Los siete grupos de tóxicos habituales más peligrosos para la salud

En el número anterior explicamos que para cualquier experto en Medicina Ambiental es preciso valorar en toda persona enferma –independientemente del diagnóstico que se le haya ofrecido- cuál es su carga corporal total –la cantidad de contaminantes procedentes del aire, el agua, los alimentos, la ropa y otros productos que penetran en el cuerpo y el organismo se ve obligado a procesar de forma adecuada para mantener la homeostasis y asegurar la supervivencia-, su nivel de adaptación -porque puede enmascarar los efectos producidos por los tóxicos que hay en el organismo-, su bipolaridad –pues la respuesta de los sistemas enzimáticos e inmunes de desintoxicación a la exposición a una sustancia tóxica se manifiesta en dos fases-, la expansión -la reacción secundaria del organismo a otros tóxicos-, el fenómeno de intercambio -un mismo tóxico puede provocar reacciones en un órgano totalmente diferentes a las que provoca en otro- y la individualidad bioquímica –la reacción ante los contaminantes es diferente en cada persona y depende de las reservas de nutrientes, las características de sus sistemas de desintoxicación y la capacidad inmunitaria para afrontar las agresiones tóxicas-. Asimismo explicamos en este mismo número –antes de seguir con la lectura de este texto sugerimos al lector que lea primero la entrevista que hemos hecho al investigador norteamericano Martin Pall quien asegura que muchas patologías –entre ellas la Fatiga Crónica, la Fibromialgia, la Sensibilidad Química Múltiple o el Trastorno de Estrés Postraumático- las provoca el desequilibrio de lo que denomina Ciclo NO/ONOO porque cualquier interferencia en el mismo puede dar lugar a procesos inflamatorios, estrés oxidativo, menor producción de energía en las mitocondrias, mutaciones celulares, daños en el ADN de las células y proteínas, una excesiva actividad de neurorreceptores NMDA, la alteración del nivel de calcio intracelular y la desregulación de la proteína NF-kB.
Dicho esto en este texto vamos a centrarnos en los siete grupos de tóxicos que han sido ya identificados como responsables de muchas de tales patologías a fin de que el lector tenga conocimiento de su peligrosidad y los evite. Y lo hacemos de nuevo de la mano de la doctora Pilar Muñoz Calero, presidenta de la Fundación Alborada, quien amablemente accedió a explicárnoslo.
-Tenemos entendido que ya se han identificado siete grupos de químicos que dan lugar a numerosas y muy variadas patologías –incluida la Sensibilidad Química Múltiple- sobre todo porque incrementan la actividad de los neurorreceptores NMDA (acrónimo de N-metil D-aspartato) del sistema nervioso. ¿Puede decirnos cuáles son?
-Claro. Los siete grupos son los compuestos orgánicos solventes, los organofosforados y carbamatos, los organoclorados, las piretrinas, los compuestos sulfurados, el mercurio y el monóxido de carbono.
-Nombres técnicos que a la mayor parte de nuestros lectores probablemente no les aclare gran cosa… ¿Le importa si hablamos de ellos más pormenorizadamente?
-Sin problema alguno.
-Bien. Empecemos entonces por los llamados compuestos orgánicos solventes…
-Son los hidrocarburos que a temperatura ambiente se presentan en estado gaseoso o son muy volátiles. Poseen un número de carbonos en cadena -normalmente inferior a doce- que además contienen otros elementos como el oxígeno, el flúor, el cloro, el bromo, el azufre o el nitrógeno. Son los que contribuyen a la formación del smog fotoquímico y al efecto invernadero en la atmósfera. En el interior de nuestro cuerpo sin embargo producen arritmias y daño hepatorrenal si su inhalación es excesiva o existe una exposición a pequeñas dosis pero continua.
