¿Realmente son las bacterias y virus responsables de la mayoría de las enfermedades?

El biólogo español Máximo Sandín ve la Naturaleza como un conjunto de sistemas complejos integrados y en equilibrio -y no en permanente competencia- considerando absurda la tesis de que las bacterias y los virus son responsables de la mayoría de las enfermedades. Antes bien, entiende que son agentes imprescindibles en los procesos vitales y su posible actividad patógena -minoritaria respecto a su número total- está más bien relacionada con la transferencia de genes en respuesta a las agresiones externas. Por lo que se plantea además si la introducción artificial en el organismo de microbios atenuados -o trozos de ellos- a través de vacunas no distorsionará los mecanismos naturales de equilibrio con el entorno.

Máximo Sandín -miembro del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid y profesor de Evolución Humana y Ecología Humana- es una de las escasas voces críticas con la visión darwinista dominante, no sólo en la Biología actual sino en buena parte del tejido social, incluida la Medicina. Ylo que diferencia a este bioantropólogo español de la mayoría de sus colegas es que rechaza la tesis de la corriente dominante en Biología según la cual la naturaleza se caracteriza por la competencia. El prefiere hablar de la necesidad de equilibrio; en lugar de apostar por la supervivencia del más fuerte lo hace por la colaboración inteligente con la Naturaleza y en contra de la visión simplista del enemigo invisible –virus, bacterias, hongos…- habla de los microbios como de auténticos “pilares de la vida” aunque capaces de llevarnos a la autodestrucción si seguimos con la absurda idea de combatirlos a toda costa porque los más recientes conocimientos sobre los mecanismos víricos de transferencia de información genética y los descubrimientos de secuencias de origen viral en los genomas animales y vegetales indican claramente que los virus han jugado -y juegan- un papel crucial en la evolución como fuente de variación genética junto a las bacterias y sus paquetes complejos de información (invitamos a quien quiera profundizar en sus planteamientos a visitar su web: www.uam.es/maximo.sandin).

Ahora que se han hecho descubrimientos que tiran por tierra (todavía más) las suposiciones en que se fundamenta toda la base teórica de la Biología y, como consecuencia, todos los conceptos e interpretaciones derivados de ella (toda una visión de la naturaleza) –manifiesta Sandín en Carta a Nereida, un texto dedicado a sus estudiantes- los jerifaltes de la Biología se encrespan cuando a algún espíritu inocente se le ocurre decir que si la base es errónea lo razonable es intentar elaborar otra basada en los nuevos datos. ¿No parece ésta una actitud más propia de una secta que de verdaderos científicos? (…) Lo que nos debe preocupar es el montaje darwinista porque es el que dirige y controla la docencia y, sobre todo, la investigación, y el que impone su visión ‘científica’ de la vida y de la sociedad, la que ha llevado al mundo a la situación actual”.

EL DARWINISMO: ¿CIENCIA O RELIGIÓN? 

-Usted ha escrito: “La evolución no es evolución”. ¿Por qué sostiene que todo el paradigma biológico creado en torno a la selección natural, es decir, a la teoría de la Evolución de Darwin -epicentro hoy del mundo no sólo natural sino social- carece de base científica?

