Las terapias no farmacológicas son más eficaces que los fármacos para tratar el alzheimer

Una red internacional de 22 científicos coordinada por la española Fundación María Wolff publicó recientemente un gran estudio a nivel mundial que demuestra por primera vez que con algunas terapias no farmacológicas se obtienen ¡mejores resultados que con los fármacos! Y su aplicación generalizada además de una mejora en la calidad de vida de pacientes y cuidadores supondría un importante ahorro para la sanidad pública. Lo que no se entiende es que estos investigadores no incluyeran desde el principio entre las posibles terapias no farmacológicas a utilizar la dieta, la suplementación ortomolecular y otras cuya eficacia en esta patología está más que demostrada.

Treinta y cinco millones de personas en el mundo sufren los estragos del alzheimer de forma directa o indirecta, tres millones y medio de ellas en España donde se calcula que hay unos ochocientos mil enfermos de los que sólo recibe algún tipo de ayuda la cuarta parte. Se trata de estimaciones aproximadas ya que en nuestro país no se ha hecho un censo de estos enfermos y las cifras se han obtenido extrapolando los porcentajes sugeridos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en función de la población y el envejecimiento de la misma.

Hablamos de una patología cuya causa se ignora -por tanto no puede ni prevenirse ni curarse- y de ahí que quienes la padecen –según nos diría Emilio Marmaneu, presidente de laConfederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias (CEAFA)- sólo aspiren en estos momentos “a procurar que el desarrollo de la enfermedad sea más lento, empujar al final la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los afectados. No esperamos la cura del alzheimer, vivimos sólo con la esperanza de no ver progresar la enfermedad en nuestros seres queridos”.

Y sin embargo se trata de un problema de salud que cada vez se presenta a edades más tempranas como bien recordó en un comunicado la Asociación de Familias de Alzheimer de Valencia (AFAV) el pasado 21 de septiembre con motivo del Día Mundial del Alzheimer ya que según sus datos el 18% de quienes hoy la padecen tiene menos de 65 años. “La sociedad debe saber –explica Juana García, presidenta de AFAVque el alzheimer ya no es una enfermedad de ancianos. Cada vez es más frecuente ver enfermos de 50 o 55 años de edad y, excepcionalmente, hasta de 40 o 45”. Las perspectivas no son pues precisamente halagüeñas. Porque ni a medio ni a largo plazo se prevé su posible cura. Sobre todo porque se sigue ignorando absurdamente que la causa puede estar en la brutal intoxicación medioambiental que todos sufrimos, en una alimentación incorrecta, en un constatable déficit de nutrientes, en un problema mecánico que provoque hipoxia cerebral o en alguna infección microbiana o parasitaria. De ahí que los efectos positivos de los fármacos sintomáticos que se recomiendan a los enfermos sean mínimos –por no decir nulos- (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título El sinsentido de tomar fármacos cuando se sufre alzheimer publicamos ya en el nº 77 así como el publicado con el título Cuestionan la eficacia de los fármacos contra el alzheimer en el nº 89).

Y es que a pesar de los continuos cantos de sirena de nuevas moléculas y/o vacunas descubiertas que nunca llegan la atención farmacológica hoy es la misma que describía hace cinco años la articulista Denise Grady en el artículo que con el título Nominal Benefits Seen in Drugs for Alzheimer’s publicó entonces en el New York Times:En una reunión que se celebró en la Universidad Johns Hopkins un panel de investigadores sobre el alzheimer debatió ante un buen número de médicos y profesionales del mundo de la salud la utilidad de los medicamentos existentes y las perspectivas de nuevos tratamientos. Y en ella algunos investigadores afirmaron que pueden pasar décadas antes de que se produzca un progreso real en la enfermedad. Entonces un médico presente entre el público, claramente frustrado, acusó a los expertos de no contestar a la pregunta de si se deben entonces prescribir o no los medicamentos existentes y la sala de conferencias estalló en aplausos. Uno de los expertos contestaría finalmente que la posibilidad de que los fármacos actuales tengan efecto es de un 10% y que los pacientes deberían probar con ellos entre seis y ocho semanas y dejarlos si no mejoraban. Intervino entonces otro y dijo que era necesario probar con los medicamentos al menos seis meses. Y un tercero le dijo al médico: ‘No se dispone del tipo de evidencia que usted necesita’. El moderador resumió la situación diciendo: ‘Creo que sería un error decirle lo que tiene usted que hacer. Mire en su interior y haga lo que mejor pueda’”. Tales fueron las sabias “recomendaciones” y “sugerencias“ de los “expertos” en alzheimer a un colega. Sin comentarios.

