Reír 5 minutos equivale a 45 de aeróbic

La risa restablece el equilibrio biológico de las células del organismo, estabiliza la presión sanguínea, oxigena la sangre, provoca un masaje en los órganos vitales -por las vibraciones que produce en el hipocondrio-, facilita la digestión, potencia el sistema inmune y produce sensación de bienestar. Cinco minutos de risa equivalen a cuarenta y cinco de aeróbic. Hay pruebas que lo testifican.

Decano de la Facultad de Psicología de la Universidad de Segovia, Luis Muñizes un convencido defensor de que la risa y el humor mejoran la salud. A pesar de lo cual, ni el humor ni la risa están “bien vistos” por nuestra aristotélica y cartesiana sociedad occidental siendo esa la razón de que ni la Medicina ni la Psicología se hayan interesado por ellas. Porque, ¿cómo van a ser el humor y la risa “cosas serias”…

-La risa y el humor -afirma nuestro interlocutor-, a pesar de ser tan importantes en la vida cotidiana, nunca han sido objeto de estudio a lo largo de la historia de la Psicología porque se pensaba que no eran conceptos serios y prevalecía la idea de que lo serio es aquello que se inspira en lo conocido y hasta en aquello que es oficial. Así que el humor no ha interesado por ser una fuerza centrífuga interior incapaz de ser controlada.

Para Luis Muñiz, sin embargo, la risa y el humor sí son cuestiones serias. Y afirma que cada vez hay más estudios que convergen en demostrar que la risa y el humor son fuentes de salud y hasta una terapia armonizadora.

-Es curioso pero la gente que cree que ha de dar una imagen de seriedad en razón de su trabajo, como los filósofos, los maestros o los investigadores, no están dispuestos a “rebajarse” tomándose en serio la risa.

No es el caso de Luis Muñiz, desde luego, a quien su condición de catedrático y decano de facultad no le impide  ser coherente y hacer que sus clases sean divertidas. Durante la entrevista nos contaría que ya de estudiante le inquietaba la idea de si habría una razón “seria” por la que, obligadamente, las clases tuvieran que ser aburridas. ¿Son realmente más valorados -se preguntaba- los profesores que cumplen el rol de “serios”? ¿O se les debería valorar sólo por lo que enseñan y por cómo lo hacen? Fue ya entonces cuando, interesado por esta cuestión, decidiría dedicar su doctorado a estudiar el humor tanto desde la perspectiva biológica como psicosociológica, lo que le permitiría entrar en contacto con gente de la talla de Wiliam Fry o Norman Cousins, conocidos científicos norteamericanos que han profundizado en los estudios sobre la bioquímica del humor y sus efectos sobre la salud. William Fry, por ejemplo, es autor de El humor, la dulce locura y ha investigado ampliamente sobre la bioquímica del humor.

-El humor -nos explicaría Muñiz- es un proceso crítico que implica una actividad humana vital, es una forma especial de pensamiento. Es más, desde la perspectiva psicológica hay que decir que el humor representa un complejo proceso cognitivo emocional de orden superior.

-¿Y qué papel juega la risa en la vida?

-La risa es la respuesta fisiológica del humor como actitud. Es más parecida a un reflejo. Es cierto que el humor provoca la risa pero no sólo hace eso: también puede trascender y cultivar la reflexión. Yo creo, por ejemplo, que los chistes sobre los políticos que afortunadamente publica la prensa de forma cotidiana lo que hacen es cultivar la reflexión. Y estaría bien que los políticos los miraran y reflexionaran porque el humor favorece la crítica constructiva.

LA BIOLOGÍA DEL HUMOR 

-Desde la perspectiva de la salud, ¿se sabe cómo actúa la risa?

-La risa y el humor se consideran óptimos para la salud porque restablecen la homeostasis, es decir, el equilibrio biológico de las células y de todo el sistema orgánico. Es decir, estabiliza la presión sanguínea, se oxigena la sangre, se provoca un masaje en los órganos vitales con las vibraciones que la risa produce en el hipocondrio (la zona entre las costillas, sobre el diafragma)… y eso, como consecuencia, facilita la digestión, relaja el organismo y produce una sensación de bienestar. Está comprobado que cinco minutos de risa equivalen a cuarenta y cinco minutos de ejercicios de aeróbic.

-¿Y existen estudios científicos que lo prueben?

