Oxitocina: el antiestresante ideal

La oxitocina es una hormona que desempeña un papel fundamental tanto en la procreación como en la supervivencia y crianza del recién nacido que además juega un papel básico en el despertar del instinto maternal y de la responsabilidad paterna pero recientes investigaciones han desvelado también su capacidad antiestresante ya que permite anular los efectos perniciosos de la secreción continua de cortisol. Así que dada su función estabilizadora y homeostática y su capacidad para llegar a casi todas las células se trata de una auténtica panacea que encima no es necesario comprar porque la producimos de manera natural. Y es que puede controlarse su segregación ¡a través de la mente y las emociones! Lo explicamos.

Hace diez años la bioquímica americana Candace Pert publicó un libro revolucionario que incompresiblemente no ha sido aún traducido al español: Las moléculas de la emoción. En él se exponen los enormes avances de la biología molecular en las tres últimas décadas y el incipiente descubrimiento de que detrás de nuestras emociones vitales hay toda una cascada de reacciones químicas en las que están implicadas muchas de las células del cuerpo. Y que, a su vez, la actividad química desencadenada por la acción de nuestras hormonas y neurotransmisores puede alterar nuestra conducta mental y emocional sin que medie actividad racional alguna.

¿QUÉ ES UN NEUROTRANSMISOR Y CÓMO FUNCIONA? 

Empecemos explicando que todas las células del cuerpo tienen una especie de antenas que sobresalen de sus membranas denominadas “receptores” (uno de ellos muy conocido, el receptor de la insulina, que permite que cuando una molécula de insulina se “pega” al receptor específico de ésta se abra un canal de entrada de glucosa hacia el interior de la célula). Receptores que son sensibles a distintas moléculas, entre ellas a las hormonas -como la citada insulina- y los neurotransmisores -como la melatonina que induce al sueño-. Ahora bien, durante mucho tiempo se creyó que sólo había receptores para los neurotransmisores -adrenalina, serotonina, etc.- en las sinapsis de las neuronas pero pronto se descubriría que también las hormonas y neurotransmisores que circulan por la sangre tienen receptores en distintos tipos de células. C. Pert encontraría de hecho receptores hasta en las células del sistema inmunitario y en los espermatozoides; es más, se descubriría que esas células no sólo son “sensibles” a las hormonas y neurotransmisores sino que también ¡las segregan! Y desde entonces carece de sentido hablar de la hipófisis o de las suprarrenales como “glándulas que segregan neurotransmisores y hormonas” porque los conocimientos actuales indican que en realidad casi todas las células de nuestro cuerpo tienen capacidad para ello así como para recibir y emitir señales químicas.

Lo interesante de este hallazgo en cualquier caso es que nos permite comprender que los antiquísimos conceptos de unidad cuerpo-mente, de psique y soma, la idea de que somos una unidad holística, no estaban equivocados y, efectivamente, nuestros sentimientos y emociones pueden alterarnos biológicamente, que una idea o un fenómeno inmaterial puede tener efecto inmediato sobre lo orgánico y, a la vez, una alteración material (por ejemplo una enfermedad) tener efecto inmediato sobre nuestra psique.

Ahora bien, los descubrimientos sobre la actividad de las hormonas y los neurotransmisores van incluso más allá de lo que plantean disciplinas como la Psiconeuroinmunología o de la Psiconeuroendocrinología ya que no sólo se trata de la actividad neuronal, de las relaciones entre el sistema nervioso central y autónomo y de los mensajes transmitidos por las fibras nerviosas sino de las relaciones entre nuestra psique y casi todas las células del cuerpo. En especial con aquéllas del sistema inmune y del endocrino que son los que juegan un papel fundamental en el mantenimiento de la salud.

La enfermedad ya no puede ser vista pues como un fenómeno material y mecánico independiente de nuestro estado de ánimo, de nuestros sentimientos y emociones. Puede demostrarse científicamente que las emociones pueden enfermar… y también curar, que somos un complejo cuerpo-mente donde lo etéreo e inmaterial puede crear y sintetizar moléculas materiales químicamente definidas. A veces, para nuestra desdicha, produciéndonos una enfermedad; y otras veces, para nuestro beneficio, permitiéndonos recuperar la salud.