Bueno, pues han pasado cinco años y todo sigue igual: los fármacos que se sugiere tomar a los enfermos apenas ofrecen beneficio alguno que justifique su consumo especialmente porque sus efectos secundarios son muchos. Aunque se intente hacer creer a sus parientes que esos nuevos problemas de salud son en realidad efecto de la vejez y no de los medicamentos.

Y siendo eso así, a pesar de la certeza de la ineficacia de los medicamentos y de sus terribles efectos secundarios –algo reconocido por cada vez mayor número de médicos- ¡continúan siendo la gran apuesta de la Sanidad pública ante la enfermedad! Lo que se justifica diciendo que “no pudiéndose hacer otra cosa” hay al menos que “intentar ayudarles” aliviando los síntomas. Añadiendo que es importante ofrecer “alguna respuesta” a enfermos y familiares “para que no pierdan la esperanza”. ¿Y ésa es la excusa para atiborrarles de fármacos inútiles que les provocan muchos más problemas de los que ya sufren? Realmente patético. Especialmente porque, contra lo que se afirma, hay opciones de tratamiento mejores que la de los fármacos.

TERAPIAS NO FARMACOLÓGICAS 

Tal situación sería la que hace unos años animó a un equipo de 22 investigadores a embarcarse en un proyecto de cinco años de duración con el objetivo era determinar si había Terapias No Farmacológicas (TNF) que pudieran mejorar de forma relevante las vidas de los afectados. Y explicamos que según la definición acuñada en el 2004 por el International Non Pharmacologial Therapies Project se considera Terapia No Farmacológica toda intervención no química, teóricamente sustentada, focalizada y replicable realizada sobre el paciente o el cuidador potencialmente capaz de obtener un beneficio relevante en los siguientes campos o dominios clínicos: calidad de vida, cognición, actividades de la vida diaria, conducta, afectividad, motricidad-físico, bienestar y calidad de vida del cuidador, institucionalización (ingresos clínicos) y costes.

El proyecto estuvo coordinado por un equipo español de la Fundación María Wolf integrado por el doctor Javier Olazarán –como investigador principal- y Rubén Muñiz -como director de organización- y consistió en revisar nada menos que 1.313 estudios científicos para intentar estructurar el campo de opciones posibles (estimulación cognitiva, intervenciones con música, intervenciones conductuales, ejercicio físico, acupuntura, intervenciones multicomponentes tanto para el paciente como para el familiar, etc.). Ahora bien, a fin de que los resultados finales no pudieran ser sometidos a controversia decidieron ya inicialmente limitar el número de estudios a revisar a los de mayor rigor científico lo que finalmente redujo su esfuerzo al análisis de los 179 considerados más altamente fiables.

Pues bien, tras un meticuloso trabajo estos 22 investigadores aseguran haber podido constatar más allá de cualquier duda razonable que algunas Terapias No Farmacológicas tienen un amplio abanico de efectos clínicos positivos al mejorar la cognición, la conducta o el estado de ánimo, reducir la carga del cuidador y evitar o posponer el ingreso en residencias además de reducir el coste económico de los cuidados. Eso sí, algunas terapias producen mejoras relevantes en 2 o 4 de estos dominios y otras en sólo uno.

Este estudio es para las AFA un documento vital –explica Emilio Marmaneu-. Para nosotros está al nivel de la Ley de la Dependencia y del Plan Nacional de Alzheimerpor el que estamos peleando las asociaciones. Nos va a permitir dirigirnos a las autoridades político-sanitarias territoriales e instarles a invertir en la creación de centros de día, unidades donde se apliquen estos programas. Con ello se ahorraría dinero en fármacos y en institucionalización y se mejoraría la calidad de vida de los enfermos y sus parientes. Vamos a exigir pues que se creen estos centros, que se pongan en marcha estas terapias no farmacológicas porque son eficaces ya que así ha quedado demostrado científicamente”.

Cabe agregar que según los resultados obtenidos el programa más valorado y recomendado tanto para el enfermo como para el cuidador es el multicomponente formado por:

Estimulación cognitiva. Engloba todas las actividades que se dirigen a mejorar el funcionamiento cognitivo en general -memoria, lenguaje, atención, concentración, razonamiento, abstracción, operaciones aritméticas- por medio de programas de estimulación.