-Hablamos pues de gases presentes en el ambiente que normalmente no vemos…
-En efecto. Y sin embargo le aseguro que en el aire interior de muchos edificios hay a veces una concentración de los mismos hasta 50 veces mayor que en el exterior. Son tóxicos y su uso está regulado pero nadie ha tenido en cuenta al hacer las normas la cantidad total a la que cada persona está expuesta dada su presencia en miles de productos.
Especialmente llamativa suele ser la presencia de formaldehido en barnices, lacas y pinturas de paredes y muebles así como en productos de aseo, lacas y cosméticos. Es más, está presente en las telas que no necesitan planchado, en la mayoría de las prendas nuevas, en los muebles hechos de aglomerado, en pegamentos, en tintes, en resinas, en alfombras, en telas tratadas, en suelos de madera… Y ese gas lo respiramos diariamente. Mucha gente no lo sabe pero el llamado “olor a nuevo” por ejemplo lo causa normalmente el formaldehido. Y se trata de un gas que puede provocar irritación en los ojos y en las mucosas de la nariz, dolor de cabeza, mareos, fatiga, pérdida de coordinación, reacciones alérgicas de la piel, trastornos de la memoria…
Otros como el tolueno, el tricloroetileno, el tetracloroetileno o el xileno alteran el sistema nervioso autónomo y producen disfunción neurovascular. El óxido nitroso, el benceno, la mostaza y el tolueno producen por su parte depresión de la médula y algunos pueden sensibilizar los linfocitos T.
-En suma, que nuestras casas y oficinas pueden ser tóxicas.
-Salvo raras excepciones, son tóxicas. Eso sí, nos están envenenado legalmente. Muchos lugares de trabajo son verdaderos polvorines tóxicos que no soportarían una inspección de la calidad del aire. Y añadiré que colocar ambientadores o quemar incienso suele empeorar la situación.
-¿Y qué podemos hacer?
-Limitar la cantidad de compuestos tóxicos volátiles a respirar. ¿Cómo? No comprando ni usando cosméticos con fragancias, no usando productos perfumados para bebés como las clásicas toallitas húmedas porque liberan tolueno, eligiendo pinturas y barnices ecológicos, no utilizando muebles de aglomerado o maderas tratadas con lacas, barnices y otros tóxicos y eligiendo para limpiar productos naturales… Y recordando que el “olor a limpio” no existe. Algo está realmente limpio cuando no huele.
-Hábleme de los organosforados y carbamatos…
-Los organofosforados y los carbamatos son plaguicidas que una vez en nuestro organismo reducen la colinesterasa disponible afectando al sistema nervioso. Se trata de pesticidas muy utilizados en agricultura y es importante hacerse una analítica si se sospecha que ha habido sobreexposición a ellos. Los síntomas básicos son visión borrosa, dolor de cabeza, diarrea, dolor de estómago, babeo, incremento del sudor, pecho apretado, pupilas contraídas y dificultad respiratoria.Algunos pueden también deprimir las células T. La verdad es que es una vergüenza que su uso sea legal.
-De hecho son varios los investigadores que afirman que el famoso Síndrome Tóxico que los jueces achacaron al aceite de colza adulterado que se vendió en España por aquellas fechas se debió en realidad a un organofosforado que se utilizó en una partida de tomates procedente de Roquetas de Mar. Y cuadra porque los síntomas que provocan los organofosforados son los mismos que sufrieron los afectados por el llamado Síndrome Tóxico. Pero continuemos. ¿Y los organoclorados? Se usan como insecticidas, ¿no?
-En efecto. Son moléculas orgánicas –lo cual quiere decir que tienen carbono en su composición- con un peso molecular de entre 291 y 245 y estructura cíclica muy parecida químicamente a la de los hidrocarburos clorados. Son estimulantes del sistema nervioso central siendo el más conocido el peligroso DDT –siglas de Dicloro Difenil Tricloroetano- que fue prohibido hace ya muchos años aunque sigue habiendo aún terrenos contaminados con él y muchas personas que lo mantienen en sus cuerpos. Los pesticidas organoclorados se siguen utilizando a pesar de estar entre los doce tóxicos de la lista que componen la llamada “docena sucia” que es urgente prohibir. Estados Unidos sigue sin firmar el acuerdo para dejar de producirlos a pesar de las dramáticas consecuencias que su utilización tiene para la salud humana y animal además de la del ecosistema.
