Psiquiatras: policías del pensamiento

¿Son los psiquiatras profesionales especializados de prestigio que merecen respeto o unos simples charlatanes peligrosos? La mera pregunta se le antojará a los psiquiatras insultante pero para quienes hacemos Discovery DSALUD en realidad la respuesta es obvia: la mayoría son unos charlatanes. Claro que basta conocer el origen de la Psiquiatría y de sus tratamientos para que un escalofrío de terror recorra las espaldas de cualquiera.La cruda verdad es que la Psiquiatría no es más que otro engranaje de la enorme máquina de hacer dinero que se sustenta en la falsa idea imperante de que todo se puede arreglar con fármacos. Cuando lo cierto es que ni las llamadas enfermedades psiquiátricas ni los tratamientos que se usan hoy con quienes tienen la desgracia de ser etiquetados con una de ellas están científicamente fundamentados. Saber cómo nació esta pseudocienciaayudará a entenderlo.

En el siglo XIX se postularon dos tesis que terminaron asumiéndose socialmente de forma mayoritaria: que nuestro mundo actual es el fruto de una evolución espontánea no dirigida que ha llevado por azar a la compleja mente del ser humano y que todos los secretos de nuestra salud y conducta se hallan en el ADN. La primera -el Darwinismo- apunta a que fue el ambiente -que comprende la Cultura- lo que dio lugar al hombre y la segunda -la Genética- que los genes determinan todo por lo que poco se puede hacer para impedir lo que nos va a suceder. Añádase a ello la asunción de que el hombre es un lobo para el hombre y la deriva hacia el caos social se considerará inevitable. En aquella disyuntiva científica una corriente darwinista daría primacía a la Evolución y la Cultura –convicción que se consideraría una idea de “izquierdas”- mientras otra entendió que predominaba la Genética -asociando los genes con Dios-, convicción que se asociaría a la derecha política. Para la primera, la Cultura sería la solución a todos los problemas y la segunda propugnaría que todo pasa por seleccionar a quienes van a transmitir los genes haciendo que sólo los mejores se reproduzcan.El segundo gran postulado darwinista –“Los mejores adaptados sobreviven”- sería la ligazón entre Charles Darwin y la Genética y fundamentaría las teorías eugenistas que en el siglo XIX propugnaron en Inglaterra la selección procreadora. Aquel razonamiento simplista marcaría sin embargo el debate político que ha regido nuestras vidas desde entonces apoyándose en los postulados de la Psicología y la Psiquiatría.

NACE LA PSIQUIATRÍA

Bien, pues sería en aquel contexto -aún a finales del siglo XIX- cuando vio la luz la Psicología, disciplina que adquirió personalidad propia al desgajarse de la Filosofía. Al poco tiempo, nacería la Psiquiatría tras desgajarse de la Medicina. Por lo que aunque parezca que ambas disciplinas están enfrentadas surgieron de caminos ideológicos paralelos.

El término psiquiatría procede del griego y significa literalmente “médico del alma” apareciendo en Europa por primera vez en el Tratado de la Locura de W. Battie publicado en 1758. Y fue en 1811 cuando se establecería la primera escuela de terapia psiquiátrica en Jena (Alemania) seguida de otra en Berlín. Es decir, desde el primer momento Alemania destacaría en este campo siguiendo las corrientes filosóficas -entre otros- de Nietzche y Goethe.

Solo que ya desde su nacimiento se entablaron polémicas sobre si algo que no puede ser testado ni su existencia “comprobada científicamente”, como una enfermedad mental, puede ser curada. Con lo que el principal reto de la Psiquiatría al nacer sería demostrar que aquello que dice existe de verdad. Comenzando por la esquizofrenia, también llamada “mente dividida”. ¿Hay prueba fisiológica de su existencia… como puede haberla de una diabetes por ejemplo? En 1897 el legislador alemán Julius Lenzmann afirmaría al respecto ante el parlamento alemán: “Lo peor es que todo loquero piensa de sí mismo que es más infalible que el Papa. Y eso es preocupante teniendo en cuenta que la mayoría de tales médicos son psíquicamente inestables. Sé de juicios en los que todos los participantes estaban de acuerdo en que los más locos eran los propios médicos”.

En 1870 se llegaría a la conclusión de que como todos los nervios acaban en el cerebro era probable que los problemas mentales estuvieran en el sistema nervioso. Nacería así pocos años después la Neuropsiquiatría -el nombre se lo puso el profesor Wernicke– que rápidamente se extendería sobre todo por Viena, Innsbruck, Berlín, Frankfurt, Colonia, Hamburgo y Suiza; es decir, por el área de influencia germánica. Un paso que distanciaría a los psiquiatras de los psicólogos –y por ende del Psicoanálisis y de la Psicosomatología- ya que éstos no aceptaban que todos los problemas mentales se debieran a causas físicas.

Con el tiempo laNeuropsiquiatría se desgajaría en Neurología y Psiquiatría –aunque actualmente se mantiene en el seno de esta disciplina una sección deNeuropsiquiatría- que caminarían separadas. En todo caso ambas se constituyeron sobre las ideas darwinistas que tanto influirían en el nazismo, uno de cuyos objetivos fue impedir que los “débiles mentales” procrearan a fin de preservar la raza humana, argumento que recogería Alfred Ploetz en su libro La aptitud de nuestra raza y la protección del débil  cuyas tesis pronto asumiría -entre otros- Kraepelin, uno de los primeros psiquiatras alemanes.

