¿Son los radicales libres los responsables de las enfermedades cardiovasculares?

¿Es el exceso de radicales libres en el organismo y no el de colesterol “malo” la principal causa de envejecimiento del ser humano y el detonante de muchas de las enfermedades degenerativas, especialmente las cardiovasculares? Así parecen confirmarlo, al menos, numerosos estudios.

Las estadísticas son rotundas: en España muere una persona cada 4 minutos por problemas cardiovasculares. Y si bien las cifras globaleshan descendido ligeramente respecto a la década anterior resulta, paradójicamente, que este problema está haciendo su aparición a edades cada vez más tempranas -entre los 25 y 34 años- habiéndose incrementado de manera alarmante su incidencia entre las mujeres.

Afortunadamente, la modificación de los hábitos nutricionales –con un aumento de la ingesta de verduras, frutas, aceite de oliva y pescado así como la disminución de las grasas animales, los dulces y los productos refinados o procesados-, la mejora en los hábitos de vida -descenso del consumo de tabaco y alcohol y aumento del ejercicio físico- así como la mayor frecuencia de prácticas preventivas -revisiones o chequeos médicos- ha permitido que disminuyan esas “cifras de infarto”. Sin embargo, sigue siendo insuficiente en algunos casos. Y es que aún existe un gran desconocimiento de los factores de riesgo que provocan tales dolencias, a lo que hay que añadir la existencia entre los expertos de creencias discutibles respecto a las causas que desencadenan esas patologías.

El Manual Merck -considerado por la medicina ortodoxa algo así como la “Biblia médica”- afirma en su capítulo sobre aterosclerosis que los principales factores de riesgo de esta patología son:

1) La hipertensión.
2) La elevación de los niveles de lípidos en suero o aumento de las lipoproteínas de baja densidad LDL y disminución de las de alta densidad HDL (es decir, el exceso en sangre de colesterol “malo” y una baja tasa del “bueno”).
3) El tabaquismo.
4) La diabetes mellitus; y
5) La obesidad.

Asimismo, para explicar la causa de la patología isquémico-degenerativa (degeneración orgánica por falta de riego sanguíneo), los científicos barajan aún dos hipótesis: la primera, que se debe al exceso en el organismo de colesterol malo; la segunda, que se debe a una lesión endotelial crónica.

La primera hipótesis postula, pues, que es principalmente la elevación de la tasa de colesterol malo lo que hace que las grasas o lípidos se depositen en la pared arterial provocando una saturación en las células musculares lisas y en los macrófagos, aumentando a la vez el colesterol bueno y el tamaño de las células musculares lisas. Todo lo cual conduciría a la disminución del calibre de las arterias dificultando el paso de la sangre.

La otra hipótesis es que la lesión del endotelio produce pérdidas celulares y, como consecuencia, se produce una migración de células musculares lisas desde la capa media hasta la íntima, lugar donde se multiplican, sintetizan tejido conjuntivo y forman finalmente una capa fibrosa –conocida como placa de ateroma- que obstruye parcialmente la arteria.

Resumiendo, los expertos se preguntan si la acumulación de esas placas que dificultan el paso de la sangre por las arterias –arterioesclerosis- se debe al exceso del colesterol malo en la sangre o si el colesterol que hay en las placas no será el resultado de un deterioro del tejido endotelial (el tejido que forma la pared interna de los vasos sanguíneos, linfáticos y del corazón).

Bien, pues tras la publicación y análisis de una serie de estudios realizados por el doctor Earl P. Benditt -de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington-, es cada vez mayor el número de científicos que se inclinan por la segunda hipótesis. Lo que implicaría que el colesterol no sería la causa de las enfermedades isquémico-degenerativas cardiovasculares.

Entre los científicos que así lo creen se encuentra el Dr. Kurt W. Donsbach, quien no duda en afirmar textualmente: “Los depósitos en las arterias que causan la enfermedad degenerativa del corazón no se forman como resultado del alto contenido de colesterol en la sangre; de hecho, ingerir en la alimentación más colesterol no aumenta su presencia en sangre”.

Por otra parte, si bien una dieta baja en colesterol reduce su presencia en sangre es mucho más efectiva una dieta baja en sodio y rica en potasio, como ya demostraron en un estudio magistral el eminente cardiólogo mexicano Demetrio Sodi Pallarés y su colega español José de la Hoz y Fabra titulado La dieta baja en colesterol versus la dieta baja en sodio y rica en potasio.

Ahora bien, si no es el colesterol la causa de la arteriosclerosis, ¿cuál es? Para el Dr. Kurt W. Donsbach no hay duda: “Creo, sinceramente, que los responsables son los radicales libres que penetran en la célula y alteran su patrón de DNA en el núcleo abriendo así el camino para que tenga lugar la mutación y multiplicación en las células que forman la capa muscular de las arterias”.

Es decir, Donsbach da la razón casi 40 años después al Dr. Denham Harman -al menos, parcialmente- ya que éste postuló entonces que el envejecimiento -y, por ende, casi todos los procesos degenerativos del ser humano- dependen en buena medida de la acción de los radicales libres. Una teoría que resumió entonces con la siguiente expresión:“Un único proceso común, modificable por factores ambientales y genéticos, es responsable del envejecimiento y muerte en los seres vivos. El agente causal, las reacciones de los radicales libres”. Una afirmación que, si bien sería corroborada con investigaciones parciales posteriores por otros muchos investigadores cuya simple relación se haría interminable, provocó un rechazo inicial absoluto del estamento científico de la época. Veinticinco años después de sus afirmaciones, todavía eran mayoría los químicos que seguían rechazando siquiera como posibilidad que los radicales libres pudieran producir las alteraciones que decía Harman. Hoy, ese hecho es una cuestión ampliamente aceptada. Hasta el punto de hay investigadores como el doctor Harry Demopoulos que no dudan en hacer afirmaciones tan rotundas como ésta: “Se trata de un avance en Medicina comparable en importancia a la teoría de los gérmenes de Pasteur”.