-Sí. Se sabe, por ejemplo, que la concentración de inmunoglobulina A (IgA) en la saliva aumenta después de reír, lo que indica que la persona tiene más defensas. En ese sentido, se ha llegado incluso a poder cuantificar la cantidad de sufrimiento acumulado por una persona a lo largo de su vida a través de la cantidad de inmunoglobulina presente.

También hay experiencias que indican que una persona que se sabe tomar las cosas con humor tiene más resistencia. Yo he oído contar la historia de un hombre negro que estuvo encerrado en prisión durante diez años hasta que consiguió demostrar su inocencia y explicaba que lo había podido resistir porque nunca perdió el sentido del humor. De hecho, el humor es una fuga hacia delante; sirve, igual que la locura, para no sentir el sufrimiento o aliviarlo. Es una salida en el límite. Como decía Charles Chaplin, el humor es el dolor que ríe.

-¿El sentido del humor es hereditario?

-No sé hasta qué punto. Pero sí está probado que la risa ocasiona cambios en la dinámica y en la física del cerebro, al igual que la música. Y puede que heredemos esos cambios pero también es verdad que tendemos a imitar las actitudes paternas. De ahí que alguien que haya vivido en una familia con sentido del humor suela tener sentido del humor.

-¿Influye la risa en el entorno?

-Sin duda. Desde el punto de vista sociológico, por ejemplo, el humor y la risa han influido muchísimo en la evolución social. Se suele decir que el Renacimiento se debió al espíritu de regreso a los griegos en la Edad Media. Pero hay teorías, como la que expresa Mijail Batjin, que defienden que el Renacimiento se debió a los efectos del carnaval, que en esa época duraba tres meses y medio al año, durante los cuales se liberaban todos los miedos y se cultivaba la fantasía. En la tragedia griega, por ejemplo, reír era una especie de maniobra o técnica mediante la cual se liberaba al espectador. La risa, en la antigua Grecia, era el don más preciado de los dioses y de los mortales. Es más, la risa es signo de democracia. William Fry habla, precisamente, de las prohibiciones históricas del carnaval por los miedos que han tenido siempre los poderes fácticos al poder del humor y de la risa en la vida humana.

-¿Está demostrada la relación entre humor y salud?

-El doctor Lisandro López Herrera, oncólogo venezolano que ha investigado muchísimo sobre los efectos del humor en la recuperación de enfermos de cáncer e incluso en su aparición, dice en su libro La alquimia del sufrimiento que la conservación del humor en un enfermo grave es usualmente indicativo de buen pronóstico aunque se lamenta de que no hayamos podido encontrar todavía un instrumento idóneo para la evaluación cuantitativa del humor. En un estudio realizado por él en mujeres que han sufrido cáncer de cuello uterino, realizado con variables psicológicas, constató que las pacientes que sufrieron cáncer se percibían a sí mismas como tímidas, miedosas y tristes, y que podían ser consideradas como resignadas y sacrificadas; mientras que las del grupo de control que no habían tenido cáncer se describían como alegres, juguetonas y amistosas. También es interesante constatar que la distribución geográfica del cáncer, según Lisandro López Herrera, se corresponde bastante bien con la de la agresividad -juzgada por homicidios y suicidios- y es inversamente menor en las regiones con mayor sentido del humor y predisposición al chiste por parte de sus habitantes.

En general, en Suiza y en los países nórdicos, así como en los germánicos, los índices de cáncer son mayores que en el Mediterráneo y en los países latinos. Y aunque esta circunstancia se atribuye a la densidad de población, a la industrialización y a la alimentación en realidad también se constata que existe una gran diferencia de carácter entre esos pueblos. Y en un mismo país las zonas de menor frecuencia de cáncer responden a aquéllas que tienen un carácter en el que cuenta más la participación del humor. Por ejemplo, en España hay un claro contraste entre el carácter de los catalanes y el de los andaluces. Bretaña, al norte de Francia, es donde hay más índices de cáncer y coincide con el carácter más adusto de los bretones. La resignación, la entereza y el estoicismo se consideran las actitudes más propicias para la aparición de esa enfermedad.

