Pain Away: lo más eficaz contra el dolor

 

El dolor no es sino una señal del cuerpo para indicarnos que algo no marcha bien. Y, por tanto, una incomodidad positiva porque nos permite saber que algo está fallando en nosotros. Craso error comete, pues, quien ante un dolor se limita a tomar un analgésico sin buscar la causa. Ahora bien, conocida ésta la verdad es que son muy pocos los productos realmente eficaces a la hora de paliarlo. Aunque hemos tenido conocimiento de que hay uno, creado recientemente, que está demostrando una sorprendente eficacia, especialmente en los dolores musculares y articulares. Nos referimos al Pain Away.

Dolores de cuello, hombros, brazos, manos, espalda, cintura, cadera, piernas o pies… son mucho más frecuentes de lo que se piensa. Dolores que pueden deberse a múltiples causas: golpes, torcerduras, esquinces, reumatismo, fibromialgia, malas posturas, exposición a radiaciones, enfermedades… Es más, en muchos casos el dolor se convierte casi en compañero inseparable cuando envejecemos. Y, ciertamente, tomar aspirinas o paracetamol -por ejemplo- puede ayudarnos pero también terminar destrozándonos el estómago o el hígado. Y el resto de los analgésicos conocidos provocar mayores efectos secundarios aún. Un verdadero problema porque la mitad de la población sufre hoy dolor de forma más o menos habitual y es cada vez mayor el número de personas que padece dolor crónico (se considera tal al que no ha desaparecido después de tres meses).

Y lo malo es que el dolor puede comprometer incluso al sistema inmunitario. Porque si bien se está aún investigando el grado de conexión, un grupo de científicos de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (EEUU) ya ha averiguado que tanto la prevención como la eliminación del dolor parecen incidir muy positivamente en la respuesta inmunitaria del organismo. Algo que demuestra que se trata de un problema con connotaciones mucho más amplias de lo que comúnmente se piensa. Y lo malo es que apenas hay médicos formados para aplicar remedios adecuados. Así, el 90% de los cirujanos especializados en Oncología que respondió a una encuesta reciente reconoció haber recibido sólo diez horas –algunos menos- de formación sobre cómo tratar el dolor. Afortunadamente, esta situación va paliándose poco a poco en todos los ámbitos de la Medicina y cada vez se crean en los grandes hospitales más “unidades del dolor”.

EL DOLOR, UN PROBLEMA COMPEJO

Cuando uno sufre una lesión, tanto si es externa –un golpe, un corte, una quemadura…- como interna se liberan en el organismo una serie de sustancias bioquímicas como la histamina, la bradiquinina y las prostaglandinas que provocan diversos efectos. Uno de ellos, el inflamatorio. Es decir, hacen que la zona lesionada se “hinche”. A fin de cuentas la inflamación no es sino un mecanismo de defensa del cuerpo que sirve para inundar la parte lesionada de fluidos curativos actuando, de paso, como “colchón” protector ante otra posible agresión en la misma zona. El problema es que si la inflamación se prolonga durante demasiado tiempo o está fuera de control puede provocar también destrucción. Es lo que ocurre en el caso de la artritis, por ejemplo, donde la inflamación destruye las articulaciones. Además, la inflamación también puede provocar dolor por sí misma.

Por otra parte, las sustancias mencionadas se encargan de estimular las fibras nerviosas del dolor -conocidas como “fibras C”- facilitando la llegada del impulso nervioso hasta la médula espinal, lugar desde donde quien se encarga fundamentalmente de trasladar el impulso hasta el cerebro es la llamada Sustancia P (de “pain”, dolor en inglés), péptido descubierto casualmente en 1931 y compuesto por once aminoácidos que actúa como neurotransmisor. La Sustancia P, además, hipersensibiliza las fibras C y aumenta la inflamación. Es decir, que su aparición produce un efecto de “bola de nieve” que termina determinando la intensidad y amplitud del “dolor”.

