturales biológicamente activos conocidos como modificadores de la respuesta biológica, son componentes estructurales de las paredes celulares de los hongos, levaduras, algas y cereales cuyos mecanismos exactos de acción siguen sin conocerse del todo a pesar de casi 160 años de intensa investigación pero cuyo importante papel en el tratamiento del cáncer, las infecciones, la inmunidad, la reducción del estrés y la restauración de la médula ósea dañada sí han sido establecidos. Así pues podrían ser el inmunomodulador natural conocido más importante”.

En Oriente se estudian actualmente sus efectos biológicos con setas medicinales -asumiendo la experiencia acumulada durante cientos de años con su ingesta- centrándose especialmente en el shiitake –seta consumida desde hace más de 6.000 años conocida como el hongo de la longevidad o elixir de vida-, la kombucha -se consume en China desde hace más de 2.500 años para tratar muy distintas patologías-, el reishi –muy alabado por Li Shih-chen, el médico más famoso de la dinastía Ming, en su famoso libro Ban Chao Gang Moo (La Gran Farmacopea)- y el maitake –seta de excelente sabor y textura que llegó a ser tan valiosa por sus beneficios terapéuticos que en tiempos feudales se pagaba su peso en monedas de plata-. Y no son más que una pequeña parte porque la Medicina Tradicional China usa más de 100 especies de hongos como tratamiento en una amplia gama de enfermedades. En cuanto a cómo ingerirlas pueden tomarse frescas o secas, en extractos o en jugo. En China, Japón y Corea es habitual de hecho usarlas purificadas para paliar los efectos de la Quimioterapia y la Radioterapia.

En Europa y América el punto de partida de la investigación sobre los betaglucanos no fueron sin embargo las setas sino las levaduras haciéndose el primer estudio en la década de los 40 del pasado siglo XX sobre el zymosa, un glucano presente en las paredes celulares de muchas levaduras que estimula el sistema inmune pero provoca efectos secundarios negativos. Se supo así que incluía proteínas, lípidos y polisacáridos pero durante años se ignoró qué sustancias eran las responsables de sus propiedades benéficas hasta que en la década de los 60 Nicholas DiLuzio descubrió en la Universidad de Tulane de Nueva Orleans (Luisiana, EEUU) que son los beta-1,3-D-glucanos -polisacáridos sin efectos secundarios negativos conocidos- los que consiguen activar el sistema inmune. Tiempo después –en 1983- Diluzzio llegaría a decir de ellos: “El amplio espectro de actividades immunofarmacológicas de estos glucanos incluye no sólo su actividad ante ciertas infecciones bacterianas, fúngicas, virales y parasitarias sino también la inhibición del crecimiento tumoral”.

En 1975 el doctor Peter W. Mansell plantearía por primera vez -en un artículo aparecido en Journal of National Cancer Institute- la posibilidad de que los betaglucanos fueran útiles en casos de cáncer. Lo que infirió porque al inyectar beta-1,3-glucanos en nueve pacientes con nódulos de cáncer maligno de piel el tamaño de las lesiones quedó “notablemente reducido en un período inferior a cinco días” mientras que “la resolución fue completa” en las lesiones de pequeño tamaño.

Tal resultado llevaría en 1980 al doctor Joyce Czop a demostrar en la Universidad de Harvard que los macrófagos -glóbulos blancos cuya función es fagocitar y digerir luego restos celulares y agentes patógenos y estimular los linfocitos y otras células inmunitarias- tienen receptores específicos para los beta-1,3-glucanos de manera que cuando éstos se insertan en ellos se inicia una cascada de reacciones que permitne capturar patógenos y antígenos y estimular la médula ósea con otras moléculas de apoyo (como las citoquinas).

También en la década de los ochenta un grupo de investigadores de la Universidad de Tulane inyectaría directamente beta-1,3-glucanos en la pared torácica de úlceras malignas de mujeres que habían sufrido una mastectomía y recibido radioterapia comprobando que curaba completamente las llagas.

Y en 1985 el Instituto de Investigación de Radiobiología de las Fuerzas Armadas estadounidenses anunció que los beta-1,3-glucanos protegen de las radiaciones. Y es que un equipo dirigido por la doctora Myra Patchen dio a algunos ratones una dosis oral de beta-1,3-glucanos y luego les expuso a dosis letales de radiación ¡sin que en el 70% de los casos hubiera efectos secundarios dañinos! De ahí que sugiriera que pueden ser una forma eficaz de recuperación del sistema inmune así como de prevención de infecciones tras los tratamientos de Quimioterapia y Radioterapia. Es más, sostiene que los beta-1,3-glucanos funcionan también como antioxidantes que protegen los macrófagos de las radiaciones, toxinas, metales pesados y radicales libres.