-Cuando empecé a interesarme por la Teoría de la Evolución trabajaba en temas de salud pública, de ecología humana. Y pronto me di cuenta de que había muchas verdades socialmente aceptadas que no se sostenían, que se trataba de explicaciones superficiales sin base científica alguna. Al principio pensé que el darwinismo era sencillamente una teoría científica anticuada superada por los datos posteriormente conocidos pero cuando publiqué en un libro –Lamarck y los mensajeros– una recopilación de los mismos relacionados con la Evolución que ponían en entredicho el darwinismo y planteé el esquema de un nuevo modelo evolutivo recibí una respuesta bastante irascible, muy emocional. Entonces me pregunté por qué en una ciencia como la Biología había semejante veneración por Charles Darwin y la convicción absoluta de que lo había explicado todo. Así que fui a la fuente, leí los libros de Darwin y me quedé boquiabierto. ¡Son auténticos engendros! Fue entonces cuando entré en contacto con Andrés Galera, historiador de la Ciencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), quien me dió información sobre un número notable de autores que ya en los siglos XVIII y XIX habían estudiado científicamente la evolución y habían obtenido resultados muy interesantes que contradecían la visión darwinista lo que me llevó a preguntarme por qué se había elevado pues a Darwin a los altares. Fue cuando llegué a la conclusión de que el darwinismo no es sino un “apéndice científico” de la Teoríadel Libre Mercado. Surgió en los países anglosajones donde la concepción calvinista del mundo sostiene que el hombre es egoísta por naturaleza y que el egoísmo individual lleva al bien general –Adam Smith en estado puro- y que los más aptos, los más elevados y bendecidos por la naturaleza, son los que tienen “derecho biológico a ser caudillos y dirigentes” como decía Francis Galton, primo por cierto de Darwin y fundador de la Eugenesia. Así que hoy –y siento mucho parecer radical- he llegado a la conclusión de que el darwinismo fue desde el principio una especie de montaje llevado a cabo por gente influyente como Huxley o Hoocker, científicos prestigiosos y con mucho poder político en Gran Bretaña, porque se adecuaba a sus propias creencias. Porque lo cierto es que se silenciaron las voces de los científicos evolucionistas discrepantes y se estableció el darwinismo que no es más que una forma de ver la vida muy conveniente para las clases que dominan el mundo. Porque eso de que la vida es competencia y de que los más aptos están llamados a dominar les viene muy bien a los dominadores.

-Sin embargo el darwinismo, al plantear tantas excepciones e invocaciones al azar, lo que ha logrado es más bien apoyar el Creacionismo, la idea de que hay un Dios creador del que emana todo.

-El auge del Creacionismo se debe a que los creacionistas, que no son tontos, han sacado a relucir los puntos débiles del darwinismo que son, en efecto, muchísimos. A fin de cuentas los darwinistas no tienen explicaciones racionales para lo que afirman y por eso se limitan apoyar el dogma –porque eso es lo que es- de que la selección natural lo explica todo. Con lo que han conseguido que el Creacionismo gane hoy cada vez más adeptos, sobre todo en Estados Unidos. Pero al mismo tiempo esta reacción le sirve a los darwinistas para reafirmarse en que ellos sostienen una postura científica frente al Creacionismo que tiene mera fundamentación religiosa. La verdad es que el darwinismo surgió en un momento concreto en Inglaterra que lo condicionó todo. En aquella época estaba en marcha una revolución de la burguesía inglesa con el trasfondo de la revolución industrial. Se pedía el acceso de las clases medias al poder en una Inglaterra dominada por la nobleza y los grandes terratenientes y la jerarquía eclesiástica que, por puro interés, defendía el estatus tradicional socioeconómico. Así que la nueva burguesía inglesa se rebeló contra la Iglesia y la posibilidad de presentar la selección natural como explicación materialista de la naturaleza les permitió eliminar la necesidad de Dios. En pocas palabras, la teoría de Darwin se utilizó como contra-dogma para debilitar a la Iglesia y fue por ello ampliamente apoyada. Y el darwinismo se convirtió ¡en otro dogma!

Los científicos sabemos hoy que la ciencia actual no tiene explicaciones para todo y sin embargo el darwinismo pretende que sí, asevera que puede explicarlo todo. Se ha convertido pues en una especie de nueva religión con la que se quiere explicar la realidad de la vida, de la Naturaleza, de los seres humanos… Y es ese carácter de religión del darwinismo lo que hace tan difícil luchar contra él.

Pero hay que hacerlo. Debemos dejar ya de inventarnos teorías y partir de los datos reales que tenemos. Y éstos nos dicen que la vida se inició en la Tierra ¡por agregación de bacterias y la aportación de secuencias procedentes de virus! Y no en una bacteria que con ello adquiriese una “ventaja” sino en muchas a la vez. Es un proceso derivado de las características de las bacterias y los virus.