Entrenamiento AVD (actividades de la vida diaria). Técnicas de entrenamiento destinadas a mejorar actividades básicas -baño e higiene personal, vestido y desvestido, movilidad funcional, comida y manejo de utensilios, continencia de esfínteres e inodoro- y técnicas instrumentales: cuidado de otros, cuidado de mascotas, manejo de finanzas, compras, mantenimiento de la salud, organización del hogar, respuestas de emergencia, movilidad comunitaria, cocinar…

Intervenciones conductuales. Acciones dirigidas al tratamiento de síntomas relativos a la conducta y psicológicos. Los síntomas que mejor responden comprenden depresión leve, apatía, deambulación errática, preguntas o gestos repetitivos.

Ejercicio físico. Imprescindible a cualquier edad.

Masaje. Diversos estudios en unidades de cuidados de alzheimer muestran que el masaje ejerce una influencia calmante y hace disminuir los problemas de comportamiento.

Ejercicios con el sentido del tacto. Como por ejemplo unir la yema del pulgar con los demás dedos y repetir la acción varias veces -ayuda a que los dos hemisferios cerebrales se conecten-, usar la mano menos hábil o identificar objetos a través del tacto.

Ahora bien –nos matizaría Javier Olazarán-todas esas terapias, de forma separada, reportan también beneficios. La estimulación cognitiva tradicional que se hace en sesiones grupales, por ejemplo, tiene beneficios claros sobre la cognición. Y el entrenamiento AVD que se hace normalmente en residencias tiene igualmente beneficios claramente mayores que los de los fármacos. En cuanto a lo que llamamos intervención o manejo conductual consiste en modificar el ambiente, el entorno, así como las posibles causas de conductas disruptivas; y también tiene claros beneficios en el comportamiento de los pacientes. Superiores a los de los fármacos y sin ningún efecto adverso. Estas TNFs son las que salen claramente como eficaces aparte de la intervención multi-componente lo cual no quiere decir que las otras no lo sean. Lo que pasa es que la música y el ejercicio físico aislado aunque son positivas estarían en lo que hemos llamado grado C que incluyen terapias individualizadas de las que carecemos de estudios con el suficiente rigor científico para poder recomendarlas con la fuerza que hacemos con las anteriores, que son estandarizadas, que conocemos sus beneficios, sabemos qué podemos esperar de ellas y en qué pacientes y, por tanto, ya se podrían recomendar con carácter general”.

En suma, el estudio ha permitido constatar a los investigadores -aplicando los rigurosos criterios del Centro de Medicina basada en la Evidencia (Oxford)- que las citadas terapias no farmacológicas deberían prescribirse habitualmente por los médicos a los enfermos de alzheimer.

IMPORTANTES BENEFICIOS PARA LOS ENFERMOS… Y LOS CUIDADORES 

Para el cuidador la prescripción de programas de asesoramiento y apoyo en estas terapias son igualmente de gran ayuda. Parten de una valoración amplia del paciente y de su entorno socio-familiar y ponen en marcha programas individualizados de educación y utilización de recursos (grupos de cuidadores, centros de día, etc.). Se trata de programas a largo plazo. Los primeros resultados comienzan a observarse tras seis meses de aplicación y generalmente se mantienen o incluso aumentan a largo plazo. Estos programas multi-componente con cuidadores, según las conclusiones del estudio, son además muy económicos, mejoran el bienestar psicológico del cuidador y retrasan en más de un año -hasta quinientos días- el ingreso del paciente en una residencia. “El problema se aborda mejor con las familias más informadas a través de grupos de información –explica Jordi Peña, neurólogo de la Sección de Neurológica de la Conducta y Demencias del Hospital Virgen del Mar de Barcelona que ha participado en el estudio- con personas más entrenadas en el manejo de la enfermedad. No se genera tanta ansiedad, el enfermo presenta menos depresión, tomará menos fármacos y las cosas irán transcurriendo de manera que ingrese más tarde”

Y es que ningún fármaco, insisten los neurólogos participantes en el proyecto, ha demostrado hasta la fecha una relación coste/beneficio tan extraordinaria. “Con muy poca inversión económica y un poquito de tiempo para el cuidador -asevera Rubén Muñiz-se consiguen grandes resultados; como evitar el ingreso en una residencia de una persona con alzheimer durante más de un año. No hay más que plantearse vivir en una residencia, fuera del entorno habitual, para saber que éste es un resultado clínico muy importante. Ningún fármaco consigue retrasar la institucionalización de un enfermo de esta manera. Esta intervención, que puede realizarse en cualquier parte del mundo, ha recibido la máxima recomendabilidad médica posible (Grado A)”.