Pues bien, vamos a hablar de una de esas moléculas, la oxitocina, una hormona que también se comporta como neurotransmisor y que puede considerarse una auténtica panacea interna relacionada con la actividad fundamental de la biología del planeta: la procreación.

OXITOCINA Y SEXUALIDAD 

Cuando en 1936 el farmacólogo británico Henry Dale observó que una sustancia cerebral provocaba contracciones en el útero de una gata a punto de parir no se imaginaba las múltiples funciones que esa molécula tenía en la fisiología de los vertebrados. La llamó oxitocina (del griego oxi tokos = parto rápido) y su investigación con ella le supuso el Premio Nobel de Fisiología (junto al Dr. Otto Loewi).

Hasta hace pocos años se pensaba de hecho que la oxitocina era una hormona liberada por la hipófisis para estimular las contracciones del útero en el momento del parto y que actuaba conjuntamente con la hormona prolactina para provocar la síntesis y producción de leche en los pechos de la madre. Pero pronto se encontró que además de por la hipófisis esta hormona también es segregada por los órganos sexuales. Y hoy se sabe que además juega un papel fundamental en el acto sexual tanto como estimuladora del flujo vaginal en la mujer como en los mecanismos de erección y producción de testosterona en el hombre. Siendo durante el orgasmo y en los momentos previos y posteriores al mismo cuando la segregación de oxitocina es máxima.

Aunque en realidad no sólo funciona como una hormona estrictamente sexual sino que su segregación ya aumenta con el simple acercamiento entre los miembros de una pareja. Es más, varios estudios han demostrado que su aumento en el flujo sanguíneo puede provocarse ¡mentalmente! Con sólo visualizar imágenes, recordar un olor o un sonido o, simplemente, con una determinada emoción.

Un caso interesante es la respuesta orgásmica de mujeres y hombres con lesión medular y que han perdido las conexiones nerviosas con la parte del cuerpo por debajo de la cintura. Aunque el psiquiatra B. Komisaruk de la Universidad de Rutgers lo atribuye a la conexión genitales–cerebro del nervio vago es más probable que se trate de la segregación de oxitocina por efecto de la estimulación física no genital o bien simplemente visual que llega a los centros emocionales cerebrales por vía sanguínea. Este investigador estudió la respuesta orgásmica en varios cerebros de mujeres comprobando con escáneres que muchas tenían orgasmos sólo procesando imágenes mentales, sin estimulación física. Una prueba más de la conexión entre psique y soma.

NO TODO ES SEXO 

En Occidente los médicos suelen utilizar desde hace unas décadas inyecciones de oxitocina para inducir el parto; es decir, para aumentar el ritmo y la intensidad de las contracciones uterinas. En Oriente, y desde hace siglos, se hace algo parecido pero de forma más económica, natural y placentera: a fin de facilitarse el parto las propias madres -o sus acompañantes- acarician los pezones y así aumentan la segregación de oxitocina interna para que actúe sobre la musculatura uterina. Solo que además de facilitar el alumbramiento la hormona estimula la producción de leche. De hecho la simple estimulación de la boca del bebé al succionar los pezones provoca una liberación incrementada de oxitocina. Ésta, por supuesto, pasa a la leche y es detectada por su boca (si bien todavía no se han detectado células con receptores de oxitocina en la boca sí se sabe que la hay en la saliva humana lo que implicaría la presencia de receptores en algún sitio de la cavidad bucal).

Esto explicaría nuestro gusto por los besos, una actividad que con la posible excepción de los bonobos (unos chimpancés pigmeos) puede considerarse exclusivamente humana. Pues bien, al igual que la leche materna la saliva contiene oxitocina. Y ésta puede aumentar hasta 200 veces en el momento del orgasmo.

El beso en la boca nos recuerda pues la etapa más infantil de nuestra vida; se trata de algo que por sí mismo genera oxitocina pero al tiempo nos une con sensaciones, sentimientos y emociones profundamente enraizadas en nuestras más lejanas neuronas cerebrales. Acto y pensamiento, emoción y hormonas: una demostración más de la unidad psique-soma.