El darwinismo carece de datos suficientes para justificar la teoría de la Evolución. Nunca lo ha hecho. Los procesos pasados, simplemente, los inventa. Sin necesidad de basarse en datos reales. ¡Como según ellos la evolución es al azar…! Y sin embargo se utiliza para justificar la vida actual, que en la sociedad prime la competencia, que los hombres vivan en despiadada lucha unos contra otros porque se considera “natural” que el más fuerte se imponga, que se acepte el determinismo genético y tengamos una visión tan reduccionista del hombre, la sociedad y la naturaleza.
Hay que acabar con este paradigma, hay que replantearse las cosas con seriedad y volver a una visión más global de la naturaleza, de la vida y de nosotros mismos. Y hay que basarse en los conocimientos científicos reales y constatados, no en teorías interesadas sin base alguna.

VIRUS Y BACTERIAS, ¿AMIGOS O ENEMIGOS?  

-En suma, que para usted la concepción darwinista que muestra la naturaleza como un campo de batalla plagado de competidores a los que hay que eliminar es falsa. Concepción que en el ámbito de la salud se tradujo por ejemplo en considerar las bacterias y los virus como microorganismos enemigos del ser humano y causantes de casi todas sus enfermedades…

-En efecto. Y se trata de una visión distorsionada producto de no querer saber nada de los conocimientos que la ciencia nos está proporcionando a toda velocidad a diario en las últimas décadas. Actualmente tenemos por ejemplo datos concretos que indican que la célula eucariota, nuestra célula, es un agregado de bacterias y constituye un sistema complejo en cuya formación han intervenido virus ya que hay características de los cromosomas eucariotas que no son propios de las bacterias. Me refiero a los cromosomas lineales, a los telómeros, que son de origen viral, a la separación de la transcripción de la traslación. Y utilizo la expresión sistema complejo porque es evidente que los fenómenos de la vida son muy complejos y desde su mismo origen se produjeron por adicción de paquetes completos de información, de genes y proteínas (muchas de éstas también de origen viral).

Mire, en el organismo humano hay ¡diez veces más bacterias que células! Sólo en el tracto digestivo hay ¡diez millones de tipos de bacterias diferentes! que activan fenómenos fundamentales de síntesis de vitaminas, de asimilación de sustancias que no podemos digerir… y muchos otros. En definitiva, son esenciales. En la piel tenemos ecosistemas bacterianos que son diferentes según la zona sea seca, húmeda o sebácea. En una gota de mar hay un millón de bacterias y en un gramo de tierra cuatro millones. Bueno, pues hay ¡entre 5 y 25 veces más virus que bacterias! Vivimos en suma inmersos en un mar de bacterias y virus que, insisto, son esenciales para el funcionamiento de la vida. Poca gente conoce que los virus que existen en el mar en cifras astronómicas controlan la base de la pirámide trófica, son un reservorio de información genética, intervienen en procesos biogeoquímicos entre los que está la contribución a la nucleación de las nubes, que el genoma de los seres vivos está formado por una suma de genes bacterianos y genes virales. Y menos aún sabe que cuando se secuenció el genoma humano lo que en realidad se secuenció fue sólo la parte codificante de las proteínas y eso es sólo el 1’5% del genoma en el que se han identificado cientos de secuencias de origen bacteriano y miles de elementos móviles y retrovirus endógenos enteros y fragmentarios. El resto, el otro 98,5%, son elementos móviles, virus endógenos, exones, secuencias repetidas… todo de origen viral. Y todo ello lleva a una singular conclusión: ¡son los virus y las bacterias los arquitectos de la vida!

-Luego la creencia general de que las bacterias y los virus son casi siempre enemigos invisibles que afectan a nuestra salud no se sostiene…

-Es una creencia superada por los datos reales. Cuando a través de los microscopios se analizaron distintos tejidos enfermos se descubrió que en ellos había virus y bacterias e inmediatamente se les asoció con el problema. Es decir, se les consideró responsables de esas enfermedades, lo que es cierto sólo en determinadas condiciones de desequilibrio. Lo que ha conducido a que se quedaran con el sambenito de bacterias y virus “patógenos”. Sin duda a causa de la visión que inculcó en la sociedad el darwinismo que ve la naturaleza como un conjunto de seres vivos en permanente lucha de unos contra otros, y de enemigos a los que hay combatir. Y sin embargo los conocimientos científicos más actuales demuestran que las bacterias y los virus conviven armoniosamente en todas partes, incluyendo nuestros propios organismos. Y que sólo de manera excepcional se vuelven patógenos: cuando alguna causa externa desestabiliza su funcionamiento normal. Es el caso de la introducción en el cuerpo de sustancias tóxicas, la alteración celular debido a radiaciones electromagnéticas, el déficit de determinados nutrientes… activa virus endógenos que se expresan en distintos tejidos y órganos.