Para el enfermo el estudio ha demostrado que las intervenciones multi-componente -es decir, aquéllas que incluyen estimulación cognitiva, ejercicio físico y otros componentes en distintas proporciones- mejoran su capacidad funcional y cognitiva, su estado de ánimo y reducen la aparición de depresión. Además al mismo tiempo se evitan los problemas de conducta que tanto estrés y sufrimiento producen a cuidadores profesionales y familiares. Se trata de una intervención fácilmente aplicable en toda clase de centros de día y residencias.

Como referentes científicos en este tipo de intervenciones los doctores que intervinieron en la presentación de los resultados señalaron a la Fundación ACE de Barcelona o los centros María Wolff de Madrid. Por otra parte, estas intervenciones multi-componente generan en los enfermos un gran bienestar individual y grupal -son muy bien acogidas por la inmensa mayoría- y producen amplios efectos terapéuticos lo que redunda en una mejor calidad de vida.

Se trata de terapias muy eficaces y baratas de desarrollar e investigar –nos insistiría Emilio Marmaneu- por lo que ha llegado la hora de que los gobiernos desarrollen y financien infraestructuras necesarias para universalizar las Terapias No Farmacológicas. Este desarrollo podría materializarse apoyando de forma sistemática la red de asociaciones de alzheimer que ofrecen estos tratamientos, actualmente infradotadas e incapaces de llegar a todos los afectados. Con el tiempo los centros de día van a ser recomendados, recetados y pagados por la Seguridad Social. Tal va a ser la pelea de las asociaciones: convencer al ministerio de que invierta en TNFs para multiplicar el ahorro farmacológico por tres o por cuatro”.

Es una cuestión ética –agregaría Javier Olazarán-. Cuando un fármaco demuestra que es eficaz hay unos mecanismos en Estados Unidos a través de la FDAy en Europa a través de la Agencia Europeadel Medicamento- que obligan a los gobiernos a reembolsar ese tratamiento médico. Y por tanto en el caso de las TNFs debería aplicarse la misma lógica. Y eso es lo que pretendemos que ocurra a partir de la publicación de este estudio”.

Por nuestra parte debemos decir que resulta llamativa la losa de silencio que los grandes medios de comunicación nacionales han echado sobre este estudio cuando se trata de algo que mejora la vida de los afectados por alzheimer de forma más eficaz que los fármacos y se trata de una investigación a nivel mundial presentada simultáneamente en todos los continentes el mismo día. Eso sí, volvimos a hartarnos de oír en esos medios los tópicos de siempre con motivo de la celebración del Día Mundial del Alzheimer apenas un par de días después de su presentación.

NUTRICIÓN Y ALZHEIMER 

Dicho esto debemos añadir por nuestra parte que el estudio ya ha recibido una crítica, a nuestro juicio indudablemente merecida: la ausencia de la Nutrición como Terapia No Farmacológica. Algo que Javier Olazarán -director científico del estudio- reconocería: “Quizás hemos sido demasiado estrictos y haya que revisar este punto en el futuro. Porque en cuanto veíamos que en un estudio se usaba un componente químico como, por ejemplo, la ingesta de vitaminas, excluíamos esa terapia. Ésa es la razón por la que la Nutrición no ha entrado en esta revisión pero bien podría entrar porque comparte el espíritu de estos tratamientos”.

Así lo esperamos en la revista. Porque según un estudio publicado en el mes de junio de este año en Archives of Neurology la dieta juega un papel fundamental en el desarrollo del alzheimer. Así se constató tras seguir a 2.148 neoyorquinos sanos de 65 años o más y comprobar su estado de salud cada año y medio para comprobar el impacto en el tiempo de la ingesta de 7 nutrientes potencialmente relacionados con la enfermedad: ácidos grasos saturados, ácidos grasos monoinsaturados, ácidos grasos poliinsaturados omega 3, ácidos grasos poliinsaturados omega 6, vitamina E, vitamina B12 y ácido fólico. Finalmente los autores del estudio encontraron una dieta que estaba “fuertemente relacionada con un bajo riesgo de desarrollar alzheimer” e incluía la ingesta de más frutos secos, pescado, carne de ave, frutas y verduras y menos productos lácteos altos en grasas, carne roja, vísceras y mantequilla.

