Microinmunoterapia: cómo equilibrar el sistema inmune con Homeopatía

Un grupo de médicos e investigadores está comprobando que el sistema inmune se puede reequilibrar -estimulándolo o frenándolo- con citoquinas y oligonucleósidos mediante una novedosa terapia bautizada como Microinmunoterapia en virtud de la cual esas sustancias se preparan según el método homeopático. La terapia permite tratar un amplio abanico de enfermedades con la ventaja de carecer de efectos secundarios. Nos lo explica el doctor Diego Jacques, director del Instituto Internacional 3 IDI en España.

Hace ya más de treinta años que un médico e investigador belga, el doctor Maurice Jenaer, comprobaría que la administración de ácidos nucleicos -ARN y ADN- preparados y administrados según el proceso homeopático ayudaba a los enfermos de hepatitis crónicas. Muchos de los enfermos así tratados volvieron a sus actividades y pudieron hacer vida normal. Aunque lo que más le sorprendió fue la clara mejoría en la calidad de vida de aquellos que padecían un hepatocarcinoma o cáncer primario del hígado.

En aquella época no se conocía aún bien la inmunología así que era difícil entender lo que estaba ocurriendo ya que esos ácidos nucleicos no eran específicos y sólo se administraban como complemento a los pacientes con hepatitis crónicas a fin de eliminar el cansancio. De hecho, no sería hasta la década de los 70 cuando se empezó a descubrir cuáles eran los “actores” y los mecanismos de acción de nuestro sistema inmune.

Pues bien, el Dr. Jenaer añadió a esos preparados homeopáticos los “factores de comunicación” del sistema inmune, las llamadas citoquinas, a medida que se iban descubriendo. De esa manera, al final de los años 80 llegó a constituir un abanico de fórmulas específicamente adaptadas a las diferentes patologías como las infecciosas microbianas y las víricas, las cancerosas y los desarreglos inmunitarios.

Esta inmunoterapia súper-diluida -la inmunoterapia en dosis infinitesimales, como la bautizó su fundador- constituye uno de los dos ejes de lo que ahora se conoce como Microinmunoterapia.

Más adelante, el doctor Bernard Marichal -yerno del fundador, con el que había colaborado en la investigación- comprendió que, de la misma manera, quizás se pudiese interferir en el código genético del gen causante de la enfermedad. Y en 1994 encontró cómo impedir la síntesis de proteínas víricas mediante un ácido nucleico correspondiente a un fragmento del genoma viral pero preparado según el proceso de fabricación de los remedios homeopáticos. Este descubrimiento constituiría el segundo eje de la Microinmunoterapia.

Debemos explicar más en detalle, en cualquier caso, el interés de esta técnica y cómo ésta establece un verdadero “diálogo” con los “actores” de nuestro sistema de defensa. Pero para ello debemos conocer los mecanismos de funcionamiento de nuestro sistema inmune.

En primer lugar, debemos decir que la propiedad de los seres vivos es crear su propio sistema de defensa. Ya la primera célula viva tenía su propio sistema de protección y utilizaba para ello sustancias bioquímicas. Más adelante,  los seres multicelulares especializarían sus células -que cada vez serían más sofisticadas- a fin de garantizar con mayor eficacia la supervivencia y adaptación al medio ambiente.

Luego, en los mamíferos, ya en la vida fetal, esas células –principalmente, los glóbulos blancos- aprenderían a reconocer los antígenos propios, es decir, las moléculas de superficie celulares específicas de cada persona. Téngase en cuenta que cada ser humano tiene, como en el caso de las huellas dactilares, sus propias moléculas de superficie celular. En suma, los glóbulos blancos aprendieron a “reconocer” cualquier elemento extraño al propio organismo e intentar destruirlo.

Todo este juego de vigilancia defensiva y destrucción está garantizado por tres elementos:

1) Los linfocitos, principales células del sistema linfático, que son dos de tres tipos:

a) Los linfocitos B, que una vez activados en plasmocitos producen los anticuerpos o inmunoglobulinas.
b) Los linfocitos T, que garantizan la defensa de las células y de los tejidos. Están ligados a los denominados Complejos Mayores de Histocompatibilidad o HLA, grupo de moléculas que ayuda al cuerpo a distinguir entre los elementos propios y los ajenos. Y,
c) Las células asesinas naturales (Natural Killers), cuyo papel es destruir la célula anormal o infectada.

2) Los macrófagos. Son grandes células que absorben los microbios y cualquier otra molécula extraña y que, una vez digeridas, los deja en su superficie a disposición de los linfocitos para que éstos, al comprobar que son elementos extraños al propio cuerpo, los destruyan.