Es como la historia del huevo y la gallina. ¿Es el beso el que aumenta la segregación de oxitocina o es la segregación de oxitocina la que nos impele a besarnos? Bueno, no sólo los besos: una simple caricia o un masaje también aumentan la segregación de oxitocina. Tanto al masajeado como al masajista. De hecho cualquier relación que implique contacto entre dos seres humanos genera oxitocina al tiempo que se genera un sentimiento de confianza y conexión emocional entre ellas. Por eso, como veremos más adelante, se está pensando en aplicar la oxitocina como tratamiento para el autismo y varias fobias sociales.

Hecho este inciso añadiremos en cuanto a la lactancia que es suficiente con que la madre oiga o vea llorar a su bebé para empezar a segregar oxitocina. Y lo más extraordinario: una púber segrega oxitocina con sólo oír o ver a un bebé que llora o que ríe.

Y esto no sólo pasa en los humanos: se ha demostrado que el nivel de oxitocina en sangre aumenta en las vacas. En cuanto ve a la persona que las ordeña habitualmente; o con solo oír el ruido del cubo de leche. Curiosamente, en pruebas efectuadas en granjas alemanas se encontró que la producción de leche de las vacas que eran cepilladas diariamente aumentaba ¡hasta en un 26%!

OXITOCINA, LECHE, ALCOHOL Y BANQUETES 

Y hablando de leche es posible que la oxitocina tenga algo que ver con nuestra costumbre de beber leche de vaca que, como ya sabemos, es un caso único en el reino animal (somos los únicos mamíferos que bebemos las leches de otras especies superada la edad de mamar). Una costumbre rechazada por los naturistas que consideran la leche animal perniciosa para nuestra salud. ¿Y entonces por qué gran parte de la población del planeta consume leche de vaca y toda su extensa gama de derivados? ¿A qué se debe tanto amor lácteo? ¿Podría explicarse por el hecho de que la leche de vaca está cargada de oxitocina vacuna y al ser ésta muy similar a la hormona humana se una a nuestros mismos receptores celulares? ¿Será esta hormona-droga la que despierta nuestro “mono” por la leche vacuna?

Cabe añadir que el ser humano se caracteriza también por su tendencia a compartir la comida con sus congéneres (incluso con sus mascotas). En muchas culturas primitivas el momento de la pitanza es un acto social donde participa toda la tribu y todas las culturas asignan a los banquetes un importante rol de aglutinación social. No olvidemos que la Eucaristía es el núcleo diferenciador del Cristianismo frente a las demás religiones. Bueno, los católicos llegan al máximo de la sublimación en la comida ritual pues son los únicos que se “comen a Dios” y al hacerlo participan en la “comunión de los santos”; es decir, que durante la celebración de la misa se unen en cuerpo y espíritu con todos los cristianos vivos, muertos y por nacer. En realidad si analizamos los preceptos de fe de la religión católica es probable que no encontremos una mejor definición de lo holístico y cuántico ya expresado hace casi veinte siglos.

También es interesante la relación que parece haber entre la oxitocina y nuestros hábitos alcohólicos. La oxitocina tiene efectos analgésicos y en un ensayo con ratones se les administró una dosis moderada de alcohol mostrando entonces éstos mayor tolerancia al dolor. Luego se les suministró un inhibidor de la oxitocina…y esa tolerancia desapareció. De lo que puede concluirse que parte de los efectos del alcohol se deben a su efecto inductor o agonista de la oxitocina.

En otro experimento a los ancianos internados en una residencia se les ofreció beber una cerveza por las tardes y al cabo de dos meses se constató que el número de ellos con dificultad para caminar bajó del 80% al 26%, la interacción social se triplicó y el consumo de tranquilizantes bajó de forma significativa. Y es que aunque todavía no hay suficientes estudios todo parece indicar que el consumo social y moderado de alcohol ejerce un efecto beneficioso para la salud física y mental… gracias a que estimula la secreción de oxitocina.