Fue en cualquier caso la I Guerra Mundial -que afectó psicológicamente a toda la población, tanto civil como militar- la excusa perfecta para que determinados grupos de poder relanzaran la Psiquiatría intentando ”explicar” las atrocidades cometidas apoyándose en la confrontación política. Surgiría así en Alemania lo que se bautizó como “histeria francesa”, enfermedad inventada de cariz puramente nacionalista que se diseñó para desacreditar a los galos y que no fue sino un arma más de la lucha por la hegemonía de Europa entre las dos naciones. Así la describiría el psiquiatra alemán Max Nonne intentando justificar que se trataba de una enfermedad que también podía afectar a otros pueblos, alemanes incluidos: “Antes pensábamos que sólo se daba en Francia pero ahora la vemos aquí, en Alemania, en todas sus formas: parálisis de las cuerdas vocales y de las extremidades superiores e inferiores, temblores en partes del cuerpo, espasmos musculares, idiocia, incapacidad para ver y caminar, y dislocaciones de las más diversas formas”.

El caso es que los psiquiatras decidieron utilizar a los soldados, mentalmente afectados tras ver atrocidades inimaginables hasta entonces, como cobayas. Y empezaron con una singular y aberrante idea: provocar en sus cerebros shocks usando electricidad –lo que hoy conocemos como electroshock en la convicción de que alguien que ha sufrido un shock traumático igual se cura con otro shock mayor. Dando la gente pábulo a tamaño despropósito porque quienes lo proponían se supone que sabían más que el vulgo –mayoritariamente analfabeto- y usaban métodos que parecían “científicos” porque la electricidad era aún algo “novedoso” y “moderno” y  todo aparato que trabajara con ella producía admiración.

Las bases de la “moderna” Psiquiatría se pondrían sin embargo en marcha a mediados del siglo XX con financiación de la Fundación Rockefeller, la Asociación Alemana de Industrias Químicas y los oligarcas Krupp y Loeb, entre otros poderosos grupos de presión. Siendo en esa época cuando se inventa el concepto de “higiene mental” con una serie de objetivos muy concretos como bien describe la obra Psiquiatras: los hombres detrás de Hitler. Concretamente éstos:
-La creación arbitraria de definiciones sobre lo que es normal, anormal, sano y enfermo.

-La aprobación de leyes que regulen los tratamientos psiquiátricos.

-La asunción por los estados de que los psiquiatras deben ser considerados agentes gubernamentales.

-La ampliación de la definición de “enfermedad mental” a fin de incluir a más personas que tratar psiquiátricamente.

ESTÍMULO-RESPUESTA: NO HAY ALMA

En cuanto a la Psicología sería el alemán Wilhelm Maximilian Wundt quien le daría categoría de “ciencia” al desarrollar en Leipzig el primer laboratorio de esta disciplina en el que investigar experimentalmente. Solo que si bien en un principio el objeto de estudio -al igual que en la Psiquiatría- era la conciencia y el espíritu pronto se decantaría por el análisis del comportamiento –al ser lo más objetivable con datos- enfocándose en cuatro áreas: percepción, reconocimiento del estímulo, decisión de actuar y reacción al estímulo. Descartando pues pronto investigar sobre la conciencia porque el espacio entre estímulo y respuesta estaba condicionado únicamente por la química que jugaba el papel de estimuladora en ese proceso. En suma, coligió que como la conciencia no se puede medir es inútil investigarla. Y de esa presunción procede que hoy se considere por ejemplo el enamoramiento un simple proceso bioquímico en el que el alma no tiene nada que ver. En pocas palabras, decidió primar la cantidad -los datos objetivables- por encima de la calidad -los sentimientos subjetivos-. Wundt fue así la inspiración de los llamados psicólogos “conductistas” -como Paulov, Watson y Skinner que se dedicaron a medir reacciones inconscientes- y de los posteriores sexólogos -con el zoólogo Alfred Kinsey a la cabeza- que estudiaron la conducta sexual bajo el mismo protocolo estímulo-respuesta de los estudios con animales. Siendo por cierto otra de sus “hijas” la Publicidad -clara hija del Conductismo y el Psicoanálisis- cuyo objetivo es provocar respuestas condicionadas –como la compra de un producto- mediante el envío de estímulos al inconsciente.

Wundt fue además quien formó a James Cattel y Stanley Hall, los primeros psicólogos que llevaron esa disciplina a Estados Unidos, fundando este último en 1892 la Asociación Americana de Psicología. Además se especializaría en el estudio de adolescentes, ámbito en el que pronto confluirían la Psiquiatría y la Psicología con el inconfeso objetivo -en ambos casos- de controlar al ser humano desde el momento en el que se asienta su personalidad.