En julio de este mismo año la revista Journalof Alzheimer’s Diseasepublicaba por su parte un estudio sueco según el cual la ingesta de vitamina E parece prevenir el deterioro cognitivo en las personas mayores. “El estudio –dijo la doctora Francesca Mangialasche, directora del trabajo- sugiere que la vitamina E protege de la enfermedad a los mayores de 80 años”.

Otro estudio publicado en septiembre de este año en Public Library of Science One sugiere asimismo que la ingesta del grupo de vitaminas B puede reducir a la mitad la tasa de contracción del cerebro en las personas mayores que experimentan síntomas de alzheimer. Según los neurólogos el cerebro de una persona sana se contrae a un ritmo promedio de 0,5% al año a partir de los 60 pero se ha observado que en los cerebros de las personas con deterioro cognitivo leve el encogimiento es dos veces más rápido y entre quienes padecen alzheimer cinco veces mayor. Bueno, pues el equipo de Proyecto Oxford que investiga la memoria y el envejecimiento encontró que la toma de suplementos de vitaminas del grupo B disminuye la contracción del cerebro ¡en un 30%! Las vitaminas B6, B9 (ácido fólico) y B12 concretamente disminuyen en sangre el nivel de homocisteína, sustancia que está presente a altas dosis entre quienes sufren una contracción más rápida del cerebro.

Lo singular es que la conclusión de que el alzheimer mejora con determinados suplementos nutricionales no es novedosa. Ya en el 2003 se publicó en Archives of Neurology una investigación titulada Consumption of Fish and n-3 Fatty Acids and Risk of Incident Alzheimer Diseasecuya conclusión decía: “La ingesta de ácidos grasos n-3 y el consumo semanal de pescado puede reducir el riesgo de la enfermedad de alzheimer”. Y en el 2004 un estudio con más de 4.700 participantes sugería que la combinación de vitamina C y E disminuía asimismo los riesgos de desarrollar alzheimer. “Las vitaminas C y E -afirmaría el doctor Peter P. Zandi, director de aquel estudio- pueden ser una atractiva estrategia para prevenir el alzheimer ya que son baratas y relativamente no tóxicas. Nuestros resultados sugieren que las vitaminas C y E ofrecen protección contra el alzheimer tomadas en altas dosis mediante suplementos individuales”.

Posteriormente, en el 2005, un ensayo holandés de la Universidad de Waeningen demostró que los hombres y mujeres de mediana edad que tomaron 800 microgramos de ácido fólico al día durante tres años obtuvieron mejores resultados en los tests de facultades cognitivas que quienes tomaron placebo. Y en otro trabajo publicado en octubre de ese mismo año en Journal of Clinical Investigation realizado por investigadores de la Universidad de Louisiana se concluyó que el Ácido Docosahexaenoico (DHA) -ácido graso omega 3- reduce los niveles de la proteína betaamiloide considerada aún hasta hoy la causa principal de deterioro cerebral en los enfermos de alzheimer. El estudio demostró además que el DHA da lugar en el cerebro a una sustancia denominada NPD1 que protege a las neuronas. “Obviamente la dieta es un problema básico en esta enfermedad”, afirmaría por ello el doctor Nicolás G. Bazan, director del Neuroscience Center of Excellence at the Louisiana State University Health Sciences Center de Nueva Orleans (EEUU).

Cabe añadir que en diciembre del 2006 Archives of Neurology publicaba un artículo titulado Mediterranean Diet, Alzheimer Disease, and Vascular Mediation que concluía que la Dieta Mediterránea se asocia a un menor riesgo de alzheimer.

Obviamente hay muchos más estudios que demuestran la importancia de la dieta y de la suplementación ortomolecular para prevenir y tratar tanto el alzheimer como patologías similares. Por eso Ron Petersen director de la Mayo Clinic Alzheimer’s Disease Center, ha llegado a afirmar: “Las últimas investigaciones sugieren que podemos mantener el cerebro sano y reducir el riesgo de padecer alzheimer manteniendo un estilo de vida saludable, siendo socialmente participativos, mentalmente activos, mejorando nuestra dieta y practicando ejercicio físico”

Con lo que uno se pregunta cómo sabiéndose todo esto los geriatras, neurólogos y médicos de familia no explican a las personas mayores la importancia de todo lo dicho y se limitan a darles fármacos inútiles. Es más, consideramos que el equipo de 22 investigadores que acaba de terminar su investigación sobre posibles terapias no farmacológicas debería haber incluido desde el principio la dieta, la suplementación ortomolecular y otras terapias cuya eficacia está más que demostrada.

Antonio F Muro

Este reportaje aparece en
134
Enero 2011
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