LOS TOPILLOS DE LA PRADERA Y LOS TOPILLOS DE LA MONTAÑA 

La investigadora Sue Carter -de la Universidad de Maryland (EEUU)- ha hecho varios estudios sobre las diferentes conductas sexuales y sociales de los topillos de la pradera y la montaña, pequeños roedores de dos especies distintas pero gran similitud. Los topillos de la pradera son monógamos -es decir, copulan siempre con la misma hembra- y juntos se dedican a la crianza de sus crías. Los de la montaña en cambio son polígamos y los machos se desentienden totalmente tanto de la crianza como del mantenimiento de sus vástagos. Desde el punto de vista conductual los segundos tienen una organización social mínima donde predominan las jerarquías y cierto grado de violencia basada en el rol de macho dominante en tanto que los de la pradera son muy “sociables” y colaboran unos con otros evitando los enfrentamientos violentos. ¿Y en qué se diferencian unos y otros desde un punto de vista bioquímico? Pues en que los primeros tienen numerosos receptores de oxitocina en el cerebro y segregan grandes cantidades de esa hormona en tanto los segundos segregan abundante vasopresina que es la hormona antagonista u opuesta a la oxitocina y apenas tienen receptores de oxitocina en su cerebro. De hecho si se bloquean los receptores de oxitocina de un topillo de la pradera con una molécula antagonista ¡éste pasa a comportarse como un topillo de la montaña! Y este mismo fenómeno se ha encontrado en casi todos los mamíferos “monógamos” lo que nos induce a pensar que la oxitocina actúa como una especie de “hormona de la paternidad responsable”.

El psicólogo C. Snowdon -de la Universidad de Wisconsin (EEUU)- estudió la relación de los niveles de oxitocina en la orina de los monos titis cabeza-blanca y sus pautas conductuales. Por supuesto, y como era de esperar, el contenido era alto después de que una pareja tuviese relaciones sexuales pero además los niveles eran más altos entre las parejas que dedicaban más tiempo a los juegos amorosos y caricias que en aquéllas que dedicaban menos tiempo. También observaron altos niveles de oxitocina en las parejas monógamas en sus momentos dedicados a alimentar y mimar a sus crías. Debe destacarse que los titis de cabeza blanca son monos muy sociables y que, imitando un poco a los bonobos, también tienden a resolver los conflictos y tensiones dentro del grupo mediante caricias y magreos.

LAS PROPIEDADES DE LA OXITOCINA 

En definitiva, los últimos veinticinco años de investigaciones sobre las funciones y propiedades de la oxitocina indican que ésta…

…dilata el cérvix y estimula las contracciones uterinas en el parto.

…promueve la subida de la leche en los mamíferos (junto con la prolactina).

…aumenta la fecundidad femenina (crecimiento, maduración y descenso de óvulos).

…incrementa la fecundidad masculina (crece el número y movilidad del esperma).

…estimula la secreción de la Hormona del Crecimiento (HGH).

…estimula la división celular (las heridas cicatrizan el doble de rápido).

…disminuye la tensión arterial (es la antagonista de la vasopresina).

…estimula la secreción de glucagón en el páncreas.

…aumenta la sociabilidad y disminuye la ansiedad y agresividad.

…afianza e incrementa los vínculos materno y paterno con las crías (incluso ajenas).

…reduce la sensibilidad al dolor.

…aumenta el sentimiento de confianza y generosidad.

…preserva la amistad y la sociabilidad.

…disminuye el nivel de cortisol (la hormona del estrés). Siendo justamente este último punto uno de los aspectos más importantes de la oxitocina por lo que vamos a hablar de él.

