Siete consejos para el otoño

 El otoño coincide normalmente con la vuelta a la actividad tras la ruptura que supone el periodo vacacional. Y es un momento idóneo para que, en lugar de retomar sin más el ritmo y las costumbres habituales, tomáramos consciencia de aquellas pequeñas cosas que debiéramos corregir en nuestra vida aprovechando para poner en marcha nuevos objetivos y marcarnos compromisos de mejora a fin de conseguir una mejor calidad de vida y un mayor grado de felicidad y plenitud. Podemos hacerlo en varios ámbitos. Y aunque a veces se trata de sencillos consejos la verdad es que no es menor por ello su efectividad.

La alimentación. Ya Hipócrates -el “padre” de la Medicina- hablaba de la importancia de lo que comemos para el buen mantenimiento de la salud. Conviene, pues, que nuestra dieta sea sana y equilibrada, rica en frutas, verduras y cereales integrales. Está demostrado que cuando nuestro organismo recibe los nutrientes que necesita y no tiene que deshacerse de excesivas toxinas el sistema inmune funciona mejor e, incluso, se reponen los neurotransmisores que controlan la ansiedad y la depresión, estados de ánimo que aparecen con frecuencia en esta época del año como consecuencia del cansancio.

Pero no sólo es importante lo que comemos sino cómo comemos. Y es que es fundamental dedicarle la atención y el tiempo necesario al acto de comer evitando el estrés que normalmente nos acompaña y nos hace comer deprisa cualquier cosa en un ambiente a veces ruidoso o poco adecuado. Porque en esas condiciones lo que ingerimos no tendrá los efectos beneficiosos que buscamos.

Es importante comer sin prisa, masticar bien los alimentos, saborearlos y disfrutarlos; y, si es posible, que el buen humor reine en nuestra mesa, que sea un momento para compartir, conversar y relacionarnos en un entorno agradable. Recordemos que es conveniente comenzar el día con un buen desayuno, comer a mediodía teniendo en cuenta la actividad que vamos a realizar después y tomar una cena ligera para que la digestión no consuma demasiada energía y nuestro sueño se vea alterado. También es aconsejable alguna infusión tipo valeriana o tila.

El ejercicio físico. Para mantenernos en forma es necesario mover nuestro cuerpo y el ejercicio moderado es uno de los remedios más efectivos para revitalizarnos. Sin embargo, hay que tener cuidado para que esta actividad no se convierta en algo estresante y competitivo. Se trata de decidirnos por algo que nos haga disfrutar y divertirnos: pasear, nadar, bailar, montar en bicicleta, caminar por el campo…

-Dedicar tiempo al ocio. No te prives de hacer las cosas que te gustan y que casi nunca tienen espacio en la agenda como salir con los amigos, conversar, leer, disfrutar de la música, salir al campo, darte un masaje, pintar, modelar…

-Busca momentos de soledad para el autoanálisis. Tómate cada cierto tiempo unos minutos para reflexionar sobre tu momento actual, tu trayectoria y tus objetivos. Presta atención a todo aquello que te causa ansiedad, tensión o nerviosismo e intenta -en la medida de tus posibilidades- ir eliminándolo poco a poco de tu vida. Si algo no depende de ti trata entonces de modificar tu enfoque, de observarlo con otra perspectiva; a veces con esa nueva actitud se producen cambios significativos en el entorno.

Mirar hacia dentro. Practica alguna técnica de relajación, interiorización o meditación. Están demostrados los beneficios que se obtienen a nivel físico, psicológico y emocional con estas prácticas. O, simplemente, concédete un rato para estar contigo mismo, intentando recuperar la quietud y el sosiego que la vida desenfrenada que llevamos nos hace perder con tanta facilidad. Cierra los ojos, escucha una música relajante que te guste, disfruta de un rato de lectura, deja vagar tu imaginación…

-Recupera la confianza en la fuerza interior y la capacidad de elección. La vida nos somete a veces a estados de presión en los que la falta de visión de futuro nos hace caer en la depresión. Es pues bueno que cada día, al final de la jornada, revises lo que estás haciendo, las situaciones que vives, especialmente aquellas que no hemos “elegido” conscientemente y en las que nos vemos inmersos con la sensación de que no tenemos el control, y te preguntes: ¿qué estoy haciendo?, ¿es esto lo que quiero hacer?, ¿por qué lo hago? ¿qué pasaría si no lo hiciera?, ¿qué otra cosa podría hacer?

-El descanso reparador. El sueño es la oportunidad para recargarnos de la energía consumida durante el día. Además, los periodos de ensoñación que tenemos durante la noche nos proporcionan una descarga de las tensiones a nivel psíquico y nos equilibran emocionalmente. Así pues cuida también tu descanso durmiendo un número de horas suficiente -entre 6 y 9- con la temperatura adecuada (entre los 18 y 20 grados) e intentando que las últimas escenas no estén presididas por la violencia (TV, cine, música estridente) sino que los momentos anteriores a dormirte sean de una breve lectura, escuchar música relajante, etc. Ese es el preludio perfecto para un buen descanso.

Estos siete pasos son sencillos de poner en práctica y está en nuestra mano hacerlo. Sólo hemos de estar atentos para que la rutina de la vida diaria no nos haga olvidarlos. Es más, con la práctica constante podremos incorporarlos a nuestra vida como otros muchos hábitos pero con la seguridad de que éstos nos acercarán a una vida más saludable y plena.

 María Pinar Merino

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Octubre 2003
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