Mire, teniendo en cuenta que se calcula que hay en la Tierra 5 x 1030bacterias -diez mil millones de veces el número calculado de estrellas en el universo- y el número de virus es entre 5 y 25 veces superior, si las bacterias y virus fueran patógenos no duraríamos ni un segundo. Es absurdo. Los médicos y los biólogos ya deberían haber entendido que es imposible que en general sean patógenos. Solo las bacterias, cuando algo las desestabiliza, intercambian lo que se llaman islotes de patogenicidad, trasposones que las convierten en patógenas. Pero eso sucede siempre que se trata de una agresión externa; lo que hacen entonces las bacterias es simplemente defenderse. El sistema inmunitario no es un sistema de defensa sino de equilibrio. Elimina lo que no debiera estar ahí, incluidas las células tumorales.

-Luego la anunciada pandemia de gripe A por la OMS…

-…es un montaje. El virus de la gripe A -puede sonar un poco duro pero a la vista de los datos estoy convencido de ello- es un virus fabricado en laboratorio con secuencias procedentes de la gripe del 1918 obtenidas de un soldado muerto en Alaska -como publicó Science– y virus de cerdos y aves. Y semejante recombinación en la naturaleza no se produce de forma natural. Hay científicos muy serios que señalan que su expansión tiene que deberse a una fuga por error de algún laboratorio ¡o a una acción premeditada! Si es éste el caso no les ha salido tan patógeno como esperaban.

EL HOMBRE, CAUSA DE LA PATOGENICIDAD DE LOS VIRUS 

-Entonces cuando en una patología los médicos encuentran un rastro viral quizás debieran pensar más en ellos como consecuencia que como causa…

-Sí, si tenemos en cuenta que según los datos experimentales que están apareciendo el 10% del genoma se trata de virus endógenos completos cuyas secuencias se expresan -forman parte de la información genética- en distintos órganos. Cuando hay una agresión ambiental sobre un órgano concreto éste se desestabiliza y su respuesta puede llegar acompañada de la emisión de partículas virales. Hay un estudio sobre el cáncer de mama en el que se han observado partículas retrovirales emitidas por el tumor que son de tipo endógeno. Se dice que los virus son responsables del 20% de los cánceres pero lo que en realidad puede estar sucediendo es que los órganos afectados emitan partículas virales por el desequilibrio exógeno provocado en su ADN. Es posible que los oncogenes sean en realidad secuencias de origen viral cuya función sea actuar sobre la diferenciación y proliferación de un tejido celular concreto (hay datos sobre una gran actividad de virus endógenos en tejidos embrionarios), que se activen como consecuencia de una respuesta a una agresión medioambiental. Las secuencias virales controlan el desarrollo embrionario y cuando se altera un tejido el resultado puede ser la producción de partículas virales.

Cuestión diferente son los denominados virus “emergentes” a los que se presenta como peligrosos microorganismos agazapados a la espera de una oportunidad para encontrar organismos donde expandirse cuando en realidad quizás sean virus malignizados por algún tipo de agresión o desequilibrio ambiental entre las que se pueden encontrar los experimentos científicos realizados con virus a los que se saca de su contexto, se aísla y manipula.

-En tal caso habría que invertir el planteamiento y considerar que de alguna forma somos nosotros, a través de las agresiones ambientales al equilibrio natural de la vida cuando no mediante acciones premeditadas y directas, los que convertimos en patógenos a los virus y bacterias…