EL ESTRÉS QUE NOS ENFERMA 

Hace ya casi un siglo que el Dr. Cannon definió el concepto de homeostasis y su relación con la reacción biológica del “huye o lucha”. Concepto este último que sería posteriormente esclarecido y explicado en relación a sus efectos sobre la fisiología de los seres humanos por Hans Selye hará unos sesenta años. Hoy sabemos que el estrés es un arma poderosa y eficaz diseñada por la naturaleza para defendernos frente a las agresiones externas que de forma casi automática produce una serie de reacciones: aumento de plaquetas sanguíneas, hipertensión, aumento de glucosa y de las grasas en la sangre, dilatación de pupilas para mejorar la visión, etc. Toda una serie de mecanismos que refuerzan nuestro organismo para hacer frente al ataque de cualquier posible enemigo o a un peligro inminente bien para defendernos, bien para escapar a la mayor velocidad posible. Se trata pues de una respuesta emocional y fisiológica automática que no se controla racionalmente y se dispara en cuanto nos sentimos en peligro o agredidos. El problema es que las agresiones a las que nos enfrentamos en la vida moderna no pueden resolverse ni poniendo pies en polvorosa ni enzarzándonos en una lucha a vida o muerte con nuestro agresor. Entre otras cosas porque en la mayoría de las ocasiones el agresor no tiene ni forma ni materia. De hecho hoy casi todos los casos que disparan reacciones estresantes se deben a emociones fuertes y/o inesperadas como la muerte de un ser querido, la pérdida de nuestro hogar o del trabajo, un terrible accidente, una humillación personal, un imperdonable engaño, etc. En resumen, una emoción negativa.

Pues bien, como al dispararse el mecanismo de estrés aumentan mucho nuestros niveles de glucosa y lípidos en sangre y hoy no los quemamos de inmediato porque los provocan situaciones que no obligan a salir corriendo cuando situación estresante es habitual y se cronifica nos volvemos hiperglicémicos e hipercolesterolémicos. Además ese aumento de cortisol en sangre puede terminar deprimiendo nuestro sistema inmune y volverse ineficaz no ya frente a posibles patógenos sino disminuyendo su capacidad para eliminar las células defectuosas.

Y es que cada vez se reúnen más pruebas de los desastrosos efectos del cortisol -y de los demás neurotransmisores del estrés- sobre el sistema inmunitario. Que el estrés favorece el desarrollo del cáncer al atenuar el sistema inmune y favorecer la angiogénesis de los tumores se sospechaba desde hace tiempo pero hace apenas unos meses  una reciente investigación ha constatado ya que la adrenalina -otra de las hormonas del estrés- promueve efectivamente  el crecimiento tumoral y las metástasis. Resulta que la adrenalina activa una enzima denominada FAK en las células cancerosas que las protege de la muerte celular. Y en pruebas efectuadas con ratones con cáncer de ovarios se observó que al inyectarles una sustancia similar a la adrenalina el tumor se desarrollaba más y se producía metástasis. Constatándose luego que el proceso se invertía inyectándoles un inhibidor de la adrenalina. Una prueba que indicó similares resultados en humanos fue la presencia de altos niveles de adrenalina y de la enzima FAK en pacientes con cáncer de ovarios que mostraban síntomas de altos niveles de estrés (según la escala del National Institute of Health).

En suma, puede afirmarse que una situación crónica de estrés producida por  emociones negativas –ira, rabia, frustración, impotencia, tristeza, etc.- puede alterar gravemente nuestro equilibrio homeostático.

LA HORMONA ANTI-ESTRÉS Y SUS EFECTOS SANADORES 

Hay pues que evitar el estrés. Solo que ahora sabemos que para ello no hace falta tomar ansiolíticos. Ni hierbas adaptógenas como el ginseng o el eleuterococo. Ni ningún otro producto. Contra el estrés tenemos nuestra propia farmacia interna: la oxitocina, la hormona anti-estrés. Porque inhibe la segregación de cortisol por las glándulas suprarrenales y la hipertensión al ser antagonista de la vasopresina. Y tiene efecto ansiolítico. Suficiente para compensar los efectos perniciosos del estrés.

Pero es que además ahora sabemos que esta hormona tiene otras propiedades importantes. Un grupo de investigadores de la Universidad de Miami (EEUU) descubrió recientemente que la oxitocina es sintetizada tanto por el corazón como por los tejidos vasculares y que las células de esos tejidos también tienen receptores de la hormona. Y dado que también hay receptores de oxitocina en los macrófagos llegaron a la conclusión de que ésta regula la producción de citoquinas inflamatorias atenuando tanto la inflamación como el estrés oxidativo, dos aspectos importantísimos en el proceso de la generación de la ateroesclerosis. No obstante su función fundamental es la de permitir la “curación emocional” ya que, aparte de la hipófisis, las sinapsis neuronales, los órganos genitales y las mamas sabemos que hay receptores de oxitocina en muchos otros órganos. Como, por ejemplo, en la médula adrenal, los mioblastos (células progenitoras de los miocitos, que son las células musculares), en los conductos de esperma (donde controlan el volumen seminal en la eyaculación), la placenta, el timo, el páncreas, los osteoclastos, los adipocitos, la retina, las glándulas salivares, el corazón y los endotelios vasculares.