ALIVIAR EL DOLOR

El impulso o transmisión del dolor puede pues rebajarse –o, incluso, eliminarse- disminuyendo la presencia de los mencionados componentes bioquímicos del dolor (la histamina, la bradiquinina y las prostaglandinas), bloqueando las fibras nerviosas del dolor -o fibras C- y disminuyendo la cantidad de Sustancia P. Teniendo lo cual en cuenta, lo sensato sería utilizar un analgésico que lograse las tres cosas. Pues bien, actualmente hay tres tipos de analgésicos para aliviar el dolor: los opiáceos o narcóticos, los no opiáceos y los llamados adyuvantes. Veámoslos:

1) Los analgésicos opiáceos. Están relacionados con la morfina que no es sino un alcaloide que se extrae del opio. Se trata de los analgésicos más potentes y se pueden extraer de diferentes plantas además de fabricarse en el laboratorio. Pero aunque son los más eficaces tienen notables efectos secundarios. Entre ellos, estreñimiento, somnolencia, náuseas y vómitos. Y si la ingesta es excesiva, depresión respiratoria e, incluso, el coma.  Además, si se toman largo tiempo cada vez se precisan dosis mayores para obtener el mismo efecto. Y dejarlos tampoco es sencillo a veces ya que crean adicción y pueden provocar síndrome de abstinencia. El prototipo de los analgésicos opiáceos es la morfina.

2) Los analgésicos no opiáceos. Son de dos tipos: los antiinflamatorios no esteroideos, por un lado, y el conocido paracetamol (acetaminofén), por otro.

-La acción de los antiinflamatorios no esteroideos es doble: por un lado, interfieren en el sistema de las ya mencionadas prostaglandinas –responsables en parte del dolor- y, por el otro, reducen la inflamación, la hinchazón y la irritación. El antiinflamatorio no esteroideo más conocido es la aspirina. Sus propiedades son bien conocidas pero también tiene bastantes efectos secundarios potenciales. Desde una posible irritación de estómago hasta la formación de úlceras pépticas o hemorragias en cualquier parte del cuerpo. En todo caso, hay otros muchos antiinflamatorios no esteroideos de acción similar. Eso sí, con los mismos efectos secundarios aunque algunos de ellos de menor intensidad.

-El paracetamol, por su parte, es diferente tanto a la aspirina como a los antiinflamatorios no esteroideos. También ejerce su acción sobre las prostaglandinas pero de forma distinta. Tiene la ventaja de que no afecta a la coagulación sanguínea -como la aspirina- ni produce hemorragias o úlceras pépticas. Ahora bien, tomado en dosis excesivas o durante demasiado tiempo puede dañar gravemente el hígado.

3) El tercer grupo –denominados adyuvantes en general- lo integran los fármacos que se suelen administrar por razones ajenas al dolor pero que pueden controlarlo en ciertas circunstancias. Es el caso, entre otros, de algunos antidepresivos, anestésicos y anticonvulsionantes.

En suma, tanto las aspirinas como los analgésicos antiinflamatorios no esteroideos disminuyen el nivel de prostaglandinas y pueden lograr que tanto el dolor como la inflamación disminuyan. Sin embargo, no tienen acción alguna sobre los otros agentes químicos del dolor, ni sobre las fibras nerviosas del dolor o fibras C. Y lo mismo cabe decir de los opiáceos o narcóticos aunque éstos, al igual que los antidepresores tricíclicos, sí pueden bloquear la liberación de la Sustancia P y detener la transmisión nerviosa en la médula espinal.

UNA COLABORACIÓN FRUCTÍFERA

Bien, pues tal era la situación cuando dos investigadores aunaron sus esfuerzos y lograron desarrollar un producto que no se ingiere sino que se aplica tópicamente –se trata de una crema- consiguiendo las tres acciones mencionadas para aliviar el dolor. Nos referimos al Pain Away, creación de Jon Barron -colaborador del Instituto de las Ciencias de la Salud– y Ron Manwarren -del Royal Botanics-. Resulta que Manwarren acababa de desarrollar un nuevo compuesto contra el dolor -un preparado en forma de aceite basado en hierbas tradicionales- pero no sabía cómo lograr que el producto llegase rápidamente desde la piel hasta los tejidos internos. Y Barron, por su parte, acababa precisamente de poner a punto un método completamente natural que hacía justamente eso. Así que Barron y Macwarren combinaron sus esfuerzos y nació el Pain Away. Cabe añadir que mientras otros analgésicos tópicos conocidos anteriormente contienen una, dos o tres sustancias calmantes -como el metil-silicato, el mentol y el camfor- Pain Away posee diez.

Resumiendo, este nuevo producto de última generación logra disminuir los niveles de bioquímicos del “dolor”, ralentiza la transmisión de dolor hacia la médula espinal y bloquea la liberación de la Sustancia P.