Y su mal uso es un riesgo añadido porque todavía mucha gente cree que si una dosis es buena… dos mejor. En general los protocolos de seguridad -tanto en lo que se refiere a la cantidad como a la frecuencia y al tiempo en que hay que evitar las zonas tratadas con estos productos- se incumplen a menudo. En Cataluña, por ejemplo, una fumigación del sistema de alcantarillado provocó decenas de víctimas porque nadie avisó de que durante doce horas no se podía inhalar el aire que salía de ellas.
Otro plaguicida tóxico que fue prohibido es el lindano pero, paradójicamente, se permite aún su uso en otros productos; como en los champús antipiojos. Cuando hay alternativas naturales eficaces y no peligrosas para afrontar este problema como aplicarse en el cabello aceite del árbol del té o una simple mayonesa casera elaborada con aceite y huevo; ello hace que las liendres se suelten y nos libremos de los piojos pasando simplemente un peine que luego deberemos tirar.
Mire, deberíamos buscar alternativas ecológicas para evitar la fumigación con organofosforados, carbamatos y organoclorados. Es nuestra responsabilidad evitarlos en nuestras casas y cultivos pero también lo es pedir que se nos informe de cuáles son los productos que se usan en las urbanizaciones, centros sociales o de trabajo, aprender de ello y exigir que se cumplan los protocolos de seguridad. Debemos pedir en los colegios la información sobre las fumigaciones, cuándo se realizan y con qué productos. Lamentablemente confiar sin más en que se estará haciendo bien y conforme a la ley está facilitando que estos productos tóxicos y agresivos circulen de forma temeraria. Insto por ello a los lectores de su revista a que se informen bien sobre la utilización de estos productos en su lugar de trabajo o de estudio, en los lugares que comparten con otros y en el colegio de los niños. Deben pedir que se les informe antes de aplicarlos y saber quién firma que se cumple el protocolo de seguridad. Es un pequeño esfuerzo que produce grandes resultados. Obviamente a veces no es fácil conseguir esa información pues todo el mundo alega que lo están haciendo con productos legales y de acuerdo a la legislación pero no basta con creer que se está haciendo así: ¡hay que comprobarlo y exigir información clara y suficiente! A menudo tareas tan importantes como éstas recaen en personas no suficientemente formadas o con un grado de ignorancia -cuando no de inconsciencia- notable. Por eso es importante la alerta y vigilancia de los usuarios en sus propias casas y en los espacios comunes.
-Bueno, también las piretrinas son venenosas y se comercializan lociones que la contienen en combinación con butóxido de piperonilo para combatir igualmente los piojos…
-Cierto. Y se trata de un disparate porque las piretrinas son una mezcla de compuestos orgánicos que se encuentran de modo natural en las flores de plantas del género Chrysanthemum -como la Chrysanthemum cinerariaefolium (denominada piretro o pelitre) y la Chrysanthemum coronarium– que se utilizan sobre todo como insecticidas por ser venenosas. Lo mismo que los piretroides, sustancias químicas que se obtienen por síntesis y poseen una estructura muy parecida a la de las piretrinas pero que permanecen más tiempo en el medio ambiente que las primeras ya que la modificación química de su fórmula las ha hecho más estables a la luz solar y al calor.