-La concepción reduccionista que nos han inculcado es la que nos conduce muchas veces a ser los responsables de los problemas que les atribuimos a los microorganismos. Hay numerosas enfermedades que se consideran de origen genético y en realidad son de origen ambiental. La diabetes por ejemplo. Se apunta ya a la existencia de “genes de la diabetes” pero si está aumentando exponencialmente en los países desarrollados es porque existe algún motivo ambiental. Claro que al final pueden encontrarse secuencias dañadas pero no son la causa sino la consecuencia. Muchas otras patologías, como el Síndrome de Fatiga Crónica, la Esclerosis Lateral Amiotrófica y otras están producidas por la enorme cantidad de sustancias químicas a las que estamos expuestos como organofosforados y otras sustancias genotóxicas de uso muy común. Lógicamente al romperse las condiciones naturales se producen alteraciones genéticas que provocan enfermedades pero no son mutaciones al azar sino respuestas a agresiones ambientales previas. Lo que es patológica es la visión de la naturaleza que nos han inculcado. Con nuestra visión competitiva estamos desestabilizando componentes vitales que debieran mantenerse en equilibrio. No olvidemos que los virus y las bacterias tienen un componente positivo que es el de contribuir a la creación de la vida y al mantenimiento y equilibrio de los ecosistemas, aunque sea verdad que tienen un componente negativo: su capacidad para provocar patogenicidad cuando se les desestabiliza. De lo que se trata pues es de comprender que somos nosotros mismos lo que provocamos las alteraciones mediante la introducción en el organismo de multitud de sustancias químicas tóxicas con el agua, la alimentación, los productos de higiene, los fármacos, las radiaciones electromagnéticas e, incluso, el estrés emocional.

-Quizás entonces en nuestro afán de situarnos por encima de la naturaleza nos estamos convirtiendo en un peligro real para su equilibrio y como respuesta recibamos una reacción “terapéutica” de la propia naturaleza.

-Quizás suene a metáfora pero creo que está justificada por hechos concretos. A lo largo de la vida en la Tierra ha habido cambios bruscos de organizaciones complejas que yo llamo transformaciones pero también ha habido grandes extinciones selectivas a las que no se les encuentra un porqué y creo que seguramente -con toda probabilidad- en ellas habrán estado implicados los virus. El papel de éstos y de las bacterias es creador y destructor. Y si tenemos en cuenta su abundancia en todos los ecosistemas y organismos el empeño del hombre de luchar contra ellos es peligroso. Sus respuestas ante las agresiones exógenas que alteran su equilibrio -del que formamos parte- pueden ser inimaginables.

-¿Es también un error de planteamiento combatir las bacterias con antibióticos?

-Por el momento, y dada la situación a la que se ha llegado, no hay más remedio; pero hay que buscar rápidamente alternativas. Recientemente un artículo muy bien fundamentado publicado en Science se preguntaba precisamente eso: ¿Son los antibióticos realmente antibióticos? Los últimos estudios demuestran que los antibióticos no son armas sino moléculas que las propias bacterias acaban utilizando para su comunicación entre ellas, entre otras cosas para el control de su población. Claro está que cuando se utilizan en grandes cantidades son letales pero es preciso tener en cuenta que lo que sabemos de las bacterias se ha obtenido en cultivos en laboratorios, un medio donde su comportamiento es muy distinto a como se comportan en la realidad. Hay una enorme cantidad de datos en Biología, obtenidos en laboratorio mediante metodologías que no reproducen la realidad en la naturaleza. Hay mucho que repensar y mucho que rehacer en este tema. Los antibióticos se consideran un gran logro porque han evitado muchas muertes por infecciones pero hay que replantearse su utilización porque las bacterias intercambian información entre ellas -todas las bacterias en el mundo pueden en principio comunicarse entre ellas- y por eso se han hecho resistentes. Por lo que puede llegar un momento en el que podamos morir de una simple infección.

LA COMPETENCIA BIOLÓGICATAMBIÉNES NEGOCIO 

-Usted parte del hecho que en la naturaleza -y, por ende, en nuestros propios cuerpos- virus y bacterias conviven en equilibrio y no son pues peligrosos pero hoy, a comienzos del siglo XXI, a base de interactuar contra ellos, a base de agresiones medioambientales incontroladas, la concepción darwinista puede conseguir que su verdad sea la verdad.

-El origen histórico de las epidemias se produjo con la sedentarización. Cuando la gente empezó a vivir de forma sedentaria rodeada de animales domésticos, en condiciones deficientes, sin higiene, con agua en malas condiciones, sin alimentos suficientes y rodeados de ratas fue cuando empezaron a producirse las zoonosis, enfermedades que pueden transmitirse de los animales vertebrados a los seres humanos o viceversa. Fue un fenómeno por tanto resultado de la alteración de las condiciones naturales.