PSIQUIATRÍA PARA ADOLESCENTES

El Dr. Paul Schröder fundaría por su parte en 1939 la Alianza alemana para la Psiquiatría del niño y el adolescente consiguiendo al año siguiente realizar un congreso con la participación del Ministerio de Salud pero también del Ministerio del Interior, del Ministerio de Propaganda y de las organizaciones juveniles hitlerianas. Tras la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial la sociedad cambiaría su nombre por el de Sociedad alemana para la Psiquiatría del niño y el adolescente. Y en ella estaban los psiquiatras Villinger y Wagner Von Jauregg, siendo este último uno de los que durante la I Guerra Mundial aplicó electroshock a los soldados para -aseguraba- “curarles de sus histerias”. Bueno, pues el discurso inaugural del Dr. Schröder en ese congreso aclara muchas dudas: “La Psiquiatría infantil tiene que ayudar a integrar los daños psíquicos heredados o a niños inadaptados, por su propio bien, el de la ciudadanía y el progreso económico. En todo caso no pueden tratarse al azar y de la misma forma casos diferenciados sino que se debe realizar una discriminación constante y experta de los educables y capacitados y, al mismo tiempo, un justo y estricto sacrificio de aquellossin valor o ineducables(la negrita y el subrayado son nuestros).

Villinger decía por su parte: “Nuestro éxito educacional no depende tanto de nuestra preparación educativa y de la capacidad sino de la arcilla que tenemos que modelar y de la madera que tenemos que esculpir”. En otras palabras, hablaba de “reconstruir” a una persona desde la creencia de que parte de la personalidad se hereda.
Otra destacada miembro de esa sociedad fue la genetista Anna Leiter quien trabajó en Dresde y se refirió explícitamente al “carácter hereditario de la conducta antisocial” tras “valorar” el comportamiento de tres mil niños: “Demandamos un análisis responsable de la extremadamente inusual carencia de emociones en conexión con otras tendencias reactivas criminogénicas (criminales genéticos) para detectar a esos niños tan pronto como sea posible dado que representan un peso imposible de sobrellevar para la sociedad y un peligro para el país”. Y aunque no detallaba cómo se haría aclaraba que debían ser los psiquiatras quienes tendrían que decidir a quiénes se pondría bajo custodia. Bueno, pues tales postulados son el origen de la llamada Psiquiatra Infantil. Lo grotesco es que a partir de ahí esos psiquiatras “especializados” tomarían el papel de peritos y asesores en los procesos judiciales sobre el tema; cuando su único logro “científico” había sido el de poner “fuera de combate” a miles de niños. En suma, fue a través de ese proceso ideológico y esas consideraciones filosóficas como se articuló el concepto de “deserción escolar” que se erigía sobre cinco categorías de niños con los que según Lesch “no se debe tener consideración por sus padres o compasión por su naturaleza bondadosa pues son inapropiadas aquí”:

1) Repetidores de los cursos escolares más bajos.

2) Estudiantes de los cursos más altos a los que se recomienda acudir a escuelas especiales así como “expulsados, niños-límite y casos cuestionables”.

3) Niños ineducables.

4) Niños con especiales dificultades de aprendizaje.

5) Niños cuyos hermanos o familiares han estado en escuelas especiales. “Genética y consideraciones de salud nacional hacen recomendable el registro preventivo” se decía en un memorando.

Schröder -primer líder de esta rama de la Psiquiatría y heredero de Kraepelin y Bonhoeffer– publicaría en 1933 un artículo en una revista médica en el que definiría como “psicópata” a “toda persona fuera de la media y de lo normal”. Es más, para él “los psicópatas no son sólo los que comparados con la media muestran más o menos autoestima sino también los que son extremadamente talentosos, capaces de amar, temperamentales, etc”. Con lo que consideraba psicópata, por ejemplo, a toda persona con un alto sentido de la responsabilidad y principios éticos.

Bueno, pues tal aberración fue el inicio de lo que con el tiempo se convertiría en el llamado Manual de diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales, el conocido DSM del que en el 2013 se publicará su quinta versión y que para los psiquiatras es “la biblia de los trastornos mentales”. Hay que añadir que el tal Schröeder influyó mucho en la comunidad psiquiátrica y que sus ideas se incorporaron a la ideología nazi como base para saber qué persona debía ser exterminada.

Conociendo lo cual no le extrañará tanto al lector saber que el doctor Hans Heinze, director del Instituto Laender de Branderburgo y consultor sobre eutanasia infantil del Tercer Reich, influyó sobremanera en el Comité científico de registro y heredabilidad de los daños inherentes que fue la organización tapadera para el programa de asesinato de niños y jóvenes durante la Alemania nazi.

Ya en 1931 Heinze había colaborado con Schröder en un libro titulado Las personalidades infantiles y sus anormalidades en el que definirían el término “degenerado” en el mismo sentido con el que luego hablarían de “psicópata”. “Degenerado–decía en él-significa desviado de la especie, de la norma, de un más amplio espectro de la media. Degenerado no es lo mismo que enfermo. Degenerado también incluye el sobredimensionamiento o infravaloración de una persona, de un atleta, del talentoso o del genio. Un degenerado en el área psicológica es alguien que se sale de la norma, tanto por arriba como por abajo”. Es decir, la estadística ante todo porque ¡la media es lo bueno!

Obviamente el propósito de esta definición era flexibilizar el concepto para que se pudieran incluir como patológicos todos los casos que se desearan dejando a los psiquiatras la libertad de convertirse en auténticos policías del pensamiento con capacidad para censurar cualquier  idea que considerasen “antisocial”… ¡como ha acabado sucediendo con el actual código DSM! Porque hoy día, como ya se ha explicado ampliamente en la revista en varios artículos, hasta la rebeldía o el exceso de inteligencia han sido colocados fuera de la “normalidad” por los psiquiatras (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com– por ejemplo los artículos que con los títulosLa enfermedad de la rebeldía,¿Es la Psiquiatría una disciplina científica o una estafa? y Profesionales sanitarios se plantan ante la Biblia de los trastornos mentalesaparecieron en los números 118, 128 y 140 respectivamente). Claro que Heinze estuvo involucrado en el diseño de los programas alemanes de eutanasia -y específicamente de eutanasia infantil-, algo que comenzó a hacer desde el manicomio de Branderburgo influyendo sobremanera en la doctrina nazi.