-En tal caso debería potenciarse el buen humor en las escuelas…

-Obviamente. Es más, nunca he entendido por qué los maestros tienden a castigar a los niños que se ríen. Pero generalmente es así. Y lo que suele suceder es que el maestro se siente dolido o enfadado con los niños que ríen porque éstos suelen ser los más listos, lo cual se traduce en ser los más críticos. Y el humor es una forma de crítica. Es un tipo de respuesta cuando no hay otras respuestas. Y la risa, como he dicho, es la reacción en el límite. Es decir, cuando no es posible la acción se sella la impresión con un reflejo: la risa.

-Y dígame, para finalizar, ¿hay alguna diferencia entre el humor masculino y el femenino?

-Eso es como preguntar cuál de los dos sexos es más inteligente. Me recuerda ese chiste en el que un individuo le dice a su pareja: El hombre es más inteligente que la mujer. ¿No lo sabías? Y ella le responde: «¿Sí? ¿Desde cuándo?

Dolors Muntané

Recuadro:


El humor libera tensiones

El humor es visto por los investigadores como una fuente de liberación del individuo por la cual tiene la posibilidad de encauzar su agresividad, causante a su vez de toxicidades endocrinológicas de consecuencias negativas.

La escuela de Psicología Antipsiquiátrica francesa -con autores como Badero Christiane Delacampagne(Psiquiatría y opresión. Ed. Destino), cifra al humor en paralelo a la creatividad como recursos liberadores del psico-soma, entendiendo por tal la globalidad de cuerpo-mente. Es decir, actitudes humanas capaces de contraponerse a la tensión y contrarrestarla.

En realidad hablan de “la conciencia oscura” como poso que han dejado en la conciencia las agresiones recibidas que no han sido respondidas. Porque si ante una agresión –dicen- el individuo responde devolviéndola, ello ya constituye la forma más primaria (y por ello, más animal) de respuesta liberadora. Pero si se inhibe, entonces engendra una energía negativa que le corroe: es la conciencia oscura.

Esta segunda reacción inhibitoria es un producto de la cultura. No olvidemos que lo primero que se les enseña a los niños al educarles es esa represión o inhibición: “Niño, no te hagas pipí, no te comas las uñas, no cojas la comida con las manos…”

Luego se encauza esa inhibición. Porque en la reacción culturizada inhibitoria podemos optar por dos actitudes: encauzar la fuerza negativa que genera la inhibición o dejarla sin control en nuestro organismo. Y si no controlamos esa “conciencia oscura” puede somatizarse (pasar de la mente al cuerpo) y convertirse en enfermedad. Es el caso, por ejemplo, de un infarto, producto de un disgusto, o el de una úlcera de estómago, producto de una tensión cotidiana a largo plazo.

Una de las formas de liberación de esa tensión es el humor, que se convierte en una devolución de la agresión de forma directa e inmediata -como hacen los animales- pero sin agresividad física; es decir, de forma culturizada.
Así que el humor nos protege extraordinariamente frente a las enfermedades.


Experiencias de autocuración por el humor

Son numerosas las pruebas de que el humor nos protege de la enfermedad y nos puede ayudar a sanar. Es el caso de Norman Cousins, autor de Anatomía de una enfermedad, quien narra en su libro cómo se curó gracias a la risa de una enfermedad tan grave como la espondilartritis enquilosante tras ser desahuciado por los médicos e intoxicado con los fármacos que le recetaron.

El autor, periodista científico colaborador de las más importantes revistas médicas norteamericanas, recordó entonces que Galeno, en el siglo I, situaba en el hipocondrio el lugar donde se localiza la angustia. Cousins acababa de llegar de Rusia cuando se le manifestó la enfermedad tras un viaje estresante y lleno de fracasos profesionales. Así que entendió que lo inminente era liberar su hipocondrio a través del masaje que la risa proporciona y exteriorizar así su agresividad contenida. ¿Y cómo lo hizo? Pues encerrándose en una habitación con vídeos de Buster Keaton, Charles Chaplin, el gordo y el flaco y otros muchos igualmente graciosos que pudo encontrar. Singular “tratamiento” que acompañaría con grandes dosis de vitamina C.