Ambas -piretrinas y piretroides- interfieren en el funcionamiento normal de los nervios y el cerebro bastando una mera exposición breve a niveles altos de estos compuestos -en el aire, en los alimentos o en el agua- para sufrir mareos, dolor de cabeza, náuseas, espasmos musculares, falta de energía, alteraciones de la conciencia, convulsiones y pérdida del conocimiento. Problemas mentales que pueden durar varios días. Por otra parte no hay de momento constancia fehaciente de que afecten a la capacidad reproductiva humana… pero se ha comprobado que producen esterilidad en animales.
Lo inconcebible es que mucha gente considera la aplicación de piretroides o piretrinas exenta de riesgo y se usan sin tener en cuenta las normas de seguridad. Cuando serán unas sustancias menos tóxicas que otras… pero tóxicas al fin y al cabo.
-Si le parece hablemos ahora de los sulfurados…
-Se trata de productos que se utilizan legalmente como ¡conservantes alimentarios! Podemos pues saber si los lleva incorporados algún alimento porque en el etiquetado debe por ley reflejarse su nomenclatura. Se trata del Anhídrido sulfuroso (E-220), del Sulfito sódico (E-221), del Sulfito ácido de sodio o bisulfito sódico (E-222), del Bisulfito sódico (E-223), del Bisulfito potásico (E-225), del Sulfito cálcico (E-226), del Sulfito ácido de calcio o bisulfito cálcico (E-227) y del Sulfito ácido de potasio o bisulfito potásico (E-228).
-¿Puede decirnos algo más sobre ellos?
-Bueno, el anhídrido sulfuroso es uno de los conservantes con mayor utilización… y también el que tiene más siglos de prohibiciones y limitaciones a sus espaldas. Se obtiene quemando azufre y se utilizaba para la desinfección de bodegas en la Roma clásica. Y así siguió haciéndose hasta que en el siglo XV se prohibió su utilización en Colonia (Alemania) al constatarse sus efectos perjudiciales sobre los bebedores. Posteriormente otras ciudades alemanas limitarían igualmente su uso. Sin embargo empezaría a utilizarse en la conservación de la sidra al menos desde 1664. Hablamos de un gas que se comercializa en forma líquida a presión y se utiliza como conservante por su alto poder antioxidante. Oficialmente se considera inocuo puesto que la cantidad que se necesita para que no se altere el sabor de los alimentos es muy pequeña pero sin embargo hay cada vez más personas que reaccionan negativamente a él. Y lo mismo pasa ya con los demás. Debemos pues evitar los sulfitos en los alimentos así como en los productos de higiene y en los cosméticos. Si a alguien se le enrojece y pica la piel de la cara o el cuero cabelludo tras lavarse la cabeza con un champú o gel le sugiero que compruebe si lleva sulfitos por la nomenclatura (del E-220 al E-228).
También es habitual que haya sulfitos en algunos vinos y otras bebidas; como los zumos de frutas. Viene siempre indicado en las etiquetas. Así que mi consejo es que no se ingieran vinos y zumos industriales con sulfitos. Puede ser la causa de que duela la cabeza, se sufra enrojecimiento, se inflame la zona de alrededor de los ojos, aparezcan sudoraciones súbitas, un broncoespasmo o haya una exacerbación del asma si se es asmático. Pueden incluso producir hemolisis y fragilidad de los glóbulos rojos.
-Si le parece pasemos al denostado mercurio…
-Actualmente inhalamos o ingerimos mercurio, que es puro veneno, a través de varias fuentes: las amalgamas dentales, el agua y aire contaminados por las industrias y los automóviles, el pescado, las vacunas con timerosal (sal orgánica de mercurio), los tatuajes, la manipulación de termómetros de mercurio y bombillas de bajo consumo rotas…
Una de las formas en las que el mercurio puede presentarse, el metilmercurio, es un neurotóxico reconocido que puede producir graves daños al cerebro que aún está en formación pues traspasa la barrera placentaria y la barrera hematoencefálica con facilidad. También se sabe que incluso en cantidades muy pequeñas puede causar problemas cardiovasculares. Y su efecto carcinógeno está reconocido por la Internacional Agency for Research on Cancer (IARC). Por otra parte cada vez hay más estudios que relacionan el mercurio con la esclerosis múltiple y el autismo.