Nuevos estudios en animales llevados a cabo por William Browder en 1987 demostrarían luego que los beta-1,3-glucanos permiten reducir la cantidad de antibióticos requeridos en condiciones infecciosas como la peritonitis. Y es que en ratones infectados con una bacteria para producir peritonitis la combinación de beta-1,3-glucanos y un antibiótico de referencia aumentó la supervivencia de los animales a largo plazo en un 56%. Los recuentos bacterianos fueron disminuyendo en las horas siguientes a la inyección al tiempo que el número de células inmunes aumentaba. Browder también señalaría que los mismos beneficios con los beta-1,3-glucanos podían apreciarse en infecciones de pacientes sometidos a cirugía por trauma físico. En un ensayo 21 pacientes recibieron diariamente beta-1,3-glucanos por vía intravenosa durante una semana constatándose que solo un 9,5% resultó infectado mientras entre quienes no los recibieron ese porcentaje fue del 49%. Es más, entre los pacientes tratados con betaglucanos las defensas aumentaron notablemente en los tres días siguientes no muriendo ninguno mientras el 29% de los no tratados falleció.

LOS BETAGLUCANOS COMO SUPLEMENTO NUTRICIONAL

Aunque la mayoría de las primeras investigaciones se llevaron a cabo en laboratorio -con animales y por vía intravenosa- en 1989 el doctor Phil Wyde confirmó en la Facultad de Medicina de Baylor que los macrófagos se activan de forma similar tanto si se ingieren betaglucanos purificados solubles como si se administran por vía intravenosa. Es más, comprobaría que basta para lograrlo dosis muy pequeñas –de unos miligramos- lo que daría lugar a la elaboración del primer suplemento dietético con betaglucanos, el NSC-24, que empezaría a fabricar y distribuir en 1996 Nutritional Supply Corporation (NSC).

El doctor Donald Carrow realizaría posteriormente ensayos clínicos con ese producto en mujeres que padecían cáncer de mama y se estaban sometiendo a radioterapia confirmando que los beta-1,3-glucanos constituyen “uno de los estimuladores más potentes de la respuesta inmune“. En su práctica clínica Carrow probó los beta-1,3-glucanos en muy distintas patologías -incluyendo casos de úlceras y cáncer- y según su propio testimonio tras inyectar en un tumor maligno de piel 10 mg de beta-1,3-glucanos éste desapareció por completo en tres meses; y otras cinco pacientes con cáncer de mama sometidas a radiación tomaron 7,5 mg diarios de beta-1 ,3-glucanos y sus lesiones en la piel -consecuencia de la radioterapia- quedaron curadas. Asimismo consiguió curar completamente en dos meses las úlceras de dos pacientes mediante la aplicación de beta-1,3-glucanos por vía tópica. Carrow llegaría por ello a afirmar: “Hay suficientes evidencias como para afirmar que los beta-1,3-glucanos son, desde un punto de vista evolutivo, el más amplio activador de macrófagos de la naturaleza”.

La eficacia de los beta-1,3-glucanos como activadores del sistema inmune es tan evidente que de hecho se han patentado para distintos usos combinándolos con otras sustancias (vitaminas A y C, queratina, etc.) y por eso se comercializan ya muchos suplementos nutricionales que los contienen como “reforzadores inmunológicos”.

En cualquier caso las principales investigaciones sobre ellos se están llevando a cabo desde 1998 en el Departamento de Microbiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nevada (EEUU) bajo la dirección de Kenneth W. Hunter donde se estudian las distintas posibilidades de potenciar el sistema inmune, su uso como adyuvante de vacunas y su utilidad frente al cáncer. En su trabajo Mode of Action of B-Glucan Immunopotentiators-Research Summary Release sobre el MG Glucanuna versión mejorada del NSC-24- Hunter afirma: “El MG Glucan ha demostrado aumentar y mejorar la fagocitosis de los microorganismos patógenos que causan enfermedades infecciosas (…) Los betaglucanos beta-1, 3-glucanos y los beta-1, 6-glucanos mejoran además la capacidad de los macrófagos -unas de las células más importantes del sistema inmune- para destruir las células tumorales. Los estudios de laboratorio revelan que el MG Glucan es significativamente más eficaz en la activación de los macrófagos y, a través de ellos, de la cascada inmune completa incluyendo las células T y B”.