Cabe en este punto recordar que las células más importantes de un proceso curativo son los monocitos que, activados por sus receptores de oxitocina, actúan por un lado como macrófagos del sistema inmunitario pero a la vez como reparadores y regeneradores de todo tipo de tejidos al potenciar la diferenciación celular (los macrófagos tienen enzimas que les permite tanto destruir como fabricar colágeno). Además, los linfocitos que también tienen receptores de la hormona, actúan en coordinación. Por otro lado no debemos olvidar que estas células inmunitarias también segregan a su vez oxitocina lo que garantiza un “diálogo” continuo entre nuestro sistema inmunitario y las emociones positivas, el amor y la procreación.

En suma, si una simple caricia puede aumentar la actividad de una hormona y ésta a su vez nos genera una emoción positiva y al tiempo una cascada de reacciones bioquímicas en nuestro interior, ¿no nos podría servir como vehículo de sanación? Porque cuando una madre acaricia la herida de un niño ¡aumenta en él la segregación de oxitocina! Y es que se ha demostrado que uno de los efectos biológicos de esta hormona es el de aumentar la velocidad de cicatrización (por estimulación de la división celular) y reducir la sensibilidad al dolor.

Luego si la segregación de oxitocina puede controlarse mediante las emociones o a través de procesos racionales conducentes a generar emociones positivas y una presencia abundante de la misma tiene efectos beneficiosos sobre los distintos tejidos y órganos es evidente que nos encontramos a un paso de poder explicar racionalmente el mecanismo por el cual las emociones pueden sanar, de cómo las emociones pueden producir cambios moleculares. En definitiva, de cómo la psique puede controlar al soma.

CÓMO ESTIMULAR LA SEGREGACIÓN DE OXITOCINA 

Y lo mejor de todo es que hay muchas formas de hacer que nuestro organismo active la secreción de oxitocina. La más evidente es la de activarla mediante el orgasmo -y las caricias sexuales previas- pero tampoco es necesario llegar a tal extremo pues se ha demostrado que los juegos, caricias y besos a los que se entregan las parejas son más que suficiente para estimular la secreción de la hormona. Segregación cuyo resultado inmediato será la disminución de la tensión arterial y la interrupción de la producción por las suprarrenales de las hormonas del estrés -en especial de cortisol- y de la hormona adenocorticotropa (ACTH) por parte de la hipófisis. Y gracias a ello nuestro organismo recuperará la homeostasis y el sistema inmunitario se restablecerá volviendo a sus niveles funcionales normales.

Bueno, en realidad son múltiples y muy numerosas las maneras en que podemos incentivar la producción de oxitocina. Basta por ejemplo…

…cualquier tipo de caricia o mimo.

…cualquier tipo de contacto físico voluntario y admitido (el efecto será común a todos los participantes).

…cualquier tipo de masaje (especialmente masaje metamórfico y el sacrocraneal).

…la práctica del yoga así como los ejercicios respiratorios, los de relajación y los de meditación

…cantar en grupo (desde coros hasta karaoke).

…disfrutar de una buena comida en pareja, en familia o con amigos (con moderación).

…mecer a un bebé en brazos.

…acariciar a una mascota o jugar con ella.

…rezar plegarias o recitar mantras si se es profundamente religioso.

…decorar una casa con flores o cultivar un jardín o una huerta.

…reír o disfrutar con cualquier actividad favorita: música, deportes, lecturas, etc.

…practicar el sexo; tanto en solitario como en pareja.

…cualquier impacto emocional positivo: enamorarse, recibir un premio, etc.