Mire, es la actual concepción darwinista que nos han inculcado la que está produciendo el actual estado de cosas. Y los grandes intereses económicos que hay detrás. Las empresas farmacéuticas y de biotecnología se basan en principios reduccionistas. Véase el caso de los genes: ahora nos intentan hacer creer que modificándolos pueden conseguirse automáticamente todo tipo de respuestas. Cuando la realidad es que la información genética depende de la interacción entre el ADN, el ARN, las proteínas y el ADN que denominan “basura” y que en realidad coordina la actividad de los genes. La idea de cambiar un gen por otro no funciona, está abocada al fracaso porque no se pueden controlar los resultados para el conjunto del organismo. .Pero hay grandes intereses comerciales implicados en estas actividades.

-¿Cómo se puede considerar que algo en el complejo sistema de la vida -y más en el ADN- es “basura”?

-Es el resultado de la forma de pensar que se plasmó en lo que me he permitido definir como la segunda gran catástrofe de la historia de la Biología: el libro de Richard Dawkins El gen egoísta. La primera catástrofe fue, evidentemente, El origen de las especies de Darwin.

Dawkins se inventó una teoría según la cual los genes son egoístas por naturaleza y tienden a competir con otros genes para reproducirse y expandirse. Y consideró los organismos como meras máquinas de supervivencia destinadas a reproducirse.Otra consecuencia de la forma de pensar del calvinismo, el libre mercado y el darwinismo. Pero lo cierto es que cuando hoy se habla del genoma en realidad se habla del 1’5% del mismo. El resto se consideró “basura”, algo sin interés. Así que cuando se compara nuestro genoma con el de ratones u otros animales en realidad sólo se compara una pequeñísima parte de ellos. Los genes son como sílabas, trozos que luego se combinan mediante un mecanismo que se llama splicing alternativo que está coordinado por la parte no codificante del genoma y que es la que responde al ambiente. La verdad es que el genoma real es la parte codificante de proteínas –unos 22.000 genes más o menos- más lo que llaman “ADN basura”, más información de proteínas, más información procedente de las mitocondrias más la influencia del ambiente. Es decir, el resultado de una gran cantidad de fenómenos que están en interacción. Evidentemente si falla algo puedes llegar a encontrar un gen modificado pero no está sólo en él la responsabilidad del error sino en una cadena compleja de información que probablemente empezó con una alteración medioambiental.

-Después de escucharle tengo la impresión de que la mayoría de los biólogos presumen ante la opinión pública menos preparada de saber más de lo que en realidad saben…

-Es una gran verdad. Es mucho más lo que desconocemos que lo que sabemos. Claro que cuantas más cosas aparecen más difícil resulta comprender lo que pasa. Por ejemplo, los que estudian el Proteoma afirman que es indescifrable y que esta organizado de una forma que en estos momentos no hay posibilidad de comprender. Estamos muy lejos de comprenderlo y mucho más de manipularlo. Ése es el problema: estamos manipulando las cosas sin comprender lo que está pasando. Y eso es muy peligroso.

-La revisión crítica que usted reclama, ¿cómo afectaría a la visión que la Medicina tiene de la salud y la enfermedad?

-Las actuales posibilidades de la tecnología aplicada al diagnóstico y la cirugía son tan evidentes como impresionantes pero en lo que se refiere a la curación de las enfermedades orgánicas el panorama es un desastre. Se tratan los síntomas en lugar de las enfermedades y con medicamentos que provocan efectos secundarios, a menudo peores que la enfermedad tratada. Y en el origen de este problema hay una doble causa. Por una parte, la concepción reduccionista de considerar y tratar los tejidos y órganos como partes individuales del organismo, derivada de la visión biológica convencional. Y por otra, los innegables intereses económicos que hay detrás de la industria farmacéutica. Pero todo esto es algo que ustedes llevan ya tiempo denunciando. En cuanto a las implicaciones de mi propuesta en Medicina tenga en cuenta que no soy experto en ello pero creo que nos llevaría a contemplar las patologías no como fenómenos a los que considerar normales, con los que convivir, ni inscritos en los genes, sino como el resultado de desestabilizaciones de las condiciones naturales, de algún tipo de agresión al organismo lo suficientemente grave para hacer que éste, a pesar de su capacidad de respuesta, reaccione patológicamente. También que el organismo es un todo, un sistema interconectado en su totalidad. No existe un hígado como algo individual. Un órgano no es nada, no sirve si no hay otros elementos mayores y menores que funcionan en interconexión permanente para formar un organismo, a su vez interconectado con otros organismos y con el ambiente.