3) Los leucocitos polisegmentados (por ejemplo, los neutrófilos). Además de poder fagocitar cualquier molécula extraña –como los macrófagos-, contienen enzimas o proteínas capaces de destruir los antígenos ingeridos.

Ahora bien, para que pueda funcionar correcta y rápidamente esta organización de defensa la Naturaleza ha previsto un sistema de comunicación que permite potenciar o frenar la actividad del sistema inmune mediante las famosas citoquinas. ¿Y qué son las citoquinas? Pues proteínas solubles secretadas por el sistema inmune cuya función es la actuar como mensajeros. Son, entre otras menos conocidas, las interleucinas y los interferones, de los que vamos a hablar a continuación.

EL PROCESO DE COMUNICACIÓN 

Para entender cómo funciona esa comunicación, cómo actúan los “mensajeros” del sistema inmune, imaginemos una antena parabólica. Pues bien, al igual que ésta, cada célula tiene una serie de receptores en su superficie que funcionan como una de esas antenas. Y así como una antena parabólica puede recibir un mensaje si se la orienta hacia el espacio, cada receptor celular se puede orientar también para recibir nuevos “mensajes”, lo que da lugar a una nueva configuración de la antena o receptor celular. Configuración que en cada caso desencadena una serie de reacciones intracelulares hasta llegar al núcleo y terminar dando la orden de producir una proteína. Ese mismo mecanismo tiene lugar cuando hay que frenar la producción aunque sea con otro “mensaje”.

Bueno, pues con el tiempo se ha ido conociendo cada vez más el papel de las interleucinas en la activación de los linfocitos. Por ejemplo, el linfocito T-4 y las interleucinas 2, 4, 7 y 10. Un equipo de investigadores de la Universidad de San Francisco (EE.UU.) confirmó recientemente el papel clave de la interleucina 7 para mantener el nivel de los linfocitos T. También se han definido las múltiples funciones de otras citoquinas (por ejemplo, el interferón gamma y el Tumor Necrosis Factor Alfa) en la destrucción de las células anormales o infectadas. Y, además, se ha conocido la importancia de los efectos secundarios del uso de las mismas en la práctica hospitalaria.

UNA IDEA GENIAL 

Hasta aquí lo que se conoce en Microbiología. Pero lo que propusieron los creadores de esta nueva técnica que comentamos -Jenaer y Marichal- fue apostar por el uso de esos mensajeros celulares y utilizarlos, según las bases de la Homeopatía, para intentar restituir y reequilibrar el sistema inmune.
Es decir, utilizandolos ácidos nucleicos específicos correspondientes a un fragmento del gen responsable de una enfermedad (virus, bacteria, etc.) y siguiendo el método de preparación de dilución homeopática, la Microinmunoterapia actúa sobre el primer eslabón de la cadena patológica de la enfermedad. Por lo que vendría a ser algo así como una “vacuna genética”.

¿UTOPÍA O REALIDAD? 

Ciertamente, todo esto podría parecer una utopía o una fantasía de los dos investigadores belgas pero la realidad clínica confirma lo fundado de esta terapia.

En octubre del 2000 se publicó en el British Homeopatic Journal un estudio sobre el herpes tipo 2 o herpes genital recidivante en un grupo de 50 pacientes resistentes a los tratamientos antivíricos habituales comprobándose que el tratamiento con Microinmunoterapia a lo largo de 4 meses (como promedio) es eficaz. El 50% de los pacientes no volvió a padecer una crisis herpética durante los 21 meses posteriores al tratamiento. Y del otro 50%, la mitad había sufrido una pequeña crisis -de corto tiempo y poca intensidad- a los 8 meses de terminarlo. Con lo que se consideró que la eficacia del tratamiento con Microinmunoterapia llegaba al 70%.

Un pequeño estudio posterior -todavía no publicado- sobre el papilomavirus o HPV, presunto responsable del 90% de los cánceres del cuello del útero, confirma estos resultados: el virus dejó de replicarse.

El campo de aplicación de esta terapia es amplio y numerosos pacientes han podido beneficiarse de ella como apoyo inmunitario conjuntamente con los tratamientos convencionales, especialmente en patologías cancerosas.

Hay que decir, en suma, que el mérito de estos dos médicos ha sido el de abrir otras puertas al “diálogo” con nuestros sistemas fisiológicos usando los principios de una medicina experimentada hace ya más de 200 años: la Homeopatía.

 Dr. Diego Jacques
Traducción: Patricia Sánchez

Este reportaje aparece en
26
Marzo 2001
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