…cualquier acto de generosidad o entrega: ayudar a un enfermo, consolar a un doliente…

Existen varios estudios que demuestran que cualquier estimulación de nuestros sentidos -desde masajes hasta la música o simplemente la relajación o la meditación- potencia la liberación de oxitocina y la recuperación de la salud por vía del restablecimiento del equilibrio homeostático y la tonificación del sistema inmunitario. Incluso acariciar a una mascota o el simple hecho de cuidarla promueve la liberación de oxitocina. Por eso el cuidado de animales se ha revelado de gran utilidad como adyuvante de muchas terapias, especialmente en casos de autismo y depresión. De hecho unos investigadores japoneses han demostrado que hay mayor contenido de oxitocina en la orina de las personas que interactúan con sus perros. Y dos biólogos sudafricanos del Instituto de Ciencias de Pretoria midieron una serie de hormonas y neurotransmisores tanto en humanos como en perros descubriendo que en los humanos el nivel de cortisol disminuía y el de oxitocina aumentaba cuando acariciaban a los perros, especialmente si eran sus propias mascotas; en los perros en cambio aumentó el nivel de oxitocina pero el de cortisol no varió.

LA IMPORTACIA DE LA VITAMINA C 

Llegados a este punto es importante tener en cuenta algo: para que nuestras células produzcan oxitocina es imprescindible no tener déficit de vitamina C. Porque nuestro cuerpo genera esa hormona mediante una cadena de reacciones químicas que provoca la acción de una proteína liberada por el gen OXC siendo la última reacción química de la misma una hidrólisis catabolizada por la enzima Peptidoglicina Alfaamidasa Monooxigenasa (PAM ). Y resulta que la actividad de esta enzima depende de la presencia de ascorbato  (vitamina C); de hecho se descubrió que la estimulación del ascorbato sobre el tejido ovárico produce oxitocina en cantidades que dependen de la cantidad de vitamina C. Y, mira por dónde, los tejidos celulares productores de oxitocina -ovarios, testículos, ojos, glándulas adrenales, placenta, timo y páncreas- almacenan normalmente gran cantidad de vitamina C.

No olvidemos por otra parte que los animales sintetizan su propia vitamina C –es decir, su cuerpo la fabrica si no la ingieren- pero nuestros organismos no pueden hacerlo. Nosotros tenemos que ingerirla con la alimentación (o con suplementos). Y como está básicamente presente en las frutas y verduras y mucha gente apenas las consume la deficiencia de vitamina C es mucho más habitual de lo deseable. ¿Cabe pues extrañar que el doble premio Nobel Linus Pauling constatara que la ingesta de altas dosis de vitamina C mejora muchos trastornos psicológicos -como la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia y otros-, entre otras diferentes patologías? Alguien debería constatar ahora si el efecto terapéutico de la vitamina C en esas dolencias no estará relacionado con su efecto potenciador de la síntesis de oxitocina.

LA OXITOCINA EXTERNA O SINTÉTICA 

Añadiremos que gran parte de la acción del “éxtasis” -esa droga tan de moda- se debe a que su componente químico -el MDMA (3,4-metilendioximetanfetamina)- aumenta el número y la sensibilidad de los receptores celulares de oxitocina. O sea, que no es la droga en sí la que actúa sino la oxitocina. Y esto demuestra que realmente no necesitamos drogas: basta con incrementar la segregación de nuestra propia oxitocina.

El hecho de que la oxitocina se revele como una molécula de acción potencial frente a serios problemas neurológicos como el autismo, la ansiedad, la depresión, el dolor crónico y otras patologías no ha pasado desapercibido de hecho para las grandes multinacionales farmacéuticas. El laboratorio Wyeth, por ejemplo, lleva varios años desarrollando la droga WAY-267464, un agonista que se expresa en los mismos receptores de oxitocina y permite tanto atravesar la barrera hematoencefálica como no verse afectada por las enzimas del aparato digestivo. Esperan por ello que sus píldoras sean mucho más eficaces que la administración de oxitocina sintética inhalada por vía nasal (algo que está investigando el Dr. E. Hollander -psiquiatra de la Escuela de Medicina de Monte Sinaí de Nueva York (EEUU)- para el tratamiento del autismo en personas mayores, quien  probando con distintas dosis y pacientes ha observado una mejora notable en la disminución de conductas repetitivas, aumento de la confianza y expresión y comprensión de señales emocionales).