Verá, cuando este metal penetra en el cuerpo se ioniza, se vuelve inestable y busca proteínas a las que ligarse creándose a veces anticuerpos para combatir el complejo metal-proteína. Y si el metal se ha ligado a la mielina la capacidad del cerebro para controlar las funciones cerebrales se ve afectada.
-¿Qué aconsejan entonces ustedes a quienes aún tienen amalgamas dentales?
-¡Que se las quiten de inmediato! Eso sí, hay que hacerlo de forma segura según el protocolo de la International Academy of Oral Medicine and Toxicology (IAOMT). Nosotros en la fundación tenemos expertos que lo hacen.
-Vayamos pues al último de los peligros que mencionó al principio de nuestra charla. ¿Qué tiene que decir del monóxido de carbono?
-El monóxido de carbono es un gas inodoro, incoloro, inflamable y altamente tóxico que puede causar la muerte cuando se respira en niveles elevados. Y se produce por la combustión incompleta de diversas sustancias: gas, gasolina, keroseno, carbón, petróleo, tabaco y madera. Por tanto las chimeneas,las calefacciones de leña, las calderas a gas, los calentadores de agua y demás aparatos domésticos que queman combustible -como las estufas o los calentadores de keroseno- pueden producirlo si no funcionan correctamente. Y lo mismo pasa con los vehículos que permanecen detenidos con el motor encendido. Hasta los cigarrillosproducen monóxido de carbono que intoxican a los fumadores y a quienes no fumando tienen que aspirarlo porque otros en su entorno lo hacen. Verá, el monóxido de carbono se une en la sangre con la hemoglobina y es transportado en lugar del oxígeno lo que reduce entonces la cantidad de éste que puede transportar. En suma, ocupa el lugar del oxígeno y la consecuencia inmediata si la cantidad es alta es adormecimiento, dolor de cabeza, náuseas y, en casos extremos, la muerte. También se han descrito hemolisis de los glóbulos rojos.
-¿Y alguna forma de evitarlo?
-Asegurarnos de que estén en buen estado todos esos aparatos y sistemas de calefacción. Y obviamente no fumar ni permitir que otros lo hagan en nuestra presencia. Quien desee suicidarse lentamente que lo haga sin llevarse por delante a otros. Es asimismo útil vivir en zonas campestres o, en su defecto, poner plantas en macetas si se vive en un piso. Hay que procurar respirar a diario aire puro; ésa sí que es una buena “medicina”.
-Por lo que nos ha explicado puede decirse que todos estamos siendo intoxicados a diario, afectándonos ello especialmente al cerebro. Y en muchos de los casos que menciona, al tratarse de gases que ni se ven ni se huelen, ni nos enteramos…
-En efecto. Pero otros sí podemos olerlos. Piénsese que a través de la nariz llega hasta el cerebro una valiosa información que pasa un rapidísimo proceso de discriminación -del cual no nos damos cuenta- y que una sobrecarga de olores y fragancias puede producir una hiperestimulación que confunde al sistema y éste termina dejando de reaccionar y “desconecta”. Es cuando dejamos de percibir los olores molestos y tóxicos y nos acostumbramos a ellos asumiendo que la irritación que nos causa es irremediable. Nos “adaptamos”. Y sin embargo eso puede hacer peligrar nuestra salud.
-Quiere decir que puede llegar un momento en que el organismo deje de discriminar lo negativo de lo inocuo?