Cousins cuenta en el libro que descubriría así que diez minutos de risa visceral y franca equivalen a dos horas de sueño libre de dolores. Y lo explica: su médico, el doctor Wiliam Hitzig, le había hecho una prueba comparando la velocidad de sedimentación de su sangre antes y después de una sesión de risa, comprobando con sorpresa que ésta se reducía. Y como la velocidad de sedimentación es reflejo de la magnitud de una inflamación o infección existente en el cuerpo, era una buena señal. Después, el proceso curativo demostró que ese descenso no era momentáneo sino acumulativo.
A raíz de esto, Cousins fue llamado para que colaborara con la UCLA (la red de hospitales de California) y allí convirtió su labor en un apostolado y una asesoría para médicos.

Después, en Principios de autocuración, expondría esa experiencia en la que ayudó a numerosos enfermos de cáncer.

William Fry, investigador norteamericano con quien nuestro compatriota Luis Muñiz ha trabajado en Nueva York y que preside la Sociedad Internacional de Estudios sobre el Humor, organización nacida en 1976, equipara la risa a una forma de ejercicio físico que obliga a jadear y a resoplar, y que acelera el ritmo cardíaco, eleva la presión sanguínea, aumenta la frecuencia respiratoria y el consumo de oxígeno, estimula los músculos de la cara y del vientre… además de relajar a los que no participan en el acto de la risa.

Es más, la risa restablece la homeostasis -es decir, el equilibrio biológico- tanto de las células como de todo el organismo.


La risa, fuente de salud contra el estrés desde la antigüedad clásica 

La convicción de que la risa actúa benéficamente es muy antigua ya que se remonta a Galeno, considerado -junto a Hipócrates-uno de los padres de la Medicina Occidental alopática.

Galeno e Hipócrates cultivaron la teoría de los humores. Entre ellos, la atrábilis o bilis negra decían que se cobija en el hipocondrio que es el lugar que se sitúa entre las costillas y la parte superior del estómago. La atrábilis, según estos sabios antiguos, es como la somatización de la angustia. Con lo que la risa actuaría en forma de masaje liberando la atrábilis.

Pues bien, esta antigua teoría ha sido confirmada científicamente por investigadores modernos. El doctor Marvin E. Herring -de la Escuela de Medicina Osteopática de Nueva Jersey- confirmó que la risa ejerce un masaje en el diafragma, el tórax y el abdomen beneficiando al corazón, los pulmones e, incluso, al hígado.

Por su parte, la doctora Kathleen M. Dillon -del Western New England College- midió las concentraciones de inmunoglobulina A salival (IgAs) en diez voluntarios antes y después de ver vídeos cómicos de treinta minutos de duración y comprobó que, después de haber reído a mandíbula batiente, la inmunoglobulina A salival había aumentado y con ella las defensas inmunológicas de esos individuos. En cambio, otros diez voluntarios que vieron otro tipo de documentales neutros no presentaron alteraciones en su inmunoglogulina A salival. El doctor David McClelland, de la Universidad de Harvard, demostró que pasando a los estudiantes una película de la madre Teresa de Calculta (pensada para inducir un estado emocional de afectuosa preocupación) también mostraban incrementos significativos en las concentraciones de IgAs mientras que los que veían un documental sobre los nazis (pensado para movilizar sentimientos negativos de enojo en el espectador) no mostraban cambios apreciables de IgAs. Por lo que concluyeron que las emociones positivas pueden tener efectos benéficos en el organismo y predisponen a éste a una mejor defensa.

También hay experiencias que demuestran que los sentimientos de felicidad, tristeza, enfado o miedo provocan cifras diferentes de presión sanguínea y diferentes pautas de movimiento corporal así como distinta velocidad cardíaca. El doctor Gary E. Schwartz, del Departamento de Psicología de la Universidad de Yale, pidió a treinta y dos voluntarios universitarios que imaginaran situaciones que les despertaran ciertos sentimientos de felicidad o de tristeza mientras hacían ejercicio físico. Teniendo en cuenta que el ejercicio físico es capaz de aumentar el ritmo cardíaco, este ritmo aparecía más acelerado con los sentimientos de felicidad, mientras que, a pesar del ejercicio físico, aquellos que generaron sentimientos de tristeza no presentaron aumento del ritmo cardíaco aún haciendo ejercicio.

Se asegura que la risa alivia el dolor porque actúa produciendo endorfinas y favorece la recuperación de los pacientes. Por eso algunos hospitales han puesto en marcha terapias coadyuvantes de esta naturaleza, en particular con niños en tratamiento oncológico.

Este reportaje aparece en
26
Marzo 2001
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