Lo inconcebible es que todos los psiquiatras mencionados continuaron con su trabajo una vez cayó el régimen nazi y muchos de ellos terminaron en Estados Unidos a raíz de la Operación Paperclip -por la que se les exoneró de ser juzgados por el tribunal de Nüremberg- influyendo decisivamente en la naciente Psiquiatría norteamericana.

En 1948 Stutte y Villinger colaborarían en un artículo titulado Tareas contemporáneas y problemas del tratamiento de la juventud en el que proponían una reforma de la educación “de los social y biológicamente inferiores” demandando que “el examen, monitoreo y guía de estos delincuentes juveniles sea una tarea psiquiátrica”. Ocho años después el propio Stutte solicitó medidas más drásticas en su Manual para la educación institucional llegando a decir: “El infeccioso grupo de los asociales crónicos debe ser introducido en el sistema sanitario tan pronto como sea posible pues están necesitados de tratamiento especial”. Siendo una de las medidas propuestas ¡esterilizar a las personas minusválidas! Bueno, pues en 1971 la Sociedad para la Psiquiatría Infantil concedería al doctor Stutte ¡una medalla!

En suma, tales son las bases de la moderna “ciencia” de la Psiquiatría. La que ha llevado a que en su publicación Educación moderna el Dr. Müller-Küppers escribiera: “Desde la base del estudio con gemelos debemos admitir que hay un componente hereditario en ciertos comportamientos. A través de la introducción del tratamiento médico moderno -que puede ser aplicado también a niños- su curación ha mejorado. El tratamiento electroconvulsivo (electroshock) puede pues ser usado si no hay otra forma terapéutica de tratamiento”.

El doctor Remschmidt, por su parte, tras estudiar numerosos casos de hiperactividad en niños, fue quien logró -gracias a su influencia- que acabara convirtiéndose en lo que es hoy: una presunta enfermedad estúpidamente tratada con drogas. Siendo los “criterios” para diagnosticar que un niño padece hiperactividad si es impulsivo y excitable, presta poca atención, comienza a menudo las cosas pero no las termina, se distrae fácilmente, molesta a otros niños, se frustra fácilmente queriendo que sus deseos se realicen, llora mucho y tiene cambios bruscos de ánimo y tendencia a enfadarse siendo su conducta imprevisible. Inconcebible. Bueno, pues para Muller-Kuppers toda posible solución legal para un delincuente juvenil debería ser fiscalizada por un psiquiatra. Especialmente porque hoy se sabe que ninguno de esos niños tiene fallos orgánicos. A lo que Remschmidt responde que el problema está sin duda “en sus genes”, socorrido ”cajón de sastre” al que achacar todo lo que se desconoce. Claro que quien tal cosa afirma también asegura que ¡el 10% de los niños” son enfermos mentales que necesitan tratamiento!

La verdad es que encontrar hace unas décadas a un niño mentalmente enfermo era poco menos que imposible. Sin embargo hoy hay millones siendo “tratados” con fármacos. Lo que demuestra que la industria farmacéutica se ha impuesto a los médicos, a los padres y al sentido común. Se ha hecho realidad la visión de Kraepelin que ya en 1892 acuñó el término Farmapsicología escribiendo: “Llegaremos al punto en el que veremos claramente que un remedio químico puede influir de manera precisa en el proceso del pensamiento”. En otras palabras, la comunidad psiquiátrica ha sido autorizada por la “sociedad“ a usar de cobayas a millones de personas pare ver cómo reaccionan a las drogas que ellos van creando. Solo hizo falta convencer a la gente de que hay millones de “enfermos mentales” que necesitan ser tratados con medicinas. Así lo promovieron por ejemplo los psiquiatras alemanes que en  un memorándum dado a conocer en marzo de 1970 decían: “La enfermedad mental es la más común de nuestra sociedad. Dado el hecho de que en una sociedad moderna entre el 10 y el 12% de la gente precisa tratamiento psiquiátrico es imperativo que el Parlamento y el Gobierno federal se preocupen seriamente de los problemas mentales”. Bueno, pues con tan simple declaración -que no se apoyaba científicamente en nada- se puso en marcha la Operación Enfermedad Mental II como lógica evolución de la propuesta nazi ya mencionada y conocida como Higiene Mental que terminó dando lugar a la Asociación Alemana por la Higiene Psicológica y a La Liga Europea por la Higiene Mental. Con la finalidad última de obligar al individuo a que se adapte a la sociedad que se le impone si no quiere ser considerado un peligroso inadaptado o un enfermo mental. Contradiciendo al célebre místico Krishnamurti para quien “no es saludable estar bien adaptado a una sociedad enferma”.  No está de más recordar que en su origen la expresión “salud mental” y la política que derivaría de ella se crearon para tratar las irritaciones y reacciones en el trabajo cuando comenzó la Revolución Industrial. Es decir, lo que hoy llamaríamos “estrés” que entonces no era más que la inadaptación al trabajo esclavo impuesto por los oligarcas de la época.

