Equinácea, eficaz aliada contra las infecciones

 La llegada del mal tiempo conlleva con frecuencia una compañía nada deseada: catarros y gripes. De hecho las estadísticas indican que sólo en nuestro país se producen 2,1 catarros anuales por persona. Claro que eso sólo ocurre cuando nuestro sistema inmune se encuentra debilitado porque, como bien dijo Antoine Béchamp, “El microbio no es nada. ¡El terreno lo es todo!”. De ahí que mantener un sistema inmune sano y fuerte sea la manera más efectiva de evitar las infecciones… y otras muchas dolencias Y una de las formas más naturales y eficaces de hacerlo es tomando equinácea.

La equinácea es una planta originaria de las praderas centrales de Estados Unidos que fue ampliamente utilizada por los indios norteamericanos en muy variadas situaciones. Los comanches, por ejemplo, la usaban para aliviar tanto el dolor de garganta como el de muelas. Los sioux y otras tribus, por su parte, la empleaban para combatir la rabia y las mordeduras de serpiente. Otras, en cambio, la usaban para aliviar las encías dolorosas pero también para tratar los resfriados y la tos -en forma de infusión- así como antiséptico en las heridas infectadas -en forma de cataplasma-.De ahí que tras la llegada de los colonos la información sobre su efectividad recorriera los distintos estados y se convirtiera pronto en uno de los remedios fitoterapéuticos más prescritos -primero en Norteamérica y después en Europa- en el tratamiento de muy diversas enfermedades -especialmente las de tipo infeccioso- así como en casos de envenenamiento. De hecho, su popularidad disminuyó en Estados Unidos cuando aparecieron los primeros antibióticos aunque no así en Europa donde se siguió utilizando como remedio para las dolencias inflamatorias e infecciosas, especialmente en Alemania. Lo que explica que sea en este país donde se ha llevado a cabo el mayor número de estudios sobre la equinácea y que fuera aprobada como medicamento en 1989 para potenciar el sistema inmune y combatir infecciones respiratorias y del tracto urinario. Gracias pues en buena medida a la labor de los investigadores alemanes las propiedades terapéuticas de la equinácea están hoy documentadas científicamente y la medicina natural la considera el estimulante del sistema inmune más importante que nos brinda la Naturaleza al estimular la producción de macrófagos, linfocitos T y células asesinas naturales encargadas de combatir las infecciones (ya sean por hongos, virus, bacterias, parásitos y sustancias químicas tóxicas). Pues bien, en una investigación llevada a cabo por los investigadores H. Wagner y A. Proksch -del Instituto de Biología Farmacéutica de la Universidad de Munich (Alemania)- se pudo comprobar que la equinácea potencia la actividad de estos linfocitos entre un 20 y un 30% más que los fármacos diseñados específicamente para ello. Además estimula la producción de interferón, sustancia natural que se encuentra en el organismo y activa los linfocitos estimulándolos para que ataquen los virus. Ya en un artículo aparecido en 1989 en el Journal of the National Cancer Institute –publicación auspiciada por la Universidad de Oxford- se hablaba de los efectos del arabinogalactano -un polisacárido de la equinácea- y su implicación en la defensa contra las infecciones… y el crecimiento de los tumores (algo esto sobre lo que actualmente se sigue investigando).

Lo que sí está ya contrastado es que la equinácea aumenta la efectividad de las cremas antimicóticas que se utilizan comúnmente en el tratamiento de las infecciones vaginales recurrentes causadas por levaduras como la cándida albicans. De hecho, en un estudio realizado sobre un grupo de 203 mujeres aquejadas por candidiasis vaginal se comprobó que el porcentaje de recidivas era de más del 60% cuando sólo se les administró el antimicótico convencional y que no sobrepasaba el 17% cuando al tratamiento convencional se unía la equinácea. Los datos, sin duda, hablan por sí solos.