EL FUTURO DE LA INVESTIGACIÓN 

-¿Cuál es futuro de los jóvenes biólogos a los que desde la universidad -y más ahora tras el Tratado de Bolonia– se les pretende encaminar directamente a la empresa con el señuelo del trabajo?

-Forma parte de la locura general que hay en el mundo. A veces me siento un poquito incómodo porque parece que soy un predicador de la catástrofe pero cuando estudias sin ideas preconcebidas los datos que la ciencia va descubriendo cada día se te ponen los pelos de punta ante lo que estamos haciendo. La tendencia actual de la universidad es acentuar aún más la causa de todo lo que está pasando a nivel global, un sistema económico demencial. Si el problema ya estaba en la compartimentación del conocimiento, en la especialización -hay gente que trabaja en genética de poblaciones y otros en genética molecular o del desarrollo, cuyos datos son completamente contradictorios-, éste se acentuará aún más con los nuevos planes y la investigación enfocada al rendimiento económico. La universidad acabará produciendo sólo una especie de técnicos de laboratorio para las empresas con el fin de elaborar productos que den dinero. Nos alejaremos cada vez más de la realidad y el peligro de un desastre biológico se acentuará.

Me entristece dejar las clases. Es verdad que me agota empezar cada año asustando a los nuevos alumnos, intentar desprogramarlos y ver las caras de asombro que ponen cuando empiezo a hablarles, cuando les leo a Darwin y oyen por primera vez lo que realmente pensaba. En algunos casos reaccionan ofendidos, como si atacase a una especie de profeta. Me resulta doloroso ver que chicos y chicas jóvenes actúen como fanáticos adoctrinados y se sientan atacados en sus convicciones. Pero a pesar de todo me da pena dejarlo porque al final de curso algunos chicos me agradecen que les haya imbuido algo de espíritu crítico (que es el verdadero espíritu científico). Aunque la verdad es que la gente que al final quiere mantener ese espíritu crítico no tiene futuro en la universidad: lo que les queda es tragarse lo que les cuenten y hacer lo que les manden. La tendencia es crear especialistas adecuados a las necesidades del mercado.

Máximo Sandín se despide de la universidad al final de este curso. Se acoge a una prejubilación, aunque en esta revista no podamos entender cómo alguien con las ideas tan claras y una mente tan lúcida, un espíritu crítico y en pleno apogeo de madurez se aparte de la docencia por desesperanza. Claro que otros muchos se alegrarán. Seguro. Así nos va.

Muchos sois tan brillantes –escribe Sandín en Carta a Nereidaque de algún modo, antes o después, cabría esperar que acabaseis investigando. Pero, ¿dónde con vuestras extrañas ideas de que hay que rehacer la Biología desde la base? (Por cierto, ¡cómo se cabrean los inquisidores con esta frase!). ¿En algún laboratorio que busca patentes? ¿En un departamento financiado por empresas? ¿Bajo la dirección de quién? ¿De algún “pope” del darwinismo? Supongo que si sois capaces de disimular lo que pensáis de verdad es posible que encontréis trabajo pero, ¿haciendo qué? Esto no va a cambiar, Nere. Si se tratase de un problema estrictamente científico sería lógico que hubiera un cambio radical en la interpretación, en la comprensión de los fenómenos biológicos, porque ya es evidente que la visión de la competencia, el azar, el egoísmo, el individualismo y el reduccionismo no se sostienen. Pero ya has visto que no se trata de un problema científico sino de dinero y de poder, y los que lo han acaparado no lo van a soltar hasta que llegue la “traca final” (ya sabes, la provocada por ellos)”.

Antonio F. Muro

Este reportaje aparece en
125
Marzo 2010
Ver número