-Exacto. A veces la información recibida simultáneamente sobre posibles peligros es tanta que el sistema nervioso se satura. La discriminación normalmente se lleva a cabo de forma automática. El sistema nervioso autónomo se encarga de los procesos que son fundamentales para sobrevivir y también de las fases previas al proceso que llamamos “darse cuenta”. Si recibiéramos toda la información posible dándonos cuenta nos veríamos desbordados. El filtro que supone la discriminación y selección de los aspectos que son relevantes es una importante tarea pues el proceso de “darse cuenta” consume mucha energía. Actualmente hay cada vez más personas -niños incluidos- con hipersensibilidad sensorial por las razones antes explicadas que sin embargo son absurdamente tratados con atención psicológica o psicofármacos. Cuando son sólo personas hipersensibles. Personas que, por ejemplo, perciben exageradamente el contacto de la ropa sobre el cuerpo o escuchan cualquier ruido por débil que sea.
Hablamos pues de una hipersensibilidad que no está provocada por un mal funcionamiento del órgano sensorial o de la transmisión de información al cerebro sino por una auténtica invasión de moléculas químicas cuya toxicidad provoca que el cerebro y el sistema nervioso autónomo coordinen una actuación de urgencia y se establezca la alarma como defensa. Entiéndase que las moléculas de compuestos orgánicos volátiles que respiramos pueden llegar hasta el cerebro tras cruzar la barrera hematoencefálica, ocupar los neurorreceptores e invadir y suplantar a los neurotransmisores. Es una violación del espacio interno y un ataque a los más íntimos procesos del conocimiento que no será legalmente castigada porque no está reconocida como agresión. Sin embargo sus víctimas se cuentan ya por millones y la consecuencia será la ruina de los sistemas públicos de salud y de las aseguradoras privadas a causa de lo que pronto se considerará una “epidemia de invalidez química”.
-Aunque entremos en un ámbito más especializado y menos sencillo de comprender para el lector no versado, ¿puede explicarnos más concretamente cómo los siete grupos de químicos mencionados sobreexcitan los neurorreceptores NMDA?
-El NMDA es un receptor relacionado con las funciones de aprendizaje y la memoria, ambas vinculadas al sistema límbico situado en el centro del encéfalo. Como se sabe, la transmisión de las señales en el cerebro se efectúa a través de la sinapsis neuronal mediante unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Siendo el neurotransmisor que tiene mayor importancia en su tarea excitatoria el glutamato, un aminoácido implicado en el 75% de las funciones del sistema nervioso central. Es por tanto imprescindible. El problema es que si la cantidad de glutamato en el espacio intersináptico es demasiado alta puede causar la muerte celular, neuronal o glial. Es pues imprescindible pero en exceso es neurotóxico.
Dicho esto debe saberse también que si los receptores NMDA están ocupados por moléculas de compuestos químicos tóxicos el glutamato no puede utilizarlos para cumplir su papel de transmisión de información. Y en tales situaciones todo indica que el organismo, incapaz de entender lo que pasa, decide producir más glutamato creyendo que eso es lo que se necesita cuando en realidad el problema es que el que existe no puede actuar porque los tóxicos bloquean los receptores NMDA. ¿La consecuencia? El glutamato se acumula en exceso, la excitación neuronal es altísima, el cerebro falla y se producen distintos problemas, entre ellos convulsiones y ataques epilépticos. Es más, le diré que a mi juicio los niños con hiperactividad o epilepsia son normalmente niños intoxicados.
-Luego según lo que explica la toxicidad ambiental puede ser la causa no solo de numerosas patologías orgánicas y fisiológicas sino también neurológicas…
-Exacto. Mire, en Medicina hemos tratado de nombrar y comprender fenómenos y procesos muy complejos y se nos ha olvidado aprender a aprender. Ha llegado pues la hora de valorar la salud como un aprendizaje constante y éste como la mejor terapia y medicina que podemos recibir. No podemos sanar sin aprender de la experiencia. Nadie puede ayudar a curarse a alguien intoxicado si éste no asume que debe dejar de intoxicarse en el futuro. Y para eso es necesario aprender a saber lo que nos puede estar intoxicando. Hay pues que informarse y formarse.

José Antonio Campoy

Este reportaje aparece en
134
Enero 2011
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