CÓMO ACTÚA EL “PAIN AWAY”

¿Y cómo consigue eso? Pues hay que explicar que en el lugar de la lesión el Pain Away provoca que se segregue la Sustancia P de forma tan abundante que el nervio se queda sin ella. Ello hace que apenas exista el clásico efecto “bola de nieve” de la Sustancia P que aumenta el dolor y la inflamación.

Además, tras la breve excitación inicial que provoca (se siente frío o calor intenso), el Pain Away bloquea la conducción del impulso en la fibra C; o sea, bloquea el nervio que transmite el dolor. Y ello no depende de la Sustancia P sino que es el resultado de lo que se conoce como efecto “amnéstico” –sobrecarga de nervio del dolor a través de una estimulación continua para que los impulsos de dolor no puedan viajar a través del mismo-. Por tanto, y a diferencia de la mayoría de los analgésicos, el Pain Away reduce la producción de bioquímicos del dolor, ralentiza la transmisión del mismo en la médula espinal y bloquea la liberación de la Sustancia P.

Aunque lo mejor es que como se trata de un líquido potente que actúa con rapidez bastan unas pocas gotas para aliviar el dolor. Muchas veces de forma casi instantánea. Y lo que es más sorprendente: también es capaz de aliviar en ocasiones el dolor crónico de forma permanente con unas pocas aplicaciones. Así lo aseguran al menos sus creadores.

Y todo ello con ingredientes perfumados y suaves, al contrario que los analgésicos tradicionales. Ahora bien, la cayena que lleva puede en ocasiones producir una fuerte sensación de calor, algo que depende en realidad del tipo de lesión que se esté tratando y de la sensibilidad que se tenga a ella. No se de más 

QUÉ CONTIENE EL “PAIN AWAY”

Imagino que el lector se estará preguntando qué contiene este producto para ser tan efectivo. Y la respuesta es tan sencilla como sorprendente: productos naturales conocidos. Son estos:

Hipérico: conocida también como la Hierba de San Juan, son conocidas sus propiedades para aliviar el dolor relacionado con los nervios y, por tanto, está indicado en los casos de ciática, neuralgia, artritis y reuma.
Árnica: utilizada durante siglos para las heridas y torceduras.
Caléndula: alivia el dolor y es antiinflamatorio y anti-espasmódico.
Cayena: estimula la circulación, altera la regulación de temperatura e insensibiliza las terminaciones nerviosas.
Mentol (de pipermint): aumenta la circulación sanguínea y refrigera la zona afectada.
Aceite mahanaryan: ancestral aceite para masaje ayurvédico utilizado en casos de dolores, molestias, heridas, fatiga muscular y torceduras.
Jenjibre: inhibidor selectivo de ciclooxigenasa 2 (COX 2) que reduce la inflamación.

En cuanto al “sistema transportador”, contiene una mezcla de:

-DMSO: el gran hermano del MSM actúa como solvente universal.
Limoneno (con Ph equilibrado): dado su denso campo electromagnético es uno de los solventes naturales más potentes además de analgésico.
Aceite wintergreen: probablemente la fragancia más reconocida en los bálsamos analgésicos. No solamente ayuda a transportar otras hierbas a través de la piel sino que también alivia el dolor artrítico, la rigidez articular, los espasmos musculares y la inflamación.

¿CÓMO SE APLICA?

Como la acción solvente de la base transportadora es tan potente basta una pequeña cantidad, como ya dijimos. Con 2 ó 3 gotas se puede cubrir la rodilla. Y 5 o 6 son suficientes para cubrir toda la parte baja de la espalda. De hecho, no sólo no es necesario sino que no debe utilizarse mayor cantidad, razón por la que aun cuando el frasco cuesta 42 euros, resulta económico. Eso sí, si el dolor persistiese pueden volver a aplicarse unas nuevas gotas a los diez minutos. Gotas que deben extenderse con las puntas de los dedos y no con las palmas. Por supuesto, lávese bien las manos tanto antes de utilizarlo como después. Y evite el contacto con los ojos.

Sólo nos resta agregar que el Pain Away tiene otra sorprendente  propiedad: su acción residual. Y es que sus propiedades se pueden reactivar 24 o 48 horas después de su aplicación estimulando simplemente la zona con agua caliente –al ducharse o bañarse- o mediante la mera aplicación de un pequeño campo magnético.

Jorge Sanz
 

Este reportaje aparece en
38
Abril 2002
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