LA PSICOLOGÍA SE EXTIENDE POR ESTADOS UNIDOS

Conviene agregar que aunque Wundt fuera su creador la Psicología fue desarrollada por su discípulo ruso Paulov y más tarde por los estadounidenses Watson y Skinner; siempre sobre la idea de que el hombre se debe adaptar a su entorno (siguiendo las tesis de Darwin). Ello abriría la justificación para el uso de la lobotomía, el electroshock y la terapia con drogas. El argumento es que el ser humano ha de ser condicionado para poder colaborar con otros y no convertirse en un estorbo para la sociedad debido a su natural egoísmo. Del laboratorio de Wundt saldrían los psicólogos conductistas que llevarían esta nueva técnica a sus respectivos países.

James Cattell trabajó con Wundt durante tres años y fue uno de los fundadores de los nuevos métodos de enseñanza. Otro de ellos fue Stanley Hall quien fundó el primer laboratorio de Psicología en la Universidad John Hopkins de Baltimore (Maryland, EEUU) y en 1889 escribió el libro Adolescentes: su psicología y sus relaciones con la fisiología, antropología, sociología, sexo, crimen, religión y educación. Y uno de sus discípulos, John Dewey, quien extrapoló las opiniones de Wundt al campo de la “nueva educación”: “Alimentando de datos experimentales un cerebro joven y su sistema nervioso más que sus capacidades mentales se consigue la abdicación del rol tradicional del profesor como educador. Su lugar es reemplazado por el concepto del profesor como guía en la socialización del niño llevando a cada joven a adaptarse a una conducta específica requerida de él para integrarse en el grupo”. Es decir, la Psicología se puso al servicio del estado para erradicar el alma del individuo.

El alemán Adolf Meyer fue otro de los discípulos de Wundt y Kraepelin siendo quien fusionó la Psicología conductista con la Psiquiatría para fundar la Psicopatología. En 1902se fue a Nueva York donde trabajó en el hospital estatal de Psiquiatría transformando luego el instituto de Patología en el primer hospital psiquiátrico. Tras pasar cinco años en la Universidad de Cornell se convertiría en profesor de Psiquiatría de la ya citada Universidad John Hopkins fundando posteriormente junto a Stanley Hall la Asociación Americana de Psicopatología en la que se formaría a los psiquiatras militares y se desarrollarían los programas estatales de salud mental. ¿Y cómo fue posible? Pues porque para ello contaría con una valiosísima ayuda… ¡la de los Rockefeller!

LOS ROCKEFELLER

Resulta que la hija del magnate John Rockefeller, Bessie, se casó con el psicólogo Charles Strong, formado en Psicología en Alemania y con el que el patriarca tuvo una gran amistad. Por otra parte, la tercera hija del magnate, Edith, estudiaría el Psicoanálisis con Jung durante diez años en Suiza. Todo esto explica el interés de Rockefeller en este terreno y de hecho pronto empezó a financiar universidades; como la de Chicago (medio millón de dólares de la época) y la Universidad John Hopkins… que es donde nacerían los estudios reglados de Psiquiatría. Al punto de que cuando en 1910 la Universidad de Baltimore se destruye por un incendio es Rockefeller el que ayuda a reconstruirla. Y ya se sabe que quien pone el dinero dirige el camino…

Cabe añadir que ya en 1902 se había fundado el Rockefeller Institute para la investigación médica -más tarde llamado Universidad Rockefeller– siendo su primer presidente Simon Flexner quien había estudiado -¡cómo no!- en Alemania.

Y que seis años después las fundaciones Rockefeller y Carnegie se unirían para financiar un estudio sobre las academias de Medicina de Canadá y Estados Unidos que se encargaría al hermano de Flexner –Abraham– con el objetivo de seleccionar entre las 155 investigadas las más aptas para recibir sus ingentes cantidades de dinero. Pues bien, el estudio de Flexner recomendó que 35 se cerraran o se fusionaran con otras. Y la razón es que en ellas se enseñaba Osteopatía, Homeopatía, Quiropráctica… En su informe éste argumentaría: “Todas ellas están llenas de charlatanes cuyos anuncios están llenos de exageraciones pretenciosas y mercenarios no cualificados. Los fiscales y el Gran Jurado son las agencias ideales para lidiar con ellos”. La causa real de esa discriminación que dejaría fuera de la Universidad y de la práctica clínica a la llamada medicina natural es que ésta entiende al ser humano de manera integral, como un ser con alma y libre albedrío y eso chocaba con sus intereses y la idea a imponer de que los hombres funcionan a base de estímulos-respuestas y, por tanto, son manipulables mediante informaciones dirigidas, drogas, condicionamiento mental, etc.

En suma, se pondrían las bases de la Medicina actual. Entre otras cosas, exigiendo a las escuelas médicas que cumplieran determinados estándares como el de incluir laboratorios de Química y Patología o tener que pasar los aspirantes unos exámenes estatales para practicarla. Teniendo que estar todas ellas convenientemente acreditadas para aceptar estudiantes y recibir fondos. Fue en suma Rockefeller, un magnate de la industria petroquímica, quien decidió qué tipo de Medicina se podía estudiar y llevar a cabo a partir de ese momento. Por supuesto, el sello lo pondrían los acólitos de las fundaciones Rockefeller y Carnegie. Así se crearía así el actual monopolio de la Medicina basada en la química”.