Curiosamente, muchos padres de autistas saben que después de someter a sus niños a un masaje (a lo que los autistas son bastante reacios) su conducta se vuelve más normal con aumento del contacto visual, la sociabilidad y la atención.

Por otra parte, ensayos con ratonas han demostrado que al darles un antagonista de oxitocina éstas dejan de amamantar a sus crías y de reconocer a sus congéneres. Lo que hizo que el Dr. Young -de la Universidad de Emory en Atlanta (EEUU)- se planteara si la falta de segregación de oxitocina no estará relacionada con conductas antisociales en el ser humano como la agorafobia o la fobia social (aversión al contacto social) e, incluso, ciertos tipos de esquizofrenia y ansiedad.

Terminamos indicando que los doctores D. Keltner y S. Rodrigues -psicólogos de la Universidad de California-Berkeley (EEUU)- sostienen precisamente que el éxito de la especie humana se debe sobre todo a sus rasgos altruistas y compasivos. Y aseguran que la secreción de oxitocina promueve la sociabilidad, la dedicada crianza de los pequeños y la tendencia a la empatía y la comunicación. Sería esa hormona pues la que habría permitido a los humanos escapar de las leyes darwinianas de selección natural según la cual sólo sobreviven los más aptos reemplazándolas por una evolución basada en la colaboración y la convivencia. La simpatía y la compasión serían por tanto nuestros instintos más desarrollados.

En definitiva, no le dé más vueltas: la oxitocina se libera con el simple hecho de amar a otro ser, de acariciarle y mimarle, teniendo sentimientos de empatía, cariño y voluntad de volcarnos en los demás; eso sí, asegurándonos de no tener déficit de vitamina C. Luego el amor es salud.

Juan Carlos Mirre
Recuadro:


El poder emocional y curativo del orgasmo 

Wilheim Reich (1897-1957), psiquiatra austríaco afincado en Estados Unidos y uno de los discípulos favoritos de Sigmund Freud, fue uno de los médicos de ideas más originales y radicales de la historia de la Psiquiatría cuyas hipótesis sobre el origen de las enfermedades físicas y mentales chocaron tan abiertamente con el entorno académico y los intereses de los laboratorios farmacéuticos que se le prohibió ejercer la Medicina y terminó siendo encarcelado y muriendo en prisión. Y su obra y trabajos considerados peligrosos libelos que atentaban contra la salud pública por lo que se quemaron y se eliminaron de las bibliotecas estatales. Pues bien, una de las hipótesis de Reich era que el orgasmo actúa como un regulador de emociones que servía para evitar los estados neuróticos. Consideraba que una persona con baja potencia orgásmica se transformaba en un temperamento rígido y cargado de ansiedad interna (lo que hoy podríamos considerar un estado de estrés). Y al igual que Freud pensaba que la represión sexual origina neurosis y por tanto éstas pueden resolverse con una vida sexual sana sin traumas ni prejuicios. Unas ideas que seguramente estuvieron influenciadas por los estudios de Malinowsky quien acababa de revolucionar la Antropología con sus hallazgos sobre la sana vida sexual de los “salvajes” de las islas del Pacífico.

Hoy sabemos que el orgasmo -especialmente el provocado por vía no genital- es una emoción estrictamente humana que no se da ni siquiera en los bonobos aunque su conducta sexual sea parecida a la nuestra. Y que  aunque desde una óptica algo distinta a la de Reich -debemos tener en cuenta que en su época se ignoraba todo acerca de los neurotransmisores y sus receptores celulares- lo cierto es que durante el orgasmo nuestro cuerpo es inundado por toda una ola de hormonas y neurotransmisores -oxitocina, dopamina, prolactina, endorfina, etc.- que se acoplan a los receptores de todas las células del cuerpo, en especial a las del sistema inmunitario y las endocrinas. Siendo por eso probablemente el momento en el que el organismo humano se encuentra más receptivo a los mensajes emocionales, luego, ¿no será ése el momento óptimo para enviar mensajes curativos a nuestro sistema inmuno-endocrino?

 

Este reportaje aparece en
136
Marzo 2011
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