En suma, son cada vez más los expertos e investigadores que entienden que enfermedades como el mal de Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica, la ataxia cerebelosa o la epilepsia pueden tener su origen en el exceso de radicales libres. Exceso, por cierto, que puede deberse a la falta de oxígeno por déficit de riego sanguíneo.

En definitiva, los expertos piensan que al menos el 80% de todas las enfermedades degenerativas están relacionadas con los efectos de los radicales libres.

LOS RADICALES LIBRES 

¿Y qué son los radicales libres?, se preguntará el lector. Pues son moléculas que contienen uno o más electrones desparejados y que cumplen importantes funciones fisiológicas en el organismo (ver recuadro adjunto). El problema es que a veces se alteran y entonces dañan –o matan- algunas células -al oxidarlas-, alterando el equilibrio de los ácidos grasos poliinsaturados de las membranas celulares, las proteínas, el ácido desoxirribonucleico (DNA) y los carbohidratos.

Intentaré explicarlo: cuando un radical libre “roba” o “cede” un electrón a un átomo de una molécula para conseguir su propia estabilidad provoca que “su víctima” se desestabilice y se convierta en un nuevo radical libre que actuará de manera similar; y así sucesivamente, produciendo reacciones en “efecto cascada” o “dominó”. Reacción que continuará mientras los radicales libres no sean eliminados. ¿Y cómo? Pues mediante lo que  se conoce como sistemas antioxidantes.

En suma, cada vez parece más claro que el exceso de radicales libres en el organismo es la principal causa de las enfermedades degenerativas -y, por tanto, de las isquémico-degenerativas cardiovasculares- así como de la oxidación del cuerpo y de su envejecimiento. Razón por la que controlarlos con antioxidantes se vuelve una prioridad en nuestras vidas.

SISTEMAS ANTIOXIDANTES 

En la actualidad son tres los sistemas antioxidantes que – dependiendo de cuánto han tardado en aplicarse desde la aparición de los síntomas de una enfermedad- pueden revertir el proceso degenerativo o, al menos, reducir la patología isquémico-degenerativa cardiovascular:

l) El tratamiento metabólico creado por el profesor Demetrio Sodi Pallarés (véase la entrevista que le efectuó el Dr. Javier Rodiño en Discovery DSALUD)
2) La quelación intravenosa con EDTA (veáse el artículo del doctor José Pérez Fernández titulado“Quelación intravenosa: la terapia más efectiva para combatir la arteriosclerosis” publicado en el número 22 -noviembre- de Discovery DSALUD). Y,
3) La ingesta de antioxidantes. Porque hay que decir que, a tenor de los resultados de múltiples estudios, parece confirmarse científicamente que la quelación oral con antioxidantes naturales -no con EDTA ya que no se absorbe por vía digestiva- es de extraordinario interés en la patología isquémico-degenerativa cardiovascular. Será explicado en detalle el próximo mes en la revista pero con el fin de que el lector conozca ya cuáles son le ofrecemos como avance una relación de los mismos en el recuadro adjunto.

 Dr. José Luis Arranz Gil

Recuadro:


PRINCIPALES ANTIOXIDANTES

Vitaminas:

. Betacaroteno (pro-vitamina A).
. Complejo B (especialmente B6, B12 y ácido fólico.
. Vitamina C.
. Vitamina E.

Minerales:

. Cromo.
. Zinc.
. Calcio.
. Magnesio.
. Selenio.

Otros elementos:

. Glutation peroxidasa.
. Coenzima Q-10.
. Gingko Biloba.

-Alimentos:

Todos los que contienen las vitaminas y minerales mencionados pero, sobre todo:

. Ajo.
. Soja.
. Té.
. Vino tinto.
. Pescado (por su aceite omega-3).
. Verduras (especialmente, brécol, col, zanahorias, cebollas, espinacas y tomates).
. Frutas (especialmente, uvas, cítricos –naranja, limón y pomelo-, fresas, frambuesas, grosellas y arándanos).


LOS RADICALES LIBRES 

La energía vital de nuestro cuerpo se concentra en unas pequeñas estructuras celulares que se llaman mitocondrias y que queman casi todo el oxígeno que respiramos. El problema es que el mismo elemento que permite nuestra vida, el oxígeno, es el principal generador de unas sustancias llamadas radicales libres que, según se postula desde hace sólo unas décadas, serían las auténticas responsables del envejecimiento y de la mayor parte de los procesos degenerativos. Sustancias absolutamente necesarias porque, por ejemplo, cuando el cuerpo se moviliza para eliminar agentes infecciosos produce precisamente una gran cantidad de radicales libres para destruir los virus y bacterias invasoras. Ahora bien, el problema es que si hay exceso de radicales libres, éstos, cumplida su función, atacan entonces a las células sanas oxidando grasas, perforando membranas y alterando el código genético hasta que esas células dejan de funcionar; algunas, incluso, mueren.

Por otra parte, absorbemos también radicales libres que se generan en el exterior. Por ejemplo, con el tabaco, la contaminación y los rayos solares.

En suma, no podemos vivir sin ellas… pero debemos controlarlas. Algo para lo que basta tomar diariamente los suficientes antioxidantes. Si es con la comida, mejor. Si no, con los suplementos adecuados. Lo contamos en el próximo número.

Este reportaje aparece en
23
Diciembre 2000
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