EL INSTITUTO TAVISTOCK Y EL CONTROL MENTAL

Pocos años después -en 1920- se crearía en Londres la mítica Clínica Tavistock para proporcionar asistencia médica a las personas sin recursos; y ya en la década de los años 30 recibió fondos de Rockefeller. Un centro que antes, durante y después de la II Guerra Mundial estaría dirigida por el doctor John Rees quien, decidido a estar a la vanguardia de la investigación psiquiátrica de guerra, organizaría el primer congreso de especialistas de salud mental de Europa, Canadá y Estados Unidos con el objetivo de expandir su campo de acción desde lo puramente patológico a la medicina preventiva y los programas sociales; sobre todo en lo que afecta a niños, muy en la línea de lo expuesto anteriormente en Alemania. Pero como no tenían cura para ninguna enfermedad -su único “éxito” fue destruir células cerebrales mediante descargas eléctricas- decidieron que la prevención les daría la posibilidad de llegar a todo tipo de público. La conferencia de 1929 articuló los planes para las medidas preventivas.

Desde entonces la educación sexual se promovería bajo estas premisas: “El principal problema que tenemos es traducir el conocimiento sexual actual a cómo afecta en el desarrollo de la vida sexual del individuo y convertirlo en enseñanza popular”. El zoólogo Alfred Kinsey fue uno de los que recibió fondos de la Fundación Rockefeller para lograr equiparar la conducta sexual humana con la animal siguiendo las teorías freudianas de que todos los problemas psíquicos están relacionados con la represión sexual. Influido por Wundt y los conductistas, Kinsey aplicó los métodos de la Etología (psicología animal) para encontrar las bases de los impulsos sexuales pero llegó más lejos al inventarse la existencia de un tanto por ciento fijo de homosexuales seleccionando una muestra distorsionada de encuestados en la que primaban los presos por delitos sexuales. De ahí nacería la mítica cifra del 10% de homosexuales que, si recordamos, es el mismo porcentaje que los propuestos como “psicópatas” (parece que en la élite tienen una obsesión por el diezmo, seguramente por causas religiosas).

PSICOPOLÍTICA

Gracias al papel del Instituto Tavistock en la II Guerra Mundial la Psiquiatría tendría mucha influencia en el campo militar. El responsable de ello fue Bill Donovan, jefe de las OSS -el servicio de inteligencia norteamericano durante la II Guerra Mundial y preludio de la CIA-, quien estudiaría técnicas de guerra psicológica en el Instituto Tavistock. Lo mismo que Adolf Hitler, en aquel entonces un oscuro cabo que recibió entrenamiento en oratoria y liderazgo en ese mismo instituto. Donovan colaboró asimismo en la experimentación con drogas e hipnosis con Overholser, jefe de Psiquiatría del ejército estadounidense. Colaboración que cristalizaría en el infame Programa de Control Mental MK Ultra, dirigido por psiquiatras y biofísicos alemanes emigrados a Estados Unidos tras la II Guerra Mundial. Cabe añadir que los hermanos Dulles -que participarían en la creación de la CIA- también colaboraron con los nazis en esos proyectos a través del complejo químico alemán I.G. Farben.

También los clubes Cosmo y Century agruparon a muchos de los más renombrados psiquiatras de mediados del siglo XX y ayudaron a los psiquiatras alemanes a escapar de los juicios de Nüremberg a través de la ya citada Operación Paperclip mediante la cual se importaron centenares de “talentos” nazis a Estados Unidos. De hecho las técnicas de tortura empleadas en la II Guerra Mundial –que son las que se usaron recientemente en la prisión de Guantánamo y en la cárcel iraquí de Abu Ghraib- fueron obra de esos psiquiatras que durante décadas estudiaron cómo condicionar la mente de las personas hasta convertirlas en seres capaces de hacer cualquier cosa; incluso hacerse terroristas, asesinos en serie o suicidas. Pero su influencia llega más lejos: la llamada instrucción militar no es sino un método de programación mental que tiene como objetivo fabricar seres humanos carentes de emociones que acepten las órdenes de matar a otras personas sin que su conciencia se lo impida. A fin de cuentas se basa en lo que los psicólogos conductistas y psiquiatras idearon hace décadas: la respuesta condicionada a un estímulo por medio de la coacción al sujeto.