Son muchas ya las áreas de investigación sobre betaglucanos. El ya citado Vetvicka, además de trabajar sobre el cáncer, investiga sobre su uso frente a inmunosupresores medioambientales. Y en su trabajo Glucan-Resrevatrol-Vitamin C Combination Offers Protection against Toxic Agents publicado en 2012 asevera: “Nuestros datos sugieren claramente que el papel natural de inmunomoduladores de los glucanos y algunas combinaciones basadas en ellos representan una potencial, interesante y clínicamente importante manera de bloquear -al menos parcialmente- toxinas como el mercurio y los hidrocarburos perfluorados. Lo que permite inferir que podrían utilizarse moduladores basados en glucanos para la profilaxis en algunos casos de envenenamiento crónico del sistema inmune aunque se necesitarán nuevos estudios para confirmarlo”.

Gary Ostroff trabaja por su parte en la utilidad de los betaglucanos frente al ántrax. Y el doctor Nino Sorgente en casos de osteoporosis cuando hay ya pérdida ósea o disminución de la densidad del hueso a fin de mejorar el desarrollo de los osteoblastos y la inhibición de osteoclastos. Y hay muchos más centros investigando sobre otras posibilidades: la Universidad Estatal de Tennessee East (EEUU), la Universidad de Oxford en Londres (Reino Unido), el Cedars-Sinai Medical Center de California (EEUU)…

BETAGLUCANOS Y CÁNCER

Los múltiples efectos biológicos de los betaglucanos hicieron que durante años se investigaran asimismo sus posibilidades terapéuticas en cáncer y ya en los primeros estudios -con animales primero y en humanos después- se constó su notable actividad antitumoral en una amplia variedad de cánceres; entre otros en los de mama, pulmón, estómago e intestinos. Hay muchos estudios sobre ello pero vamos a citar solo algunos representativos. En 2007 un equipo dirigido por D. Akramiene publicó un trabajo en la revista Medicina de la Universidad de Ciencias de la Salud de Lituania titulado Effects of beta-glucans on the immune system en el que se afirma: “Los betaglucanos aumentan la defensa inmune del huésped mediante la activación del sistema de complemento mejorando la función de los macrófagos y las células asesinas naturales. Y los betaglucanos muestran también actividad anticancerígena. Permiten de hecho prevenir la oncogénesis ya que protegen de potentes carcinógenos genotóxicos. Como inmunoestimulantes actúan activando los macrófagos y aumentando la citotoxicidad de las células asesinas naturales pudiendo inhibir el crecimiento tumoral, reducir la proliferación y prevenir la metástasis. Y como adyuvantes de la quimioterapia y la radioterapia en cáncer juegan un papel positivo en la restauración de la hematopoyesis (proceso de formación, desarrollo y maduración de los eritrocitos, leucocitos y plaquetas) en la lesión de médula ósea”.

Un equipo dirigido por G. Kogan publicaría por su parte en 2008 un artículo titulado Yeast cell wall polysaccharides as antioxidants and antimutagens: can they fight cancer en el que sus autores afirman : “Los beta-D-glucanos de la pared celular de las levaduras poseen propiedades inmunomoduladoras que permiten su aplicación en terapias antiinfecciosas y antitumorales. Los derivados del beta-D-glucano expresan una mejora potente del factor alfa de necrosis tumoral (…) y revelan un efecto sinérgico con la ciclofosfamida en el tratamiento del carcinoma pulmonar de Lewis y dos tipos de linfosarcoma en modelos murinos. Los resultados indican una acción protectora, antioxidante, antimutagénica y antigenotóxica que revela su potencial aplicación en la prevención del cáncer“.