ANTIINFLAMATORIO, CICATRIZANTE, ANTIOXIDANTE…

Y no acaban aquí las propiedades terapéuticas constatadas. Ya en 1950 se puso de manifiesto su capacidad antiinflamatoria y los excelentes resultados que permite en el tratamiento de personas aquejadas por artritis crónica. De hecho, el extracto de esta planta reduce en más de un 20% la inflamación articular. Es decir, hace lo mismo que la cortisona pero sin los efectos secundarios adversos de ésta; y además reforzando al mismo tiempo el sistema inmune.

Por otro lado, también es conocida su acción cicatrizante. Así, en una herida o quemadura sus componentes activan la proliferación de fibroblastos y los transforman en células que producen ácido hialurónico, un agente protector que da cohesión al tejido conectivo. De esta forma la herida cicatriza mucho mas rápido y el tejido lesionado se regenera con éxito en menos tiempo. En Medicina Sistémica la equinácea se utiliza precisamente –entre otras cosas- para estimular la formación del sistema retículo-endotelial.

Además protege el colágeno de la acción de los radicales libres –por lo que se la considera una planta con propiedades antioxidantes- y ejerce actividad analgésica, antiséptica y antitérmica. Ésta última se debe a su capacidad vasodilatadora y sudorífica por lo que se utiliza también en los procesos febriles.

En suma, la equinácea es una planta conocida principalmente por su capacidad inmunoestimulante pero esconde en realidad muchas otras propiedades igualmente interesantes.

DOSIS ADECUADAS

Es importante añadir que en la literatura científica no existe referencia alguna a posibles efectos secundarios nocivos o tóxicos que se deriven del uso de la equinácea. Ni siquiera de su uso continuado. Lo único que se han descrito, aunque en casos aislados, han sido cuadros leves de dolor de estómago y diarrea. Eso sí, los especialistas advierten que no deben consumirla las personas afectadas por enfermedades autoinmunes -como el lupus- o degenerativas -como la esclerosis múltiple-. Tampoco deben hacerlo las personas alérgicas a las plantas de la familia de las asteraceae (a la que pertenecen la margarita o el girasol, entre otras) ni los enfermos de Sida durante demasiado tiempo.

En cuanto a las dosis más adecuadas lo oportuno es consultar con un profesional de la salud pero, como mera orientación, puede decirse que para prevenir un resfriado o una gripe lo normal es tomar 3 o 4 ml tres veces al día durante un mes. Siempre, claro está, que ayude a su cuerpo y a la equinácea no exponiéndose en exceso a situaciones de riesgo. Si lo hace así sepa que esta planta no sólo le ayudará a reducir las posibilidades de padecer gripe o catarro sino que, en caso de sucumbir a la epidemia, acortará el tiempo de su convalecencia. No lo dude pues y prevenga este otoño tan molestas infecciones.

L. J.


Recuadro

Propiedades de la equinácea

-Estimulante del sistema inmune (aumenta el poder fagocítico de las células de defensa y estimula la producción de leucocitos).
-Antiséptico (en uso externo).
-Antivírico.
-Fungicida.
-Antibiótico.
-Desintoxicante.
-Antiinflamatorio.
-Estimulante de la secreción salivar.
-Antioxidante.
-Antidiarreico.
-Purificador de la sangre.
-Antialérgico.
-Cicatrizante y estimulante de la producción de nuevo tejido sano.
-Sudorífico.
-Inhibidor de la enzima hialuronidasa (al hacerlo ayuda a proteger a las células durante la infección y previene que las bacterias accedan a ellas).


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Indicaciones

La equinácea se emplea como tratamiento principal o como coadyuvante en casos de:

-Amigdalitis.
-Artritis crónica.
-Bronquitis.
-Candidiasis.
-Colitis.
-Diarrea.
-Estados gripales y catarrales.
-Faringitis.
-Flemones y abcesos dentales.
-Gonorrea.
-Herpes.
-Infecciones del oído.
-Infecciones del tracto urinario.
-Inmunodeficiencia (salvo en Sida).
-Laringitis.
-Sífilis.
-Úlceras supuradas, heridas y forúnculos (por vía externa).

Cabe añadir que además se está estudiando su utilidad como coadyuvante en el tratamiento del cáncer ya que, al parecer, inhibe el crecimiento tumoral. 

Este reportaje aparece en
77
Noviembre 2005
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