En suma, la relación entre los psiquiatras y los políticos ha sido constante desde que Hitler fuera formado en el Instituto Tavistock de Londres (Inglaterra). El ex Presidente norteamericano Franklin Delano Roosvelt, por ejemplo, sufría de fatiga y falta de apetito por lo que tuvo siempre cerca a un psiquiatra que le trató durante años: Francis Braceland.Lo mismo que el ex Presidente John F. Kennedy quien estuvo en las manos de Max Jacobson, psiquiatra que también trató a su hermano Robert y a otras estrellas mediáticas como Elisabeth Taylor, Andy Warhol, Anthony Quinn, Truman Capote y Tennessesse Williams. Según el investigador Ronald Siegel ese psiquiatra tenía siempre a mano una jeringuilla de metanfentamina preparada para Kennedy lo que explicaría la adicción al sexo del conocido político. Y parecida relación tenía Richard Nixon con su médico particular, un doctor llamado Arnold Hutschneker especializado en Psicoterapia. En un artículo publicado en 1952 el Washington Post aseguraba que el médico tenía siempre preparadas varias pastillas para él. Y como quiera que Nixon recurría a él a menudo parece obvio que su poder como “consejero” fue notable. De hecho en 1970 Hutschneker escribiría un memorándum dirigido a la Casa Blanca en el que abogaba por realizar test psicológicos masivos a niños de entre 6 y 8 años para “prevenir las reacciones de niños violentos o con tendencias homicidas”; documento que Nixon reenviaría al Departamento de Salud y Educación que, tras analizarlo, se desestimaría. El psiquiatra insistiría entonces alegando que llevaba la aprobación del presidente de la nación… sin éxito. En 1971 Hutschneker presentó entonces otro “proyecto educativo” que tenía como pautas “estimular el juego en los niños, libres de criticismos y sin juicios, para que puedan actuar de acuerdo a sus impulsos, sentimientos, pensamientos, miedos y cabreos bajo la idea básica de que ellos mismos y no sus profesores serán sus propios terapeutas”. La idea era reemplazar los conceptos de “bueno” y “malo” en la educación por el de “adaptación al medio” preconizado por los psicoterapeutas. En realidad estos juegos aparentemente inocentes eran pruebas para catalogar a los niños y saber cómo reeducarlos. Afortunadamente el plan de Huschneker no se llevó a cabo debido al Watergate que sacó del poder a su mentor, Richard Nixon, lo que provocó una gran desestabilización de su personalidad.  La persona que escribía los discursos de Nixon, Benjamin Stein, recuerda haber visto al citado médico con jeringuillas y tranquilizantes en la habitación de al lado del presidente y confesarle que eran para él. En su libro Los días finales Woodward y Bernstein -los periodistas que destaparon el caso Watergate– cuentan que Nixon caminaba por los pasillos de la Casa Blanca todas las noches ¡hablando con los cuadros de los presidentes que se encontraba! ¿Será casualidad que Hutschnecker introdujera en su libro Esperanza el concepto de Psicopolítica en un intento de promocionar la psicoterapia en el ámbito de los líderes políticos? Y es que la idea era que los psiquiatras reemplazaran a los sacerdotes como “asesores espirituales” de los políticos. Ladina estrategia para influir en ellos e intentar controlarlos.

Se sabe que el ex Presidente George Bush –padre- era ya en 1992 adicto a Halción, una droga que produce paranoia, alucinaciones e hiperexcitabilidad (lo que explicaría sus continuos fallos en el lenguaje). Y se piensa que la razón de que su hijo George, también presidente, perdiera varias veces durante su mandato los papeles en comparecencias públicas,  podría estar en el exceso de medicamentos para la psique. A fin de cuentas la euforia de los políticos durante los mítines de las campañas electorales se debe a menudo a las drogas que consumen. Lo avala la propia literatura científica psicopolítica.

En 1955 el Instituto Norteamericano para la Salud Mental propuso que los psiquiatras se introdujesen en las escuelas. Y en 1963 Kennedy firmó la Ley de los centros de salud mental que obligaba a los profesores a formarse en Higiene Mental para “detectar los problemas emocionales de los niños y ayudar a los padres a superar el miedo de buscar ayuda para ellos”. Diez años después el psiquiatra Chester M. Pierce afirmaría en un congreso sobre educación infantil. “Todos los niños norteamericanos que comienzan su escolarización a los cinco años están mentalmente  enfermos porque llegan a la escuela teniendo lazos con sus padres, con sus gobernantes, con los padres de la patria, creyendo en la existencia de un Creador (…) Es vuestra labor convertir a esos niños enfermos en niños del futuro”. Sin comentarios. Ahí empezó además probablemente la usurpación por parte del estado del papel de educador de los niños que corresponde a los padres.

Para los psicoterapeutas la fase del desarrollo de la personalidad tiene que ver con las pautas de comportamiento que no se ajustan a las normas de la sociedad, del entorno. Ya en una conferencia sobre Higiene Mental organizada por el Instituto Tavistock en 1929 se propuso formalmente que los tribunales de menores se convirtieran“en laboratorios de diagnosis y prevención del crimen”. La idea era que los psiquiatras participaran en los juicios como peritos y fuera la gente del Instituto Tavistock quien guiara los departamentos de infancia de las clínicas psiquiátricas.

Fue en todo caso el Caso Durham el que en 1954 cambió la relación de la Psiquiatría con la Justicia; cuando el juez David Bazelon dictó una sentencia en el distrito de Columbia aceptando la “exculpación por locura”. Con lo que partir de entonces numerosos delincuentes y criminales pasarían a ser exculpados de sus actos alegando sus abogados “locura temporal”, hoy rebautizada como “enajenación mental transitoria”. Una condición que pasarían a determinar ¡los psiquiatras! que verían así aumentar su poder e influencia. Se favorecería así la absurda psiquiatrización de la sociedad al crearse la Psiquiatría Forense. No es casualidad que desde entonces los violadores y psicópatas dejados en libertad por los psiquiatras hayan ido continuamente en aumento en todo el mundo sobre la base de que ¡no son responsables de sus actos! Bueno, pues sepa el lector que según la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos en España el 78% de los llamados asesinos por violencia de género ¡estaban en tratamiento psiquiátrico! ¡Y la mitad de las 3.000 personas que cada año se suicidan!