Es más, los betaglucanos han demostrado también su utilidad cuando se usan conjuntamente con anticuerpos monoclonales antitumorales. Un equipo de investigación coordinado por B. Li publicó por ejemplo en 2006 en Journal of Inmunology un trabajo titulado Yeast beta-Glucan Amplifies Phagocyte Killing of iC3b-Opsonized Tumor Cells via Complement Receptor 3-Syk-Phosphatidylinositol 3-Kinase Pathway en el que se afirma: “En este estudio ratones portadores de tumores fueron tratados con una combinación de betaglucanos y anticuerpos monoclonales antitumorales constatándose el cese casi completo del crecimiento del tumor (…) La importancia de estas observaciones radica en que el betaglucano no tiene toxicidad evidente y puede ser administrado por vía oral utilizándose junto a los actuales anticuerpos monoclonales antitumorales para amplificar la muerte celular del tumor. A nuestro juicio esto puede abrir nuevas oportunidades en la inmunoterapia del cáncer”. Una impresión que ratificaría un trabajo posterior dirigido por J. Liu X en 2009 titulado Combined yeast-derived beta-glucan with anti-tumor monoclonal antibody for cancer immunotherapy que se publicó en Experimental and molecular pathology en el que puede leerse: “Nuestros estudios preclínicos con animales han demostrado la eficacia de combinar betaglucanos con anticuerpos monoclonales antitumorales para lograr la regresión tumoral así como para mejorar la supervivencia a largo plazo”.

Vaclav Vetvicka y Jana Vetvickova demostrarían después en un estudio titulado Combination of Glucan, Resveratrol and Vitamin C Demonstrates Strong Anti-tumor Potential que publicarían en 2010 en Anticancer Research que la combinación de betaglucanos con vitamina C es igualmente eficaz. Y lo mismo puede decirse de combinar betaglucanos con resveratrol –polifenol no flavonoide presente en frutas como las uvas y otros vegetales- ya que ello inhibe la proliferación tumoral induciendo la apoptosis de las células cancerosas. Y ello sin olvidar que el resveratrol limita los efectos secundarios de agentes quimoterápicos como el cisplatino y la doxorubicina. “Hemos evaluado –explican Vetvicka y Vetvickova- las propiedades anticancerígenas de combinar glucanos, resveratrol y vitamina C encontrando que combinadas tienen mayor capacidad activadora de la fagocitosis y de la formación de anticuerpos que por sí solos. En dos modelos diferentes de cáncer nuestros resultados muestran que tal combinación inhibe claramente el crecimiento de tumores de mama y pulmón, probablemente porque estimula la apoptosis de las células cancerosas”.

LAS SETAS SON ANTICANCERÍGENAS

Cabe añadir que quizás los alimentos más ricos en betaglucanos sean las setas medicinales de las que ya hemos hablado ampliamente en la revista (lea en nuestra web –www.dsalud.com– los artículos que con los títulos Propiedades anticancerígenas del Champiñón del Sol, Los hongos shiitake, reishi, maitake y kombucha, eficaces en el tratamiento del cáncer, El enorme poder curativo de las setas y Cordyceps sinensis: lo más parecido a una panacea universal publicamos en los números 58,79 115 y 130 respectivamente). Destacando entre ellas el Reishi, el Shiitake, el Maitake, el Cordyceps sinensis, el Agaricus Blazeii o “champiñón del sol”, el Coriolus versicolor y la Chaga inonotus obliquus o “Nariz de carbón”.

Para finalizar no está de más recordar que la organización británica Cancer Research reconoció hace ya una década la necesidad de que en Occidente se estudiase más profundamente el papel de los hongos en el tratamiento del cáncer tras conocerse los resultados del trabajo Los hongos medicinales y la terapia del cáncer: incorporación de una práctica tradicional a la medicina occidental en el que se cita -entre otros- un trabajo de los investigadores N. K. Kodama y H. Komuta Nanba de la Universidad de Kobe (Japón) según el cual tras dar a enfermos de cáncer sólo maitake -sin ningún otro medicamento- disminuyeron los marcadores tumorales, aumentó la actividad de las células asesinas naturales en todos los pacientes y se detuvo la metástasis. Siendo la conclusión que esa seta logra todo eso estimulando simplemente el sistema inmune. El doctor Richard Sullivan, jefe de programas clínicos del Cancer Research, diría ante ello: “Se ha recopilado gran cantidad de información que sugiere que los compuestos derivados de hongos podrían tener una influencia muy beneficiosa en la forma de tratar el cáncer”. Y el profesor John Smith -de la escocesa Universidad de Strathclyde en Glasgow (Reino Unido)- que fue quien dirigió la revisión afirmaría: “Hay cada vez más pruebas de que los hongos ofrecen una notable variedad de compuestos medicinales importantes que aún no han sido evaluados por los científicos occidentales; además son muy nutritivos como alimentos ya que contienen todos los aminoácidos esenciales y son una excelente fuente de vitaminas”.

En suma, hablamos de setas sabrosas y nutritivas que además son una excelente fuente de betaglucanos.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
161
Junio 2013
Ver número