El psiquiatra Alfred K. Baur lo reconoce sin ambages: “El término locura se usa hoy como sinónimo de irresponsabilidad criminal. El concepto de responsabilidad tiene sus raíces en la religión, la moralidad y la cultura. Estoy de acuerdo con Roche cuando dice que ‘Ninguna psicopatología puede calibrar la responsabilidad moral; la responsabilidad moral no es un fenómeno medible de acuerdo a criterios objetivos sino meramente un símbolo que media la actitud de un grupo sobre una conducta desviada”. Y añade: “Otra gran dificultad en la determinación de la irresponsabilidad criminal reside en el campo de la Psiquiatría en sí mismo. Los psiquiatras tienen una tendencia a dar nombres a los conceptos y luego lidiar con ellos como si fueran cosas. Y esto es verdad en la mayor parte de las categorías diagnósticas. Términos como psicosis, psiconeurosis y sociópata son esencialmente indefinibles y, si se definen, las definiciones no serán generalmente aceptadas por la simple razón de que no existen”. Como vemos, la propia locura de los loqueros ha llegado muy lejos: hasta acabar con los fundamentos mismos del ser humano.

LA PSIQUIATRÍA SE INFILTRA EN LA RELIGIÓN

El ya citado John Rees -fundador del Instituto Tavistock– llego a afirmar con total descaro en un artículo titulado Plan estratégico para la salud mental lo siguiente: “Si vamos a infiltrarnos en las profesiones y actividades sociales de otros sectores creo que debemos imitar a los totalitarios y organizar algo así como quintacolumnas”. Añadiendo: “Hemos atacado un gran número de profesiones. Las dos más fáciles han sido los profesores y la iglesia, los más difíciles los jueces y los médicos. Dejemos de hablar de higiene mental y hagámoslo de salud mental. Y hagámonos quintacolumnistas”. Obviamente para dinamitar la espiritualidad y asimilarla a la locura lo primero que tuvieron que hacer fue cargarse a Jesucristo. Burlándose de él. El psiquiatra William Hirsch, por ejemplo, llegaría a decir:“Cristo tenía todos los rasgos de un perfecto paranoico”. Y se quedó tan ancho. A continuación los psiquiatras decidieron modificar sin más los conceptos del bien y del mal. De ello se encargaría el psiquiatra Brock Chisholm –por supuesto del Instituto Tavistock- quien propuso sustituirlo el de bien por el de “capacidad natural para disfrutar de la satisfacción de urgencias naturales”. Es decir, que lo saludable y normal es no pensar en lo que se hace ni en las consecuencias sino en dejarse llevar por los impulsos más básicos; satisfaciendo sin restricciones la violencia, el placer sexual, el poder…  Y es que liberados los seres humanos de ataduras morales los psiquiatras se veían como las personas que gobernarían la especie humana. Estas declaraciones de Chisholm así lo delatan: “La Psiquiatría debe decidir ahora el futuro inmediato de la especie humana. Nadie más puede. Ésa es la primera responsabilidad de la Psiquiatría”.

Y es que estaban convencidos de que tras infiltrarse en la enseñanza y en los poderes político, judicial y religioso nadie podría enfrentarse a sus designios. No se olvide que la Psiquiatría empezó a infiltrarse en las iglesias a través de organizaciones como la Sociedad para la psicología pastoral y médica en la que los conceptos arriba descritos se fueron introduciendo. Claro que ya en 1947 el Grupo para el progreso de la Psiquiatría convenció a la audiencia religiosa reunida en un seminario de que los objetivos de la Psiquiatría y los de la Religión eran ¡los mismos! La clave estuvo en dar más importancia a la sociedad que al individuo: “Los métodos de la Psiquiatría ayudan a los pacientes a conseguir salud en sus vidas emocionales para que puedan vivir en armonía con la sociedad y con sus estándares”. Añadiendo: “Desde hace siglos la Religión y la Medicina están relacionadas. Y la Psiquiatría, como rama de la Medicina, ha estado tan relacionada con la Religión que a veces han resultado inseparables. Mientras ha ido progresando han asumido diferentes roles pero continúan compartiendo su deseo de mejorar al ser humano”.

Fue así cómo desde los años 50 del pasado siglo XX la Psiquiatría fue usurpando roles a la Religión. Al punto de que en 1954 se creó la Academia de la Religión y la Salud Mental que incluía a sacerdotes -de diferentes religiones-, psiquiatras y psicólogos. William Colson, uno de los psicólogos que se infiltraron, confesaría en 1993 que sus acciones adoctrinadoras provocaron el cierre de numerosos conventos de monjas y monasterios franciscanos; asegurando luego: “Provocamos una epidemia de perversiones sexuales entre el clero y los terapeutas”.

Finalizamos recordando que uno de los principales objetivos de la Psiquiatría es destruir el concepto de alma. El psicólogo Paul Pruyser, director del Departamento de la Fundación Menninger, lo reconocería diciendo: “La palabra ‘alma’ ha perdido su significado. Los hombres y los animales se pueden ya ver como una continuidad, más que como dos categorías de seres distintas. La fe, el amor y la esperanza yo no se verán más como virtudes sino como procesos empíricos en carne y sangre”.

Rafael Palacios

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152
Septiembre 2012
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